FRAGMENTO DE “UNA PUERTA PINTADA DE AZUL”, DE SERGIO BARCE

Una puerta pintada de azul, mi nuevo libro, se compone de ocho relatos, con el común denominador de Larache como lugar donde se desarrollan las historias, salvo uno que transcurre en parte en una casa de Tánger.

Aquí os dejo un fragmento del libro, el comienzo del segundo de los textos que lleva por título Las mujeres de mi padre.

LAS MUJERES DE MI PADRE  

Mi abuela Salud. ¡Ah, mi abuela! Es de esas personas de las que has escuchado hablar toda tu vida y que lamentas no haber podido tener a tu lado. Murió mucho antes de que yo naciera. Y sí, habría dado cualquier cosa por haberla conocido, porque ella es la heroína de la familia, nuestra Kahina.

Se llamaba María Salud Cabeza y era originaria de Cádiz. Llegó a Larache con mi abuelo, que provenía de una acaudalada familia que se había arruinado tras varios negocios calamitosos. Recalaron en Marruecos en busca de un nuevo horizonte y de una vida mejor. Sí, los españoles eran quienes a principios del siglo pasado cruzaban el estrecho en sentido inverso.

Ya en Larache, mi abuelo paterno entró a trabajar en un establecimiento llamado La bandera española, donde se convirtió en uno de los empleados más fieles y cumplidores, pero también en un hombre demasiado serio e introvertido. Era la cara opuesta a María Salud, una mujer vibrante, llena de vida y divertida. Por supuesto, ella era la que llevaba los pantalones y la que dirigía la vida familiar, y en el barrio de Las Navas se convirtió en todo un personaje. Además de sus tareas domésticas, era la matrona del barrio, e incluso hacía las funciones de practicante. Cuando recibía un aviso, se arreglaba ceremoniosamente y cogía su maletín de cuero negro, en el que siempre tenía todo su instrumental preparado, y atravesaba las callejuelas del barrio resuelta a cumplir con la faena. Y le daba igual de quién se tratase. Atendía por igual a una mujer musulmana que a una hebrea o a una cristiana, y, si se trataba de gente humilde, rechazaba que le pagasen. La mayoría de los niños que correteaban por Las Navas habían nacido gracias a su ayuda. Su influencia, por tanto, se extendía más allá de los confines de su casa. Y así se ganó el respeto de todas esas familias.

Mi padre me relata anécdotas de ella y lo hace con un orgullo contagioso. Una de las historias que protagonizó y que más me fascinan tuvo lugar curiosamente frente al que años más tarde sería su consuegro, sin que ninguno de los dos supiese en ese instante que sus vidas se entrelazarían más adelante. El incidente ocurrió poco después de finalizar la guerra civil española…

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4 pensamientos en “FRAGMENTO DE “UNA PUERTA PINTADA DE AZUL”, DE SERGIO BARCE

  1. JOSE MIGUEL dice:

    ¡Qué ganas de. Leerlo! 😉

  2. María Sibari dice:

    Gracias Sergio por compartir este fragmento tan interesante de aquellos tiempos de un Larache que nuestros padres añoran…Me entran ganas de leer el resto, a ver cuando llegarán unos ejemplares a Marruecos para poder comprar uno. Un abrazo.

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