
“Desde luego, nunca bebo vino en el bar. El vino es un placer puramente físico que no excita en modo alguno la imaginación.
En un bar, para inducir y mantener el ensueño, hay que tomar ginebra inglesa. Mi bebida preferida es el dry-martini. Dado el papel primordial que ha desempeñado el dry-martini en esta vida que estoy contando, debo consagrarle una o dos páginas. Al igual que todos los cócteles, probablemente, el dry-martini es un invento norteamericano. Básicamente, se compone de ginebra y de unas gotas de vermut, preferentemente Noilly-Prat. Los buenos catadores que toman el dry-martini muy seco, incluso han llegado a decir que basta con dejar que un rayo de sol pase a través de una botella de Noilly-Prat antes de dar en la copa de ginebra. Hubo una época en la que en Norteamérica se decía que un buen dry-martini debe parecerse a la concepción de la Virgen. Efectivamente, ya se sabe que, según Santo Tomás de Aquino, el poder generador del Espíritu Santo pasó a través del himen de la Virgen <como un rayo de sol atraviesa un cristal, sin romperlo>. Pues el Noilly-Prat, lo mismo. Pero a mí me parece una exageración.
Luis Buñuel”


“…Durante las vacaciones escolares de marzo, Buzián está más triste que nunca. Sigue yendo a Tetuán los mismos días, y, como de costumbre, toma su desayuno en el café de siempre y vuelve a la misma hora. La joven de la que está enamorado no aparece, pero él la sigue buscando con la mirada. Lo llevo a la casa de citas de Barguta. Hay tres putas. Le dejo elegir. Yo entro con la bizca y evoco con ella algunos de mis recuerdos en los barrios de Tetuán. En el Dean´s Bar le pregunto a Buzián qué tal le fue con la chica. <Es simpática, pero no me acosté con ella; me amargó contándome la historia de su vida. Tiene que mantener a su madre y a una hija de un año.>
Yo también odio a ese tipo de prostitutas que sueltan sus desgracias en la cama. Son la impotencia personificada.
Butami es el amante fiel de Sarah desde hace años, pero no es el único. Su avidez sexual atrae a todos los jóvenes folladores de la ciudad y de otros lugares. A algunos les empuja su pobreza y frustración; y a otros les atrae el mero hecho de ser extranjera, aunque sea vieja, como Sarah.
Hoy le toca el turno a su doncel preferido, que viene de Chauen. Es más joven que su hijo Carlos, de treinta años. Butami suele pasar con ella la noche del sábado y puede que su velada dure hasta la noche del domingo. Los demás días son para su esposa y sus tres hijas, pero hoy es lunes. Quizá alguien le ha indicado la presencia de ese ingenuo y ha venido a husmear a su rival.
Sarah está seductora y perfumada. El joven cena con nosotros. Come con voracidad. No bebe ni fuma. Para alimentarlo, y mostrarse generosa con él ante nosotros, cada vez que viene, nuestra cena se convierte en un banquete, con copiosa comida y bebida. ¡Ella sabrá amortizar este derroche! Me han contado que muchas veces la han visto comprar carne de burro o de caballo. Puede que sea verdad, porque el trozo de carne parece, a veces, de goma. Prefiero no creerlo. Esta pensión es de las más baratas del zoco Chico. Butami sube con Sarah a una de las habitaciones vacías. Escuchamos voces e insultos. Butami pasa ante la puerta del comedor, enfadado, lanzando una mirada de desprecio al joven. Sarah entra en la habitación de su madre. Aparece con unas gafas oscuras para disimular el puñetazo que le acaba de dar el gorila. Es terca, decidida y fuerte, no se siente vencida. ¡Como si no hubiese ocurrido nada! Ella es dueña de su libertad y de sus deseos. ¡Sabe lo que quiere! ¡Que se peleen, que se vayan, ya volverán! ¡Es dueña de sí misma! ¡Sarah es la reina de la buena vida, de la alegría y de la jodienda!”






FANDANGOS DE TETUÁN
I
Rumores,
puede que los hayas oído.
Hazle caso a los rumores.
Desde que no estás conmigo
ando con pena de amores,
que por ti he perdido el sentido.
II
Las olas
que bañan mi Río Martil,
sólo lo saben las olas,
que voy a llorar por ti
hasta mi última hora,
hasta que llegue mi fin.
III
El Dersa,
montaña de mis recuerdos,
a las laderas del Dersa
arrastra el viento mis sueños
y entierra todas mis penas
mientras por ti me muero.
IV
Las fuentes,
si no te tengo a mi vera
que se sequen todas las fuentes.
No hay razón para la espera.
Si ya no vuelvo a tenerte
se acabó mi vida entera.
V
Que cierren
las puertas de la Medina,
yo le pido a Dios que cierren,
que se me escapa la vida
desde que tú estás ausente,
desde que ya no eres mía.
Abderrahman El Fathi