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«ALCARRÀS», DE CARLA SIMÓN, OSO DE ORO EN LA BERLINALE

Gran noticia para nuestro cine: «Alcarràs», de Carla Simón, se alza con el Oso de Oro del Festival de Cine de Berlín. (Berlinale)

 

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL» EN LA LIBRERÍA FAHRENHEIT 451, DE BARCELONA

El pasado viernes, 11 de febrero, el escritor Youssef El Maimouni, presentó mi libro de relatos Una puerta pintada de azul (Ediciones del Genal) en la preciosa Librería Fahrenheit 451 de Barcelona.

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Estos actos siempre me provocan una cierta inquietud. ¿Asistirá alguien? ¿Saldrá todo bien? Ahora, volvía a recorrer 985 kilómetros para este nuevo encuentro, y, aunque ya había estado en Vilafranca del Penedés en 2016 y en Barcelona en 2019, con la fortuna de cara en ambas ocasiones, nunca se sabe qué puede ocurrir. Pero todo ha vuelto a resultar mejor de lo esperado.

El lugar elegido me lo había sugerido Youssef El Maimouni, y acertó. La Librería Fahrenheit 451 está ubicada en el Carrer de la Sal, en el local que antes fuera de la mítica Librería Negra y Criminal, con lo que el reto parece aún mayor. Pero Fahrenheit 451 tiene como ventaja que está en manos de dos libreros excepcionales, Sergio Lledó, malagueño, vinculado al mundo de las editoriales desde hace años, y Azra Ibrahimovic, a producciones escénicas, eventos y festivales. Ellos llevan además una librería ambulante, que es la que les condujo hasta ese local, ya vacío, en plena pandemia, y se lanzaron a esta aventura. Han construido un lugar muy sugerente y atractivo, y, en cuanto entré, me cautivó. La cercanía de Sergio Lledó me hizo pensar que cosecharíamos un pequeño triunfo. Me había acercado a mediodía para ver el local y conocernos en persona. Charlamos un buen rato y, para mi sorpresa, sacó una botella de Cartojal (más malagueño imposible) y nos bebimos dos vasos que, con el estómago vacío, me inyectó de inmediato una euforia inesperada. La cosa comenzaba bien.

Ya, por la tarde, llegó la hora de la verdad. Y comenzaron a llegar los asistentes, algunos conocidos y otros que me daban la sorpresa de nuestro primer encuentro. Había algunos larachenses, claro. Al acomodarse los asistentes, nos dimos cuenta de que habíamos hecho pleno, lleno al completo, y eso me alegró más por Sergio y Azra que por mí. Entonces me relajé.

Youssef y yo nos sentamos en el sofá instalado para la ocasión frente a una mesa baja en la que Sergio Lledó había construido un mosaico azul con varios ejemplares de mi libro. Frente a nosotros, el público que nos arropaba, entre ellos algunos buenos amigos. Trataré de mencionar a la mayoría de ellos (me dejo fuera algunos nombres, como siempre, porque es imposible controlarlo todo): Itzea Goikolea, Juan Gabriel López Guix, María Josefa Menéndez Zambrano, Hortensia y Paco Antúnez, los hermanos Fernández Gallardo (Maribel, José María y Emilio), Pilar Alguacil, Juan A. Alguacil y Sara Ruiz, Alberto Fuentes (que asistió en busca de las huellas larachenses de su abuelo), María Ulldemoins, Joana Márquez, Harmut Nagel, Naïma el Orfa, José Miguel Feria (que tampoco falla y me dio la sorpresa de un libro de Morricone), Gloria Clavera (mujer de Youssef) y Mina (su hija, preciosa), y también Ismail, Juan Pablo Caja (a mi amigo Juan Pablo lo he indultado este año, liberándole de la presentación que ya me hizo en las dos anteriores ocasiones, creo que en el fondo lo agradeció), y la escritora Laila Karrouch, que se desplazó desde Toulouse (cosas así, te hacen pensar que esto de narrar merece la pena) y eso me enorgulleció por la amistad y afecto que nos profesamos. En fin, no podíamos estar mejor acompaños.

Mi querido amigo Youssef El Maimouni, autor de la excelente novela Cuando los montes caminen (Roca Editorial), hizo muy fácil el diálogo que mantuvimos para hablar de mi libro. Lo convirtió en un agradable paseo por cada uno de los relatos que integran Una puerta pintada de azul, y durante ese deambular hablamos de los personajes, unos reales, como Mohamed Sibari y su relación con mi familia) y otros ficticios, como Ahmed que, junto a mi madre, son los protagonistas del cuento que cierra el volumen; recorrimos las calles de Larache, donde se ambientan todos estos cuentos, y varios asistentes se sumaron al diálogo enriqueciendo el encuentro. Hablamos también de la convivencia de las tres culturas en Marruecos, cómo nos ha marcado este país, sus gentes, del amor que le profesamos. De las contradicciones culturales y de los descubrimientos literarios. Hubo momentos intensos y muchos otros divertidos, y el tiempo se nos escapó sin darnos cuenta. El ambiente en la librería se había cargado de electricidad. Youssef nos condujo hasta el final como un perfecto cicerone.

Mereció la pena recorrer esos 985 kilómetros de carretera que distan de Málaga a Barcelona (aunque los hiciese en avión). Había recompensa.

Sergio Barce, febrero 2022

La galería de imágenes del acto comienza con dos fotografías muy ilustrativas. En la primera, estoy junto a mi paisana Naïma el Orfa y es fiel reflejo del ambiente que gozamos en la librería. En la segunda, junto a mis amigos los escritores Youssef El Maimonui y Laila Karrouch. La risa espontánea de Naïma y la sonrisa de Laila iluminan esta pequeña crónica mejor que cualquiera de mis palabras.

 

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NOTAS A PIE DE PÁGINA 3 – ALGO DE CINE Y ALGO DE NARRATIVA

Tras la jornada diaria de trabajo, que comienzo en el despacho a las ocho de la mañana, interrumpo sobre las dos y media o las tres menos cuarto para comer y acabo alrededor de las siete de la tarde (si es que no tengo que asistir a alguna reunión), puedo por fin dedicarme a escribir. Lo hago cada día, aunque el cansancio haga mella. Es adictivo. Creando, me encapsulo y me aíslo, evadiéndome de la rutina. Los fines de semana son aún más gratificantes, porque es cuando puedo dedicar a mis relatos o mis novelas el tiempo que merecen.

Continúo con el nuevo libro de relatos ambientados en Tánger, apenas falta un cuento más y un repaso final para darlo por concluido y enviarlo a la editorial para montar las primeras galeradas. Tengo el título del libro, que obviamente no puedo desvelar, pero creo que es precioso. Y acabo de confirmar cuál será la portada (se publicará de nuevo en tapa dura, como Una puerta pintada de azul), que es obra de una artista de primera fila, así que promete ser una edición excepcional. Espero que el texto esté a la altura.

Mi hijo Pablo me llamó el pasado viernes. Cuenta otra vez conmigo para su nuevo proyecto, una idea que le rondaba por la cabeza acerca de su generación. Me la ha lanzado para que comience a darle vueltas, para que le escriba las primeras ideas que se me ocurran. Ya le he devuelto alguna sugerencia e incluso una posible escena final que le ha parecido muy atractiva. Enseguida la ha anotado para desarrollarla y discutirla a su tiempo. También el guion de una de mis novelas avanza a buen ritmo. Los proyectos se amontonan, pero no se quedan en un cajón aguardando un milagro. Si Pablo y yo hemos aprendido algo, y esto nos lo transmitió Pablo Cantos, es que solo la constancia nos llevará a buen puerto.

Ayer vi una de las películas candidatas a los Goya de este año: Las leyes de la frontera, adaptación de la novela de Javier Cercas, que ha dirigido Daniel Monzón. Es una muy sugerente revisión del cine quinqui de los años setenta y ochenta, cuando el Torete, el Vaquilla y el resto de los “perros callejeros” inundaban las pantallas de nuestros cines. Pero el film de Monzón tiene mejor factura y, a mí al menos me ha ocurrido, se ve con cierto cariño. Aquellos años de los tirones, de los yonquis, de la España cutre de la que todos deseábamos salir. Me gusta su mirada, quizá porque tiene la suerte de partir de un excelente texto. Sin embargo, podría pasar por un guion original para la pantalla. Buena ambientación, excelente música (los Chunguitos, las Grecas y demás, por supuesto, como debe ser) y actores que hacen creíbles sus personajes.

También acabé los Diarios de Chirbes, que me enganchó desde la primera página, y Contar las cuarenta, el volumen incalificable de Miguel Ángel Moreta-Lara, que no imagina que será un personaje en uno de los relatos de mi nuevo libro tangerino. Lo mismo, si lee este artículo, se entera. Es la suya una obra curiosa, llena de pequeños fogonazos (poemas, artículos, viajes, relatos…) que, a veces, te llegan muy dentro, como algunos de los textos que el autor agrupa bajo los capítulos de Leyenda, otros en Cuentos y también en Porfía. De todos estos, me resuena aún los titulados La biblioteca del preso Arturito, Apunte para la pequeña historia del señor Gonçales y ese maravilloso homenaje que es Los pequeños exilios en Mexico. Merecen su lectura para luego reflexionar sobre todo lo que nos ha narrado. He subrayado mucho en este libro.

Ando ahora con James Joyce, adentrándome en su biografía. Un tipo complicado, aunque con esto no descubro nada si pensamos en su Ulises (Ulysses).

Acabo de tener una idea para ese guion aún no escrito para la película que pergeña mi hijo Pablo, así que dejo esto que ahora relato y me pongo a esbozarlo.

Sergio Barce, 7 de enero de 2022

 

 

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RYAN

Ryan ha muerto. Cuando vi la noticia de que había sido rescatado, corrí a facebook para anunciar la buena nueva. Pero la alegría solo duró unos minutos. Al instante, la realidad nos golpeó con una crudeza insoportable.

No me parece justo que un niño como Ryan tenga que morir, que ningún niño tenga que morir. Va contra natura. Va contra la ley. No hablo de Dios ni de dioses, hablo de justicia. Ryan tenía toda la vida por delante y cayó en un pozo. Como Julen en su momento, ahora otro niño paga un precio demasiado alto por un accidente. Ya no podrá seguir jugando, ya no tendrá la oportunidad de llegar a la adolescencia y de conocer a una chica de su edad, de enamorarse, de ilusionarse, de besar a su primer amor. No tendrá opción para estudiar, ni para ayudar a su familia, que ahora vivirá rota el resto de sus vidas. No hay pecado ni razón humana ni divina que justifique la muerte de un niño. Estoy cabreado. Y, cuando ha saltado la noticia de su fallecimiento, se me han saltado las lágrimas, porque un segundo antes sonreía al pensar que iba a reencontrarse con los suyos, que su madre iba abrazarlo. No ha podido ser y ese abrazo se queda en el aire, vacío. No hay justicia para los ángeles. El ángel Ryan ha dejado de respirar, y sus alas se han solidificado. No es justo, no. No acepto justificaciones de beatería. Y no lo entenderé jamás.

Sergio Barce, 5 de febrero de 2022

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