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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE MIS LIBROS EN VILLAFRANCA DEL PENEDÉS

Este pasado viernes, 15 de enero, tuve la fortuna de presentar en la biblioteca Torras i Bages, de Vilafranca del Penedés, en Barcelona, mis libros La emperatriz de Tánger y Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente, en un acto organizado por la Associació Alkantara per la Convivencia i la Diversitat en colaboración con la propia biblioteca y el Ayuntamiento. La invitación me vino a través de Abdelmalek Rghioui, de la asociación Alkantara, un larachense afincado en Vilafranca desde hace años.

La presentación de mis dos libros corrió a cargo del escritor, publicista y músico Juan Pablo Caja, amigo desde hace años y que, también desde hace demasiados años, no veía.

Tengo que decir que ha sido una de las presentaciones más emotivas, cercanas y satisfactorias, no sólo porque me sentí arropado por Abdeklmalek desde que llegué a Vilafranca (nos hizo sentir como en casa, la verdad, y además su familia, con Farah, y Adam y Aiman, nos regalaron unos momentos muy bonitos), sino también porque Juan Pablo Caja, a la hora de introducir mis libros y mi obra a los asistentes, lo hizo de una manera tan natural y amena que todo fue surgiendo casi espontáneamente, y la presentación se alargó más tiempo de lo previsto porque se creó un clima perfecto entre nosotros y el público, que, además, fue muy participativo.

La emperatriz de Tánger nos permitió soñar con aquella ciudad internacional de los años cuarenta y cincuenta, pero Paseando por el Zoco Chico nos hizo caminar larachensemente por los recuerdos y por pasajes de mis relatos que muchos disfrutaron especialmente, y es que, pese a la distancia, también en este acto hicieron acto de presencia numerosos larachenses de origen afincados en Cataluña, y algunos alcazareños y tangerinos: además de Abdelmalek y Farah, estaban Joana Márquez (por fin era hora de volver a verla), José Miguel Feria, un compañero del colegio Santa Isabel de Larache, de cuando no teníamos más de siete u ocho años, que se emocionó especialmente; las bellas larachenses Fatima Zahra Elharrak y Naima el Orfa, que cumplieron su promesa de acudir a la cita, y que se lo pasaron muy bien, al menos eso decían sus caras, como también disfrutó como un niño Antonio Santos, que prometió darme un abrazo cuando me viese y me regaló diez, y Lotfi y Khamar, con los que durante la cena hablamos de buenos recuerdos de Larache; y, claro, Maribel y Vicente, que me traían los aromas de mi familia, con tanto cariño. José María Masgoret también se desplazó para estar allí, después de años sin coincidir, y me alegró volver a verlo. Sin olvidar a algunas de las sufridoras, como Aurora, tan divertida, y obviamente Berry, pero ellas ya lo tienen esto asumido, o eso espero. También fue un placer inmenso conocer a Eulalia, otro encanto, la esposa de Juan Pablo.

Como lo ha sido el conocer a Núria del Campo Balada, directora de la biblioteca, y a Montse Arroyo, regidora de igualdad, solidaridad y cooperación internacional del ayuntamiento, y Raimon Gusi i Amigó, regidor de cultura.

Y junto a todos ellos, los asistentes que no conozco personalmente pero que me regalaron su atención y simpatía.

Lo dicho, una presentación inolvidable, y un precioso viaje a Vilafranca del Penedés, un pueblo encantador con una gente acogedora y amable, y a Barcelona, como siempre, una ciudad deslumbrante.

Sergio Barce, enero 2016

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«TECLAS DE PIEDRA», UN RELATO DE SERGIO BARCE

Serigrafía de Vicente Lçopez de Arroyabe 1979

Teclas de piedra es un relato que escribí por encargo de Mónica López para su blog Los colores de la memoria y el Ateneo de Málaga, y que tenía como inspiración o motivo una serigrafía o grabado que Mónica me proponía, igual que hizo con otros escritores con distintos dibujos. En mi caso, mi texto debía «retratar» lo que me sugería la serigrafía de Vicente López de Arroyade, y al ver esa obra, rápidamente, pensé en Burroughs y en un mundo lleno de sueños y pesadillas. Y este es el resultado.

Para leer el cuento, habéis de entrar en el siguiente enlace del blog Los colores de la memoria:

Teclas de piedra, por Sergio Barce.

 

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«LA BUENA REPUTACIÓN» DE MARTÍNEZ DE PISÓN

Ignacio Martínez de Pisón obtuvo el Premio Nacional de Narrativa 2015 con La buena reputación (Seix Barral), novela que narra las peripecias de una familia hebrea asentada en Melilla y que asiste primero a la desaparición del Protectorado español de Marruecos, con la nueva situación que se creó con los judíos marroquíes, y lo que acontece luego a esa familia que, a través de varias generaciones, nos van mostrando el devenir de España desde los cuarenta y cincuenta hasta los años ochenta del pasado siglo. Un fresco humano en el que Martínez de Pisón nos cuenta en realidad la historia de nuestro país a través de la pequeña historia de esa familia hebrea.

LA BUENA REPUTACIÓN      

Hay una buena documentación detrás de esta obra, en la que Tetuán, capital del Protectorado, y Melilla ocupan una parte esencial de la narracón.

Sin embargo, el episodio del Pisces, el barco que naufragó el 11 de enero de 1961 frente a las costas de Alhucemas causando la muerte de 39 personas, hebreos que trataban de salir de Marruecos clandestinamente, es el hito que marca una fractura importante en la historia de la familia de Samuel y de Mercedes. A partir de ahí, todo cambia y sus vidas se verán afectadas directa o indirectamente por este desastre.

“Pese al mal estado de carreteras y caminos, habían conseguido llegar al Cabo Quilates. La construcción, con aquel faro que parecía un minarete, tenía algo de mezquita: una mezquita abandonada y solitaria. Apenas protegido por un murete del azote del viento, Samuel se esforzaba por distinguir algo en la superficie oscura y agitada del mar. A su espalda se oían los angustiados acelerones del coche, que había quedado atascado en el barro del camino. Un hombre con la cabeza cubierta por la capucha de la chilaba se puso a su lado. Sus manos de dedos largos y retorcidos indicaron el lugar de la tragedia. En una mezcla de bereber y español trataba de describir lo que había visto: las luces lejanas del pesquero español, las lanchas de los guardacostas, las otras embarcaciones que habían ido sumándose al rescate. La lluvia arreció y Samuel se subió las solapas del impermeable. Germán buscaba pedruscos que sirvieran de apoyo a las ruedas del coche, que ya no era el viejo Pato sino un Citroën Tiburón comprado a un francés de Tánger. Samuel preguntó por qué ya no se veían lanchas y el hombre dijo que las corrientes estaban arrastrándolo todo hacia la bahía. Pasados unos minutos, volvió a sonar el motor del vehículo.

-¡Ya está! ¡Por fin! –se oyó la voz del conductor.

Samuel hizo un gesto de despedida y fue hacia el camino. Germán, en cuclillas, observaba los bajos del coche, evaluando los posibles daños.

-Con lo delicada que este cacharro tiene la suspensión –dijo, porque también a ese coche lo llamaba cacharro.

-Alhucemas –se limitó a decir Samuel.

Fueron por la carreterita que iba bordeando la costa, con playas de arena oscura e islotes de rocas blancas. En una de esas playas, mucho antes de llegar a la ciudad, vieron las primeras lanchas. Alrededor de una de ellas varias personas hacían grandes aspavientos. Una comitiva improvisaba avanzó hacia el extremo más resguardado de la playa, donde había media docena de embarcaciones varadas. Sobre el casco de una de ellas quedó depositado un fardo del tamaño de un perro mediano. Ahora las voces llegaban hasta el coche, y las invocaciones a Alá se mezclaban con los gritos inarticulados de las mujeres. Samuel, seguido de Germán, se acercó a ver, y los demás se hicieron a un lado, como si en ese momento y en ese lugar ellos dos fueran los legítimos representantes de la autoridad. El bulto estaba cubierto por una lona, pero por un extremo asomaban dos piececitos con los dedos encogidos. Unas mujeres gordas se golpeaban la frente con las manos y recitaban algo que sonaba a letanía. Una de ellas levantó la lona, y el pequeño cadáver, con los ojos cerrados y la piel amoratada, permaneció por unos instantes bajo la lluvia a la vista de todos. Aquel niño, que había perdido buena parte de la ropa, no tendría ni diez meses. Samuel ordenó por gestos que lo volvieran a tapar. Luego se incorporó y respiró hondo.

-¿Se encuentra bien? –dijo Germán.

Asintió con la cabeza. De los cuatro o cinco bebés que la tarde anterior había ayudado a embarcar en brazos de sus madres, ¿cuál sería ése? ¿El que no paraba de toser? ¿El que decía adiós con la manita? ¿Alguno de los que estuvieron todo el rato durmiendo? Se encaminó hacia el Citroën Tiburón. Germán se adelantó a abrirle la puerta.

-Para en el primer teléfono público –le dijo.

Pararon en un grupito de casas cercano a la playa Sfiha. En una vivienda que era también verdulería y café tenían teléfono. Samuel llamó a Tetuán, al Círculo recreativo Israelita, y pidió hablar con Jacob Benmaman. Del sonido de su respiración dedujo que acababa de subir por las escaleras. Preguntó qué noticias había.

-Malas, muy malas –dijo Benmaman-. Parece que con el temporal se abrió una vía de agua y se inundó la bodega. Debió de ser cosa de unos minutos: de repente se tragó el mar. Que sepamos, sólo el capitán y dos marineros lograron ponerse a salvo en la lancha. Los tres son españoles. En cuanto a los demás…

-Los demás –repitió Samuel.

(…)”

Con una sencillez elegante, Martínez de Pisón explora cuál es la herencia que reciben las generaciones posteriores por las decisiones que fueron tomando sus abuelos y sus padres. Supongo que muchas familias se verán reflejadas en los personajes, con independencia de su religión o de su origen, porque lo que narra es de una cercanía que nos hace reconocer actitudes y reacciones que todos hemos visto o vividos. No hay nada excepcional, salvo la excepcionalidad de cada vida. En la cotidianeidad se encuentra lo original, y esa es la mayor virtud de esta novela que se lee con facilidad y que construye personajes creíbles y humanos.

El Tetuán del protectorado, la Melilla de la misma época y la de los años posteriores, y la Málaga del despegue económico y la Zaragoza de los años sesenta y setenta. Nada escapa a Martínez de Pisón en cada una de estas ciudades: sus calles, su pequeña historia, sus edificios, sus habitantes reales y ficticios…

Es curioso, no obstante, el hecho de este interés inaudito en las letras españolas de los últimos años por ambientar las novelas en Marruecos, en el Marruecos del protectorado, o en Ceuta o en Melilla, como si de pronto se hubiera descubierto un filón narrativo.

También me resulta curioso que varios autores se hayan visto atraídos, por muy diferentes motivos, por el destino que siguieron los hebreos marroquíes. Y, en concreto, por las consecuencias del éxodo de los judíos que salieron ilegalmente de Marruecos con múltiples destinos, especialmente a Israel, o recuperar los hechos del Pisces, que marcó a los hebreos marroquíes de una manera especial, y que no sólo recrea acertadamente Martínez de Pisón en esta excelente novela, sino que también lo hace Esther Bendahan en Déjalo, ya volveremos, aunque, en el caso de la autora tetuaní, su enfoque es un tanto discutible. En cualquier caso, como digo, es fascinante asistir a este florecimiento de una narrativa que bucea de la reciente historia de España con relación a Marruecos. Florecimiento que enriquece aún más la producción de los autores españoles vinculados con Marruecos.

Me ha alegrado comprobar que, en la nota del autor, al final del libro, menciona a dos buenos amigos: a Antonio Bravo Nieto y a José Antonio Garriga Vela. Lo que demuestra que el mundo es un pañuelo.

Sergio Barce, enero 2016

DÉJALO, YA VOLVEREMOS

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PRÓXIMAS PRESENTACIONES DE MIS LIBROS

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Os adelanto el calendario con los lugares y fechas en los que se presentarán mis libros (sin perjuicio de que, durante las próximas semanas, os pueda anunciar otros actos aún pendientes de confirmar):

 

VILAFRANCA DEL PENEDÉS – BARCELONA

En la Biblioteca Torres i Bages

15 de enero

Presentación por el escritor JUAN PABLO CAJA

de mis libros

LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

Y

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE

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MÁLAGA

En Ámbito Cultural de El Corte Inglés

29 de enero

Presentación por el escritor JOSÉ LUIS PÉREZ-FUILLERAT

de la reedición de mi libro

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE

En este acto, además, pasearemos por el zoco chico, larachensemente, acompaños por:

El pintor y poeta larachense PACO SELVA

que leerá poemas dedicados a Larache.

La historiadora del arte MÓNICA LÓPEZ

proyectará imágenes de la Medina y Zoco Chico de Larache

y presentará su Guía “Larache, el cálido color de la bienvenida”

Y la cantante SARA SAE

que interpretará temas fusionando el flamenco

con canciones sefarditas y marroquíes

SARA SAE

SARA SAE

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MADRID

En Función Lenguaje

12 de febrero

Presentación por el escritor y editor JOSÉ LUÍS IBÁÑEZ SALAS

de mi novela

LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

Con la actuación de la actriz y cantante PILAR GUAL y el pianista ARTURO BALLESTEROS

que interpretarán temas de jazz y clásicos de películas como “Casablanca”

PILAR GUTIÉRREZ ALONSO

PILAR GUAL

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MELILLA

En Real Club Mediterráneo

8 de abril

Con la participación del historiador y escritor ANTONIO BRAVO NIETO

impartiré una charla bajo el título

DE LARACHE A TÁNGER. UN VIAJE A TRAVÉS DE MIS NOVELAS

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