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Revista AL-MOTAMID Nº 11 – LARACHE, enero de 1948

He conseguido varios de los números originales de la mítica revista poética Al-Motamid, que se publicó en Larache y en Tetuán. En la medida que pueda, os iré colgando cada uno de los números, completos, que he logrado rescatar. Hoy lo hago con el ejemplar REVISTA AL MOTAMID nº 11. Este número se editó en Larache en enero de 1948, y costaba 3 pesetas.

Era su directora Trina Mercader y el consejo de dirección lo formaban Jacinto López Gorgé, Pío Gómez Nisa, Eladio Sos y Juan Guerrero Zamora.

López Gorgé y Trina Mercader

Los artículos de este número son los siguientes:

AL MOTAMID ENTRE LOS POETAS ARABIGO ANDALUCES por Agustín Cos Soriano

POEMAS de Pedro Pérez Clotet, Jose Luis Rueda e Íñigo Xavier de Aranzadi

POEMA de Medardo Fraile

POEMAS de Concha Zardoya

POEMAS de Trina Mercader, Pio Gómez Nisa y Miguel Rodríguez Valdivieso

Ben Zaydun

Y en árabe

POEMAS de Andrés Sánchez Pérez

INTRODUCCIÓN A LA POESÍA de Juan Guerrero Zamora

Continuación del ensayo de Guerrero Zamora

POEMAS de Francisco Sitjá Príncipe

CRÍTICA DE POESÍA de Leopoldo de Luis y Jacinto López Gorgé

EN DOS TRAZOS – NOTICIAS – SEÑAL Con las últimas publicaciones poéticas y noticias recibidas

Siendo un documento valioso, merece la pena compartirlo. Sólo espero que podáis leer con claridad sus páginas escaneadas. Esta publicación que cuelgo de mi blog está dedicada a mi amigo Fernando de Ágreda, arabista enamorado de Al-Motamid y apasionado de Trina Mercader.

Sergio Barce, enero 2012

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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 3

Tercera página de este peculiar album de fotografías de Larache. Y aunque es de fotos, hoy enseño el pueblo desde el pincel del pintor larachense Manuel Balaguer, del que tenéis amplia información en el blog. Un paisaje en el que explota de forma natural el color vivo y deslumbrante de las aguas del río Lukus, recobrado por la mirada penetrante y atenta de Manu Balaguer, tras la que sin duda se esconden las añoranas de su pueblo…

Mi abuelo paterno, Manuel Barce, trabajó en la tienda de La Bandera Española. El local se encontraba situado donde hoy, y desde hace muchos años, se ubica el Bazar Yebari, ese lugar al que acuden todos los larachenses cada vez que regresan a la ciudad. Creo que fue hace no más de dos años, cuando El Hachmi Yebari decidió darle un buen repaso al bazar…

 Aquí está El Hachmi Yebari contando dinero, como siempre, en el Bazar. El Hachmi es una parte fundamental de mi infancia, y lo consideramos como alguien más de la familia. Cuando empezó esa obra, como digo, al picar la fachada del bazar fueron resurgiendo del pasado las palabras que anunciaban La Bandera Española, como si se hubiesen mantenido ocultas durante todo este tiempo. La imagen resulta curiosa, y en cierta forma hermosa, especialmente para nosotros.

Mi abuelo siempre trabajó en ese local, y luego estarían a su lado mi tío Pepete y la que sería su mujer, mi tía Maruja. En la siguiente imagen, estoy yo, Sergio Barce, junto a mi amigo Manolo Martín, el que creo el pintor «de brocha gorda» que se llamaba Messod, si no es así espero que me corrijan, y mi abuelo Manuel Barce.

Si El Hachmi Yebari es parte de mi infancia, también lo es Mohamed Sibari. El padre de Sibari era compañero de mi abuelo materno Manuel Gallardo, en el cuerpo de la Policía de Tráfico, y, de pequeño, Sibari siempre estaba en la casa de mis abuelos. Luego, fue quien hizo de <carabina> para mis padres cuando comenzaron a salir. Sibari es parte de la historia de Larache, no hay dudas sobre esto. En la siguiente fotografía estamos los tres juntos: Yebari, Sibari y yo.

 En Larache hay personas que se han convertido en auténticos personajes sin los que la ciudad no sería la misma. Ya digo que tanto Yebari como Sibari son de los más queridos, pero no hay que olvidar a otros. Es el caso de Dris Sbaihi. Dris, fotógrafo, guardó en su cámara los retratos de las últimas generaciones de larachenses, y también lo hizo con la propia ciudad de Larache. Dris Sbaihi es una de las personas más bondadosas, entrañables y queridas que he tenido el privilegio de conocer. Siempre sonreía. ¿Hay alguien en Larache que no lo recuerde de esa manera? Caminando con sus andares desgarbados, distraído, con la cámara colgada del hombro, siempre vestido con un traje impecable, con corbata, la camisa blanca, y cuando te veía parecia despertar de sus elucubraciones, y entonces sus blanquísimos dientes asomaban en esa sonrisa imborrable que te daba la bienvenida o que parecía declararte una vez más su amistad. Murió atropellado por un vehículo de la manera más absurda, y el destino nos robó a un amigo y a una buena persona. Sólo guardo de él una fotografía que le hice cuando estuvimos de visita en Alcazarquivir, estaba junto a Mohamed Laabi.

Recuerdo que estábamos hambrientos, y Sbaihi me dijo al oído: Sergio, ven conmigo, nos vamos a comer unos pinchitos… Y me llevó a un estrecho callejón, pidió dos cocacolas, pinchitos y unas tortas de pan. Fueron los mejores pinchitos que he comido en mi vida, con Dris Sbaihi, el fotógrafo, un buen hombre con un corazón que no le cabía en el pecho. Y ahora que le veo en esa imagen congelada, no puedo evitar la emoción.

Fadela Tadlaoui es otra larachense que merece ser citada. Una mujer de carácter, con una voz deliciosa. En una de las jornadas celebradas en Larache, en la casa de Mohamed Mrabet, en el barrio de la Alkazaba, quienes estaban allí insistieron para que cantara, y cuando Fadela  lo hizo, todos  nos pusimos a batir palmas entusiasmados.

Fadela Tadlaoui

  Luego, volvería a hacerlo en las Jornadas que Larache en el Mundo organizó en Madrid, y allí lo hizo acompañada por el laúd de otro amigo larachense, Abdelhay el Haddad. La simpatía de Fadela es desbordante, una gran mujer.

Y si volvemos por un rato al Balcón del Atlántico, nos encontramos con alguna que otra estampa del ayer… 

En esta imagen, tomada junto al viejo Casino, están: Francisco Javier Palarea, Luis Simón, Hassan, Jose María López Garry, Rebollo y Antonio Bertomeu. Ya se ve que han pasado los años, sólo hay que ver las campanas que gastábamos en los pantalones… Por suerte, con algunos de ellos, sigo aún en contacto, cosas de Larache, que nos ha hecho valorar tanto el sentido de la amistad, y que nos obliga a no soltar las amarras que nos siguen atando unos a otros. Y también por suerte, seguimos estrechando lazos con larachenses de ahora, en la siguiente imagen, asomada al Balcón, está Wydad, dulce, paciente y educada; su familia siempre nos ha abierto su casa, especialmente a mi madre que no se despega de la suya cuando está de visita en la ciudad.

 De entre los personajes larachenses que más arriba mencionaba, y que todos llevamos grabados en la memoria, está también Ahmed Argal. Menudo, nervioso, con su fez en la cabeza, se acerca emocionado y te coge del brazo y comienza a recordar sus tiempos trabajando para Revilla, en la carnicería, y se emociona quizá pensando en su juventud, en los buenos años, y su añoranza te llega a lo más profundo. Cordial, servicial, un hombre modesto pero entrañable y muy querido. En esta imagen, joven,  cogiendo de la mano a Mari Carmen Revilla, su ojito derecho.

En fin, otro pequeño viaje por las estampas de Larache, espero que fructífera o, al menos, entrañable.

Sergio Barce, enero 2012

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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 2

Jardines del Balcón Atlántico

 Segunda entrega de esta galería de fotos de Larache y de su gente. Paseamos, y nos quedamos por el Balcón del Atlántico. Nos llega el rumos de las olas, rompiendo contra las rocas, allá abajo, y olemos el salitre inconfundible del Atlántico, el aire es húmedo pero el sol nos acaricia suavemente las mejillas. Nos apoyamos en la balaustrada, algunos se sientan con las piernas colgando del otro lado, con la mirada perdida en ese horizonte tras el que el sol se esconderá un día más llevándose con él nuestros recuerdos. 

Aquí estamos sentados Sergio Barce, Juan Carlos Aliaga y Javier Ruiz, en uno de los arriates de los jardines del Balcón, en la calle Mulay Ismail. donde vivimos primero, antes de mudarnos a la avenida Mohamed V, al edificio del Uniban. En el Balcón del Atlántico nos pasábamos las horas muertas, jugando, mirando el mar, embrujados con los atardeceres rojizos, como en esta hermosa estampa de nuestro paisano y buen amigo Achraf Etaaqafy.

Y las fotos en blanco y negro…

No tengo todos los datos de las fotografías que he recibido, a veces me las envían sin especificar quiénes están en ellas, otras, por mi culpa, pierdo los datos. Pero lo cierto es que encuentras decenas de imágenes como la anterior, grupos de amigos sentados en la balaustrada o bien apoyados en ella, apaciblemente, disfrutando de la vista, inigualable, irrepetible.

En la siguiente, están Marisa Fernández Carrillo, con su madre, Pilar Tenorio, su abuela, María Cristina Fernández y su padre.

 Creo que todos los larachenses, todas las familias, guardan sus fotografías hechas en el Balcón y en la Plaza de España, o bien sobre los leones del Jardín de las Hespérides. Supongo que cada ciudad posee ese lugar mágico en el que sus habitantes se reconocen, Larache siempre ha tenido los suyos. En la foto de abajo, Pepe y Carlos Nieto, también sentados junto a los arriates del Balcón.

 Lo curioso del Balcón, por ejemplo, es que ha inspirado tanto a escritores como a pintores, fotógrafos o cineastas, como es el caso de mi amigo Mohamed Chrif Tribak y su maravilloso corto Balcón del Atlántico, al que pertenece el fotograma que sigue…

 Y luego están esas fotografías de alumnos y de equipos de fútbol de Larache, de las que guardo decenas, y en las que sí que se comprueba la interculturalidad que existía en nuestro pueblo… Baste como primer ejemplo esta fotografía de los Maristas, tomada en el año que yo nací, 1961: en esta fotografía están en la primera fila, empezando por la izquierda: RAMON PÉREZ SIMON, FRANCISCO SANCHEZ, MANUEL GUTIÉRREZ, JOAQUIN AIXELA (TUITO), MOHAMED TIYANI AIT SALEM, MANUEL JOSÉ LOPEZ PÉREZ y CARLOS NIETO. En la segunda fila están MUSTAFA, SAHARAUI, HAYANI, AURELIO, AGAPITO SAJA PADILLA, FRANCISCO JOSÉ GAMIZ LOPEZ, FRANCISCO RAMOS MORILLA y BEN MUSA. Y en la tercera fila se ve a JUAN GONZALEZ CANALES, JULIO LUCIO ALONSO, MAIR ABESERA BENSABAT, BURAQADI, LUCIANO MARTIN NIEVES, MARIANO SARMIENTO, HAYANI, CRISTOBAL SANCHEZ RAMIREZ y RECOBER. Creo que el trabajo de recopilación de los nombres corrió a cargo de Carlos Nieto.

 OS RUEGO QUE SI COMPROBÁIS ALGÚN ERROR DE NOMBRE O RECONOCÉIS A ALGUIEN, POR FAVOR, DECÍDMELO PARA IR COMPLETANDO LAS IMÁGENES QUE SE VAN A IR COLGANDO DE ESTE ALBUM DE LARACHE. Y SI QUERÉIS ENVIARME ALGUNA FOTOGRAFÍA DE AMIGOS O FAMILIARES, PODÉIS HACERLO A: barceabogado@gmail.com Y LAS IRÉ AÑADIENDO. GRACIAS.

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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 1

Hace tiempo quise montar un album de fotografías de Larache y de los larachenses, pero ese proyecto no lo he podido materializar por problemas técnicos, por así decirlo. Sin embargo, he pensado que este blog podría servir de pequeño album, con las fotografías que ya he colgado en él, pero también con las que voy a ir mostrando en este LARACHE – ALBUM DE FOTOS, en el que iré añadiendo las imágenes de mi pueblo, Larache, pero también de su gente. Para esta primera entrega he escogido algunas fotografías mías y de mi familia. La primera de ellas es una fotografía muy curiosa: en ella, sobre la motocicleta de mi abuelo Manuel Gallardo, posan varios niños en una estampa realmente hermosa. Es una fotografía muy bonita, de las que ya no se hacen. Sobre la moto estaban: Angel Muñoz, un niño sin reconocer, Juanito Gallardo -hermano de mi madre que falleció al poco-, Eduardo Morales, Pepe Muñoz, Emilio Morales y mi madre.

En estas otras estampas, se reúnen en la primera de ellas un grupo de amigos entreñables: Gero y Marina, Pepita Rodríguez y Manolo Alvarez, y mis padres, Antonio Barce y Maria Gallardo. Y en la segunda, mis padres. Cada fotografía es un mundo, y cada imagen encierra un sinfín de recuerdos para quienes las protagonizaron, pero también para los que les reconocen.

Las fotos que se exponen a continuación muestran a mi madre asomada a la azotea de nuestra casa en la Avenida Mulay Ismail, en el Balcón del Atlántico. Las vistas son inolvidables, grabadas a nuestras retinas y a nuestros recuerdos casi a fuego. En las otras, mi padre, Antonio Barce, disfruta de la compañía de sus mejores amigos. En la playa de la otra banda, con Manolo González. En la Plaza de España, sentados: Manolo, Carlos Navas, mi padre y Juanito Parra. Y también en la Plaza de España de Larache, mi padre con Dani Céspedes y Oscar Matres. La verdad es que eran unos tipos  muy elegantes.

Para ser una primera entrega no creo que esté tan mal. Como guinda, una imagen del añorado precioso inmueble que albergó el Casino, uno de los edificios más emblemáticos de Larache pasto de la especulación, y que ya sólo vive en el recuerdo, como tantas cosas.     Sergio Barce, diciembre 2011

 

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LARACHE según BIDÉ DE MAURVILLE, en su relato de la fallida expedición francesa contra los berberiscos que se refugiaban en Larache, en 1765

En 1765, una expedición francesa, al mando de La Touche de Beauregard, trató de tomar Larache para impedir que los corsarios berberiscos, que se refugiaban en el río Lukus y en su puerto, siguieran atacando a los barcos franceses. Sin embargo, fueron rechazados por las tropas del rey de Marruecos.

Lo ocurrido a esta desastrosa expedición, fue relatado por Bidé de Maurville en su <Narración de la Expedición de las chalupas que fueron destacadas el 27 de Junio de 1765 por el Sr. Duchaffault, Jefe de Escuadra que mandaba la del Rey destinada a cruzar delante de las costas de los Estados del Rey de Marruecos, para ir a incendiar los corsarios que había en el puerto de Larache, mandadas por el Sr. De la Touche Beauregard, Capitán de Navío y Comandante del Buque Almirante>, del que reproduzco el siguiente fragmento:

 En la noche del 26 al 27 de Junio, después de haber bordeado y cañoneado durante todo el día la ciudad y los fuertes de Larache, el Sr. Duchaffault destacó ocho chalupas para ir a incendiar un buque que se encontraba a la entrada del río que forma el puerto de esta ciudad y que pasa a lo largo de las murallas de la plaza. Nuestra expedición fue tan feliz que, después de haber entrado en el puerto y haber incendiado dicha embarcación, que abordamos sin resistencia, volvimos a reunirnos con nuestros buques, sin más baja que la de un hombre de nuestra canoa, ligeramente herido.

Poco después tuvimos que lamentar la inutilidad de nuestra expedición a causa de la actividad con que los moros detenían la progresión del incendio, que apagaron totalmente. Es cierto que si la marea no hubiera sido un obstáculo contra la buena voluntad de toda nuestra gente, hubiésemos hecho una nueva tentativa sin pérdida de tiempo; pero la falta de fondo, que nos había impedido franquear la barra de este puerto la noche precedente, nos ofrecía entonces las mismas dificultades, lo que obligó al General a dejar para el día siguiente la empresa de una nueva expedición. Todos los Oficiales coincidían en la resolución del Sr. Duchaffault, que era la de efectuar la acción en pleno día. Siendo esta empresa la única hacedera y por tratarse de añadir a la de la víspera el incendio del Corsario más considerable del puerto, hubiera sido imprudente intentar el abordaje durante la noche, pues este buque se encontraba muy al avante en el interior del río que nos era desconocido y que formaba varias sinuosidades antes de llegar al punto en que estaba amarrado el buque en cuestión. Por otra parte, la poca resistencia que habíamos encontrado al hacer nuestra primera expedición parecía responder del éxito de una segunda. 

Louis Charles du Chaffault de Besné

 No obstante, el General no quiso decidir nada antes de haber consultado con los señores Comandantes que mandaban los demás buques de su Escuadra. El 27 por la mañana les hizo la señal correspondiente para que se rindieran a bordo del buque almirante, así como la señal de Consejo. Bien pronto tuvo la satisfacción de ver que a su intención no se oponía ninguna inspiración contraria, que en cada buque se había formado el mismo proyecto y que todo el mundo tenía la misma confianza que nosotros en el éxito. Sin retener más tiempo a los señores Comandantes, les ordenó que se retiraran inmediatamente a los buques que mandaban, para armar sus chalupas y canoas, debiendo tenerlas listas para unirse a las del General a la primera señal que éste les hiciera. También ordenó prepararse a los Comandantes de los jabeques e ir a fondear lo más cerca posible de la entrada del puerto. Nos pusimos, por nuestra parte, a trabajar para acercarnos más a Larache y, tan pronto como estuvimos a medio tiro de cañón, comenzamos a tirar. Las fragatas, galeotes bombardas y jabeques, que habían recibido la orden correspondiente, hicieron otro tanto. Continuamos haciendo fuego hasta medio día, hora en que cesamos para comer y dar un poco de descanso a nuestra gente, a fin de poder comenzar de nuevo una vez reparadas las fuerzas.

A las dos de la tarde volvimos a bombardear Larache, continuando casi hasta el final de la expedición. A las cuatro, habiendo dado el General la orden de hacer la señal para que las chalupas y canoas viniesen a su bordo, éstas vinieron inmediatamente. El Sr. De Beauregard, Capitán de Navío y Comandante del buque jefe, encargado de esta expedición, designó, antes de partir, las chalupas que habían de incendiar las diferentes embarcaciones que se encontraban en el puerto y formó otras tantas divisiones destinadas a sostenerlas.

Cuando todo fue dispuesto de esta manera, nos pusimos en marcha según la orden ya convenida. Tardamos poco tiempo en llegar a la barca, que franqueamos en buen orden, sin darnos cuenta del gran oleaje que allí reinaba generalmente, así como tampoco experimentamos ninguna dificultad al pasar el castillo y los fuertes que bordean la entrada del puerto y bajo los cuales hubimos de desfilar a medio tiro de pistola. A medida que nuestras chalupas, a cuya cabeza navegábamos, pasaban al otro lado de un pequeño fuerte que forma la abertura del puerto, comenzaron sucesivamente a hacer fuego contra las tropas de moros ocultos detrás de las rocas que bordean la entrada y el interior del río, no dejando de avanzar hacia el primer buque, del que estábamos ya muy cerca. Tan pronto como le dimos alcance, le abordamos con la chalupa de La Terpsichore y subimos a bordo sin que se nos opusiera ninguna resistencia…

(…)   Los moros se adueñaron de nuestra chalupa y exterminaron a casi todos los heridos que en ella encontraron, escapando de esta carnicería solamente los que, por ocupar el fondo de la embarcación, les dieran por muertos aquellos desalmados, en los primeros momentos de su furor.

Así terminó una expedición que nos había inspirado tan buen augurio y que yo creo que no habría tenido resultados tan adversos si hubiésemos encontrado una corriente normal, pero la columna de agua que entraba por un paso tan estrecho, para engrosar un río muy ancho en el interior, ofrecía una resistencia  excesiva para nuestras fuerzas, continuamente debilitadas por el fuego del enemigo; esto fue, según mi opinión, la única causa de nuestra pérdida.

Como el trato que de los moros hemos recibido ha sido para cada uno de nosotros diferente, no me ocuparé de ello en este relato general. Sólo añadiré que, de dieciséis chalupas que fueron destacadas para esta expedición, nueve nada más tuvieron la suerte de salir del río y de volver a la Escuadra. Las otras siete, cuya lista doy a continuación, cayeron en manos de los moros…

 El fragmento está tomado de Larache a través de los textos <Junta de Andalucía, 2004> de María Dolores López Enamorado, que reproducía el texto de Relato de la Expedición de Larache, 1765, de Bidé de Maurville, traducción de la edición francesa original, Ámsterdam, 1765, y que se editó en Tánger, Publicaciones del Instituto General Franco, 1940, dirigida dicha publicación por la Duquesa de Guisa.

 François Joseph Hippolyte Bidé de Maurville nació en 1743 en Rochefort (Francia). Guardamarina, en 1765 embarca a bordo de L´Utile, bajo el mando de La Touche de Beauregard, en la escuadra de M. du Chaffault de Bresné, para, como se ha contado, combatir a los berberiscos en las costas de Marruecos. Fue hecho prisionero en Larache, pasando dos años como esclavo. Luego, participó al lado del monarca alaouí en las negociaciones de paz con Francia, y en 1767 regresa a su país. En 1779 es ascendido a Capitán de Navío y, como tal, hace una campaña en las Indias desde la que es devuelto a Francia acusado de desobediencia. Confinado en la isla de Ré, es finalmente liberado y excluido de la Marina en 1783.

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