LARACHE VISTA POR MEHDI EL KADMIRI

No sólo las palabras son capaces de evocar o transmitir lo que significa una ciudad para quien la describe. La imagen, poderosa y abarcadora, dicen que a veces vale más que mil palabras. Es posible. Lo cierto es que en Larache hay un buen puñado de artistas locales dispuestos a que su trabajo de fotógrafos traspasen los linderos de su urbe. A veces he usado fotos realizadas por Akram Serifi Bouhsina, por Aziz Bouhdoud, por Mohamed Bachir Temimi o por Achraf Etaagafy, entre otros. Hoy traigo imágenes de Mehdi El Kadmiri, que merece ser reconocido y reivindicado. Como bien dice mi hermano Abderrahman El Lanjri, hay que dar alas al trabajo de estos jóvenes artistas, ponerlos en valor, hacerlos conocer, y no cercenar sus ansias de progreso y de desarrollo personal y artístico. Gocemos pues de las imágenes aéreas que son otra manera de retratar Larache, suspendidos en el vacío, imaginando las calles que serpentean bajo nosotros, trazando rutas por sus venas llenas de vida y de sueños. Viajemos a través de la cámara de El Kadmiri. 

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«FANDANGOS DE TETUÁN», DE ABDERRAHMAN EL FATHI

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Del libro de mi amigo Abderrahman El Fathi, estos versos que al leerlos se escapan al ritmo de una voz flamenca. Unos fandangos, para llenar de música la mañana.

Fandangos de Tetuán, forman parte del libro de poemas Volver a Tetuán, de Abderrahman El Fathi, editado por Q-book, de Cádiz, con prólogo de Juan José Téllez.

FANDANGOS DE TETUÁN

I

Rumores,

puede que los hayas oído.

Hazle caso a los rumores.

Desde que no estás conmigo

ando con pena de amores,

que por ti he perdido el sentido.

II

Las olas

que bañan mi Río Martil,

sólo lo saben las olas,

que voy a llorar por ti

hasta mi última hora,

hasta que llegue mi fin.

III

El Dersa,

montaña de mis recuerdos,

a las laderas del Dersa

arrastra el viento mis sueños

y entierra todas mis penas

mientras por ti me muero.

IV

Las fuentes,

si no te tengo a mi vera

que se sequen todas las fuentes.

No hay razón para la espera.

Si ya no vuelvo a tenerte

se acabó mi vida entera.

V

Que cierren

las puertas de la Medina,

yo le pido a Dios que cierren,

que se me escapa la vida

desde que tú estás ausente,

desde que ya no eres mía.

Abderrahman El Fathi

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SEGUIR APOYANDO A LA LIBRERÍA PROTEO

Los días, las semanas van pasando, y la Librería Proteo-Prometeo de Málaga continúa tratando de levantarse y sobreponerse al desastre de las llamas. Quienes habéis efectuado algún pedido de libro a su página web, no desesperéis si hay alguna demora en los envíos. Hay que entender que sus ordenadores se derritieron, de que sus miles de libros se destruyeron, de que los innumerables pedidos han de tramitarse en un estado de provisionalidad absoluta, trabajando desde espacios y lugares cedidos por instituciones y entidades de manera provisional para que puedan arrostrar la situación mientras los lentos trámites con el seguro, con los proveedores, con los distribuidores y con la reconstrucción del edificio que ha sido pasto del fuego lleguen a buen puerto. Nada es fácil para los responsables y los trabajadores de Proteo. 

La última buena noticia es la que podéis leer en el siguiente enlace: desde el pasado jueves la librería ha abierto un pequeño local desde el que poder atender a sus clientes.

https://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2021/06/17/proteo-estrena-local-provisional-recupera-53819407.html

Paso a paso. Como decimos en Marruecos: shuia, shuia.

Así que, a todos, seguid apoyando a la librería comprando libros a través de su web, y sed pacientes con la recepción de los pedidos. 

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7529-31 / MARRUECOS

Eso es lo que pone en la placa con fondo negro y caracteres metalizados: 7529-31 / Marruecos (Almaghrib).

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Es la matrícula del Renault 10 de mi padre, el coche familiar cuando vivíamos en Larache. Aún recuerdo el día que apareció con él. Mi madre y yo (y quizá alguna de mis hermanas también, Marisol o Mónica) estábamos asomados a la ventana del salón de casa, en la avenida Mulay Ismail, frente el jardín del Balcón del Atlántico, y lo vimos llegar desde la plaza de España, despacio, casi al ralentí, como si le diese miedo acelerar o quizá para que su entrada fuese más majestuosa. Se detuvo justo bajo la ventana, y se abrió la puerta del conductor y mi padre, en mangas de camisa, salió del interior, apoyó un brazo sobre el borde de la portezuela y nos miró sonriente ajustándose las gafas de pasta negra. Salí disparado y bajé las escaleras de dos en dos. Cuando aparecí en el portal, mi padre abrió enseguida la puerta trasera del coche y yo seguí corriendo y me lancé en plancha sobre el asiento trasero de cuero  negro, como si me tirase a una piscina. Olía a nuevo y a limpio, y me pareció enorme, un cochazo. Me pegué a la otra puerta y bajé el cristal de la ventanilla, sorprendido de que la manecilla que giraba con una mano pudiese obrar ese milagro. La brisa movió mi pelo lacio (entonces sí tenía el cabello lacio, y rubio) y asomé el antebrazo, sentándome de manera muy formal, como aguardando a nuestra primera salida. Pasaba muy cerca, por la acera del jardín, Fatima El Bouhtoury y una de sus amigas, vestidas con el uniforme de su colegio. Como siempre, me observó con sus grandes ojos almendrados, levantando el mentón, altiva y distante, pero con una medio sonrisa retenida en los labios, con esa manera de mirar de las niñas cuando les gusta algún niño de su edad, pero al que en principio quieren hacer creer que les es indiferente. En esa ocasión, no me importó que me ignorase. Lo que yo quería era que mi padre se pusiese al volante cuanto antes. Solo lo hizo cuando bajó mi madre, que al sentarse en el asiento delantero dijo qué bonito, Antonio. Mis hermanas se sentaron a mi lado, y por fin dejamos el Balcón atrás. Pasamos junto a Fatima y su amiga, que miraron de reojo nuestro coche, tal vez a mí, pero yo fingí que no las había visto, sin girar el cuello. Era mi venganza.

El Renault 10 recorría las calles como un Rolls. Subimos la cuesta de la plaza, pasamos frente al Palacio de la Duquesa de Guisa y fuimos hasta el Vivero y la Hípica y regresamos luego por la avenida Mohamed V. Un trayecto de prueba con resultados más que satisfactorios. Al estacionar frente a casa, José Miguel López se acercó y le dijo a mi padre vaya coche, macho, y miró el salpicadero. Vaya coche, repitió. Yo ya me había bajado y me acercaba a Lotfi Barrada y a Luisito Velasco que me esperaban sentados en la balaustrada comiendo pipas. Hemos visto a Fatima, dijo Lotfi. Y yo, le respondí; pero lo hice distraídamente, como si no quisiera hablar del asunto.

Sergio barce, junio 2021 

CRÍTICA A «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL», DE SERGIO BARCE, EN EL DIARIO IDEAL DE GRANADA, POR JOSÉ SARRIA

De nuevo de la mano del poeta José Sarria, su crítica sobre mi libro de relatos Una puerta pintada de azul (Ediciones del Genal, 2020) en el Diario Ideal de Granada. Agradecido por sus hermosas palabras.

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