7529-31 / MARRUECOS

Eso es lo que pone en la placa con fondo negro y caracteres metalizados: 7529-31 / Marruecos (Almaghrib).

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Es la matrícula del Renault 10 de mi padre, el coche familiar cuando vivíamos en Larache. Aún recuerdo el día que apareció con él. Mi madre y yo (y quizá alguna de mis hermanas también, Marisol o Mónica) estábamos asomados a la ventana del salón de casa, en la avenida Mulay Ismail, frente el jardín del Balcón del Atlántico, y lo vimos llegar desde la plaza de España, despacio, casi al ralentí, como si le diese miedo acelerar o quizá para que su entrada fuese más majestuosa. Se detuvo justo bajo la ventana, y se abrió la puerta del conductor y mi padre, en mangas de camisa, salió del interior, apoyó un brazo sobre el borde de la portezuela y nos miró sonriente ajustándose las gafas de pasta negra. Salí disparado y bajé las escaleras de dos en dos. Cuando aparecí en el portal, mi padre abrió enseguida la puerta trasera del coche y yo seguí corriendo y me lancé en plancha sobre el asiento trasero de cuero  negro, como si me tirase a una piscina. Olía a nuevo y a limpio, y me pareció enorme, un cochazo. Me pegué a la otra puerta y bajé el cristal de la ventanilla, sorprendido de que la manecilla que giraba con una mano pudiese obrar ese milagro. La brisa movió mi pelo lacio (entonces sí tenía el cabello lacio, y rubio) y asomé el antebrazo, sentándome de manera muy formal, como aguardando a nuestra primera salida. Pasaba muy cerca, por la acera del jardín, Fatima El Bouhtoury y una de sus amigas, vestidas con el uniforme de su colegio. Como siempre, me observó con sus grandes ojos almendrados, levantando el mentón, altiva y distante, pero con una medio sonrisa retenida en los labios, con esa manera de mirar de las niñas cuando les gusta algún niño de su edad, pero al que en principio quieren hacer creer que les es indiferente. En esa ocasión, no me importó que me ignorase. Lo que yo quería era que mi padre se pusiese al volante cuanto antes. Solo lo hizo cuando bajó mi madre, que al sentarse en el asiento delantero dijo qué bonito, Antonio. Mis hermanas se sentaron a mi lado, y por fin dejamos el Balcón atrás. Pasamos junto a Fatima y su amiga, que miraron de reojo nuestro coche, tal vez a mí, pero yo fingí que no las había visto, sin girar el cuello. Era mi venganza.

El Renault 10 recorría las calles como un Rolls. Subimos la cuesta de la plaza, pasamos frente al Palacio de la Duquesa de Guisa y fuimos hasta el Vivero y la Hípica y regresamos luego por la avenida Mohamed V. Un trayecto de prueba con resultados más que satisfactorios. Al estacionar frente a casa, José Miguel López se acercó y le dijo a mi padre vaya coche, macho, y miró el salpicadero. Vaya coche, repitió. Yo ya me había bajado y me acercaba a Lotfi Barrada y a Luisito Velasco que me esperaban sentados en la balaustrada comiendo pipas. Hemos visto a Fatima, dijo Lotfi. Y yo, le respondí; pero lo hice distraídamente, como si no quisiera hablar del asunto.

Sergio barce, junio 2021 

2 pensamientos en “7529-31 / MARRUECOS

  1. Moustapha Lamiri dice:

    Muy buenos recuerdos con tu familia y también todos los larachenses son tus hermanas y hermanos.

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