SAID JEDIDI

Recibo con tristeza la noticia del fallecimiento de mi admirado y querido Said Jedidi, periodista de raza, novelista a contracorriente. Es una gran pérdida para el Hispanismo marroquí. Siempre recordaré su seriedad y pulcritud al abordar cualquier cuestión, su compromiso moral y político, pero también su humanidad y sincero afecto que me demostró en múltiples ocasiones. Repasando ahora las fotos que conservo de él, nos vemos juntos en varios encuentros literarios y culturales que compartimos con ilusión. Y veo también en esas mismas imágenes otros amigos que también se han marchado, mis añorados Abdellatif Limami, José L. Gómez, Mohamed Chakor o Mohamed Sibari. Siempre estarán en mi corazón.

Sergio Barce, 28 de septiembre de 2025   

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MÁLAGA, 7 DE OCTUBRE – PRESENTACIÓN DE «TÁNGER, LA VIDA SOÑADA», UNA NOVELA DE TINA SUAU

El próximo martes, 7 de octubre, presentaremos la novela de Tina Suau «Tánger, la vida soñada» (Esdrújula Ediciones) en la Librería Proteo, a partir de las 19.00 horas.

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Y AHORA, CLAUDIA

Hace pocos días fallecía Robert Redford. Hoy salta la noticia de la muerte de Claudia Cardinale. Es como si la belleza se fuera extinguiendo en este mundo sucio, feo y cruel en el que nos movemos a día de hoy. Nuestros iconos cinematográficos hacen mutis por el foro sin aspavientos, silenciosamente, sin levantar polvo. Grandes hasta para marcharse.

Quienes siguen mi blog saben de mi querencia y debilidad por la obra maestra de Sergio Leone: Hasta que llegó su hora (C´era una volta il west, 1968), y en esta película Claudia Cardinale brillaba con una luz especial. Henry Fonda, Charles Bronson y Jason Robards caían rendidos a sus pies, por pura lógica. Su interpretación en esta misma cinta imantaba al espectador.

Trabajó con los más grandes directores: Leone, Visconti, Brooks, Zurlini o Fellini, por citar algunos, y con los mejores actores y actrices de su generación. No voy a nombrar sus películas, porque en todos los artículos que se están publicando ya lo hacen hasta en exceso, pero sí quería rendirle un pequeño homenaje de despedida con estas breves líneas.

Cuando fui niño y adolescente, recuerdo que hablábamos de CC y no de Claudia Cardinale. Igual que BB era Brigitte Bardot. Ahora imagino a CC en la última escena de Hasta que llegó hora sacando agua del pozo para ofrecérsela a los sufridos trabajadores que tienden la línea férrea en medio del desierto… Y de fondo, la inolvidable banda sonora de Morricone. Puro cine. CC lo era.

Sergio Barce, 24 de septiembre de 2025           

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ROBERT REDFORD (1936-2025)

Otra muesca en el revólver de la Parca tras abatir a The Sundance Kid. Un tiro por la espalda, a quemarropa, ha acabado con él y su muerte se lleva al mito de Robert Redford.

Redford es el Henry Fonda de los setenta y ochenta: el actor que quizá mejor representaba al americano íntegro, al defensor de las injusticias, al hombre que aún cree en los valores éticos y morales, al ciudadano capaz de destapar conspiraciones. Ahí están sus papeles en El valle del fugitivo (Tell them Willie Boy is here, 1969) de Abraham Polonsky, Los tres días del cóndor (Three days of the Condor, 1975) de Sydney Pollack, Todos los hombres del presidente (All the president´s men, 1976) de Alan J. Pakula, La última fortaleza (The last castle, 2001) de Rod Lurie, Spy game (2001) de Tony Scott o Pacto de silencio (The company you keep, 2012) dirigida por el propio Redford, pero en especial en El candidato (The candidate, 1972) de Michael Ritchie y Brubaker (1980) de Stuart Rosenberg, films emblemáticos en su larga trayectoria.

Pero Redford era todo terreno. Su primer gran papel fue el de Bubber Reeves, ese ingenuo maleante al que una turba incontrolada ajusticia a las escaleras de la comisaría del sheriff Calder (Marlon Brando) en la magnífica cinta La jauría humana (The chase, 1966) de Arthur Penn, en la que, por vez primera coincide con Jane Fonda, a cuyo lado, al año siguiente, rodará una de las mejores comedias de los sesenta: Descalzos por el parque (Barefoot in the park, 1967) de Gene Saks.

Será, junto a Paul Newman, su gran amigo, cuando dé muestras de su versatilidad, mezclando comedia, aventura, romanticismo y cierto cinismo en las ya míticas Dos hombres y un destino (Butch Cassidy and the Sundance Kid, 1969) y El golpe (The sting, 1973), ambas de George Roy Hill. Escenas como cuando Cassidy y Sundance se lanzan al vacío tratando de escapar o como aquella en la que fingen ser asesinados para dar «el golpe» están grabadas en la retina de cualquier amante del cine.

Y el Redford romántico. Ése sí que ha pasado a ser todo un sello de la casa. Su cabello rubio, su medio entrecerrar los ojos mientras aprieta las mandíbulas o su sonrisa cautivadora han logrado enamorar a mujeres como Natalie Wood, Jane Fonda, Michelle Pfeiffer o, claro, Barbra Streisand y Meryl Streep. Su saber estar, su porte, su ironía mezclada con un dedo de picardía, eran puntos a su favor para ser El gran Gatsby (The great Gatsby, 1973) de Jack Clayton: atractivo, seductor y refinado. Junto a este otro título inolvidable, dos joyas: Tal como éramos (The way we were, 1973) de Pollack, film romántico donde los haya, y Memorias de África (Out of Africa, 1985) de nuevo dirigido por Sydney Pollack, otra cinta llena de momentos imborrables. En ambas, la música de Marvin Hamlish y John Barry, respectivamente, subrayan ese romanticismo del que Robert Redford campea como señor y dueño.

Es fácil imaginarse al actor sobre un caballo, cabalgando hacia ese nuevo horizonte que se vislumbra al otro lado. Quizá vadeando un río tan hermoso como el que filmó como realizador en El río de la vida (A river runs through it, 1992) o quizá perdiéndose en alguna montaña, como hacía en la vida real. Pero prefiero recordarlo en la piel de Jeremiah Johnson y verlo alejarse muy lentamente entre los árboles nevados de un bosque aún salvaje, libremente, confundido con la naturaleza, buscando una nueva aventura.

Robert Redford, al que pueden llamar The Sundance Kid, Jeremiah Johnson, Jay Gatsby, Henry Brubaker o, simplemente, Denys, aunque este último nombre ha de ser pronunciado por Meryl Streep con su maravilloso acento danés.

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