VALENCIA – 30 DE ABRIL – SERGIO BARCE EN LA FERIA DEL LIBRO

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El próximo domingo

30 de abril de 2017

a las 11:00 horas

hablaré de mis novelas en la Sala Museo 2

de la Fira del Llibre de València

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Estaré acompañado por los escritores, miembros de Generación BiblioCafé, Susi Bonilla y Mauro Guillén, con quienes he tenido el lujo de compartir relatos en varios libros colectivos.

UN VIAJE DE LARACHE A TÁNGER…

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«TERRITORIO», MEMORIAS DEL TRADUCTOR Y ACADÉMICO LARACHENSE MIGUEL SÁENZ

Acaba de publicarse Territorio, las memorias del traductor larachense Miguel Sáenz. El libro ha sido publicado por la editorial Funambulista.

TERRITORIO de Miguel Sáenz

Miguel Sáenz Sagaseta de Ilúrdoz nació en Larache, en 1932, y vivió veintiún años en África. Doctor en Derecho, traductor, militar jurídico del aire, novelista, crítico de cine, aficionado al jazz y funcionario internacional en Nueva York y Viena,. En los últimos tiempos es, además, miembro de la Real Academia Española y de la Deutsche Akademie für Sprache und Dichtung.

En el siguiente enlace tenéis el artículo publicado en el diario El mundo, donde se da cobertura amplia y detallada sobre este libro de Miguel Sáenz.

http://www.elmundo.es/cultura/literatura/2017/04/16/58f3456946163f47488b45ef.html

MIGUEL SÁENZ

MIGUEL SÁENZ

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DE «SOMBRAS EN SEPIA» A «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», NOVELAS DE SERGIO BARCE

Hace unos días, mi amigo el escritor Mario Castillo del Pino, autor de La imagen del silencio (Premio Narrativa Feria de Almería) o de Mi avión herido (Premio María Zambrano), me enviaba una fotografía y un mensaje por whatsapp sobre mi novela Sombras en sepia, y que son los siguientes:

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Seguro que nadie ha leído un libro tuyo en una calle gris y melancólica en medio de ninguna parte en el centro de Jutlandia. Ha sido un placer pasar la mañana con tu libro en callejuelas, parques y un cementerio judío, entre niebla y llovizna. Buena literatura y el graznido de los cuervos, enormes y amenazadores, rondando setos y tumbas. Gracias, Sergio, por regalarme estos momentos.

Mario Castillo, 8 de abril de 2017

Mis libros andan por ahí, acechando a los lectores, y también en manos de otros escritores que son también buenos amigos. Todo un orgullo para mí.

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Miky y Sergio

El novelista Miguel Torres López de Uralde con La emperatriz de Tánger, y Sergio Barce con El libro de las palabras robadas

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Pedro Delgado y Sergio

El escritor Pedro Delgado con El libro de las palabras robadas, y Sergio Barce

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Jesus y Sergio

Jesús Otaola, editor de Paseando por el Zoco Chico, La emperatriz de Tánger y El libro de las palabras robadas, para Ediciones del Genal, con el autor, Sergio Barce

 

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«CROSS THE GREEN MOUNTAIN» DE BOB DYLAN

Interludio musical.

Aquí os dejo el impresionante videoclip de la canción Cross the green mountain, de Bob Dylan.

Tema musical para la película Gods and Generals.

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FRAGMENTO DE LA NOVELA «BROOKLYN FOLLIES» (The Brooklyn follies, 2006) de PAUL AUSTER

Releyendo a uno de mis autores de cabecera, Paul Auster, en concreto su novela Brooklyn follies (The Brooklyn Follies), vuelvo a encontrarme con unos párrafos llenos de significado sobre el arte o la enfermedad de escribir. Yo estoy contagiado de ella. Curiosas las anécdotas y hechos que Auster enumera a través de los protagonistas de su novela.

PAUL AUSTER

PAUL AUSTER

“…-Ridículo. Nadie se hace escritor a los sesenta años.

   El antiguo doctorando y erudito se aclaró la garganta y me pidió licencia para expresar su desacuerdo. No había normas en lo que se refería a escribir, afirmó. Cuando se consideraba la vida de poetas y novelistas, se acababa frente a un absoluto caos, una infinita sucesión de anomalías. Eso se debía al hecho de que escribir era una enfermedad, prosiguió Tom, algo así como una infección o gripe del espíritu que podía atacar a cualquiera en el momento más insospechado. Al joven y al viejo, al fuerte y al débil, al borracho y al sobrio, al cuerdo y al loco. Echa un vistazo a la lista de los gigantes y semigigantes, y descubrirás a escritores que siguieron todo tipo de tendencias sexuales, que asumieron todas las posiciones políticas, que mostraron todas las facetas del espíritu humano: del idealismo más noble a la corrupción más insidiosa. Eran criminales y abogados, espías y médicos, soldados y solteronas, viajeros y enclaustrados. Si no cabía excluir a nadie, ¿qué impedimento había para que un antiguo agente de seguros de vida casi sesentón pasara a engrosar sus filas? ¿Qué ley declaraba que Nathan Glass no se había contagiado de la enfermedad?

   Me encogí de hombros.

   -Joyce fue autor de tres novelas -explicó Tom-. Balzac escribió noventa. ¿Supone eso una gran diferencia para nosotros?

   -Para mí, no.

   -Kafka escribió su primer relato en una noche. Stendhal escribió La cartuja de Parma en cuarenta y cinco días. Melville escribió Moby Dick en dieciséis meses. Flaubert dedicó cinco años a Madame Bovary. Musil trabajó dieciocho años en El hombre sin atributos y murió antes de acabarlo. ¿Nos importa algo de eso ahora?

   La pregunta no parecía exigir respuesta.

   -Milton era ciego. Cervantes sólo tenía un brazo. A Christopher Marlowe lo mataron de una puñalada en una reyerta de taberna antes de que cumpliera los treinta. Al parecer, el puñal  le atravesó limpiamente un ojo. ¿Qué debemos pensar de eso?

   -No sé, Tom. Dímelo tú.

   -Nada. Absolutamente nada.

   -Me inclino a compartir tu opinión.

   -Thomas Wentworth Higginson <corrigió> los poemas de Emily Dickinson. Un engreído analfabeto que calificó Hojas de hierba de libro inmoral se atrevió a tocar la obra de la divina Emily. Y el pobre Poe, que murió loco y borracho en una alcantarilla de Baltimore, tuvo la desgracia de elegir a Rufus Griswold como albacea literario. Sin sospechar siquiera que Griswold lo despreciaba, que su presunto amigo y defensor pasaría años tratando de destrozar su reputación.

   -Pobre Poe.

POE

EDGAR ALLAN POE

   -Eddy no tuvo suerte. No la tuvo en vida, ni tampoco después de muerto. Lo enterraron en un cementerio de Baltimore en 1849, pero pasaron veintiséis años antes de que erigieran una lápida sobre su tumba. Un pariente suyo encargó una inmediatamente después de su muerte, pero el asunto terminó en uno de esos follones cargados de humor negro que le hacen a uno preguntarse quién rige los destinos del mundo. A propósito del desvarío humano, Nathan. Daba la casualidad de que el taller del marmolista se encontraba justo debajo de un terraplén por donde pasaba la vía férrea. En el preciso momento en que daban los últimos toques a la lápida, se produjo un descarrilamiento. El tren cayó al taller y aplastó la lápida, y como aquel pariente no tenía bastante dinero para encargar otra, Poe pasó un cuarto de siglo enterrado en una tumba sin nombre.

   -¿Cómo sabes todo eso, Tom?

   -Todo el mundo lo sabe.

   -No, yo no.”

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El fragmento anterior es traducción del inglés de Benito Gómez Ibáñez para Anagrama, Colección compactos. Barcelona, quinta edición, mayo 2012.

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