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LA CIUDAD DEL LUCUS, novela del escritor larachense LUIS MARÍA CAZORLA

Tengo una primicia, que mi amigo y paisano Luis María Cazorla me ha brindado en bandeja: anunciar que acaba de ver la luz su nueva novela La ciudad del Lucus (Editorial Almuzara), y quizá sea una de las primeras personas en publicitarla.

He tenido el privilegio de recibir el borrador del manuscrito y leerlo antes de ser publicado (digo privilegio porque lo es el gozar de la confianza de Luis). Recuerdo que me llegó el pasado año un paquete, algo voluminoso. Al desempaquetarlo, un leve estremecimiento recorrió mi espina dorsal: “La ciudad del río Lucus” leí, y como siempre me ocurre cuando me topo de súbito con algo relacionado con Larache, una entrañable alegría me asaltó, de modo que lo abrí no sin cierta ansiedad. Luis me enviaba quinientas ochenta y ocho páginas, a un espacio. Me di cuenta en seguida, desde el primer párrafo, que ahí había un trabajo duro, detallista y concienzudo.

En efecto, Luis María Cazorla se ha atrevido a algo mucho más que narrar una historia que nace de su imaginación para “plantarla” en medio de un escenario determinado que sólo sirva de decorado. Al contrario, se ha documentado de tal manera para afrontar esta empresa que uno no tiene más remedio que rendirse a este trabajo.

Lo fascinante es que no sólo cuenta con toda la exhaustiva información de los hechos políticos y militares que sucedieron en Marruecos, en especial en Larache, a principios de siglo y que desembocaron en la creación del Protectorado, sino que también conoce la realidad y los personajes reales que vivían a pie de calle, por así decirlo. Las tiendas, los comercios, los pequeños negocios, son descritos con exactitud, al igual que la ciudad de Larache, en la que Luis nació y creció (eso se nota en seguida). Y vemos cómo André de Laroche, José Luis Ninet, el padre Castellá, el padre Cantéliz, Leandro Campos (dueño del Bar el Murciano), Hicham ben Achech (un personaje cuya aparición en el relato me encanta), José Cohen, Abraham Muchatiel, Alí Sintal, Akalay… quienes forman parte de la pequeña historia, se entremezclan, gracias a la hábil narrativa de Luis Cazorla, con personajes que han pasado a la Historia con mayúsculas: el entonces comandante Fernández Silvestre, El Raisuni, el cónsul Zugasti… por citar sólo algunos de los actores de esta estupenda obra. De manera que estamos ante una novela histórica absoluta.

Luis María Cazorla, gracias a su larga experiencia profesional, a su trato con numerosas personalidades de la diplomacia y de la política, ha sabido plasmar de manera realista los entresijos, los difíciles equilibrios y las disputas que acontecieron en esos años convulsos. Su pluma de narrador dota además a los personajes históricos de personalidad, los convierte en seres de carne y hueso, con lo que la novela gana en realismo, en viveza, en aventura literaria.

Baste, como botón de muestra, este párrafo en el que describe uno de los encuentros entre Silvestre y el Raisuni:

Cherif Mulay Ahmed el Raisuni

    Silvestre conocía bien el carácter pedigüeño de los notables marroquíes. El Raisuni, por muy prominente que fuera entre ellos, tenía ese carácter muy arraigado. Los  hechos concretos a los que se había referido pronto –reflexionó para sí Silvestre- se acabarían traduciendo de forma inexorable en exigencias revestidas de peticiones de dinero y material.

La pronta y un poco atropellada mención al respeto de las leyes y autoridades locales sonó a clara advertencia que incomodó a Silvestre. Éste, para evitar los tejemanejes de los franceses y sus semsares, había prohibido al caíd, al nadir y al almotacén de Alcazarquivir que preparasen documentos de compraventa de casas de la ciudad y de terrenos en el campo sin su previo conocimiento. Haciendo caso omiso a las protestas del Majzen, de la campaña adversa de la prensa francesa y de las llamadas a la prudencia del ministerio de Estado, había mantenido su orden. Sabía que el Raisuni se había molestado por ello, no tanto porque le afectara directamente de modo significativo, sino por constituir un síntoma de que el ejercicio de su autoridad iba a verse interferido por las bigotadas del jefe militar español. Este proceder confirmaba, además, que las dificultades con las que sus recaudadores se habían topado para cobrar impuestos por la interposición de Silvestre no era algo aislado. Todo ello constituía una forma de entendimiento que el jefe militar español tenia de su acción política, en ciertas ocasiones incluso discrepante de lo que la legación en Tánger y el consulado en Larache le transmitían.

El Raisuni, por su parte, estaba lanzado en cumplir los propósitos que anidaba en su segunda reunión con Silvestre. Había comprobado el día anterior que era cierta la fama de impulsivo e impaciente atribuida al militar español después de algunas semanas de estancia en Larache y Alcazarquivir. El jerife había logrado templarlo en la entrevista del día anterior, aunque no se le había escapado que Silvestre estuvo en varios momentos a punto de estallar ante las divagaciones del astuto bajá de Arcila.

Aquella mañana se había encontrado con un Silvestre más calmado y reflexivo, y estaba dispuesto a aprovechar la oportunidad que se le ofrecía…

Cazorla entra en la psicología de estos personajes y nos metemos en sus reflexiones, en sus dudas, en sus impulsos.

General Fernández Silvestre

Y como larachense, dota a la historia que cuenta de una rica vida interior: no sólo describe perfectamente la ciudad que tan bien conoce, de igual forma reconstruye las antiguas calles, los viejos edificios y los paisajes, revive a las personas que los habitaban (Luis visitó, mientras escribía la novela, cada uno de los lugares donde se desarrollaron los sucesos reales) y recupera voces, giros, palabras y dichos (el vocabulario es rico en matices, y el lenguaje utilizado en el Marruecos de la época enriquece aún más la autenticidad del relato).

Un mosaico completo, en fin, de una época y de una historia tan fundamental en nuestra historia reciente como desconocida para una gran parte de los futuros lectores.

Quizá las propias palabras de Luis María Cazorla, en la “Nota del autor” que se contiene en el libro, sean más elocuentes de lo que yo pueda ser en este pequeño comentario.

Parece difícil, sobre todo en el campo de la creación literaria, pero si el escritor ahonda en sí mismo acaba encontrando una explicación a ¿qué ha desencadenado en mí la fuerza interior necesaria para escribir el libro en cuestión?

A veces es un relámpago que ilumina cegador y desgarra con fuerza el velo de la indefinición intelectual inicial de quien lo recibe. Otros es un lento poso de vivencias, sensaciones, recuerdos, realidades y apariencias de realidad forjadas por la imaginación que se solidifican hasta convertirse en una nueva realidad a veces más poderosa que la fáctica. Este poso se va nutriendo a los largo de los años de sucesivas capas hasta que un especial estado de ánimo, una maduración sólo apreciable por el futuro autor, o un aliento etéreo e indefinible ponen en marcha el aluvión que culmina en el libro.

Esto último es lo que me ocurrió a la hora de comenzar el largo camino de algo más de tres años que ha terminado con La ciudad del Lucus entre tus manos, lector.

Muchas capas se han acumulado hasta formar el sólido poso en el que se asienta esta novela. Han revoloteado en mí las imágenes de mi abuelo, José María Cazorla García, que, primero como soldado y después como comerciante, se asentó en Larache en los muy primeros años del Protectorado español en Marruecos; de mi padre, Luis Cazorla Navarro, que nació en esta ciudad en 1920 y en ella empezó su destacada carrera de abogado y de interventor militar; de mi madre, Soledad Prieto Caro, que llegó allí casada, abandonando en prueba de amor su ambiente, muy distinto, en Madrid. También he tenido muy presente mi infancia en Larache: El Balcón del Atlántico, la música marroquí y la militar, la Legión desfilando airosamente, el embarcadero del puerto, la Plaza de España, la calle Chinguiti, la iglesia del Pilar, el colegio de los Maristas… Todas estas capas han sido debidamente aceitadas  por permanentes recuerdos familiares, por ávidas lecturas, por frecuentes viajes a aquellos lugares, por conversaciones con familiares –José y Luis Navarro, entre otros- y con amigos –Julián Martínez Simancas y José Edery, por no citar más- impregnadas de vivencias similares y a veces anudadas por relaciones de varias generaciones.

En este poso fértil, como las tierras que riega el río Lucus, la galopante madurez, el creciente interés por los episodios históricos sobre los que se asienta el libro y el impulso que mi vocación literaria recibió al quedar finalista en un premio con otra obra, hicieron las veces de detonante del esfuerzo que se traduce en La ciudad del Lucus.

Quiero dejar constancia de mi hondo agradecimiento a mi mujer Carmen González-Serrano, que ha respetado mis largos retraimientos, me ha acompañado en los esforzados viajes de investigación, y me ha alentado siempre con equilibrio exigente; a Rosario Herrero, a quien debo mucho como competente documentalista cuyas manos generosas siempre han estado abiertas para orientarme; a Manuel Vidal, entusiasta lector de todo lo que escribo, en quien La ciudad del Lucus halló desde sus primeros momentos de gestación notable estímulo; a Antonio Zoido, que fue uno de los primeros lectores del original y que me animó mucho con su calificación de “galdosiano”; a Javier Jiménez-Ugarte, excelente y entregado diplomático, que, como cónsul de España primero en Melilla y después en Tetuán, siempre me alentó y me brindó ayuda en mi tarea; a Alejandro Díez, Guadalupe Díaz, Ángela García Burgos y Montserrat Planas por su permanente empeño en hacerme las cosas más fáciles, y, por fin, a Manuel Pimentel y a la Editorial Almuzara por el interés entusiasta que desde nuestro primer contacto mostraron por el libro que encabeza estas líneas.    Luis María Cazorla”

Estamos, pues, ante una novela que atraerá a quienes sienten interés y curiosidad por Marruecos, su historia y la que le tocó compartir con España, que llamará la atención de los estudiosos de ese período, pero que también hará disfrutar a los amantes de las novelas históricas.

Es un viaje en el tiempo, viaje a un pasado romántico, a un pasado de aventura absoluta. Es un viaje de regreso al Larache de los antepasados más cercanos de Luis María Cazorla.

La editorial Almuzara, con Manuel Pimentel al frente, y con Antonio Cuesta y Javier Ortega, ha acertado en apostar por este libro. Como admirador del trabajo de Luis, sólo me queda esperar que su novela sea todo un éxito, que lo merece.

Sergio Barce, febrero 2011

Ya he hablado en mi blog de Luis María Cazorla como jurista, y no han cesado de llegarme comentarios alabando su trayectoria. Dije entonces que me quedaba por hablar del Luis María Cazorla escritor de ficción. Ya lo tenemos aquí con su nueva novela.

Pero no querría que pasara esta ocasión sin mencionar sus otros libros publicados, tanto de relatos: “El proyecto de ley y once relatos más” o “Cuatro historias imposibles”; como de novelas: “Ni contigo ni sin ti” y de “Cerca del límite” que fue finalista en 2007 del Premio Internacional de Novela “Javier Tomeo”.

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LARACHE vista por… PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ 1

Paloma Fernández Gomá, aunque nacida en Madrid, reside en Algeciras desde 1969. Diplomada en Geografía e Historia, Paloma es una de las voces más destacadas de la actual poesía española. Su obra está recogida en distintas antologías, y ha sido traducida al mallorquín, árabe, inglés, francés e italiano; también es objeto de estudio por las profesoras Susana Medrano de la Universidad San Juan Bosco de la Patagonia, en Argentina, y Lola Hidalgo Calle de la Universidad de Tampa, en Florida  (USA).

Fundó y dirigió la revista  “Tres Orillas”, y actualmente, tras crearla, edita y dirige la revista intercultural “ORILLAS”, con el patrocinio del Ateneo de Algeciras.

En el año 2007, el Ayuntamiento de Málaga publicó, dentro de la colección “Ancha del Carmen”, el libro de poesía de Paloma Fernández Gomá “Ángeles del desierto”, en el que hay varios poemas dedicados a Larache. Como curiosidad, el diseño de la portada y la maquetación de esta colección, es obra de Antonio Herráiz, íntimamente vinculado también a Larache, y de quien también escribiré próximamente.

Hoy me permito reproducir, con la aquiescencia previa de Paloma, tres de esos poemas dedicados a Larache, y próximamente colgaré en este mismo blog algún otro, porque, como el buen vino, su poesía ha de ser escanciada poco a poco.

 

LARACHE

Al otro lado del Lucus

la orilla es verde y lleva azahar,

reposa entre naranjos esparciendo

el aroma del néctar

o la pulpa jugosa que habitó el fruto.

Sobre el mar el filamento gris

de las raíces rezuma

el óxido enmohecido.

La orilla se imanta de bronce

cercando el límite con eco de retorno,

el que condujo la sombra a pie de árbol.

En el limo resbalaría la tarde

que, aturdida, ha de buscar en el curso del agua

el eterno lamento de un tiempo deshabitado

vacío de cántaros,

hostil al recuerdo,

inacabado

que lejos de ausentarse

rememora épocas

de siembra.


Desde estas publicaciones, Paloma Fernández Gomá siempre ha dado entrada a los escritores que han tratado de acercar, a través de sus creaciones, la cultura española y la marroquí; también ha organizado o formado parte de actividades literarias en las que ha estado muy presente esta inquietud suya por tender puentes entre ambos países. Tanto en Algeciras como en Jimena de la Frontera, Paloma ha tenido la generosidad de contar conmigo para presentar alguno de mis libros, así como con otros escritores vinculados con Marruecos, y especialmente con Larache, tal es el caso de Mohamed Sibari, León Cohen o Mohamed Akalay.

CAFÉ CENTRAL

La hoz de la tarde se ensancha

en el hueco de las estrellas

y las manos deshojan multitud de frases;

después queda la cita en las terrazas de las aceras

junto al bullicio del paseo.

Así quedaría la voz dilatada

aguardando el ocaso de las horas

que se avecinaban en reposo itinerante

aproximándose a las olas.

La noche es plenitud

en la plaza

y el café Central queda

cerrando sus puertas.

La mirada me devuelve al límite de la noche

hasta donde no llega el olor del tronco reseco,

pues habrá de transitar derroteros de espuma

hasta sembrar una orilla de enredaderas.


Paloma Fernández Gomá es miembro de honor de la AEMLE (Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española) y fue asesora literaria del Instituto Transfronterizo del Estrecho de Gibraltar, hasta su cierre. En la actualidad es miembro de la Junta Directiva de la “Asociación de Críticos Literarios y Escritores de Andalucía”, y de la “Asociación Mujeres y Letras”, Barcelona y pertenece, entre otras entidades, a la “Fundación Al-Idrisi” de cooperación hispano marroquí.

Su poesía es calma y cuidada, con un constante juego de elegante adjetivación; construye versos medidos, premeditadamente musicales, que convierten su lectura en un auténtico placer, pero si, además, es Paloma quien los lee, los transforma. Ella sabe darles la entonación, la pausa, la cadencia oportuna, y aun cuando son excelentes sabe bien cómo enriquecerlos cuando los ofrece a su auditorio. Ese equilibrio que muestra en sus poesías lo traslado a su trato personal, siempre atenta, siempre deferente y colaboradora, una mujer generosa, con una curiosidad y una inquietud nunca saciadas.

LALLA MENANA (Patrona de Larache)

Permanece tu espacio en extrema quietud,

en él no habrá de saciar su sed el expolio;

allí reposan las alas de tu aliento

y tu nombre cubre la hierba amasada

de pretéritas mañanas, herencia

de la más extensa paz;

siempre plena y en cadencia

recorre el trayecto de celestes andaduras,

en pos de quimeras, que el viento trazara

en la membrana de aquellos días.

En el seno del estío, el oleaje

recibe tu eco más nítido,

Lalla Menana,

para surcar horizontes

y tender la mano.

Los poemas de «Ángeles del desierto» han sido musicalizados por nuestro común amigo el cantautor Ramón Tarrío, y el CD lleva este mismo título, y que os recomiendo. El enlace a su página web la tenéis en este mismo blog.

 

 Entre las obras de Paloma Fernández destacan: <Paisajes íntimos>, <Umbral de vigilia>, <Sonata floral,  que ha sido Premio de Poesía Victoria Kent en 1999, <Senderos de sirio> galardonada con el Premio de Poesía María Luisa García Sierra o <Cáliz amaranto>, finalista del Premio de la Crítica de Andalucía en 2005, además de la ya mencionada <Ángeles del desierto> entre otras. Coordinó el libro Arribar a la Bahía, encuentro de poetas en el 2000.

Paloma Fernández Gomá ha sido reconocida con la Mención Honorífica Extraordinaria de la Asociación de Mujeres Progresistas Victoria Kent de Algeciras por su labor intercultural y ha  recibido el Premio La Barraca de las Letras y el Teatro, concedido por la Diputación de Cádiz-Fundación Dos Orillas a su obra literaria y cultural.

Sergio Barce, febrero 2011

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Otros libros, otros autores: AL SUR DEL SAHARA de PEDRO DELGADO FERNÁNDEZ

Aunque ya han pasado unos años desde que se publicara, y también desde que lo presentásemos en el Colegio Luis Vives de Larache,  AL SUR DEL SAHARA (Editorial Caligrama, Benalmádena (Málaga), 2000) de Pedro Delgado Fernández, es un libro que merece ser rescatado.

Pedro Delgado y Sergio Barce, en la presentación del libro en Larache

9 de Julio. Chinguetti.

…Haitora, Isa y Miriam, los pequeños de la casa, me acompañaron en mi paseo vespertino. Juntos subimos una duna. Isa y Haitora iban enganchados de mis brazos, pues la arena parecía querer tragárselos. Nos quedamos un rato de pie, contemplando la inmensidad del desierto. Ahora que los pequeños habían dejado de reír y yo había recuperado el aliento, percibía el más absoluto silencio. Tan sólo sentía los latidos de mi corazón. El cielo luminoso, de un celeste intenso, focalizaba el paisaje. Allí, absorto frente a aquel horizonte, habría permanecido el resto del día, pero Haitora me tiró de la camisa, me cruzó una mirada y arqueó las cejas. Yo le dediqué una sonrisa y él correspondió agarrándome la mano. Isa cogió a Mariam y bajamos la duna corriendo, estallando de nuevo las risas y los gritos.

Al final del día, sentados al lado de uno de los pozos que abastecen de agua a la ciudad, contemplamos la puesta de sol. Realmente, días como éste compensan cualquier penalidad.

Libro de viajes por el Africa Occidental, está escrito con una sencillez que lo impregna de un cálido candor. Nos lleva sin dificultades por ciudades que a Pedro no le apasionan tanto como los pequeños poblados o las ciudades más inaccesibles. Descubrir el poblado Dogón Sigue leyendo

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LARACHE vista por… DON LUIS DE GÓNGORA

Entre 1610 y 1611 escribe Góngora varias odas y sonetos con motivo de la toma de Larache por las tropas españolas. Según algunos estudiosos, es precisamente con su oda <A la toma de Larache> que se inicia su obra “cultista”, que dio lugar a obras como la fábula de Polifemo y Galatea (1613), las Soledades (1613) y el Panegírico al duque de Lerma (1617).

De la jornada de Larache, tal y como señala la profesora María Dolores López Enamorado, es un soneto burlesco, cuyo motivo es el fracaso de Juan de Mendoza, Marqués de San Germán, en su primer intento por conquistar Larache en 1609:

DE LA JORNADA DE LARACHE (1608-1609)

-¿De dónde bueno, Juan, con pedorreras?

-Señora tía, de Cagalarache.

-Sobrino, ¿y cuántos fuistes a Alfarache?

-Treinta soldados en tres mil galeras.

-¿Tanta gente? -Tomámoslo de veras.

-¿Desembarcastes, Juan? -¡Tarde piache!,

que al dar un Santiago de azabache,

dio la playa más moros que veneras.

-Luego, ¿es de moros? -Sí, señora tía;

mucha algazara, pero poca ropa.

-¿Hicieron os los perros algún daño?

-No, que en ladrando con su artillería,

a todos nos dio cámaras de popa.

-¡Salud serían para todo el año!

LARACHE, año 1610

De la toma de Larache, por el contrario, tras la ocupación de la ciudad por las tropas españolas, olvida las críticas anteriores y Góngora pasa a enaltecer el reciente triunfo militar:

DE LA TOMA DE LARACHE (1610)

Larache, aquel africano

fuerte, ya que no galán,

al glorioso San Germán,

rayo militar cristiano,

se encomendó, y no fue en vano,

pues cristianó luego al moro,

y por más pompa y decoro,

siendo su compadre él mismo,

diez velas llevó al baptismo

con muchos escudos de oro.

A la española el marqués

lo vistió, y dejar le manda

cien piezas que, aunque de Holanda,

cada una un bronce es.

Dellas les hizo después

a sus lienzos guarnición,

y viendo que era razón

que un lienzo espirase olores,

oliendo lo dejó a flores,

si mosquetes flores son.

DE LA TOMA DE LARACHE, en la Edición Facsímil <Obras de Don Luis de Góngora> por Don Antonio Chacón Ponce de León, 1628

La noticia de la toma de Larache dio lugar a varias celebraciones por el feliz acontecimiento, y es en una de esas fiestas donde se enmarca otro poema de D.Luís de Góngora:

EN PERSONA DE DON GÓMEZ DE FIGUEROA, EN LA MÁSCARA QUE SE HIZO EN CÓRDOBA CUANDO VINO NUEVA DE LA TOMA DE LARACHE (1610)

Esta bayeta forrada

en plata, señora mía,

luto es de mi alegría

bien nacida, y mal lograda;

y esta, por vos desatada,

hacha, en lágrimas de cera,

a tener lengua, os dijera

cuál me trae vuestro desdén,

que no es Alarache quien

me vistió de esta manera.

El siguiente soneto de Góngora es de tono heroico de igual título que el ya mencionado De la toma de Larache y también es de 1610.

DE LA TOMA DE LARACHE (1610)

La fuerza que infestando las ajenas

argentó luna de menguante plata,

puerto hasta aquí del bélgico pirata,

puerto ya de las líbicas arenas,

a las señas de España sus almenas

rindió, el fiero león, que en escarlata

altera el mar, y al viento que lo trata

imperioso aun obedece apenas.

Alta haya de hoy más, volante lino

el Euro dé, y al seno gaditano

flacas redes, seguro, humilde pino,

de que, ya deste o de aquel mar, tirano

leño holandés disturbe su camino,

prenda su libertad bajel pagano.

Plano de Larache, siglo XVII (Grabado alemán)

Por último, también Góngora escribió en 1610 este otro texto sobre la toma de Larache, donde cita al río Lukus llamándole “Luco”:

A LA TOMA DE LARACHE, PLAZA FUERTE DE ÁFRICA, QUE SE ENTREGÓ POR TRATO CON MULEY JEQUE, REY DE FEZ AÑO DE 1610 (fragmento):

En roscas de cristal serpiente breve,

por la arena desnuda el Luco yerra,

el Luco, que con lengua al fin vibrante,

si no niega el tributo, intima guerra

al mar, que el nombre con razón le bebe,

y las faldas besar le hace de Atlante.

Deste pues siempre abierta, siempre hïante

y siempre armada boca,

cual dos colmillos, de una y de otra roca,

África (o ya sean cuernos de su luna,

o ya de su elefante sean colmillos)

ofrece al gran Filipo los castillos,

carga hasta aquí, de hoy mas militar pompa;

y del fiero animal hecha la trompa

clarín ya de la Fama, oye la cuna,

la tumba ve del sol, señas de España

los muros coronar que el Luco baña.

Las garras, pues, las presas españolas

del rey, de fieras no, de nuevos mundos

ostenta el río, y gloriosamente

arrogándose márgenes segundos,

en vez de escamas de cristal, sus olas

guedejas visten ya de oro luciente.

Brama y, menospreciando serpiente,

león ya no pagano

lo admira reverente el océano.

Brama, y cuantas la Libia engendra fieras,

que lo escuchaban elefante apenas,

surcando ahora piélagos de arenas,

lo distante interponen, lo escondido,

al imperio feroz de su bramido.

Respóndenle confusas las postreras

cavernas del Atlante, a cuyos ecos

si Fez se estremeció, tembló Marruecos.

He tomado como fuente el delicioso libro de la arabista, y actual directora del Instituto Cervantes de Casablanca, María Dolores López Enamorado, “Larache a través de los textos”, al que ya me he referido en otras ocasiones y al que, en pocos días, dedicaré un artículo concreto.

Sergio Barce, febrero 2011


Don Luis de Góngora y Argote, figura emblemática de la poesía española de todos los tiempos, nació en Córdoba en 1561 y falleció en 1627. Tras estudiar en Salamanca, tomó órdenes menores. Desde bien pronto comenzó a escribir sonetos, romances, letrillas satíricas y otras líricas. Entre 1610 y 1611 escribió la Oda a la toma de Larache y en 1613 el Polifemo. Pero fueron sus Soledades las que dieron lugar a que otros poetas, los denominados “culteranos”, se declarasen seguidores suyos; mientras que los “conceptistas”, con Quevedo a la cabeza, se convirtieron en feroces enemigos suyos. Góngora vivió en la Corte hasta 1627, pero cuando murió en Córdoba era un hombre enfermo y arruinado.

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MOHAMED AKALAY, escritor larachense

Hoy se ha llevado  mi alma y me ha dejado la suya entre las manos

del relato «Alcoba y amor»de Mohamed Akalay  

Mohamed Akalay nació en Larache en 1946. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Sevilla y profesor visitante de la Universidad de Messina (Sicilia) y de la Abdelmalik Essaadi de Tetuán. Desde que nos conocimos, conectamos en seguida, y he de decir que Akalay es una de esas personas que se hacen entrañables enseguida. Siempre me ha demostrado un afecto sincero, y los momentos que hemos compartido en Larache, en Tánger, en Madrid o en Málaga, han estado rodeados de jolgorio y de simpatía.

Mohamed Laabi, Mohamed AKALAY y Sergio Barce

 Como creador, Mohamed Akalay, al igual que nuestro paisano Sibari, pertenece a ese grupo de escritores marroquíes que han elegido el castellano para escribir, y él lo hace francamente bien, como si ésta fuera su lengua primera. Su conocimiento de los clásicos españoles le llevó a escribir y publicar su tesis sobre las Mâqâmat: Las mâqâmat y la picaresca, al-Hamâdani y al-Harîrî. Lazarillo de Tormes y Guzmán de Alfarache”(Tánger, 1998), tesis dirigida por la doctora Ingrid Bejarano y leída en la Universidad de Sevilla.

Como narrador, Akalay tiene cuentos cortos de gran elegancia, especialmente los que recopiló en su libro Entre Tánger y Larache” (Sial Ediciones, Madrid, 2006), colección de relatos entre los que destacan “Luz de vida” (Premio Eduardo Mendoza de Relatos Breves en 2003) y el titulado “Mi hija y nada más” (Premio Internacional de Narrativa Sial en 2006).

Sus ojos color miel poseen contornos de féretro, pero sus pupilas tiritan de vivacidad, son nervio puro; y si guardan la memoria de muchos momentos de vida de tardes lluviosas, también vislumbran con ilusión, en su propia alcoba, horizontes de miles de deseos; de días deslumbrantes. El hilo del azaroso destino que ha vivido, le dice que seguirá bebiendo de la lucidez que le transmite el conocimiento de la muerte. El mundo, su mundo, es su cobijo; no encuentra otro placer más que en él, encerrado; lejos de la gente; languideciendo en la edad. En ese lugar puede verla a ella todas las mañanas, viajando sola a través de los espacios del infinito”   (Inicio de Luz de vida)

 “Entre Tánger y Larache” nos habla, con realismo, de las injusticias sociales que crean una boda frustrada o la viudez en la mujer marroquí, la infidelidad, el terrorismo o la Intifada. Y lo hace con mesura, guardando una cierta distancia como narrador, pero sin perder nunca su propia visión de estos acontecimientos que influyen en el día a día de las mujeres, desde un prisma profundamente humano y humanista.

En el prólogo, escrito por nuestro común amigo Cristian H. Ricci, profesor fundador de la Universidad de California, se dice: “Rescato, entre otras cosas buenas que nos brinda Akalay en este libro, los siguientes puntos: las mujeres árabes no están más sometidas que muchas mujeres del mundo occidental; la desmitificación de que todo árabe sea un terrorista en potencia; la mirada profunda en la condición de la mujer árabe que pierde a su esposo e hijos por motivos bélicos o políticos; la convivencia entre judíos, musulmanes y cristianos en Marruecos…”

Tuve el orgullo de presentar su libro en el “Día de Larache en Málaga” que organizó nuestra asociación cultural “Larache en el Mundo” en colaboración con AEMLE y El Corte inglés. Acto del que guardo un emocionado recuerdo tanto por lo que allí se dijo como por el reencuentro que se produjo con muchos larachenses que residen en Málaga y Sevilla.

Pocos son los hombres que se atreven a hablar con auténtica libertad cuando se refieren a su corazón. Es así porque se quiere esconder la verdad de lo que somos” (del relato El judío sabio de M.Akalay)

Es curiosa nuestra relación personal, suele transcurrir bastante tiempo para que coincida una ocasión en la que podamos vernos, pero siempre tengo la sensación con Akalay de que entre una y otra sólo han transcurrido unos días, y retomamos nuestras conversaciones con aparente naturalidad. Y al escribir esto, me doy cuenta de que hecho en falta volver a encontrarle, charlar con él y tomarnos algo juntos mientras nos reímos.

Sergio Barce, Mohamed AKALAY, Prof. Abdellatif Limami, el periodista y escritor Said Jedidi, Mohamed Sibari y el poeta Abderahman El Fathi

Akalay ha sido también antologado en el libro La sombra de los vientos. Narradores marroquíes contemporáneos (Destino, Barcelona, 2004) y es el presidente de la Asociación de Escritores Marroquíes en Lengua Española. Tiene publicada la novela: Entre dos mundos” (Tánger, 2003) y actualmente está preparando tres libros de ensayo próximos a ser editados: «La influencia de las maqamat árabes en la picaresca española«, «El derecho de la mujer en el Islam» (que según me dice es una recopilación de conferencias para los alumnos del Master en la Universidad de Messina, Italia) y, por último, «El Convenio hispano-marroquí de la Seguridad Social«. Mohamed Akalay ha obtenido, además de los galardones antes indicados, el Premio Victoria Kent de relatos breves en 2004 y la Cruz de Oficial de la Orden del Mérito Civil de manos de S.M. Juan Carlos I.

Sergio Barce, enero de 2011

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