Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

“LA ENFERMEDAD DE ESCRIBIR”, DE CHARLES BUKOWSKI

 

Cuando formaba parte del Taller de Narrativa que, durante los años de Universidad, dirigía el dramaturgo y poeta Miguel Romero Esteo, recuerdo que nos insistía que, entre otros narradores, leyésemos a Charles Bukowski. Para mí fue como entrar en otra dimensión. Sus novelas y sus relatos iban contracorriente. Hacía apenas seis años que había muerto Franco y nuestras ansias de libertad y de descubrir todo lo que había estado prohibido o censurado nos caía en avalancha, y Bukowski era como romper con muchas cosas. Transgresor, outsider, molesto, provocador. Me encantaban sus textos, escritos como se respira, línea tras línea sin tomar aire, diciendo las cosas como son, sin tapujos, sin subterfugios, sin necesidad de usar metáforas cursis o rebuscadas. Hablaba del sexo igual a como se bebía sus cervezas. Algunos de sus relatos me han hecho llorar de risa. Bukowski siempre en mi biblioteca, mirándome con su cara de boxeador machacado, vigilándome para que no baje la guardia, para que no ceda, para que no me venda.

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Anagrama acaba de editar La enfermedad de escribir (On writing), que se publicó en 2015 en Nueva York, libro que recoge cartas y dibujos que Charles Bukowski envió a editores, críticos y escritores y poetas desde 1945 a 1993, en las que habla del oficio de escribir, de la poesía, de la narrativa, de las penurias que pasaba para ver alguno de sus escritos publicados, sus pensamientos sobre autores consagrados, sus experiencias con los editores y críticos, sus cambios de humor, su desesperanza o sus ilusiones…  

“ (Extracto de carta de fecha 5 de agosto de 1963 a Marvin Malone, editor de Wormwood Review, que publicó la poesía de Bukowski en casi cien números de la revista)

Subí las escaleras con el sobre pesado y pensé que habrías rechazado los poemas, que seguían allí dentro, es tan duro como hacer que los elefantes caminen por el barro, pero lo abrí y vi que habías aceptado ONCE, y once poemas son muchos poemas aunque te hubiera enviado docenas más…

(…) Escribir es un juego de lo más divertido. Cuando te rechazan, escribes mejor; cuando te aceptan, sigues escribiendo. Dentro de 11 días cumpliré 43 años. Es normal escribir poesía a los 23, pero si sigues haciéndolo a los 43 significa que no estás del todo bien de la cabeza, pero no pasa nada…: otro cigarrillo, otro trago, otra mujer en la cama, y las aceras siguen ahí y los gusanos y las moscas y el sol también; y es asunto mío si prefiero meterle mano a la poesía que invertir en inmuebles, y once poemas son muchos poemas, me alegro que aceptaras tantos. Las cortinas ondean como la bandera del país y queda mucha cerveza.”

A veces me identifico con algunas de sus experiencias: cuando te rechazan una novela o unos relatos es cierto que, como Bukowski confiesa, sientes tal desengaño que escribes mejor, o al menos eso crees, y también que, aunque juras que nunca volverás a hacerlo, sigues escribiendo, pero ahora con rabia y con la intención de demostrarle al mundo que sirves para algo, que narras porque necesitas hacerlo y porque te va la vida en ello.

“ (Carta enviada el 15 de septiembre de 1970 a Harold Norse, que para Bukowski era uno de los mejores poetas vivos. Norse publicó varios poemas y cartas de Charles Bukowski en la revista independiente Bastard Angel en 1974)

No tengo nada que decir. estoy pillado por los huevos. los relatos me llegan de vuelta con la misma velocidad con que los escribo. se acabó. por supuesto, siguen aceptándome los poemas, pero la poesía no da para pagar el alquiler. estoy deprimido, eso es todo. no tengo nada que decir. desesperanzado. desesperado. finis. Neeli dice que ve ejemplares de Escritos de un viejo indecente y del libro de Penguin por todas partes. Escritos acaba de traducirse al alemán y recibió una reseña positiva en Der Spiegel (con una tirada de un millón de ejemplares), pero da lo mismo, el libro podría haberlo escrito Jack el Destripador y nada cambiaría. no es fácil vivir así. hoy he de recibir el primer cheque en dos meses: 50 dólares de mierda por un relato que escribí para una revista porno sobre un tipo que está en un manicomio, se escapa escalando la pared, sube a un autobús, le toca la teta a una tipa, se baja de un salto, entra en una tienda, coge un paquete de cigarrillos, enciende uno, le dice a todos que es Dios, alarga la mano, le levanta la falda a una niña y le pellizca el trasero. supongo que ese es el futuro que me espera. Hal, estoy depre: no puedo escribir.”

El título en español de este libro es toda una declaración de principios que suscribo: escribir es una enfermedad. Una enfermedad que no tiene cura. Ni siquiera deseo que encuentren el remedio contra ella. Y ahí sigo, como haría Bukowski, escribiendo contra viento y marea, aunque a veces me sienta frustrado o desengañado o terriblemente abatido, porque soy feliz cuando narro.

La enfermedad de escribir ha sido publicada por Anagrama con edición y traducción de Abel Debritto.

Sergio Barce, enero 2021

 

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“INESPERADAS” (ANTOLOGÍA DE POETAS IMPRESCINDIBLES), SELECCIÓN DE PAULA CARBONELL

 

   Paula Carbonell me envió hace unas semanas un ejemplar de Inesperadas (Antología de poetas imprescindibles), una selección de autoras y poemas tan exquisita como el propio volumen que los recoge, publicado por Bárbara Fiore Editores, y las magníficas ilustraciones que acompañan a los textos obra de Alejandra Acosta.

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Es cierto que no soy un gran lector de poesía, y siempre me decanto por la narrativa o el ensayo, pero cuando cae en mis manos una obra poética que merece la pena la reconozco enseguida y la disfruto y la releo. (Además, tengo tantos buenos amigos poetas que debería de caérseme la cara de vergüenza por no escribir más de ellos) Eso me ha ocurrido con Inesperadas, donde mi querida Paula (nos vimos por primera vez en Casablanca y tuvimos la sensación de conocernos de siempre, y desde entonces nos llamamos o nos escribimos, deseando volver a coincidir de nuevo), ha sabido escoger con una minuciosidad y acierto encomiables lo mejor de cada casa, teniendo en cuenta la gran cantidad de poetas que hubo y que hay. De Hanni Ossott hasta Santa Teresa de Jesús, pasando por Meira Delmar, Violeta Parra, Carmen Conde, Ernestina de Champourcin, Alfonsina Storni o Rosalía de Castro, por nombrar solo alguna de ellas.

Solo voy a reproducir dos de los poemas que Paula Carbonell ha seleccionado para el libro.

De Dulce María Loynaz, Si me quieres, quiéreme entera (de Versos 1920-1938):

 

Si me quieres, quiéreme entera,

no por zonas de luz o sombra…

Si me quieres, quiéreme negra

y blanca. Y gris, y verde, y rubia,

y morena…

Quiéreme día,

quiéreme noche…

¡Y madrugada en la ventana abierta!…

Si me quieres, no me recortes:

¡Quiéreme toda… o no me quieras!

***

INESPERADAS una de las ilustraciones de Alejandra Acosta

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Y de María Zambrano, El agua ensimismada (para Edison Simons) – (de El agua ensimismada, 1978-2001) :  

 

El agua ensimismada

piensa o sueña?

El árbol que se inclina buscando sus raíces,

el horizonte,

ese fuego intocado,

¿se piensan o se sueñan?

El mármol fue ave alguna vez;

el oro, llama;

el cristal, aire o lágrima.

¿Lloran su perdido aliento?

¿Acaso son memoria de sí mismos

y detenidos se contemplan ya para siempre?

Si tú me miras, ¿qué queda?

La edición es una pequeña joya, de una calidad que se agradece en esta época de prisas y de mercadeo, como si se hubiesen propuesto preservar todos estos poemas contra la mediocridad. El trabajo de Paula Carbonell ha sido concienzudo, lleno de cariño hacia todas estas autoras y a sus obras excepcionales.

Como Paula escribe en el prólogo: “De manera inesperada, con la lluvia, fugazmente, llegaron recuerdos o las recreaciones de estos; me guarecí de esa otra lluvia en el sotanillo de aquella casa, mi refugio cuando, de niña, olvidaba las llaves. Otras veces, si el olvido no había hecho de las suyas, me perdía en aquella buhardilla, un templo repleto de libros y un trastero lleno de disfraces, con la poesía y los cuentos como única compañía.

Allí comenzó esta andadura, leyendo a escondidas los primeros libros de versos de mis hermanas…”

Un exquisito libro para los amantes de la poesía, y para los demás, también.  

Sergio Barce, enero 2021

NB: Me he propuesto a partir de ahora publicar en mi blog también poemas, y por eso he creado la categoría de “poesía”. Tengo que recuperar el tiempo perdido con mis amigos poetas. Va por vosotros.

Paula Carbonell, Mohamed el Morabet, Aziz Amahjour, Mohamed Abrighach, José Sarria, Sergio Barce, Boujemaa El Abkari y Ahmed el Gamoun

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EL MATRIMONIO EN MARRUECOS, EN “TEXTOS ÁRABES EN DIALECTO VULGAR DE LARACHE”, DE MAXIMILIANO ALARCÓN

Maximiliano Alarcón y Santón, catedrático de árabe de la Escuela de Comercio de Barcelona, publicó en Madrid, para el Centro de Estudios Históricos, el libro Textos árabes en dialecto vulgar de Larache, donde recopila una serie de cuentos y narraciones que le transmitieron oralmente la gente de Larache durante 1910 y que reproduce en su idioma árabe original, junto a su transcripción fonética y su debida traducción al español. Este libro se publicó en 1913, y forma parte de mi biblioteca larachense privada. De entre los textos que se recogen en el volumen, os escaneo a continuación la traducción del titulado El matrimonio en Marruecos, junto al mismo texto en árabe vulgar de Larache y su transcripción fonética, tal y como hizo Maximiliano Alarcón.

 

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“EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS”, UNA NOVELA DE LEONARDO PADURA

 

El escritor cubano Leonardo Padura nos propone, en su novela El hombre que amaba a los perros, reconstruir el asesinato de Liev Davídovich, es decir, León Trotski, en un interesante juego narrativo. Para ello, entrelaza las vidas de Liev Davídovich y la de su ejecutor, el español Ramón Mercader, en historias paralelas hasta que al fin ambas se unen en un destino macabro e insalvable; y entre medias, la propia del narrador que nos habla desde una Cuba decadente y desilusionada que no es sino el reflejo de lo que nos relata sobre los dos protagonistas y la caída del sueño revolucionario, como si todo se repitiera de manera cíclica.

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Esta novela nos desvela quién fue Ramón Mercader, y contemplamos su recorrido vital no sin cierto desconcierto, porque, a fin de cuentas, a lo que asistimos es al retrato de un hombre que, aferrado a sus convicciones políticas, fue incapaz de ver la realidad del sistema estalinista que lo utilizó desde el comienzo como un simple peón que necesitaban para deshacerse de alguien muy molesto para el régimen ruso. Y esas convicciones arrancan de su juventud, de la guerra civil española, de su creencia irrenunciable de estar actuando de la manera correcta.

   “…En el lujoso Hispano-Suiza en que se desplazaba, África lo había llevado a recorrer los arrabales y los pueblos cercanos a Barcelona para que Ramón viera el caos al que trotskistas y anarquistas estaban llevando el país. Fuera de las Ramblas y los centros neurálgicos de la ciudad, se había instalado una lamentable desolación, con calles interrumpidas por absurdas barricadas, fábricas paralizadas, edificios saqueados hasta los cimientos, iglesias y conventos convertidos en ruinas carbonizadas. África le contaba de los fusilamientos ejecutados por los anarquistas y de cómo crecía entre los obreros el temor a expresar sus opiniones. La clase media y muchos propietarios de industrias habían sido despojados de sus bienes, y el proyecto de crear una industria militar navegaba por un mar de voluntarismos sindicalistas. La escasez de productos se había adueñado de tiendas y mercados. La gente tenía entusiasmo, era cierto, pero también hambre, y en muchos lugares el pan solo podía ser adquirido tras largas colas y únicamente si se tenían los cupones distribuidos por anarquistas y sindicalistas, convertidos en dueños de una ciudad en la que el gobierno central y el local apenas eran referencias lejanas. Aunque los anarquistas aseguraban que haber entrado en una era de igualdad bastaba para mantener el apoyo de unas masas esclavizadas por siglos, África se preguntaba hasta cuándo duraría el entusiasmo, la fe en la victoria.

-Esta República es un burdel y hay que meterla en cintura.

Ahora, en un lapso de pocos meses, cuando volvía del olor a sangre y de los rugidos de un frente donde caían diariamente jóvenes como su hermano Pablo o su amigo Jaume, Ramón se encontraba una ciudad cansada, más aún, desencantada, asediada por las escaseces y ansiosa de regresar a una normalidad quebrada por la guerra y los sueños revolucionarios. Era como si la gente solo aspirara a llevar una vida común y corriente, a veces incluso al precio infame de la rendición. Pocos días antes, el devastador ataque de los franquistas sobre Málaga, donde la infantería y la marina rebeldes, con el apoyo de la aviación y las tropas italianas, habían masacrado a los que escapaban de la ciudad, había hecho mella en la fe de la gente…”

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RAMÓN MERCADER tras su arresto

La novela es además un fresco histórico gigantesco de los años que transcurren desde la guerra civil española hasta la muerte de Ramón Mercader: pasamos por la guerra mundial, por el exilio itinerante de León Trotski, por la preparación del atentado, por las vidas privadas y singulares de los personajes que vivieron en primera persona esos acontecimientos, y somos testigos de cómo Ramón Mercader fue aleccionado e instruido para alcanzar su objetivo, y de cómo Trotski, en paralelo, seguía luchando por sus ideales, ya a años luz de distancia de las de su enemigo mortal Josef Stalin. Demoledora la visión de Leonardo Padura del sistema comunista soviético, de su deformación y de su transformación en el monstruo que llegó a ser, capaz de acabar con sus propios compatriotas y con sus propios seguidores; y melancólica y desilusionada su recreación de la Cuba en la que el narrador vive mientras va reconstruyendo esta historia que acaba por escribir.

Una novela que es además sumamente detallista, que entra en los vericuetos más íntimos de la vida de Ramón Mercader y en la de los hombres y los nombres tras los que se disfrazó para llegar hasta su objetivo. Fascinante su Jacques Mornard y su manera de moverse en el submundo de las intrigas, del espionaje, de la traición y de la muerte. Impresionante también el personaje de Caridad, la madre de Ramón. Y efectivo y sugerente la recreación que Padura hace de Trotski, de su estado de ánimo en cada etapa de su largo exilio, de sus reacciones ante los acontecimientos terribles que suceden en la Unión Soviética y, por supuesto, de su estancia en la Casa Azul de Diego Rivera y Frida Khalo.

“Una noche de finales de marzo, terminada la cena, Natalia, Jean van Heijenoort y Liev Davídovich, junto a los moradores de la Casa Azul, prolongaron una de las amables veladas en las que, con frecuencia, se le exigía al exiliado que narrara los más disímiles recuerdos de su existencia. Como se sentía animado, se lanzó a relatar la historia de su relación con el mariscal Tujachevsky, el joven y elegante oficial que, en los días de la guerra civil, gracias a su capacidad como estratega, había sido bautizado como <el Bonaparte ruso>. Natalia, que conocía aquellos episodios y entendía poco y mal el inglés que utilizaban como lengua franca, fue la primera en retirarse, y de inmediato la siguió Rivera, quien ya almacenaba en su sangre una cantidad impresionante de whisky. Frida, vencida por el sueño, fue la siguiente, y entonces Von Heijenoort se esfumó, discretamente.

La sonrisa de Cristina, el vino ingerido y las ansias acumuladas por varias semanas de cercanía provocaron la previsible explosión. Más de una vez, en cenas y paseos, Liev Davídovich había deslizado una mano hacia las piernas o los brazos de Cristina, solo como un juego cariñoso, y ella, coqueta y delicadamente, siempre con una sonrisa, había impedido cualquier avance, aunque sin disuadirle del todo, sugiriendo quizás que escarceos y sonrisas eran parte de un rito de acercamiento al que por fin el hombre se lanzó esa noche. Entonces, para su sorpresa, ella lo detuvo y le pidió que no confundiera admiración y afecto con otros sentimientos. Sin entender la reacción de una mujer que hasta ese momento parecía aceptar sus insinuaciones, Liev Davídovich se quedó mudo, con los deseos congelados.

Molesto por el fracaso, avergonzado por haber cedido a un impulso que ponía en peligro su relación con los dueños de la casa y, peor aún, la solidez de su matrimonio, el hombre se llamó a la cordura para desterrar el alarido hormonal que lo había superado. Se impuso pensar si sus intenciones con la joven no habían sido más que una embriaguez pasajera provocada por el magnetismo de una piel tersa: una manifestación absurda de la fiebre de la cincuentena, se dijo.

Cuando Frida se enteró de lo ocurrido, ella misma asumió el papel de confidente y le ofreció el magro consuelo de ponerlo al día de los desmanes sexuales de su hermana, tan aficionada a aquellos juegos de calentamiento de varones e, incluso, al más sórdido engaño: Cristina había sobrepasado todos los límites cuando se metió en la cama con el mismísimo Diego, algo que Frida se había tragado, aunque nunca les perdonaría ni a su marido ni a su hermana. La ternura y la comprensión de la pintora, salpicadas de coquetería, llevaron a Liev Davídovich a preguntarse si no habría calibrado mal sus posibilidades, y empezó a redirigir sus intenciones, que pronto adquirieron una vehemencia avasalladora, capaz de alterar sus horas de vigilia y de sueño con la imagen de la mujer que le había confiado tan íntimas revelaciones…”

Cuando llegamos al instante crucial del asesinato de Liev Davídovich, hemos compartido su vida, sus creencias, sus derrotas y sus pírricas victorias, y con él la de Ramón Mercader, como dos espejos que se reflejasen y se repeliesen; pero sobre todo hemos transitado durante años en un largo viaje cuyo destino solo es la muerte y la destrucción.

Leonardo Padura ha sabido aunar Historia en mayúscula con la historia más cercana a la realidad, y como si de una novela de intriga y suspense se tratara, incluso consigue que dudemos en algún instante si el hecho luctuoso se producirá al final o no, como si Ramón Mercader hubiese podido cambiar de idea en esta novela o como si alguien o algo hubiera podido evitar lo que ya está escrito por la Historia.  

“…Solo si se producía una milagrosa conjunción de casualidades lograría salir de la casa tras asestar el golpe, y tuvo la certidumbre de que, si se atrevía a darlo, algo ocurriría y se le troncharía aquella ínfima opción. La próxima vez que entrara en la fortaleza, tal vez conseguiría sobreponerse y matar al hombre más perseguido del mundo, el anciano cuya respiración podía escuchar, a dos pasos de él; cuyo cráneo seguía invitándolo. Sin embargo, ahora estaba completamente seguro de que él no lograría escapar. En realidad, ¿estuvo alguna vez prevista la fuga? Se convenció de que sus jefes sin duda preferirían que lograse salir de la casa, pero que lo consiguiera o no, eso carecía de importancia, y Ramón comprendió que lo habían destinado a cometer un crimen que, a la vez, sería un acto suicida. Más aún: su mentor había diseñado aquel montaje con tal maestría que, en el desenlace, el propio condenado se encargaría de fijar la fecha de su muerte y, para alcanzar la máxima perfección, también la de su victimario. Y comprendió que su inmovilidad respondía a aquella macabra coyuntura, capaz de dominar su cuerpo y su voluntad…”

Un libro, en fin, que se lee con sumo placer porque una vez sumergido en sus páginas es muy difícil no seguir entre ellas y empaparse de su ágil y excelente prosa.

El hombre que amaba a los perros ha sido publicado por Tusquets.

Sergio Barce, diciembre 2020

 

LEONARDO PADURA
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LA FRONTERA LÍQUIDA Y REMEDIOS SÁNCHEZ

 

El libro La frontera líquida. Estudios sobre literatura hispanomagrebí, editado y coordinado por José Sarria y Manuel Gahete, y publicado por Tirant Humanidades (Valencia, 2019), se recogen todas las ponencias y estudios presentados en el Congreso celebrado en Córdoba en el mes de noviembre de 2019, en el que tuve la fortuna de participar. Sigo ofreciendo extractos de cada uno de los artículos recogidos en este volumen.

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El segundo que os traigo es la ponencia de Remedios Sánchez, muy interesante y necesaria en estos días, que tituló Aquellas revistas de los cincuenta: Al-Motamid y Trina Mercader como adalid de la convivencia cultural hispanomarroquí, del que extraigo los siguientes párrafos:

“…bajo esas premisas de convivencia forzada (el Protectorado español en Marruecos), ¿qué sucede con la cultura? Escribe Trina Mercader, residente en ese momento en Larache, algo que refleja muy bien la realidad histórico-social y cultural de ese momento:

<Larache poseía, en lo cultural, un ambiente oficial mantenido por las Autoridades españolas, en lo que fue Protectorado español. Una serie de actos como conciertos, conferencias, exposiciones, que iban destinados a la intelectualidad española, a los que asistía algún marroquí joven. Estos actos estaban impulsados por la mecánica proteccionista, ensalzando la superioridad del país protector sobre el país protegido. La cultura española, venía a decir, es superior a la cultura marroquí, siempre silenciada. Esta situación artificial, producto del comportamiento político, daba lugar a un desprecio mutuo, que por mutuo nos equilibraba.>

Al-Motamid se funda como herramienta para favorecer el diálogo intercultural, desde la conciencia de un nutrido grupo de escritores, liderados por Trina Mercader, de que <la cultura viva de Marruecos existía. Bastó que alguien la convocara sin otros intereses que los estrictamente culturales, para que hiciese acto de presencia>. Al-Motamid, que se publica desde su fundación de manera bilingüe (español y árabe), concita el interés de los escritores jóvenes de ambas lenguas que iniciaban su carrera, tal y como ha estudiado Fernández Hoyos.

Ya desde el mismo nombre de la revista, tomándolo del último rey abadí de la taifa de Sevilla, amante de la poesía, género al que se dedicó activamente, resulta una declaración de intenciones y pretende propiciar sinergias porque, como escribe la propia Mercader, la publicación <aparece bajo la advocación de Al-Motamid, como homenaje al pueblo hermano, con impulso de sincera cordialidad…>

(…) Al equipo de la revista donde Trina ejerce como directora se suman, desde el número ocho, autores melillenses como Jacinto López Gorgé (el responsable de la otra publicación imprescindible de semejante perfil, Ketama, suplemento de la revista de investigación Tamuda, publicada entre 1953 y 1959), Pío Gómez Nisa, Eladis Sos o Juan Guerrero Zamora. Por la parte árabe, los primeros traductores son Driss Diuri (como figura esencial en la primera etapa), Abdel Malik Nader y Ahmed Tadlaui. Conforme avanza Al-Motamid (a partir del sexto número, en 1947, se amplían las traducciones de autores que escriben en lengua árabe); se incorporan, bien de manera habitual, bien de forma esporádica, Nayib Abu Malham, Ibn Azzuz Haquim, Muhammad al Arabi al Jattabi, Mohammed Ailzani, Muhammad Sabbag o Amina al-Loh para la traducción del árabe.

Son años duros los primeros de la publicación, pero con mucha ilusión por parte del equipo encabezado por nuestra escritora; en él se da cabida a voces que se inician y a poetas consagrados en ambas lenguas para mutuo conocimiento; entre los árabes, Abdelkader El Mokkadam, traducido por Driss Diuri; Mohammad Al-Boanani, Ibrahim al-Ilgui, Abdallah Guennun, Idris El Ya´i, Mijail Naima, Bulus Salama, la palestina Fadwa Tuqan, el chileno de origen sirio Benedicto Chuaqui, el tunecino Abulqasim al-Shabbi o el egipcio Ali Mahmud Taha. Por la parte española, encontramos la firma de Carmen Conde, Vicente Aleixandre (fascinado por el trabajo de Trina para sacar adelante la revista), Rafael Alberti, Pablo Neruda, Luis López Anglada, Miguel Fernández, José Hierro, Leopoldo de Luis, Leopoldo Panero, Rafael Laffón, la propia Trina Mercader, Jacinto López Gorgé con sus acercamientos -traducidos al árabe- a la realidad de la poesía española, etcétera (se trata de una extensa nómina de colaboradores); o los grandes arabistas del momento: Emilio García Gómez, Pedro Martínez Montávez, Soledad Gibert, José María Casciaro, Fernando de la Granja y Enrique Perpiñá, Es decir, una nómina verdaderamente significativa que revela la magnitud del trabajo llevado a cabo por la alicantina.

(…) …eso era lo que buscaba: un equilibrio cultural , conocer la cultura del otro desde el respeto mutuo y el amor compartido por la literatura…”

Continuará con los siguientes ponentes.

Sergio Barce, diciembre 2020

 

REMEDIOS SÁNCHEZ
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