Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

GRANADA – 9 DE OCTUBRE – FIRMA EN LA FERIA DEL LIBRO

Este próximo sábado, 9 de octubre, entre las 12:00 y 14:00 horas, Farid Othman-Bentria Ramos, con su poemario Mare Incógnita, y yo, con mi libro Una puerta pintada de azul, estaremos firmando ejemplares en la Feria del Libro de Granada, en la Caseta de la Librería Balqís. Os esperamos.

 

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TÁNGER VISTA POR PÍO BAROJA

Extracto del texto escrito por Pío Baroja en enero de 1903 sobre Tánger, que se publicó en sus Ensayos (Apud.Obras Completas, t.VIII, Madrid – Aguilar, 1954) y que recoge el siempre recordado, entrañable amigo, profesor Abdellah Djbilou, en su libro Tánger, puerta de África (Editorial CantArabia, 1989).

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Lo transcribo por ser una mirada curiosa y hambrienta de un peninsular recién llegado en aquella época, y por estar escrito por uno de los grandes autores de nuestras letras. Escribe Pío Baroja:

“Es difícil formar una idea clara de Tánger; parece, a primera vista, que España es la nación que tiene mayor influencia.

Para un español, el cambio de Andalucía a Tánger apenas podría notarse si los hombres de esta tierra no llevaran sus ropajes árabes y no hablaran árabe.

El aspecto de la población es casi idéntico al de una población agrícola española. Una gran parte de los habitantes, los hebreos y españoles, hablan castellano; la moneda que circula es española; los letreros de las tiendas, en español aparecen; los anuncios, en español, y el periódico que veo en mano de los que charlan en el zoco, está escrito en castellano también. La colonia española es numerosísima: bastantes miles de almas. Por cierto, que se dijo en Madrid que España enviaba a Tánger al Infanta Isabel para que, en caso de un levantamiento de los indígenas, la colonia española se refugiase en el barquito de guerra. Es una idea graciosa.

Pues, a pesar de toda esta influencia española, parece que España es la que menos pito toca en este desafinado concierto tangerino.

Para un artista, claro es que este país es admirable; los espectáculos pintorescos se presentan a cada paso. Cuando, desde el barco, llegamos a la puerta de la ciudad, tuvimos que comparecer con nuestras maletas delante de unos moros que estaban sentados, formando tribunal, en la entrada de la Aduana. Un viejo magnífico, que presidía, el jefe, nos miró benévolamente; le habló al oído a un joven de cabeza afeitada y ropaje amaranto; luego se dignó echar una ojeada sobre nuestras pobres camisas, y nos dejaron pasar sin más obstáculo.

Las calles de esta ciudad ofrecen un aspecto abigarrado y pintoresco.

Como ayer, día primero del año, por rara coincidencia, fue día de fiesta para judíos, mahometanos y cristianos, todo el mundo se echó a la calle, y era el ir y venir de moros, árabes, hebreos y negros, rifeños, admirables tipos de fiereza, que deben dormir con un fusil; judíos de finísima cabeza y hopalandas oscuras, cubiertos con el fez negro o azulado; mujeres moras, envueltas en inmensos jaiques blancos; aguadores medio desnudos, de tipo egipcio, que proceden del Sur, en los confines meridionales del Imperio; soldados mulatos, y  luego la muchedumbre europea. De cuando en cuando pasan algún gentleman a caballo, alguna miss espiritada, montada en un borrico, al que un morazo que grita <Balac!, balac!> hace correr a palos.

En las tiendas parece que lo que está en venta es el tendero, generalmente un moro que ha engordado con la inacción, y que ofrece al comprador un semblante rollizo y barbudo, como el de un fraile español; otras veces, entre las mercancías amontonadas, se ve a un judío greñudo, que mira con sus ojos tristes a la multitud abigarrada que corre por la calle.

El Zoco chico es la Puerta del Sol de Tánger; se charla, se fuma, se toma café y, sobre todo, se miente, como en la famosa plaza madrileña.

El Zoco grande es una explanada que ahora está intransitable de fango y porquería, rodeada de tenduchos, y en el que las freidurías ponen un olor insoportable de aceite de argán.

Al ver freír estos pastelillos y buñuelos que un moro o un judío cochinísimo manosea, se encontrarían apetitosas las gallinejas del puente de Toledo.

En los cafés moros, concurridos desde la mañana hasta la noche, se toma café con posos y se fuma kif, una mezcla de tabaco, cáñamo índico y salvia, bastante agradable, pero que adormece a los moros y hace que sus cánticos sean más lánguidos. El encargado del café va y viene con sus pies descalzos entre las tazas de café puestas en el suelo sobre una esterilla.

Los mendigos son horribles; nada tan aparatoso como alguno de estos desgraciados, de cuyo rostro apenas queda más que los agujeros purulentos de los ojos y otra caverna en el lugar de la nariz. Los hay de todos colores; pero principalmente mulatos; pasan la vida acurrucados en un rincón pidiendo limosna con voz quejumbrosa.

En algunas tiendas se ven unos moros con barbas blancas y anteojos; me dice un indígena que son notarios, y un europeo añade, sonriendo:

-Notarios y memorialistas de portal.

Esta mañana vi al célebre Harris, corresponsal del Times, según se dice, más bien agente diplomático de Inglaterra. Parece que su retirada de Fez se debe a que su presencia comprometía al sultán. Los moros le llaman Diablo. Es un hombre delgado, bajito, de barbucha roja, puntiaguda; tiene tipo de judío. Hace diez años que vive en Tánger. Tiene una casa al otro lado de la bahía, casi ya en la cabila. Debe ser hombre enérgico y a propósito para la misión que desempeña. Inglaterra hace las cosas bien.

Veo a Canalejas con la plana mayor de su partido. Se pasea por las calles; yo creo que habla de política. En España no se hacen las cosas tan bien como en Inglaterra.

Cuando supe que había noticias de Fez y todo el mundo decía que los santones han aconsejado a Abd-el-Aziz que llame a su hermano, fui al telégrafo; era ya anochecido y llovía de una manera horrorosa. El telégrafo inglés está fuera de la ciudad, y no hay más remedio que telegrafiar por él, porque el español (cosa castiza) está roto hace días. Pues en el camino del telégrafo encontréme con rifeños atléticos, tremendos, con sus fusiles, que pasaron tranquilamente a mi lado. No ocurre nada; pero, sin embargo, al principio, la cosa impone.

Otro espectáculo hermoso: Un rifeño, guapo chico, de veinticinco años, y una famosa inglesa, borrachos perdidos, haciendo eses por las calles.

-¡Menuda ha sido la algazara que han armado los mozos!

La inglesa se agarraba al rifeño con una fuerza que demuestra su entusiasmo por el mahometismo.

He notado que a los soldados les desprecian; dicen los moros paisanos que aquéllos venden el fusil y las babuchas por un tarro de ginebra. Lo cierto es que, en parte, la sublevación de los Hiata ha sido debida al desenfreno de esa soldadesca desharrapada que se entregó a toda clase de barbaridades cerca de Taza.

Según se dice, cambiaban los cartuchos por comida, creyendo encontrarse en terreno amigo; pero un día agarraron cuarenta mujeres Kabilas y no hay imaginación calenturienta que se figure lo que allí ocurriría. Se armó una de tiros horrible, y aquello fue causa de que los Hiata formaran en la horda de ese Roghi misterioso, del que los moros tienen una idea tremenda. Creen que es un hombre que posee artes mágicas, que obtiene dinero por medios ocultos a todos los mortales. Sin embargo, algunos más avisados aseguran que las armas de los sublevados son de fabricación francesa, y que allí abundan las buenas monedas de cinco francos…

Pío Baroja, 2 de enero de 1903”

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FERIA DEL LIBRO DE GRANADA, 1 DE OCTUBRE – EL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN FIRMARÁ EJEMPLARES DE SU NUEVO LIBRO

Mañana, 1º de Octubre,

el escritor larachense LEÓN COHEN MESONERO,

entre las 12:00 y las 13:00 horas,

firmará ejemplares de su nuevo libro

100 Microrrelatos (Edit. Cículo Rojo)

en la caseta nº 46

de la Feria del Libro de Granada

 

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«EL MUNDO DE AYER» (DIE WELT VON GESTERN), DE STEFAN ZWEIG

Vuelvo por enésima vez a este escritor austríaco que tanto me entusiasma y me enseña. Tras varias de sus obras de ficción y algunas biografías, y, tras acabar sus Diarios, me he sumergido en su otro bellísimo libro de memorias: El mundo de ayer (Die Welt von Gestern), y me he rendido a su prosa, a sus pensamientos, a sus vivencias, a su visionaria pulsión del mundo, clarividente y temerosa por lo que estaba a punto de suceder. Una obra maestra para leer y releer.

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He dudado antes de elegir el fragmento que deseaba compartir, pero finalmente me he decidido por el instante en el que publica su primera obra. Nadie podría haber descrito esas sensaciones con tal calidez y detalle, tan acertadamente. Leyéndolo, uno vuelve a experimentar muchos de esos sentimientos que solo se viven cuando ves tu primer título editado. Algo irrepetible, como muy bien expresa Zweig.

“Si repaso mi vida, recuerdo pocos momentos tan felices como los primeros de mi época universitaria sin universidad. Era joven y, por lo tanto, no sentía aún la responsabilidad de tener que hacer algo perfecto. Era bastante independiente, la jornada tenía veinticuatro horas y todas eran mías. Podía leer y hacer lo que quisiera, sin tener que rendir cuentas a nadie; la nube del examen académico aún no enturbiaba el claro horizonte, porque ¡cuán largos son tres años, comparados con el decimonoveno de tu vida! ¡Con qué riqueza, plenitud y exuberancia de sorpresas y obsequios los puedes configurar!

Lo primero que hice fue una selección de mis poemas que creí implacable. No me avergüenza confesar que para mí, bachiller de diecinueve años recién salido del instituto, el olor más dulce del mundo, más que la esencia de las rosas de Shiraz, era la de la tinta de imprenta. Cada vez que un periódico cualquiera me aceptaba una poesía, la confianza en mí mismo, débil por naturaleza, recibía un nuevo impulso. ¿Por qué no dar ahora el salto definitivo e intentar publicar un volumen entero? El aliento de mis compañeros, que creían más en mí que yo mismo, resultó decisivo. Tuve la osadía de enviar mi manuscrito justo a la editorial que en aquel momento era la más representativa de la lírica alemana, Schuster & Löffler, editores de Liliencrom, Dehmel, Bierbaum, Mombert, la generación que, junto con Rilke y Hofmannsthal, había creado la nueva lírica alemana. Y, ¡oh, milagro!, uno tras otro fueron llegando esos momentos inolvidables de felicidad que jamás se vuelve a repetir en la vida de un escritor, ni siquiera después de sus éxitos más grandes: recibí una carta con la marca de imprenta de la editorial y la retuve nervioso en la mano, sin atreverme a abrirla. Unos segundos después, conteniendo el aliento, leí que la editorial había decidido publicar el libro y que incluso se reservaba los derechos del siguiente. Recibí un paquete con las primeras galeradas que abrí presa de una gran agitación para ver el tipo de letra, la justificación de las líneas y la forma embrionaria del libro, y más adelante, al cabo de unas semanas, el mismo libro, los primeros ejemplares, que no me cansaba de contemplar, palpar, comparar, una vez y otra y otra. Y, luego, la infantil excursión por las librerías para ver si ya tenían ejemplares en los escaparates, si los habían expuesto en un lugar visible o escondido discretamente en un rincón. Y, luego, la espera de cartas, de las primeras críticas, de la primera respuesta de lo desconocido, de los incalculable… todas esas tensiones, emociones y entusiasmos que envidio en secreto a todo joven que lanza su primer libro al mundo. Pero este entusiasmo mío no era sino un enamoramiento a primera vista…”

Probablemente regrese a El mundo de ayer y vuelva a reproducir otro de sus magníficos párrafos. Algo tan delicioso, como lo son sus páginas, merece ser revisitado.

El mundo de ayer ha sido publicado por Acantilado, con traducción del alemán de J.Fontcuberta y A.Orzeszek.

Sergio Barce, septiembre 2021

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UNA FOTO DE PABLO MACÍAS

Sugerente foto con mi novela El libro de las palabras robadas y con la biografía de Mohamed Chukri de Rocío Rojas-Marcos, tomada por nuestro amigo común Pablo Macías, director del extraordinario documental La vida perra, que tantos galardones ha obtenido en su carrera por distintos festivales, y ahora el no menos exitoso (A)plomo.

 

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