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“EL HOMBRE DEL LIBRO”, UNA NOVELA DE DRIS CHRAIBI

Hace un tiempo, escribía acerca de la magnífica novela El pasado simple (Le passé simple, 1954) del escritor marroquí Dris Chraibi, nacido en El Yadida en 1926 y fallecido en Crest (Francia) en 2007.

EL HOMBRE DEL LIBRO de Dris Chraibi Portada

Impelido a leerlo de nuevo, me he sumergido en El hombre del libro (L´Homme du livre), de 1995. Pero me he encontrado con una obra radicalmente distinta a El pasado simple. Si su primera novela es un retrato duro y sin concesiones del Marruecos bajo el Protectorado francés, El hombre del libro es casi el otro extremo, y Dris Chraibi lo aborda con soltura, inteligencia y maestría.

Esta obra es una bella aproximación a la figura del profeta Mohammed (Mahoma). Para ello, Chraibi reconstruye y retrata al personaje desde su lado más humano, y qué mejor para hacerlo que partir de los días en los que le llega la gran Revelación, los instantes más cercanos al momento en el que se le desvela que él es el profeta, el Elegido.

Me gusta el tono del libro, con una narrativa poética llena de aciertos. Conocemos a Mahoma justo cuando Jadiya hace aparición en su vida y se convierte en su esposa devota y apasionada, y la delicada y sutil descripción de cómo era y cómo actuaba Jadiya me ha fascinado.

“…El rostro de Jadiya, contemplado tan de cerca, tenía algo de libro -un libro al que le faltaban páginas: aún no estaban escritas…”

DRIS CHARIBI 1

Dris Chraibi no censura los deseos más íntimos de esta mujer que se enamora de un hombre mucho más joven que ella pero al que decide seguir en todo momento, sabedora de que no es un hombre como los demás. Tampoco oculta lo que el propio Mahoma podía pensar o sentir acerca de la fascinante Jadiya, o sobre sus hijas.

“…Era una mañana radiante. A la caída de la tarde, fui a visitar a mi destino. Jadiya permanecía inmóvil frente a la hornacina, aquella donde estaba colocada la lámpara de cristal. Tenía la espalda erguida, y su abundante melena caía en cascada por debajo de la cintura. No se dio la vuelta. Con una voz neutra, me preguntó:

-¿Aceptas?

Dije:

-Sí.

Pasó un largo rato envuelto en silencio. Luego, desde el centro del silencio, ascendió la alegría: ¡qué bonita era esa risa, y verdadera e indecible, que resonaba contra la pared de la hornacina y me alcanzaba por todas partes! No se dio la vuelta ni el grosor de un cabello. Su voz sonaba grave, grave y lenta cuando me dijo:

-Te quiero. Te quiero porque siempre te sitúas en el centro, evitando tomar partido con la gente por esto o por aquello. Y te quiero por tu rectitud, por tu hermoso carácter y porque tus palabras no mienten. Te quiero sobre todo por ti mismo. Ahora vete. Vete, te lo ruego.

¿Se dio por fin la vuelta? ¿Y había en sus ojos esa desnudez en la mirada, privilegio de la infancia? Era la primera noche…”

Como decía antes, la novela posee una bella narrativa muy poética y musical. A través de sus palabras, Dris Chraibi no sólo  nos describe esa parte de la vida de Mahoma: cuando se casa con la viuda Jadiya, cuando conoce el amor de esa mujer, cuando asiste al triunfo de Qais en la justa poética que, cada año, se celebraba en Meca y al que el rey de Yemen proveía de premios al vencedor (una espada de oro macizo y un caballo de pura raza), episodio este de gran belleza narrativa; cuando Mahoma va vislumbrando por pequeños hechos y acontecimientos que algo está a punto de suceder y cómo va dándose cuenta de que esa sucesión de hechos lo van a llevar a ocupar un lugar en la Historia que nunca hubiera imaginado, cuando al fin Mahoma se transforma en “el hombre del Libro”…

La historia está jalonada de otros capítulos no menos interesantes y con otros personajes vistos desde la perspectiva musulmana: Moisés, Jesús, Abraham… Todo narrado con una exquisitez primorosa. Ya casi al final del libro, Chraibi introduce al personaje para mí inesperado de Muhyiddin Ibn Arabí, al que dedica unos párrafos llenos de admiración, respeto y belleza.

“…Una hogaza amasada con aceite de oliva. Un hombre la mastica lentamente. Es su única comida del día, o casi. No tiene hambre. Tiene hambre de lo que es, de lo que hay detrás de la ciencia y del arte. Tiene sed de lo insondable. Se llama Muhyiddin Ibn Arabí. Delgado, ni alto ni bajo, y vestido con un sayal. La coronilla despoblada, párpados frágiles y cejas negras enmarañadas. Imberbe. En la mano derecha, en la palma y el dorso, y sobre todo en la punta de los dedos, manchas de tinta. El cálamo está en el tintero. El tintero está vacío, seco. La última gota de su contenido acaba de utilizarla Ibn Arabí para escribir la última palabra de su libro Las perlas de la sabiduría. Ha escrito numerosas obras en los últimos años, pero éste es su recién nacido. Está temblando todavía -y el durmiente tiembla con él. ¿Quién, quién llora -llora sin ruido? ¿Las lágrimas son perlas del pensamiento, como el rocío tras una noche oscura: lo último de lo que un hombre ha podido sentir y pensar, y que su pluma no ha podido traducir en palabras? Ibn Arabí se siente vacío, vacío y solo. No vuelve a leer lo escrito, igual que una mujer que acaba de parir no puede volver a tener el mismo parto…”

Preciosa esta última parte.

Como ya hiciese en El pasado simple, la Noche del Poder, la noche vigesimoséptima del mes sagrado de Ramadán, ocupa una parte importante de su novela, es una clave, el punto de inflexión, y dota a ese acontecimiento de un barniz mágico y eterno, una noche de fe, en la que, según la tradición, todos los deseos son otorgados. Pero aquí la arrostra en el momento en el que Mahoma ocupa el lugar que le tiene reservado el Destino.

“…Era la vigesimoséptima noche de Ramadán, a mediados de agosto del año 610 de la era cristiana. Un hombre de unos cuarenta años, vestido con un jaique de lana cruda sin costuras ni mangas, iba al encuentro de su destino. Nada, todavía nada, presentía de ese destino, salvo la inminencia indecible que lo había sacado de la cama y lo empujaba ahora hacia delante, dirigiéndolo inexorablemente al monte Hira. Iba descalzo y con la cabeza descubierta. En lo más profundo de su orgullo y de su nobleza, tenía la íntima convicción de que, del más lejano al más presente, del más grave al más benigno, todos los momentos de su existencia lo acompañaban paso a paso. Más negra de que las tinieblas, una sombra lo precedía y le indicaba claramente el camino. Se había detenido dos o tres veces y había escrutado las tinieblas en torno suyo. Estaba solo, y su cuerpo no proyectaba ni un ápice de sombra. Y la sombra estaba allí, delante de él, parada también, impaciente y conminatoria.

-Se acerca la hora…”

Como bien indica mi admirada Leonor Merino “no se trata de un libro de historia… sino de una obra de pura ficción, aunque verse sobre un personaje formidable: el profeta Mahoma, a quien la obra devuelve su dimensión humana con frecuencia ocultada…”

El hombre del libro, ha sido publicado por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con traducción del francés de Inmaculada Jiménez Morell.

Sergio Barce, octubre 2020

L´Homme du livre

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“ACERCAMIENTO AL ESPAÑOL EN LARACHE”, DE JUAN CARLOS MARTÍNEZ BERMEJO

En el año 2010, apareció el libro Acercamiento al español en Larache, de Juan Carlos Martínez Bermejo, estudio a pie de campo de la situación de la lengua española en la ciudad. Es un estudio lingüístico, y contiene algunas curiosidades sobre la manera de hablar español de los larachenses marroquíes y su peculiar uso del idioma. A continuación voy a reproducir algunos párrafos para quienes sientan curiosidad.

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“Vocalismo.

No hemos advertido grandes diferencias entre el vocalismo del español y el del habla de Larache.

En el vocalismo átono se observa un fenómeno fonético que, según mi opinión, podría considerarse como transferencia de la lengua árabe al español. Se trata de la indistinta pronunciación de las vocales (o) por (u) y de (e ) por (i), y al contrario. Esto obedece a una característica intrínseca de la lengua árabe, que no considera como rasgo pertinente este fenómeno, y el uso de una por otra no ocasiona ninguna variación en el significado de las palabras en esa lengua.

Sin embargo, éste es uno de los aspectos fonéticos más dificultosos para los hablantes árabes, y es muy posible que hasta que no alcancen un nivel de competencia alto sigan cometiendo estos errores. En el caso de los diptongos formados por estas vocales la dificultad se multiplica,  ya que son inexistentes en los dialectos árabes.

Visina = vecina   Disir = decir

Vicinos = vecinos / visinos = vecinos  Pulíticas = políticas 

Jobilado = jubilado / joubilado = jubilado   Picao = pecado     Jodíos = judíos  

Vení = vine   Aborría = aburría

Consonatismo. En este apartado se aprecian las mayores diferencias, algunas de ellas, sin embargo, están en consonancia con determinadas áreas geográficas de España, y muy especialmente, con las que se encuentras situadas en la zona meridional.

Las mayores divergencias entre el dialecto marroquí y el español se dan en las bilabiales b/p, las dentales d/t, las dorsales k/g y las líquidas l/r.

-Un rasgo fundamental es la no pertenencia en el consonantismo árabe de las consonantes p/b. En este caso se asimilan, careciendo el alfabeto árabe, además, del sonido (p). Ejemplos: (Bortugal “Portugal”, pocadillo “bocadillo”). A pesar de ello, no hemos encontrado ejemplos prácticos en las entrevistas.

-Uso del seseo. Este rasgo domina principalmente en la mayoría de los informantes, lo que puede ser debido a que se constata una cierta dificultad en la producción del fonema fricativo sordo interdental, aunque existe en árabe clásico, su uso, en la actualidad, es muy restringido, y en muchos casos, se ha transformado en un sonido interdental sordo (t).

Hay muchos ejemplos en las entrevistas, pero prefiero marcarlos de una manera generalizada, sin incluir todas y cada una de las realizaciones, pero extendiendo el campo con ejemplos de cada uno de los informantes. En definitiva, vemos que es un rasgo generalizado en la mayoría de las entrevistas.

Nasí = nací   Ejérsito = ejército   

Seuta = Ceuta   Fransés = francés

Acrobasia = acrobacia   Plasas = plazas Valensia = Valencia   Isquierda = izquierda Empesaron = empezaron   Troso = trozo

…(…)

-Caída de consonante final. Este uso tiene una cierta relación con la pronunciación característica de la España meridional. Aquí solamente expondremos las más habituales, después las detallaremos atendiendo a las distintas terminaciones consonánticas (pérdida de -s, -d, -l y -r). Después valoraremos cada uno de estos exponentes de manera separada.

Entonce = entonces   Verdá = verdad

Facultá = facultad   Españó = español Especialidá = especialidad

Mayore = mayores

-Uso de la aspiración en final de sílaba o palabra… (…)”

Acercamiento al español en Larache, fue editado por Litograf, en Tánger. ISBN 978-9954-9020-0-4. 

El libro va acompañado de un CD. 

 

 

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“JACOB COHEN”, UN LIBRO DE LEÓN COHEN MESONERO

Cuando yo vivía en Larache, mis padres y yo nos asomábamos a la ventana de casa, sobre el Balcón del Atlántico, y desde allí veíamos cada año el Campeonato de Tiro al Plato. Hasta ahora no sabía que uno de aquellos tiradores, probablemente el mejor de todos ellos, se llamaba Jacob Cohen, el padre de mi amigo León Cohen Mesonero.

“Larache. 1960. El pintor de brocha gorda había vendido todos sus enseres y se disponía al día siguiente a marcharse a Israel, el sueño de todo judío de la Diáspora. Aunque, aquel hombre, se agarraba a aquel sueño desesperado porque no le quedaba otro remedio, pues, si de él hubiera dependido, como una gran mayoría de correligionarios, nunca hubiera abandonado su pueblo. Se dijo que aquella noche de Purim bien valía desafiar al azar y se metió en el Casino Israelita para jugarse unos francos al bacarrá. En la banca estaba como siempre Jacobi y era su noche de suerte. La banca ganó aquella noche y el pintor de brocha gorda se quedó sin plumas. Ahora tenía razones para sentirse doblemente desesperado, por una parte, dejaba el pueblo donde nació, vivió y al que amaba profundamente, por otro lado, se había gastado de manera irresponsable todos los pocos francos que tenía ahorrados y aquellos que le habían dado por los muebles esa misma mañana. Ya se marchaba, despojado de todo, cuando Jacobi le interpeló, se acercó a él cuando éste ya estaba con un pie en la calle y le preguntó: <¿Cuánto perdiste “al malogrado”?> Y sin más, ante la sorpresa de aquél, le dio todo su dinero. El pintor de brocha gorda se lo agradeció entre abrazos y lágrimas…”

Este fragmento es uno de los ejemplos que León Cohen Mesonero nos ofrece para reconstruir la figura de su padre y para mostrarnos de qué pasta estaba hecho. Lo cierto es que uno acaba por encariñarse con ese hombre, y las mujeres lectoras, tal vez, terminen enamorándose de él platónicamente.

JACOB COHEN de León Cohen

Jacob Cohen es el libro que León Cohen Mesonero siempre tuvo en mente, escribiéndolo a retazos y construyéndolo con el paso de los años hasta embridarlo en este volumen. Supongo que ha zanjado una deuda pendiente. Y a los lectores les ha regalado una declaración de amor. La declaración de amor de un hijo por su padre.

Hay momentos en sus páginas que la emoción te agarrota del pescuezo y es difícil tragar saliva. Son instantes en los que te das de bruces con una confesión del autor o la descripción minuciosa de un hecho que está lleno de simbolismo, como el fragmento que he trascrito antes, o este otro que ahora copio:

“…No nos vemos desde el día 4 de julio de año 1997. Mucho tiempo, aunque todavía no demasiado. Sin embargo, hay días como hoy, en que no tengo mucho que hacer y me gustaría acercarme a tu tienda de coches usados a echar un rato contigo, como hacía hace unos años. Para nada en concreto. Para sentarme a tu lado en la tienda, mientras tú te fumarías un cigarrillo, y para estar callados y de vez en cuando hacer un comentario corto, una picotada sobre cualquier tema, sin venir demasiado a cuento, supongo que por no dejar al silencio vacío…”

¿Quién era Jacob Cohen? Un hombre que nació en Larache en diciembre de 1917 o en marzo de 1918 y que, según vamos descubriendo en estas páginas, en esta declaración de amor, también era un hombre afable, aventurero, algo pícaro, seductor, generoso, muy generoso, carismático, atractivo, arrojado, amante, jugador, marido, padre. Las instantáneas que León Cohen nos ofrece de él parten de relatos, de extractos de textos ya publicados, de fragmentos de otras obras en las que aparece como personaje, de cartas remitidas a través del tiempo, y estas instantáneas en sepia, y en blanco y negro, nos atrapan de una manera poderosa.

Jacob Cohen bien podría ser el protagonista de una novela. Un hebrero nacido en Marruecos, enamorado de Larache, que hizo sus pinitos con el contrabando en Tánger, que ganó dinero y luego lo perdió, que competía como galán y se las llevaba de calle, y que competía en la yincana o en los campeonatos de tiro al plato y también ganaba de calle. Alguien así no es alguien normal.

Escribe León Cohen:

“…Siempre tuve la sensación remota, pero cierta, de que tú no eras mi padre de carne y hueso, sino un personaje de película o de novela que se había instalado en mi vida…”

En casi todas las fotografías que se incluyen en este pequeño volumen, Jacob Cohen sonríe. Sonríe como lo hacen los galanes frente a una cámara, sonríe como un hombre seguro de sí mismo, sonríe como quien no le teme a nada, sonríe como si supiera que un día su hijo escribiría de él y por eso se esforzaba en mostrar su mejor imagen.

¿Quién era Jacob Cohen? Un soñador, un joven que fue detenido por los sublevados contra la República en Larache, un hombre comprometido, un hombre que amaba a los suyos.

Sólo hay un pequeño reproche por parte de León Cohen a su padre, pero las palabras son tan bellas que el reproche es otra inmensa declaración de amor.

“…Recuerdo cuando nos llevabas a mi hermano y a mí a ver los partidos en Santa Bárbara, primero a ver al Larache C.F. de Bozambo y más tarde al Chabab de Facundo, Bouchaid, los hermanos Roda, Said y Riahi entre otros. Tú eras hincha del Atletic de Bilbao. Años más tarde, a mediados de los 60, yo también me hice futbolista en equipos juveniles, pero tú nunca fuiste a verme jugar, ni siquiera en Tánger cuando mejor lo hice. Te lo perdiste, porque valía la pena. No tuvimos esa suerte, tú de verme y yo de que me vieras. Siempre mantuve la esperanza de que un día aparecieras. En más de una ocasión he tenido la tentación de robarle treinta o cuarenta años al tiempo que tiene tantos. En fin, hablar por hablar y desear por desear. Pero lo que tú nunca hiciste y que yo siempre deseé, ha tenido lugar en otro tiempo y con otros protagonistas. Yo soy ahora el abuelo espectador que hace las veces del padre que tú no fuiste conmigo y mi nieto es el extraordinario jugador que un día fui…”

¿Quién era Jacob Cohen? Un escéptico, un hombre con un gran corazón, y también un don Juan. Pero, ante todo, un buen hombre.

Aunque para saber de veras quién era y por qué de tantos adjetivos, hay que leer este libro de León Cohen y dejarse llevar hasta su mundo, el mundo de Jacobi, el guapo.

Sergio Barce, septiembre 2020

Jacob Cohen ha sido publicado por Ediciones Hebraicas (Madrid, 2020) ISBN 978-84-945152-9-3.

Para adquirir el libro se puede hacer a través del siguiente correo: jig.infodavar@gmail.com

en la Hipica 1952

“GÉNESIS”, UNA NOVELA DE ABDELKARIM GALLAB

Abdelkarim Gallab (1919-2017), es un escritor marroquí nacido en Fez. Novelista, periodista, político, fue el editor del diario Al-Alam, órgano del partido Istiqlal. Estudió en la Universidad de Alqarawiyín de Fez y en la de El Cairo, en la que se licenció en Literatura árabe.

Su obra narrativa incluye entre otros títulos Moriré reconfortado (1965), El pasado enterrado (1966), Alí el maestro (1966), Mi amada tierra (1971), La sacó del paraíso (1971), Conozco ese rostro (1971), Siete puertas (1984),  La barca volvió a la fuente (1989), Comentarios en el espejo (1994) o La injusta vejez (1999).

Abdelkarim Gallab, además de su labor literaria, ha sido Ministro Plenipotenciario, diputado, Presidente de la Unión de Escritores de Marruecos o Secretario General de la Asociación de la Prensa Marroquí.

La Unión de Escritores Árabes de Egipto incluyó su novela Alí el maestro entre las cien mejores novelas árabes de la historia.

GÉNESIS - PORTADA

En 1996 apareció Génesis, que en España ha sido publicada por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, con traducción del árabe de Ángel Gimeno. Novela autobiográfica, en la que Abdelkarim Gallab nos hace un minucioso recorrido de su ciclo vital, desde su nacimiento hasta su actividad literaria, pero centrándose de manera especial en su actividad política en las células independentistas marroquíes contra el Protectorado francés y español. En ese sentido, además de su calidad narrativa, Gallab nos regala un documento de primera mano sobre los entresijos del movimiento independentista, la lucha del pueblo marroquí por su independencia y cómo fue ese proceso desde su interior, contado por uno de sus protagonistas directos.  

Pero también es una obra en la que las costumbres y tradiciones marroquíes se van entrelazando sutilmente en su relato, sus experiencias en la infancia, el paso por la escuela coránica, el descubrimiento de la adolescencia, la religión, la política, los estudios, la camaradería… Es una obra en ese sentido poliédrica y enriquecedora. Y hay en su pensamiento un arraigo a las tradiciones y a la religión, pero, a la vez, un sentido crítico y un ansia de modernidad que no está reñido con la salvaguarda de lo propio.

“…Puede que no hubiera padre más feliz. Puede que no existiera abuelo más dichoso. Era el primer niño en una familia poco extendida. Un niño viene a ser garante del propio linaje. Una niña fortalece la estirpe ajena. En él confluían la honra del padre y la de la madre. Ambos pertenecían a la misma familia y estaban emparentados por su tío paterno más cercano.

El padre no iba a ver al recién nacido. Se ocupaba de los preparativos que exigía el feliz acontecimiento. No vería a su esposa tras los primeros días del parto. El niño no salió de aquella habitación, cerrada a cal y canto, por miedo a una fatal corriente de aire. La madre, bien abrigada para no coger frío, no abandonaría el lecho hasta el séptimo día de haber dado a luz, día en el que se le pondría nombre al recién nacido. No lo apartaba de su seno, lo amamantaba cada vez que renegaba o se echaba a llorar. Sólo lloraba cuando tenía hambre. Ummi Attalibía no dejaba de visitar a la madre y aportarle caldos para que tuviera más leche y se repusiera; también le llevaba platos apetitosos para que se fortaleciera y regenerara la sangre que había perdido en el parto.

Una inmensa alegría reinaba en toda la casa. Grandes y pequeños desfilaban por la habitación donde estaba la madre y se asomaban a contemplar el semblante del recién nacido. Unos y otros proponían el nombre que les agradaba, aun a sabiendas de que era el abuelo quien guardaba ese secreto y que no lo desvelaría hasta la mañana del séptimo día, en el momento de sacrificar el cordero. El padre y la madre también lo desconocían y quizá ni fueran consultados. El abuelo fue el primer hombre que se acercó a conocer al niño. Le sonrió y le susurró palabras amorosas. Lo aunó al islam musitándole la llamada a la oración en la esperanza de que aquel mismo día quedara grabada en su memoria…”

Cada capítulo es un paso adelante en su inagotable ansia de conocimiento, de apertura a la experiencia, a su búsqueda de la libertad personal y colectiva. Su visión de Tánger, cuando la visita por vez primera, es bastante elocuente.

“…Nuestro amigo acreditó su independencia y madurez cuando por vez primera viajó solo a Tánger, una ciudad que conocía de forma vaga. Era la capital diplomática del Marruecos independiente, libre de la dominación francesa. Una ciudad internacional que no estaba bajo mandado francés o español. Ciudad cosmopolita y plurilingüe en la que circulaban varias monedas y donde la gente se vestía a la europea o usaba chilaba y fez con turbante. Allí había cafés por doquier; automóviles y carros que transitaban por sus calles, incluso por las más angostas. Enclavada entre dos mares, era la puerta del Estrecho de Gibraltar.

Nuestro amigo llegó a Tánger como beduino que recala en el zoco Semmaín. Al bajar del autobús y echar pie a tierra no sabía hacia dónde encaminarse. Tiró por la calle que tenía enfrente. Empezó a preguntar por el Zoco Chico. Un nombre que recordaba. Lo encontró y allí dio con un pequeño café que a él, sin embargo, se le figuró grande. Estaba abarrotado. Los parroquianos, arremolinados junto a las mesas, hablaban por los codos, fumaban cigarrillos y kif en una pipa muy alargada y jugaban al dominó o a las damas. No entabló relación con nadie en el café. Se familiarizó con la nitidez de la pronunciación tangerina, daba la sensación de que vocalizaban como maestros de escuela. Se puso a observar a la gente que transitaba sin rumbo determinado. Se percató de que las tiendas, a pesar de lo avanzado de la hora, seguían abiertas. Cerca del café había una papelería y vio que el dueño estaba colocando algunos periódicos; decidió acercarse y ojeando lo que tenía descubrió un ejemplar de la revista Arrisala. Se la compró, volvió al café y empezó a leerla. Consiguió aislarse de quienes hablaban a voz en grito sin pensar que podían molestar a los demás. Por primera vez se sentaba en un café, en plena calle, sin temor a miradas escrutadoras que pudieran descubrirlo y luego dar cuenta del hecho a su padre. En Tánger se sentía libre. En aquella primera noche había ejercido su libertad. Se había sentado en una mesa del cafetín, estaba tomando un café y leyendo una revista…”

Leer Génesis, es entender qué sentimientos albergaban los marroquíes hacia el colonialismo y hacia el Protectorado (en este caso, el francés, ya que la novela se desarrolla en su mayor parte en la ciudad natal del autor: Fez). Por esta razón, para mí es una obra esencial para comprender la historia más reciente de Marruecos a través de sus ojos.

De lectura fácil y amena, Gallab ha sabido conjugar sabiamente los pequeños detalles con las aspiraciones más sublimes, la vida cotidiana y la lucha política, en una especie de cuadro realista o documentalista, pese a que, evidentemente, rezuma adhesión inquebrantable a su idea de país y a su visión del Marruecos independiente. Y todos estos elementos hacen de su libro una obra interesante y muy sugerente.

Sergio Barce, agosto 2020

ABDELKARIM GALLAB

ABDELKARIM GALLAB

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“JACOB COHEN”, UN LIBRO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN MESONERO

Ya ha salido el nuevo libro de mi amigo y paisano el escritor León Cohen Mesonero. Se trata de un texto escrito en homenaje a su padre y de ahí el título: Jacob Cohen. Lo ha publicado Hebraica Ediciones (Madrid, 2020), y para conseguirlo podéis hacerlo a través del siguiente correo:   info@libreriahebraica.com

En los próximos días, publicaré la reseña correspondiente.

JACOB COHEN de León Cohen

 

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