Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

CUENTA GONZALO FERNÁNDEZ PARRILLA…

Ando leyendo Al Sur de Tánger: Un viaje a las culturas de Marruecos, de Gonzalo Fernández Parrilla. Muy interesante ensayo, que deja párrafos como éste:

«…El cementerio judío de Rabat está custodiado por un bello gigante con bigote que dice haber nacido allí, pues su padre ya era guardián y sepulturero. En un aparte están las escasas tumbas de los bahaís, protegidas por un perro. Lindan con el vecino cementerio cristiano, donde yacen católicos, franceses, protestantes, españoles, italianos, ortodoxos y africanos, y algunos musulmanes que lucharon con Francia en las guerras mundiales. También está allí el panteón de Mobutu Sese Seko, que murió exiliado en Rabat.

A los musulmanes se los entierra con el cuerpo lavado y perfumado, envueltos desnudos en una mortaja blanca, en posición de cúbito lateral derecho, sin ataúd y con el rostro orientado en dirección a La Meca. El color del luto en el islam es el blanco y en la tierra de las tumbas se suele plantar arrayán.

Tras la conquista/caída de Granada, no volvió a haber una almacabra en tierras peninsulares hasta la Guerra Civil. Algunos de esos cementerios moros, abiertos durante la Guerra Civil y en desuso durante décadas, han acabado reconvertidos en cementerios musulmanes para servir de almacabras a la comunidad marroquí, como el de Griñón en Madrid, adonde he acudido alguna vez a acompañar a seres muy queridos…»

 Me gusta esta mezcla de anécdotas, referencias históricas y experiencias personales, que hacen del libro aún más atractivo. Cuando acabe su lectura, me referiré con más detalle a él.

Sergio Barce, 12 de enero de 2023

 

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«EL CUADERNO MARROQUÍ», UN LIBRO DE JOAQUÍN CESTINO

“…La esposa aún quiere comprar un jarrón de metal dorado. Desde el Zoco Chico descienden por la calle de la Marina, y tras sobrepasar la mezquita se detienen en la puerta de un pequeño y poco iluminado bazar. En un minúsculo escaparate se agolpan los objetos más diversos.

El propietario les invita a entrar. Es un hombre mayor de barba gris que viste una chilaba de color azul grisáceo. No hay ninguna otra persona en el bazar. El propietario es viejo pero su mirada es joven. Brillan sus ojos al contemplar a la posible compradora recién llegada. Allí, en uno de los polvorientos estantes, está el jarrón que ella desea.

-¿Cuál es su precio? -pregunta la esposa.

-¡Qué fina pieza! -contesta el viejo- es muy antigua. Toda hecha a mano. Tal vez en Siria.

-¿Cuántos dirhams, por favor? -insiste la compradora mientras su marido recorre con la mirada distraída los estantes repletos de cerámicas y objetos de cobre y latón dorado.

-¿Qué importa el precio? Es un bello jarrón para una bella señora. Puede ver su forma, su brillo, sus dibujos, la suavidad del metal -y añade sonriendo- buen precio para usted. Está anocheciendo y pronto cerraremos. Su precio es mil dirhams, pero para la señora doscientos.

Limpia el viejo cuidadosamente el jarrón y lo envuelve lo mejor que puede en un arrugado papel de colores. Se dirige ahora al marido y con su más bondadosa mirada le pregunta:

-¿Podría besar a su esposa?

El marido, sorprendido, no es capaz de decir que no. Su mujer sonríe. Deja que el viejo se acerque y la bese con delicadeza en la mejilla. El anciano rostro del propietario del bazar evidencia toda la felicidad que le produce haber besado a una cristiana de agraciado rostro y armoniosa figura.

La esposa no puede dejar de agradecer la gentileza.

-Si desea algo de nuestro país nos gustaría traérselo en el próximo viaje.

-Qué bien sería que usted pudiera venir con una botella de vino dulce de su tierra. Nada habría mejor. Los buenos musulmanes no deben beber vino, pero ningún sabor es mejor que el del vino dulce de las viñas andaluzas que bebieron los sultanes omeyas de Córdoba.

Ha pasado un año. Han cedido un poco los intensos calores de julio y agosto. El matrimonio ha vuelto a Tánger.

Van bajando por la calle Es-Siaghin con la botella de vino dulce, envuelta en papel dorado, que le prometieron al viejo comerciante.

Sube violento el viento de levante que viene del mar. Casi hace frío. Cruzan el Zoco Chico y llegan al final de la calle de la Marina. Tienen dificultades para recordar el lugar exacto del pequeño bazar. No lo encuentran.

Finalmente reconocen el escaparate de la pequeña tienda…”

Este fragmento pertenece al libro El cuaderno marroquí, de Joaquín Cestino. Fue publicado por Campos Elíseos Ediciones (Málaga, 2011), con prólogo del tetuaní José Luis Ruiz Olivares.

En este volumen se recogen párrafos y fragmentos escogidos de otras obras del propio autor, junto a poemas y artículos, todos dedicados a Marruecos, en especial a Tánger, y también a Córdoba y Granada. Hay además un interesante texto de Cestino sobre Tánger en las letras, con una cuidada selección de extractos de obras de otros autores (de Abu Abbas Ahmad Al-Qalqasandi hasta Paul Bowles) que nos trasladan al Tánger de distintas épocas.

Un libro de fácil y amena lectura para recorrer la ciudad tangerina y otros rincones marroquíes.

Sergio Barce, diciembre 2022

 

 

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FRAGMENTO DE «ZOCO CHICO», DE MOHAMED CHUKRI

“Me compro un reloj. A veces, mi cuerpo parece nuevo, como este reloj. He tardado veinte minutos desde el Zoco Chico hasta el bulevar Mohamed V. Una mujer bajita y embarazada me adelanta apresuradamente. Luego, un hombre y una mujer, que caminan también deprisa y hablando muy alto. Él es barrigudo y ella culona. Un anciano me tiende la mano derecha:

-¡Una limosna por Dios, hijo!

Le doy una moneda. En la mano izquierda sostiene un pañuelo rojo moteado de blanco y negro. Tiene los ojos enrojecidos y enfermos. La enfermedad de sus ojos se refleja en los míos. Unas punzadas y lágrimas me turban la vista. Preferiría morir antes que acabar como este viejo. Dos hombres, uno vestido con chilaba y el otro con camisa y pantalón, caminan muy juntos, cogidos de la mano. ¿Será por solidaridad? ¿Por confraternidad religiosa? ¿O son unos campesinos que temen extraviarse en la ciudad? ¡Quién sabe! Dos jóvenes se besan. Caminan con pasos inciertos. Ella lo abraza, se recuesta en su hombro, lo acaricia con las manos. No existen más que ellos dos. Llaman la atención de la gente. A ratos, se paran y se abrazan. Sonríen. La chica parece más convencida, más apasionada.

Han pasado diez minutos desde que llegué al Bulevar. Contengo la respiración para sentir la asfixia del tiempo. Mi tórax es como el parche de un tambor, con la piel tensada mientras pasan los segundos y se pierden, como esas partículas de polvo flotando en los rayos de luz que penetran en una habitación sombría a través de algún resquicio. Es imposible atrapar y detener el tiempo, como si fuera un juego de niños, del mismo modo que el hombre retiene sus excrementos o el ruido de sus tripas. El tiempo existe. Me atraviesa, y absorbe mi cuerpo, lleno de órganos cuyas inmundicias me repugnan, cuyas formas me intimidan. Sienta o no el tiempo, ello no influye en su transcurrir. No recuerdo cuándo empecé a pensar en el tiempo por primera vez. Cierto día oí a dos hermanos, uno de tres años y el otro de cinco, hablar entre ellos. El menor preguntó:

-¿Cuándo iremos a Tánger?

Su hermano le contestó:

-Cuando durmamos y nos despertemos. Durmamos y nos despertemos. Luego, iremos a Tánger.

Quizá yo también de niño entendía el tiempo de esa manera. Tengo un recuerdo nítido de ello.

Con miedo, pregunté en la oscuridad:

-Madre, ¿cuándo callarán esos gritos y ladridos?

-Duerme, y desaparecerán los gritos y los ladridos. Duérmete. No tengas miedo, estamos contigo.

Entendí de las palabras de mi madre que el sueño mata el miedo. El miedo existe si se piensa en él. La voz de mi madre bastó para defenderme de los gritos y de lo ladridos en la noche, y hasta los hizo callar…

Magnífico fragmento perteneciente al libro Zoco Chico (Editorial Cabaret Voltaire, edición de 2016) del gran Mohamed Chukri, con traducción del árabe de Karima Hajjaj y Malika Embarek López.

Sergio Barce, 27 de noviembre de 2022

 

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UN RETRATO DE JEAN GENET

De esa pequeña joya que es Genet en el Raval (Galaxia Gutenberg) escrita por Juan Goytisolo, extraigo estos párrafos que son un retrato abocetado de Jean Genet. Los dos Juanes, Genet y Goytisolo, que ahora se acompañan para la eternidad, enterrados en el cementerio de Larache.

“Por entonces Genet mantiene intacta su voluntad de provocación: cantor del crimen, el robo, la homosexualidad, no cesa de cobrarse la deuda que, desde la concepción en el vientre de su madre, la sociedad ha contraído con él; de resarcirse, ahora que es respetado y famoso, de las miserias e injusticias sufridas en su niñez y juventud. Responde con insolencia a la admiración de los respetables, exhibe su ruda franqueza ante los hipócritas, saca sin escrúpulos dinero a los ricos para entregarlos a quienes, como él, no han gozado de entrada de fortuna y educación. Sus cóleras son violentas y bruscas: su primer editor, el traductor norteamericano de sus obras y Jean Cau -que ha venido a justificar su despido por Sartre- recibirán un día u otro sus bastonazos e injurias. A la invitación de asistir a la cena oficial de homenaje a un ministro por el mundo de la cultura, contestará con la pregunta de si ha sido invitado a título de expresidiario, ratero o maricón. Una vez, en la terraza del Flore, será saludado desde otra mesa, con ademán furtivo, por un homosexual vergonzante y, alzando la voz, le espetará: <¿Qué, te la metió bien el chulo de la otra noche?>…”  

 

LARACHE – Noviembre 2021 – Con Javier Rioyo, frente a la tumba de Juan Goytisolo
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