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LARACHE vista por… LEÓN COHEN MESORENO en su relato EL ESPÍRITU DE MI PUEBLO

León Cohen Mesonero también se apunta a este desbordante caudal de cuentos y relatos que los autores larachenses no dejan de crear y de componer, y después de varios cuentos, libros y alguna que otra narración bastante emotiva, ahora me hace llegar esta otra que encierra muchas cosas, especialmente los recuerdos que León guarda de Larache, recuerdos que a buen seguro son compartidos por muchos, recuerdos que tampoco dudo que harán remover alguna que otra memoria adormilada, especialmente de la generación de su autor y de alguna anterior, y también posterior, porque no sólo son imágenes difusas del pasado, son lo que su título describe: el espíritu de un pueblo, y el espíritu se perpetúa generación tras generación.

Sergio Barce, julio 2012

León Cohen, con su nieto Alejandro, junto a la estatua de Darwin

“La infancia y la adolescencia configuran nuestro yo más profundo y nos convierten para siempre en lo que somos y seremos.” 

León Cohen, 2006

 

El espíritu de mi pueblo

El espíritu de mi pueblo es la luz cegadora de sus calles en verano, las hojas muertas en la Avenida de las Palmeras en otoño, en los alrededores de los bares Perico y Canaletas…

El espíritu de mi pueblo es la bravura del mar contra la Barra, las luces de los barcos en el horizonte de nuestro mar infinito en las noches de verano,  los paseos al atardecer por el Balcón del Atlántico o hacia los Viveros…

El espíritu de mi pueblo son los juegos infantiles, el palitroque, me las castro, las guerrillas, los huitis, el vicio y las bolas (sepli nacle, piola)…

BALCON ATLANTICO – foto tomada de la web de Houssam Kelai

El espíritu de mi pueblo son sus gentes y sus fiestas, una determinada alegría de vivir que se revelaba en sus gymkanas, sus verbenas, la noche de San Juan, las bodas musulmanas nocturnas, los gnawas, los bailes en la Unión Española, los guateques, el Purím en el Casino Israelita, los baños en la Otra Banda, los espectáculos en el Teatro España, el fútbol en Santa Bárbara, el  Zoco Chico al caer la noche (benditos sábalos recién pescados)…

El espíritu de mi pueblo son los domingos por la mañana: los limpiabotas del callejón de Rosendo y del Pozo, las lecturas en la Unión Española, la sesión continua en el Cine Ideal…

El espíritu de mi pueblo son  sus bares: El Central, el Selva, el Cocodrilo, el Mauri, el Cuatro Caminos, la Marquesina…

El espíritu de mi pueblo son sus topónimos: El Hotel España, La Zamorana, Claudio Berjón, Panadería Alarios, Garaje Martínez, Garaje Recober, Libreria Damián, las tiendas de Ultramarinos de Antonio Español y de Carmelo Rosendo, Almacenes Pulido, Farmacia Amselem, Zapatería Bata, Imprenta Cremades, Ferretería El Yunque, Pasteleria Ayuso, Mi Sastre, La Bandera Española, Casa Martínez, Farmacia Albarracín, Cine Ideal, Cine Coliseo, Cine Avenida, Casa Ros, el glorioso Chabab  (Facundo, Buchaib, Said, Riahi, Montero, Emilín), Zapatería Companys, El Chivato, Emquíes, Kassem, la Compañía Lukus, la Fábrica de Harina, Las Navas, Cuatro Caminos, La Cuesta del Aguardiente, La Escañuela, la Guagua…

El espíritu de aquel pueblo es mucho más, es aquello que nos habita y nos acompaña a todos los que un día fuimos parte de él. Es aquello que una mañana al despertar o una tarde cualquiera al doblar una esquina, resurge y renace en todos y cada uno de los que al abandonarlo, nos llevamos un trozo pequeño del alma de aquel pueblo.

León Cohen Mesonero

Aprovecho para colgar la portada del libro ZARZAMORA Y OTROS RELATOS  publicado por la Editorial Hebraica, en la que hay varios cuentos de mis dos amigos y escritores larachenses León Cohen y José Edery.

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MUSTAFA BOUHSINA, poeta larachense – LARACHE vista por Bouhsina

Mustafa Bouhsina es un poeta que escribe tanto en árabe como en castellano, y en español sus sencillos y sinceros versos están llenos de pasión, especialmente cuando están dedicados a su ciudad.

Como los siguientes versos, en los que el poeta abre su corazón de amante, y lo enzarza con su ciudad natal, que para él es la cuna no sólo de su existencia sino la cuna de su amor verdadero, de ahí que convierta Larache en un lugar mágico en el que, como un cofre, guarda su tesoro más preciado. Y es tal la simbiosis de cuidad natal y ciudad ensoñada que al final termina sucumbiendo a un deseo postrer: el de ser enterrado donde ha encontrado la luz de su vida.

LARACHE Y TU BESO

Si puedo amar de nuevo

solo a ti amaré
mi natal ciudad linda

hermosa y bella Larache
bajo tu celeste cielo tomé

mi primera gota de leche
a ti me hizo estar atado

con un amor tan fuerte
de sed me he de morirme

si no bebo de tu dulce fuente
todo de mí, de ti surgió

en una espléndida tarde
en tu mar, mi biografía navega

apaciguada de día y de noche
mi alma, la que solo se relaja

al estar debajo de tu arbolada
cuando la noto está invadida

con astronómica brisa marina
partiendo la fresquita sombra

a flores de la nueva primavera
un color de arco iris se refleja

en rincones de tu vieja Medina
la que sirvió un día como cuna

de mi niñez y mi infancia entera.
Susurro del río Lukus vigilante

en adentro de mi corazón suena
cuando con gotas de agua dialoga

con esa voladora cigüeña viajera
del cálido austral hoy emigrante

en su camino largo hacia el norte.
En un templo tan sagrado observo

esa novia blanca y tan radiante

moviéndose paso a paso y alegre

pidiendo a Dios que tenga suerte

mirada y fuerte beso a su amante

mi corazón reza por su destino

en su vida sin traspié ninguno.
En tu bello Balcón del Atlántico

una tarde  conocí a mi querida
cada beso hecho en su mejilla

me hace de verdad recordarte.
Si muero un día en mi lejanía

en mi hermoso natal Larache

te suplico quiero enterrarme.

 Mustafa Bouhsina nació en Larache, donde actualmente sigue viviendo. Sus estudios primarios los realizó en su ciudad natal en la escuela privada <Al Madrasa Al Ahlia>, y los secundarios primero en el <Liceo de Enseñanza Moderna> de Larache y luego en el <Liceo Kadi Ayad> de Tetuán. Tras realizar sus estudios universitarios en la <Escuela Superior de Profesores de Rabat> ha ejercido como profesor de matemáticas en los liceos <Wad Al Majazin> de Alcazarquivir y <Maa Al Haynayn> de Larache.

Uno de los grandes esfuerzos creativos de autores como Bouhsina es el escribir, en su caso poemas, en castellano. Es uno de los fenómenos más curiosos, y no se ha dado en ningún otro lugar del mundo, que escritores como él elijan este idioma, que no es el suyo vernáculo, para sus creaciones literarias; pero él forma parte de esos escritores larachenses que sí lo hacen: Sibari, Akalay, Momata, Diuri…

Pero leamos otro poema de Mustafa Bouhsina:

MI QUERER A LARACHE

Larache ciudad natal querida

rosa blanca con amor teñida

luz de la luna recién nacida

perla en el Atlántico bruñida

entre río y mar está tendida

con verdes ojos de acariciada

sus llanuras ofrecen la vida

a mi vejez tan palidecida

entre las rocas y ola torcida

de su cálida playa extendida

reza Lixus la nunca rendida

su Medina, vieja y muy bellida

lugar de mi juventud movida

tálamo de mi memoria vivida.

De noche, bella estrella encendida

es su Plaza Mayor florecida

por la brisa del mar invadida.

Trovo con el Diuri voz partida

“Larache en himno convertida”.

A Mustafa es fácil verlo por Larache, le gusta dar largos paseos por la avenida Hassan II, por la Plaza de la Liberación y por el Balcón Atlántico. Es un hombre afable, muy amable, y es un larachense de corazón que en sus poemas lamenta con pesar la decadencia de su amado pueblo.

Mustafa Bouhsina

Ha sido premiado en varios concursos de poesía, y entre sus poemarios reseñamos: <Versos saciados con la magia del amor>, <Canción al amor y la amistad de Larache>, <Versos escritos con lágrimas>, <Fábulas bajo luz de la luna larachense>, <El verso con fragancia larachense>, <El verso es querer>, <Versos y prosa poética de un larachense enamorado>, <Versos desde el Balcón del Atlántico>, etc…

Larache puesta de sol- foto de Aziz Bouhdoud

LA CAÍDA DEL SOL

Cuando el Sol al caer
se despide en silencio
de mi Larache querido
con anaranjado brillo
en el firmamento plasmado
una Gaviota está volando
unos secretos ocultando
en azul color ahogando
en mar amplio y sereno
desde mi hogar observando
mi Balcón del Atlántico
lo veo es tanto hermoso
en natal Larache soñado
donde se recobra el saber
de solo hay un Dios único
creador de lo agraciado
el Sol de mi Larache despidió
como lo saludo al verle nacer.

Ya he dicho que Mustafa Bouhsina sufre el derrumbe irreprimible de nuestro pueblo, él es un testigo excepcional pues vive allí y ha de presenciar cómo el pueblo en el que nació, creció y se enamoró va borrándose como una vieja postal que perdiera sus colores con el paso de los años.

¡Oh! mi tránsito, no te contienes
los que forman mis entidades
al diario se marginan y se humillan
el barro y el ladrillo se adelantan
les atacan con dureza y les injurian
no me acompañan los liderados
en realce de mi sentido noble
me atrae al lugar donde broté
sabiduría y el cariño me otorgó
mi primer rayito de luz en él noté
donde repiqueteó mi primer grito
calles admitieron mis curiosidades
cuando era un fanfarrón adolescente.
Un día saquearon todo lo bonito
me ataña a mi pasado querido
por ignorar lo intocable de la gente
como sagradas memorias en mi mente.
Ayer Teatro España, gemir le he oído
cuando martillos lo estaban derribando
después al Cine Ideal llegaron
con saliva de vampiros en sus labios
dio resistencia a sus picachos
no se rindió hasta que usaron
grandes perforadoras de hierro
levantaron sobre sus escombros
grandes edificios de inmuebles.
En el silencio de la media noche
se agruparon los grandes monopolios
en mesa redonda en conjunto trataron
Coliseo Maria Cristina, su muerte apelaron
lo borraron como recuerdo de mi Larache
antes lo hicieron con la hermosa Fuente
de la Plaza central de mi medina radiante
azulejos con postales en agua sumergidos
donde nadaban pequeños pececitos
chorros de agua en leones bronceados
cada vértice estatuita de sapo de cobre
faroles de luz la iluminan en cada noche
macetas de colores con rosas y flores
palmeras en rincones de sus jardines
fueron reloj del tiempo con rayos solares
un reloj eléctrico con tres facetas grandes

sus crecidas negras agujas, se ven de lejos

plaza rodeada con arbolada de Arces.
Me obligaron vivir sin bellos recuerdos
¡oh! mi final acelérate, no soporto
pérdidas de símbolos de mi tiempo
bello en mi natal Larache he vivido

solo con ansia en oídos lo oigo trepidar.
Asociaciones ciudadanas lograron parar

sus ambiciones injustas de querer niquelar

Cine Avenida, a comercio querían cambiar.

 Tiene muchos versos dedicados a esta lenta agonía, y uno de ellos es <Adiós Larache de los años setenta>, escrito en 2010, título que lo dice todo, escrito con la rapidez de la rabia, de ahí que sea una especie de poesía incendiaria, política, reivindicativa, de ahí sus descripciones desnudas, sin metáforas, sólo versos desnudos con la desnuda realidad. 

En fin, Mustafa Bouhsina, un poeta larachense pasional y comprometido con su tierra que nos regala sus versos, sus esperanzas y su melancólica memoria.

Sergio Barce, julio 2012

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LA VIEJA POSTAL – un relato de JUAN MANUEL FERNÁNDEZ GALLARDO

    Me dice que la encontró por casualidad, cuando buscaba otra cosa <i>, y me comenta que al observarla con atención se dio cuenta de la peculiaridad de los elementos que contenía. Entonces, descubrió que aquella antigua tarjeta era, salvando las distancias, un poco como él… que es de Larache, pero que lleva incorporada a su ser más íntimo una marca indeleble alcazareña que lo singulariza. La postal es una foto que muestra un paisaje de Larache, y tiene adherido en su esquina superior derecha un sello de Alcázar que está obliterado <ii> por un matasellos redondo entintado.

Opina que si intentásemos despegar la estampilla de la foto, lo más seguro es que estropearíamos el timbre y dejaríamos malparada la postal. Por tanto, para que ambos objetos permanezcan indemnes, deben continuar juntos para siempre más, en una especie de pacto de parasitismo compartido <iii> que garantice la pervivencia de uno y otro ente, aunque de la coexistencia mutua salga más beneficiado el efecto postal, condenado al olvido o, como máximo, a engrosar en compañía de otros congéneres suyos el oscuro álbum de algún coleccionista filatélico.  

En la unión entre ambos, que podemos ver certificada −como cualquier enlace permanente que se precie− con una alianza circular que los abraza, se puede observar como las veteranas palmeras de Sidi Jacob aproximan su frondosidad al escuálido, joven y solitario eucalipto larachense, mientras que el religioso alminar de la alcazareña mezquita indica a la torre almenada de la Jefatura la dirección que debe seguir y que no es otra más que el camino del cielo en derechura a las estrellas.

La esbelta atalaya laica que sirve de faro indicador de la existencia de la sede donde reside el poder civil “protector foráneo” −instalado tras ventanas árabes de medio punto y observando desde un balcón <iv> estilo “mucharabieh”, el transcurrir de la historia−, ve pasar abúlico las horas marcadas por su reloj, a la espera de que la voz del almuédano se expanda desde lo alto del minarete del templo musulmán a toda la medina para recordar a los fieles mahometanos las obligaciones que tienen contraídas −y que deben cumplir− respecto al poder religioso nativo.

Para que el pueblo no olvide la dependencia que tiene de ambos estamentos, cuando vaya a saciar su sed a la fuente que se adivina a la derecha del cuadro, habrá de pasar entre las horcas caudinas de los dos leones sedentes <v>, representantes de las jerarquías que imponen las leyes espirituales y terrenales.

Pero volvamos al busilis de la cuestión… Me decía al inicio de estas rayas que la añeja postal le recordaba, con las lógicas diferencias que existen entre una persona y una cartulina, a si mismo. Desde siempre, y para no dejarse atrapar por su natural personalidad irresoluta y dubitativa, ha procurado ser permanentemente taxativo en sus decisiones y nada complaciente con las incógnitas existenciales que le han abrumado: ha tenido necesidad de definirse continuamente para saber en todo momento cual era su norte y ha intentado que su comportamiento fuese, en cualquier circunstancia, coherente con el objetivo marcado.

Larache

Reconoce que ha sido muy estricto con su comportamiento “público” (¡Permítase la “boutade”!) y que también ha intentado serlo con las cosas y los temas referidos a su esencia vital, en el ámbito de su privacidad. Cuando ha tenido una duda, ha buscado los mecanismos necesarios para intentar despejar la incógnita y seguir avanzando, a sabiendas de que es un sino humano tropezarse de continuo en el camino que nos conduce hacia el destino con incertidumbres que habrán de superarse a medida que vayan surgiendo.   

Una de las cosas que lleva toda la vida intentando explicarse es la interrogación sobre de donde es él. ¿Es de Larache o es de Alcázar? Nació en Larache, es verdad, pero se crió en Alcazarquivir y, aparte de las explicaciones que le han ido dando algunos componentes de su familia sobre su existencia en Larache, sus recuerdos personales de infancia, los que son verdaderamente propios y no herencia oral transmitida por sus mayores son todos ellos de Alcazarquivir. 

¿Es de Alcázar o de Larache? Esta pregunta siempre ha rondado por su cabeza y nunca ha sabido a que carta quedarse. Muchas veces ha pensado que había llegado la ocasión en la debía decidir tajantemente por una de las dos opciones posibles: o era de Larache o era de Alcázar. Así, taxativamente, sin dudas ni vacilaciones. Las cosas debían ser siempre claras… ¡O carne o pescado! 

Alcazarquivir

Pero era una decisión complicada. Si renunciaba a lo que Larache significa para él a fin de declararse inequívocamente alcazareño, estaba abjurando no sólo de los tres primeros años de su existencia, sino de las vivencias de aquellos meses que sus padres habían intentado sembrar en él y a los “días de vino y rosas, de sonrisas y lágrimas <vi>” que su familia vivió allí.

Si renunciaba a su ser alcazareño para declararse unívocamente larachense estaba contradiciendo no solo sus diez años de residencia alcazareña sino a los principios morales, culturales y éticos sobre los que ha construido su personalidad y que le fueron aportados en esa década en la que se formó como ser racional. Después de su alejamiento de Alcázar ha seguido aprendiendo muchas cosas, ha perseguido con ahínco el conocimiento y la sabiduría y  ha ido intentando descubrir (sin conseguirlo, claro está) las bases certeras sobre las que se sustenta la existencia humana y las normas sobre las que se desarrolla la convivencia entre las personas.

No quiere juzgarse… No sabe si ha aprovechado bien las oportunidades que la vida le ha ofrecido o si ha respondido positivamente a las expectativas que otros esperaban de él. Pero siempre ha sabido que su paso por “el mundo” lo ha desarrollado con el bagaje que adquirió en sus años de formación básica en aquella pequeña ciudad del Protectorado español de Marruecos que colindaba con la frontera de “la Zona francesa”. Después se ha sofisticado, se ha moldeado, se ha pulido; ha ido adquiriendo destreza y disimulo, cinismo y esgrima, tolerancia y educación, pero en su fuero interno siempre ha sabido que él solo era “un chavea de Alcázar”. Sabe que, aún hoy, comete las mismas faltas ortográficas que el día en que se examinó de ingreso de bachiller y sabe que sigue utilizando el mismo baremo (Por cierto… Casi nunca le falla) para “calificar” a las personas que conoce de nuevo que el que utilizaba cuando había de decidir en un segundo si debía confiar su amistad al niño con el que le hacían compartir pupitre o no.

Ha aprendido muchas cosas… aunque ignora infinidad de otras más. Y entre las que desconoce, se encuentra el arcano de entender cabalmente su identidad nativa. A veces, en plan de broma, dice que él nació en Alcazarquivir a los tres años y medio de edad <vii>. ¡No está mal! Disimula irónicamente su vacilación sobre su lar primigenia… Pero aleja la posibilidad de dar solución a su pregunta trascendente: ¿De donde es? Quizá esa sea una pregunta sin réplica, un problema sin solución, una duda sin razón, una incógnita que no se pueda despejar. ¿Y si no hubiese respuesta? ¿Y si no necesitase refutación?

Vuelve a mirar la vieja postal que encontró sin buscarla, por chiripa, un cierto día de un cierto mes de un cierto año. ¿No sería lo más sensato, admitir que su biografía puede quedar resumida en la imagen que refleja la tarjeta? Al fin y al cabo, si así lo hiciera no estaría sino reconociendo el viejo aforismo chino de que “una imagen vale más que mis palabras”. Cada uno de nosotros somos producto de las cosas que nos suceden, de las circunstancias que vivimos, de los sentimientos que experimentamos, de los afectos que recibimos y de las ternuras que devolvemos. ¿Y entonces…? Si somos fruto de multitud de aportaciones diversas… ¿Por qué no podemos definirnos como pertenecientes a los diversos lugares donde hemos vivido? ¿Por qué no podemos sentirnos enraizados en los sitios en los que hemos amado y en los que hubiésemos querido ser amados?      

En él conviven sin contraponerse, el sentimiento de haber nacido en Larache y el de haberse criado en Alcazarquivir. Quizás deba admitir por siempre más que es (sabe que no existe esa palabra y que su procesador de textos la subrayará en cuanto haya finalizado de escribirla) un larachensealcazareño.

Al final, me dice que lo ha decidido… Es como la vieja postal que encontró por azar en una ocasión en la que buscaba otra cosa. Por casualidad… ¡Como él mismo!

5 de Abril de 2008

De mi libreta “Garabateando”, por Juan Manuel Fernández Gallardo

JUAN MANUEL FERNÁNDEZ GALLARDO


[i] ¡Ah, la serendipia…! ¡Y tanto tiempo transcurrido sin saber de ella!

[ii] Sello obliterado.- Sello al que le han aplicado una marca o signo postal para anularlo, inutilizarlo e impedir que pueda emplearse nuevamente a efectos de franqueo.

[iii] Parasitismo.- Es una interacción biológica entre dos organismos, en la que uno de los organismos (el parásito) consigue la mayor parte del beneficio de una relación estrecha con otro, el huésped u hospedador.

[iv] De clara influencia mudéjar, con celosías.

[v] ¿Los que hoy hacen guardia a la puerta del “Jardín de las Hespérides?

[vi] Cedo por enésima vez a transcribir sus “aportaciones” cinematográficas, quizá por que se de cierto que sus padres siempre han sido profundamente abstemios.

[vii] Esta paráfrasis es un guiño a una frase atribuida a Carlos Gardel, cuando el famoso actor y cantante de tangos dijo: “Nací en Buenos Aires, Argentina, a los 2 años y medio de edad». Con esta ingeniosa locución, el cantante desoía las constantes conjeturas sobre su procedencia.

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LARACHE vista por… SARA FERERES DE MORYOUSSEF – Semblanza de Larache III – IV

Esta es la continuación de los escritos que, durante 2007, Sara Fereres escribió  sobre Larache y que tituló como <Semblanza de Larache>. Hoy traigo los siguientes (II y III) y que las dirigía especialmente a quienes no conocían la ciudad. Son como una sencilla pero detallada postal de presentación.

Sergio Barce, julio 2012

Sara Fereres con su nieta Rebeca

Semblanza de Larache III

Cuando llegaron los españoles a Marruecos y se instalaron en Larache, muchos de los antiguos habitantes de la zona portuaria, el Pueblo, se dedicaron a construir viviendas y edificios en la parte sur de la ciudad, convertida  a través del tiempo en el núcleo moderno. Los españoles construyeron una larguísima avenida frente al castillo portugués, donde funcionaba la Comandancia Militar hispana, al pie de la cual se extendía el precioso “Jardín de las Hespérides” donde, casi todos los infantes de la ciudad se reunían para disfrutar con sus carreras y juegos, sin peligro alguno. En poco tiempo nuestra amada ciudad fue llenándose con todo tipo de almacenes comerciales y otros  negocios.

TEATRO ESPAÑA

Según parece, el “Teatro España” fue el primer lugar de esparcimiento para todos los larachenses. Con la aparición del cine, ahí se estrenaron las primeras  películas que llegaron a la ciudad. En Larache tuvimos restaurantes, bares, pastelerías, cafés, librerías y papelerías además de toda clase de comercios de ropa, tejidos, zapaterías y hasta clubes. En realidad en mi pequeño terruño gozamos de todo tipo de facilidades para disfrutar de  la vida a plenitud. Como es natural tampoco faltaron los hoteles entre los cuales el mejor sin duda alguna fue el “Hotel España”. Existían otros menos “elegantes” además de alguna que otra modesta posada. Todavía existe el mercado popular  llamado “Zoco Chico”, famoso por la variedad de productos que ahí se expenden. En 1985 estuvimos en Larache mi hijo Alberto, mi finado esposo y yo e intentamos visitarle, pero estaban remodelándole, así que fue imposible poder hacerlo.

Zoco Chico

Fueron numerosos los lugares de esparcimiento que existían en la Larache de mis amores. No podemos olvidar el incomparable “Balcón del Atlántico”, frente al espigón. Tampoco la preciosa Plaza de España, ni nuestro delicioso paseo bajo Los Arcos, abarrotado de tiendas. La inolvidable Ghaba, ese bosque de encinas y alcornoques que bordea la carretera que conduce a la vecina ciudad de Alcazarquivir fue siempre nuestro paseo de los fines de semana. Llegábamos caminando o en bicicleta. Nuestro equipo  futbolístico, el “Larache” (ache, ache, ache, los de Larache estamos aquí)…, instalado, cerca de la Ghaba recibía a sus competidores en su famoso, para nosotros, “Campo de fútbol Santa Bárbara”, el cual muchísimas veces fungió, como pista de carreras  e igualmente fue utilizado para otros eventos  atléticos. El mayor acontecimiento fue cuando se convirtió nada menos que… ¡En una plaza de toros! Pues sí, así sucedió durante la celebración de una de las “Fiestas del Balón”. Nuestro inolvidable promotor, el  Ing. M. Jaquotot, fue la persona que se ocupó de realizar tamaño evento. Tuvimos el inmenso placer de ver a Don Álvaro Domecq rejonear en nuestra modesta e improvisada plaza. Son recuerdos de una época feliz, y supongo que fue muy grata para todos los habitantes de la ciudad.

Larache nunca  alcanzó demasiada prosperidad, ni siquiera en sus mejores tiempos. Había indigentes en cantidad,  como en la mayoría de las ciudades de Marruecos Español. La Zona Francesa fue mucho más próspera. Entre los hebreos de toda la Zona Española existían, en cada ciudad, sendas entidades benéficas sostenidas por sus miembros. Estas se dedicaban a asistir a las familias que carecían de los medios necesarios para subsistir. Las sociedades benéficas judías se ocupaban de proveer a las personas necesitadas de alimentación y vestido durante todo el año. Muchas personas conocerán cómo actúa la tradicional solidaridad hebrea, para atender a sus hermanos menos afortunados. Los españoles también se ocupaban de una pequeña población necesitada, sobre todo durante la Guerra Civil y en años sucesivos cuando Europa se hallaba inmersa en su propia conflagración. Aún hoy recuerdo  la sociedad bautizada como “Auxilio Social”. Su sede ocupaba un amplio local situado a poca distancia de la coquetona Iglesia Católica. Se trataba de un salón comedor donde, numerosas damas de la comunidad católica adscritas a la “Falange Española”, se ocupaban de servir almuerzos a las criaturas que acudían al comedor popular. Fue una labor digna de encomio porque también ellos, los españoles, sufrieron carencias debido a la falta de  insumos alimenticios durante aquella época de posguerra española y de guerra mundial.

Bien, por hoy… ¡Se acabó! Me canso cuando permanezco sentada un largo rato. Como les prometí, ya aparecerá otro articulito acerca de Larache. Me despido y (en ´haquetía),  pa´ que no bos guahsheís de lo muestro. Los cuentezitos los desharé pa´mañana… ¡Si tengo y játar, ma sino, cuando cueda! Prometido. Cariños  As´slam´alicum.

Zahrita la Queshadora. Caracas Noviembre 2007.  – Sara Fereres de Moryoussef

Sara Fereres con su hija Raquel Fhima y su nieta

Semblanza de Larache IV

Hoy comenzaremos con un boccata di Cardenale, nuestro inolvidable Balcón del Atlántico. Como sabe la mayoría de los Larachenses, de ese lugar tan particular emanaba tal encanto que es posible asegurar que, hasta el día de hoy, nadie ha podido olvidarlo. Durante los días de asueto, el Balcón fue el lugar preferido para pasear en compañía de  amigos y amigas. Al irrumpir frente al mar, la visión del paisaje era… ¡Espectacular! Una larga y blanca balaustrada de hormigón, fraguada en un estilo muy particular, era lo primero que aparecía ante nuestros maravillados ojos. Un barandal largo, con más de cien metros, aunque no recuerdo si era más, o, menos, pues el tiempo transcurrido desde entonces ha borrado de mis recuerdos  la exactitud de las distancias. Esta balaustrada estaba conformada por una serie de arquitos diseñados según el estilo arquitectónico marroquí, la cual se hallaba suspendida al borde del acantilado, y abajo, muy al fondo del precipicio, podíamos admirar unas  enormes rocas negras bañadas incesantemente por la fuertes y enormes olas del Océano Atlántico. Rompían con tal furia que a pesar de la distancia nos salpicaban. El mar, de color azul intenso, infundía en el espectador tal sensación de furia en su incomparable infinitud, que casi siempre le obligaba a echarse para atrás, para evitar el  remojón. Durante los meses invernales aquel oleaje estruendoso y aterrador del mar, casi negro pero increíblemente hermoso en su furor, quedó grabado, indeleblemente, en el recuerdo. Lo mismo en invierno que en verano, el Balcón fue el paseo imprescindible de los Larachenses. Al acercarnos fijábamos la vista  hacia el horizonte, y esto era algo realmente espectacular. Generalmente el extenso mar se veía tan tranquilo como un infinito lago. Sólo el espigón o rompeolas cortaba la inmensidad acuosa.

Balcón Atlántico (imagen tomada del blog de Houssam Kelai)

Describir el ocaso es como desgranar un poema. Durante los días claros, en cualquier estación del año, nos apoyábamos sobre esa barandilla de cemento para ver como, lentamente y con fruición, el mar se “comía” al Sol. El esplendor de los colores del atardecer inundaba nuestros ojos, dejando, un recuerdo indeleble en nuestra mente. Las aceras eran amplias, como todas las de Larache. Se hallaban decoradas con macizos de flores rojas, amarillas y blancas, emergiendo entre el verdor de las hojas que las arropaban. En el centro del paseo había una especie de templete, ligeramente elevado. Este sostenía, con espigadas columnatas de madera, un techo elaborado con el mismo material. Dicho templete lo usaba una orquesta durante los Domingos, siempre que hiciera buen tiempo para deleitarnos con su música.

Hospital Militar – Castillo de San Antonio

Cerca del Balcón se hallaba en un extremo el Hospital Militar, y, casi opuesto a él, aparecía el mercado central, es decir, “La Plaza”. Les prometo describirla  en la próxima entrega, D.M. ¡Vale la pena! Frente al Balcón,  al atravesar la carretera, podíamos ver una serie de pequeños “Chalets”, muy coquetones, y por supuesto, todos estaban habitados.

Hasta la próxima. Cariñosos abrazos y besos para todos, “paisanos” y simpatizantes. Espero poder seguir complaciéndoos con la descripción de mi amada ciudad, Larache.

Sanos y wuenos que´stís, amén.  – Sara Fereres de Moryoussef.   Caracas Diciembre. 2007.  

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LARACHE vista por… DRISS SAHRAOUI – Nostalgias: Plaza de España de Larache

Me pregunto cuál es la virtud de este blog que  creé sin estar muy seguro de que fuera a durar mucho tiempo. Al recibir estas últimas semanas nuevos textos escritos por Sara Fereres, Driss Sahraoui, Mohamed Bouhsina, Mercedes Dembo, Juan Manuel Fernández Gallardo, etc… para ser incorporados a él (lo que iré haciendo estos próximos días), me he dado cuenta de que ésta es su virtud: haberse convertido en un punto de encuentro, mejor dicho, de reencuentro entre paisanos, larachenses de todas las creencias que comparten un espacio común y un sentido universal de la convivencia. Así que no es poca cosa.

Hoy cuelgo un relato de Driss Sahraoui, que vuelve a su época de infancia y adolescencia, y con ello nos regala un detallado paseo por las arterias del centro de Larache, de aquel Larache que no es capaz de olvidar, y que nos redescubre a todos. Lo hace como si fuese un fotógrafo con su cámara que deambulara por los alrededores de la Plaza de España, y hace «click» en cada establecimiento, en cada tienda, en cada café, y vuelve a hacer «click» con cada nombre, con cada apellido, con cada rostro…

  Sergio Barce, junio 2012

DRISS SAHRAOUI

NOSTALGIAS

         LA PLAZA DE ESPAÑA DE LARACHE

Por Driss Sahraoui

 Para salir de la antigua medina haciéndolo necesariamente por el Zoco Chico y por la puerta de la Medina (Bab el Medina) llamada también en otros tiempos (Bab Embarra), que quiere decir la puerta de afuera porque por la noche se cerraba para los habitantes  de la medina, y también  tenia el nombre de (Bab El Jemis) porque al salir, en el lugar de la Plaza de España actual, se encontraba un gran llano desierto donde se celebraba todos los jueves el zoco semanal del Jemis que quiere decir Jueves. En este Zoco se vendía de todo: trigo, verduras, aceitunas,  ganado de toda clase a la puja y, en fin, de todo. Volvamos a la salida: franqueando el portal encontramos, a  nuestra derecha e izquierda, unas arquerías amplias y alegres, y enfrente la Plaza de España, hoy Plaza de la Libertad.

Si empezamos a visitar estas arquerías por la izquierda encontramos una librería que vendía material escolar  y de oficina, libros y revistas de toda clase -aquí he comprado yo mis primeros tebeos entonces-, el propietario era el distribuidor de toda la prensa nacional e internacional. Le ayudaba en esta tarea un marroquí muy activo al que llamaban GUTIERRES, no sé si en alusión a su patrón, y cuya tarea terminaba para él antes de las doce de la mañana. Al lado de esta librería se hallaba  un comercio de un indio muy conocido que vendía perfumes, relojes, artículos de regalo y otras cosas, junto a éste se encontraba otro indio que vendía exactamente lo mismo, además de zapatos de calidad, seguido de la Agencia de transportes interurbanos LA VALENCIANA donde se recibía a los viajeros para la venta de billetes de viaje y el depósito de  los equipajes en la consigna. Enfrente, en la calzada, paraban los autocares una hora antes de emprender la salida, el garaje estaba muy cerca, detrás, en un pasaje cerrado, sin salida, ancho y muy corto teniendo a su derecha la Comandancia de Ingenieros y en el fondo el depósito de fideos y pastas alimenticias provenientes de la fábrica de MONTERO, en Alcazarquivir, y también algunas viviendas. Pero esto ya es en  la Avenida de España. El Director- propietario de esta agencia de transportes se llamaba GARGALLO, era un hombre activo, trabajador y emprendedor, había creado unos minibuses con cabida de diez personas a los que dio el nombre de VALENCIANA LA RAPIDA con el consiguiente suplemento de precios , por la calidad y comodidad de sus viajes; estos autobuses hacían la línea Larache-Ceuta pasando por Tetuán. Al lado de esta agencia había un café, seguido de ACISA, un comercio muy importante especializado en los materiales del campo, como tractores, arados y todo lo relacionado con la agricultura. Al lado se encontraba la entrada de la Junta Municipal, a la que se accedía mediante escalera, y abarcaba toda la  parte del primer piso de este edificio.

Aquí está la salida del Zoco Chico y un gran Bucalito de un Susi que, por estar en este lugar tan neurálgico, vendía de todo: tabacos, periódicos, comestibles, bocadillos y una infinidad de artículos. Enfrente a éste, y en la misma calzada, se encontraba la parada de los autocares LA ESCAÑUELA, cuyo propietario era un hombre muy simpático, con el puro en los labios a todas horas. Sigue el Bar PUERTO RICO, propiedad de la familia ANDRADES, y al lado la famosa churrería de una familia muy apreciada y querida en Larache  y que se había integrado en las costumbres marroquíes, además de hablar  muy bien el árabe. Al lado había un comercio de confecciones y tejidos propiedad de un hebreo muy conocido y, al lado, la Casa BATA, con sus calzados de todas clases y de marca propia, algunos muy económicos. Al lado había un salón de Billar que duró mucho tiempo y por el que han pasado los jóvenes de esa época y también los menos jóvenes, luego se ha convertido en una representación de los coches MINI AUSTIN de marca inglesa, el concesionario era un tal Benyelun, un rico de Alcazarquivir cuyo hijo fue Bajà de Larache en los primeros años de la independencia. Finalmente este local se convirtió en en el actual  Café LA ESTRELLA. Aquí llegamos al final de las arquerías. Y al  seguir,  encontramos una carretera muy corta que tiene a su izquierda la parte trasera del Casino Militar y el Consulado de España y  a la derecha la consulta del Dr. FARIÑAS y el Dispensario Municipal y, al fondo, el Balcón del Atlántico. Cruzamos esta carretera y encontramos el lateral del Casino y otra carretera similar a la anterior teniendo a su derecha la entrada principal del Casino Militar; este Casino que pasó su época de gloria y donde se han celebrado grandes fiestas, casamientos y veladas de baile…  Ahí estaba siempre nuestro amigo CURRO, un simpático hebreo, que era amigo de todo el mundo,  que empezó de botones y acabó como el imprescindible administrador del Casino, fue amigo mío, igual que todos sus hermanos.

CURRO – foto retrado por Gabriela Grech

Uno de ellos, formó parte de la directiva del club de Fútbol de Larache en su mejor época. Lo encontré una vez en Ceuta, después de muchos años sin vernos, nos saludamos con un abrazo muy fuerte y empezamos a hablar, metió la mano en el bolsillo de la chaqueta y entre otros papeles saco una foto del club de fútbol de Larache, que llegó a jugar la final de la Copa del Rey, entonces Hassan II, y sin contener la emoción me dijo: <Cada vez que saco esta foto y la veo me hace recordar Larache y su gente.  ¡Lo que hemos pasado en Larache parece un sueño!> 

A la izquierda de esta calle se encontraba el Hotel Cervantes, uno de los primeros hoteles de Larache. Sin ser de la categoría del Hotel España, era muy importante en esos tiempos.  Aquí tenemos que cruzar otra carretera que es la calle de Primo de Rivera, una calle larga que pasa por El Patronato Escolar, el cementerio musulmán Sidi Alal Ben Ahmed, el Matadero, etc.. Enlazamos con la otra acera frente al mencionado Hotel Cervantes y encontramos el célebre Café LIXUS, éste era amplio y lujosamente decorado, con lámparas en el techo y  grandes espejos en la pared. Algunos domingos y días festivos estaba animado por una orquesta de música y los demás días con un pianista. Seguía al lado los Almacenes de los HERMANOS MARTÍNEZ,  un comercio muy importante, especializado en confecciones, tejidos, muebles y una infinidad de artículos de su ramo.

El Arca de Noé – izquierda tras el mostrador su dueña Dª Magdalena

Aquí encontramos otra carretera que conduce a la Plaza de Abastos. Junto a la tienda de comestibles EL ARCA DE NOE, que se  hallaba a  la izquierda y frente a  los Hermanos Martínez, estaba la parada de Taxis. Subimos de nuevo la acera y aparece el COMERCIO ESPAÑOL, similar al de los Hermanos Martínez pero menos extenso, con una gran acera enfrente donde se ponía nuestro amigo YEBILO con su carrito de helados, globitos y golosinas para los niños, era muy querido y hablaba incesantemente, pero muy simpático. Aquí tenemos que cruzar otra carretera que es la calle Duquesa de Guisa, teniendo a su derecha el Bar Selva, Mi Sastre, La Mallorquina, etc… Y encontramos el Casino de España, un lugar de recreo y ocio. El que suscribe fue socio de este Casino  durante tiempo, éste contaba con una buena biblioteca, salón de billar, otro de Ajedrez, Dominó, etc…

Aquí tenemos que cruzar de nuevo otra carretera que es la calle Chinguiti y encontramos el emblemático CAFÉ CENTRAL, teniendo enfrente una acera amplísima que le servía de terraza dando a la misma Plaza de España. Esta terraza, a pesar de su amplitud, en las noches de verano se quedaba chica. La gente se quedaba aquí hasta altas horas de la noche, tomando ese agradable fresco proveniente del Balcón del Atlántico. Este Café tenía mucha aceptación por su magnifico emplazamiento, pero la atención, el servicio y la tranquilidad hacían el resto. Como hemos visto, el diseño de la Plaza de España hacía que todas las principales calles y carreteras desembocaran en la misma y son exactamente ocho, la Puerta de la Medina incluida.

CAFÉ CENTRAL en su terraza Pepe Osuna, Mohamed Sibari y Carlos Amselem

La  Plaza de España se encontraba en el centro, rodeada de carretera por todas partes, quedando cual una isla, es de forma, digamos, elíptica y de aspecto alegre y atractivo. En el centro de la misma había a su vez una plazoleta circunferencial, a la que se accedía, mediante la subida de dos escalones encontrándose  en su centro un precioso acuario surtido con peces de color para gozo de los niños y mayores, este acuario estaba rodeado de unos asientos alicatados con unas bonitas lozas sevillanas, algunas con figuras de personajes de la letra y la cultura: Jacinto Benavente, Lope de Vega o el autor del Quijote de la Mancha. En estos asientos se sentaban niños y mayores para descansar y recrearse, sobre todo las mujeres con sus niños, para disfrutar de la tranquilidad y el ambiente reinante en este lugar. Esta plazoleta que quedaba en el centro, estaba rodeada de jardines con grandes palmeras, plantas exóticas y flores de toda clase. Contaba igualmente en todo su alrededor y en el centro con asientos también alicatados con lujosas lozas. En esta plaza se daban grandes paseos alrededor de la misma (entre nosotros nos decíamos: <vamos a la noria a sacar agua>, por la cantidad de vueltas que dábamos ahí). Los domingos después de la misa y los días festivos, se ponía  aquí una banda de música, en realidad era una verdadera orquesta dotada de toda clase de instrumentos para interpretar piezas musicales, algunas eran verdaderas sinfonías, y todo para deleite de los presentes y paseantes, dentro de una tranquilidad y seguridad impecables.

Un prestigioso abogado de nombre SARMIENTO venía todos los días a este lugar después del trabajo y antes del aperitivo, acompañado de unos amigos y portando un paquete de semillas, que arrojaba a las numerosas palomas  que venían de todas partes, en un momento dado parecía que se estaba en el Parque María Luisa de Sevilla en miniatura. Lo curioso de estas palomas es que conocían a este hombre  y sabían la hora de su llegada, si alguna vez tardaba en venir, venían ellas  aquí  a esperar a este hombre que no  faltaba nunca…

 Esta Plaza ha sido el escenario de muchas fiestas y desfiles y era el paso obligado de los desfiles militares, desfile de las carrozas de la semana de Larache, la traca final de la misma y otros eventos. Esta Plaza ha pasado su época de gloria en la que Larache vivía su máximo esplendor donde las costumbres, las religiones y  tradiciones se entremezclaban y se compartían. A esta época, yo la llamaría <la edad de oro de Larache>. No sé dónde han ido a parar esas virtudes, esa sana convivencia y esos valores cívicos  y humanos. Lo fácil que era para nosotros asimilar todo esto y lo difícil que lo es para esta generación, aunque no quiero generalizar porque por mucha destrucción que halla siempre habrá  supervivientes, y a estos nos encomendamos.                              

                                                      Por Driss Sahraoui      

 

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