Archivo de la categoría: LARACHE – CREADORES Y ARTISTAS LARACHENSES

«CALLE DEL AGUA. Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí» (2008) de MANUEL GAHETE, ABDELLATIF LIMAMI, JOSÉ SARRIA, AHMED M. MGARA & AZIZ TAZI

CALLE DEL AGUA

Antología contemporánea de Literatura Hispanomagrebí

(2008)

de Manuel Gahete, Abdellatif Limami, José Sarria,

Ahmed M. Mgara & Aziz Tazi

     El 29 de Octubre de 2008 acudí a la presentación del libro CALLE DEL AGUA en el Instituto Cervantes de Tánger, dentro del marco del Festival de Cine de Tánger, en colaboración con el Instituto Municipal del Libro de Málaga. Debo decir que fue una decisión acertada por la grata sorpresa que supuso la altura y calidad del evento, reflejo, obviamente, del cuidado con el que se ha afrontado la elaboración y edición de esta obra.

Jose Sarria

     Las palabras introductorias de José Sarria allanaron el camino a las posteriores exposiciones en cuanto aclaró uno de los objetivos marcados por esta obra: no pretender sentar cátedra sobre la presencia o no de ciertos autores, sino la de ser una muestra, una selección que, como tal, no puede abarcar a la totalidad de los escritores y creadores magrebíes que escriben en la lengua de Cervantes. Dicho esto, José Sarria, con la prudencia, mesura y equilibrio que le caracteriza, apuntaló aún más los fines de este trabajo prolijo y detallista: llamar la atención sobre el hecho incuestionable de la originalidad y novedad que supone el que exista una literatura hispanomagrebí como tal, es decir, de autores cuyo idioma propio es el árabe pero que vuelcan su creación en el idioma castellano (lo que los autores de esta antología vienen en llamar la “magrebidad” del español), de la propia existencia de esta literatura, única en los países árabes (por tanto, digna de apoyo) y de la proyección futura de la misma. Y, CALLE DEL AGUA, viene a cumplir ampliamente este afán divulgativo.

     El prólogo del libro es obra de Rodolfo Gil Benumeya Grimau y, en su corto pero denso viaje a través de los avatares por los que ha evolucionado la literatura magrebí en expresión española, viene a destacar el hecho de que quienes han venido poniendo las simientes para que se desarrolle este tipo de literatura, única y sorpresiva, han sido precisamente unos cuantos creadores, solitarios, sin duda, pero que creían firmemente en lo que estaban haciendo. Y la mayor parte de ellos provienen de dos ciudades en concreto: de Tetuán y de Larache (lo que, en este caso, me llena de orgullo, por razones obvias).

       Efectivamente, desde las revistas ALMOTAMID en Larache y KETAMA en Tetuán, durante la época del Protectorado, los primeros autores marroquíes que se atrevieron a crear en castellano encontraron allí su primer trampolín para dar a conocer sus poemas, ensayos o traducciones. El profesor Fernando de Ágreda señala al respecto: Dris Diuri nos ofrecía generosamente su colaboración… y decía en unos de los párrafos de su carta escrita el 14 de Junio de 1978: “Debo aclarar que todos mis trabajos – o pequeños libros – están escritos en el Gran Idioma Cervantino y no he podido encontrar ninguna ayuda para su publicación o traducción a otras lenguas…Finalmente desearía hacer una pequeña observación: tal vez sea el único marroquí o somos muy contados los que escribamos en español, pero desgraciadamente no contamos con asistencia en ningún sentido por parte de nadie. Navegamos en mar solitario o en bosque sin luz. Y creo sinceramente que merecemos un poco de atención. (1)

      A esta llamada de auxilio que ya hacía el poeta larachense en 1978 es a la que acude CALLE DEL AGUA, como si de un barco de rescate que navegara por el estrecho se tratara. Y es justo que así lo haga, pues es digno de reconocimiento el esfuerzo que supone el hecho de, sin ayuda alguna, sin apoyo institucional, sin la promesa no ya de una segura publicación sino siquiera de ver la luz en medios más asequibles (por ejemplo, la prensa, y hago en concreto esta alusión porque, actualmente, como si se acrecentasen las dificultades, también han desaparecido, para nuestra desgracia, los escasos periódicos o suplementos diarios que se publicaban en español en Marruecos); es decir, sin prácticamente salidas a sus creaciones, estos autores se empecinan en seguir escribiendo en castellano. De ahí que Rodolfo Gil quiera rendir un sutil pero merecido homenaje a esos francotiradores que han abierto el camino a otros soñadores: desde esos autores marroquíes que se lanzaron a escribir en revistas literarias en el Protectorado a la “figura principal” del periodista Said Jedidi quien, también contra corriente, ha sabido liderar y mantener un informativo televisivo en castellano desde  la Televisión Marroquí, algo homérico, y no soy excesivo, tras casi treinta años fajándose contra viento y marea; sin que el prologuista olvide, tampoco, al periódico L´Opinion con su página en español como “semillero principal de mucho intento de creación en lengua española” o a la tristemente desaparecida La Mañana en la que tan extraordinaria labor desarrollara la periodista Khadija Warid; ni deje de mencionar la labor de otros periodistas y profesores de literatura y lengua española como Mohamed Larbi Messari, Mohamed Chakor, Bounou, Ahmed Mgara, Abellatif Limami y Aziz Tazi (estos tres últimos coautores del libro objeto de este artículo), o la labor desarrollada por la Asociación Española de Escritores Marroquíes en Lengua Española (AEMLE) y la Asociación de Hispanistas Marroquíes de Fez. (2)

Said Jedidi

     CALLE DEL AGUA, como vengo diciendo, ha sabido estructurarse de una manera inteligente, fácil y accesible al lector profano que pretenda acercarse a esta literatura tan “sui generis”, pues, de varios plumazos, puede hacerse una idea muy certera de lo que ésta significa y lo que abarca. Tras el prólogo de Rodolfo Gil, ya mencionado, un estudio introductorio por parte de los cinco autores nos sirve para marcar las pautas, orientaciones y casuística de la obra, y hasta justificar esta antología. Estudio introductorio que se desmiembra, a su vez, para situarnos en el marco geográfico referencial, el desarrollo histórico del español en el Magreb, la interesante evolución que va del hispanismo a la “creación” literaria en el propio Magreb, con un posterior desarrollo a través de los autores, y, por último, lo que quizás emerge de todo este trabajo, a saber, la fijación, para algunos audaz, para mí certera, de la “literatura hispanomagrebí (o literatura española escrita en el Magreb) frente a la denominación de <escritores magrebíes de expresión en castellano>” (3).

     Como los autores de esta antología se preocupan de subrayar “el lector va a encontrar una literatura que hace una considerable apuesta por la musicalidad, cobrando el texto un gran sentido educativo a través de la moraleja…, apareciendo en escena imágenes hasta ahora casi inéditas en la literatura española peninsular, junto a elementos literarios… consustanciales a su identidad personal, étnica o racial. Además de un vocabulario que enriquecerá el acervo español…”.

Ahmed Mgara & Abdellatif Limami

     Para rematar la faena, CALLE DEL AGUA, con acierto absoluto, viene a ofrecer al lector la posibilidad de descubrir esta nueva literatura a través de sus narradores y de sus poetas y, en esta dualidad, dedicar un análisis panorámico a cada género (Abdellatif Limami lo hace con la narrativa y Aziz Tazi con la poesía) y luego un análisis específico a los autores seleccionados (Manuel Gahete presenta a los narradores y José Sarria a los poetas), para cerrar la obra con una muy buena selección de textos de los autores estudiados, con lo que tenemos una visión global, en horizontal y en vertical, de ellos y de las obras que están gestando.

     No puedo dejar de mencionar a los autores seleccionados porque, en definitiva, ellos son los artífices reales que sustentan la antología. Manuel Gahete efectúa el correspondiente análisis crítico de los narradores, que son: Mohamed Chakor, Mohamed Sibari, Mohamed Akalay, León Cohen Mesonero, Said Jedidi, Mohamed Bouissef Rekab, Mohamed Lachiri, Ahmed M. Mgara, Larbi El Harti y Ahmed Daoudi. Mientras que los poetas, analizados de la misma manera por José Sarria, son: Moisés Garzón Serfaty, Mohamed Chakor, Mohamed Sibari, Sara Alaoui, Mohamed Toufali, Mohamed Doggui, Aziz Tazi, Mezouar El Idrissi, Abderrahman El Fathi, Moufid Atimou, Souad A. Abdelouarit y Jalil Tribak.

Manuel Gahete

Aziz Tazi

***

Valiente me parece el hecho de que sus autores, sin reservas, derrochen honestidad y sinceridad y adviertan, desde el comienzo, que nadie busque, aún, una obra excelente, inolvidable, una obra magna o un autor transcendental, pues, esto es lo cierto, estamos ante una literatura en ciernes, en pañales. En la presentación del libro en Tánger, tanto Manuel Gahete, al referirse a los poetas, como Abdellatif Limami, respecto de los narradores, dejaron bien claro que, en una mayoría de ellos, aún no se ha producido una depuración en su escritura… “Por eso, el lector de ciertas obras  de esta escritura de marroquíes en lengua española se siente frustrado cuando establece su primer contacto con sus creaciones: muchas dificultades lingüísticas, carencia de una verdadera estructura novelesca, trama sencilla (simplista a veces), “creadores” transformados en “albañiles” por no decir “peones”. Pero como el fenómeno está en sus premisas, los altibajos son normales y evidentes”. (4)

     Me atrevería a decir, sin ambages, que siendo todo ello cierto, también lo es que ya comienzan a verse los primeros frutos de una “elevación” paulatina en la obra de esta literatura hispanomagrebí, es decir, una concienciación en los propios autores de una mayor exigencia crítica, un mayor esfuerzo por parir obras más trabajadas, de mayor enjundia literaria.

     Sería el caso, por ejemplo, de Mohamed Bouissef Rekab. Narrador agresivo y aguerrido, sufre en sus primeras obras de ese mismo mal que ya mencionan los autores de CALLE DEL AGUA, es decir, la descompensación en la estructura narrativa, trama simple, etc… Sin embargo, una de sus últimas novelas “Aixa, el cielo de Pandora” (5), con un dominio absoluto del castellano, es una novela ambiciosa, que no defrauda en ningún aspecto: narración que bebe del realismo social acunado por Mohamed Chukri, trata todos los temas que obsesionan a los creadores marroquíes (las contradicciones de su sociedad, la interacción entre las tres culturas, la moral…), pluralidad de narradores y puntos de vista, un marco geográfico concreto (en este caso, la ciudad de Larache, y en menor medida Tánger y Tetuán), mezcla de realidad y ficción, la crudeza de la miseria representada en el personaje protagonista, la dignidad, sin embargo, del desheredado, y, como colofón, un cuidado en el lenguaje, con frases de una belleza formal que trascienden el propio texto (“se hallaba rodeada de tristezas detenidas en su vida”).

    Es en esta obra, quizás más que en ninguna otra, donde el uso del castellano sirve al autor para dar rienda suelta a tramas, personajes y creaciones que, en árabe, le estarían vedados. No olvidemos que el árabe, como idioma del Profeta, no puede ser utilizado para contar ciertas historias, para transcribir ciertas expresiones que se considerarían blasfemas. El castellano, en este sentido, sirve al escritor de vía de escape para contar lo que no puede en su idioma original. Por supuesto que, con esta afirmación, no estoy diciendo más que lo que he dicho, pues lo cierto es que los autores magrebíes que utilizan el castellano como arma literaria lo hacen porque lo han decidido libremente, porque es “su idioma creativo”.

     Otro ejemplo de esta evolución positiva sería el de Mohamed Akalay, evolución fácil de advertir desde “Entre dos mundos” (6) del año 2003 a los relatos que recopila en “Entre Tánger y Larache” (7) de 2006. Mientras que en su primera novela también aflora esa falta de pulso narrativo, una estructura simplista, narrador errático, en su siguiente libro hallamos relatos de gran factura literaria, entre los que destaca «Luz de vida», un cuento redondo, bien construido, sobre el sentido de la vida y la ilusión por disfrutar de nuestra existencia sea cual sea nuestra edad, con el que Akalay, además, ganó el Premio Eduardo Mendoza de Relato Breve. Y tanto «Alcoba y amor»  como, sobre todo, «El peso de la vida» constituyen dos pequeñas joyas.

Sergio Barce, Mohamed Akalay, Abdellatif Limami, Said Jedidi, Mohamed Sibari y Abderrahman El Fathi

Sergio Barce, Mohamed Akalay, Abdellatif Limami, Said Jedidi, Mohamed Sibari y Abderrahman El Fathi

     En la poesía se hallan claros valores en alza. El hecho de que, en muchos casos, estos creadores sean profesores universitarios de literatura o lengua española les hace dominar mucho mejor el idioma y crear, en ese aspecto, con una mayor soltura. Aunque Manuel Gahete también indicó en la presentación del libro que falta aún mucho camino por andar para poder hablar con propiedad de una poesía hispanomagrebí que descolle, lo cierto es que los poetas presentes en ese acto, Abderrahman El Fathi y Moufid Atimou, con la lectura de varios de sus poemas, demostraron que, a poco que evolucione sus respectivas obras, se van a convertir en voces a tener en cuenta y, en concreto, dentro del panorama de la poesía hispanomagrebí, quizás en dos de las más importantes. Aunque, como bien dice Aziz Tazi “…la verdadera y certera expresión poética se logra, en la poesía magrebí escrita en español, de una manera satisfactoria en algunos casos y de un modo exquisito en otros pocos” (8)

     Quizás deba pedir disculpas por esta digresión imprevista, pero el abanico de posibilidades que se abre cuando se analiza el fenómeno de la literatura hispanomagrebí hace inevitable el tomar alguno de sus afluentes o remontar el río a contracorriente para puntualizar algún punto o subrayar alguna opinión anterior.

      Lo importante, en definitiva, es el hecho en sí de que CALLE DEL AGUA, como resultado del loable esfuerzo de sus cinco autores, sirva para dar a conocer, como así lo logra, a estos narradores y poetas magrebíes que luchan por no zozobrar en este maremágnum de la globalización pero que, en su singularidad, en su tenacidad por defender la libertad del creador para elegir su idioma de expresión artística, siguen manteniéndose a flote y, cada vez, con más seguridad y brío.

     La selección de textos de CALLE DEL AGUA termina con varios poemas de Moufid Atimou, y me parece acertado cerrar este artículo con los últimos versos del titulado “Las envejecidas caras”:

 …

Me acuerdo de estas envejecidas caras,

Cuando andaban firmes como montes,

Que andan curvados y tristes,

Temiendo tropezar en granos,

Sin poder levantarse nunca más. (9)

     Los escritores hispanomagrebíes, por el contrario, parecen avanzar erguidos, sin temor a tropezar, levantándose una y otra vez, pese a los imponderables.

 Sergio Barce

(1) “Dris Diuri y la revista Al-Motamid (Trina Mercader). Una aventura utópica” artículo de Fernando de Ágreda publicado en La Gaceta Informativa de Larache nº 5, Noviembre de 2006.

(2) Prólogo de “Calle del agua” de Rodolfo Gil. Páginas 13 y ss.

(3) “Calle del Agua”. Páginas 21 y ss.

(4) Abdellatif Limami. Página 52 de “Calle del agua”.

(5) “Aixa, el cielo de Pandora” de Mohamed Bouissef Rekab. Quórum Editores, Colección Algarabía. Cádiz, 2007.

(6) “Entre dos mundos” de Mohamed Akalay. Ed.AEMLE, Tánger, 2003.

(7) “Entre Tánger y Larache” de Mohamed Akalay. Sial Ediciones. Madrid, 2006.

(8) Aziz Tazi. Páginas 85-86 de “Calle del agua”.

(9) “Las envejecidas caras” (Inédito, verano 2007). “Calle del agua”. Página 241

Etiquetado , , , , , , , ,

CARTAS Y CORTOS de LEÓN COHEN MESONERO

León Cohen Mesonero

Cartas y Cortos

hEBRAICA EDICIONES

León Cohen, escritor larachense, publica en los próximos días su nuevo libro «Cartas y Cortos» (Hebraica ediciones, 2011). Parece que últimamente los autores larachenses nos prodigamos mucho más que antes, y siempre es una alegría para mí poder dar la noticia del trabajo de algún amigo. León Cohen lo hará en pocos días, razón suficiente para comunicarlo a todos vosotros.       Sergio Barce

Como aperitivo de su libro, reproduzco a continuación una pequeña parte de una de las cartas que León incluye en su libro,

así como el prólogo que le ha escrito la poetisa Paloma Ferández Gomá.

Carta a mis tías

(fragmento)

«Crecí  entre mujeres solitarias. Mi abuela Luna enviudó muy joven. Mi tía Raquel nunca tuvo marido, dedicó su vida a educar a su única hija. Mi tía Mery fue madre soltera y murió muy joven. Mi tía Simy, se separó a los seis meses de casada y no volvió a convivir con ningún hombre hasta su muerte con noventa años. Fue solidaria con su hermana Mery y adoptó al hijo de ésta como suyo. Sus primas hermanas Simy y Alló también vivieron la mayor parte de sus vidas solas. Lo sorprendente de todas estas mujeres, hermanas y primas de mi padre, es que nunca necesitaron a hombre alguno para recorrer sus caminos vitales. La ausencia del hombre era lo característico de la casa de mi abuela Luna. Esa capacidad de la mujer para prescindir del hombre como pareja o como sostén. La relación de estas mujeres con los hombres fue de protección, como madres o como hermanas. Esa convivencia con aquellas mujeres autónomas, me llevó al conocimiento temprano de la fortaleza y de la superioridad manifiesta de la mujer sobre el hombre en su enfrentamiento con la vida. Ese conocimiento me condujo a respetarlas y a admirarlas desde muy niño. Aquellas mujeres libres y valientes que se llamaron Simy, Raquel, Alló o Luna, de las que recibí mi educación sentimental,  sin ellas proponérselo.

 Escribir una carta transcurridos cincuenta años, teniendo además la certeza de que no os va a llegar, es un intento vano. Pero la carta puede llevar implícita una segunda intención y espero que me sirva al menos a mí como terapia y exculpación. Uno siempre mantiene con sus muertos un sentimiento ambiguo, a medio camino entre la culpa y la deuda. Como si les debiera una explicación, como si ellos preguntaran o quisieran saber por qué nunca más he  vuelto a hablar con ellos, como si tuviera una necesidad imperiosa de devolver parte del cariño recibido. Esta carta siempre ha estado persiguiéndome, siempre ha esperado a ser escrita. Esta es una carta debida, el pago por una deuda de amor, un homenaje póstumo, un tributo al cariño que nos profesamos, un retorno al pasado, a un universo repleto de momentos mágicos. Más tarde o más temprano, el tiempo nos devuelve al jardín de la infancia, al jardín de los recuerdos, que para mí siempre será el Jardín de las Hespérides…»

Jacob Cohen, padre de León


NOSTALGIA DE LA LUZ, prólogo a «Cartas y Cortos» de Paloma Fernández Gomá:

«León Cohen Mesonero, profesor de la Escuela Politécnica Superior de Algeciras (Universidad de Cádiz), es un escritor que cuenta con una obra amplia y sólida; su narrativa abre horizontes históricos recordando  un pasado que revive todos los instantes que existen en la memoria del autor y lector. Entre sus obras anteriores podemos citar: RELATOS ROBADOS AL TIEMPO, CABOS SUELTOS, LA MEMORIA BLANQUEADA, también colabora habitualmente en revistas culturales de difusión internacional y su obra ha sido recogida en diversas antologías de Literatura  Contemporánea Hispanomagrebí.

León Cohen

 Que sirvan estas palabras a modo de introducción para acercarnos a la última obra de León Cohen Mesonero: CARTAS Y CORTOS , haciendo así una breve semblanza de su fecunda y multicultural trayectoria literaria, siempre avalada por su exquisito discurso narrativo, que nos invita a adentrarnos en el disfrute de su magnífica prosa.

León Cohen divide su libro en dos capítulos o apartados: Cartas y Cortos.

En el primer apartado reúne un total de 14 cartas, que merecen ser leídas en rigor, pues reflejan un discurso literario bien conformado y elocuente que adentra al lector en el mundo que el autor quiere mostrar desde una perspectiva subjetiva, pero abierta a comentarios o cambios, ya que León Cohen nos abre las puertas de sus convicciones, vivencias y recuerdos desde un umbral expositivo que siempre enseña modos de vida entre el respeto y el conocimiento del “otro”. En definitiva el capítulo Cartas supone un dominio absoluto del género epistolar.

En la primera Carta titulada, Carta de un ciudadano corriente, León Cohen se presenta a sí mismo ante el lector. Y después escribe a una amiga americana, a Alejandro,  a su prima; todas estas misivas suponen una suma de contrastes entre la personalidad del autor, siempre bien definida y abierta al mundo de la tolerancia, lo cual  evidencian las demás cartas que suceden a las anteriormente mencionadas, y el mundo exterior donde acontecen las vivencias que se interconectan con una educación y un pensamiento, que será el que vaya descifrando en clave de “yo personal “ único e intransferible  todo aquello que el autor nos comenta o comunica en  Cartas y Cortos.

En Carta a un amigo virtual, León Cohen confiesa ser un misántropo irreconciliable y en otra misiva nos manifiesta su admiración por el actor José Luis López Vázquez. Las vivencias que tuvo en Larache durante su infancia, nos las deja plasmadas en la epístola dedicada a sus tías. A Jacabo Israel Garzón le recuerda que él es solidario con su pueblo y se reconoce heredero de la educación recibida junto a su abuela y toda la familia de su padre.

Nuestro autor no olvida la poesía  y escribe a Luis García Montero.

El apartado epistolar se cierra con tres cartas dedicadas al hijo de su profesor de inglés, a Agapito y a un joven.

Todas sus misivas son exponentes de una personalidad abierta y solidaria  de un hombre que reúne en sí el legado de tres culturas: árabe, judía y cristiana, que nació y vivió en Larache, en Tánger  y en Algeciras , donde vive en  la actualidad.

 León Cohen es un escritor de espíritu que mira al mundo, un creador innato, que con la fuerza de su palabra nos invita a convivir en una sociedad intercultural y de respeto mutuo.

El capítulo Cortos está configurado por artículos a modo de fotogramas rápidos escogidos de la experiencia , que descifran el pensamiento de nuestro autor  con respecto a diferentes temas. Empieza este  capítulo con un artículo fechado en 1976 donde el autor recorre los datos más significativos de todo lo vivido. Después va desglosando sus  impresiones en un poema titulado Luna: Tres años, dedicado a su hija y fechado en 1981, para pasar, ya plenamente a la narrativa con el artículo Rusia firmado en 1991.

Un total de veintisiete artículos  conforman esta apartado donde: El telediario de las tres, Adiós a Kubala, Los niños de Belfast. Grito de Paz. El guarda de la sinagoga. Hassan II el gran seductor. Sarajevo, Sarajevo. Marrakech. El espíritu de mi pueblo. A Ernest Lluch. Qué dirán de mí cuando haya muerto 1 y 2. Aquel 10 de Febrero 40 años después. Despedidas o Cabos por atar, con el cual  el autor pone punto final al libro y que nos deja  una serie de reflexiones esbozadas  sobre la existencia y la vida del hombre, razones para seguir viviendo o replanteamientos para dar una respuesta coherente a todo aquello que nos atañe o envuelve como personas.    

Los textos antes citados conforman, entre otros,  un amplio retrospectivo y sugerente caleidoscopio que nos permite asomarnos a la pletórica narrativa de León Cohen Mesonero, un escritor que es referencia para acercarse y conocer más y mejor las tres culturas del Mediterráneo.»

PARA RECIBIR MÁS INFORMACIÓN:

Prof. Dr. León Cohen Mesonero
Catedrático de Universidad – Dpto Ingeniería Química y Tecnologías de Alimentos
Universidad de Cádiz
Avda Ramón Puyol s/n
11202 Algeciras
e-mail : leon.cohen@uca.es

Etiquetado , , , ,

Exposición del escultor larachense EMILIO GALLEGO

El escultor larachense

Emilio Gallego

expone una muestra de la Espiral Totémica

en la Conferencia Internacional TICCIH que se celebra en Requena, Valencia

A partir del 14 de abril, los participantes y público en general asistente a la Conferencia Internacional TICCIH, 2011 que se está celebrando en Requena, disponen de información y pueden apreciar una pequeña muestra de esculturas a escala del proyecto de arte contemporáneo en la naturaleza, “Piedras al Aire. Canto a la Naturaleza en Espiral”, del artista visual y escultor afincado en esa ciudad, Emilio Gallego (Larache, 1960). Recordemos que las 22 esculturas de este singular proyecto, una de las instalaciones escultóricas que abarca más extensión geográfica del mundo, están situadas en forma de espiral sobre el mapa, a lo largo de toda la denominación de Origen Utiel-Requena.
Una aportación mas al patrimonio cultural de la zona, de tan larga historia, esta vez desde el ámbito del arte contemporáneo que con su originalidad apoya las interesantes iniciativas de este importante evento que esta teniendo lugar en la sede de la Estación de Viticultura y Enología de Requena.
Organizado por el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de la Generalitat Valenciana y por el Ayuntamiento bajo el título, “Paisaje y Patrimonio Cultural del vino y de otras bebidas psicotrópicas”, sin duda esta Conferencia Internacional, aportará valor para la tan ansiada, como merecida catalogación del municipio como “Paisaje Cultural de la Vid y el Vino” por parte de la UNESCO.
Además de la obra que hemos comentado, también puede apreciarse una escultura mural del proyecto inédito del mismo artista, “La Danza de Baco”, con materiales como plomo, cobre o sarmientos y que verá pronto la luz. Un trabajo de varios años que continúa ahondando en las raíces de esta tierra, una vez más desde la óptica contemporánea.

Gabriela Grech, Sergio Barce & Emilio Gallego

Etiquetado , , , ,

Artículos sobre la novela LA CIUDAD DEL LUCUS de LUIS CAZORLA

Tras la presentación de su novela «La ciudad del Lucus» (Almuzara, 2011), mi paisano y amigo Luis Cazorla viene recogiendo los frutos de todo el esfuerzo que ha supuesto escribir este libro.Y de entre los comentarios y articulos que van apareciendo, he escogido como apertura las palabras que ha escrito sobre esta obra don Antonio Amat, además de las que se han hecho a través de diversos medios de comunicación.

EUROPA PRESS.- Sevilla, 17 de Febrero.

 

Durante el reparto de África – ANDALUCÍA.-El libro ‘La ciudad del Lucus’ relata las tensiones dramáticas de la época colonial de principios del siglo XX

Cuenta la historia de inmigrantes españoles humildes que «encontraron nuevos horizontes» en el norte de Marruecos

El escritor Luis María Cazorla relata en su nueva novela ‘La ciudad del Lucus’ (Editorial Almuzara) las tensiones dramáticas que existían en la época colonial de principios del siglo XX, «una etapa en la que Francia, Inglaterra y Alemania se reparten África y se disputan sobre todo el predominio en Marruecos», lo cual «predetermina en buena parte el reparto colonial».

Así lo ha reseñado en una entrevista con Europa Press el autor del libro, quien destaca que «España llegó a Marruecos defendiendo sus derechos históricos por ser potencia colonial», si bien en los primeros años del siglo XX «ya se apunta lo que va a ocurrir después con el desastre de Annual».

De esta manera, recuerda Cazorla, hace cien años que Canalejas envió al teniente coronel Fernández Silvestre a la ciudad del Lucus, Larache, el 8 de junio de 1910, fecha en la que Sigue leyendo

Etiquetado , , ,

LARACHE vista por… SARA FERERES DE MORYOUSSEF

En su exquisito libro “Larache, crónica nostálgica” (Centro de Estudios Sefardíes de Caracas, 1996), la escritora larachense Sara Fereres de Moryoussef, se acerca a la ciudad en la que vivió y creció con la nostalgia propia de la distancia, tanto física como temporal. Igual que a otros autores, como León Cohen, Cristina Martínez o yo mismo, ese retroceder en el tiempo y en el espacio para recuperar la memoria del Larache particular de cada uno de nosotros, conlleva, casi ineludiblemente, el barniz de la idealización. Y es que, cuando la experiencia vital está llena de dulces sabores, las palabras brotan cadenciosas pero pasionales, trémulas a veces pero emocionadas. Sara Fereres no puede evitar una declaración de amor a Larache en cada página de su libro, que es una crónica nostálgica, sí, pero una crónica palpitante también.

Molly Benarroch, Jacobi Benay, SARA FERERES y Anita Benarroch

Se detiene en la descripción del Larache en la que Sara vivió, en cada calle, en cada edificio, y lo hace sin prisas, demorándose en los recuerdos.

Fue durante la década de 1940-50 cuando la ciudad tomó gran empuje. Se construía más, pues había mucha gente nueva de la Península. Casi todas las calles transversales ya tenían vivienda. Se abrieron nuevos comercios y se instalaron más bares y restaurante. Otro cine nuevo surgió, llamado María Cristina, y la gente se expandió viviendo hasta en lugares que antes eran campos pelados.

Como a unos cuarenta metros de nuestro edificio, atravesando la calle Cervantes, se encontraba el Banco Español de Crédito. Era un hermoso edificio cuyas paredes estaban cubiertas de mármol gris, si mal no recuerdo, y que aún existe. Un poco más adelante podíamos ver la única iglesia del pueblo. Pequeño pero atractiva. Muy sencilla, sin ningún estilo, aunque acogedora en su modestia. Estaba situada al fondo de una especie de plazoleta, decorada con macizos de plantas y flores, entre unos setos divisores. No era una gran cosa, sino más bien una iglesia muy adecuada para el pequeño pueblo que era Larache.

De los dos únicos quioscos de diarios y revistas que teníamos, el de Cremades era el más completo. Allí vendían toda clase de lecturas y comiquitas para los niños: Mari-Pepa, Juan Centella, Tarzán, El Fantasma, los de Walt Disney, etc… Cromos para coleccionar y cartones para recortar y armar barcos, casas, automóviles… Ahí no se vendían <chucherías>. Esto que existe hoy en todas partes era, durante mi infancia y parte de mi juventud, casi desconocido entre nosotros. Supongo que por esos mismo apenas había un par de dentistas o tres en Larache.

(…) Dejando atrás la iglesia y Cremades nos encontrábamos en la parte comercial de la avenida. El edificio de los Gallego, separado por un pasaje de otro edificio, la Banca Gallego. Los cafés o tascas, digamos más exclusivos, estaban allí mismo en la avenida: el Café Mau y el Canaletas, con la pastelería de Orozco que los separaba.

Para ir a la calle Chinguiti, el <paseo> de la ciudad, salíamos de la Canaletas y tomábamos a la derecha para entrar al pasaje que nos conducía directamente a ella. La avenida y la calle Chinguiti eran paralelas. En estas calles se encontraban los dos cines y una serie de comercios con toda clase de artículos. También las otras dos buenas pastelerías que teníamos: La Suiza, casi frente al Teatro España, y la <del valenciano> que era también heladería en verano y se hallaba casi al final del paseo. Lo mismo que La Suiza, estaba situada frente al otro cine llamado Cine Ideal.

(…) …teníamos el Cine Ideal que era eso, ideal. Bonito, nuevo y moderno, con asientos tapizados y todo él <sha´aleando>. Allí se estrenaban buenas películas y, como es natural, no nos las perdíamos.”

CINE IDEAL en la calle Chinguiti – hoy Avda. Hassan II

Sara Fereres, como digo, hace un recorrido por todo el pueblo, dedica un capítulo al Zoco Chico, a la época de la guerra, que tanto sufrimiento trajo a gente maravillosa de Larache, condenados al ostracismo por sus ideas, y también describe la playa y el paso del río en barca, cómo no, y las fiestas, el ´Id-el-Kebir, el Purim… Una descripción fiel de la convivencia que mantuvieron las tres religiones en Larache, un ejemplo que no nos cansamos de mostrar al mundo.

Así relata la fiesta del ´Id-El-Kebir y la romería a Lal-la Mennana.

“La fiesta grande era el ´Id-El-Kebir. En Larache dedicaban ese día a honrar a una santa mujer, Lal-la Mennana que estaba enterrada justamente en el cementerio emplazado en todo el centro de la ciudad y que llevaba su nombre.

Ese era un gran día para los musulmanes. Se iniciaba en la víspera. Al día siguiente, desde el amanecer, comenzaban a reunirse los fieles en el entorno del Zoco Chico, cerca de la mezquita y de allí partía la procesión que los llevaría a través de la Avenida Generalísimo Franco hasta el cementerio, donde después de rendir honores a la santa, terminaba la romería.

El propósito era llevar ofrendas a Lal-la Mennana. Los principales entre ellos se llamaban <shrifis>, o sea jeques y precedían la caravana que componía gente llevando ofrendas. El <shrif> iba montado a caballo o mula, de preferencia blanco.

Él mismo iba vestido de blanco. .. (…) Había muchas paradas y en cada una de ellas los devotos <´issauis<, una secta de derviches, se dedicaban a bailar al son de tambores y chirimías, esas flautas morunas de sonido monótono y agudo. Los movimientos eran rítmicos pero violentos. Giraban la cabeza como si fuera un trompo y se excitaban a tal punto que perdían la noción del dolor. Los he visto cortarse, pincharse con hojas de chumberas llenas de espinos largos y agudos, golpearse con hachas la cabeza y sangrar. Hasta caminar sobre carbones encendidos y levárselos a la boca, sin que demostraran sentir dolor…

(…) Curiosamente, la hija de los cuidadores de nuestra huerta era una <´issauía>. Una vez le pregunté cómo hacía y me mostró como se <haireaba> ella al seguir ese ritmo tan enloquecedor. Me dijo que era fácil y que lo intentara. Muy imprudentemente seguí su consejo y terminé vomitando a causa del mareo.”

Y la fiesta del Purim:

“Para la fiesta del Purim todas las casas hebreas de Larache se convertían en pastelerías.

Esta fiesta es la más dedicada a los niños del pueblo judío. Es un día de regalos y golosinas. También los indigentes la disfrutaban. Fiesta alegre para visitar a los amigos y a la familia. Igual que para recibir. Día de puertas abiertas hasta el anochecer.

(…) A la entrada de cada casa se ponía sobre un mueble o mesita una bandeja llena de moneda fraccionaria, para tenerla a mano y ofrecer su óbolo a cualquiera de los tantos indigentes que se presentaban durante el día con ese propósito. Llegaban hombres, mujeres y niños. A cada quien se le daba lo que correspondía: moneda fraccionaria para niños, pesetas o <duros> para los adultos. Los pequeños de la casa ofrecían a los críos y los adultos los hacían a los mayores.”

Avenida Chinguiti – cine Ideal (otra perspectiva)

Sara dedica un hermoso capítulo a un hombre, Abd-el-Kamel, lleno de cariño, ternura y afecto (pero que no transcribo porque creo que merece la pena que lo descubra el lector de este relato). Uno de los más conmovedores de su libro, y que me recuerda mucho a mi cuento “Mina, la negra”.  Y es que, aunque de épocas distintas, las experiencias en Larache nos unen a todos, vivencias casi paralelas que saltan de un decenio a otro, pero que no dejan de estar marcados a fuego por la misma tierra, por la misma gente, por la misma sangre.

Sergio Barce, abril 2011

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , ,