Aviso a navegantes. Este próximo 25 de noviembre de 2022, en salas de cine, se estrena la película Los constructores de la Alhambra, dirigida por Isabel Fernández. Por cuanto he leído e indagado, se trata de una cinta llena de poesía y belleza, emocionante y diferente. Por eso, os hago llegar este anuncio. En el siguiente enlace, encontraréis las ciudades y salas en las que se estrenará, por si tenéis la oportunidad de asistir:
Como se indica en la ficha: «La película se basa en las crónicas de Ibn al-Jatib, “El de las dos vidas”, uno de los mayores historiadores de la Edad Media en Europa. Poeta, diplomático, médico, filósofo… Un hombre del Renacimiento antes del Renacimiento, que tuvo una actividad intelectual frenética, escribiendo más de setenta obras de poesía, jurisprudencia, o medicina, y cuya fama traspasó las fronteras del Reino de Granada...» Este personaje histórico es quien servirá de hilo conductor para adentrarnos en la Alhambra y en sus secretos. Ibn al-Jatib está interpretado en la película por el excelente actor egipcio Amr Waked, que ha intervenido en cintas dirigidas por Luc Besson, Ricky Tognazzi, Stephen Gaghan, Tarek Alarian o Lasse Hallström, aunque creo que es su papel en la serie House of Saddam (2008) dando vida a Hussein Kamel uno de sus mejores trabajos.
Su directora, Isabel Fernández, es productora, guionista y directora de cine independiente. Sus documentales han sido emitidos por las principales televisiones públicas europeas. A través de su productora, Al Pati Produccions, desarrolla films comprometidos con temas sociales que exploran las fronteras entre el documental y la ficción, y que apuestan por nuevas narrativas. Su filmografía incluye el corto documental The Neighbour (2015, premiado en el Festival de Aljazeera) y los largos El fill de son pare (2010, mención especial del jurado en Prix Europa) y Corredors de fons (2014, mejor dirección en el Festival de Aljazeera y mejor guion en Europe-Orient du Film Documentaire, en Asilah).
Hoy rescato dos fotogramas llenos de sensualidad, que tienen muchos puntos en común. Para empezar, la atracción de un hombre maduro por una adolescente. Claro, en cuanto se plantea este asunto, salta el nombre de Lolita. En efecto, la primera imagen pertenece a la adaptación que de la novela de Nabokov rodó Stanley Kubrick en 1962, y en ella vemos al gran James Mason con la dulce y provocativa Sue Lyon. En el segundo aparece otro de los grandes, Eli Wallach, con la sugerente Carroll Baker, y pertenece a Baby Doll (1956) del maestro Elia Kazan. Las similitudes son evidentes: el mismo corte de mujer joven e inocente (las dos actrices se parecen casi como un calco), el mismo patrón para el varón (un hombre de edad madura). Dos obras maestras y un tema que da para mucho. Rescatemos este cine arriesgado, recuperemos historias irreverentes que creen polémica, que jueguen con los sentidos y los sentimientos, con las creencias y con los códigos morales. Dejemos de ser políticamente correctos para crear arte. Nos hace falta un poco de aire puro, y en el cine clásico se encuentran auténticas bombas de oxígeno.
Sergio Barce, 16 de noviembre de 2022
SUE LYON Y JAMES MASON en «Lolita» (1962) de Stanley Kubrick
ELI WALLACH Y CARROLL BAKER en «Baby doll» (1956) de Elia Kazan
En la fotografía, aparecen el actor James Fox (casi irreconocible con esa peluca) y el cantante Mike Jagger, durante el rodaje de la película Performance (1970) que dirigieron Nicolas Roeg y Daniel Cammel, y de la que Fox y Jagger eran los protagonistas.
Escribe Mark Cousins en su enorme “Historia del Cine” acerca de esta cinta lo siguiente:
“Los directores de fotografía desempeñaron un papel fundamental en la modernización del cine estadounidense de los años setenta, y justamente en Reino Unido uno de ellos acabaría convirtiéndose en uno de los mejores realizadores de la época. Nicolas Roeg logró labrarse una sólida reputación como cámara en el cine comercial. Su primera película fue una revisión del género de los films de gángsters tan radical en la forma y el contenido como conservadora lo fuera El padrino. Codirigida por el vanguardista escocés Daniel Cammel, Performance (Reino Unido, 1970) narra la historia de un gángster de poca monta (James Fox) que acaba refugiándose en la casa de una estrella del rock (Mike Jagger) y sus dos amantes. Tras adentrarse en un mundo de drogas y promiscuidad sexual, el gángster se ve obligado a afrontar su propia ambigüedad sexual; la estrella del rock ve en su violencia innata ese lado salvaje que él ha perdido. Por medio de espejos, maquillaje y ambigüedades espaciales, Roeg y Cammel logran plasmar con maestría la evolución psicológica de ambos personajes tal como hiciera Bergman con la actriz y la enfermera de Persona (Suecia, 1966). No obstante, Performance profundiza más en la figura del artista que el director sueco. Las escenas sobre el pasado del gángster se rodaron a veces con cámaras <saltonas> de 12 mm, que lo distorsionan todo. En la escena del disparo, la cámara parece viajar siguiendo la misma trayectoria que la bala, que atraviesa una cabeza y acaba empotrándose contra una imagen del escritor argentino Jorge Luis Borges. En realidad, la película hace eso mismo: empieza en el vistoso mundo de los bajos fondos de Londres para, a continuación, ir adentrándose en el subconsciente de los dos personajes y ver el papel que desempeña la sexualidad en sus vidas, y sus personalidades.”
Pasados tantos años, no me atrevo a volver a visionar esta película. Temo que el tiempo la haya maltratado y no conserve la frescura que recuerdo de ella, cuando la vi en el Cine Club Universitario, hace ya demasiado tiempo.
Una de las canciones más impresionantes y míticas de Bob Dylan, por su calidad y por su repercusión mediática, es, sin duda, Hurricane, que se publicó dentro del disco Desire, del año 1976; canción en la que cuenta los avatares del boxeador Rubin Carter, que fue injustamente acusado de asesinato y pasó veinte años en la cárcel. Bob Dylan, convencido de su inocencia, escribió la canción y comenzó una campaña en favor de “Hurricane” Carter. Finalmente se demostró que fue acusado con pruebas falsas y que los policías actuaron movidos por un racismo feroz. Estos hechos se relatan en Hurricane, la magnífica película dirigida por Norman Jewison en 1999 y que protagonizó Denzel Washington, en uno de sus mejores papeles.
RUBIN «HURRICANE» CARTER
La letra de la canción es un pequeño relato escrito e interpretado por Bob Dylan.
Pistol shots ring out in the ballroom night Enter Patty Valentine from the upper hall She sees a bartender in a pool of blood Cries out, «my God, they killed them all!»
Here comes the story of the Hurricane The man the authorities came to blame For somethin’ that he never done Put in a prison cell, but one time he coulda been The champion of the world
Three bodies lyin’ there, does Patty see And another man named Bello, movin’ around mysteriously «I didn’t do it» he says, and he throws up his hands «I was only robbin’ the register, I hope you understand»
«I saw them leavin'» he says, and he stops «One of us had better call up the cops» And so Patty calls the cops And they arrive on the scene With their red lights flashin’ in a hot New Jersey night
Meanwhile, far away in another part of town Rubin Carter and a couple of friends are drivin’ around Number one contender for the middleweight crown Had no idea what kinda shit was about to go down
When a cop pulled him over to the side of the road Just like the time before and the time before that In Paterson that’s just the way things go If you’re black you might as well not show up on the street ‘Less you want to draw the heat
Alfred Bello had a partner and he had a rap for the cops Him and Arthur Dexter Bradley were just out prowlin’ around He said «I saw two men runnin’ out, they looked like middleweights Jumped into a white car with out-of-state plates» And Miss Patty Valentine just nodded her head Cop said «Wait a minute, boys, this one’s not dead» So they took him to the infirmary And though this man could hardly see They told him he could identify the guilty men
Four in the mornin’ and they haul Rubin in They took him to the hospital and they brought him upstairs The wounded man looks up through his one dyin’ eye Say «Why’d you bring him in here for? He ain’t the guy»
Here’s the story of the Hurricane The man the authorities came to blame For somethin’ that he never done Put in a prison cell, but one time he coulda been The champion of the world
Four months later, the ghettos are in flame Rubin’s in South America, fightin’ for his name While Arthur Dexter Bradley’s still in the robbery game And the cops are puttin’ the screws to him, lookin’ for somebody to blame
«Remember that murder that happened in a bar?» «Remember you said you saw the getaway car?» «You think you’d like to play ball with the law?» «Think it mighta been that fighter that you saw runnin’ that night?» «Don’t forget that you are white»
Arthur Dexter Bradley said «I’m really not sure» The cops said «A poor boy like you, could use this break We got you for the motel job and we’re talkin’ to your friend Bello You don’t want to have to go back to jail, be a nice fellow You’ll be doin’ society a favor That son of a bitch is brave and gettin’ braver We want to put his ass in stir We want to pin this triple murder on him He ain’t no Gentleman Jim»
Rubin could take a man out with just one punch But he never did like to talk about it all that much «It’s my work» he’d say, «and I do it for pay And when it’s over I’d just as soon go on my way»
Up to some paradise Where the trout streams flow and the air is nice And ride a horse along a trail But then they took him to the jailhouse Where they try to turn a man into a mouse
All of Rubin’s cards were marked in advance The trial was a pig-circus, he never had a chance The judge made Rubin’s witnesses drunkards from the slums To the white folks who watched, he was a revolutionary bum
And for the black folks he was just a crazy nigger No one doubted that he pulled the trigger And though they could not produce the gun The D.A. said he was the one who did the deed And the all-white jury agreed
Rubin Carter was falsely tried The crime was murder one, guess who testified? Bello and Bradley and they both baldly lied And the newspapers, they all went along for the ride
How can the life of such a man Be in the palm of some fool’s hand? To see him obviously framed Couldn’t help but make me feel ashamed to live in a land Where justice is a game
Now all the criminals in their coats and their ties Are free to drink martinis and watch the sun rise While Rubin sits like Buddha in a ten-foot cell An innocent man in a living hell
Yes, that’s the story of the Hurricane But it won’t be over ‘til they clear his name And give him back the time he’s done Put in a prison cell, but one time he coulda been The champion of the world
DENZEL «HURRICANE» WASHINGTON
TRADUCCIÓN:
Los disparos suenan de noche en el salón de baile
Llega Patty Valentine desde la sala superior Ve al camarero en un charco de sangre Grita: “¡Dios mío, los han matado a todos! Ahora viene la historia del Hurricane El hombre al que culparon las autoridades Por un crimen que no cometió Lo encerraron, pero pudo haber sido El campeón del mundo
Tres cuerpos tendidos, es lo que Patty ve Y otro hombre llamado Bello, merodeando misteriosamente, “Yo no fui”, dice, y levanta sus manos “Yo solo robaba la caja, espero que lo entiendas Los vi marcharse”, dice, y se calla “Uno de nosotros debería llamar a la policía” Y Patty los llama Y llegan a la escena con sus luces rojas parpadeando En la calurosa noche de Nueva Jersey
Mientras tanto, lejos, en otra parte de la ciudad Rubin Carter pasea en coche con un par de amigos El aspirante número uno a la corona de los pesos medios No tenía ni idea de la mierda que se le caía encima Cuando un poli lo detuvo a un lado de la carretera Como la vez anterior, y otra vez antes Pero, en Paterson, así son las cosas Si eres negro, es mejor que no te dejes ver por la calle Si no quieres tropezarte con la bofia
Alfred Bello tenía un compañero y un chivatazo que dar Él y Arthur Dexter Bradley estaban merodeando por ahí Dijo: “Vi a dos corriendo, parecían pesos medios, Se metieron en un coche blanco con placas de otro estado” Y la Srta. Patty Valentine asintió con la cabeza El policía dijo: “Esperen un minuto, chicos, éste no ha muerto” Así que lo llevaron a la enfermería Y aunque apenas podía ver Le dijeron que podía identificar a los culpables
A las cuatro de la mañana y arrestan a Rubin Lo llevan al hospital y lo suben por las escaleras El herido lo mira con su único ojo moribundo Dice: “¿Para qué lo traéis aquí? ¡Éste no es el tipo! Sí, ésta es la historia de Hurricane El hombre al que acusaron las autoridades Por algo que nunca hizo
Lo encerraron, pero pudo haber sido El campeón del mundo
Cuatro meses después, los guetos están en llamas Rubin está en Sudamérica peleando por su nombre Mientras Arthur Dexter Bradley sigue con sus artimañas
Y los polis le aprietan las tuercas para que alguien pague el pato “¿Recuerdas el asesinato del bar?” “¿Recuerdas que dijiste que viste el coche que se dio a la fuga?” “¿Qué te parece llegar a un acuerdo?” “¿Crees que podría haber sido ese boxeador que viste correr esa noche?” “No olvides que eres blanco”
Arthur Dexter Bradley dijo: “Realmente no estoy seguro” El poli dijo: “Un pobre chico como tú podría utilizar eso. Te tenemos pillado con lo del motel y estamos hablando con tu amigo Bello. No tienes por qué volver a la cárcel si te portas bien Le estarás haciendo un favor a la sociedad Ese hijoputa se hace más y más valiente Queremos poner su trasero a la sombra Queremos que se coma el triple asesinato Él no es Gentleman Jim”
A Rubin le bastaría un gancho para derribar a cualquiera Pero nunca le gustó alardear Es mi trabajo, diría él, y lo hago por dinero Y cuando se acabe, me iré cuanto antes A algún paraíso Donde corras las truchas y el aire sea agradable Y montar a caballo por un sendero.” Pero entonces lo metieron en una celda Donde tratan de aplastarlo como a una piltrafa
Todas las cartas de Rubin venían marcadas El juicio fue una farsa, em el que no tenía ninguna oportunidad El juez convirtió a los testigos de Rubin en borrachos de tugurios Para los blancos que lo presenciaron él que era un alborotador Y para la gente negra era sólo un negrata loco Nadie dudaba de que él apretó el gatillo Y aunque no encontraron el arma El fiscal lo acusó de ser el autor de los hechos Y el jurado de blancos lo secundó
El juicio de Rubin Carter fue un montaje El crimen fue asesinato en primer grado, ¿adivina quién testificó? Bello y Bradley, que mintieron descaradamente Y los periódicos les siguieron la corriente ¿Cómo puede la vida de un hombre así estar en manos de imbéciles? Para verlo obviamente en una encerrona y no poder ayudarlo me hace sentirme avergonzado de vivir en una tierra Donde la justicia es una mentira
Ahora todos los criminales de chaqueta y corbata Son libres para beber martinis y ver la salida del sol Mientras Rubin se sienta como Buda en una celda de diez pies Un hombre inocente en un infierno Ésta es la historia de Hurricane que no acabará hasta que limpien su nombre Y le devuelvan el tiempo que le han robado Lo encerraron, pero pudo haber sido El campeón del mundo
Ver una película en blanco y negro es como entrar en otra dimensión. Para mí, que me he nutrido de películas clásicas de los años treinta, cuarenta y cincuenta, en cine clubs, en los programas de televisión dedicados al cine clásico y en cintas VHS, y ahora en alguna plataforma interesante, no es lo mismo el cine en color que en los tonos blancos, grises y negros, en los contrastes entre las sombras y las luces. En blanco y negro, el cine es más cine, es como si fuese el “verdadero cine”.
«El buscavias» (The hustler, 1961) de Robert Rossen
De 1960 a 1965, se ruedan, a mi entender, las últimas grandes obras en blanco y negro, realizadas por enormes realizadores: “Psicosis” (Psycho, 1960) de Hitchcock, “Al final de la escapada” (Á bout de souffle, 1960) de Godard, “Rocco y sus hermanos” (Rocco e i suoi fratelli, 1960) de Visconti, “El apartamento” (The apartment, 1960) de Wilder, “Dos mujeres” (La ciociara, 1960) de De Sica, “El manantial de la doncella” (Jungfrukällan, 1960) de Bergman, “Viridiana” (1961) de Buñuel, “El buscavidas” (The hustler, 1961) de Rossen, “El cochecito” (1961) de Ferreri, “Yojimbo” (1961) de Kurosawa, “Vidas rebeldes” (The misfits, 1961) de Huston, “La calumnia” (The children´s hour, 1961) de Wyler, “El año pasado en Marienbad” (L´année dernière à Marienbad, 1961) de Resnais, “El hombre que mató a Liberty Valance” (The man who shot Liberty Valance, 1962) de Ford, “La noche” (La notte, 1962) de Antonioni, “El proceso” (Le procés, 1962) de Orson Welles, “El hombre de Alcatraz” (Birdman of Alcatraz, 1962) de Frankenheimer, “Atraco a las tres” (1962) de Forqué, “Los valientes andan solos” (Lonely are the brave, 1962) de Miller, “La escapada” (Il sorpasso, 1962) de Risi, “Lolita” (1962) de Kubrick, “Jules et Jim” (1962) de Truffaut, “Matar a un ruiseñor” (To kill a mockingbird, 1962) de Mulligan, “El ángel exterminador” (1962) de Buñuel, “Ocho y medio” (8 ½, 1963) de Fellini, “Teléfono rojo” (Dr.Strangelove…, 1963) de Kubrick, “El verdugo” (1963) de Berlanga, “Amores con un extraño” (Love with the proper stranger, 1963) de Mulligan, “El mundo sigue” (1963) de Fernán Gómez, “El prestamista” (The pawnbroker, 1964) de Lumet, “Zorba, el griego” (Zorba the greek, 1964) de Cacoyannis, “Siempre estoy sola” (The pumpkin eater, 1964) de Clayton, “La noche de la iguana” (The night of the iguana, 1964) de Huston, “Gertrud” (1964) de Dreyer, “La caza” (1965) de Saura… Son solo una muestra de ese lento languidecer de este tipo de fotografía porque, como se ve en este listado, cada año hay menos películas en blanco y negro.
A partir del año 1965, no rodar en color se convierte en algo excepcional, porque el technicolor domina las pantallas de manera apabullante. Pero desde ese año, de manera esporádica y a “pizzicato”, surgen cintas que son más perfectas y hermosas por su fotografía en ese blanco y negro hipnótico. Los mejores directores que van surgiendo tras la desaparición paulatina de los grandes maestros, pese a la absurda resistencia de las productoras, logran filmar, aunque sea una vez, en blanco y negro, como una especie de reivindicación por el auténtico cine.
«La batalla de Argel» (La battaglia di Argeli) de Gillo Pontecorvo
Así, desde ese ya lejano 1965, de Bogdanovich a Scorsese y de Allen a Fincher, todos tratan de captar esa magia en gris que a los amantes del cine nos ata a la butaca. No es una lista cerrada, como tampoco lo ha sido la anterior, pero creo recordar las más destacadas de las películas en blanco y negro que se han rodado desde entonces y, repasando los títulos, hay que reconocer que la mayoría de estas películas son muy buenas.
De 1966 son “La muerte de un burócrata” de Gutiérrez Alea; “La batalla de Argel” (La battaglia di Algeri) de Pontecorvo, que utiliza el blanco y negro como si el film fuese un documental, con resultados apabullantes; “Hambre” (Sult) de Henning Carlsen; “Al azar de Baltasar” (Au hasard Baltasar) de Bresson; “Persona” de Bergman, uno de los maestros que supo sacarle todo el partido al “color” grisáceo de nuestras vidas, y “Campanadas a medianoche” de Orson Welles, obra maestra que dirige el genio americano con producción española de Emiliano Piedra, con un blanco y negro muy de meseta castellana pese a la historia más shakesperiana que se ha rodado.
«Campanadas a medianoche» de Orson Welles
De este año 66, también son “¿Quién teme a Virginia Woolf?” (Who´s afraid of Virginia Woolf?) de Mike Nichols o “Plan diabólico” (Seconds) de Frankenheimer, dos fantásticas cintas con un uso acertado del blanco y negro para ambas historias, una sórdida y la otra kafkiana.
«A sangre fría» (In cold blood) de Richard Brooks
De 1967 son la excepcional “A sangre fría” (In cold blood) de Richard Brooks, que gracias a su fotografía recrea el libro de Truman Capote con sombras inquietantes y violentas, una obra maestra. También se rodaron entonces las cintas españolas “La piel quemada” de Josep Mª Forn y la inolvidable comedia “Un millón en la basura” de Forqué. De 1968, es la obra cumbre del cine de terror y de zombis: “La noche de los muertos vivientes” (The night of the living dead) de George A. Romero. También se rueda “Fando y Lys” de Jodorowsky.
“El pequeño salvaje” (L´enfant sauvage) de Truffaut
1970 da a luz otra obra maestra de Truffaut “El pequeño salvaje” (L´enfant sauvage) con una fotografía impresionante del español Néstor Almendros. Del año 1971 es “La salamandra” (La salamandre) de Alain Tanner, y esa joya titulada “La última sesión” (The last picture show) de Bogdanovich, que utiliza el blanco y negro para acentuar la vida monótona, triste y gris de un pequeño pueblo americano. Inolvidable.
“La última sesión” (The last picture show) de Peter Bogdanovich
En 1973 se estrena “Trabajo ocasional de una esclava” (Gelegenheitsarbeit einer sklavin) de Alexander Kluge, que se considera una de las cintas que abanderan el llamado nuevo cine alemán, y, en efecto, como veremos, influye en el uso del blanco y negro en numerosos realizadores, especialmente en Wim Wenders, que ya lo hace al año siguiente, 1974 con su “Alicia en las ciudades” (Alice in den städten). Wenders es uno de los realizadores que más rodará en blanco y negro, obteniendo imágenes que para un cinéfilo son imborrables. También ese año el cine cómico acude al blanco y negro con “El jovencito Frankenstein” (Young Frankenstein) de Mel Brooks, y es un gran éxito. 1976 es el año de “En el curso del tiempo” (Im lauf der zeit) de Wenders, de nuevo rodando en blanco y negro; y de “El desencanto” de Jaime Chávarri. En 1977 aparece la extraña y extravagante “Cabeza borradora” (Eraserhead) de David Lynch, debut del maestro de lo inquietante, con un blanco y negro en nebulosa, como de pesadilla.
“Manhattan” de Woody Allen
Pero en 1979 se proyecta “Manhattan” de Woody Allen y la cinta nos enamoró. Es, quizá, una de las más bellas películas rodadas en blanco y negro. Allen quiso así no solo homenajear a su ciudad sino al cine clásico que tanto admira, y filmó Nueva York como nadie lo había hecho antes. También 1980 es un buen año para el cine en blanco y negro con esa maravilla que es “El hombre elefante” (The elephant man) de Lynch, y ese retrato crudo y sórdido de “Toro salvaje” (Raging bull) de Martin Scorsese. Del mismo año son “De la vida de las marionetas” (Aus dem leben der marionetten) de Bergman y “Stardust memories” de Woody Allen, una película fallida.
“El hombre elefante” (The elephant man) de David Lynch
En 1981 se rueda un film que es un divertido homenaje al cine negro clásico de Hollywood titulada “Cliente muerto, no paga” (Dead man don´t wear plaid) de Carl Reiner, con el insufrible Steve Martin que, sin embargo, aquí actúa aceptablemente. Rodarla en blanco y negro les permitió efectuar un llamativo montaje con escenas de películas de los años cuarenta y cincuenta junto a las rodadas con los actores del film. Y en 1982 se estrena “La ansiedad de Veronika Voss” (Die sehnsucht der Veronika Voss) de Fassbinder, otra de las obras fundamentales del nuevo cine alemán. Su fotografía es como un permanente grito. O así lo recuerdo.
“La ley de la calle” (Rumble fish) de Francis Ford Coppola
1983 también fue un buen año para las películas en blanco y negro con “Zelig” de Woody Allen, una de sus mejores cintas; “Vivamente en domingo” (Vivement dimanche!) de Truffaut y “La ley de la calle” (Rumble fish) de Coppola, otra cinta inolvidable. Tres películas que se alimentan con magníficas fotografías en blanco y negro que las hacen especiales.
Woody Allen suele aparecer en los mejores años para el cine rodado en esos tonos grises y en 1984 no podía fallar con otra de sus mejores creaciones: “Brodway Danny Rose”. De ese mismo año es la excelente “Extraños en el paraíso” (Strangers tan Paradise) de Jim Jarmusch o “Chico conoce chica” (Boy meets girl) de Leos Carax. En 1986 se rueda “Bajo el peso de la ley” (Down by law) de Jim Jarmusch, otro de los directores abonados al blanco y negro, que, como en su cinta anterior, supo sacarle todo el partido a esta fotografía. Y en 1987 aparece otra maravillosa cinta rodada por el imprevisible Wim Wenders: “El cielo sobre Berlín” (Der himmel über Berlin), quizá su mejor película. Es de ésas que se quedan grabadas en la memoria, con los dos ángeles que bajan a la Tierra, en concreto a Berlín, y deambulan por entre las almas grises de los personajes grises de esta historia gris.
“El cielo sobre Berlín” (Der himmel über Berlin) Wim Wenders
A partir de este año, se producen pocas cintas en blanco y negro. No recuerdo ninguna en 1987, y de 1988 es “Lluvia negra” (Kuroi ame) de Shóhei Imamura, también excelente película. La siguiente es de 1990, “Korczak” de Andrzj Wajda. Pero 1991 es el año de “Kafka” de Steven Soderbergh, cinta infravalorada, con una fotografía en blanco y negro excepcional del propio Soderbergh, y de la excelente “Europa” de Lars Von Trier. Al año siguiente, 1992, se alumbra la preciosa cinta “La vida de Bohemia” (La vie de bohème) de Aki Kaurismäki, así como “Sombras y niebla” (Shadows and fog), otra más de Woody Allen.
“La lista de Schindler” (Schindler´s list) de Steven Spielberg
1993 es el año de “La lista de Schindler” (Schindler´s list) de Steven Spielberg, que merece un comentario aparte. Siendo una superproducción, rodada por Spielberg, parecía un enorme riesgo rodarla en blanco y negro. Pero verla supuso reconocer la maestría de un director capaz de rodar lo que se propusiera. Renunciar al color supuso conseguir que la matanza en el ghetto de Varsovia fuera aún más realista, porque todos conservamos en la memoria las imágenes de una segunda guerra mundial en blanco y negro. Fue como ser testigos de la realidad, como estar presentes en la peor de las realidades.
Al año siguiente, 1994, se estrena un atractivo y original western en blanco y negro, “Dead man” de Jim Jarmusch, y otra buena cinta como es “Ed Wood” de Tim Burton que, en color, no habría funcionado de la misma manera. También se rodó en 1994, “Clerks” de Kevin Smith. De 1995 es “El odio” (La Heine) de Matieu Kassovitz, impresionante película que te deja helado, y de “The addiction” de Abel Ferrara, “Lumiére y compañía” (Lumiére et compagnie) de varios directores, “En lo más crudo del crudo invierno” (In the bleak midwinter) de Kenneth Branagh y “Justino, un asesino de la tercera edad” de Santiago Aguilar & Luis Guridi. Al año siguiente, 1997, se proyectan “Kasaba” de Nuri B. Ceylan y “La lección de tango” (The tango lesson) de Sally Potter.
“Dead man” de Jim Jarmusch
1998 es otro gran año para el cine en blanco y negro con las excelentes “American history X” de Tony Kaye, la sorprendente “Pi” de Darren Aronovsky, “Following” de Christopher Nolan, la fallida “Celebrity” de Woody Allen y “The General” de John Boorman, que me parece una película injustamente olvidada. De 1999 son “Juha” de Aki Kaurismäki y “La chica del puente” (La fille sur le pont) de Patrice Leconte, y del año 2000 “You´re the one” de José Luis Garci y “Armonías de Werckmeister” (Werckmeister harmóniák) de Béla Tarr & Ágnes Hranitzky.
“El hombre que nunca estuvo allí” (The man who wasn´t there) de Joel Coen
En 2001 se estrena “El hombre que nunca estuvo allí” (The man who wasn´t there) de Joel Coen, que es de esas cintas que ves con deleite. Nuevo homenaje al cine negro clásico hollywoodiense, pero con el toque de los hermanos Coen y una fotografía maravillosa. Nueva época de sequía para el cine en blanco y negro, salvo en 2003 con “Coffee & Cigarettes” de Jim Jarmusch y en 2004 con “Temporada de patos” de Fernando Eimbcke y “Aalta” de Benoït Delépine.
Hay que esperar a 2005 para que llegue otra gran cinta: “Buenas noches, y buena suerte” (Good night, and Good luck) de George Clooney, film de riesgo, pero de excelente factura, y “Sin City” de Robert Rodríguez & Frank Miller, una cinta más que entretenida, siempre teniendo en cuenta que es puro cómic.
“Buenas noches, y buena suerte” (Good night, and Good luck) de George Clooney
De 2006 es “El buen alemán” (The Good german) de Steven Soderbergh; aunque menospreciada, a mí me parece una cinta con mucho encanto y glamour. En 2007 hay una cosecha variada: “La antena” de Esteban Sapir, “Control” de Anton Corbjin, una excelente película en la que se retrata al líder del grupo Joy Division, y “El hombre de Londres” (A londoni férfi) de Béla Tarr & Ágnes Hranitzky.
“La cinta blanca” (Das weibe band) de Michael Haneke
2009 supone un buen año para las películas en blanco y negro: por un lado, se estrena esa inquietante y rotunda película que es “La cinta blanca” (Das weibe band) de Michael Haneke, y, por otro, la muy interesante “Tetro” de Francis Ford Coppola, pese a que ha sido denostada; y también “Polythecnique” de Denis Villeneuve y “Ciudad de vida y muerte” (Nanjing! Nanjing!) de Lu Chuan, otra de esas cintas que no se olvidan.
2011 es el año del blanco y negro de “The artist” de Hazanavicius, la cinta que mejor ha homenajeado al cine mudo, genial y divertida. También se rueda “El caballo de Turín” (The Turin horse) de Béla Tarr & Ágnes Hranitzky.
“Blancanieves” de Pablo Berger
Y en 2012 se estrenan dos notables películas españolas rodadas además en blanco y negro, es decir, doble riesgo y doble aventura. Se trata de “El artista y la modelo” de Fernando Trueba y “Blancanieves” de Pablo Berger, con las que lo pasé francamente bien por la fuerza de sus imágenes, de sus puesta en escena y de sus intérpretes. También de 2012 son “Frances ha” de Noah Baumbach, “Tabú” de Miguel Gomes, “Mucho ruido y pocas nueces” (Mucha do about nothing) de Joss Whedon, “César debe morir” (Cesare debe morire) de Paolo & Vittorio Taviani y “Oh, boy” de Jan Ole Gester.
“Nebraska” de Alexander Payne
En 2013 se realizan tres buenísimas películas en blanco y negro: la intimista y preciosa “Nebraska” de Alexander Payne, la cruda y apabullante “Ida” de Pawlikowski y una sobria cinta como “A field in England” de Ben Wheatley. En 2014 aparecen “Tusk” de Kevin Smith y “Sin City: Una dama por la que matar” (Sin City: a dame to kill for) de Robert Rodríguez & Frank Miller, y en 2015 la sobresaliente cinta “El abrazo de la serpiente” de Ciro Guerra. De 2016 es “Frantz” de François Ozon.
«Cold war” (Zimna wojna) de Pawel Pawlowski
Ya en 2018 se nos regala dos obras maestras: “Cold war” (Zimna wojna) de nuevo de Pawel Pawlowski, con una factura deslumbrante y una historia agria, pero bellísima, y “Roma” de Alfonso Cuarón, otra inolvidable película y otra inolvidable historia. De 2019 son “El faro” (The lighthouse) de Eggers y “El diablo entre las piernas” de Arturo Ripstein. Y en 2020 se estrena en Netflix la película “Mank” de David Fincher, que me pareció una obra de arte, sin más, con esos tonos grises que tan bien retrataban el Hollywood de los años dorados.
«Mank» de David Fincher
En 2021 se rodaron “La tragedia de Macbeth” (The tragedy of Macbeth) de Joel Coen y “Belfast” de Kenneth Branagh, que aún no he podido ver, pero que ardo en deseos por hacerlo porque prometen buenos momentos cinematográficos.
Mencionaré también algunas cintas que mezclan el color y el blanco y negro, como “Tan lejos, tan cerca” (In weiter Ferne, so nah!, 1994) de Wim Wenders (una vez más), la sorprendente “Memento” de Christopher Nolan, “Kill Bill” (2003) de Quentin Tarantino, “Casino Royale” (2006) de Martin Campbell, con un gran arranque en blanco y negro, o “Blonde” de Andrew Dominik, que recrea a la perfección escenas que todos conocemos de la vida de Marilyn, como esa joya (dentro de la propia película) que es la secuencia que reconstruye el rodaje de la famosa escena de “La tentación vive arriba”, cuando el vestido blanco de la actriz es levantado por el aire que asciende del metro. También la serie “Better call Saul” (2015 a 2022), una de las mejores de los últimos años, utiliza el blanco y negro según qué parte de la trama esté contando.
Dicho esto, sería injusto no mencionar a los directores de fotografía que están tras estas imágenes, los hacedores de los más bellos juegos de luces y sombras: Roger Deakins, Gordon Willis, Sven Nykvist, Néstor Almendros y Robby Müller, que quizá sean los que más me sugestionan, junto a otros grandes como Michael Chapman, Tonino delli Colli, Gilbert Taylor, Freddie Francis, Raoul Coutard, Stephen H. Burum, Robert Richardson, Oswald Morris, Conrad L. Hall, Haskall Wexler, Robert Surtees, Janusz Kaminski, James Wong Howe, Russell Harlan, Carlo di Palma, Emilio Foriscot, Gianni di Venanzo, Christian Berger, Walter Lasally, Jean-Yves Escoffier… O gente como Stefan Czapsky, Pierre Aïm, Flavio Martínez Labiano, Matthew Libatique, Raúl Pérez Cubero, Guillaume Schiffman, Daniel Vilar, Ellen Kuras, Mahai Malaimare…
La conclusión, mi conclusión, es que el uso de la fotografía en blanco y negro, aunque minoritario en el cine actual, cuando se ha utilizado lo ha sido muy acertadamente, y en películas de gran calidad que son mejores gracias a esa misma fotografía. Supongo que la razón es la misma que apuntaba al principio: porque el cine de verdad es el cine en blanco y negro, y ningún buen realizador puede resistirse a su encanto y a su magia, al de los sueños imposibles.