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LARACHE – IMÁGENES DEL PASADO FESTIVAL MULTICULTURAL

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Durante los cuatro primeros días de este mes de mayo, se ha celebrado en Larache el Festival Intercultural organizado por las asociaciones Loukous de Turismo Sostenible, Balkan, Sambanes, Samba da Rua y Kontrabloko, de Madrid, y en la que ha colaborado Larache en el Mundo. El éxito ha sido indiscutible.

Abderrahman Lanjri ha liderado un trabajo de equipo fantástico. Abderrahman me dice que el motor de todo esto lo forma mucha gente como Katya Doseva, Eva Martín y todos los corazones de Madrid que han acudido, pero creo que, en Larache, Abderrahman se merece el reconocimiento de todos.

Abderrahman me hace mucho hincapié en que mencione a los que han ayudado a levantar todo este proyecto, como Ahmed Bilal y su grupo Sarkha (Grito), compuesto de chicas que habían abandonado la escuela y que, gracias al teatro, han vuelto a estudiar.

ENLACE AL VIDEO DE ABDELLAH SERROUKH

https://www.youtube.com/watch?v=SE9H9ncDTuU

Y también a Morad al Jawhari, Abdeslam Kelai, Aziz Kanjaa, Abdelam Serroukh, Abdelilah Amrani, Rachid Serroukh, Abdeslam Soltani, Houssam Kelai, Rachid Bakour, Outman Akjeje, Razin Larbi, y a Abderrahman Sorhani que rodó un magnífico video sobre Lixus… Y como todos los participantes de Larache, Assilah y Safi.

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Y como las imágenes hablan por sí solas, aquí tenéis imágenes del festival, llenas de color y sabor, para poner los dientes largos a los que no han acudido… 

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ENLACE VIDEO 2º VIDEO DE ABDELLAH SERROUKH

https://www.youtube.com/watch?v=eqxmkDv3hvI

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Lo mejor del festival es que ha llegado a todas partes, desde las ruinas del Lixus al Balcón del Atlántico, de los Viveros a la plaza de la Liberación (plaza de España), desde el Zoco Chico hasta el interior de la Iglesia del Pilar. Eso es continuar con el ejemplo de convivencia que siempre ha dado Larache.

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«LA COMUNIDAD JUDÍA DE TÁNGER», POR RAJAE BOUMEDIANE

Rajae Boumediane el Metni ha logrado el reconocimiento unánime por sus traducciones al español de las novelas de Mohamed Chukri, que ha reeditado la editorial Cabaret Voltaire.

Obras como El pan desnudo (Al-jubz al-hafi) o Paul Bowles, el recluso de Tánger (Paul Bowles wa ´uzlatu tanya), gracias a su minucioso trabajo de traducción e interpretación, han ganado calidad e integridad en estas nuevas versiones en castellano. Solo me falta por leer de sus traducciones del  maestro Chukri Jean Genet en Tánger, que pronto me llegará… 

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Rajae ha tenido la amabilidad de enviarme un artículo que publicó hace unos años en la revista Raíces sobre la comunidad judía de Tánger, y que le ha animado a decidirse porque su tesis doctoral, que actualmente está preparando, se centre en este tema tan apasionante. Sería fantástico que los hebreos de Tánger se hagan eco de este post y se animen a ponerse en contacto con Rajae Boumediane que, lo sé por ella, está tratando de dar con los hebreos originarios de la ciudad tangerina para completar su trabajo como ella pretende.

RAJAE BOUMEDIANE EL METNI

RAJAE BOUMEDIANE EL METNI

Nacida en Tánger, Rajae Boumediane el Metni es filóloga hispánica por la Universidad Sidi Mohamed Ben Abdelá de Tetuán,y como antes decía, se está doctorando en Lingüística por la Universidad Complutense de Madrid.

Sergio Barce, mayo 2014

LA COMUNIDAD JUDÍA DE TÁNGER, ENTRE EL RECUERDO Y EL OLVIDO

La memoria colectiva, el recuerdo de un pasado, que nunca volverá a resucitar y la añoranza por lo que existía y que ya no existe mantienen viva a la comunidad judía de Tánger. Lo poco que queda de esta comunidad se nutre de los recuerdos, recuerdos que siempre están en proceso de flash back arrancando con un “¡ya hasra!” (1). La comunidad judía de Tánger persiste aún, menos numerosa, pero se mantiene viva. De las 17.000 almas que llegaron a convivir en Tánger, quedan tan sólo 189 judíos (2) y la mayoría son personas mayores. Este hecho incita a preguntarse ¿cómo ha podido disminuir tanto el número de los judíos de Tánger en tan poco tiempo? ¿Cuáles son las razones y circunstancias que les empujaron a iniciar una emigración masiva hacia otros países” (3). Son muchas las preguntas que se hace uno acerca de la emigración masiva de los judíos tangerinos y para contestarlas, habría que efectuar un retroceso en la historia, cosa que se podría hacer en otro momento.
Lo único que se puede asegurar es que los sefardíes, temerosos de ser perseguidos, cambiaron su Tánger por Francia, Canadá, Estados Unidos, España, países de América del Sur e Israel.

Sinagoga Chaar Rafael, en Tánger

Sinagoga Chaar Rafael, en Tánger

Consecuencia de ello, es que no sólo se truncaba una comunidad sino que se separaban los miembros de una misma familia.
La comunidad judía de Tánger tenía su propia identidad. Si la religión constituía el punto relevante y distintivo del resto de la población marroquí y las diversas colonias extranjeras, la lengua y la cultura la diferenciaban de «los otros», «los forasteros» (4), los judíos del interior de Marruecos.
Como los judíos de Tetuán, Larache, Asilah, Chaouen o Alcázar, el judío tangerino conservó, cariñosa y cuidadosamente, el idioma familiar y comunitario: el judeo-español. Este idioma, conviviendo con otros idiomas y consiguiendo mayor entendimiento con moros y cristianos, evolucionó para dar como resultado una mezcla que recibe como nombre «hakitía».
José Benoliel califica esta mezcla como «un dialecto peculiar a los judíos, de origen ibérico establecidos en Marruecos desde la expulsión de España (), es un compuesto de castellano antiguo, más o menos, bien conservado, de árabe, de hebreo, etc… al que se da vulgarmente el nombre de hakitía» (5).
Sin embargo, la “infidelidad” de los hablantes que lo crearon v usaron junto con la rehispanización masiva a la cual fue sometido el dialecto a finales del siglo XIX y finalmente la seducción del francés que terminó con la creación de las escuelas de la Alianza Israelita Universal (6), acentuaron y aceleraron el proceso de extinción.

ALUMNOS DE LA ALIANZA ISRAELITA UNIVERSAL DE TÁNGER (foto del archivo de ACAM.LUKUS)

ALUMNOS DE LA ALIANZA ISRAELITA UNIVERSAL DE TÁNGER (foto del archivo de ACAM.LUKUS)

De resultas, la hakitía sufrió una decadencia y muchos firmaron su certificado de defunción afirmando que queda sólo un mero recuerdo.
Sin embargo, en una ciudad sin mellah, los judíos -dedicados principalmente al comercio y en contacto continuo tanto con la población marroquí como con su habla- se habían integrado en la sociedad marroquí y esa misma hakitía siguió su proceso de evolución dando paso a otro tipo de hakitía que tiene como raíz palabras del dialecto marroquí y terminación del español moderno.
A esta misma hakitía se refería nuestro informante cuando nos afirmó: «lo [la hakitía] hablamos en broma, pero resulta que la hakitía que hablamos nosotros es el árabe espanolisado. Por ejemplo decimos: «bastante bsslha venga ya feddi liya de una vez» o «se fue fulano a Italia y soy muy wahchiado» «andi wach dial hada eso wahchiado». o sea hablamos mal el español y mal el árabe» (7).
Mientras este informante reconocía la existencia de otro tipo de hakitía, la mayoría de los demás niega saber palabras haquetíescas alegando «en casa de mis padres hablábamos español, nosotros vivíamos en el boulevard, nosotros no vivíamos en el soko», «cuando era niña, cuando decía alguna palabra de haketía, mis padres me prohibían hablar haketía», «cuando decía alguna palabra de haketía, mi madre me decía “esto no se dice” y a veces me castigaba. ¿Sabes por qué? Porque estaba mal visto hablar haketía. Era un dialecto vulgar y de gente ignorante.»
Testimonios como éstos ponen en tela de juicio la opinión que se tenía de la haketía: estaba prohibido hablarla en algunas casas, estaba limitada a la gente que vivía por el zoco y era un dialecto vulgar, peculiar tan sólo a la gente ignorante.

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

En definitiva, los prejuicios que se tenían desgraciadamente de la haquitía favorecieron su decadencia, su agonía y su extinción. De hecho, su desaparición se debió, principalmente, a razones de carácter socioeconómico y cultural.
A decir verdad cuando me llegaron al oído tales testimonios, me di cuenta de cómo un idioma puede desaparecer por prejuicios y dentro de mí llegué a decir: ¡Ya hasra! Pero a pesar de eso no me resigné. Quería averiguar si los mismos que manifestaban no saber absolutamente nada de hakitía me podían decir algunas palabras.
Fue difícil romper esa barrera de «no sé nada de Haketía». Y cuando se convencieron de que para mí la hakitía no es en absoluto vulgar, cuando cogieron algo de confianza, cuando percibieron mi gran curiosidad hacia ese dialecto totalmente ignorado por mí, cuando se sintieron seguros y relajados y finalmente cuando me presentó un conocido de mi padre como estudiante que investiga la comunidad judía de Tánger, sólo en ese momento, dieron riendas sueltas a sus recuerdos y empezaron a decirme palabras y frases como «está wahleado» (está en apuro), «está chonjreando» (está roncando), «fraja» (alegría), «farezmal» (fuera del mal).
Había incluso un informante que, siendo originario de Casablanca, manifestaba con cierto orgullo: «yo soy de Casablanca y sé algunas palabras de haketía porque lo he aprendido aquí en el casino. Ellos cuando están juntos hablan, a veces, haketía. Pero cuando hay alguien extraño no quieren hablar, pero saben muchas palabras de haketía. Yo sé por ejemplo la palabra «alhotar», «se arsó el mazzal», «me vaya kapara por tí» y muchas otras. (8)
Otro informante me cantó la siguiente «canción»:
«Por esos bulevares/ de 7 a 8/ pasean las alhasbas/ buscando novio/ me vaya kapara/ me vaya hálala.» (Las alhasbas son las chicas).
Es de subrayar que la mayoría de las palabras que hemos recogido tienen la raíz del árabe dialectal y la terminación del castellano.
Gran número de mis informantes fueron localizados en el casino mientras festejaban la fiesta de Hanukah, otros fueron entrevistados en la comunidad. Estos últimos me hablaron de las muchas sinagogas que existían en Tánger y de los dos cementerios judíos: el viejo y el nuevo. Luis Tangir, secretario de la Comunidad, refiriéndose a la sinagoga de Nahón me explicó: «Esta sinagoga estaba destruida y tiene más de ciento y pico años. Yo la descubrí y me encargué personalmente de restaurarla. En esta sinagoga estaba la crema y la nata de la judería de Tánger».
La mencionada sinagoga se va a convertir en museo en memoria de todos los antiguos judíos tangerinos; tiene el altar en frente a diferencia de las otras sinagogas. Ya no se celebran oficios en esta sinagoga.
Como todos los informantes me hablaban de la semejanza que tiene la sinagoga de Nahón con la Alhambra de Granada, quería visitarla para tener la oportunidad de palpar personalmente dicha semejanza. Pedí permiso al secretario de la Comunidad y me brindó, gustosamente, su ayuda. Gracias a su enorme generosidad y acompañada por un empleado de la Comunidad, llegué a visitar todas las sinagogas encontradas en Tánger y pude notar el gran parecido que tiene la sinagoga de Nahón con la Alhambra de Granada. La gran semejanza reside, principalmente, en las placas de escayola usadas -éstas fueron traídas precisamente de Granada hace más de 100 años-, en los arcos y en los cristales colorados.

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

SINAGOGA NAHÓN, DE TÁNGER

Aparte de ésta, quedan sólo cuatro sinagogas (9): la sinagoga de Benattar, la sinagoga de Bendrihen, la sinagoga Assayag y la sinagoga de Suiri. Las dos primeras tienen oficio diario mientras que las últimas se limitan a tenerlo sábados y festivos.
Una vez visitadas las sinagogas, deseaba entrar aunque fuera por pocos minutos, en el cementerio. Logré visitar, únicamente, el cementerio viejo donde descansan en un profundo y continuo sueño los antiguos judíos tangerinos, los que nacieron, vivieron y murieron en su querida Tánger, los que formaron la comunidad judía. Empecé a buscar nombres que me son familiares entre las numerosas lápidas y pude leer, entre otros, el nombre de Isaac Laredo (1946), autor de Memorias de un viejo tangerino. Hasta los años sesenta se seguía enterrando en el viejo cementerio pero hace unos treinta años se dejó de hacerlo; hará unos diez años enterraron al hijo del Presidente de la Comunidad.
Los minutos contados que pasé en el cementerio me inspiraron una emoción y una paz tan grandes que mientras miraba las interminables lápidas me llegué a decir «¡ya hasra!, ojalá pudiera volver el tiempo hacia atrás para tener la oportunidad de conocer a tantos ilustres judíos tangerinos». Pero me consolaba diciéndome que por lo menos queda algo del antiguo, fascinante y mítico Tánger pero ¿qué queda de aquel añorado Tánger?
Quedan los cementerios, en cuyas lápidas se hallan grabados para siempre los nombres de los que un día formaron parte de la comunidad judía. Quedan las sinagogas, que aunque sean pocas, mantienen viva esa religión que presenta el único punto distintivo del resto de la población. Quedan residuos de ese idioma que llegó a ser medio de comunicación de «los nuestros». Quedan los testimonios de las personas que convivieron, y siguen conviviendo, con la comunidad marroquí. Quedan las varias instituciones creadas como el asilo y hospital Benchimol, la sede de la comunidad y el casino que cada tarde reúne, con gran orgullo, a los «suyos» y se convierte en el único testigo que presencia los restos de la hakitía. Quedan las personas que mantienen viva a la comunidad judía de Tánger. Quedan aquellos que no cambiarán -por nada en el mundo- su ciudad porque «en Tánger te hablan las calles, te hablan las piedras, todo te habla» (10). Quedan miembros de familias de mucho prestigio como Azancot, Bengio y Assayag. Quedan finalmente los recuerdos que permanecen vivos en la mente de cada judío tangerino, recuerdos que sólo la muerte es capaz de borrar, recuerdos que se nutren cada día con una referencia, por muy infame que sea, al pasado porque como dice Milán Kundera: «La lucha del ser en la vida es la lucha del recuerdo contra el olvido».
Tánger seguirá siendo ese «paraíso perdido» que siempre está dispuesto a acoger a «los suyos», a esos «hijos adoptivos» que un día abandonaron su Tánger de cuerpo pero no de alma, esos hijos que siempre vuelven iniciando el flash back con un ¡ya hasra!, esos hijos que han sido, son y serán fieles a la ciudad que un día vio nacer y crecer a un antepasado.
Y ahora con la sinagoga de Nahón, que se está convirtiendo en museo en memoria de todos los judíos de Tánger, la ciudad aguarda, con gran orgullo e inmensa impaciencia, ese día que le brindará —una vez más- la oportunidad de abrazar a todos sus seres queridos.
No quisiera terminar con un ¡ya hasra! porque mientras siga viva una minoría judía en Tánger, se podrá recoger ese eco que recobra fuerza y resonancia, resonancia y vida.

Rajae Boumediane el Metni

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NOTAS DEL TEXTO:

1 – Expresión árabe que significa: ¡qué pena!
2 – Estadística facilitada por Luis Tangir, secretario de la Comunidad de Tánger. Hay 12 personas entre 2 y 15 años, 12 entre 15 y 25, 6 entre 25 y 50, 12 entre 90 y 100 y los demás tienen más de 60 años. Es de señalar que la mayoría de los jóvenes estudian fuera de Tánger.
3 – En 1960, la comunidad judía contaba con 6.300 judíos.
4 – Así llamaban los judíos del Norte de Marruecos a los del interior.
5 – J. Benoliel, Dialecto judeo-hispano-marroquí o hakitía, Madrid, 1977, p. 27.
6 – La primera escuela de la Alianza Israelita Universal se abrió en Tetuán en 1862.
7 – Este informante reconoció la existencia de otro tipo de hakitía formada principalmente de palabras del dialecto marroquí. La traducción respectiva de los dos ejemplos es: «basta ya de bromas, termina de una vez», «se fue a fulano a Italia y le echo mucho de menos. Wahchiado es echar de menos.»
8 – Esta es la traducción que me dio el mismo informante: «Alhotar» (ahorrar- guardar), «se arsó el mazzal» (tuvo mucha suerte), «me vaya kapara por tí» (lo doy todo por ti)
9 – Antes llegaron a coexistir 17 sinagogas en una misma calle denominada por eso «calle de las sinagogas». Hasta hoy día, y aunque la calle tiene otro nombre, sigue el letrero con el mismo nombre escrito en árabe, en español y en francés. Actualmente en esa misma calle quedan sólo dos sinagogas: la de Nahón y la de Suiri.
10 – Son palabras de un judío tangerino que me causaron una gran emoción.

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«HACE BUEN TIEMPO», UN RELATO DE ALICIA MUÑOZ ALABAU

Sigo con la nueva sección dedicada a la Generación BiblioCafé, el grupo de escritores al que me siento orgulloso de pertenecer y que está dando tan buenos frutos (literarios).
La segunda autora del grupo que hoy presento se llama Alicia Muñoz Alabau (sinceramente me parece un nombre muy de novelista), y aunque sólo nos conocemos a través de los correos y de las redes invisibles, tras leer su novela y algunos de sus cuentos, ya sé que es una persona elegante, y que disfruta enormemente refugiándose en la escritura, como me ocurre a mí.

ALICIA MUÑOZ ALABAU

ALICIA MUÑOZ ALABAU

El relato de Alicia que hoy cuelgo se titula Hace buen tiempo. Es demoledor. Hacía tiempo que no se me hacía un nudo en la garganta tan físico y tan evidente al acabar de leer un relato como el que he sentido con éste de Alicia.
Habla del tiempo, sí, de cómo pasa por delante nuestra, de cómo nos arrolla, de cómo borra lo que debimos hacer y ya no hay forma de lograrlo, de cómo percibimos el tiempo, pero también habla de algo profundo y humano, de la pérdida, del dolor. Escribe con una sencillez que desarma, y es capaz de desnudar el alma, no solo de la protagonista, sino también la del propio lector porque hace que pienses, que reflexiones y que sopeses muchos proyectos pospuestos o muchas decisiones tomadas.
Alicia escribe <…aunque me acompañe su olor, todo lo demás se me va desdibujando y por eso me siento incluso un poco infiel cuando intento buscar su boca o la negrura de sus pestañas y ya no se me aparecen como antes>. Una delicada pero intensa confesión de lo que provoca la pérdida de la persona amada, y que resume el tono de esta historia íntima y emocionante.

PONERSE ALAS
Perfecto aperitivo para adentrarse en la novela de Alicia Muñoz Alabau Ponerse alas, que igualmente recomiendo.

Sergio Barce, mayo 2014 

HACE BUEN TIEMPO

Hace buen tiempo, pero sólo estamos en mayo así que, de vez en cuando, se levanta una brisilla fresca que maltrata mi cuerpo semidesnudo demasiado sensible a los cambios de temperatura. Seguramente no debería haberme puesto en bañador tan pronto, pero necesitaba sentirme profanada por el sol, necesitaba que a falta de abrazos el calor del astro primaveral me recogiera y me reconfortara. Expuesta al sol con el bikini más minúsculo que he encontrado entre las reliquias de juventud de mis armarios, cierro los ojos y soy capaz de detener los minutos mientras sólo escucho el rumor de las olas y siento en cada centímetro de mi piel el prometedor calorcito que induce a pensar en que se aproxima el verano.
Sonrío al pensar que los niños y los jóvenes desconocen lo que es en realidad el tiempo, lo que es el tiempo para los adultos, desconocen la certeza de la relatividad del tiempo. Antes todo sucedía mucho más despacio. Ahora dices “el otro día” y ya han pasado dos años, cuentas una anécdota cercana en la que disfrutaste con dos amigas y han pasado veinte. Y no es que parezca que fue ayer, es que realmente tú lo vives como si hubiera sido ayer. Lo que ocurre es que tu ayer está completamente lleno de preocupaciones, está totalmente impregnado de prisas y por eso los tiempos se han vuelto tan extraños.
Me he venido sola a este hotel recóndito con este balcón fantástico que da al mar para reflexionar sobre el tiempo, sobre la vida, sobre mi vida, sobre por qué me siento atrapada en esta vida y en este tiempo. No quiero que los demás se preocupen por mí, pero no soy fuerte. A pesar de que Hugo nos dejó hace ya meses, sigo mi rutina como si todavía estuviera viviendo con él. Sé que hace ya “un tiempo” porque la gente me lo dice, porque me insisten en que el período de duelo ya sobrepasa lo prudencial y me aseguran que sería conveniente pasar página, asumir lo sucedido, aprender a vivir de otra manera. Ignoro cuál es esa medida a la que se refieren en términos de días, horas o semanas ¿habrá transcurrido incluso algún año? No contemplo los calendarios, cuando me enfrento a esa maraña de números ordenados en filas y columnas que alternan los colores azul o negro con el rojo no veo nada, como si una nebulosa emborronara de repente esa visión y soy incapaz de realizar interpretación alguna. He olvidado cualquier fecha importante, cualquier aniversario. Sé que Hugo no está, pero no sé si se marchó ayer o la semana pasada, hace un mes o hace más… por eso, por eso precisamente no puedo mover sus cosas de sitio y nadie lo comprende.
En su despacho siguen el proyecto a medio concluir, el cenicero medio lleno, el vaso medio apurado, la lista de tareas pendientes para la semana que comenzaba, las zapatillas de estar por casa abandonadas sin el más mínimo cuidado por debajo de la mesa, el maletín un poco abierto. Permanecen en el cuarto de baño su cepillo y su especial pasta de dientes en un tubo todo estrujado por la mitad del que apenas se puede recuperar contenido alguno, su champú con la tapa abierta, su maquinilla de afeitar sobre el lavabo, sus zapatos perfectamente limpios y preparados para el día siguiente…
Todos se permiten aconsejar: “mujer, ya ha pasado un tiempo”, “es mejor que te des tiempo”, “el tiempo todo lo cura”, “el tiempo pone cada cosa en su sitio”, pero sólo yo soy la poseedora de mi tiempo; un tiempo de dolor que, es cierto, se ha ido atenuando, un tiempo de recuperación de mí misma, un tiempo de reencuentro, un tiempo de interrogantes, de desconcierto, un tiempo de apertura hacia lo que vendrá ahora que ha de ser necesariamente nuevo, diferente, extraordinario, distinto.
Así que ahora hace buen tiempo y cuando Hugo murió la temperatura también era agradable, aunque no recuerdo en qué estación del año nos encontrábamos. Mis padres ni siquiera vinieron al funeral, pero enviaron a su primogénito en mi rescate y me tuvieron recluida en la casona del pueblo durante una temporada. Estuvieron bastante cariñosos, teniendo en cuenta que no podían ni ver a Hugo y que estuvieron totalmente en desacuerdo con que viviéramos juntos. Supongo que a pesar de todo se compadecieron de la desgracia de una persona tan joven y para bien o para mal (a veces me han hecho sentir que para mal, esa es la verdad) yo era su hija pequeña. En la terraza de la casona da gusto desayunar por las mañanas bajo la parra y allí me sentaba yo desde bien temprano, completamente ida, intentando desentrañar esos secretos del universo que permiten que vidas aparentemente perfectas acaben totalmente hechas pedazos. Hacía buen tiempo y yo dormitaba al sol y quería encontrar respuestas y apretaba los ojos con fuerza y quería volverlo a ver, recuperar aquel rostro moreno de sonrisa amplia, pero sólo conseguía ver estrellitas y luego los ojos me empezaban a llorar o yo empezaba a llorar, o se mezclaban las dos cosas, no lo sé. Cuando sentía mi cara totalmente empapada salía corriendo hacia el río y me refrescaba sin importarme si me mojaba la ropa o si era todavía el camisón lo que vestía. Al momento intuía la figura de mi madre a mis espaldas porque supongo que temían que hiciera alguna locura.
Al final todo aquello no desembocó en locura, sólo en esta peculiar percepción del tiempo. Que para mí no existe, que no sé cómo vivirlo ni cómo ni con qué distancia recordarlo. Que me da igual el día de la semana en el que nos encontramos. Ignoro el tiempo cronológico. Hugo se marchó para siempre, soy consciente de ello, pero en mi mente no hace tanto, en mi mente siempre está y estará como ayer y como la semana pasada y como hoy mismo cuando al levantarme he podido sentir su olor en mi almohada porque siempre va conmigo.
Una vez, en algún momento, en algún tiempo, viajamos a Roses y recuerdo que hicimos la ruta de Dalí y que me interesó su historia de amor con Gala y que leí bastante sobre ellos. Creo que no hemos estado juntos mucho tiempo, pero ha sido un amor intenso que ahora me sabe a poco. Tal vez deberíamos haber vivido juntos mucho antes, tal vez esperamos mucho. Yo me sentía romántica por aquel entonces y quise que él me lo pidiera y ahora me da la sensación de que se demoró demasiado. Si hubiera habido más de aquellas mañanas de despertares eróticos y de aquellas cenas llenas de sensualidad medio desnudos, puede que ahora tuviera la sensación de haber llenado mejor el tiempo que estuvimos juntos, puede que ahora me llenara más la densidad de aquel tiempo. Pero ahora creo que fue efímero, que duró poco y que merecíamos más, que se nos debió de dar más tiempo; tiempo para enfadarnos, para pelearnos, para discutir, para reconciliarnos, tiempo para plantearnos si queríamos tener hijos juntos… pero no hubo tiempo para nada, sólo para querernos.
Ahora ha desaparecido totalmente de mi vida, no existe ni siquiera simbólicamente en algún lugar donde poder visitarlo cuando la tristeza me mate y hablarle y depositar junto a su nombre algunas flores que pongan de manifiesto que se le recuerda. Lo incineraron y su familia recogió las cenizas. No es que no me preguntaran, lo hicieron, pero yo no quise tomar decisiones en aquellos momentos, lo delegué todo porque hubiera delegado mi propia vida si hubiera podido. No quería decidir porque no quería pensar, no quería pensar porque no quería sentir, no quería sentir porque no quería vivir… y eso fue todo. Tampoco les reprocho nada ni me arrepiento, no querría tenerlo en ninguno de los estantes de la librería, tal vez no me daría ningún consuelo visitar su tumba. Es sólo que a veces me desespero sin saber dónde buscarlo y sé que si estuviera allí, en algún lugar, aunque fuera a muchos kilómetros de distancia, si sus datos figuraran en una lápida de mármol con la persistencia de lo imborrable labrado en piedra, pues que yo viajaría adonde fuera con tal de sentarme cerca de lo que él hubiera sido y le hablaría y le diría que por qué no me dio más besos aquella mañana, que por qué no me hizo el amor una última vez para apurar ese sentimiento de unidad que se nos apoderaba y que hacía estallar todos nuestros sentidos.
Pero se levantó con prisa aquel día, él que siempre se las daba de madrugador y puntual. Quiso apurar el tiempo de descanso porque se había quedado trabajando hasta tarde y entonces tuvimos que prescindir de las caricias y arrumacos que a menudo nos despertaban. Otras veces se levantaba mucho antes de que sonara el despertador, se preparaba y tomaba el café y sólo después de haberme dejado un tiempo prudencial en la soledad del enorme lecho aparecía para compensarme todos los momentos de soledad de mi vida para compartir conmigo el sabor a café, el olor a sueño y su pelo revuelto. Sentía que venía en mi rescate, sentía que me poseía y me trasladaba a mundos lejanos en los que sólo existíamos los dos y no había prisas ni horas en las que levantarse, ni había obligaciones, ni trabajos ni familias suyas ni mías, que se construía un lugar y un tiempo en el que no cabían las interferencias y nadie podría encontrarnos.
Lo he perdido a él y he perdido esos espacios y esos tiempos. Hago esfuerzos tremendos por volver a construirlos en mi imaginación, por recogerme en el silencio y la soledad y volver a recrear esas delicias, pero mi piel ya no siente lo mismo. A veces espero que me hable, pero no me habla. Espero que en sueños venga a visitarme, pero no lo hace. Mantengo la esperanza de que no me abandone, pero aunque me acompañe su olor, todo lo demás se me va desdibujando y por eso me siento incluso un poco infiel cuando intento buscar su boca o la negrura de sus pestañas y ya no se me aparecen como antes.
Parece que, efectivamente el tiempo va realizando su labor de manera minuciosa y sin tregua, aunque hace mucho que ha dejado de importarme cuánto dura un día o cuántos días pasan entrelazando mis estados de ánimo. No siento que eso tenga un efecto terapéutico, la verdad, no es que te afecte menos, es que te afecta de otra manera. Le has encontrado un hueco en tu yo cotidiano, junto a tu corazón o a medio camino entre el corazón y el estómago y has colocado allí la pena y el desconcierto y bueno, al tenerlo más ordenado y recogido puede dar la impresión de que ya lo llevas mejor. Es como si hubieras ordenado la estantería de tus sentimientos y ya le has asignado un lugar y quiere decir que ya no está tirado por el suelo en cualquier sitio, quiere decir que ya te acompañará siempre, que al catalogarlo e incluirlo en tu especial librería ya no lo perderás ni dejarás que cualquier terapia médica o psicológica se lo lleve.
Así que ahora sólo me importa el tiempo meteorológico y sé que hoy hace buen tiempo.

Alicia Muñoz Alabau

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MÁLAGA – 16 DE MAYO, SE PRESENTA EL NÚM. 3 DE LA REVISTA «HÉRCULES»

EN MÁLAGA, ESTE VIERNES

16 DE MAYO, A LAS 19-30 h.

EN EL CENTRO DE ESTUDIOS HISPANO-MARROQUÍ

NURIA RUIZ NOS TRAE EL NÚMERO 3 DE LA REVISTA

<HÉRCULES CULTURAL>

NÚMERO EN EL QUE PARTICIPO

CON MI RELATO

TAL VEZ LA ETERNIDAD

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portada Revista Hércules 3

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INVITACIÓN REVISTA HÉRCULES EN MÁLAGA

 

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«LA INDEPENDENCIA DE MARRUECOS EN MI RECUERDO», POR EL ESCRITOR Y MÉDICO LARACHENSE JOSÉ EDERY BENCHLUCH

Pepe Edery Benchluch tiene una memoria envidiable, y, como bien sabemos los que le conocemos, un humor incombustible. De sus recuerdos, ha extraído un hecho histórico tan crucial como emocionante: la independencia de Marruecos. Y de este acontecimiento, nos trae un detalle muy personal pero realmente excepcional, incluso envidiable por lo que representa el haberlo vivido en primera persona. No voy a desvelarlo, porque lo mejor es hacerlo siguiendo el detallado relato de Pepe Edery…  

Sergio Barce, mayo 2014

SERGIO BARCE, JOSE EDERY y ADNAN MECHBAL

SERGIO BARCE, JOSE EDERY y ADNAN MECHBAL

LA INDEPENDENCIA DE MARRUECOS EN MI RECUERDO

El conflicto surgido entre los gobiernos de España y Francia relacionado con la independencia de sus Protectorados respectivos en Marruecos, según pude leer en mis periódicos habituales como eran el España de Tánger y El Ideal de Granada, comenzó a disminuir al comenzar el año 1956, a los pocos meses de haber iniciado mis estudios universitarios de medicina en Granada. Por primera vez y después de tres años de discrepancias políticas entre la Residencia General de Francia en Rabat y la Alta Comisaría en Tetuán, aparentemente, se calmaron. Y desde noviembre de 1955, en que fue nombrado el antiguo Prefecto de Policía en Francia monsieur André Louis Dubois como nuevo Comisario Residente General del Protectorado francés en la zona sur de Marruecos, las relaciones mejoraron con su homólogo español en Tetuán en la Zona Norte el Alto Comisario el General Rafael García Valiño.

LA VANGUARDIA 1956

Pudiéndose reunir ambos en las afueras de la ciudad de Larache, en los “dominios de Protectorado” del Alto Comisario. Protectorado español cuya extensión territorial era aproximadamente un tercio del correspondiente a la zona francesa, siendo por añadidura mucho más pobre y desprovisto de riquezas naturales exceptuando la región del río Lukus.

La reunión tuvo lugar el 10 de enero de 1956 en la residencia familiar del conocido empresario de Larache don José Gomendio Ochoa, uno de cinco prestigiosos y destacados “Don José” de la ciudad larachense junto a Gallego (banca, molinos y cines), Gargallo Vea (autobuses), Cazorla (ultramarinos) y Torres Aspe (material de construcción). Estos tres últimos, fallecidos en 1962. Gomendio, que falleció en diciembre de 1979 en Madrid, era Doctor Ingeniero Industrial y propietario de la Compañía Agrícola del Lukus, que había adquirido al barón de Rothschild unas dos décadas antes de la independencia. La residencia denominada “El Palafito”, por tener dicha vivienda la estructura de los palafitos construidos sobre pilares, estaba situada a unos 10 kilómetros de la ciudad, en la carretera de Alcazarquivir, ciudad también ribereña del río Lukus, más conocida como Alcázar. pero ubicada en el interior a 15 kilómetros al norte del límite fronterizo hispano francés del poblado y frontera de Arbaua y a 34 kilómetros al sureste de Larache.

Arbaoua - La rentrée au camp

El encuentro entre ambos dignatarios se desarrolló sin incidencias en un ambiente sosegado y casi bucólico, rodeados de extensas plantaciones de naranjos, sus famosos y codiciados frutos de reconocida fama en el exterior. Y todo en una atmósfera impregnada de olores y fragancias de azahar. De todo ello y de los aparentes buenos resultados de las conversaciones, se hicieron eco los periódicos españoles y franceses; y con la novedad de unos comentarios de prensa muy favorables del encuentro en ambos países.
Recuerdo que, según la prensa, el Residente General monsieur Dubois, cuyo “mandato” en Rabat duraría algo más de un año hasta la independencia del país, aunque fuese superior al año de duración de sus dos predecesores en el cargo, el General Boyer de Latour y Gilbert Granval, había hecho referencia a los extensos bosques de alcornoques (denominados “montados” por los portugueses) de la región que había visitado. Que los larachenses denominan la Ghaba (significa en árabe dialectal “bosque”), y que observó a lo largo de la carretera poco después de salir de Larache. Árboles del género “quercus” (también lo son las encinas o ilex y algunas especies de robles, y de los que existen más de 500 especies diferentes) similares a los que el señor Dubois había visto en el interior de las regiones de Rabat y de Kenitra que correspondía a los grandes bosques de La Mamora. Extensos bosques también de la edad cuaternaria, pero a diferencia de los larachenses, que son del tipo “lusitanica”, eran de la variedad “Quercus suber”, aunque asimismo de hoja perenne. Este tipo de alcornoque recuerdo que mis compañeros de pensión que estudiaban farmacia, en sus asignaturas de “Farma” y “Botánica” figuraba con el nombre de “Quercus larachensis” también llamados “Quercus lusitanica”, con cuya variedad se había poblado y repoblado Extremadura. Lo que ha servido a estas zonas extremeñas, al igual que en Larache, para crear industrias de curtientes y de corcho gracias a que éste es rico en taninos y curtientes. Además de servir de alimento con sus dulces bellotas a sus famosas piaras que son la base de los famosos jamones y embutidos tanto “mangurrinos” como “belloteros” de ambas respectivas provincias extremeñas.

TIME - MOHAMED V
Pero este canto de sirenas, tras el encuentro y reunión de los dos máximos responsables políticos de ambas zonas de Protectorado, comenzó a disiparse cuando un mes después, el 15 de febrero, se iniciaron en París sin participación, y creo que incluso sin conocimiento oficial, de España, negociaciones directas entre Francia y Marruecos. Con la presencia del Sultan Sidi Mohamed Ben Yousef, a quien Francia había desterrado junto con su familia, primero a la isla de Córcega en agosto de 1953 y posteriormente en enero de 1954 a la isla de Madagascar. Pero el gobierno francés tuvo que reponerle el 16 de noviembre de 1955 en el trono alauita que había usurpado u ocupado a su pesar por imposición gala su anciano tío Mohamed Ben Arafa. Por lo que Mohamed V había reinado con el título de Sultán desde 1927 a 1953; y tras el destierro desde 1955 a 1957, año este de 1957 en que sustituye el título de Sultán por el de Rey.

Presidente René Coty

Presidente René Coty

Asistieron a las negociaciones el Presidente de la República René Coty, que presidió el país desde finales de 1953 hasta enero de 1959 en que transmitió la presidencia al General De Gaulle poniendo fin a la IV República; y su Primer Ministro el socialista de línea marxista Guy Mollet, cuyo Gobierno dirigió entre 1956 y 1957. Y dos semanas después, un viernes 2 de marzo de 1956, una declaración conjunta del abogado socialista Cristian Pineau, que era desde febrero el Ministro de Asuntos Exteriores (hasta mayo de 1958), y del marroquí natural de Berkane, ex militar y ex Bajá de Sefrou M´Barek Sid Bekkaï como Primer Ministro, con el correspondiente protocolo e intercambio documental, confirmaba solemnemente “el reconocimiento por parte de Francia de la independencia de Marruecos”. Información que se transmitió públicamente en un discurso por radio el 7 de marzo al pueblo marroquí.

FRANCO Y EL REY MOHAMED V
La rapidez con la que Francia reconoció la independencia de su zona de Protectorado en Marruecos puso a España en una situación política muy inconfortable. Lo que en términos de juego de cartas llamaríamos “ganar y/o forzar la mano”. Por lo que, al mes siguiente, del 4 al 7 de abril, el Sultán Mohamed Ben Yousef fue recibido en Madrid con grandes honores, visitas y programaciones castrenses por el Jefe del Estado español Francisco Franco Bahamonde. A este encuentro y visita, el Sultán asistió bien predispuesto, como me había relatado muchos años después el que fue primer Embajador de España en Marruecos tras la independencia y entonces Cónsul General en Rabat desde 1953 el diplomático mallorquín José Felipe de Alcover; que había acompañado al monarca en el viaje y visitas a Madrid. Ya que en los días y reuniones previas del viaje, nuestro Cónsul, cuyas relaciones con el Sultán eran muy cordiales, no dejó de recordarle que el Gobierno español nunca apoyó al “seudo Sultán” Mohamed Ben Arafa. Y que durante el destierro de Mohamed V, como Cónsul y representante de España en el protectorado francés, se abstuvo de acuerdo con Madrid, como signo oficial de disconformidad, de visitar el Palacio Real en Rabat. Alcover ya había sido Cónsul en Casablanca en 1943 y permaneció como Embajador en Rabat hasta agosto de 1958 en que fue sustituido por Cristóbal del Castillo quien durante 10 años desde 1945 había sido Cónsul General en Tánger y al que conocí por primera vez en la clínica del cirujano urólogo larachense Dr. Amran (“Armando”) Amselem Benmaman en la tangerina calle de San Francisco, donde el Cónsul era un asiduo paciente.

Mohamed Ben Arafa

Mohamed Ben Arafa

El sábado 7 de abril de 1956, ya entrada la madrugada del domingo, se da a conocer desde el Palacio del Pardo, tras duras y largas conversaciones a pesar del ambiente cordial y en las que había participado el Ministro de Asuntos Exteriores Alberto Martín Artajo, un comunicado en el que se reproducía casi en su totalidad el Protocolo franco marroquí del 2 de marzo, por el que el Gobierno español reconocía la plena soberanía y la independencia de Marruecos pero sin ninguna alusión a Ceuta y Melilla, que eran consideradas parte integrante de España.
El domingo 8 de abril, a las 10 de la mañana, a las pocas horas después del comunicado, en un avión de las Fuerzas Aéreas españolas y pilotado al parecer por el Teniente General González Gallarza, según comentarios de la tripulación, el Sultán Mohamed V llegó al pequeño aeropuerto de Armilla en Granada donde fue recibido por las más altas autoridades de la ciudad y por un numeroso grupo de universitarios de Marruecos, estudiantes en la ciudad.

EL REY MOHAMED V EN LA ALHAMBRA

Era una soleada mañana dominical de primavera donde las parejas granadinas solían disfrutar de románticos paseos por el denominado popularmente “Tontodromo” (“Paseo de los Tontos”). Itinerario que iba desde Puerta Real por el Paseo del Salón y de la Bomba hasta el Parque del popular merendero “El Kiosco de las Titas”. Algunas parejas al regresar tras haber subido a la Alhambra, descendían tras recorrer los palacios y jardines nazaríes por la Puerta de las Granada a Plaza Nueva, centro neurálgico entonces de chateos y aperitivos; y en cuyos aledaños la Bodega Castañeda servía su famosa y explosiva bebida denominada popularmente “media follaza”, a base de vino Málaga, rhon negro, vermouth, azúcar de caña, hielo y soda con un toque de ginebra.
Tras descender Mohamed V del avión y unos breves saludos protocolarios con las autoridades, el Sultán se dirigió directamente a los estudiantes que no parábamos de vitorearle a pie de pista. Pero lo curioso fue que se dirigió directamente primero hacia mi persona y me saludó dándome la mano, con unas palabras que no retuve por la sorpresa y emoción del momento. Y con cara risueña, aunque con grandes ojeras y signos de fatiga por las intensas conversaciones de unas horas antes en Madrid, al mismo tiempo que continuaba saludando a los estudiantes nos repetía en árabe y en francés: Desde anoche ya tenemos la total independencia. El que se dirigiera a mí primeramente es porque yo estaba algo adelantado en primera fila, ya que por mi pequeña estatura siempre solía colocarme en todos los actos y acontecimientos el primero y por delante, para que no me estorbasen la visión. Lo que me permitió en esta ocasión aparecer destacado el lunes saludando al Sultán, en la primera página del periódico El Ideal de Granada, página casi amarillenta que conservo con cariño y nostalgia.

EL REY MOHAMED V EN LA ALHAMBRA - acompañado por su hijo el futuro rey Hassan II

EL REY MOHAMED V EN LA ALHAMBRA – acompañado por su hijo el futuro rey Hassan II

Entre los estudiantes en el aeropuerto de Armilla que fuimos a recibirle, estaban mis compañeros larachenses y tetuaníes de pensión y de la Residencia de Estudiantes del Carmen de la Victoria, en la Cuesta del Chapí. Entre los marroquíes que vivían en la Casa de Estudios Árabes, situada frente al Carmen de la Victoria, también en la Cuesta del Chapí que daba acceso al Sacromonte (por lo que los estudios de algunos quizás con tantas distracciones y tablaos flamencos, dejaban a veces que desear) recuerdo a los futuros galenos oriundos de Tetuán, como a Fadel Ben Yaich (su hijo es el nuevo Embajador en España), magnífico cantaor y aficionado al flamenco que falleció en el atentado del Palacio de Shkirat siendo el médico personal del Rey Hassan II; Mohamed Nesh Nesh destacado lider socialista ya desde entonces; al oftalmólogo Loh; a los inseparables galenos rifeños Bennani y Madani, habituales en los tablaos y salas de la calle San Matías y aledaños, etc. Y a otros apreciados amigos, compañeros y paisanos de Marruecos que han sido destacados profesionales de la medicina y de la abogacía, pero de los que mis maltrechas neuronas no recuerda los nombres aunque sí la cara, figura, actuaciones y afecto. A todos ellos, Mohamed V les fue saludando uno a uno estrechándoles la mano y a veces con algunas palabras. Actitud que siempre recordamos agradecidos, puesto que el cansancio se apreciaba que iba aumentando en el Soberano. Y todavía le esperaba el recorrido por la ciudad ante los vítores de la población, la recepción oficial, la visita al mausoleo de los Reyes Católicos que solicitó y el almuerzo en el Generalife, antes de descansar en los aposentos que le habían reservado del Parador Nacional de San Francisco, en la Alhambra.
Cursando el sexto curso de la carrera, en el año 1961, me llegó la triste noticia del accidental fallecimiento del querido Sultán y Amir al Muminim (“Comendador de los creyentes”) Mohamed El Jemis (jemis significa “quinto”, como le solía llamar el pueblo) en medio de una simple intervención quirúrgica de tabique nasal, en forma similar a lo acaecido en Madrid a la madre de la Reina Sofía. El óbito del monarca alauita fue muy sentido por todo el pueblo marroquí y en gran manera entre sus súbditos judíos (legislativamente “protegidos” del Sultán). Ya que durante todo su reinado fue su gran defensor; y especialmente de forma muy valiente oponiéndose al régimen pro nazi del Gobierno de Vichy a las medidas discriminatorias y antijudías impuestas por los franceses en su Zona de Protectorado de Marruecos. Medidas más acentuadas y antijudías a las usuales discriminatorias que siempre existieron durante todo el Protectorado francés.

MOHAMED V

A diferencia y en contraste con la Zona del Protectorado español donde nunca existieron dichas medidas, ni siquiera actos excepto alguno puntual y aislado. Y quizás con la excepción durante la Guerra Civil española de la actuación. durante el conflicto y primeros años de la Guerra Mundial, de actos y actuaciones antijudías a cargo de la Falange española, principalmente en Tetuán; con similares características a como actuó en Ceuta y en Melilla.
Mohamed V, por su actuación en defensa de sus súbditos judíos durante el Protectorado de Francia en Marruecos, ha sido propuesto por personalidades judías para el título de “Justo entre las Naciones”, único mandatario o personalidad árabe propuesta hasta la fecha. Al igual que en honor de su hijo el Rey Hassan II, los judíos de origen marroquí han dado el nombre de ambos monarcas a numerosas plazas y monumentos en ciudades de Israel. Uno de estos fue promovido por el coronel israelí de carros blindados natural de Larache, Eliahu Barak (transformación de su nombre larachense de Elías Belity, conocidos empresarios de chatarrería en la ciudad del Lukus) durante su campaña para alcalde de la importante ciudad de Rehovot.
Dr.José Edery Benchluch
Madrid, mayo 2014.

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