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MÁLAGA -26 DE ENERO – PRESENTACIÓN DE LA NOVELA «ME LLAMO SULEIMÁN» DEL ESCRITOR TANGERINO ANTONIO LOZANO

El próximo 26 de enero

a las 18:00 horas

en Málaga

en la Sociedad Económica Amigos del País

Sergio Barce

presenta la novela

ME LLAMO SULEIMÁN

del escritor tangerino

ANTONIO LOZANO

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«ENCUENTRO EN TÁNGER», UN RELATO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN MESONERO

Esta vez, se ha hecho de rogar. Pero es seguro que las cosas buenas necesitan su tiempo: un buen vino, una buena novela. Es el caso de este nuevo relato de mi paisano y amigo León Cohen. Una vez más, me lleva a aquel Tánger, el Gran Tánger, que tanto  nos inspira a los escritores desarraigados. Sus palabras, utilizando en especial a su admirado personaje de Juanita Narboni y las expresiones de jaquetía, son sabias, y encierran una explicación, un porqué, tal vez el significado de lo que es ser tanyaui.  Como siempre, me enorgullece poder contar con sus relatos en mi blog, y descubrir, entre líneas, algún guiño a Larache. Leamos, pues, a León.

Sergio Barce, enero 2017

Encuentro en Tánger

1

Juanita  y Sol

Sol Bensusan era una joven tangerina como tantas otras, hasta que se le ocurrió escribirle una carta a Juanita Narboni que, para su sorpresa, dio la vuelta al mundo. Cualquiera puede encontrar la carta en Google. Juanita Narboni, como todos sabréis, se ha convertido con el paso de los años (la novela se publicó en 1976) en un arquetipo literario creado por el escritor también tangerino Ángel Vázquez, hasta tal punto que no sabremos nunca si Juanita fue un personaje real o ficticio. De manera que cuando en el año 2002, Sol le escribe a Juanita y le expresa su amistad y le transmite sus sentimientos, no sabemos si ambas se conocieron realmente o si Sol establece un diálogo con un personaje novelado. Al menos yo, tengo mis dudas. Tanto Sol como Juanita, poseen la impronta tangerina y eso se manifiesta en sus expresiones, en su manera de vivir su ciudad y de contar su pasado. Pero bueno, lo que yo como narrador pretendo, es relatar el encuentro de estas dos tangerinas, esperando que, del intercambio de vivencias, de reflexiones y de opiniones surja el milagro que ilumine el esplendor de Tánger y la memoria de sus habitantes. Es indiferente que ambas sean personajes reales o inventados.

Esta mañana de verano, Sol y Juanita se han citado en un café cercano a la playa municipal, junto al Hotel Rif. Sol está un poco nerviosa porque lleva años sin ver a su amiga Juanita. ¿Qué aspecto tendrá, qué habrá sido de ella, al bimier baharnes? Se pregunta mientras baja por la cuesta de la playa, qué quebradera, después hay que subirla, piensa. ¿Qué se dirán al verse de nuevo? ¿Cuánto les durará el primer silencio, ese que viene tras los besos y abrazos? Espero que poco, se dice Sol, que sea cortito por el Dio. Sol entra en el referido café y, apenas dentro, exclama: Uah mírala, es ella. Ahí está Juanita, sentada en una mesa con las piernas cruzadas, lleva gafas de sol y una especie de turbante de colores llamativos que le cubre parcialmente la cabeza. Conserva su tradicional elegancia tangerina. Parece salida de una película de los años 50. Llegado el momento tan esperado como temido por Sol, ambas mujeres se abrazan, se miden, se miran, como si nunca se hubieran visto.

VIDA PERRA, versión cinematográfica de Juanita Narboni, encarnada por Esperanza Roy

VIDA PERRA, versión cinematográfica de Juanita Narboni, encarnada por Esperanza Roy (del blog de Eduardo Sanz de Varona)

-¡Qué bien te conservas Juanita! Exclama Sol.

-Y tú qué joven estás Sol, nunca te hubiera imaginado así, tan lozana y hermosa, lo bueno.

Por fin se sientan.

-Mira Juanita, te he traído un regalito de España, por una parte, no sabía qué traerte, pero por otra no quería que, de nuestro encuentro, no te quedara ningún recuerdo, no es por lo material, ya me entiendes…

-No te hubieras molestado mujer, pues sabes muy bien que, desde que me dijiste que vendrías, no he podido olvidar el detalle. Muchas gracias de todos modos. Eres un diamante Solita.

Una vez pasados los primeros minutos e intercambiados los parabienes, ambas mujeres permanecen un tiempo en silencio, que Sol se encarga de romper.

-¿Juanita, te has parado alguna vez a pensar sobre nosotras y nuestra realidad? ¿Somos personajes de ficción o somos más bien la representación de muchas mujeres que vivieron en nuestra época y en nuestro lugar? 

-¿Qué importa que hayamos existido o no? ¿Y eso qué más da? -siguió Juanita-. Yo estoy convencida de que sino idénticas a nosotras, fueron muchas las Juanitas Narboni y las Soles Bensusan, con otros nombres sí, pero con vidas e inquietudes parecidas a las nuestras, en aquel Tánger de los 50 y los 60. Fíjate que cuando recibí tu primera carta, me sentí retratada y feliz porque alguien más reflejara con tanta precisión lo que yo misma había sentido en tantas ocasiones. Experimenté una sensación extraña, como si mi historia no hubiera acabado y su continuación me permitiera seguir viva. Ahora mismo estoy aquí de nuevo como si hubiera escapado del libro, hablando contigo, reina. Es casi un milagro. Es como si Ángel le hubiera dado el testigo a León para que siguiera.  Así que ahora podremos explayarnos y hablar de nuestro pueblo y también de nosotras.

-Han pasado cuarenta años desde que saliera tu vida perra a la luz, Juanita, yo soy algo más joven, hace solo una veintena de años que me convertí en personaje público -continuó Sol-. La pregunta que siempre me viene a la cabeza, Juanita, es: ¿Por qué Tánger? Yo nací en Larache, donde viví hasta los diecisiete, aunque casi la mitad de ese tiempo lo pasé entre Zoco-el-Arba y  Rabat, hasta que llegué a Tánger en el 64. Lo extraordinario no es cómo era entonces aquella ciudad, sino cómo la percibí y la interioricé yo, y cómo la convertí en mía para siempre. Tánger seguía siendo un espacio de mestizaje cultural y religioso, pero también social y político. Recordarás, Juanita, que habían bastantes centros educativos, como el Instituto español Severo Ochoa, el Liceo francés Regnault, el Instituto alemán Goethe, el italiano Dante Alighieri, la American School, el English College, además de los colegios marroquíes y de la Alianza israelita. No estaba nada mal para una ciudad que no alcanzaba los doscientos mil habitantes.

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-Es cierto -prosiguió Juanita-, que, el carácter o más precisamente la idiosincrasia tangerina, se forjó entre otras cosas, a base de afinar el oído y de familiarizarse con los sonidos, las entonaciones, las gesticulaciones y hasta los ruidos de tantos idiomas diferentes, que parecían fundirse en uno solo, cuando alguien pronunciaba: Arrête de déconner mon vieux, déjame en paz por favor, a jai baraka msdar. Como si necesitara decir las cosas en varios idiomas para ser entendido. Pero lo sorprendente, es que nadie podía adivinar cuál de estas tres lenguas era la materna de ese alguien. Porque los tangerinos no hablábamos varios idiomas, los interiorizábamos y los hacíamos nuestros. Decía un famoso filósofo español, creo que era Emilio Lledó: “Los otros son otros en la medida en que son diferentes de nosotros; la otredad es entonces esa posibilidad de reconocer, respetar y convivir con la diferencia”. Sin embargo, la manera tangerina de considerar la “otredad” enriquece, profundiza y amplía esa hermosa definición. No se trata ya solo de tolerar o de aceptar al otro, los tangerinos dimos un paso más, en el sentido de considerar al otro como a uno mismo, de ser, en definitiva, igual que el otro, de forma que el otro deja de ser otro y por tanto diferente. Y qué mejor para conseguirlo que hablar como el otro. Cuando una o uno se refería o pensaba en Gerard, Maurice, Khalid, Carmen, Alberto, Luigi o Rachida, solo veía unos rostros o más precisamente unos seres, cuyos nombres no eran más que etiquetas para distinguirlos, sin ningún otro prejuicio o componente racial, social o religioso. ¿Quién podría sentirse extranjero en aquel Tánger?

-¡Qué bien lo has expresado Juanita! -exclamó Sol-. Nunca olvidaré la frase de mi amiga Françoise, una italiana de origen, pero sobre todo una tangerina genuina: “Tánger es el único lugar donde me siento en casa”, me confesó una tarde noche durante un reencuentro de tangerinos en 2007. ¡Cuánta verdad y cuanto amor a su ciudad revelan sus palabras! A mí me estremecieron. Permíteme Juanita que dedique algunos minutos a hablarte de mi amiga Francesca, porque me consta que no llegaste a conocerla.

LA VIDA PERRA DE JUANITA NARBONI, interpretada por Mariola Fuentas, film dirigido por Farida Benlyazid

LA VIDA PERRA DE JUANITA NARBONI, interpretada por Mariola Fuentas, film dirigido por Farida Benlyazid

2

Francesca

-Francesca nació en Tánger a finales de la década de los años 40 del siglo XX. Sus padres se habían trasladado a nuestra ciudad huyendo de los bombardeos sobre Italia durante la segunda guerra mundial. Eran originarios de Aprilia, un pueblo distante solo 40 kilómetros de Roma. Francesca creció en el Tánger paradigmático de los 50. Primero en el colegio italiano donde cursó los estudios primarios y luego en el Lycée Regnault donde completó los secundarios. Fue tal su identificación con la cultura francesa que se hizo llamar Françoise, como todas sus compañeras la conocíamos. Con dieciséis años hablaba italiano, francés y español a la perfección, y como buena tangerina pasaba de una lengua a otra según le parecía y sin darse apenas cuenta. Cuando yo la conocí, debía de tener mi edad, diecisiete o dieciocho años. Chatita y pecosa, era una chica mona, sin más. Su atractivo residía en su sonrisa y en unas piernas nada desdeñables. En la década de los 70, se marchó a vivir a Paris, cuando el gran éxodo tangerino. Volví a verla en el año 2007, cuarenta años más tarde. Conservaba el mismo aspecto y el mismo atractivo. Me contó que se había casado en Paris con un judío tangerino y que había tenido una hija con él. Acabó separándose. Él, un hombre liberal y agnóstico en su juventud, se había convertido en alguien muy religioso e integrista. Su expresión reflejaba cierta melancolía cuando relataba su historia en el exilio parisino. Como si se diera cuenta de que su vida había sido una oportunidad fallida. Recuerdo sobre todo su mirada triste, vacía, ausente, que parecía recorrer todo su pasado, como si se preguntara una vez más por qué tuvo que abandonar su tierra. Había cierta amargura y desolación en esa constatación. Sin embargo, saberse en Tánger, aunque solo fuera por pocos días, parecía devolverle parte de la alegría perdida. Cuando me despedí de ella, comprendí mucho mejor lo que Tánger significó para todos los tangerinos y el dolor profundo e irremediable del exilio. Todas y todos nos convertimos en tangerinos errantes y vagamos por el mundo en una diáspora sin retorno. Ya sé que esta idea la he repetido en numerosas ocasiones de manera diferente, pero creo que es fiel reflejo de lo que ocurrió en nuestro interior.    

3

-Por lo que sé de ti, Sol -dijo Juanita-, tu llegada a Tánger coincidió con lo mejor de tu juventud. En esos años empezaron a desarrollarse tus inquietudes intelectuales y políticas. Y no sé hasta qué punto Tánger influyó o catalizó esos cambios personales. 

-No te equivocas Juanita -continuó Sol-. Conocí a tangerinos que, sin proponérselo, determinaron mi devenir, abriéndome puertas y caminos que desconocía y orientándome para seguir mi ruta vital. Fueron ellos, amigos y profesores, pero también la ciudad y lo que representaba. No sé si hablar de revelación sería apropiado, por la connotación religiosa que encierra esa palabra, pero algo de eso hubo.

-Indudablemente, una ha de estar preparada para recibir los magisterios, y ser los suficientemente permeable y sensible para que las influencias “positivas” penetren en nosotras. Quiero con esto significar que tú llegaste a Tánger en el momento preciso para que en ti tuviera lugar el cambio, la evolución o el descubrimiento, como quieras llamarle. La experiencia tangerina fue de algún modo la que faltaba para sumarse a las anteriores y llegó justo cuando tenía que haberlo hecho. Quizás por eso fue tan importante en tu vida.   

-No esperaba, amiga Juanita, que acabáramos reflexionando sobre las razones que convirtieron mi experiencia tangerina en algo insólito y definitivo. Pero todo puede pasar cuando dos personajes que basculan entre la ficción y la realidad se encuentran a medio camino entre ambas. Pero hablemos de ti, Juanita.

-De mí hay poco que añadir, casi todo lo dijo el malogrado de Ángel. Sigo llena de malentendidos, de contradicciones, y sigo llegando tarde a todos los sitios. Bueno, hay que decir que, a nuestra cita, he acudido muy puntual. Es broma. Quiero decir que siempre anduve unos pasos por detrás de la rueda de la vida. Y por eso se me escaparon casi todas las cosas buenas. Mis trenes pasaron de largo. Como ponía Ángel en mi boca: Dios le da pañuelos a quien no tiene mocos. A mí nunca me tocó la tómbola por muchas ferias a las que asistí. Pero sí puedo decir que vi el Gran circo Americano y a Manolita Chen. Y que tuve la suerte de vivir en el Gran Tánger. No debería quejarme reina. Pero yo soy así, como me parió mi madre. Por favor León, mi bueno, no sigas, porque vas a acabar escribiendo la segunda parte del libro de Vázquez. Y eso no, por favor, ya estoy harta, con una historia tuve bastante.

Las dos mujeres se abrazaron con ternura y complicidad y gritaron: ¡Viva Malabata! ¡Malabata for ever! Luego desaparecieron, se esfumaron para siempre. Si queréis encontrarlas, buscad, buscad y no descanséis nunca, seguro que se esconden en alguna morada tangerina, lejos, muy lejos de la realidad.  

                                                                                               León Cohen, enero 2017

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LARACHE, SIEMPRE

Con ayuda de las imágenes de Aziz Bouhdoud, Itziar Gorostiaga, Achraf Etaaqafy, José Mª López Cobos y los de las páginas de la Asociación Alkhazaba, Radio Larache, Casino HHH Larache y la de Marruecos, el reino de los sentidos, he confeccionado una estampa, sin orden ni concierto, por orden de caída, por así decirlo, de lo que fue y de lo que es Larache… Pero he querido mostrar su hermosura, su perfil coqueto, su verdadera alma. Este es el Larache que me embruja, que me hace ver a mi pueblo como algo que nunca se desprende de mi recuerdo, como esa especie de virus que me infectó y contra el que nada puedo hacer, contra el que nada quiero hacer. Sabemos del estado actual de muchos de sus edificios, de la ciudad en general, pero hay rincones, hay lugares, hay callejuelas, incluso hay sombras que te hacen latir más aprisa el corazón. Hoy he querido emborracharme con tanta belleza. Y al final de tantos lugares queridos, me he permitido incluir una vez más otra estampa , la de tres personas que ya no están pero que llevaban a Larache en las venas: mis abuelos y mi madre. Ellos también son Larache. Porque esto no es más que un pequeño homenaje a los nuestros.

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«PROFANACIÓN Y OLVIDO DEL ANTIGUO CEMENTERIO CRISTIANO DE LARACHE», POR CARLOS TESSAINER Y TOMASICH

Me envía Carlos Tessainer un artículo sobre Larache que, como siempre, está lleno de sentimientos encontrados. Y, como es también habitual en él, repleto de datos que no dejan de sorprenderme y que sólo sirven para aumentar mi admiración por su capacidad investigadora e histórica, y envidiar esa memoria que le caracteriza. También vuelvo a solidarizarme con sus palabras. Carlos y yo tenemos pendiente un viaje a Larache, tenemos la idea de desbrozar el pueblo en el que crecimos para sacarle las entrañas y buscar lo que se nos quedó allí. Me conformo por ahora con leerlo y compartir la misma rabia. Y que conste que a los dos nos duele cualquier cicatriz de Larache, sea cual sea, se trate de la confesión que se trate. No nos resignamos a que un lugar tan especial y rico vaya perdiendo su pasado de esta manera humillante y triste con la que se va borrando su historia.

Sergio Barce, enero 2017

Existe en Larache un antiquísimo cementerio cristiano del que pocos conocen su existencia, pero cuyas ruinas, profanación y total abandono, son muestra cuanto menos de la desidia de la que todos tenemos una parte de culpa.

No, no se trata del antiguo cementerio de La Marina, el que se halla camino del faro y fue restaurado a cargo del Gobierno español a comienzos de este siglo; ni tampoco del cementerio nuevo o de Sidi Laarbi, situado en el coloquialmente conocido como “Barrio de las Latas”. Éste del que quiero hablaros, está en el otro extremo de la ciudad. Acompaño este escrito de un plano de Larache en el siglo XIX, mediante el que el lector podrá situar sin dificultad su localización que, no obstante, no me resisto a detallar.

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A la derecha, junto al cementerio hebreo, el cristiano. Mapa escaneado del libro «Larache» de Guillermo Duclos y Pedro Campos (Junta de Andalucía, 2000)

Si se inicia el recorrido en la Avenida Mohamed V, en la calle lateral del “Jardín de las Hespérides”, dejando a la izquierda el castillo “Laqaliq” o de “Las Cigüeñas”, se llega a una bifurcación de la que parten dos cuestas. Se iniciará el descenso de la antaño conocida como “Cuesta del Alemán” (porque en ella tuvo su sede hasta 1945 el Viceconsulado de Alemania en Larache) o “Cuesta del Judío” (por la proximidad en su lateral izquierdo y en una calle paralela y situada a un nivel más elevado de la torre del mismo nombre) y que actualmente se llama Avenida  Zellaka. Y así se llega en su acera derecha a lo que fue sede del citado Viceconsulado de Alemania y residencia particular del Vicecónsul Adolf Renschhausen hasta su fallecimiento en Larache en 1948. Es un hermoso edificio que aún se conserva, aunque como todo lo antiguo de la ciudad, necesitado de una restauración, como puede apreciarse en el mal estado de la crestería que corona la fachada.

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Fachada del antiguo Viceconsulado de Alemania en Larache

El citado edificio, hace chaflán con una calle estrecha, que desde siempre se llamó Derb Nakhla (o de las Palmeras), ya que conduce a la parte trasera  de parte del viejo cementerio judío de la ciudad, recientemente restaurado y caracterizado por la abundancia de palmeras existentes en el mismo.

Iniciando el recorrido por la citada calle y tras finalizar la fachada lateral del que fue Viceconsulado de Alemania, a los pocos metros se llega a una vivienda de “autoconstrucción”, que en realidad esconde el primitivo cementerio cristiano de Larache.

“Descubrí” aquel lugar siendo niño, en las muchas correrías que junto a  mis amigos, realizábamos los veranos por distintas partes de la ciudad. Recuerdo que no sin cierto reparo (pues pensé que me iban a regañar por haber ido a un lugar tan alejado de mi casa y “donde me podía pasar cualquier cosa”) se lo comenté a mis padres, a lo que contestaron de inmediato: “¡Sí, es el cementerio de los Gallego!”. Me dijeron que era conocido con ese nombre por los numerosos miembros de esa familia enterrados en él, nada extraño si se tiene en cuenta que esta familia española estaba establecida en Larache ya en la segunda mitad del siglo XIX.

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Sepultura de María Josefa Gallego

Hablo del año 1969. Y he de decir que el pequeño recinto, de unos doscientos o trescientos metros cuadrados (tal vez algo más) estaba ya en estado ruinoso; pero conservaba su tapia e incluso una vieja puerta de madera con restos de haber estado pintada en color marrón oscuro.

En el plano de Larache del siglo XVIII no se encuentra ubicación alguna de cementerio cristiano, como curiosamente tampoco aparece en él la existencia de ningún cementerio judío (algo incomprensible pues, en aquella época, existía población de este credo religioso residente en la ciudad).

Comparando los planos de Larache en los siglos XVIII y XIX, encontramos que las zonas representadas son casi idénticas, aunque es en el del siglo XIX donde aparece explícitamente indicada la existencia de ambos cementerios. Localización lógica: extra muros de la ciudad y relativamente próximos al cementerio musulmán de Lal-la  Mennana.

Sea como fuere, no se puede ubicar la existencia en Larache de un cementerio cristiano (salvo el que existió durante la ocupación española en el siglo XVII en las proximidades de la Explanada del Majzén, en la plazuela de la actual mezquita  Anwuar) hasta el siglo XIX.

Ya en el año 1950, el estado de total olvido que sufría el cementerio (que no sé si llegó a ser desacralizado) motivó el que algunos de los familiares de los allí enterrados, realizasen un adecentamiento del lugar, ordenando la limpieza del recinto, a la reparación de las tapias y sepulturas y a elaborar una relación de los que allí estaban sepultados y que fue posible tanto por el conocimiento que tenían del lugar de enterramiento de determinadas sepulturas como por las inscripciones de las lápidas. Este adecentamiento fue realizado por D´Arcy DE CUEVAS, Juan GALLEGO  URRESTARAZU  y  Lewis  FORDE  III  (CLAREMBAUX). El resultado fue un listado de veintisiete enterramientos, datando el más antiguo del 29 de septiembre de 1868 (perteneciente a A.B.T. DUNCAN) y el más reciente a María del Carmen  LEÓN SÁENZ, con fecha de fallecimiento del 15 de abril de 1923, cuando contaba dos años de edad.

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Sepultura de Alejandro Saenz y Atalaya, una de las pocas que se conservan sin destruir

Debe destacarse que en 1923, ya no se enterraba a los cristianos en este cementerio larachense, pues pasados uno o dos años desde el desembarco español del 8 de junio de 1911, se habilitó en el camino del faro de Punta Nador el nuevo cementerio de La Marina, que estuvo en funcionamiento hasta comienzos de la década de 1930. Por tanto, en fecha tan avanzada como 1923, el viejo cementerio cristiano del que se habla, no debía de estar desacralizado, lo que permitió a la familia LEÓN SÁENZ enterrar a esta niña junto a otros familiares que aparecen en el referido listado.

Es curioso destacar que tras el desembarco español de 1911, no aparece (salvo el de 1923) ningún enterramiento, datando los tres últimos de 1910. La familia “ocupante” en la actualidad del referido lugar, asegura que existen treinta y ocho tumbas (la mayoría cubiertas por chabolas), lo que vendría a corroborar el listado de enterramientos de 1950 realizado por los señores  DE  CUEVAS,  FORDE  y GALLEGO, en el que, en un escrito anexo, D´Arcy  DE  CUEVAS  hace  constar que sólo han podido ser identificadas veintisiete de las sepulturas, siendo ilegibles en el resto de las existentes el nombre del fallecido.

Digo esto porque siempre oí a mi padre o a personas mayores nacidas en Larache decir que, allí estaba enterrada una enfermera militar que desembarcó con el ejército español en 1911, falleciendo poco tiempo después. Pero en la relación de sepulturas de la que se habla, no aparece ningún enterramiento en este año o en años posteriores, salvo el de 1923.

Puede suponerse que tras el desembarco de 1911 y antes de que se habilitase como cementerio cristiano el terreno ubicado en el camino del faro de la ciudad, este pequeño cementerio hubiera continuado siendo utilizado durante uno o dos años más y que sean las sepulturas de aquella época (1911-1912-1913) las que no pudieron ser identificadas en 1950, lo que explicaría la diferencia entre las veintisiete que pudieron ser identificadas en 1950 y las treinta y ocho que afirman que existe la familia que actualmente vive sobre gran parte de este lugar.

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Sepultura de Emmanuel Clarembaux (Agente Consular de Bélgica en Larache)

Entre los allí enterrados, figuran tres hijos y un nieto del que fuera Vicecónsul de España en Larache  Teodoro  DE  CUEVAS  Y  ESPINACH;  el que fue Vicecónsul de Italia en Larache: Nicolás GUAGNINO (fallecido el  19 de noviembre de 1873), cinco miembros de la familia GALLEGO, el que fuera Agente Consular de Bélgica en Larache: Emmanuel  CLAREMBAUX  (fallecido el 15 de febrero de 1900 y cuya lápida, que aparece en una de las fotografías que acompaña este artículo, ha sido recientemente arrancada).  Y, bajo un mausoleo, el que fue Vicecónsul de Gran Bretaña en Larache desde 1894: Lewis FORDE II (FLAVELLE) (fallecido el 4 de enero de 1904), al que luego sucederían en el cargo su hijo Lewis FORDE III (GUAGNINO) y su nieto Archibald FORDE (CLAREMBAUX). Su lápida, aparece manchada a propósito con restos de pintura.

El citado mausoleo hecho en mármol, se remataba con un busto también en mármol del difunto, de gran calidad artística, como puede apreciarse en una de las fotografías que ilustran este artículo y cuyo original obra en mi poder.

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Busto de LEWIS FORDE II (Vicecónsul de Gran Bretaña en Larache)

Pero como en 1950 servía como objetivo de puntería a las pedradas que le lanzaban los niños (preferentemente a la nariz, lo que puede comprobarse en la fotografía), la familia FORDE decidió retirarlo y llevárselo a su domicilio. Hoy en día se halla en una residencia particular.

Lo cierto es que, aunque abandonado, este lugar ha sido objeto de visita en distintos momentos por personas que saben que allí están enterados sus familiares.

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Mausoleo de LEWIS FORDE II

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Detalle del Mausoleo de Lewis Forde

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Así, a finales de la década de 1980, Fernando LEÓN SÁENZ, bisnieto, nieto y hermano de tres de los allí enterrados, fue desde Estados Unidos a Larache a visitar el cementerio. Quedó espantado por lo que vio, yendo al bajalato para interesarse por la responsabilidad de este lamentable estado; le contestaron que al ser una “propiedad privada”, ellos no podían hacer absolutamente nada. La cuestión está en que siendo supuestamente propiedad privada, no se ha esclarecido de quién es la titularidad de aquel terreno. Dado que los franciscanos no llegaron a Larache hasta 1888 y, habiendo sido identificados ocho enterramientos anteriores a esta fecha  (el primero en 1868), cabe la posibilidad de que los pocos cristianos residentes en Larache antes de 1888, entre ellos las familias españolas  DE CUEVAS y GALLEGO, adquiriesen colectivamente el solar para uso funerario, quedando “diluida” en la comunidad cristiana la referida titularidad.

El caso es que en esta cuestión de cuidado y conservación de los cementerios cristianos, al menos en el norte de Marruecos, la Iglesia como tal, siempre se ha lavado las manos. En algún momento el “camposanto”  (que por algo se les llama así) debió ser sacralizado, para permitir los enterramientos según el rito cristiano-católico. Pero ¿fue en alguna fecha desacralizado y por ello dejó de ser “camposanto”? Me gustaría saberlo, así como si también el Arzobispado de Tánger es conocedor de esta situación.

Ya sé que a la Iglesia de Larache (como institución religiosa), poco se le puede pedir, pues en la actualidad su presencia es casi “testimonial”. No obstante, me consta que siempre soslayó cualquier compromiso o responsabilidad con respecto a los cementerios critianos en la ciudad. Recuerdo cómo a comienzos de la década de 1970, cuando nuestros mayores se quejaban al párroco de turno acerca del creciente deterioro del cementerio cristiano nuevo (el de Sidi Laarbi), era frecuente el que obtuvieran como respuesta: “De quien hay que ocuparse es de los vivos, no de los muertos”. Y yo preguntaría: ¿aunque se estén profanando sepulturas en un “camposanto”?

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Utilización actual del cementerio

Y con respecto a lo que pudiese hacer la Cancillería de España en Larache (por la que tanto hicimos hace pocos años para que no fuese cerrada por el Gobierno de España), me consta que fue tan solo hace unos cuatro años cuando un empleado de la misma, de nacionalidad española, tuvo conocimiento de la existencia del viejo cementerio: y fue porque un amigo y paisano judío se lo comentó y le llevó a visitar el lugar, para gran sorpresa del citado empleado.

¿Conoce el actual canciller  -que lleva bastantes años ejerciendo el cargo- tan siquiera la existencia de este cementerio y, sobre todo, la situación en que se halla? ¿Sabe que más del  noventa y cinco por ciento de los allí enterrados son españoles?

Antes de escribir lo que estoy ahora escribiendo, me he preguntado durante mucho tiempo si merecía la pena, por cuanto en mi convencimiento está la duda de si para algo puede servir.

Pero como historiador e hijo de Larache, he creído necesario que mis paisanos tengan conocimiento de cuanto he escrito en estas líneas, todo ello documentado. He querido y quiero que conozcan lo que quizá no sabían. Pues yo lo sé y pienso que es necesario dejar constancia escrita de un capítulo de la historia de Larache, ya que lo que no se escribe, sin más se pierde.

Si vais a Larache, id al lugar que os indico. Llamad a la puerta de la casucha de “autoconstrucción”. Os abrirán y, conocedores de que no tienen derecho alguno sobre el recinto, una familia musulmana de la que algunos de sus miembros tienen la nacionalidad española por haber residido durante largo tiempo en Cádiz, os dejará pasar. Y tras una infravivienda construida sobre sepulturas, podréis acceder a un “patio” en que se hallan, dejadas de la mano de Dios y de todos nosotros, sepulturas profanadas de la comunidad cristiana –insisto, la mayoría españoles– establecida o nacida en Larache desde la segunda mitad del siglo XIX. ¡El espectáculo os conmoverá!

Sí, me he preguntado durante mucho tiempo si contar lo que ahora escribo, debía ser escrito. Si era necesario o tal vez oportuno. Pero cuando de Larache hablo, cuando de ti pueblo mío -¡mi tierra!- se trata, no puedo ser indiferente. Y además, tenía la “obligación”, la “deuda” de haceros partícipes de ello.

Lo que os cuento, quizá pueda “escocer” a alguien; a alguien o a quienes debían de ser conocedores de una realidad bochornosa. A los que ocupan cargos para ser representantes de España en Larache, aunque de fallecidos se trate; sobre todo teniendo en cuenta que, la inmensa mayoría de las sepulturas allí ubicadas, son de españoles.

Y como no puedo ser indiferente, no sólo pongo en conocimiento de quien me quiera leer tanto la historia como la denigrante situación del primitivo cementerio cristiano de Larache. Sino que valiéndome de la generosidad de este blog, donde tiene cabida todo aquello que con respeto, sentido común y cariño se refiera a nuestro pueblo, hago una petición expresa a la Cancillería de España en Larache (¡que vayan y constaten in situ la realidad de lo que en estas líneas dejo constancia!), al Consulado de quien dependa y a la misma Embajada de España en Rabat, para que, respetando a quienes allí viven, que de nada tienen culpa, se proceda a la exhumación de todos los restos allí enterrados y que los trasladen a una fosa común del nuevo cementerio cristiano de Sidi Laarbi, colocando una placa con el nombre de los veintisiete fallecidos que en 1950 pudieron ser “censados”. Para facilitarles datos, quedo a su disposición.

No pido que desalojen a la familia o familias que sobre parte de las sepulturas viven y que utilizan la parte trasera del cementerio como “patio” para tender la ropa o sacudir alfombras. Insisto en que ellos de nada son culpables, pues están alojados en lo que fue abandonado. Como mucho, que tuviesen que soportar las molestias de lo que para ellos supondría el que tuvieran que levantar el suelo de “sus” casas para poder realizar las exhumaciones.

Sí que sería importante el que, por su valor artístico, fuese trasladado en su totalidad el mausoleo del Vicecónsul británico Lewis Forde. La pérdida de este testimonio europeo en Larache de la etapa precolonial, sería imperdonable. Dada la nacionalidad del allí sepultado y el que fuese desde 1894 hasta 1904 Vicecónsul de Gran Bretaña en Larache, bien se podría informar e implicar en este asunto al Consulado de Gran Bretaña en Tánger y a la misa Embajada Británica en Rabat.

Cuando hace pocos años fue restaurado el viejo cementerio judío cercano al cristiano del que os informo, fue desagradable el que la policía marroquí tuviese que desalojar a las familias que sobre él vivían. Ante los gritos y lamentos de quienes desalojaban, alguien dijo: “¡No son ellos los que gritan y lloran, si no los muertos a quienes vosotros dejasteis abandonados!” Frase lapidaria que merece cuanto menos ser objeto de reflexión.

Cuando este pasado verano un matrimonio -compañeros profesores-  fueron de visita a Rabat, pues allí y en el instituto español está destinado actualmente otro compañero nuestro, al recordar que yo era de Larache decidieron desviarse y parar allí. Llegaron a la Plaza de la Liberación (antigua Plaza de España), al Balcón del Atlántico, cuyas vistas quedaron grabadas en sus retinas y al mercado… ¡Tuvieron suficiente!

Me contaron lo que habían visto y me preguntaron con cierto asombro: “¿Pero tú, dónde has vivido?” pues de las otras ciudades que habían visitado (Tánger, Arcila, Xauen) habían quedado prendados… Me dio tanta rabia, tanta tristeza, que esa misma noche busqué el álbum de fotografías hechas por mí mismo en tiempos mejores y de las postales de Larache de comienzos de la década de 1970. ¡Y al día siguiente se las llevé! No daban crédito a lo que les enseñaba (imágenes de las décadas de 1960, 1970 y 1980) y su comparación con lo que ellos habían podido ver. Yo quedé contento con que pudiesen percatarse de lo hermosa y bien cuidada que estuvo la ciudad en la que había vivido.

¿Pero qué ha sido de ella? En abril de 2012 en este blog escribí una “Carta a Larache”, lamentándome de su lejanía física, clamando por su abandono… con profunda tristeza constato que más de cuatro años después, no se ha puesto fin a la situación.

Para que no se sigan cometiendo más desmanes urbanísticos, que progresivamente van privando a la ciudad del encanto que siempre tuvo, para respetar lo que todavía queda y que vale la pena conservar y restaurar (empezando por la misma “Medina”), no estaría de más que se comenzara por respetar los cementerios de las comunidades religiosas que en el pasado convivimos en nuestra ciudad en paz y armonía, constituyendo sin duda un auténtico ejemplo a seguir.

CARLOS TESSAINER Y TOMASICH

IMÁGENES DE LA UTILIZACIÓN ACTUAL DEL CEMENTERIO:

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SEGUNDA EDICIÓN DE «EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS», UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

Entre Málaga y Tánger, entre tiempos presentes y pasados, entre recuerdos que transitan en la memoria del protagonista, Barce compone una novela negra llena de amor por los libros, el cine y los ambientes cargados de humo.

Víctor Pérez

Ya está en la Librería Proteo de Málaga, la segunda edición de mi novela El libro de las palabras robadas, con una preciosa portada y maquetación de Reme Baquero. Ediciones del Genal se ha embarcado en esta nueva aventura después de publicarme Paseando por el Zoco Chico y La emperatriz de Tánger.

Si no vivís en Málaga, podéis pedir el libro en vuestra librería habitual en cualquier punto de España, y la recibiréis allí en 24 horas. Ediciones del Genal tiene para eso una muy buena distribuidora.

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