Archivo de la etiqueta: Zoco Chico de Larache

LARACHE – ALBUM DE FOTOS 4

Seguimos con esta recopilación de nuestras imágenes. Nuestro Zoco Chico, otro de los espacios públicos emblemáticos, históricos, monumentales de Larache. Esta vieja estampa, con un artesano trabajando bajos sus soportales, es de una belleza singular. Me escribe mi amigo y paisano Abdeslam Kelai  -su mensaje está abajo entre los comentarios a esta entrada- para aclararme que lo que está haciendo realmente este hombre es cortar kifi. Y fijándome ahora con más atención en la imagen, es así, seguramente para luego usarlas en los sebsis de los cafetines… Eso convierte a esta vieja fotografía en un documento más fascinante aún.

Uno de los comerciantes más entrañables que hoy en día desarrollan su actividad en el Zoco Chico es Abdeslam, un hombre amable, afectuoso y que ha trabajado mucho para que se mantenga la esencia del lugar. Tiene, probablemente, uno de las tiendas de marroquineria más sugerentes del Zoco. Es fácil regatear con él, y me gusta cuando compartimos un té sentados a la puerta de su local, mientras el sol aplasta por la tarde los adoquines de piedra espantando el bullicio. Un tiempo de calma, en el que el reloj se detiene.

Entre ABDESLAM y mi hijo Sergio

Entre las fotografías que guardo, ésta es una de las más hermosas. Me la envió hace tiempo Gabriela Grech. Es la playa peligrosa, y los niños posan con mucha gracia. Está llena de candor, de inocencia, de futuro. Ellos son Mariana Cores, Gabriel Grech, Blanca Gomendio, Pepa Grech, Cayetana Cores, Hélène Gomendio, Antón Córdoba, Iñigo Cores, Isabel Grech e Inés Gomendio.

También ahora los niños son los que encarnan el futuro más prometedor. La Medina de Larache es un hervidero de chiquillos, son los que le dan la vida. Pasear por sus callejuelas es sortearlos, verlos correr, sorprenderlos asomándosa por las esquinas, jugar con el visitante al escondite. Chiquillería que disfruta diciéndote a gritos <hola> en castellano, para luego ponerse a reír como si hubiesen cometido alguna travesura. Me encanta pasear por la calle Real o bajar por la cuesta del Hamman y encontrarlos, es como la savia de la ciudad antigua.

En esta otra, otras niñas larachenses:  Carmina Alberca y Leyla Mezián

Y si hablamos de niños en Larache, se hace casi inevitable traer a colación el trabajo inmenso que la asociación Cherif Idrissi desarrolla con los chavales de familias más humildes, para enseñarles a tocar instrumentos musicales y artisticos. Sé que ya he hablado de ellos en alguna otra ocasión, pero en esta galería de larachenses es de justicia reconocer el esfuerzo de quien está al frente: Khalil Belaziz, hombre de ánimo inquebrantable, que en esta imagen recibe un galardón por su labor de manos de la Infanta Elena.

Inevitables, las imágenes tomadas en el Balcón del Atlántico siguen resurgiendo como por ensalmo. Todos parecen retratados en los mismos lugares, un hermoso decorado en el que nadie pareció reparar hasta que, de pronto, se desempolvan las añoranzas. En esta fotografía: Victoria de la Vega, el niño es Carlos Nieto al que sujetan sus tías Chari y Concha Alvarez, y a la derecha Lola de Cózar.

Sentada sobre la balaustrada, Dori Segrera, aún niña. Un Balcón en blanco y negro que, sin embargo, desprende el color esmeralda del océano y el celeste de su cielo.

Y también posando en el mismo Balcón, Luis Blanco con Sirita.

Como digo, es el ayer que viaja en el barco de la nostalgia, y cuando llega al mismo puerto se encuentra con otros protagonistas, resueltos a rememorar una historia similar. Pepe García Gálvez y su mujer, años después de su marcha, de regreso al mismo balcón para pasear sobre sus propias huellas…

Mientras que otros, más asiduos por razones familiares, mantienen el estrecho vínculo con Larache, pero también se retratan donde luego, con el paso del tiempo, se verán desde la distancia. Julia Sousa con su hijo Conri, rodeados del actual jardín del Balcón, explotando de luz y de color.

Abajo, una imagen desde el mismo Balcón, del camino de Nador.

Probablemente, Rachid Sebti sea uno de los artsitas plásticos  más reconocidos de Larache. En este blog, tenéis información sobre su trayectoria, sobre su trabajo y sobre sus exposiciones, y es también un hombre no sólo de talento sino también de afable trato. En esta vieja fotografía, Rachid posa junto a su padre, el literato Tayeb Sebti.

Hablando de pintura, en la Medina se encuentra la Galería de Arte Lafnar, que está desarrollando una actividad extraordinaria al dar a conocer a los artsitas locales, así como de fuera de Larache. Allí se hizo la emotiva exposición sobre la obra del pintor larachense Mustafa Bedoun Younes, tristemente fallecido.

En esta fotografía tres amigos en la galería Lafnar: Abdelfetah, un pintor al que aprecio mucho, Mohamed, que dirge la galería de arte, siempre de buen humor, y Aziz, que nos tiene acostumbrados a deleitarnos con sus videos e imágenes de Larache. 

Siempre hay un lugar en Larache para el reencuentro con los viejos amigos. Es algo cíclico, inevitable. Tras muchos años, en el Colegio Luis Vives, nos reunimos de nuevo Emilio Gallego, Lotfi Barrada y Sergio Barce. Nuestra infancia nos une, y ese algo especial que nos vinculaba entonces sigue vivo, como si sólo se hubiera producido un leve parentesis, un pequeño receso de años. Pero ahí seguimos, sin escatimar el mutuo afecto.       Sergio Barce, enero de 2012




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SINAGOGAS DE LARACHE: LA ESNOGA BERDUGO, un relato del doctor larachense JOSÉ EDERY BENCHLUCH

 

                          Hace pocas semanas, publiqué en este blog El Kipur y las leshinas de Larache, de  mi amigo y paisano, el Dr. José Edery. Ese relato, entrañable y aleccionador, ha sido uno de los más leídos, visitados y curiseados de mi blog, y seguramente, como José Edery ya sabe que nos ha enganchado, me envía otro nuevo relato o crónica, porque es ambas cosas. Actúa, pues, con premeditación. Yo, que siento cada vez más curiosidad por la historia de Larache, por la natural mixtura de las tres culturas que allí respiramos, me siento un privilegiado, primero por ser el receptor de sus escritos, y luego por ser el transmisor de ellos a todos los que seguís estas páginas. 

                          El relato-crónica que José Edery Benchluch me ha remitido nos adentra en el mundo de las tradiciones hebreas en Larache, y especialmente en el de las sinagogas o esnogas que había en nuestra ciudad. Poco sé de todo este mundo, pero leer este texto realmente me ha fascinado. José Edery, además, le da las pinceladas precisas para llenarlo de colores: nos da una lección de su cultura y de sus tradiciones, nos explica minuciosamente cada fiesta o cada ritual, además nos hace caminar por las calles de la Medina de Larache como un consumado guía -y sin cobrarnos por ello-, y con su prodigiosa memoria, por otro lado sorprendente y admirable, nos habla de todas las familias hebreas que vivían en Larache; pero no sólo recuerda los nombres, sino que es capaz de indicarnos dónde vivían y a qué se dedicaban, con lo que ese paseo no se limita a ser una caminata por calles vacías, sino que lo transforma en algo vivo, consigue que veamos a esos personajes que habitaron la vieja ciudad de Larache. Así que, después de todo lo que llevo dicho, lo más apropiado es dejar que hagáis ese viaje de la mano de José Edery…  – Por Sergio Barce.

  

Larache en el Mundo – Antonio Mesa, José Edery & Sergio Barce, al fondo Carmen Allué, y de refilón José Luis Gómez

    SINAGOGAS DE LARACHE: LA ESNOGA DE BERDUGO

 por José Edery Benchluch

   El término sinagoga proviene del latín, y este a su vez del griego sinagoge que significa “reunir o congregar”. En hebreo se dice Bet Keneset “casa (bait) o lugar de encuentro”, y también Bet Tefilá “casa de oración”. Es quizás por esta denominación por la que muchos judíos del Magreb, entre ellos los de Tetuán y Melilla, mezclan y confunden el continente (bet) con la función (tefilá) y denominan a la sinagoga tefilá que quiere decir “oración” sin añadir bet “casa” que es lo que definiría el lugar o edificio. A la de Berdugo por ejemplo la llamarían “Tefilá de Berdugo”. En Larache y Alcazarquivir la denominación más usual era esnoga, vocablo que proviene del ladino y que luego pasó a nuestro jaquetía o judeo español de Marruecos. El origen se remonta al siglo XVII cuando los sefardíes hispano portugueses, tras su expulsión de Portugal, cinco años después de España por los Reyes Católicos, denominaron, en los Países Bajos donde encontraron refugio y acogida, a su primera sinagoga construida en Amsterdam con el nombre de “Esnoga”, uno de los monumentos históricos y religioso de la ciudad digno de ser visitado. Estos judíos hispanos se hacían pasar por portugueses, de aquí su denominación de “Esnoga Portuguesa”, ya que los holandeses estaban en guerra con España y los españoles mal vistos en el país.

calle Yebiel, Larache

   Con los años nos gusta rememorar y comentar con nuestros paisanos recuerdos y vivencias de  juventud en nuestra querida e inolvidable, para la mayoría, ciudad natal marroquí. Uno de los comentarios entre correligionarios suele referirse a como eran, tanto las personas como sus respectivas esnogas habituales. La que yo frecuentaba era la de Joseph Berdugo por pertenecer a mi familia, y que estaba situada en la calle Oddi, bocacalle de la Calle Real.

   Si bajamos por la empinada Calle Real (antigua calle Marina en honor a este general que fue Alto Comisario, posteriormente calle 8 de Junio en conmemoración al desembarco español en Larache y actualmente calle 2 de Marzo) procurando no resbalar por su pronunciada pendiente, sobre todo en los frecuentes días de humedad que suele cubrir de neblina matinal principalmente la parte antigua de la ciudad, a la izquierda, tras sobrepasar la bocacalle de la Cuesta del Hamám, comenzaba la calle Oddi. Esta, más estrecha, se unía a la anterior en mitad de su trayecto para desembocar en el Barandillo (antes casi al borde del mar y actualmente separado de éste por unos jardines y una carretera de circunvalación) formando una sola callejuela, teniendo en sus cercanías al finalizar a la izquierda la mezquita de la Zauía Nasería construida en el siglo XVIII, frente al edificio del antiguo colegio español del primer Patronato Militar.

   Penetrando en la calle Oddi, a la derecha de la estrecha y también empinada callejuela, por supuesto todas peatonales por necesidad excepto la calle Real donde podrían transitar carros de mano, tras recorrer una larga fachada sin puertas, coronada por pequeños ventanucos, se situaba el primer portal, que conducía a la sinagoga de Bergugo.

    La Esnoga de Berdugo se hallaba en la planta baja de un edificio de dos plantas. A pie de calle un pequeño portal enmarcaba una gruesa puerta de madera que se abría a un largo y estrecho pasillo, oscuro y abovedado con paredes de argamasa encaladas de color ocre. Con un ensanche al principio del pasillo en cuyo lado izquierdo había un pozo sobre un río subterráneo, cuyas aguas se escuchaban y a veces se vislumbraban corriendo en las profundidades. Pozo que se utilizaba en Rosh Ashaná (Año Nuevo) para “arrojar” los habonot (pecados), y donde durante la Guerra Civil española algunos amigos de la familia arrojaron las armas que poseían ante el temor de los registros de la policía y de los militares del bando nacional. En el pasillo a la izquierda habían dos minúsculos habitáculos, donde se ubicaba la josherá (retrete) o bet  shimush alumbrado con una mortecina bombilla de 15 vatios (lo mínimo comercializado en aquella época autorizada por “Electras Marroquíes”) que servía para alumbrar un inodoro o taza a ras de suelo y un grifo adosado a la pared; y en la otra un pequeño lavabo para el ritual del Netilat Yadaim del lavamanos. La compañía de electricidad “Electras Marroquíes” de nuestras ciudades, que tan deficientes servicios públicos (el alumbrado de las fachadas con bombillas, casi siempre de mínima intensidad, para iluminar las calles corría a cargo de los propietarios o inquilinos de los inmuebles) y privados nos prestaba, era una ampliación del grupo Urquijo, de la compañía eléctrica que el Marqués de Comillas había instalado en Tánger a finales del siglo XIX.

Teba de la Snoga de Ibn Danan, similar a la de la Snoga de Berdugo de Larache

   El pasillo de la esnoga terminaba en un patio con cinco puertas. La de la derecha abría la habitación donde vivía Donna Toledano, segunda esposa tras enviudar del saddik de Larache Rebí Moshé Benchluch “Babá Hbíb”, prestigioso rabino y sanador fallecido a la edad de 106 años y enterrado en el cementerio viejo de la Cuesta de la Torre o de Rechaussen, con una lápida medio destrozada. Y en cuya habitación había una ventana que se abría directamente a la sinagoga y que la solían utilizar las mujeres como hazará (espacio separado de los hombres reservado a las mujeres). A la izquierda dos puertas eran las de dos habitaciones donde vivían con su esposa y numerosa prole el platero Señor Guagnunu, que tenía su pequeño taller en la calle Italia, frente a las tiendas de Pariente y de Emquíes, y que tenía que competir con las platerías de Jusef Tapiero, Yusef Ederhy (hermano de mi abuelo), Francisco Galeote, Marcos Hasán, Salomón Amselem (todas en la Calle Real) y Jacob Bensabat en la calle Guezarim. Guahnunu fue un  personaje admirablemente descrito por el escritor larachense León Cohén en su libro “La memoria blanqueada”, obra que tuve el honor de presentar en Madrid conjuntamente con el autor y el entonces Presidente de la Comunidad Judía, el tetuaní Jacobo Israel.  

Medina de Larache

    Las dos restantes puertas frontales pertenecían a la sinagoga. La de la derecha para entrar, y en cuyo banco de entrada a la derecha casi se tropezaba con los pies del shamah (semejante a un sacristán) Jay Daued, un magnífico meldador (lector litúrgico, y orante de memoria) oriundo de Demnate que trabajaba de camalo en el puerto. Y la puerta de la izquierda que permanecía abierta y bloqueada por un banco a modo de mejitzá (separación) para que las mujeres sentadas en sillas o de pie en el patio pudieran observar y participar en los rezos. Banco que ocupaban los meknasis Salomón Toledano (padre de las dos parejas de mellizas Esther-Mercedes y Chelo-Anita) que actuaba como administrador, saliah (oficiante) y parnás (organizador); su hermano Rebí Abraham (padre del larachense nacido alrededor del año 1918 Boris Toledano Oziel, el Presidente de la Comunidad Israelita de Casablanca, y el más anciano y veterano a nivel mundial) y Jacob Toledano (no eran familia, propietario de la Tienda “La Favorita” bajo los arcos de la Plaza España), así como los hermanos Emquíes (especias y ultramarinos en la calle Italia). Todos ellos con su numerosa prole y familiares.

   Muchas veces el ritmo de los rezos se interrumpía, debido al fuerte carácter de los protagonistas con frecuentes disputas  por motivos rituales, de programación o de lectura entre los dos paisanos Toledano que se sentaban juntos, Salomón y Jacob. Estos solían utilizar en sus disquisiciones el judeo árabe, a pesar de que llevaban décadas viviendo en Larache, forma dialectal habitual en las juderías de la zona francesa, con frases castellanas con una peculiar entonación y pronunciación. Motivo por el que en ocasiones a veces Jacob encahseado (cabreado) abandonaba la esnoga para irse a otra próxima (generalmente a la de Moryusef, donde era bien acogido pues era un buen meldador de potente voz) pero durante breves períodos de tiempo; y el regreso se solía producir con un efusivo shalom entre ambos. El saliah sibur (oficiante principal) David Gabay (que era el shohed o matarife ritual de la comunidad) más conocido por “David Elgué”, sobrenombre del saddik de su pueblo, oriundo de la ciudad de Demnate, al igual que varios de los asistentes a la esnoga, intentaba mediar en las controversias. Ante la impavidez de mi abuelo Yamín propietario de la sinagoga, hombre de apariencia serena, el más instruido en materia litúrgica y religiosa de los asistentes pues había estudiado en la yeshivá o seminario de Meknés), pero también con gran carácter. Yamín Edery Busidan era hijo de Vida (“Máma”) Busidan, que fue madre también de los conocidos rabinos Messas por su segundo matrimonio con Rebí Haím Messas; y biznieto del celebre saddik de Meknés Rebi Daued (David) Busidan o Boussidan.

   Por  las disquisiciones anteriormente relatadas entre los dos miembros de mi esnoga, que no suelen ser infrecuentes en otras sinagogas y de las que a veces también he presenciado en Madrid, casi como si fuese una “tradición”, comprenderá mejor el lector la conocida historieta del náufrago judío en una isla totalmente desierta. Que al socorrerle al cabo de varios años los rescatadores hallaron que había construido además de su casa, dos edificios más para sinagoga: uno cerca del mar y otro en la colina. Cuando asombrados le interrogaron respondió, ante lo que consideraba una incomprensión por parte de los goys: “¡Que era para cuando se pelease en una de ellas, irse a la otra¡”.    

Boda hebrea en Larache

    La esnoga de Berdugo era de forma rectangular y en la pared opuesta a la ventana de  “tía” Donna formaba como una T, en cuyo extremo derecho superior estaba empotrado a media altura un artístico y esculpido armario en referencia al “Arca de la Alianza” que servía de Hejal (para los judíos ashquenazís Aron Akodesh  o “Arca Santa”) conteniendo los Sefarim (“Rollos de la Ley”). Debajo  recuerdo que se sentaba el “ceutí” Mojluf Gabay con su familia, oriunda de Demnate. Entre los Sefarim había un Sefer Torá o “Libro de la Ley” (manuscritos en piel de cordero con unas características y condiciones especiales y enrollados en dos artísticas maderas coronadas con adornos de plata o tapujim) escrito y confeccionado en Jerusalén en memoria del larachense Simón Benamú, comerciante, viajero y explorador en el Amazonia, ofrecido por su viuda y sobrina Meriam Benchluch “Tití”. El Sefer Torá es una copia manuscrita del Pentateuco (los Cinco Libros de Moisés) en pergamino procedente de un animal casher (excepto el buey) especialmente preparada y escrita por expertos escribas (soferim) profesionales.

   También en la misma zona se ubicaba la numerosa familia Benchluch, con el conocido Practicante Yusef encabezándola. Era enfermero del Dispensario cercano al Hospital Civil y de la familia de los Guisa, de los que aprendió el habitual trato y saludo protocolario y cortesano que utilizaba con pacientes y amigos. No se despedía de nadie en la calle dándole la espalda sin antes dar tres pasos hacia atrás. Frente al hejal en el otro extremo de la T (izquierda) estaba situada la tebá (estrado y mesa a modo de púlpito de lectura de la Torá), con una ventana lateral que daba al patio para que a través de ella las mujeres pudieran contemplar al saliah sibur (oficiante principal)  y a los olim (los llamados a leer la Torá cuyos dos primeros debían ser un Cohén y un Levy)). También recuerdo a la familia Beneich, oriunda de Alcazarquivir, sentados al pie de la tebá, con el “patriarca” acompañado entre otros de sus hijos Menito, el adjunto de Don Mariano Jacquetot, y de Samuel. Vivían en el edificio del krez (calvo) Bengoa en la calle Duquesa de Guisa, donde vivían también la familia Bensimon cuya hija Marcelle se casó con el Primer Ministro de Gibraltar Sir Yoshua Hassan.

Medina de Larache

   En la hilera central de bancos que dividían longitudinalmente la esnoga se sentaba mi abuelo Yamín, propietario del edificio. Y entre otros también los miembros de la familia de Chalóm Amselem (el farmacéutico Abraham, el Dr. Amram o Armando, Jacob o Jacobi, capitán mercante, Isaac, Mair y el Dr. Jaime, único de los hermanos actualmente vivo y en California) sobre todo el día de Yom Kipur “Día del Perdón” (una semana después de terminar Rosh Ashaná u “Año Nuevo”) que es cuando les recuerdo en la sinagoga. Los niños éramos numerosos, sobre todo los días de fiestas, y cuando se nos pasaba las reprimendas de los mayores por corretear entre los bancos distrayéndoles en sus oraciones, charlábamos en voz baja. Los que más frecuentaban la esnoga eran los de clase media baja, que luego de adultos han resultado buenos meldadores. A estos, de familia muy numerosa generalmente, les caracterizaba que los trajes que “estrenaban” en las pascuas llevaban el ojal de la solapa de la chaqueta a la derecha, ya que las expertas y baratas costureras de entonces sabían perfectamente como adaptar el traje usado del padre o del hermano mayor, dándole la vuelta. Pero lo curioso, y que recuerdo siempre con relativa sorpresa, era que durante la lectura de la Torá (el momento más sagrado del oficio junto a la silenciosa oración de la Amidá) la mayoría de los hombres salían a la puerta a charlar, y nosotros aprovechábamos esa casi media hora para bajar corriendo la Calle Real hasta el puerto. La Amidá (o “Shemoná Ezré” por componerse de 18 oraciones, aunque luego se añadió una más) debe su nombre a que se reza de pié, constando de tres partes que se atribuyen cada una a Abraham, Isaac y Jacob. Se melda tres veces por día (en el shahrit de mañana, minjá de tarde y arbit de noche) de pie, en silencio y máxima concentración siendo su sublime momento el recitado de la Keduchá en voz alta que es la oración de los ángeles. 

Sinagoga Ibn Danan de Fez

  La sinagoga de Berdugo fue edificada y creada a finales del siglo XIX por el comerciante de Meknés o Mequinez radicado en Larache, Joseph Berdugo Ohana, casado con Yael (“Máma”) Benchluch, que era hijo del saddik Rebí Yudah más conocido como “Jajam Halav Hashalom” y nieto del saddik el “Malaj” Rafael Berdugo. Joseph o Yusef, que era mi bisabuelo paterno (padre de mi abuela Simha Berdugo Benchluch, esposa de Yamín) fue un emprendedor empresario, hombre de confianza del Sultán en sus negocios en el norte del país y en Europa, por cuya razón efectuaba frecuentes viajes al vecino continente, principalmente a Manchester y Londres. Estos viajes contribuyeron a que incorporase a sus hábitos “el comer en mesa alta con cuchillo y tenedor”. Hay que tener presente que hasta la llegada de los españoles y franceses a Marruecos, lo habitual era comer sentados en el suelo, en una mesa baja y con cuchara o mgerfa.  Recuerdo que a esta, los judíos de origen megorashim (expulsados de España que convivían en las ciudades del sur con los judíos toshabim u autóctonos del país) del mellah de Meknés y Fez, la denominaban kutshara al igual que muchos otros vocablos por su cultura original hispánica.

Sinagoga Ibn Danan, interior

   Lo anecdótico era que a la hora de almorzar, por novedosa curiosidad, a sus los vecinos y amigos les gustaba presenciar su forma de comer al estilo nasrani. Vivía en la primera planta de la sinagoga, que consistía en un gran espacio o galería cubierta acristalada que daba al patio de la planta baja, y de donde se abrían varias habitaciones que servían de cocina y dormitorios, efectuándose las comidas en la galería. La azotea o stah, a la que se accedía por una estrecha escalera de paredes siempre blanqueadas, era utilizada por las mujeres como lugar de tertulias al tender la ropa. Así como por los orantes hombres de la sinagoga las noches de novilunio para meldar (rezar) el Birkat Alebaná  u Oración de la Luna. Sucedía a los siete días aproximadamente de vislumbrarse la Luna Nueva o creciente visible de ésta, generalmente después de las tefilot (oraciones) del arbit (rezos de la noche) del shabat (sábado) o noche de alhad (domingo). Para nosotros los sefardíes, me comentaba mi abuelo Yamín, la oración de la Luna era más un birkat o bendición que un kidush lebaná o santificación; y que era o representaba cada principio de semana o shabuah una bienvenida a la Shejiná o “Presencia Divina”. Años antes de la independencia del país en 1956, las habitaciones sirvieron de vivienda a varias familias; y a una de ellas, como la de Azagury, al mismo tiempo también la utilizaba de fábrica  en cuyo horno elaboraba y comercializaba una deliciosa carne de membrillo.

Anita Benarroch de Ayach y Molly Benarroch de Benhayon con Juanita

   Casi siempre nuestros recuerdos desembocaban en la noche de Kipur al salir de las diferentes esnogas. Solíamos esperar en la esquina de la calle Oddi a los amigos que salían de otras sinagogas  (todas en callejuelas de la Calle Real o en el Barandillo) como las de Taregano (o de Castiel), Eljarrat, Isaac Amselem, Beniflah, Abitbol, Asayag, Moryusef, Bendayan, Salmón, Benhazan, etc, y que subían por la empinada Calle Real. Tras la Independencia de Marruecos, todas estas esnogas fueron cerrándose, quedando solamente la Sinagoga Parente, la última y única construida en la ciudad moderna. La mandó crear Estrella Beniflah, larachense residente en Barcelona en memoria de su esposo. Actualmente también inexistente en su función, estaba situada  en una bocacalle de la Cuesta del Mercado de Abastos (a mano derecha), en el primer piso en cuya planta baja vivía la familia de Jacob Beniflah. La Calle Real, al igual que todas sus bocacalles (las de la derecha ascendían en pronunciada pendiente al igual que las de la izquierda bajaban hasta desembocar en el Barandillo) estaba en tinieblas, ya que la única luz pública era la de las puertas de las casas, y al ser Kipur estaban apagadas. Solamente algunas pocas viviendas donde vivían una minoría de musulmanes y cristianos estaban encendidas. Y estos paisanos por esa perfecta convivencia y entendimiento entre las tres creencias que existió en la ciudad durante la época del Protectorado de España, conociendo las costumbres y reglas religiosas judías, solían en ocasiones sin previa petición, encender o apagar la luz de escaleras y pasillos. 

zona actual del Barandillo, vista parcial

    Atravesábamos el Zoco Chico, continuábamos por la también apagada calle Italia donde vivían numerosas familias judías. En una pequeña bocacalle a la izquierda vivía la conocida “pedigüeña” Meshoda de Coco, a la que la policía encontró muerta en su habitación y hallaron que un armario empotrado se abría a una habitación secreta llena de vasijas y viejas maletas ¡repletas de miles de monedas hazanías, francos y pesetas de cobre y níquel¡ Era el avaro fruto de muchos años de pública mendicidad, pero según los descubridores del tesoro, las monedas por su estado de podredumbre al cogerlas se deshacían en las manos. Atravesábamos la Avenida del Generalísimo (anteriormente Carretera de Alcázar, luego Reina Victoria y actualmente Mohamed V) algo más iluminada por las farolas, donde algunos se despedían (Fereres, Castiel, Medina, Matitia, etc) para remontar la calle. Los demás seguíamos por la calle Cervantes, la Travesía de la Iglesia, o bien por el Pasaje Gallego si queríamos hacer tiempo para seguir charlando y llegar lo más tarde al domicilio (el mío en esa época en el Pasaje Moreno, posteriormente denominado calle Baleares, antes de trasladarnos al chalet de Sor Ichara Moderno que compró mi padre a Moreno). Domicilios donde lo único que nos esperaba era ir a dormir en ayunas en una casa totalmente a oscuras, excepto si las velas, candil o mariposas encendidas antes del Shemá Kolí del arbit (oficio de la noche) continuaban encendidas. Al desembocar en el “Paseo” de la calle Chinguiti (antigua calle Canalejas y hoy Hassan II) las penumbras se alternaban con la mortecina luz de las bombillas de los portales de las casas de los naszranis. Casas en general de la zona cuyos casquillos de bombilla solían estar vacíos, puesto que “Yaacobito el Electricista” (algunos le llamaban “Marconi” y también el de la dolmáu oscuridad) ya se había ocupado regularmente de sustraerlas para “revenderlas” a sus propietarios con su eterna cantinela de: “Por una monedilla, unos cigarrillos, un cafetillo, la voluntad y le cantaré un cantarcillo” cuyas coplas eran siempre las mismas “!Mariloli, sin robarlas coshí una bombilla de tu caza…¡” .

Cine Ideal, en la antigua calle Canalejas, luego Chinguiti, hoy Hassan II

    Pero lo curioso era que el Paseo, que era la calle más importante, comercial y concurrida de la ciudad, también estaba esa noche poco iluminada y triste, y además con pocos paseantes y transeúntes. Se debía a que los dos cines más frecuentados de la ciudad y que se ubicaban en dicha calle Chinguiti, como eran el Cine Ideal y el Teatro España, y que daban una gran luminosidad y animación a la calle,  estaban cerrados y totalmente apagados, ya que sus propietarios eran judíos. El primero había sido adquirido por Salomón Amar a la familia Gallego y el segundo pertenecía mayoritariamente a la familia de Isaac Benasuly. El Cine Avenida en la calle Cervantes frente al Pasaje del Cine Ideal se estaba construyendo por su propietario Luís Lodra, y el Cine Coliseo María Cristina perteneciente a Agrela situado en la calle Soldado Sequera, se ubicaba lejos de las calles de tránsito habitual.

Zoco Chico de Larache – vista nocturna

   A la altura del Cine Ideal, los diversos acompañantes comenzábamos a dispersarnos en dirección a los respectivos domicilios. Los Azulay, Benayon, Toledano, Bendodo, Amar, Abergel, Belity, Bohbot, Abehsera, Trojman, etc, en dirección a las  a la Plaza de Barcelona, denominada pomposamente según constaba en una placa “Plaza del Concordato Franco-Perón”. O por bocacalles anteriores como la calle Asturias. Los Oziel, Salama, Ayach, Benarroch, Muyal, Sabah, Pariente, etc…, hacia el “campito de Castiel” (donde se instalaban los circos) en las calles a la izquierda de Chinguiti. Los Benchluch, Bendayan, Ezrien, Benquesús, Sliman, Beniluz, Moryusef, Eljarrat, Emquies, Amselem, Susana, Gabay, Saraga,  etc, en los sectores a la derecha de Chinguiti. Algunos  por la calle Cervantes continuaban por la calle Duquesa de Guisa (antigua Cónsul Zapico) y Capitán Lopera (Obadia, Bensabat, Toledano, Malka, Moryusef, Buskila, Muyal, Emergui, Oziel, Melul, etc…) hasta Soldado Sequera, calle que se prolongaba con las dos Sor Ichara (Antiguo y Moderno) al bifurcarse en la esquina de la tienda del susi.

Boda hebrea en Larache

   Otros pocos retrocedían hasta la Plaza de España (Sonego, Beneich, Susana, Cohen, Bendayan, etc…) para distribuirse por las avenidas que partían de la actual Plaza de la Liberación como eran la del General Barrera antiguo Comandante Miliar de la Plaza (luego Avenida del Nador y actual Muley Ismael), 17 de Julio (antes Primo de Rivera y actual Mohamed  Zerktouni) y  Duquesa de Guisa). Y muy pocos hasta el lejano Barrio de las Navas donde solo vivían seis familias judías (Anidjar, Caro, Amor, Bendayan, Benchluch y Benguigui). Barrio lejano en aquella época para nosotros los de “Chinguiti” y con cuyos residentes solo coincidíamos y nos veíamos en el Paseo, en los cines, fiestas, playa o en los colegios, principalmente Grupo Escolar España, Patronato Militar y en los Maristas. Casi colindante con el barrio de las Navas se ubicaba el Barrio del Nador, donde además de algunos campamentos y estamentos militares, se hallaba el mayor número y concentración de Marruecos por metro cuadrado, de lupanares, mancebías, heteras, meretrices y cortesanas, tanto  indígenas como españolas.

Barrio de Nador

   Muchos años después, en el 2007, regresé y visité algunas ciudades del ex Protectorado, invitado oficialmente por el Señor Cónsul General de España en Tetuán y Cónsul en Larache Javier Jimenez-Ugarte, para dar unas conferencias en la antigua capital del Protectorado y en mi ciudad natal, sobre su evolución histórica y tradiciones. Acompañado de mi esposa y del Director del Colegio Español “Luis Vives”, el asturiano José María Montes, visité el cementerio judío nuevo (situado junto al católico) que hallamos en un estado de deplorable abandono y destrucción (el Director al ver mi estado de ánimo se ofreció a restaurar y arreglar, benévolamente, la destruida tumba de mi abuelo Yamín, lo que efectuó en unas semanas). La búsqueda de la tumba de mi abuelo Yamín y de otros familiares se vio facilitada gracias a la labor y a la guía numerada del cementerio realizada por nuestro paisano residente en Miami Isaac Abeckjerr (Abergel). Visitamos la ciudad vieja y fui recordando y evocando toda mi juventud y los lugares que visitábamos, con mis acompañantes.

   Penetramos en la calle Oddi, llamamos a la puerta de la antigua esnoga y nos abrió una señora  musulmana de cierta edad. Le expliqué que deseaba visitar la vivienda, poniéndole en antecedentes de lo que había sido el edificio Con todo respeto y amabilidad nos acompañó y enseñó los diferentes espacios. Lo que fue sinagoga era una gran sala con madraques y mdareb (colchones) adosados a las paredes, que debía servir como dormitorio, comedor y sala de estar de la numerosa familia. Fui recordando en voz alta vivencias, donde se sentaba cada uno de los orantes y las ubicaciones de los diferentes bancos, estrados y objetos. Hasta que cargado de emoción no pude retener unos sollozos que contagiaron a la anfitriona. Al despedirme le dejé disimuladamente, para no herir su sensibilidad y no producirle hachuma o bushá (vergüenza), una cantidad de dirhams, con el pretexto que lo ofreciese a los msaken, aunque bien se observaba que esa familia eran los más necesitados.

José Edery

Mi agradecimiento a mi paisano y escritor larachense, el letrado Sergio Barce por las fotografías e imágenes  en este artículo. Para mayor información relacionada con este  artículo u otros de similar contenido, consultar o leer la obra de próxima aparición “Viajando por el Magreb Hispánico”, de José Edery. Dr. J.E.B. “Al Tebíb Harofé” – Madrid,  Octubre 2011.

Boda en Larache

 NOTA: Las fotos de las bodas hebreas en Larache las he tomado prestadas de la página de mi paisana larachense Soly Anidjar, a la que podéis entrar en:  http://solyanidjar.superforum.fr/t4110-larache-nostalgia-historias-y-fotos-de-mi-familia

 

LARACHE

 Luis María Cazorla. autor de la novela «La ciudad del Lucus», jurista larachense de reconocido prestigio, abogado del Estado, catedrático, letrado en ejercicio y novelista -me remito a lo publicado sobre él en este blog-, ha enviado el siguiente comentario al respecto:

 No me voy a referir a la estupenda entrega que Edery nos ha hecho sobre las sinagogas de Larache, a pesar de que él me lo pide. Me salen de la pluma unas letras de vuelo más alto.

Edery significa mucho para la historia reciente de Larache; es uno de los principales poseedores de su memoria histórica viva. Por cierto, ¿cuándo él y Barce darán nombre a una calle en Larache, algo tan merecido si nos atuviéramos a razones de pura justicia? Sabe todo, todo fluye en él como un manantial incontenido; te desborda: “Pepe, Pepe, más despacio” le tenía que decir cuando le sacaba datos para mi novela La ciudad del Lucus hace un par de años, y cuando se los saco ahora para Los asesinatos de Cuesta Colorada, que tengo muy adelantada en el telar.

Para La ciudad del Lucus me suministró datos muy valiosos relativos al desembarco en Larache del destacamento español encabezado por el teniente coronel de infantería de Marina, Dueñas Tomasetti, el 8 de junio de 1911, y la favorable acogida que la colonia judía dio a este trascendental hecho.

Para Los asesinatos de Cuesta Colorada me ha suministrado “jugosos” datos sobre la relación amorosa del general Fernández Silvestre con la bella judía Meriam, relación que encontró cobijo en uno de los locales de la Cuesta del Haman.

Esto es sólo un ejemplo de la enciclopédica “sabiduría larachense” de Edery copiosamente regada por un gran amor hacia Larache y sus derivaciones.

Sinagogas de Larache es un documentadísimo y muy ilustrado relato de lo que Edery atesora. Enhorabuena y gracias… ¡ah!, espero con impaciencia su Viajando por el Magreb hispano.

 Luis María Cazorla

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ZOCO CHICO DE LARACHE, un poema del escritor larachense CARLOS GALEA

 Aunque Carlos Galea es más narrador que poeta, como adelanto, antes de publicar en este blog un artículo sobre su obre narrativa, reproduzco uno de sus poemas dedicado a Larache, su ciudad natal, y en concreto sobre el Zoco Chico. Es un poema sencillo, que pinta el ambiente y la vida que se respiraba en el hermoso zoco cuando Carlos vivía en Larache.

Sergio Barce

EL ZOCO CHICO DE LARACHE

 Puerta monumental hispano árabe

de la medina antes amurallada,

se entra por una estrecha calle

repleta de gente muy abigarrada.

 

Mujeres con “jaique” y cara velada,

hombres con “chilaba” y rojo casquete,

otros con turbante, con ropa europea,

viejos judíos con faja y bonete.

 

Montañesas de la kabila del Sahel

con sombrero de paja y borlones,

llevan falda rojiblanca a rayas,

y polainas de cuero marrones.

 

Varones de esta misma kabila

con turbante bordado en amarillo,

“chilaba” corta hasta la rodilla,

gran cartera de cuero con flequillos.

Zoco Chico, foto de Itziar Gorostiaga

 Después se llega a un amplio recinto

que termina en el portal de la Alcazaba,

con una arquería a cada lado,

de gastados pedruscos la calzada.

 

Diminutos comercios bajo los arcos

con el mostrador cubriendo la entrada,

el vendedor sentado encima, sobre

un cojín, y las piernas cruzadas.

 

Sin necesidad de desplazarse

vende los artículos que tiene al lado:

zapatos, correas, babuchas, caftanes,

jarrones de cobre o latón cincelados.

 

Bonitas teteras de falsa plata,

azúcar en pilones, té y café,

velas, quinqués, cerillas, mecheros,

especias orientales a granel.

Zoco Chico

 Cafeteras doradas y plateadas,

vasos y platos, vestidos bordados,

viejos cuadros y muebles antiguos,

llaves, cadenas, cerrojos y candados.

 

Fuera de la arquería, en las aceras

que bordean la empedrada calzada,

se instalan numerosos vendedores

de mercancía por ellos elaborada.

 

El queso fresco sobre una palma,

manteca rancia en pote esmaltado,

la tortilla de harina de garbanzo,

buñuelos de viento ensartados.

 

Pinchos morunos de carne picada,

los desnudos mejillones cocidos,

las tortitas de harina porosas,

habas con sal y cominos molidos.

 

¡¡ Yabán Kulubán !!

 

Vocea alto el vendedor ambulante,

pasea un pastoso caramelo,

fundido sobre una gruesa caña,

y espanta las moscas con su pañuelo.

 

Sobre mesitas de blancos manteles,

tortas salidas del horno recientes,

invita a comprarlas a los que pasan

su buen olor, que domina el ambiente.

 

Los campesinos ofrecen sus productos

traídos a lomo de borricos a la ciudad,

los colocan sobre las aceras apilados,

pregonando a gritos su gran calidad.

 

Son naranjas muy ácidas de piel fina,

pepinos, calabazas, grandes melones,

sandías, verduras de sabor penetrante,

higos chumbos en pequeños montones.

 

La palmicha (el dátil del palmito)

moras y madroños en cestas de caña,

níscalos y otras setas del pino

recogidos en bosques de la montaña.

 

En un estrecho callejón adyacente,

que ofrece sombra y frescura,

salitrosos pescadores de costa

exponen en los cestos sus capturas.

 

Muestran al pasante gran variedad

de pescados: doradas, sargos, lubinas,

ricas angulas de pesca furtiva,

zalemas, lisas, congrios y corvinas.

 

Se oculta el sol en el horizonte,

se enciende el cielo de nubes rosas,

el canto del almuecín llama al rezo,

los vendedores recogen sus cosas.

 de Carlos Galea

CARLOS GALEA

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LARACHE vista por… PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ (2)

Ya hice hace unos días una reseña del precioso libro Ángeles del desierto (Colección Ancha del Carmen – Ayuntamiento de Málaga, 2007), poemario de Paloma Fernández Gomá, dedicado a varias ciudades marroquíes, entre ellas Larache. Y como sé que ella no se molestará por mi osadía, tras haber reproducido aquí sus poemas «Larache», «Café Central» y «Lalla Menana», ahora le toca a otros tres inspirados igualmente en Larache y con títulos igualmente emblemáticos: «Lixus», «El Zoco Chico»y «Callejones de Larache».

(Diseño de la cubierta de Ángeles del desierto: Antonio Herráiz)

LIXUS

En la cadencia de los siglos

permaneces ausente

y recuerdas el rumor de voces

acunadas de viento,

el agua que fluye en el anochecer

llevando en su costado

el tiempo transcurrido

donde la hierba estuvo crecida

o pastó el ganado.

Tu ausencia ha cobrado matiz violeta

y vence la inerte mirada,

tornando en claridad

una lengua de fuego, ya fatigada

La poesía de Paloma es tan exquisita que logra fácilmente no sólo transmitir la interioridad de los sentimientos, es que, a la vez, nuestras sensaciones físicas perciben el detallado recorrido de sus versos. Caminamos por los lugares a los que ella nos lleva, y olemos, tocamos, saboreamos..

EL ZOCO CHICO

Zigzagueantes las calles

son recintos del ajetreo de vendedores

exponiendo sus mercancías.

El color cohabita las celosías

y en humedad acoge todo el olor

de la hierbabuena.

Tierna, la fruta rezuma

y abalorios diversos se disponen

en los puestos.

Alfombras, gasas y especias bordean

el intrincado camino del zoco.

Desde el arco se escucha el zumbido

de algunas abejas

que ocasionalmente liban el néctar

de flores abandonadas

junto a la canasta de higos

MEDINA DE LARACHE

Las viejas calles de la vieja ciudad de Larache parecen, en cada poema de Paloma Fernández Gomá, llenarse de gente, palpitar con sus vidas, rezumar con los recuerdos que habitan tras las vantanas entreabiertas.

CALLEJONES DE LARACHE

Las calles se estrechan

en franjas de azulete, verde o amarillo.

La encrucijada se torna claridad,

cuando se hornean tortas de harina

o pan reciente de sal, mínimo de levadura.

El mar va penetrando los dinteles

o filtra el yodo de su acento

a través de ventanas

que se estrechan bajo la techumbre

de callejones sin salida.

El rumor del oleaje resbaló

y fluye, ahora, por la medina

desde la plaza de España

hasta la desembocadura del Lucus

 PALOMA FERNÁNDEZ GOMÁ

Aunque la poesía parece condenada a una extraña marginalidad, lo cierto es que los versos nos apaciguan, y si son como los de Paloma, llenos de ternura y delicadeza, además nos regalan un algo de sosiego que, tal y como se suceden los acontecimientos actuales, quizá sean incluso la mejor terapia para todos. Ahora, tras haber callejeado por la Medina, haber parado en algún puesto del Zoco Chico, no estaría nada mal sentarnos en la terraza del Café Lixus y tomarnos un té con yerbabuena y azahar.

Sergio Barce, febrero 2011

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ZOCO CHICO DE LARACHE… por RAMÓN TARRÍO

Ramón Tarrío

Ya es hora de que haya un poco de música en el blog… Al hablar de «Larache vista por Paloma Fernández Gomá» hacía referencia a que sus versos habían sido musicalizados por el cantautor Ramón Tarrío. Pues bien, Ramón ha tenido la gentileza de enviarme el enlace del vídeo de su adaptación musical de los versos que Paloma dedicó al «Zoco Chico de Larache«, en el que, además de la excelente música que hace, incluye alguna imagen del día que actuaron en Larache dentro del Festival de Música que en el 2007 organizamos «Larache en el Mundo» y «Almada» en el Castillo de las Cigüeñas, y al verlas me han venido los recuerdos de aquel encuentro que tanta repercusión tuvo en la ciudad. Y sé que a Ramón Tarrío y a los componentes de su grupo, también les resultó una experiencia inolvidable.

Disfrutad de su música:

http://www.youtube.com/watch?v=Cevw7-Ayb20

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