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MÁLAGA, 26 DE ENERO – PRESENTACIÓN DE «ME LLAMO SULEIMÁN», UNA NOVELA DEL ESCRITOR TANGERINO ANTONIO LOZANO

Os recuerdo que este jueves, 26 de enero, a partir de las 18.00 h. en la Sociedad Económica Amigos del País, en Málaga, tengo la suerte de presentar la novela Me llamo Suleimán de mi amigo el escritor «tanyaui» Antonio Lozano. Novela que además se representa este viernes en el Teatro Echegaray, dentro del Festival de Teatro de Málaga.

Aprovecharemos el acto para hablar, por supuesto, de su otra novela Un largo sueño en Tánger. Ese precioso libro que nos lleva a su tierra natal.

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«ENCUENTRO EN TÁNGER», UN RELATO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN MESONERO

Esta vez, se ha hecho de rogar. Pero es seguro que las cosas buenas necesitan su tiempo: un buen vino, una buena novela. Es el caso de este nuevo relato de mi paisano y amigo León Cohen. Una vez más, me lleva a aquel Tánger, el Gran Tánger, que tanto  nos inspira a los escritores desarraigados. Sus palabras, utilizando en especial a su admirado personaje de Juanita Narboni y las expresiones de jaquetía, son sabias, y encierran una explicación, un porqué, tal vez el significado de lo que es ser tanyaui.  Como siempre, me enorgullece poder contar con sus relatos en mi blog, y descubrir, entre líneas, algún guiño a Larache. Leamos, pues, a León.

Sergio Barce, enero 2017

Encuentro en Tánger

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Juanita  y Sol

Sol Bensusan era una joven tangerina como tantas otras, hasta que se le ocurrió escribirle una carta a Juanita Narboni que, para su sorpresa, dio la vuelta al mundo. Cualquiera puede encontrar la carta en Google. Juanita Narboni, como todos sabréis, se ha convertido con el paso de los años (la novela se publicó en 1976) en un arquetipo literario creado por el escritor también tangerino Ángel Vázquez, hasta tal punto que no sabremos nunca si Juanita fue un personaje real o ficticio. De manera que cuando en el año 2002, Sol le escribe a Juanita y le expresa su amistad y le transmite sus sentimientos, no sabemos si ambas se conocieron realmente o si Sol establece un diálogo con un personaje novelado. Al menos yo, tengo mis dudas. Tanto Sol como Juanita, poseen la impronta tangerina y eso se manifiesta en sus expresiones, en su manera de vivir su ciudad y de contar su pasado. Pero bueno, lo que yo como narrador pretendo, es relatar el encuentro de estas dos tangerinas, esperando que, del intercambio de vivencias, de reflexiones y de opiniones surja el milagro que ilumine el esplendor de Tánger y la memoria de sus habitantes. Es indiferente que ambas sean personajes reales o inventados.

Esta mañana de verano, Sol y Juanita se han citado en un café cercano a la playa municipal, junto al Hotel Rif. Sol está un poco nerviosa porque lleva años sin ver a su amiga Juanita. ¿Qué aspecto tendrá, qué habrá sido de ella, al bimier baharnes? Se pregunta mientras baja por la cuesta de la playa, qué quebradera, después hay que subirla, piensa. ¿Qué se dirán al verse de nuevo? ¿Cuánto les durará el primer silencio, ese que viene tras los besos y abrazos? Espero que poco, se dice Sol, que sea cortito por el Dio. Sol entra en el referido café y, apenas dentro, exclama: Uah mírala, es ella. Ahí está Juanita, sentada en una mesa con las piernas cruzadas, lleva gafas de sol y una especie de turbante de colores llamativos que le cubre parcialmente la cabeza. Conserva su tradicional elegancia tangerina. Parece salida de una película de los años 50. Llegado el momento tan esperado como temido por Sol, ambas mujeres se abrazan, se miden, se miran, como si nunca se hubieran visto.

VIDA PERRA, versión cinematográfica de Juanita Narboni, encarnada por Esperanza Roy

VIDA PERRA, versión cinematográfica de Juanita Narboni, encarnada por Esperanza Roy (del blog de Eduardo Sanz de Varona)

-¡Qué bien te conservas Juanita! Exclama Sol.

-Y tú qué joven estás Sol, nunca te hubiera imaginado así, tan lozana y hermosa, lo bueno.

Por fin se sientan.

-Mira Juanita, te he traído un regalito de España, por una parte, no sabía qué traerte, pero por otra no quería que, de nuestro encuentro, no te quedara ningún recuerdo, no es por lo material, ya me entiendes…

-No te hubieras molestado mujer, pues sabes muy bien que, desde que me dijiste que vendrías, no he podido olvidar el detalle. Muchas gracias de todos modos. Eres un diamante Solita.

Una vez pasados los primeros minutos e intercambiados los parabienes, ambas mujeres permanecen un tiempo en silencio, que Sol se encarga de romper.

-¿Juanita, te has parado alguna vez a pensar sobre nosotras y nuestra realidad? ¿Somos personajes de ficción o somos más bien la representación de muchas mujeres que vivieron en nuestra época y en nuestro lugar? 

-¿Qué importa que hayamos existido o no? ¿Y eso qué más da? -siguió Juanita-. Yo estoy convencida de que sino idénticas a nosotras, fueron muchas las Juanitas Narboni y las Soles Bensusan, con otros nombres sí, pero con vidas e inquietudes parecidas a las nuestras, en aquel Tánger de los 50 y los 60. Fíjate que cuando recibí tu primera carta, me sentí retratada y feliz porque alguien más reflejara con tanta precisión lo que yo misma había sentido en tantas ocasiones. Experimenté una sensación extraña, como si mi historia no hubiera acabado y su continuación me permitiera seguir viva. Ahora mismo estoy aquí de nuevo como si hubiera escapado del libro, hablando contigo, reina. Es casi un milagro. Es como si Ángel le hubiera dado el testigo a León para que siguiera.  Así que ahora podremos explayarnos y hablar de nuestro pueblo y también de nosotras.

-Han pasado cuarenta años desde que saliera tu vida perra a la luz, Juanita, yo soy algo más joven, hace solo una veintena de años que me convertí en personaje público -continuó Sol-. La pregunta que siempre me viene a la cabeza, Juanita, es: ¿Por qué Tánger? Yo nací en Larache, donde viví hasta los diecisiete, aunque casi la mitad de ese tiempo lo pasé entre Zoco-el-Arba y  Rabat, hasta que llegué a Tánger en el 64. Lo extraordinario no es cómo era entonces aquella ciudad, sino cómo la percibí y la interioricé yo, y cómo la convertí en mía para siempre. Tánger seguía siendo un espacio de mestizaje cultural y religioso, pero también social y político. Recordarás, Juanita, que habían bastantes centros educativos, como el Instituto español Severo Ochoa, el Liceo francés Regnault, el Instituto alemán Goethe, el italiano Dante Alighieri, la American School, el English College, además de los colegios marroquíes y de la Alianza israelita. No estaba nada mal para una ciudad que no alcanzaba los doscientos mil habitantes.

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-Es cierto -prosiguió Juanita-, que, el carácter o más precisamente la idiosincrasia tangerina, se forjó entre otras cosas, a base de afinar el oído y de familiarizarse con los sonidos, las entonaciones, las gesticulaciones y hasta los ruidos de tantos idiomas diferentes, que parecían fundirse en uno solo, cuando alguien pronunciaba: Arrête de déconner mon vieux, déjame en paz por favor, a jai baraka msdar. Como si necesitara decir las cosas en varios idiomas para ser entendido. Pero lo sorprendente, es que nadie podía adivinar cuál de estas tres lenguas era la materna de ese alguien. Porque los tangerinos no hablábamos varios idiomas, los interiorizábamos y los hacíamos nuestros. Decía un famoso filósofo español, creo que era Emilio Lledó: “Los otros son otros en la medida en que son diferentes de nosotros; la otredad es entonces esa posibilidad de reconocer, respetar y convivir con la diferencia”. Sin embargo, la manera tangerina de considerar la “otredad” enriquece, profundiza y amplía esa hermosa definición. No se trata ya solo de tolerar o de aceptar al otro, los tangerinos dimos un paso más, en el sentido de considerar al otro como a uno mismo, de ser, en definitiva, igual que el otro, de forma que el otro deja de ser otro y por tanto diferente. Y qué mejor para conseguirlo que hablar como el otro. Cuando una o uno se refería o pensaba en Gerard, Maurice, Khalid, Carmen, Alberto, Luigi o Rachida, solo veía unos rostros o más precisamente unos seres, cuyos nombres no eran más que etiquetas para distinguirlos, sin ningún otro prejuicio o componente racial, social o religioso. ¿Quién podría sentirse extranjero en aquel Tánger?

-¡Qué bien lo has expresado Juanita! -exclamó Sol-. Nunca olvidaré la frase de mi amiga Françoise, una italiana de origen, pero sobre todo una tangerina genuina: “Tánger es el único lugar donde me siento en casa”, me confesó una tarde noche durante un reencuentro de tangerinos en 2007. ¡Cuánta verdad y cuanto amor a su ciudad revelan sus palabras! A mí me estremecieron. Permíteme Juanita que dedique algunos minutos a hablarte de mi amiga Francesca, porque me consta que no llegaste a conocerla.

LA VIDA PERRA DE JUANITA NARBONI, interpretada por Mariola Fuentas, film dirigido por Farida Benlyazid

LA VIDA PERRA DE JUANITA NARBONI, interpretada por Mariola Fuentas, film dirigido por Farida Benlyazid

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Francesca

-Francesca nació en Tánger a finales de la década de los años 40 del siglo XX. Sus padres se habían trasladado a nuestra ciudad huyendo de los bombardeos sobre Italia durante la segunda guerra mundial. Eran originarios de Aprilia, un pueblo distante solo 40 kilómetros de Roma. Francesca creció en el Tánger paradigmático de los 50. Primero en el colegio italiano donde cursó los estudios primarios y luego en el Lycée Regnault donde completó los secundarios. Fue tal su identificación con la cultura francesa que se hizo llamar Françoise, como todas sus compañeras la conocíamos. Con dieciséis años hablaba italiano, francés y español a la perfección, y como buena tangerina pasaba de una lengua a otra según le parecía y sin darse apenas cuenta. Cuando yo la conocí, debía de tener mi edad, diecisiete o dieciocho años. Chatita y pecosa, era una chica mona, sin más. Su atractivo residía en su sonrisa y en unas piernas nada desdeñables. En la década de los 70, se marchó a vivir a Paris, cuando el gran éxodo tangerino. Volví a verla en el año 2007, cuarenta años más tarde. Conservaba el mismo aspecto y el mismo atractivo. Me contó que se había casado en Paris con un judío tangerino y que había tenido una hija con él. Acabó separándose. Él, un hombre liberal y agnóstico en su juventud, se había convertido en alguien muy religioso e integrista. Su expresión reflejaba cierta melancolía cuando relataba su historia en el exilio parisino. Como si se diera cuenta de que su vida había sido una oportunidad fallida. Recuerdo sobre todo su mirada triste, vacía, ausente, que parecía recorrer todo su pasado, como si se preguntara una vez más por qué tuvo que abandonar su tierra. Había cierta amargura y desolación en esa constatación. Sin embargo, saberse en Tánger, aunque solo fuera por pocos días, parecía devolverle parte de la alegría perdida. Cuando me despedí de ella, comprendí mucho mejor lo que Tánger significó para todos los tangerinos y el dolor profundo e irremediable del exilio. Todas y todos nos convertimos en tangerinos errantes y vagamos por el mundo en una diáspora sin retorno. Ya sé que esta idea la he repetido en numerosas ocasiones de manera diferente, pero creo que es fiel reflejo de lo que ocurrió en nuestro interior.    

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-Por lo que sé de ti, Sol -dijo Juanita-, tu llegada a Tánger coincidió con lo mejor de tu juventud. En esos años empezaron a desarrollarse tus inquietudes intelectuales y políticas. Y no sé hasta qué punto Tánger influyó o catalizó esos cambios personales. 

-No te equivocas Juanita -continuó Sol-. Conocí a tangerinos que, sin proponérselo, determinaron mi devenir, abriéndome puertas y caminos que desconocía y orientándome para seguir mi ruta vital. Fueron ellos, amigos y profesores, pero también la ciudad y lo que representaba. No sé si hablar de revelación sería apropiado, por la connotación religiosa que encierra esa palabra, pero algo de eso hubo.

-Indudablemente, una ha de estar preparada para recibir los magisterios, y ser los suficientemente permeable y sensible para que las influencias “positivas” penetren en nosotras. Quiero con esto significar que tú llegaste a Tánger en el momento preciso para que en ti tuviera lugar el cambio, la evolución o el descubrimiento, como quieras llamarle. La experiencia tangerina fue de algún modo la que faltaba para sumarse a las anteriores y llegó justo cuando tenía que haberlo hecho. Quizás por eso fue tan importante en tu vida.   

-No esperaba, amiga Juanita, que acabáramos reflexionando sobre las razones que convirtieron mi experiencia tangerina en algo insólito y definitivo. Pero todo puede pasar cuando dos personajes que basculan entre la ficción y la realidad se encuentran a medio camino entre ambas. Pero hablemos de ti, Juanita.

-De mí hay poco que añadir, casi todo lo dijo el malogrado de Ángel. Sigo llena de malentendidos, de contradicciones, y sigo llegando tarde a todos los sitios. Bueno, hay que decir que, a nuestra cita, he acudido muy puntual. Es broma. Quiero decir que siempre anduve unos pasos por detrás de la rueda de la vida. Y por eso se me escaparon casi todas las cosas buenas. Mis trenes pasaron de largo. Como ponía Ángel en mi boca: Dios le da pañuelos a quien no tiene mocos. A mí nunca me tocó la tómbola por muchas ferias a las que asistí. Pero sí puedo decir que vi el Gran circo Americano y a Manolita Chen. Y que tuve la suerte de vivir en el Gran Tánger. No debería quejarme reina. Pero yo soy así, como me parió mi madre. Por favor León, mi bueno, no sigas, porque vas a acabar escribiendo la segunda parte del libro de Vázquez. Y eso no, por favor, ya estoy harta, con una historia tuve bastante.

Las dos mujeres se abrazaron con ternura y complicidad y gritaron: ¡Viva Malabata! ¡Malabata for ever! Luego desaparecieron, se esfumaron para siempre. Si queréis encontrarlas, buscad, buscad y no descanséis nunca, seguro que se esconden en alguna morada tangerina, lejos, muy lejos de la realidad.  

                                                                                               León Cohen, enero 2017

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SEGUNDA EDICIÓN DE «EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS», UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

Entre Málaga y Tánger, entre tiempos presentes y pasados, entre recuerdos que transitan en la memoria del protagonista, Barce compone una novela negra llena de amor por los libros, el cine y los ambientes cargados de humo.

Víctor Pérez

Ya está en la Librería Proteo de Málaga, la segunda edición de mi novela El libro de las palabras robadas, con una preciosa portada y maquetación de Reme Baquero. Ediciones del Genal se ha embarcado en esta nueva aventura después de publicarme Paseando por el Zoco Chico y La emperatriz de Tánger.

Si no vivís en Málaga, podéis pedir el libro en vuestra librería habitual en cualquier punto de España, y la recibiréis allí en 24 horas. Ediciones del Genal tiene para eso una muy buena distribuidora.

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«MIRAMAR», UNA NOVELA DE CARMEN ENCISO Y ELOÍSA NAVAS

Ediciones del Genal, ha publicado hace apenas unas semanas Miramar, la nueva novela de Carmen Enciso y Eloísa Navas. 

Tal y como ya hiciesen con El hotel del inglés (Ediciones del Genal – Málaga, 2014), Carmen Enciso y Eloísa Navas vuelven a otro establecimiento hostelero para hilvanar su nueva novela: en esta ocasión, el hotel Miramar de Málaga. Y, como en aquella otra, también aquí las dos autoras consiguen con pericia el escribir a cuatro manos una nueva trama en la que, una vez más, conjugan la historia en minúscula con la Historia en mayúscula.

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A través de los personajes de Mercedes y de Trini, recorreremos los avatares del hotel Miramar desde los años veinte (cuando aún se denominaba hotel Príncipe de Asturias) hasta 1966, cuando se produce el cierre de este emblemático establecimiento. Mercedes representa en esta obra la pequeña historia vista desde el prisma de la clase alta, ésa que podía permitirse el lujo de alojarse y de, incluso, residir de manera casi habitual en el hotel; y Trini, por el contrario, a la clase más popular de Málaga, la que vivía en corralones y para la que, cruzar la frontera del río Guadalmedina para llegar al centro de la ciudad, era incluso una aventura. Como en las novelas de Galdós, Carmen Enciso y Eloísa Navas dibujan el paso del tiempo a través de las peripecias personales y familiares de sus dos protagonistas a la par que retratan de manera eficaz la situación social y política del momento que les ha tocado vivir, es decir, la Historia de Málaga en esos años.

“…El merendero estaba en la playa, muy cercano al hotel. Nos atendió el dueño, Antonio Martín. Explicó, ante la curiosidad de mi esposo, que era del pueblo de Algarrobo y que había trabajado de licorero en las Bodegas Príes, ubicado justo enfrente del chambao. Del negocio de había ocupado su esposa, María Coral, hasta que falleció y entonces él se había hecho cargo. Decidió remozarlo y de paso cambiarle el nombre de La Coral por Antonio Martín para no tener que recordar a su esposa constantemente. Nos contó que el merendero había cambiado mucho desde que se abrió en 1886 con cajas de madera, palos hincados en la arena y un entramado de cables y cuerdas para sostener las esteras que protegían del sol a los clientes. <No son más que cuatro mesas y otras cuantas sillas de enea, ese era el mobiliario>. Dijo que siempre tuvieron clientela, primero procedente de los baños de Apolo y de La Estrella y luego se sumó la del hotel, que aumentó muchísimo desde que lo frecuentaran los reyes…”

Los avatares de Trini están llenos de sinsabores. No puede ser de otra manera para quien vive en el popular barrio de El Perchel. Con curiosidad, nos introducimos en ese barrio y en las vidas miserables de principios del siglo pasado, las ilusiones que despiertan en los más humildes los cambios que llegan con la República, la devastadora experiencia de la guerra civil, la desoladora huida de miles de malagueños de los bombardeos a la ciudad por los sublevados, la cruda realidad de una posguerra triste y gris, los cambios que, poco a poco, van ocurriendo con el paso de los años, las nuevas ilusiones que se materializan en los hijos.

El hotel Miramar será testigo de esa vida llena de altibajos, y será también testigo de cómo esa mujer que comenzó como limpiadora en el establecimiento, acaba siendo primero denigrada y luego rehabilitada para convertirse en gobernanta. Carmen Enciso y Eloísa Navas saben sacarles partido a las frustraciones de una vida salpicada por la mala suerte, el infortunio y, sobre todo, por los contratiempos de unos años convulsos y de una realidad que suele cercenar los sueños de los más humildes.

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CARMEN ENCISO Y ELOÍSA NAVAS – foto de La Opinión de Málaga

Por el contrario, Mercedes es la otra cara de la moneda. Una mujer de muy buena posición que se aloja en el hotel, con un marido de origen suizo primero, y, luego, sola en compañía de su criada. Por supuesto, la visión de los acontecimientos que se van produciendo tanto en el hotel Miramar como en Málaga, y en España en general, es muy diferente, a veces opuesta, a la de que se enfrenta Trini. Porque, como bien demuestra esta novela, la guerra no golpea de igual manera a unas capas sociales que a otras.

Para mi sorpresa, durante la guerra civil, Mercedes encuentra refugio en el Tánger internacional, y, con el paso de los años, se convierte en su ciudad.

“…Esta ciudad me ha enamorado, no hay día que no me sorprenda un rincón, una calleja en escalera, el color, su olor o sus gentes. Los españoles, cuando llegan aquí, se vuelven tolerantes, o quizás sea que los que vienen son los abiertos de mentes y de corazón. Hasta la Iglesia es mucho más comprensiva…”

(La proliferación de novelas que se han editado en los últimos cinco años, ambientas en la misma época y en la misma ciudad tangerina, comienza a ser llamativa).

Salvo este largo período, en el que el personaje de Mercedes pasa a vivir en otro mundo totalmente diferente al de Málaga (Tánger entonces era un lugar tan anacrónico como fascinante), el resto de su vida se moverá al otro lado de la orilla del río: la más privilegiada. Sin embargo, Carmen Enciso y Eloísa Navas introducen un elemento de rebeldía en Mercedes, que arrostrará la realidad a veces en contra del criterio general de su clase social. Esto enriquece sin duda al personaje.

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Otro acierto es ese contraste que las autoras nos muestran entre la Málaga destrozada por la guerra y ese Tánger de vida cosmopolita y sofisticada.

“…A eso del mediodía del lunes oímos a lo lejos una marcha militar.

-Es el himno de Mussolini -nos dijo don Ernesto, que de estas cosas sabía mucho.

Luego nos enteramos de que las tropas italianas habían desfilado por el puente de Tetuán y la Alameda, celebrando el triunfo. En el barrio, en cambio, reinaba el silencio. La sala donde vivía Miguel con su madre tenía una sola ventana que permanecía cerrada para no llamar la atención, por la que nos asomábamos a la calle a través de una rendija del viejo postigo. Todo parecía desierto y abandonado. Entre los que habían huido y los que, como nosotros, se encerraban en sus casas aparentando no estar en ellas, el Perchel se había convertido en un barrio fantasma en esas primeras horas de la ocupación.

A partir del segundo día, de vez en cuando sentíamos el motor de un coche que se paraba delante de alguna de las viviendas cercanas. Eran las nuevas autoridades que venían a buscar a alguien del barrio para llevárselo detenido, acusado de haber colaborado con el régimen republicano. Muchas veces estas detenciones se producían por denuncias de los mismos vecinos, que con este gesto pretendían ganarse la confianza de las nuevas autoridades y así evitar que sospechasen de ellos…”

En El hotel del inglés, las autoras efectuaron un admirable trabajo de documentación. En Miramar, vuelven a hacerlo. Los personajes malagueños más conocidos de esos años, Guerrero Strachan, Pérez-Bryan, Van Dulken… se mezclan con tradiciones populares de la ciudad, con dichos y vocablos propios de Málaga, con la memoria de los edificios más emblemáticos, con decenas de detalles que demuestran esa labor meticulosa de investigación que, sin duda, atraerá a un buen número de lectores malagueños que recordarán en estas páginas muchos de los episodios que han vivido o que les han contado sus familiares. Y, de la misma forma, no es despreciable en absoluto el mismo trabajo de documentación efectuado sobre Tánger para ambientar los capítulos que se desarrollan allí.

Estamos ante un gran fresco pintado desde el interior del hotel Miramar. Desde allí, y guiados por sus dos protagonistas femeninas, recorreremos la historia de Málaga y de los malagueños durante casi cincuenta años, los más duros, los que han ido marcando el carácter de una ciudad y el de su gente. Un viaje al pasado de los nuestros.

Sergio Barce 

“…Durante mis visitas, salíamos al frondoso jardín y dábamos un tranquilo paseo por los senderos entre los raros ejemplares de palmeras y jacarandas, o a la sombra de los pinos, con el olor de los eucaliptos y los falsos pimenteros. A veces veíamos ardillas y camaleones y ella solía decir, bromeando, que era Edward que había venido a visitarla. Yo le hablaba de las fiestas y de los artistas que se hospedaban en el hotel, como Elizabeth Taylor, Ava Gardner, Orson Welles, Jean Cocteau, Anthony Quinn y tantos y tantos otros que venían a Málaga a rodar sus películas…”

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EL COLOFÓN DE «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», NOVELA DE SERGIO BARCE

Ahora que se encuentra en proceso de maquetación mi novela El libro de las palabras robadas, en la que se ha embarcado Ediciones del Genal para una preciosa y cuidada reedición, me doy cuenta de lo importantes que son los pequeños detalles en un libro.

Y uno de esos pequeños detalles a los que me refiero es el colofón.

Revisando La emperatriz de Tánger, vuelvo a comprobar que, el que me escribiera en su momento Nuria Ogalla Camacho para esa novela, es realmente hermoso, e incluso diría que es un anzuelo irresistible para incitar a leerla.

El colofón de La emperatriz de Tánger dice así:

Este libro se terminó de imprimir en Málaga,

a los pies del mismo mar que besa las orillas de Tánger.

Publicado por Ediciones del Genal.

Al cuidado de esta edición Librerías Proteo y Prometeo

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portada premio LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

 

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