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EL NUEVO CENTRO DE ARTE MODERNO DE TETUÁN

Mariano Bertuchi, nieto del famoso pintor del mismo nombre, referente de la pintura hispano-marroquí, me envía un correo en el que me comunica que el pasado 20 de noviembre se inauguró el Centro de Arte Moderno de Tetuán, ubicado en la antigua Estación de Ferrocarril, rehabilitada a tal efecto por la Junta de Andalucía y el Ministerio de Asuntos Culturales de Marruecos.

Ver este maravilloso edificio restaurado para este fin, verlo además en todo su esplendor recuperado, me hace pensar en tantos edificios tan bellos y orgullosos que languidecen y mueren lentamente en mi Larache.

Centro de Arte Moderno de Tetuán. Antigua Estación de Ferrocarriles

Centro de Arte Moderno de Tetuán. Antigua Estación de Ferrocarril

En mi último viaje a Tetuán el año pasado, ya comprobé in situ que la ciudad, moderna y viva, no ha dejado a un lado su historia ni los inmuebles más emblemáticos, y que ha sabido conjugar progreso y pasado. Un bello ejemplo a seguir por las autoridades larachenses que, hasta la fecha, solo se han distinguido por los errores y por una nefasta gestión.

Volviendo a la magnífica noticia producida en Tetuán (que provoca una sana envidia), Bertuchi me indica que se encuentra recogida en la página cultural de la Junta de Andalucía siguiente:

http://www.juntadeandalucia.es/culturaydeporte/comunidadprofesional/content/se-inaugura-en-tetuan-el-centro-de-arte-moderno

Así como en el Diario Calle del Agua, entre otras:

http://www.diariocalledeagua.com/noticias_detalle.asp?id=5927&c=1

Y en la página del propio Centro de Arte Moderno de Tetuán:

http://www.tintero-ma.com/www.camt.com/?p=742

* * *

La romería, Tetuán. Óleo de Bertuchi

La romería, Tetuán. Óleo de Bertuchi

Para completar esta información, me remite igualmente el escrito de Eduardo Dizy Caso, Comisario y artífice del magnífico libro catálogo de la exposición del año 2000 «Mariano Bertuchi pintor de Marruecos», artículo patrocinado por la Junta de Andalucía y la Fundación Tres Culturas, y que se reproduce a continuación:

MARIANO BERTUCHI NIETO (GRANADA 1884 – TETUÁN 1955) FUNDADOR DE LA ESCUELA DE BELLAS ARTES DE TETUÁN Y CREADOR DE UN ESTILO SINGULAR, GERMEN DE LA MEMORIA COMPARTIDA.

Ars longa, vita brevis.

Por Eduardo Dizy Caso.

La creación del Museo de Arte Moderno de Tetuán (MAMT) viene de un proyecto largo tiempo deseado por la Ciudad de Tetuán y por la Junta de Andalucía. En el libro titulado La medina de Tetuán – Guía de arquitectura, editado en 2001 por la Ciudad de Tetuán y la Junta de Andalucía, se dice que probablemente la mayor aportación de Bertuchi a Tetuán y a su cultura, fue la fundación de la Escuela de Bellas Artes de Tetuán, que ha formado varias generaciones de pintores y artistas a los que la crítica contemporánea reconoce como Escuela pictórica de Tetuán, y añade: “Desgraciadamente no existe aún un Museo de Arte en Tetuán que permita apreciar el trabajo de semejante nómina de pintores”. No hacen falta mayores explicaciones para entender la importancia de la Escuela fundada por Bertuchi y la consecuente necesidad de contar con un espacio que recoja y conserve la obra de los artistas plásticos que se formaron, y continúan formándose, en sus aulas, para que los visitantes locales o forasteros puedan anotar la sensibilidad que emana de las obras expuestas y conocer de primera mano las interpretaciones que la visión de las creaciones tetuaníes proporcionan, apreciándolas como el resultado de una actividad estética individual, pero interrelacionada, que se configura con la incorporación del talento del autor, las aportaciones de la peculiar geografía y urbanismo de la región, las influencias colectivas del entorno, las visiones adquiridas de otros artistas, próximos o distantes, y los aprendizajes y técnicas facilitados por la Escuela y por otras instituciones dedicadas a la enseñanza y difusión del arte. 

El MAMT se abre a la contemplación de las artes plásticas en un lugar especialmente sugestivo: la estación ferroviaria de Tetuán, construida en 1918 y clausurada cuarenta años después. El hecho de dar a este singular edificio una finalidad cultural de las características que han propuesto los responsables culturales, ofrece la posibilidad de mostrar la evolución de la actividad artística derivada de la  Escuela de Bellas Artes de Tetuán, hoy Instituto Nacional de Bellas Artes (Institut National des Beaux Arts.) .

La idea que ahora se materializa en el mismo lugar donde se hallaba el comienzo y el término de una línea ferroviaria, surgió en su idea germinal a partir del nombramiento de don Mariano Bertuchi Nieto para el cargo de Inspector Jefe de los Servicios de Bellas Artes y Artesanía del Protectorado de Marruecos en 1928.

Esta función, en principio burocrática y administrativa, le implicó en la vida cultural de la región y en sus manifestaciones artísticas, artesanales y etnográficas, y dotó de profundo contenido la misión que se le había encomendado. Al ser nombrado en 1930 director de las Escuelas de Artes de Tetuán y Tagsut y de la Escuela de Alfombras de Xauen, cristalizaron en él la vocación y el deseo de entrar en el mundo de los valores estéticos marroquíes que ya había manifestado desde muy niño. Hay que recordar que, cuando contaba catorce años, interesado ya por el mundo magrebí, hizo su primer viaje a Marruecos en compañía de Aníbal Rinaldi, intérprete del General O’Donnell y amigo del padre de nuestro pintor. La anécdota, que en otros hubiera podido quedar en acontecimiento baladí, supuso en Bertuchi el principio de una mentalidad y una voluntad que le llevaron a acercarse a un territorio, el norte de Marruecos, cuyos valores asimiló, impulsó y dio a conocer hasta su muerte, en todos los aspectos que abarcaba su trabajo.

Probablemente nadie hubiera podido prever que lo que comenzó pareciendo un capricho de niño, una chiquillada, se convertiría más adelante en una fecunda dedicación a la conservación y promoción de las capacidades y el talento que encontró en las gentes del otro lado del Estrecho. Quizás por eso escribió en 1935: “Ya son bastantes los muchachos musulmanes que se dedican al dibujo con acierto e interés. La Inspección de Bellas Artes alienta estas aficiones dejándolas expresarse libremente, sin sujetar los trabajos a normas y reglas, con el fin de conseguir un arte espontáneo […] ya es frecuente verlos realizar dibujos coloreados en los que tratan de reflejar con fidelidad sus observaciones del natural, trabajos que decoran con estilizaciones de su innata fantasía”. Pero el maestro sabía también que no bastan las intuiciones ni las dotes innatas para culminar el desarrollo del artista que se lleva dentro y que el aprendizaje del oficio y la adquisición de conocimientos instrumentales son, como las alas, imprescindibles para alcanzar altura y aunque pesen, sin ellas no hay vuelo. De tan sencillo origen, unos posibles alumnos en cuya capacidad confiaba y la necesidad de formarlos con los mismos principios e instrumentos con los que él mismo se había formado, emerge la tenacidad convencida del pintor, el maestro y el funcionario, que contagia a otros, que perciben la fuerza de la llamada y ponen manos a la obra para conseguir lo que parecía utópico: la tarea de incorporar la pintura y la escultura al arte contemporáneo, desde un lugar con poca tradición en este campo, pero en cuyos habitantes vio desde muy pronto grandes posibilidades. Parece que no se equivocó. 

Así los logros artísticos de Bertuchi en la enseñanza de artesanos y artistas, sitúan al maestro vocacional muy por encima del gestor administrativo y le hacen aprovechar los medios con que cuenta, para desarrollar una labor cultural que ni siquiera su muerte ha interrumpido, porque desde los primeros discípulos en adelante, se cuentan hoy tres, algunos señalan cuatro, generaciones de la llamada Escuela de Tetuán, entendida como una manera, libre pero ilustrada, de interpretar los ideales estéticos y expresivos de la artes plásticas.

El interés por transmitir los conocimientos y las técnicas artísticas le llevó a prevenir, desde mucho antes de crear en 1945 la Escuela Preparatoria de Bellas Artes de Tetuán, los pasos que se habían de dar hasta contar con una institución que formase con la suficiente calidad y competencia a los alumnos que habrían de ingresar en las Escuelas de Bellas Artes. 

En el Congreso Hispano Marroquí de 1930, comprendió la importancia de establecer un cauce para la formación de quienes, en el ámbito territorial marroquí, apuntaban cualidades para la expresión en pintura y escultura, y no sólo en la tradicional artesanía o en las artes utilitarias vinculadas a lo etnográfico o en la fácil, vistosa y exótica percepción orientalista, que lleva a ver ese mundo como un capítulo de la invención de lo otro, de lo distinto y frecuentemente falso, que el Bertuchi pintor conoció y practicó en algunas de sus primeras obras, subyugado entonces por esa manera de mirar y ver una imaginaria realidad, si se permite la aparente contradicción. Tampoco quiso propiciar una enseñanza de las artes plásticas marroquíes como si de una isla cerrada en sí misma se tratara, sin contacto con lo que se hacía en el mundo o sin tener en cuenta las corrientes que circulaban sobre todo en la Europa más próxima. Formación y libertad eran los dos principios en que se apoyaba el planteamiento docente del maestro Bertuchi, sin olvidar la vinculación a las características y peculiaridades del mundo marroquí.

Quince años después del Congreso, cuando ya estaban en funcionamiento otras instituciones culturales impulsadas, y en momentos dirigidas por Bertuchi, llegó el turno a la fundación de la Escuela Preparatoria de Bellas Artes, con el propósito de transmitir los planteamientos de don Mariano a los alumnos de procedencia marroquí y española, para que unos y otros pudieran desarrollar su carácter o temperamento artístico de acuerdo con su vocación, inclinación y aptitudes. No se trataba de otra cosa que de llevar a cabo el programa previsto: iluminar las capacidades de los escolares para que, en completa libertad artística, busquen su camino después de haber recibido una formación y unos conocimientos, inicialmente tutelados, con los que emprender su propio viaje fuera de la guía de la Escuela y en completa libertad artística. 

La Escuela de 1945 contaba con don Mariano Bertuchi como director, cargo que mantuvo hasta su fallecimiento en 1955, un año antes de que se proclamara la independencia del Reino de Marruecos. Durante su mandato se adoptaron unos planes de estudio en que las materias estaban programadas con la finalidad de preparar, de ahí “Preparatoria”, a sus alumnos para el ingreso en las Escuelas Superiores de Bellas Artes españolas, principalmente de Sevilla y Madrid. 

Bertuchi, consciente desde el principio, de que sin profesores marroquíes no sería posible mantener la Escuela, pronto encontró un sucesor a quien preparar en la persona de Mohammed Sarghini, formado en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, con el que mantuvo una gran proximidad y comunicación artísticas, de modo que, tras la independencia, las autoridades marroquíes tuvieron muy fácil la elección del nuevo director de la Escuela. No fue otro que M. Sarghini, aquél que además de sus cualidades personales era de algún modo el portador del testigo que le había entregado su antecesor, quizás previendo la necesidad de garantizar para el futuro, sin cortes, quiebras ni tiempos muertos, la permanencia y continuidad de la actividad docente en la Escuela. 

Corrida de la pólvora vista desde la tienda de un beduino, de Bertuchi

Corrida de la pólvora vista desde la tienda de un beduino, de Bertuchi

Permanencia y continuidad que llegan afortunadamente hasta hoy bajo el muy apropiado símbolo de la presencia en este Museo de Arte Moderno, del magnífico cuadro pintado por M. Bertuchi en Tetuán y en 1950, La corrida de la pólvora vista de la tienda de un beduino, que fue regalado por el pintor al pueblo de Tetuán y se muestra al visitante junto con obras de artistas formados en la Escuela o influenciados por ella, y todos, artistas y obras, se asoman ahora al mundo y a la historia del arte para participar por derecho propio, desde este lugar de Marruecos de cuyo nombre conviene acordarse.

Larga vida al Museo de Arte Moderno de Tetuán.

En esta misma página del Centro de Arte Moderno se pueden ver las salas de las que se compone el Centro y las obras que se exponen, entre las que se encuentran tres de Bertuchi:

 

Sala 1 con cuadros de Bertuchi

Sala 1 con cuadros de Bertuchi

En fin, un ejemplo a seguir, una maravilla que habrá que visitar cuando vayamos por Tetuán.

Sergio Barce, noviembre 2013

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«HIJOS DEL OLVIDO», POR EL ESCRITOR LARACHENSE CARLOS TESSAINER

Del libro <El Protectorado español en Marruecos: La historia trascendida> publicado por Iberdrola en tres volúmenes, ya he referido en anteriores artículos que he participado en él con un relato sobre la vida cotidiana durante esa época en Larache, y que también lo han hecho otros autores larachenses. Uno de ellos es Carlos Tessainer, al que se le puede calificar de excelente historiador, pero del que no se puede decir lo mismo de él como persona, porque es aún mejor, y eso ya dificulta acertar con el calificativo. Así que dejémoslo en que, después de muchísimos años, he reencontrado a alguien que me enriquece con sus conocimientos y con su generosidad, y que además guarda un cariño especial hacia mis padres, que es correspondido. Para colmo, creo que nos estamos haciendo muy buenos amigos. Incha Al ´láh (cuando vivíamos en Larache en el mismo edificio frente al Balcón del Atlántico, yo solo era un niño y él ya comenzaba a ser un adolescente, y en esa etapa de la vida cada uno está con los de su edad).

Carlos Tessainer

Carlos Tessainer

Hace pocos días, Carlos Tessainer y yo nos reunimos con la nieta del Raisuni, Amal Chantouf Raisuni, y estuvimos charlando largo y tendido. Carlos, una vez más, dio cuenta de su inagotable conocimiento de la vida y de los avatares del Cherif Raisuni. Fue un deleite escucharlo. Es como abrir un libro sin punto final.

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En el libro sobre el Protectorado, Carlos cierra el segundo volumen sobre la «vertiente literaria» de este asunto, y habla de sus obras, tanto acerca de sus novelas ambientadas en Larache como de su completo estudio sobre El Raisuni. Pero lo que traigo hoy al blog es esa parte de su texto aparecido en esta obra en el que Carlos Tessainer nos deja tiritando de frío. Ser de Larache, aunque no se haya nacido allí, porque también se es por adopción, es un sentimiento tan profundo que es difícil de explicar. Ser larachense significa esbozar una sonrisa en cuanto escuchas nombrar el Lucus, el Balcón del Atlántico, Lixus o la otra banda, la Gaba o Cuatro Caminos, y escaparte unos segundos de la rutina. Ser larachense es amar una tierra con tanta pasión que duele. Pero ser de Larache, para muchos, es también ser un apátrida, un desarraigado. Y es ahí donde el texto de Carlos, titulado <Hijos del olvido>, te da un bocado en las entrañas y te hace contraer el gesto notando que un vacío irreemplazable sigue habitando en nosotros. Tenemos los recuerdos, sí, pero hay algo intangible que nunca volverá, que se nos robó, que perdimos.

Pensando en todo esto, decidí que sería bueno leer a Carlos Tessainer, y he escogido un pequeño fragmento de este texto suyo, tan visceral como racional, tan suyo como nuestro, y que te deja un regusto amargo cuando acabas de leerlo, aunque siempre con ese poso de orgullo por ser o sentirte del mejor lugar que se pueda imaginar: Larache.

Sergio Barce, noviembre 2013

Si llevo a mi mujer o a mis hijos a Larache, ¿qué les voy a enseñar? Si me da casi miedo a mí regresar, ¡qué no sentirán ellos! Quieren conocer Fez, Mequinez, Marrakech… pero a mí me interesa sobre todo mi pueblo. Solo he regresado a él una sola vez en 1996 y, aunque encontré todo muy cambiado, aún pude ver lo que desde entonces, la piqueta se está encargando de que desaparezca casi en su totalidad. En el caso de Larache, la medina, aunque mal conservada, no está siendo demolida. Pero sí la ciudad extramuros construida bajo el Protectorado, en la que se hallaban hermosos edificios; como si con ello quisiera borrarse toda huella española. Las edificaciones van cayendo una tras otra o, sobre las que existían de una o dos alturas, alzan cinco o más plantas, hasta convertirlas en irreconocibles, transformando las calles en agobiantes, porque por su misma anchura no fueron concebidas para albergar inmuebles tan elevados.

El alma dividida de nosotros, los hijos del olvido, los españoles que fuimos marchándonos de Marruecos recibiendo como ayuda por parte de España misérrimas cantidades económicas; a los que en algunos casos les fueron expropiadas en virtud de las leyes de marroquinización extensas propiedades agrarias por las que, ya en democracia, el Estado español fijó como compensación cantidades tan ridículas que alguno de los afectados, por dignidad, se negaron a cobrar, somos además y para colmo una especie de seres extraños para la juventud marroquí que ha inmigrado en los últimos años a España.

VISTA PANORAMICA.

Mi profesión me permite el trato con ellos, y ya sea porque nadie en su país se ha encargado de explicarles o hacer referencia en el estudio de su Historia a la época del Protectorado, ya por otro motivo que no acierto a entender, desconocen absolutamente la presencia hispano-francesa en su país. Se quedan con frecuencia atónitos cuando les digo que nací y crecí en Marruecos, y me cuesta hacerles comprender que no sea musulmán ni tenga la nacionalidad marroquí y que, aparte de palabras y frases, no sepa hablar árabe. Es algo que ha dejado de sorprenderme, tanto como el hecho de que prácticamente ninguno de los que procede de la zona que fue administrada por España tenga la más mínima idea de la lengua castellana. ¡Por supuesto que se defienden en francés! La acción de la piqueta sobre lo construido en época española y el desconocimiento de nuestro idioma dicen bastante del legado cultural que España dejó en Marruecos y, desde luego, sobre su mismo futuro.

Y conforme fuimos volviendo casi al unísono y de manera sorprendente la vista atrás, conforme fuimos reencontrándonos, alguno de nosotros sintió la necesidad de escribir. Ya se había escrito sobre Marruecos, eso es indudable. Pero ahora íbamos a hacerlo los hijos del olvido. Por supuesto que muchos otros escritores, sin casi vinculación con Marruecos, también lo harían y lo hacen, pero ahí estábamos nosotros, tratando de reflejar de una manera u otra nuestro pasado, nuestra misma existencia; liberándonos al volvernos a encontrar con nuestras raíces y disfrutando al hacer partícipes a cuantos quisieran leernos de nuestra singularidad y señas de identidad.

EL ENLACE DE ENTRADA PARA LEER EL RESTO DE ESTE TEXTO Y LOS DEMÁS ARTÍCULOS DEL LIBRO ES EL SIGUIENTE:

http://www.lahistoriatrascendida.es/documentos/libros/el_protectorado_espanol.pdf

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LA SENSUALIDAD DE FRINÉ, CONTADA POR INDRO MONTANELLI EN SU «HISTORIA DE LOS GRIEGOS»

Hay un libro de Historia delicioso que recomiendo vivamente: <Historia de los griegos> (Storia dei Greci, 1959) de Indro Montanelli. No es un libro extenso, pero hace un recorrido completo por la vida de la antigua Grecia, un recorrido tan aleccionador como entretenido, lleno de anécdotas y de buen humor.

Historia de los griegos

Lo releía estos días (si se relee un libro es una muy buena señal), en concreto la undécima edición del año 1997 (año en el que lo leí por vez primera, de ahí que además de releído está manoseado), publicada por Plaza & Janés, con traducción del italiano de Domingo Pruna, y me topé de nuevo con ese personaje tan atractivo que es la hetaira llamada Friné.

Friné ante el Areópago, cuadro de Jean-Lëon Gérôme

Friné ante el Areópago, cuadro de Jean-Lëon Gérôme

Cuenta Indro Montanelli acerca de las hetairas, y en concreto de Friné:

Aparte las legendarias —Helena, Clitemnestra, Penélope, etc.—, las únicas mujeres que ganaron un puesto en la verdadera y propia historia griega son las hetairas, que fueron algo entre las geishas japonesas y las cocottes parisienses.

Dejemos a la más célebre, Aspasia, quien, como amante de Pericles, tornóse, sin más, en la «primera dama» de Atenas y que con su salón intelectual dictó leyes en ella. Pero también el nombre de otras muchas nos ha sido transmitido por poetas, cronistas y filósofos, que con ellas tuvieron gran intimidad y que, lejos de avergonzarse, se envanecían de ello. Friné inspiró a Praxíteles, que la amaba desesperadamente. Ha quedado famosa, además de por su belleza, también por la habilidad con que la administraba. No se mostraba más que cubierta con velos. Y tan sólo dos veces al año, durante las fiestas de Eleusis y las de Poseidón, iba a bañarse en el mar completamente desnuda, y toda Atenas se citaba en la playa para verla. Era un hallazgo publicitario formidable que le permitió mantener muy elevada su tarifa. Tan elevada, que un cliente, después de haber pagado, la denunció. Debió de ser un proceso sensacional, seguido ansiosamente por toda la población. Friné fue defendida por Hipérides, un Giovanni Porzio de la época, que frecuentaba su trato, y que no recurrió mucho a la elocuencia. Se limitó a arrancarle de encima la túnica para mostrar a los jurados el seno que estaba debajo. Los jurados miraron (miraron largo rato, suponemos), y la absolvieron.

Tepidarium, lienzo de Alma Tadema

Tepidarium, lienzo de Alma Tadema

El escrúpulo de la buena administración era vivo también en Clepsidra, que fue llamada así porque se concedía por horas y, terminado el tiempo, no admitía prolongaciones: como lo era en Gnatena, que invirtió todos sus ahorros en su hija y, tras haberla convertido en la más renombrada maestra de la época, la alquilaba en medio millón por noche. Mas en todo esto no se crea que las hetairas fuesen tan sólo animales de placer, interesadas exclusivamente en amontonar dinero. O, por lo menos, el placer no lo procuraban solamente con sus formas aventajadas. Eran las únicas mujeres cultas de Atenas. Y por esto, aun cuando se les negaban los derechos civiles y se las excluía de los templos, excepto el de su patrona Afrodita, los más importantes personajes de la política y de la cultura las frecuentaban abiertamente y con frecuencia las llevaban en palmas. Platón, cuando estaba cansado de filosofía, iba a reposar en casa de Arqueanasa; y Epicuro reconocía deber buena parte de sus teorías sobre el placer a Danae y a Leoncia, que le habían proporcionado las más elocuentes aplicaciones del mundo. Sófocles mantuvo prolongadas relaciones con Teórida, y, una vez cumplidos los ochenta años, inició otras con Arquipas.

Cuando el gran Mirón, encorvado por la vejez, vio llegar a su estudio, como modelo, a Laida, perdió la cabeza y le ofreció todo lo que poseía con tal de que se quedase aquella noche. Y dado que ella rehusó, al día siguiente el pobre hombre se cortó la barba, se tiñó el pelo, púsose un juvenil quitón color de púrpura y se pasó una capa de carmín sobre el rostro. «Amigo mío —le dijo Laida—, no pienses obtener hoy lo que ayer rehusé a tu padre.» Era una mujer totalmente extraordinaria, y no solamente por su belleza, que muchas ciudades se disputaban el honor de haber sido su cuna (mas, al parecer, era de Corinto). Rechazó las ofertas del feo y riquísimo Demóstenes al pedirle cinco millones, pero se entregaba gratis al desdinerado Arístipo sencillamente porque le gustaba su filosofía. Murió pobre, después de haber gastado todo su peculio en el embellecimiento de las iglesias donde no podía entrar y para ayudar a los amigos caídos en la miseria. Y Atenas la recompensó con unos espectaculares funerales como jamás los tuvo el más grande hombre de Estado o el general más afortunado. Por lo demás, también Friné había tenido la misma pasión de la beneficencia, y entre otras cosas había ofrecido a Tebas, su ciudad natal, reconstruir las murallas, si le permitían inscribir su nombre. Tebas contestó que estaba de por medio la dignidad. Y con la dignidad se quedó sin murallas.

Dicho esto, imagino que Friné debió de ser la Ava Gardner de la época (físicamente). En cualquier caso, su historia es, amén de perturbadora, una de las más sensuales que conozco, y provoca una atracción difícilmente eludible. Despoja a los más grandes personajes de la Grecia antigua de su pedestal, y nos los muestra tal y como eran, con sus debilidades, sus achaques y sus obsesiones. Fascinante.

Sergio Barce, noviembre 2013

INDRO MONTANELLI ha sido uno de los intelectuales más reconocidos de Italia. Premio Príncipe de Asturias de 1996, fue un prestigioso periodista y un reconocido escritor. Nació en Fucecchio, Florencia, en 1909, y falleció en el año 2001. Luchó junto al bando republicano en la guerra civil española, y fue él quien ayudó a Valentín González, <El Campesino>, a cruzar la frontera en su huida del país. Como reportero por Europa, consiguió entrevistar a Hitler, Churchill y De Gaulle. Fue condenado a muerte por los nazis, pero logró salvar la vida.

INDRO MONTANELLI

INDRO MONTANELLI

Fue, además de periodista, autor teatral e historiador (junto al mencionado <Historia de los griegos>, recomiendo su <Historia de Roma>) y también narrador, autor, entre otros, del relato <El General de la Rovere>, que fue llevado al cine por el gran Roberto Rossellini, con Vittorio de Sica como protagonista.

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MALAGA – 21 DE NOVIEMBRE – PRESENTACIÓN DEL POEMARIO «LA OTRA BANDA», DEL PINTOR Y ESCRITOR LARACHENSE PACO SELVA

 Jueves, 21 de Noviembre

a las 20:00 horas

en el Ateneo de Málaga

El pintor y poeta larachense 

Paco Selva 

presentará su poemario

 La otra banda

Francisco Selva

Francisco Selva

El libro se compone de doce poemas con recuerdos e ilustraciones de Larache, y que es el Cuaderno de bolsillo nº1 de Capitel.

Incluye además un cuadro original de Paco al final de cada ejemplar.

Y aunque personalmente no puedo acudir a este encuentro, espero que la asistencia de larachenses sea masiva, porque Paco Selva lo merece, y el poemario promete ser una delicatessen.

Sergio Barce, noviembre 2013

Larache

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ABDERRAHMAN EL FATHI, EN ESTA ORILLA

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El pasado 8 de noviembre, asistí en el Centro de Estudios Hispano-Marroquí de Málaga, al acto poético titulado <Del Estrecho a la ancha libertad de la palabra>, en la que intervenían cuatro escritores y poetas: Encarna León, Antonio Abad, José Lupiáñez y mi amigo el profesor Abderrahman El Fathi. Inmejorable ocasión para saludarlo, y disfrutar de su agitado y pasional verbo.

Intervención de Abderrahman el Fathi

Intervención de Abderrahman el Fathi

El acto no defraudó. Se habló largo y tendido del español escrito en Marruecos, de la visión orientalista que siempre ha impregnado a los escritores españoles que han ido abordando el tema de Marruecos, y otros aspectos de la escritura en las dos orillas, de lo que nos une en definitiva.

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Antonio Abad confesó que había vuelto a escribir poesía cuando en realidad es un narrador, algo de sus recuerdos de Melilla, de su visión sobre Marruecos. Los cuatro nos leyeron poemas deliciosos.

Abderrahman el Fathi puso la nota divertida, nos contó que él usa ese castellano que es le que se habla en Tetuán desde siempre, tan andaluz, y de la imborrable huella de la cultura española que aún se mantiene a duras penas en esa ciudad, y que él defiende con apasionamiento, como hispanista que es, y también contó alguna anécdota como ese esfuerzo que ha de hacer siempre cuando da sus lecciones a los alumnos en la Universidad de Tetuán, la Abdelmalek Essaädi de Tetuán, donde es profesor, para mantener la buena dicción de su castellano, remarcando los finales de cada palabra, y cómo, al terminar la jornada y salir, vuelve a hablar como él lo hace, comiéndose las consonantes de la última sílaba, con acento andaluz y tetuaní.

Sergio Barce y Abderrahman el Fathi, al término del acto

Sergio Barce y Abderrahman el Fathi, al término del acto

Entre los poemas que se leyeron, Abderrahman el Fathi nos deleitó con lo que él llamó fandangos morunos, de los que traigo dos de ellos para disfrute de los que entráis en mi blog. Dice el primero:

Tú te llevas

el corazón mío

y yo me quedo

con la tristeza y el dolor

de haberte perdío.

 Y en otro, El Fathi escribe:

 Andalusionando en mi balcón

decorando con jazmines

tus mañanas de domingo

dibujando con nubes de pasión

la medina de tu corazón.

Cerrado el acto, nos saludamos, nos alegró volver a vernos, no lo hacíamos desde las jornadas a las que me invitó en Tetuán el pasado año. Espero que se repita. Siempre es un lujo contar con Abderrahman el Fathi, escucharlo, leerlo.

Sergio Barce, noviembre 2013

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