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LARACHE – ESTAMPAS DE SU HISTORIA 14

Hoy despliego la página 14 de esta personal historia de Larache que se  narra a través de sus imágenes. En esta ocasión, creo que he reunido un excepcional grupo de fotografías curiosas y espectaculares.

1860 desembarco en Larache

Larache – desembarco de mercancías

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Kasbah Larache - foto Antonio Cavilla

Larache – foto de Antonio Cavilla

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Larache, 1911 - el destructor Terror entrando en la barra de Larache

Larache, en 1911, el destructor español Terror entrando en la barra

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Larache jura de bandera

Larache, 1912 – jura de bandera ejército español

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Larache 1913

Larache, 1913 – desembarco fuerzas españolas

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Larache ejército español hacia el año 1915

Larache en 1915 – desfile tropas espñaolas

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larache-1925-barcazas

Larache en 1925 – embarque de licenciados del ejército

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Zoco Chico 2

 

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Zoco Chico

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COLECTANIA-R37

Larache en 1940  –  foto de Nicolás Muller

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clasificación 21 temporada de 3ª división año 49-50

Esta es la clasificación de los equipos de fútbol que participaban en la Temporada 1949-1950, en concreto, la temporada 21ª de la Tercera División del Fútbol español, jornada en la que, en el estadio de Santa Bárbara, el Larache empató con el Real Betis 1 a 1.

El equipo del Larache, estaba formado por el siguiente once: Ceballos en la portería, Facundo, Lama y Abderrahman en la defensa, como centrocampistas los medios Alzurmendi y Martínez, y en la delantera: Gárate, Ballesta, Gerardo, Abdelwajeb y Montero.

PD Larache

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Larache conservatorio

Larache – conservatorio de música y mezquita Anwar

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Balcón

Larache – Balcón del Atlántico

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estación de autobuses larache

Larache – estación de autobuses y taxis

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Lalla Menana

Larache – santuario de Lalla Menana

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LARACHE – ESTAMPAS DE SU HISTORIA 13

Otra nueva página de las fotografías recopiladas del pasado siglo en Larache, una manera de repasar su historia en imágenes…

Las fotos que cuelgo en esta ocasión, son de un gran valor y singularidad, como la que muestra la plaza de España con el Casino y el entonces llamado Hotel Oriental. También hay curiosas fotografías del Zoco Chico.

Esta viejas imágenes están tomadas de las páginas de Radio Larache, Memoir Larache, HHH los de Larache, Houssam Kelai, Manolo Alarcón, Francisco Cardosa y otros amigos…

Larache - el vapor Queizal

El vapor Queizal entrando en la barra de Larache

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Larache desde el espigón

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Balcón Atlántico

Balcón del Atlántico

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Castillo San Antonio

Castillo de San Antonio

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Avda de Mohamed V - antes Generalísimo

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La Bandera Española

La tienda La Bandera Española al fondo, a la deracha

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Jardín de las Hespérides y Correos

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Jardín de las Hespérides

Jardín de las Hespérides

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Teatro España

Teatro España

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Plaza de España .

Plaza de España

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Plaza España - casino y Hotel Oriente

Plaza España – casino y Hotel Oriente

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Plaza de España 1

Plaza España – Café Central

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Plaza de España 2

Plaza España – casino

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Fragmento de mi libro de relatos Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Ediciones del Genal – 2014)

«…Era día de mercado. Se acercaba la fiesta del Aid el Kebir, y acudiría gente de Ksar-el-Bir, de Souk el Arba du Rab, de Tlata Raisana y de otros aduares cercanos para asegurarse un buen cordero. Así fue. El gentío abrumador se desparramaba desde la Puerta de la Alcazaba como un racimo ensortijado lleno de sombreros de paja, turbantes blancos, azules y grises, chilabas pardas, caftanes verdes, celestes, amarillos y rosas, sombreros de ala corta, jaiques y velos. Desde siempre, me habían llamado la atención los ojos negros que se asoman tras los rostros velados, impresionantes, sombríos, endiablados con el subrayado de khol. Eran especialmente perturbadores. Y allí los había a decenas. Pese a mi corta edad, encontraba ya en ellos un halo de misterio, de aventura insomne, de secreto inconfesable. Las jóvenes eran osadas, las mayores no disimulaban ni la experiencia ni la vida ya recorrida.

    Mina me había asido de la mano con firmeza y me arrastraba tras sus pasos decididos. Se movía con soltura por entre esa muchedumbre escandalosa. Mina se había cubierto la boca y la nariz con un velo transparente violeta y, tras él, se adivinaban sus gruesos labios. Tenía una piel tersa, oscura, heredada de sus antepasados que vinieron de más allá de Chinguetti y aun de más allá de Tombuctú. El contraste de su epidermis metálica con los aros dorados que tintineaban en sus orejas y con las ajorcas que resbalaban en sus brazos, le daban un aire de esclava de otra época, de hechicera africana. Sus ojos eran vivaces, sabios, pero prudentes. Serpenteamos en busca de alguna mercancía que valiese la pena, pero a Mina no parecía convencerle demasiado lo que se exponía sobre las primeras esteras.

    –¡Bálak!¡Bálak!

    Nos apartamos, por supuesto. El viejo que pedía paso tiraba con su cuerpo escuálido de un carro de madera, tan tullido y quejumbroso como él mismo. Las ruedas repiqueteaban dando saltos contra los adoquines desdentados, tropezando con las sombras de las miles de pisadas que habían caminado por allí mucho antes que nosotros. Tras él, correteando, unos chiquillos revoltosos trataban de subirse al carro sin demasiado éxito. Saltaban, pero no eran capaces de sentarse en el borde del madero…»

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Imágenes del ZOCO CHICO

Zoco Chico entrada

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Zoco Chico 6

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Zoco Chico 5

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Zoco Chico 4

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Zoco Chico 3

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Zoco Chico 2

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Zoco Chico 1

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«TRIBUTO A DOS CIUDADES: LARACHE Y TÁNGER», EL NUEVO LIBRO DE LEÓN COHEN, YA A LA VENTA

También podéis adquirir el nuevo libro de relatos del escritor larachense León Cohen Mesonero a través de su correo electrónico: 

leon.cohen@uca.es

YA A LA VENTA

 

 

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«TRIBUTO A DOS CIUDADES: LARACHE Y TÁNGER», UN LIBRO DE LEÓN COHEN

En los próximos días, sale Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger, el nuevo libro de relatos del escritor larachense León Cohen Mesonero, que publica la editorial Círculo Rojo

La cubierta es muy atractiva. Como me explicaba León, tras varias propuestas ha conseguido que, en la foto de la contraportada, aparezca la casa donde vivió su abuela Luna, en Larache, y que es la casa de su memoria.  En esa foto, se ve el balcón de Luna, un homenaje a ella.

cubierta Tributo a dos ciudades

Como adelanto, aquí podéis leer el prólogo que he escrito para el libro, que mi amigo León Cohen tuvo la deferencia de pedírmelo y que escribí mientras disfrutaba de la lectura de sus relatos.

Sergio Barce, febrero 2018

No sabía muy bien cómo abordar el prólogo de este libro. Tras muchas dudas, me he decantado por lo más sencillo, creo. Y es seguir las huellas que marca el propio autor, dejarme llevar por el orden de sus relatos. Tal vez así llegue a donde me propongo. A saber: desvelar al posible lector qué es lo que León Cohen Mesonero cuenta cuando narra.

Comienza en Larache, y su primera historia es la antesala a este viaje interior a los sueños y a la memoria, a ese pasado quizá construido en el deseo. Es un acierto comenzar por este relato titulado con simpleza: Larache, ya que, para quien no conozca esta ciudad, puede hacerse una idea exacta de su esqueleto, pintado al detalle por las palabras de León Cohen. Además, ilustra la arquitectura y las arterias de la ciudad con rápidas pinceladas de los personajes que le impactaron en los años que describe (de 1950 a 1964) y de los acontecimientos históricos más destacados. Y así, en pocos párrafos, resume un pequeño mundo, entre mágico y ensoñado, en el que, en las siguientes páginas, León Cohen sitúa sus relatos más enjundiosos.

Inevitablemente, con toda lógica, su siguiente relato describe su sentimiento y las sensaciones más íntimas cuando, años después de abandonar su ciudad natal, el autor regresa por primera vez. La emoción se desborda con cada palabra, embozando al lector con ese temblor del alma que causa el reencuentro con el pasado. León Cohen reconoce que, en un momento dado, no caminaba por la ciudad en la que se encontraba en ese preciso instante, sino por ese otro Larache que él llevaba en su memoria, como si se fuera materializando a cada paso que daba. Por supuesto, se estaba engañando. La realidad era más prosaica, más gris, más real. León Cohen hace entonces una finta, y decide, en connivencia con el lector, olvidarse de esa realidad y continuar avanzando en busca de su casa arropado por el Larache de su corazón. Opta por la memoria, que nunca es exacta, que lo endulza todo, que lo blanquea todo.

Larache

Larache

La calle Barcelona. Otro relato, y la meta ansiada en su camino por el Larache del reencuentro, por el Larache de su memoria. Ahí habita su infancia. Y, sobre todo, el recuerdo de su padre. Inconscientemente, cuando el padre de León Cohen aparece, aunque sea de manera furtiva en sus relatos, cobra vida, de manera inusitada, y la rápida descripción que hace de él, lo dota de vida, de protagonismo, como una presencia que nunca desapareciera.

Otra calle: la calle Real. Nuevos recuerdos que no se borran de su memoria. Por eso, nos lleva por esta vena histórica de la Medina de Larache, donde su segunda etapa infantil labra nuevos recuerdos que lo ayudan a formarse. Pequeño homenaje además a los judíos de Larache. Al acabar este corto relato, tengo la sensación de que las voces de esos hebreos parecen escucharse en un eco de olvido. Hay mucha nostalgia en su manera de describir ese micro mundo dentro de la Medina.

Larache - Madina

Los otros relatos de León Cohen, nos trasladan hasta lugares emblemáticos, hechizantes, como El Jardín de las Hespérides. Sin embargo, él regresa al útero sentimental de su memoria, a su casa. Mi casa es un relato detallista. Y un ensueño, ya que el mismo autor duda de que realmente ocurriera lo que describe: regresar a la casa de su infancia cincuenta años después de abandonarla. “Todos somos exiliados de la infancia que es nuestra patria, nosotros también lo éramos de nuestro pueblo, de nuestras calles. Porque una cosa son las calles propias, las de la infancia y la adolescencia y otra bien distinta, las calles prestadas, aquellas a las que llegamos perdidos y donde pudimos pasear nuestro exilio interior mejor o peor, cada uno según su circunstancia” escribe León Cohen con pulso, lleno de rabia contenida, de amargura dulce y de grito contra el destino traicionero.

Camisas mojadas. Como un pequeño islote entre esos relatos melancólicos, León Cohen deja aquí una declaración de intenciones, un pequeño homenaje a esos marroquíes que han tenido que cruzar el estrecho en pateras para buscarse la vida. Difícil ejercicio de condensación para articular un fiero discurso contra la injusticia. Lo logra, sobradamente.

Pero enseguida trata de refugiarse una vez más en su memoria, y nos vuelve a sumergir en ella con El espíritu de mi pueblo. Esto sí que es una declaración de amor a Larache, como si se aferrara a las rocas del espigón luchando contra las olas del tiempo. León Cohen narra un poema, y la musicalidad nace de su afecto y de su melancólica ternura por los lugares en los que sintió realmente la felicidad. Es bonito que el espíritu lo conformen personas y objetos, calles y edificios, nombres y apellidos. Hay sonidos que se escuchan en todos sus relatos, ecos que llegan de su pasado.

El guarda de la sinagoga. León Cohen nos deja entrar en la sinagoga Pariente, en el viejo Larache, para contar una pequeñísima anécdota que, sin embargo, contiene uno de los más bellos mensajes de este libro. Conciso, emotivo, incluso candoroso relato.

Su homenaje a Larache acaba con un sucinto poema. Entre estos versos y los recuerdos atados a sus cuentos, León Cohen construye un pequeño cofre lleno de sabores antiguos, de añoranzas y de suspiros por lo que fue y ya no es, o de lo que sigue siendo, pero en el universo personal de sus remembranzas más íntimas. Larache se convierte, en estas páginas, en un universo mágico que nos hace querer recuperar la candidez que se ha perdido en la sociedad actual. Es como una reivindicación de otra manera de vivir.

Cine Roxy

Tánger – Cine Roxy

A mitad de este libro, León Cohen viaja hasta Tánger, la otra ciudad que habita en su corazón.

Tánger mítica, Tánger mitificada. También desborda cariño en sus palabras por esta otra ciudad marroquí, pero es otra clase de amorío. León Cohen nos habla de los años 1964 a 1968. Y ya no es el niño de Larache, y Tánger no es aquella pequeña ciudad.

La banda del Koah es, quizá, el relato que lo resume todo. León Cohen rememora en él sus correrías con los amigos adolescentes, y, mientras nos describe aquel Tánger aún esplendoroso de finales de los sesenta, usa los pinceles de sus palabras para pintar ahora una acuarela de aguafuertes, llena de colores vivos: la ilusión de la adolescencia, la atracción por las chicas, la búsqueda de la utopía política y ética, la vida explotando cuando la juventud nos arrastra a la aventura, aunque sea sentados en el Haffita disfrutando de un té con hierbabuena…

Por supuesto, si León Cohen habla o escribe de Tánger, la presencia de Juanita Narboni, el personaje creado por Ángel Vázquez, ha de aparecer tarde o temprano. En este libro, por supuesto, lo hace. Carta a Juanita Narboni es uno de sus textos más pensados y elaborados, también es uno de los relatos cohenianos de referencia. A contracorriente del resto de los que conforman este libro, aquí la voz narradora se la cede León Cohen a una mujer, a Sol, y ella, tangerina, se encarga de poner al día a Juanita de lo que ha acontecido en Tánger en los últimos años. Una excusa inteligente y perfecta de la que se vale el autor para hablar largo y tendido de sus impresiones sobre la ciudad. Y es un largo lamento de aquel Tánger deslumbrante que ya no existe, al que ha sustituido una ciudad impersonal y vacía de alma. Tal vez sea el punto final definitivo a la historia que inició Ángel Vázquez.

El libro se cierra con Juanita y Sol, otro juego de malabarismo de León Cohen utilizando por enésima vez a Juanita Narboni, que, al final, se ha convertido casi en un personaje imprescindible de su narrativa.

Igual ocurre con Retrouvailles à Tanger. León Cohen ama Tánger, pero ama aquel otro Tánger que añora Sol, y que, en esta otra narración, vuelve a emerger del fondo de la nostalgia. Hay un nexo silencioso e invisible de Tánger con Larache. Leyendo este relato, nos damos cuenta de que ambas ciudades provocan la misma reacción en el autor: camina por una ciudad que ya no existe, pero camina por la ciudad que sólo él ve. Y es capaz, con esta argucia, de hacernos creer que ha regresado a aquella otra que ha desaparecido para siempre, como si se resistiera al paso del tiempo.

Las Gerofi

Yvonne e Isabelle Gerofi

El libro continúa con varios homenajes a personajes tangerinos que se condensan, de manera excepcional, en esa visita del propio autor a La Librairie des Colonnes. Este sí es un cuento que rezuma realismo mágico. Jugando entre la realidad, la fantasía y el sueño, León Cohen reúne a las Gerofi, a Chukri, a Juanita Narboni… a los tangerinos que más le han influenciado, en una suerte de reunión entre fantasmas en el Tánger fantasmal. La magia transforma este inverosímil encuentro en un acontecimiento que contemplamos con una sonrisa, casi como cómplices del ensueño de León Cohen.

Cuando cerramos este libro, tenemos la sensación de haber paseado por las calles de dos ciudades que no existen pero que, sin embargo, habitan en su alma. Y nosotros somos, ni más ni menos, que los exclusivos testigos de que esas otras dos ciudades ensoñadas ya sólo siguen vivas en la memoria blanqueada de León Cohen Mesonero, alias Cohete, alias Garrincha.

Sergio Barce, octubre 2017

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