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PRÓLOGO DE GLORIA NISTAL PARA “CRÓNICA DE UN REENCUENTRO”, DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN MESONERO

A punto de editarse el nuevo libro de León Cohen Mesonero, Crónica de un reencuentro: Relatos imaginarios con cinco personajes clave, me hace llegar el magnífico prólogo que le ha escrito Gloria Nistal y que nos sirve como exquisito adelanto de su nueva publicación, y que, además, hace que deseemos tener ya el libro entre nuestras manos.

Gloria Nistal es licenciada en Filosofía y Letras por la UAM, finalizó su doctorado en Informática en la Universidad Politécnica de Madrid. Ha sido profesora titular de la Universidad Camilo José Cela (UCJC) de Madrid, de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE) y tutora en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Actualmente es profesora en la Universidad de Varsovia. Ha sido Presidente del Consejo editorial de la revista Novática y miembro de las revistas INSS Oráfrica. Creó y dirigió la revista el ÁrHbol del Centro. Autora de numerosos artículos, ensayos y libros.

Gloria Nistal

PRÓLOGO 

Durante mi estancia en Polonia (de 2008 a 2013) amplié el ámbito de mi investigación desde la Literatura negroafricana o subsahariana en español a la Literatura africana en español

En esa época descubrí a un notable conjunto de autores magrebíes y saharauis que escribían en español y también fue el momento en que me encontré con la obra de León Cohen Mesonero. 

En el año 2008 la editorial SIAL, en la que yo había publicado ya varias obras en solitario y en colaboración, sacó a la luz el libro Calle del Agua, Antología de la Literatura Hispanomagrebí contemporánea. La  obra había sido concebida inicialmente por Rodolfo Gil Benumeya Grimau, que en la década de 1960 había dirigido un Centro Cultural Hispánico, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores de España, como yo también dirigí varias décadas después otro Centro Cultural español. No coincidimos ni en el tiempo ni en el lugar, pero sí coincidimos en haber sido ambos directores de dos centros culturales españoles en África. Lamentablemente Rodolfo Gil Benumeya murió en el mismo 2008. Aunque no tuve la oportunidad de conocerle, su proyecto fue culminado con éxito por Manuel Gahete y otros cuatro autores.  

calle-del-agua.jpg

Calle del Agua me ofreció por primera vez el nombre y la obra de León Cohen Mesonero. Se habían seleccionado para la mencionada antología dos relatos, uno autobiográfico, La calle Real (de Larache) y el magnífico Rachid y Señor Levy, que después tuve oportunidad de ver publicado en otras antologías y que se encuentra en el apéndice de la obra que hoy nos ocupa.       

Interesada ya de lleno por la obra de León Cohen, seguí buscando y di con selecciones de cuatro de sus libros en la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes: Relatos robados al tiempo (2003), del que se habían seleccionado cuatro relatos; Cabos sueltos (2004), libro dividido en cuatro libros a su vez, los tres primeros de poemas y el cuarto de reflexiones de pequeño formato en prosa; La memoria blanqueada (2006), del que había dos narraciones; y Cartas y Cortos (2011), con una selección de cuatro títulos. 

la memoria blanqueada

Relatos robados al tiempo es un libro que me impactó profundamente. Allí tuve ocasión de conocer a Juanita Narboni y a Sol Bensusan,  a Jacobi, de volver a  encontrarme con Rachid y el Señor Levy, de enfrentarme al terrible viaje de los boat people, de revisitar una guerra civil que para mí estaba novedosamente deslocalizada, pero sobre todo fue la oportunidad para encontrarme con El Alquimista.    

Relatos robados al tiempo

Fui leyendo todo lo que encontraba escrito por León Cohen y sobre León Cohen y fui haciéndome mi propia imagen del autor. En la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes sus libros estaban indexados como Literatura marroquí; Literatura africana; Literatura española; Poesía marroquí; Narrativa española. El autor se me revelaba como algo misterioso y difícil de clasificar para que lo entendieran mis alumnos polacos. ¿Era autor judío, francés, marroquí, español? Mi respuesta era que sí, que un poco de todo.

A medida que iba leyendo sus relatos y los retazos de su biografía en blogs como el de Sergio Barce, dibujaba un mapa de su interesante vida, de padre judío nació en Larache en la época de los protectorados español y francés en Marruecos, diez años antes de la independencia del país magrebí. León Cohen tuvo la suerte de vivir los años de su crecimiento y primera juventud en ciudades cosmopolitas como la atlántica y tolerante Larache y sobre todo en la mítica Tánger en la época de su máximo esplendor. Tánger era una ciudad enteramente polifacética, orgullosa de su multiculturalidad, como no podía ser menos para una ciudad con estatuto de internacionalidad. Allí diferentes tradiciones y religiones convivían en serena concordia (en el momento de la independencia de Marruecos habitaban en Tánger 40.000 musulmanes; 31.000 cristianos y 15.000 judíos). En esos días León transitaba su infancia y adolescencia sin solución de continuidad por diferentes culturas, la judío-sefardita, la árabe-bereber, la francesa y la española, ésta última a su vez conformada por elementos castellanos viejos y andaluces.

Utilicé los relatos de León Cohen como parte del material para el seminario de literatura africana en español que estuve impartiendo en la Facultad de Iberística de la Universidad de Varsovia. Varios de mis alumnos eligieron los relatos de Cohen para sus comentarios de texto entre una buena oferta de autores magrebíes, guineo-ecuatorianos, cameruneses o gaboneses escribiendo en español.

Mi fascinación por algunos de los relatos de León no ha decaído en absoluto con el paso de los años.  Y esta Crónica de un reencuentro me ofrece la doble oportunidad de releer una vez más los admirados relatos y poder además escribir sobre ellos.

Dejando a un lado su producción académica y poética, la obra narrativa de Cohen puede dividirse en cuatro bloques, que responden a distintas posiciones del narrador. En el primer bloque el narrador será el Yo autobiográfico donde el autor se cuenta a sí mismo y comparte con sus lectores los lugares y los personajes de su pasado que le han convertido en el León Cohen que ahora es; el segundo bloque utilizará la tercera persona para dar lugar a la narración de acontecimientos objetivos; el tercer bloque se corresponde con la literatura epistolar donde el adquiere protagonismo en tanto que las cartas siempre van dirigidas a un tú concreto con nombre y apellidos, destinatario de los mensajes epistolares.  Finalmente en el cuarto bloque también habrá un narrador (aparentemente) objetivo que cuenta las historias de otros. Pero no nos dejemos engañar, en estas historias – como en El alquimista o en Rachid y el señor Levy -, el discípulo, el narrador y el alquimista; y Rachid y Levy son reflejos, avatares del autor. De una manera o de otra el escritor oculto, disfrazado, desdoblado o distópico, se va desvelando en sus personajes.

El primero y más numeroso de esos bloques está formado por las auto-narraciones que describen su microcosmos: las ciudades de los recuerdos o los recuerdos de las ciudades, la nostalgia de la adolescencia vivida y sentida en un tiempo milagrosamente paradisíaco a pesar de las carencias materiales, El  recorrido sentimental por las calles de la memoria, esas que se solapan, se bifurcan y convergen hasta identificarse plenamente con las calles físicas que un día existieron y que ahora se han transformado de forma dramática para el autor. En este bloque encontramos muchos relatos costumbristas que describen no solo calles, locales o ciudades, siempre espacios de la infancia, la adolescencia y la juventud, sino también miembros de su familia, como la querida abuela Luna y otros entrañables personajes. El obligado exilio, el desgarro de tener que abandonar la querida ciudad, la emigración con la familia marcarán ese recuerdo que destila añoranza. Relatos inolvidables de este apartado son Mi casa, La calle Real o la Calle Barcelona. 

El segundo bloque, el más periodístico, en el que el autor se objetiva y se distancia para hablar de problemas candentes de nuestro tiempo y de nuestra sociedad, así encontramos Camisas mojadas, sobre el cruce del Estrecho en pateras por pobres inmigrantes irregulares o Aquella mañana aciaga, sobre el atentado del 11-M en Madrid.

El tercer bloque se compone de cartas. Cohen utiliza con habilidad la literatura epistolar para hablar con personajes que se encuentran muy cerca del autor pero temporal o espacialmente lejos. En este grupo encontramos la exitosa Carta a Juanita Narboni 1; Carta a Juanita Narboni 2. Jacobi; Carta a una amiga americana; Carta a mi padre; Carta a mis tías; Carta de un ciudadano corriente o la Carta a Jacobo Israel Garzón.  

En el cuarto y último bloque narrativo aparecen los relatos del narrador menos autobiográfico y más virtuoso, el mago de las palabras, el malabarista, el hacedor, el creador de personajes con vida propia. Y entre ellos aparecen los increíblemente bien perfilados Rachid y el señor Levy y El alquimista, incluidos en el apéndice de esta obra.

Llegados a este punto de creación literaria nuestro autor ejecuta una original vuelta de tuerca por la que algunos de sus personajes mejor logrados vuelven a encontrarse con su autor, dialogan con él y tienen nueva voz.

tributo (1)

Cierto es que no es totalmente nuevo este recurso en nuestro autor dado que ya en Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger aparecen tres narraciones en los que el autor y sus personajes, o los creadores de otros personajes que han influido en su obra,  se encuentran y dialogan en persona. Así encontramos:  La librairie des colonnes donde el escritor se reúne en un tiempo imposible con los por algunos considerados escritores malditos Mohamed Chukriy y Ángel Vázquez;  La Calle Goya donde Juanita Narboni (personaje principal creado por Ángel Vázquez) y Sol Bensusan (su contraparte o reverso, creada por León Cohen) participan con el mismo Cohen en un intenso diálogo; y finalmente  Encuentro en Tánger donde nuevamente Juanita y Sol se reúnen para rememorar la añorada Tánger, esa magnífica ciudad donde nadie podía sentirse extranjero, esa querido lugar del que tuvieron que exilarse para convertirse en tangerinos errantes vagando por el mundo en una diáspora sin retorno

En Crónicas de un reencuentro: relatos imaginarios con cinco personajes clave vuelve Cohen a recuperar, a revisitar a esos personajes afortunados, brillantemente perfilados muchos años antes. Esos personajes, a diferencia de su padre a quien escribe una carta años después de haber fallecido, nunca estuvieron muertos, no había que resucitarlos, solo había que visitarlos y comentar con ellos el efecto del tiempo.

Y esto es de lo que trata este libro, de hacer una reflexión sobre el proceso creativo diacrónicamente, a lo largo del tiempo, se trata de saber algo más de los personajes, cómo se comportan ahora, qué piensan después de los acontecimientos transcurridos, como actúan con sus nuevas circunstancias de tiempo y espacio, de historia a sus espaldas. 

Podemos pensar que necesariamente la evolución de los personajes ha de ser la del propio autor a lo largo de la línea temporal que ha recorrido, podemos pensar que necesita contarnos sobre los personajes algo más que quedó pendiente en su momento, o podemos pensar que los personajes están creados de una manera tan verosímil que tienen existencia  propia y sus ideas y su carácter han ido adaptándose a las cambiantes circunstancias. Sea cual sea la opción que el lector elija, en esta obra no son los personajes quienes buscan al autor, como nos dice Cohen en su prefacio citando a Pirandello, sino que es el autor quien ha llamado a la puerta de los personajes para ver cómo se desenvuelven en su vida actual. El creador no se olvida, el padre se preocupa por sus hijos. Cinco personajes: Rachid, el aprendiz de alquimista, Juanita, Sol y Jacobi dialogan años después con el escritor que les dio vida. Apenas treinta y cinco páginas son la esencia de un prodigioso y original juego donde el intelecto y la literatura se dan la mano.

Lector, queda en tu mano una nueva interpretación de este libro que se bifurca y crece de forma ilimitada. Lector, tienes en tus manos una fuente de innegable disfrute.         

Gloria Nistal           

Marzo 2019

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MÁLAGA- SÁBADO 28 DE ABRIL – FERIA DEL LIBRO – EL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN FIRMARÁ EJEMPLARES DE SU NUEVO LIBRO

Este sábado, a partir de las 12.30 h., el escritor larachense León Cohen Mesonero, firmará ejemplares de su nuevo libro Tributo a dos ciudades: Tánger y Larache, en la caseta de la editorial Círculo Rojo.

Aprovecho para adjuntar el enlace de Radio Sefarad en el que podéis escuchar la entrevista que se le ha realizado a León Cohen con ocasión de la salida de su libro.

http://www.radiosefarad.com/tributo-a-dos-ciudades-larache-y-tanger-con-su-autor-leon-cohen/

Tributo

 

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ALGECIRAS – 25 DE ABRIL – PRESENTACIÓN DE “TRIBUTO A DOS CIUDADES: LARACHE Y TÁNGER”, UN LIBRO DE RELATOS DE LEÓN COHEN

El próximo 25 de abril
En el Centro Documental “José Luis Cano” de Algeciras
A las 19:30 horas

Presentación del libro

“TRIBUTO A DOS CIUDADES:

LARACHE Y TÁNGER”

de LEÓN COHEN MESONERO

Organizan la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) en Andalucía-Delegación Municipal de Cultura del Excmo. Ayuntamiento de Algeciras.

Tributo

 

 

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“TRIBUTO A DOS CIUDADES: LARACHE Y TÁNGER”, EL NUEVO LIBRO DE LEÓN COHEN, YA A LA VENTA

También podéis adquirir el nuevo libro de relatos del escritor larachense León Cohen Mesonero a través de su correo electrónico: 

leon.cohen@uca.es

YA A LA VENTA

 

 

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“TRIBUTO A DOS CIUDADES: LARACHE Y TÁNGER”, UN LIBRO DE LEÓN COHEN

En los próximos días, sale Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger, el nuevo libro de relatos del escritor larachense León Cohen Mesonero, que publica la editorial Círculo Rojo

La cubierta es muy atractiva. Como me explicaba León, tras varias propuestas ha conseguido que, en la foto de la contraportada, aparezca la casa donde vivió su abuela Luna, en Larache, y que es la casa de su memoria.  En esa foto, se ve el balcón de Luna, un homenaje a ella.

cubierta Tributo a dos ciudades

Como adelanto, aquí podéis leer el prólogo que he escrito para el libro, que mi amigo León Cohen tuvo la deferencia de pedírmelo y que escribí mientras disfrutaba de la lectura de sus relatos.

Sergio Barce, febrero 2018

No sabía muy bien cómo abordar el prólogo de este libro. Tras muchas dudas, me he decantado por lo más sencillo, creo. Y es seguir las huellas que marca el propio autor, dejarme llevar por el orden de sus relatos. Tal vez así llegue a donde me propongo. A saber: desvelar al posible lector qué es lo que León Cohen Mesonero cuenta cuando narra.

Comienza en Larache, y su primera historia es la antesala a este viaje interior a los sueños y a la memoria, a ese pasado quizá construido en el deseo. Es un acierto comenzar por este relato titulado con simpleza: Larache, ya que, para quien no conozca esta ciudad, puede hacerse una idea exacta de su esqueleto, pintado al detalle por las palabras de León Cohen. Además, ilustra la arquitectura y las arterias de la ciudad con rápidas pinceladas de los personajes que le impactaron en los años que describe (de 1950 a 1964) y de los acontecimientos históricos más destacados. Y así, en pocos párrafos, resume un pequeño mundo, entre mágico y ensoñado, en el que, en las siguientes páginas, León Cohen sitúa sus relatos más enjundiosos.

Inevitablemente, con toda lógica, su siguiente relato describe su sentimiento y las sensaciones más íntimas cuando, años después de abandonar su ciudad natal, el autor regresa por primera vez. La emoción se desborda con cada palabra, embozando al lector con ese temblor del alma que causa el reencuentro con el pasado. León Cohen reconoce que, en un momento dado, no caminaba por la ciudad en la que se encontraba en ese preciso instante, sino por ese otro Larache que él llevaba en su memoria, como si se fuera materializando a cada paso que daba. Por supuesto, se estaba engañando. La realidad era más prosaica, más gris, más real. León Cohen hace entonces una finta, y decide, en connivencia con el lector, olvidarse de esa realidad y continuar avanzando en busca de su casa arropado por el Larache de su corazón. Opta por la memoria, que nunca es exacta, que lo endulza todo, que lo blanquea todo.

Larache

Larache

La calle Barcelona. Otro relato, y la meta ansiada en su camino por el Larache del reencuentro, por el Larache de su memoria. Ahí habita su infancia. Y, sobre todo, el recuerdo de su padre. Inconscientemente, cuando el padre de León Cohen aparece, aunque sea de manera furtiva en sus relatos, cobra vida, de manera inusitada, y la rápida descripción que hace de él, lo dota de vida, de protagonismo, como una presencia que nunca desapareciera.

Otra calle: la calle Real. Nuevos recuerdos que no se borran de su memoria. Por eso, nos lleva por esta vena histórica de la Medina de Larache, donde su segunda etapa infantil labra nuevos recuerdos que lo ayudan a formarse. Pequeño homenaje además a los judíos de Larache. Al acabar este corto relato, tengo la sensación de que las voces de esos hebreos parecen escucharse en un eco de olvido. Hay mucha nostalgia en su manera de describir ese micro mundo dentro de la Medina.

Larache - Madina

Los otros relatos de León Cohen, nos trasladan hasta lugares emblemáticos, hechizantes, como El Jardín de las Hespérides. Sin embargo, él regresa al útero sentimental de su memoria, a su casa. Mi casa es un relato detallista. Y un ensueño, ya que el mismo autor duda de que realmente ocurriera lo que describe: regresar a la casa de su infancia cincuenta años después de abandonarla. “Todos somos exiliados de la infancia que es nuestra patria, nosotros también lo éramos de nuestro pueblo, de nuestras calles. Porque una cosa son las calles propias, las de la infancia y la adolescencia y otra bien distinta, las calles prestadas, aquellas a las que llegamos perdidos y donde pudimos pasear nuestro exilio interior mejor o peor, cada uno según su circunstancia” escribe León Cohen con pulso, lleno de rabia contenida, de amargura dulce y de grito contra el destino traicionero.

Camisas mojadas. Como un pequeño islote entre esos relatos melancólicos, León Cohen deja aquí una declaración de intenciones, un pequeño homenaje a esos marroquíes que han tenido que cruzar el estrecho en pateras para buscarse la vida. Difícil ejercicio de condensación para articular un fiero discurso contra la injusticia. Lo logra, sobradamente.

Pero enseguida trata de refugiarse una vez más en su memoria, y nos vuelve a sumergir en ella con El espíritu de mi pueblo. Esto sí que es una declaración de amor a Larache, como si se aferrara a las rocas del espigón luchando contra las olas del tiempo. León Cohen narra un poema, y la musicalidad nace de su afecto y de su melancólica ternura por los lugares en los que sintió realmente la felicidad. Es bonito que el espíritu lo conformen personas y objetos, calles y edificios, nombres y apellidos. Hay sonidos que se escuchan en todos sus relatos, ecos que llegan de su pasado.

El guarda de la sinagoga. León Cohen nos deja entrar en la sinagoga Pariente, en el viejo Larache, para contar una pequeñísima anécdota que, sin embargo, contiene uno de los más bellos mensajes de este libro. Conciso, emotivo, incluso candoroso relato.

Su homenaje a Larache acaba con un sucinto poema. Entre estos versos y los recuerdos atados a sus cuentos, León Cohen construye un pequeño cofre lleno de sabores antiguos, de añoranzas y de suspiros por lo que fue y ya no es, o de lo que sigue siendo, pero en el universo personal de sus remembranzas más íntimas. Larache se convierte, en estas páginas, en un universo mágico que nos hace querer recuperar la candidez que se ha perdido en la sociedad actual. Es como una reivindicación de otra manera de vivir.

Cine Roxy

Tánger – Cine Roxy

A mitad de este libro, León Cohen viaja hasta Tánger, la otra ciudad que habita en su corazón.

Tánger mítica, Tánger mitificada. También desborda cariño en sus palabras por esta otra ciudad marroquí, pero es otra clase de amorío. León Cohen nos habla de los años 1964 a 1968. Y ya no es el niño de Larache, y Tánger no es aquella pequeña ciudad.

La banda del Koah es, quizá, el relato que lo resume todo. León Cohen rememora en él sus correrías con los amigos adolescentes, y, mientras nos describe aquel Tánger aún esplendoroso de finales de los sesenta, usa los pinceles de sus palabras para pintar ahora una acuarela de aguafuertes, llena de colores vivos: la ilusión de la adolescencia, la atracción por las chicas, la búsqueda de la utopía política y ética, la vida explotando cuando la juventud nos arrastra a la aventura, aunque sea sentados en el Haffita disfrutando de un té con hierbabuena…

Por supuesto, si León Cohen habla o escribe de Tánger, la presencia de Juanita Narboni, el personaje creado por Ángel Vázquez, ha de aparecer tarde o temprano. En este libro, por supuesto, lo hace. Carta a Juanita Narboni es uno de sus textos más pensados y elaborados, también es uno de los relatos cohenianos de referencia. A contracorriente del resto de los que conforman este libro, aquí la voz narradora se la cede León Cohen a una mujer, a Sol, y ella, tangerina, se encarga de poner al día a Juanita de lo que ha acontecido en Tánger en los últimos años. Una excusa inteligente y perfecta de la que se vale el autor para hablar largo y tendido de sus impresiones sobre la ciudad. Y es un largo lamento de aquel Tánger deslumbrante que ya no existe, al que ha sustituido una ciudad impersonal y vacía de alma. Tal vez sea el punto final definitivo a la historia que inició Ángel Vázquez.

El libro se cierra con Juanita y Sol, otro juego de malabarismo de León Cohen utilizando por enésima vez a Juanita Narboni, que, al final, se ha convertido casi en un personaje imprescindible de su narrativa.

Igual ocurre con Retrouvailles à Tanger. León Cohen ama Tánger, pero ama aquel otro Tánger que añora Sol, y que, en esta otra narración, vuelve a emerger del fondo de la nostalgia. Hay un nexo silencioso e invisible de Tánger con Larache. Leyendo este relato, nos damos cuenta de que ambas ciudades provocan la misma reacción en el autor: camina por una ciudad que ya no existe, pero camina por la ciudad que sólo él ve. Y es capaz, con esta argucia, de hacernos creer que ha regresado a aquella otra que ha desaparecido para siempre, como si se resistiera al paso del tiempo.

Las Gerofi

Yvonne e Isabelle Gerofi

El libro continúa con varios homenajes a personajes tangerinos que se condensan, de manera excepcional, en esa visita del propio autor a La Librairie des Colonnes. Este sí es un cuento que rezuma realismo mágico. Jugando entre la realidad, la fantasía y el sueño, León Cohen reúne a las Gerofi, a Chukri, a Juanita Narboni… a los tangerinos que más le han influenciado, en una suerte de reunión entre fantasmas en el Tánger fantasmal. La magia transforma este inverosímil encuentro en un acontecimiento que contemplamos con una sonrisa, casi como cómplices del ensueño de León Cohen.

Cuando cerramos este libro, tenemos la sensación de haber paseado por las calles de dos ciudades que no existen pero que, sin embargo, habitan en su alma. Y nosotros somos, ni más ni menos, que los exclusivos testigos de que esas otras dos ciudades ensoñadas ya sólo siguen vivas en la memoria blanqueada de León Cohen Mesonero, alias Cohete, alias Garrincha.

Sergio Barce, octubre 2017

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