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SEAN, GENE, JACK Y TAMBIÉN ENNIO.

morricone

Esta semana acudiré al concierto de Ennio Morricone en Madrid. El músico más influyente de las últimas décadas. El gran maestro. El más imitado y el más homenajeado. Será una de sus últimas apariciones en la gira mundial que efectúa para despedir su extraordinaria carrera. Ya no gozaremos de sus genialidades en nuevas bandas sonoras, y el cine se apaga un poco con esta despedida definitiva. Por eso no puedo perderme este adiós. Asistir es rendirle un pequeño homenaje. Y darle las gracias por tantos buenos momentos.

El cine hace tiempo que ha cambiado. El mejor cine se hace ahora para la televisión. O al menos la gran mayoría de los talentos se han refugiado en este medio. Series con guiones que, a veces, son auténticas obras maestras. Series que se ruedan como el mejor cine de antaño.

Haré un inciso para aconsejar alguna de las series que me han impresionado en estos últimos años: Los Soprano, The wire, Mad Men, House of cards, Breaking Bad, Juego de Tronos, El cuento de la criada, True detective, Black mirror, Westworld, pero aún destacaría, por muchas razones, Carnivale, Deadwood y El joven Papa.

El cine en salas grandes ya solo se enfoca para las películas de superhéroes, franquicias y comedias de humor grueso. Solo logran abrirse paso algunos clásicos que son iconos, como Clint Eastwood, pero de estos ya quedan muy  pocos. Y de entre los que quedan, como Woody Allen, esta nueva sociedad pacata y esquizofrénica que nos ha tocado vivir ha decidido hacer una purga. Porque sí. Porque la nueva moral imperante ha decidido que ahora todos somos culpables mientras no se demuestre lo contrario. Y son las salas pequeñas las que cobijan, no sin grandes dificultades, al cine de autor más interesante.

SEAN

SEAN

Lo cierto es que hay un punto de inflexión al comienzo de este siglo. Y ese punto de inflexión lo podrían representar tres nombres propios: Sean, Gene y Jack. Cualquier película con uno de ellos en el proyecto se convertía en algo especial. Si la película era buena, ellos la hacían excelsa; si la película era mala, ellos la disfrazaban de dignidad. Sean, Gene y Jack. Connery, Hackman y Nicholson. Tres actores de Oscar. Tres actores inigualables, que desde que dejaron de rodar provocaron que la pantalla grande se hiciera pequeña.

La última película protagonizada por Sean Connery es de 2003, la de Gene Hackman de 2004 y la última de Jack Nicholson de 2010. Las tres películas son mediocres. Un punto final bastante pobre para unas carreras brillantes e irrepetibles. Basta con volver a ver The French connection (1971), Chinatown (1974), La colina (The hill, 1965), La conversación (The conversation, 1974), El nombre de la rosa (Der name der rose, 1986), Mejor… imposible (As good as it gets, 1997), El hombre que pudo reinar (The man who would be King, 1975), Alguien voló sobre el nido del cuco (One flew over the cuckoo´s nest, 1975) , Arde Mississippi (Mississippi burning, 1988), El resplandor (The shining, 1980), Los intocables de Eliot Ness (The untouchables, 1987), Sin perdón (Unforgiven 1992).. ¿sigo? Connery fue el  mejor James Bond. Hackman el mejor Lex Luthor. Y Nicholson el mejor Joker.  Lo digo para aquellos que defiendan las adaptaciones de cómics que ahora nos inunda. Hasta en ese campo, descollaron. 

Gene-Hackman-Net-Worth

GENE

Las razones para que los tres abandonaran el cine son muy similares: Jack Nicholson decidió que el cine ya no le emocionaba, Gene Hackman lo dejó por hastío y para centrarse en escribir novelas históricas. y Sean Connery también lo hizo por cansancio tras el rodaje de su último film y porque, según se rumorea, padece Alzheimer. Pero lo cierto es que han dejado un gran vacío que nadie ha logrado ocupar. Y nadie les ha rendido aún el homenaje que se merecen.

JACK

JACK

Ahora que se marcha Morricone con la música a otra parte, el desierto se hace más árido e inhóspito. Pero nos queda el consuelo de que todas esas maravillosas películas siguen ahí, con esos tres inolvidables actores dando clases de interpretación y con ese genio dirigiendo la mejor banda sonora que me acompaña desde la niñez. 

Sergio Barce, mayo 2019

 

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Diálogos de películas 10

“La venganza de Frank James” (The return of Frank James, 1940)

de Fritz Lang

-Abogado:  ¿A qué distancia estaba usted de Wilson cuando le hirieron?
-Henry Fonda:   Déjeme que lo piense
-Abogado:   Le pido que responda, no que lo piense.
-Henry Fonda:   Lo siento, abogado; yo, cuando digo algo, lo pienso. No soy abogado.

 

“Veracruz” (1954)

de Robert Aldrich

-¿Tendrías misericordia de un hombre inocente?
-No existen hombres inocentes.

 

“Los profesionales” (The professionals, 1966)

de Richard Brooks

 

 Burt Lancaster:  Nada menos que cien mil dólares por una esposa. Debe de ser toda una mujer.

Lee Marvin: Será una mujer de esas que convierten a algunos niños en hombres y a algunos hombres en niños.

Burt Lancaster: Si es así, vale lo que piden.

 

“El juez de la horca” (The life and times of Judge Roy Bean, 1972)

de John Huston

 -¡Juez, juez! ¡Venga rápido, va a haber un linchamiento ilegal!

Paul Newman:  ¡Orden, orden! Aquí los linchamientos se hacen de acuerdo con la Ley.

 

“Sin perdón” (Unforgiven, 1992)

de Clint Eastwood

   

Morgan Freeman:  Matar a un hombre es algo muy duro, le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría llegar a tener.

 

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Cuadernos de cine: THE FRENCH CONNECTION (1971) de WILLIAM FRIEDKIN

     THE FRENCH CONNECTION de William Friedkin es un clásico de 1971. Cuando la vi en el cine, con ojos en el camino de la infancia a la adolescencia, me fascinó, me impactó como hicieron HARRY, EL SUCIO (Dirty Harry, 1971), SHAFT (1971) o SÉRPICO (1972). Eran películas sin concesiones, de ritmo ágil, concisas en sus diálogos para dejar margen a que el lenguaje de las imágenes hiciesen su verdadero trabajo. Son obras directas, sin dobleces, que nos sumergen en una trama policíaca generalmente obsesiva para su protagonista, y que nos atrapa hasta su desenlace, casi siempre abrupto y sin el epílogo explicativo que se ha impuesto en el cine actual.

Gene Hackman es Popeye Doyle

     Han transcurrido cuarenta años desde su estreno, cuarenta años, ni más ni menos, y vuelvo a verla en formato DVD, y, a continuación, reviso también THE FRENCH CONNECTION II, rodada en el 75 por John Frankenheimer. La experiencia es sugerente. Por un lado compruebas que, efectivamente, el cine de acción de la época era muy dado a esos finales que te dejaban pegado a la butaca tras un disparo seco y mortal o tras un accidente espectacular que acababa con el protagonista (me viene a la cabeza PUNTO LÍMITE: CERO (Vanishing point, 1971), el film de Richard C. Sarafian que tanto defendió Cabrera Infante); por otro, que el paso del tiempo no perdona.

     Nos hemos acostumbrado a películas con presupuestos multimillonarios con escenas más y más sofisticadas (el tiroteo tras el atraco frustrado de HEAT (1995) de Michael Mann es, quizá, un buen ejemplo) y se ha abandonado la economía de medios, la filmación a modo de docu-drama de la labor frustrante y pesimista del policía (ZODIAC de David Fincher efectúa un acercamiento a esa forma de filmar). Entonces los efectos especiales no alardeaban, todo era de un realismo sucio, por así llamarlo, que, me temo, puede decepcionar a los espectadores jóvenes de hoy en día.

     Gene Hackman, que obtuvo el Oscar por su interpretación de Popeye Doyle en FRENCH CONNECTION (aunque, personalmente, es más atractivo su papel en la segunda parte), transmitió perfectamente ese estado de ánimo que se vivía en la década de los setenta: el crimen organizado dominando el mundo de las drogas, a los políticos, a la propia policía, y la lucha individual y contra corriente del agente honesto pero con un punto perverso u oscuro. Revisar esos extraordinarios filmes policíacos, hablo ahora de los americanos, es sumergirnos en la realidad de la época, una de las más gloriosas para el thriller.

Sólo añadir unos títulos más a los ya destacados anteriormente: LA NOCHE SE MUEVE (Night moves, 1974) de Arthur Penn, LA HUIDA (The gateway, 1972) de Sam Peckinpah, SUPERGOLPE EN MANHATTAN (The Anderson tapes, 1971) y la mencionada SÉRPICO (1972) ambas de Sidney Lumet, LA CONVERSACIÓN (The conversation, 1973) de Francis Ford Coppola, EL CONFIDENTE (The friendo of Eddie Coyle, 1972) de Peter Yates, SHAFT VUELVE A HARLEM (Shaft´s big store, 1972) de Gordon Parks, YAKUZA (1975) de Sydney Pollack o LA OFENSA (The offence, 1973) otra vez Lumet. En todas ellas, actuaciones memorables de Clint Eastwood, Gene Hackman, Al Pacino, Robert Mitchum, Sean Connery… y Fernando Rey. Ahí es nada.

Clint Eastwood es Harry el sucio

Richard Roundtree es Shaft

En las dos entregas de THE FRENCH CONNECTION, Gene “Popeye” Hackman trata de dar caza, casi enfermizamente, al jefe de un grupo de traficantes, Alain Charnier, personaje inolvidable al que da vida Fernando Rey. Lo destaco porque, visto desde hoy, el actor español supo dotar a este mafioso de una nueva imagen, diferente por completo a la estereotipada hasta ese instante. De pronto, el jefe de una organización criminal dedicada al tráfico de drogas, es un tipo culto, elegante, muy inteligente, refinado y, además, enamorado. Todo se muestra en breves pinceladas que Fernando Rey aprovecha oportunamente. Y es de justicia recordar que antes de Antonio Banderas o de Javier Bardem, en condiciones menos favorables, Fernando Rey pusiera ya una pica en Hollywood.

Fernando Rey es Alain Charnier en las dos entregas de THE FRENCH CONNECTION

El cine policíaco de los setenta envejece, lamentablemente, porque el grado de violencia al que nos ha acostumbrado el cine actual ha transformado aquellas escenas, que nos parecían duras y hasta insufribles, en ingenuas y, a veces, hasta ridículas representaciones del crimen. La sangre es artificial, los golpes muchas veces carecen de la violencia que tratan de reflejar, las persecuciones (y que conste que la rodada en las calles de Nueva York en THE FRENCH CONNECTION sigue siendo un modelo de montaje eficaz) pierden fuerza a causa de la ausencia de los actuales avances visuales y digitales, incluso las reacciones de los delincuentes se tornan candorosas cuando no risibles. Como diría un personaje de Sam Peckinpah: “los tiempos están cambiando”. Sin embargo, sigue siendo un placer revisitar aquellos años con los ojos de estos cineastas de pura sangre. Go ahead, make my day!

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