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RESEÑA DE LA ESCRITORA FUENSANTA NIÑIROLA SOBRE «PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE, DE SERGIO BARCE» EN LA REVISTA WADI-AS

La escritora y artista plástica Fuensanta Niñirola, que publicara hace pocos meses una reseña sobre mi novela La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal – Málaga, 2015) y hace pocos días otra de Sombras en sepia (Pre-Textos – Valencia, 2006). Ahora, escribe una tercera, siempre en la revista cultural Wadi-as de Guadix, en esta ocasión sobre mi libro de relatos Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Ediciones del Genal – Málaga, 2015). En todos los casos, muy positivas. Esto quiere decir que Fuensanta debe de haber descubierto algo en mi narrativa que, sin duda, le atrae. Y eso me hace sentir realmente bien.

WADIAS PASEANDO POR EL ZOCO CHICO

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RESEÑA DE «SOMBRAS EN SEPIA, DE SERGIO BARCE» POR LA ESCRITORA FUENSANTA NIÑIROLA EN LA REVISTA WADI-AS

La escritora y artista plástica Fuensanta Niñirola, que publicara hace pocos meses una reseña sobre mi  novela  La emperatriz de Tánger (Ediciones del Genal – Málaga, 2015) en la revista Wadi-as que se edita en Guadix (Granada), ha publicado ahora en su número de Noviembre-Diciembre, otra nueva reseña, ahora de mi libro Sombras en sepia (Pre-Textos – Valencia, 2006). Y en ambos casos, muy favorables.

SOMBRAS EN SEPIA en Wadi as

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RESEÑA DE FUENSANTA NIÑIROLA, SOBRE LA NOVELA «SOMBRAS EN SEPIA» DE SERGIO BARCE

Fuensanta Niñirola, escritora y artista plástica, integrante de la Generación Bibliocafé, que publica numerosas reseñas tanto en su blog La hora azul como en otras páginas literarias digitales, el pasado mes de julio de este año escribió una nueva, en esta ocasión sobre mi novela Sombras en sepia (Pre-Textos – Valencia, 2006) que, pese al tiempo transcurrido desde que viera la luz, sigue cosechando buenas críticas y ganando adeptos. Es una de mis novelas más intimistas, y, en ella, la ciudad de Larache cobra especial relevancia, podría considerarse una protagonista más del libro.

Fuensanta Niñirola me ha regalado una reseña francamente emocionante y entrañable, publicada en melibro.com, y la traigo a mi blog para compartirla con quienes ya conocen esta novela y para despertar la curiosidad de quienes aún no la habéis descubierto, porque seguramente, tras leer a Fuensanta Niñirola, sentiréis la necesidad de entrar en las páginas de Sombras en sepia.

Sergio Barce, agosto 2015

Portada SOMBRAS EN SEPIA

SOMBRAS EN SEPIA


de Sergio Barce

Entrañable narración, entremezclando recuerdos, deseos, emociones, soledades… destacando la impotencia ante el inevitable fluir del tiempo, que, cual reloj de arena, al acercarse al final cae mucho más rápido. Novela ganadora del I Premio Tres Culturas de Murcia, tiene como fondo algo ya perdido, roto, pero añorado por el autor y puesto en boca de sus personajes: la apacible conjunción de tres visiones del mundo, las tres culturas del Libro, que en la vida cotidiana convivieron durante siglos en relativa paz y armonía. No es esta obra un ensayo, sino una novela, y por tanto no vamos a debatir si esta armonía fue real o no, y si es posible que lo siga siendo. Pero al menos, la admitiremos como algo vivido, deseado y soñado por alguien.
Como es habitual en el autor, nacido en Larache (Marruecos), la novela está alternativamente enmarcada en Larache y Málaga, ciudad a la que se trasladó Sergio Barce con su familia, en su infancia, cuando Marruecos puso muy complicadas las cosas a los españoles nacidos allí y que se consideraban como larachenses.
 En la vida de Abel Egea, un viudo jubilado a las puertas de la vejez, irrumpen Nadja y su bebé Zacarías, emigrantes llegados ilegalmente en una patera con la ilusión de una nueva vida y una mochila llena de tristezas.
 Abel, un larachense de origen español, afincado en Málaga, sobrevive duramente al dulce recuerdo de su fallecida esposa, Carlota, y a la lejanía de su única hija, afincada en Suecia, apoyándose en viejos amigos, como David Benasuly, también procedente de Marruecos, y Lidia Andrade, atractiva mujer madura que conforta a ambos en sus soledades. Pero Abel también sobrevive al hecho de verse desarraigado del país que considera su patria chica, su espacio vital, y que contiene los mejores recuerdos de su vida. 
El encuentro con la jovencísima y bella Nadja, que podría ser su hija, despierta en Abel un aluvión de sentimientos que difícilmente puede controlar. Se siente padre, abuelo, amante… y siente que vuelve a su Marruecos natal, al aspirar el perfume especiado de las comidas que Nadja le prepara. Un país donde transcurrió felizmente su infancia, su juventud, donde se enamoró y se casó, y donde nació Alicia, la única hija que ahora vivía con su marido sueco en el lejano norte.
 La novela se estructura en dos narraciones paralelas: el encuentro, convivencia y problemas de Abel en su relación con Nadja y el pequeño Zacarías, y el retorno a Marruecos en búsqueda de un pasado que ya no existe, del que solo quedan ruinas. Sin embargo, ese viaje resulta ser terapéutico y Abel recupera fuerzas para afrontar lo que le queda de vida con ánimos renovados.

De impecable factura, la narración cautiva y emociona sin caer en fáciles recursos melodramáticos. El lector, tenga o no relación con Marruecos, puede comprender perfectamente la sensación de desarraigo y abatimiento, que es universal, y que todo emigrante lleva consigo. Y también puede comprender o al menos imaginar, ese armónico concurso de opciones vitales, de visiones del mundo que oferta la diferencia, la multiculturalidad entendida no como una visión política, sino humana, muy humana.
 Sergio Barce Gallardo (Larache, 1961) poeta y escritor español, es el presidente de la asociación Larache en el Mundo. Su primera novela ‘En el Jardín de las Hespérides’ (Aljaima, 2000) fue un primer acercamiento al universo de Larache al que siguió ‘Últimas noticias de Larache’ (Aljaima, 2004). Fue ganador del Primer Premio de Novela Tres Culturas de Murcia por su obra ‘Sombras en sepia’ (Editorial Pretextos, 2006). Finalista del Premio de la Crítica de Andalucía de 2012 con ‘Una sirena se ahogó en Larache’ (Círculo Rojo, 2011), y ‘El libro de las palabras robadas’ (Círculo Rojo, 2013). ‘Paseando por el Zoco chico. Larachensemente’ fue su último libro editado en 2014 en Valencia. Recopila los relatos escritos en los últimos 15 años relacionados con Larache.

Fuensanta Niñirola
, Julio 2015

http://melibro.com/sombras-en-sepia-sergio-barce/

FUENSANTA NIÑIROLA Y SERGIO BARCE en la pasada Feria del Libro de Madrid

FUENSANTA NIÑIROLA Y SERGIO BARCE en la pasada Feria del Libro de Madrid

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«SOMBRAS EN SEPIA» Y «UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE», NOVELAS DE SERGIO BARCE, SEGÚN ANTONIO BRAVO NIETO

Leyendo los ensayos del último número de la revista Dos Orillas, en la que participo, y de la que daba cuenta días atrás, me topé con un exhaustivo estudio del historiador e investigador Antonio Bravo Nieto, titulado Una guía desconocida de la ciudad de Tetuán: El Tetuán artístico y pintoresco de Juan Beigbeder y Antonio Got.

DOS ORILLAS. EL ESTRECHO DE GIBRALTAR. FROMTERA LITERARIA. Monográfica XIII-XIV
Y me di cuenta de que hacía mucho que no nos escribíamos.
En su día, fue muy generoso al enviarme planos, fotos y documentación relacionada con edificios de Larache, que conoce en profundidad, y que se pueden consultar y ver en este mismo blog.
De pronto me vino a la memoria un correo que me envió en mayo de 2013 en el que me contaba, detallada y exquisitamente, qué sensaciones le habían causado mis novelas Sombras en sepia y Una sirena se ahogó en Larache, que le había hecho llegar por entonces. Y al releerlo, le escribí y le pedí permiso para ponerlo aquí, a lo que ha accedido.

ANTONIO BRAVO NIETO - foto sur.es

ANTONIO BRAVO NIETO – foto sur.es

De lo que me escribía por entonces, me llamó poderosamente la atención que mis novelas hubieran sido capaces de atrapar a un lector tan contumaz y voraz, y quizá por eso agradecí tanto sus palabras y que ahora comparto con todos.
Esta mañana han salido para Melilla mis dos últimas obras: El libro de las palabras robadas y Paseando por el Zoco Chico, Larachensemente. Sólo espero que le causen el mismo efecto.

Para quienes no lo conozcan, Antonio Bravo Nieto es Doctor en Historia del Arte, académico correspondiente de las reales academias de Bellas Artes de San Fernando, de la Historia y de Bellas Artes de San Telmo, siendo nombrado Cronista Oficial de la Ciudad Autónoma de Melilla en 2004) Ha colaborado en diferentes proyectos de investigación con varias universidades e instituciones: UNED, Universidad de Málaga, Escuela Nacional de Arquitectura de Tetuán, Estudios Melillenses e Instituto de Cultura Mediterránea. También ha formado parte de varios grupos de investigación: del Proyecto Patrimoines Partagés (proyecto Euromed Heritage de la Unión Europea), de Modern architecture in the mediterranean sources, characterization, preservation, y de Architecture Beyond (proyecto COST).
http://www.architecturebeyond.eu/
Ha recibido varios premios de investigación y un diploma Europa Nostra por sus trabajos relacionados con la restauración del patrimonio, habiendo desarrollado investigaciones sobre la arquitectura de los siglos XIX y XX, la arquitectura militar y fortificaciones en la Edad Moderna y la historia de Melilla y el norte de África en general.
En fin, que una persona con su currículum dedique su tiempo a leer mis novelas es para sentirse satisfecho.
                                                               Sergio Barce, octubre 2014

Estimado amigo Sergio

Cuando uno se dedica a leer no por placer, sino por trabajo, que es mi caso, llega un momento que sólo devoras libros de ensayo y de los temas que se supone te «interesan» profesionalmente. El placer lo vas dejando y dejando y al final ya casi ni guardas tiempo para leer por el gusto de leer. Yo te confieso que estoy alineado en el primer «tipo» y sólo hago incursiones rápidas y concretas cuando mi mujer me recomienda alguna de las muchísimas novelas que lee.

Atrás queda mi imagen de lector compulsivo, capaz de tragarse El Señor de los Anillos en dos días de lectura de casi 20 horas diarias (dos días de desaparición física y mental), y todavía me asombro cuando lo recuerdo.

Esto, para decirte que esperaba un momento adecuado para leer tus novelas. Tenía que ser algo especial para que nada me interrumpiese. Y la excusa perfecta ha sido un viaje que inicié el día 23 a Ginebra (un Congreso tedioso y gris, como la ciudad), en cuyas idas y vueltas, y en los ratos de hotel, tenía pensado empezar a leer tus obras.

Portada SOMBRAS EN SEPIA

Comencé por Sombras en Sepia. Lo abrí en el avión de Melilla el 23, y me enganchó totalmente. Lo terminé el viernes 24. De esta novela me gustó la forma en la que afrontas el retorno a Larache y también la actitud personal ante el tema inmigratorio, sin contar la forma en la que el protagonista inicia la búsqueda. Hubo para mí momentos de intensidad como cuando se conocen Abel y Samir, y la forma que tienes de narrar la amargura de una ciudad que fue y ya no existe me emocionó.
Yo también he visto evolucionar a Larache desde el año 1990. No sé si te conté que la primera vez que estuve en Larache fue ese año. Me acababa de casar y conseguí convencer a mi mujer para hacer un viaje por todo el norte de Marruecos en coche. No había investigado aún nada sobre estas ciudades, pero algo me atraía de ellas por las narraciones de personas mayores que vivieron esa época y por los libros que había podido encontrar.
El viaje, enero de 1990, representó la firme decisión de volcar parte de mi trabajo en esa zona, por lo que es fácil adivinar que me atrapó totalmente. La entrada a Larache fue muy sugestiva (o casi tópica), porque veníamos desde el Sur y recalamos, como no, en la inefable Casa de España, donde al sentarnos con un Bon Jour y prepararnos para pedir el socorrido «Sole Menier «, se nos acercó un camarero (que luego supimos que llamaban Pelé) con una chaqueta de un verde fosforescente rabioso y nos dijo: «¿Qué van a tomar los señores, una San Miguel?” …entonces ya pudimos entender una cosa: habíamos llegado a casa.
La ciudad nos encantó, pasearla y vivirla varios días de estancia en el entonces más que decrépito palacio de la duquesa de Guisa. Luego Tetuán y Tánger fueron otra cosa, otras vivencias y otros impactos, pero Larache siempre se nos quedó grabado en los paseos nocturnos que hacíamos por la medina, bajando al puerto, y verla ir empeorando año tras año no deja de producirnos una gran tristeza.

portada - UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

Y luego las aventuras de Tami (Una sirena se ahogó en Larache) la inicié el viernes 24 y la he terminado hoy en el avión Ginebra-Málaga, hacia las 9 de la mañana. Estos benditos viajes de trabajo que me han hecho levantar a las 3 de la mañana pero que me permiten volcar las horas que sean necesarias para leer una novela.
Aquí vuelves a la ciudad, pero de una forma más poética porque los sueños del niño se mezclan de una forma extraordinaria con un entorno hostil pero al mismo tiempo amable: Tami tiene ángeles y demonios en su vida, como todos, pero él en su corta experiencia ya va determinando qué tipo de vida será la que pudiera vivir, si se le permite hacerlo, claro.
Te felicito por tu compromiso social que está desnudo en tus dos obras, y casi te agradezco que el pederasta de la novela se llame Pierre y no Pedro, cosa que en estos momentos de falta de optimismo nacional casi no te hubiera perdonado. Al final con esta obra me pasa como con La Vida Perra de Juanita Narboni (verdadero motivo de mi primera visita a Tánger en ese recordado 1990). En ambas tuve la añoranza posterior de haberme hecho un croquis geográfico de las andanzas de Tami por una ciudad viva, y en permanente transformación: las idas y venidas, que en el caso de Larache también deberían haber incorporado un plano de secciones por las terribles pendientes.

Te acercas a Larache mediante la elaboración de tus recuerdos y la búsqueda de la realidad. Yo me acerqué mediante la búsqueda documental, más como investigador, pero en el fondo mi Larache también es una creación en la que encajan perfectamente edificios con nombres de autores, épocas, planes de organización y que siento como mía de alguna manera. Esto lo comparto con otras ciudades, Melilla por supuesto, y sobre todo Tetuán, y Tánger, cosa que no he conseguido nunca en las otras ciudades españolas que conozco y donde he vivido como Málaga, Badajoz y Oviedo.

Me temo que soy un norteafricano compulsivo, y que mi vida y mi casa están de este lado del océano. Tal vez se me ocurre que Melilla tendría que ser también objeto de tu curiosidad y dedicarle una de tus novelas, seguro que eres capaz lo que tantos pretenden y no consiguen nunca: llegar a su verdadero espíritu.

Quiero agradecerte que hayas convertido este gris viaje ginebrino en una suma de sentimientos tan reales y tan intensos. Mi sincera enhorabuena y muchos ánimos para seguir contándonos a tu forma ese tiempo que ya no existe pero que sigue presente en nosotros.

Antonio Bravo Nieto – mayo 2013

 

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LA NOVELA «SOMBRAS EN SEPIA» DE SERGIO BARCE, SEGÚN JOSÉ LUIS PÉREZ FUILLERAT

Cuando se publicó Sombras en sepia en 2006, recuerdo que el poeta Salvador López Becerra me confesó que se había leído la novela de un tirón, en una noche, porque no había podido dejarla. Y añadió: tu narrativa es poética. Confieso que me encantó este comentario.

El pasado julio, años después de aquello, otro poeta, el profesor José Luís Pérez Fuillerat, me envió una extensa reseña escrita a vuela pluma tras leer el mismo libro, mi novela Sombras en sepia. Y me parece que algo hay de común en lo que ambos poetas descubrieron en sus páginas.

Leer las palabras de José Luís Pérez, ha sido como volver a escuchar hablar de algo muy querido que queda ya atrás, entre sombras descoloridas; esa es la sensación cuando alguien me comenta sus impresiones sobre mis anteriores libros. Pero siendo José Luis Pérez Fuillerat un escritor consagrado y un lector voraz, sus palabras no me han dejado indiferente. 

Jose Luis Pérez Fuillerat

Jose Luis Pérez Fuillerat

José Luis Pérez Fuillerat es autor de los libros de poemas Íntimo (1991), Versos de entrega (1994), Zona marítima (2012), Refugio de imposibles (2012) y Caleidoscopio interior (2013), y próximamente aparecerá su libro de cuentos Relatos vinculantes.

Sergio Barce, septiembre 2014

Acabo de leer Sombras en sepia, del escritor Sergio Barce Gallardo, premiada en el I Certamen de Novela “Murcia Tres Culturas”, en 2006.

Si hay que detener su lectura es solo para beber agua, respirar hondo o tomar un lápiz para anotar algo al margen de la página leída.

Creo que, además de ser una “novela contemporánea”, es la novela del autor. Autodiegética, es decir casi enteramente autobiográfica, con la excepción de la trama, la relación entre los actantes, Abel Egea, Nadja y el casi fantasmal Mustapha, incómodo para un lector sensible. Realista desde luego, pues el final no podía ser de otra manera en un tiempo actual. El lector sabe ya, mediante una prolepsis descrita en dos páginas y media (págs. 200-202), cuál es el final en la relación Abel, setentón, y Nadja, joven marroquí de 17 años junto a su hijito Zacarías. Por lo tanto, lo interesante de toda esta novela está en la emoción que suscita en el lector al identificarse, ineludiblemente, con los sucesivos “juegos” nostálgicos del Larache de su niñez y juventud, hábilmente descritos por el narrador, como enzerani convencido, desde una perspectiva espacial malagueña (citas de El Palo, el mercadillo del barrio de Huelin, calle Héroes de Sostoa, carretera de Cádiz…) y temporal, de añoranza de esos años de adolescencia.

Nadja y Tlata de Reixana, el pequeño pueblo de la joven, a pocos kilómetros de Larache, “pequeño paraíso que dio cobijo a la familia Egea”, son en realidad el alma del autor (fautor, que diría Oscar Tacca), con las vivencias más enraizadas en esa ciudad marroquí donde vivió con su familia hasta cumplir los 13 años (“-Vengo de Málaga, pero viví aquí muchos años. No sé si me creerá, pero siempre digo que soy de Larache. Aquí es donde fui realmente feliz” – pág. 49).

Como lector identificado con el tema, la trama y su desarrollo, me atreveré a comentar algunos aspectos que me han dejado “enganchado” a esta novela, mezcla de tradición barojo-galdosiana (nada de experimentación, por otra parte innecesaria) y novedosa en cuanto a su episódica forma de estructurarla, el juego de avance-retroceso que te hace contemplador continuo y enamorado de esa aparente realidad de lo narrado. Nunca confundido. Siempre paseando por las calles descritas, estrechando la mano de los mismos amigos, incluso participando del temblor del erotismo contenido del actante-sujeto, Abel Egea.

Cito numéricamente:

1. El pasado es siempre prólogo imborrable. De ahí que la nostalgia sea el leit motiv de la novela.

2. Es la nostalgia de un jubilado, viudo y con una sola hija, que verá convertida la monotonía propia de ese estado en una peripecia digna de ser vivida (y contada): el encuentro con una joven inmigrante en una playa de Málaga, cuando “un cielo azul profundo ametrallado de diminutas estrellas” le hizo abrir los ojos.

Portada SOMBRAS EN SEPIA

3. Ojos abiertos para inmiscuirse en una vida ajena, y soñar con una nueva familia, menos (o quizás, más) buscada (soñada).

4. Esta es la diégesis de la novela: voces de personajes, espacios, tiempos y sucesos son tan verosímiles que transportan al lector a un mundo y una sociedad cercanos.

5. El mundo de la emigración. Pero el deseo siempre presente de tener que volver al origen. Ese mismo deseo que se instala en Nadja al responder a la llamada del marido, Mustapha, y la necesidad de “volver” a las vivencias inolvidables del pasado en Larache, tal como confiesa el narrador constantemente.

6. El tema de la hospitalidad entre los habitantes de Tlata de Reixana y Larache es el símbolo de la buena convivencia entre las tres culturas: «-Yo soy Samir- le estrechó la mano apretándola con fuerza-. Ahora te vas a cambiar, te vas a poner una chilaba y vas a comer en casa» (pág. 47).
“Aquí en Larache vivimos las tres culturas sin problema alguno» (pág. 55).
También en el recuerdo de la relación tan cordial entre un cristiano, Abelardo Egea, padre de Abel, con un musulmán, Mustapha Ben Laabi y un judío, Jacobbi Cohen.

7. Aquí tenemos uno de los resultados de la lectura de esta novela: la catarsis que produce en el lector, obligándole a superar tópicos xenófobos. Curiosa la definición que se hace de Suecia, como una casa de locos, donde vive su hija.

8. Pero quizás lo que más sorprende sea la relación entre el anciano Abel y la jovencita inmigrante marroquí, Nadja. Nada que se parezca a la Lolita de Nabokov. Pero nada hay más hermoso que el pasaje de erotismo contenido de la pág. 189-190, interrumpido por el llanto del niño Zacarías. Y sobre todo en la pág. 215, cuando Abel “quería sentir su agitación (la de Nadja), su ansiedad vibrante y emocionada…” que a este lector le recuerda los versos del poeta sufí, Ben Farach, de Jaén (s. X) cuando dice en su poema “Castidad”:

“Y pasé con ella la noche / como el pequeño camello sediento al que el bozal impide mamar […,] que no soy como las bestias abandonadas / que toman los jardines como pasto».

9. Detalles importantes de narrador total son los relatos intercalados: el ahogamiento del nieto de la Motrilica; el recuerdo de los años vividos y disfrutados con su mujer, Carlota; la relación entre David y Lidia, sus fieles amigos; la historia del Monstruo, que solo era un pobre infeliz, llamado Eneas Martín Jiménez, que trabajaba como mulero para la legión….

10. En definitiva: una galería de varias estancias formadas por un gran cuadro de entrada y varios aguafuertes intercalados, plenos de colorido, de lenguaje kinésico y, sobre todo, de un hondo y sincero sentimiento nostálgico, desde una realidad esperanzada: “Las nubes grises iban quedando atrás y, a cada metro que avanzaba, el día se hacía más celeste…”

Un lector que ha disfrutado con esta novela:

José Luis Pérez Fuillerat
Málaga, 15 de julio de 2014

 

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