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NIEVES, JOANA Y «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS»

Cuando los lectores me escriben, robando tiempo a su tiempo para hacerlo, confiándome que se han visto seducidos por los cuentos de mi libro El mirador de los perezosos, no se puede uno sentir mejor. Es como caminar por una nube por unos minutos.

Hay dos comentarios preciosos escritos por Nieves Martínez y Joana Márquez, lectoras fieles de mis libros, y a las que tengo un enorme cariño, que han coincidido en repasar algunos de los relatos con las sensaciones que han experimentado al leerlos. Compruebo que las dos se han sentido muy identificadas y muy emocionadas. Para mí eso significa haber alcanzado un bello objetivo. Transcribo parte de lo que han descrito, porque merecen que lo comparta.  

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                                  NIEVES MARTÍNEZ

En mi último viaje a Marruecos, Tánger me enamoró, mucho más que otras veces. Así que, no pudiendo estar allí, pensé que <El Mirador de los Perezosos> sería una buena lectura para recrear sus calles y su ambiente. Pero no, no es solo un paseo por Tánger, es un paseo por los sentimientos.

Desde la ternura, que es mi ternura, de <Cabo Malabata>; el dolor de <Avenue Josafat>; la intensidad de los personajes de <Hafa>; hasta el <Mirador de los Perezosos>, donde reconoces a Abdelkrim en tantas caras, y la <Calle Siaghins>, la mejor calle del mundo por todo el amor que encierra. Cada Boulevard, cada Avenue, es un recorrido por el sentir de alguno de nosotros. Sin duda, yo deambulo por <Boulevard Pasteur>, porque tampoco me explico de dónde sale tanta gente a la hora del paseo, y porque me gusta tomarme un té viendo ese ir y venir; porque me encantan los bocadillos a los que ya no les cabe más; porque también maldigo a los politicuchos que me echaron de mi tierra; porque volver me hace feliz y me llena de nostalgia. Porque <cada estancia en Marruecos nos revitaliza el alma>

En estos relatos Sergio Barce vuelve a tocarnos el corazón con su sensibilidad al abordar temas y personajes con gran carga emocional. Nieves Martínez

Joana, por su parte, entre otras cosas, dice:

«…te doy las gracias por esta invitación a Tánger. He volado a ratos desde el viernes hasta hoy sumergiéndome en las hermosas historias que cuentas… Acaricio la portada, todo el libro…

<9 de abril>: Más que escribir has pintado esta historia de forma tan suave y delicada que me parecía sentir los trazos y formas que iban coloreando el lienzo. Una obra de arte digna de admiración ha sido el resultado…<Boulevard Pasteur>: Con las últimas líneas lloro y acuden a mí, irremediablemente, recuerdos de ese Tánger donde también pasábamos los veranos…<Avenue Josafat>: También acabo emocionada. Cuántos momentos comparables hemos vivido en mi familia. El desgarro que sentimos al dejar Marruecos. Y tu manera de contarlo es percibir de nuevo aquella avalancha de tristeza dentro de mí… <Cabo Malabata>: Te has mezclado con ellas, con las Tres Mujeres en el Cabo Malabata, pero sobre todo las has escuchado. Algo tan importante en la vida, saber escuchar a los demás. Escuchar a nuestros mayores, que son sabios. Has insuflado vida a la quietud y belleza de esa pintura, me has acercado tanto a ese significado que le das que también yo quisiera encontrar otra vieja silla oxidada donde esperar esas historias que vendrán. He sentido que traspasaba sigilosamente esa tela para, en el más absoluto silencio, escuchar, escuchar. <Hafa>: Muy real. Algún caso parecido conozco. Una familia unida con unos padres maravillosos, unos hijos ejemplares y la abuelita Latifa -entrañable-, pero siempre hay una sombra que oscurece la felicidad de esta familia. (…) El precioso detalle en estas páginas es la amiga hebrea, Raquel, y sus diálogos con Latifa en haquetía. <Hotel Rembrandt>: ¡Qué imaginación! ¿Te surgió este relato a raíz del problema que tuviste a causa del estrés? Porque para haber olvidado su personalidad, el personaje de Delio Blázquez nos regala unas páginas perfectas. <Dar Niaba>: Larga espera, luego el gozo (que tan bien describes y nos haces sentir en propia piel -siempre-) para, finalmente, olvidar los doscientos treinta y ocho pasos. <Beit Hahayim>: Seguirás regresando toda la vida, Sergio, porque perteneces a aquella Tierra y Marruecos te reclamará siempre. Encantador recorrido por Tánger y aún más encantador cómo lo describes. <El mirador de los perezosos>: Qué triste vida la de Abdelkrim y a la vez qué hermosa locura le trae su bella Ghizlane. Tu relato es intenso, triste, pero también lo dotas de pasión, caricias y ternura que le devuelven la juventud a quien tuvo una difícil infancia que le marcó para siempre. <Calle Siaghins>: Relato muy gatuno. Una dulce y sentimental historia con ese toque de humor que nos trae en las últimas páginas Omayma.

Son algunas de mis impresiones al cerrar El mirador de los perezosos. Me ha sabido a poco… Joana Márquez«

 

 

CON JOANA MÁRQUEZ
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UNA «LECTURA TANGERINA», DE ALBERTO GÓMEZ FONT, DE MI LIBRO «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS»

Comparto este comentario tan reconfortante de Alberto Gómez Font (filólogo, lingüista, profesor, corrector, que fue director del Instituto Cervantes de Rabat…) sobre mi libro El mirador de los perezosos, que me ha alegrado el día. Mientras leía el libro, Alberto me iba dejando audios en mi móvil que, lo confieso, comenzaron a ser adictivos. Que alguien te vaya «retransmitiendo» relato a relato sus impresiones, casi en directo, y que palpes en sus palabras que los está disfrutando, confieso que alimenta el ego y te anima a seguir escribiendo. También me hizo dos o tres apreciaciones que le agradezco y que me servirán para agregarlas en la segunda edición, que ya apunta en el horizonte. Sergio Barce, 20 de octubre de 2022.

LECTURAS TANGERINAS

Quienes me conocen y saben de mis costumbres no se extrañarán de que siga con mi afición a leer libros relacionados con mi querida Tánger: obras —de ensayo  y de historia— sobre esa ciudad, novelas o colecciones de relatos que trascurren en ella, y obras escritas por autoras o autores tangerinos. 

Así, la segunda parte más importante de mi biblioteca (justo por detrás de la dedicada a los libros sobre el uso y la norma de la lengua española), es la de mi colección de libros, revistas, folletos, revistas y artículos de Tánger y sobre Tánger, en la que ya hay más de 600 títulos en cuatro lenguas: español, francés, inglés e italiano. 

Y cada vez que llega un nuevo libro a esos anaqueles es fiesta en mi corazón, más aún si lo escribió un buen amigo con el que comparto mi amor por Tánger, como es el caso de la colección de relatos que les muestro hoy, escritos por Sergio Barce, autor de otras obras tangerinas que también les recomiendo. 

Es uno de esos libros que no pueden soltarse hasta llegar a la última página, y nos divierte, a los que sabemos de quiénes habla, la cantidad de personajes reales —amigas y amigos del autor y de este lector— que salen en las historias, entre ellos un tal Alberto Gómez Font… 

En «El mirador de los perezosos» Sergio Barce hace convivir relatos de ficción con otros autobiográficos, crónicas de sus paseos por Tánger, y el resultado es un equlibrado y delicioso cóctel tangerino. Un libro bonito, muy bien escrito, que destila amor por Tánger. 

Y no solo es un libro bonito por lo que el autor nos cuenta, sino que también los es por su mimada edición, con tapas duras —algo ya poco habitual—, con una fina maquetación —caja, interlineado, márgenes— y con un tamaño de letra que permite una cómoda lectura. 

Alberto Gómez Font  

 
SERGIO BARCE Y ALBERTO GOMEZ FONT
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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS» EN LA FERIA DEL LIBRO DE TORREMOLINOS

El pasado 7 de octubre, presentamos mi libro El mirador de los perezosos (Ediciones del Genal) en la Feria del Libro de Torremolinos, a la que acudí invitado por Manuel García Iborra, al que agradezco la atención que me prestó en todo momento. La presentación corrió a cargo de mi amigo Jesús Ortega, con el que comparto, además de la profesión de abogado, la afición al cine y a la literatura, que nos resultan más gratificantes. Jesús es también un lector casi compulsivo, con el añadido de que se acuerda de todo lo que lee, algo que envidio de forma malsana, amante del jazz y poseedor de un agudo humor negro, razón por la que quizá es un profundo especialista en Kafka y en todo lo que se publica clandestinamente (si hay un libro por descubrir, él ya lo ha leído). Estuvimos muy bien acompañados por un nutrido grupo de asistentes y, para mi sorpresa, en la firma posterior se vendieron todos los ejemplares del libro. De manera que, entre la amena presentación de Jesús Ortega, nada kafkiana por cierto, el diálogo que mantuvimos a continuación y las ventas, todo salió a la perfección.

Os dejo una parte de lo que Jesús expuso sobre El mirador de los perezosos y algunas imágenes del evento.

  <Sergio Barce comienza a tener ya una obra considerable, en continuo incremento sobre todo en los últimos años, en la última década. Esa gran actividad es síntoma de que probablemente escribe con placer y de que se encuentra a gusto con la voz que va formando. Pero nos encontramos ya con una obra considerable y hay que ordenarla.

Tenemos por un lado las novelas y por otro los libros de relatos o de crónicas. Todos hablan de Marruecos, incluso cuando parece que hablan de Marruecos. Y entre las novelas, tenemos unas de género negro o policiaco (Malabata, La Emperatriz de Tánger) frente a otras de corte más intimista (Una sirena se ahogó en Larache, Sombras en Sepia o El Libro de la Palabras Robadas). En el otro bando, diríamos, nos encontramos con relatos más cortos, que a veces, y con independencia de su extensión, funcionan como pequeñas novelas, y otras más bien como crónicas (Ultimas noticias de Larache, Paseando por el Zoco Chico).

Entre estos últimos se sitúa Una Puerta Pintada de Azul, que para mí fue el mejor de sus libros en el momento en el que salió, y del que El Mirador de los Perezosos se diría que es primo hermano, pero sin que, al mismo tiempo, sea en absoluto una imitación o una segunda parte.

Ambos libros versan sobre una ciudad: Una Puerta Pintada de Azul sobre Larache y El Mirador de los Perezosos sobre Tánger. Ambos están conformados por relatos. Pero mientras que en Una Puerta Pintada de Azul primaba la ficción (desde el punto de vista estructural), en El Mirador de los Perezosos prima la crónica, la crónica literaria, que parte de los hechos reales como material. Todo relato debe contener siempre una verdad, pero en el relato-crónica la verdad se nos pone directamente por delante. Sergio se utiliza a sí mismo como personaje y nos cuenta cosas que, aparentemente, le han sucedido.

En los últimos años se habla bastante de autoficción, sobre todo desde el éxito de ventas de Karl Ove Knausgaard, y su obra en seis tomos llamada Mi Lucha. El género, o más bien la etiqueta, ha sido ensalzada y denostada por igual, como si fuese algo nuevo. Pero no es algo nuevo. Ha existido siempre, solo que antes no se le ponía ninguna marca ni vendía como tal producto. ¿No eran autoficción, por poner algunos ejemplos, escritores como: Jack Kerouac, Charles Bukowski, Osamu Dazai, Serguei Dovlatov o Annie Ernaux?

Lo que sucede es que algunos escritores prefieren comenzar con un material inicialmente inventado (al que luego agregan con disimulo estratos ya menos inventados), mientras que otros se sienten más cómodos partiendo de su propia vida (aunque luego agreguen, también con disimulo, inventos de todo tipo). Al final da lo mismo. Solo hay dos tipos de libros, como le respondió Oscar Wilde al Fiscal en uno de sus juicios: los buenos y los malos. (Y, aunque brillante como siempre, fue injusto aquí Wilde, porque también están los libros mediopensionistas, que casi siempre dan pequeñas alegrías.) Y todo esto por no hablar además del comportamiento del cerebro humano, que parece ser que trabaja en general como si elaborase ficciones, descartando, aumentando y editando los hechos.

Dicho lo cuál: los textos que más me gustan de El Mirador de los Perezosos son justamente los que hablan del propio Barce. Me dan una mayor impresión de fluidez. Todos los relatos de El Mirador de los Perezosos tienen lugar en Tánger.

Tánger es una ciudad que de inmediato se asocia a la literatura. Por allí han viajado, vivido, escrito, o simplemente han ido de visita o de juerga, innumerables autores: A. Dumas (que estuvo dos días, pero dejó una crónica), M. Twain (que estuvo solo unas horas, el 1 de julio de 1867, viajando desde Gibraltar, y que también dejó una crónica para su periódico), Roberto Arlt (que viajó por el norte de África escribiendo artículos periodísticos, y de quien se editó póstumamente la colección llamada Aguafuertes Marroquíes), Gertrud Stein (inmortalizada en España por Mecano ―una rosa es una rosa es una rosa― y que, entre otros hábitos peculiares, tenía el de mandar a la gente a vivir a Tánger; mandó a Matisse y también al más famoso de los extranjeros residentes en Tánger), A.B. Toklas, Paul Bowles (enviado también por consejo de G. Stein cuando era un joven músico; le hizo caso), Jane Bowles, Truman Capote, Tennessee Williams, Jack Kerouac, G. Corso, A. Ginsberg, Burroughs (escribió su libro más conocido en Tánger), André Gide, Jean Genet, Ángel Vázquez, Ramón Buenaventura, Juan Goytisolo, Carmen Laforet, Mohamed Chukri, Mohamed Mrabet… Por no hablar de otros muchos autores actuales que escriben igualmente sobre Tánger, porque de algún modo se han puesto de moda las historias sobre el Tánger colonial.

Aunque quizás no tantos hayan hablado del Tánger real (y sin que ello sea obligatorio, porque cada uno habla de lo que puede; de hecho, los anglosajones tienden a vivir en su versión propia de las ciudades extranjeras que habitan). Sergio sí que habla del Tánger real. Yo no conozco Tánger. He estado solo una vez físicamente (y puede que menos tiempo incluso que el mismísimo Mark Twain), pero he aprendido más leyendo el libro de Sergio que haciendo de visitante. (…)

(…) De la portada, ya les he dicho que sea trata de un cuadro de la pintora Consuelo Hernández. (…) Pero es que la edición es magnífica. La tipografía de portada es muy buena también y el conjunto da la impresión del gran libro que tenemos delante. La tipografía de interior es cómoda y es respetuosa con la presbicia. Les llamo la atención sobre las guardas, que son las páginas interiores que unen la portada con el resto del libro, que son también de un gran nivel de edición. En fin, y para que no nos llamemos a engaño: tienen ustedes delante el perfecto regalo para estas Navidades. 

                                                                                                                                                     Jesús Ortega>

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RESEÑA DE MIGUEL ÁNGEL MORETA-LARA SOBRE «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS»

Además de presentar mi libro El mirador de los perezosos en la Librería Proteo, de Málaga, junto a Héctor Márquez, Miguel Ángel Moreta-Lara ha escrito una profunda y emocionante reseña para la Revista El Observador, llena de giros y detalles sorprendentes. Siempre es un placer leer a Miguel Ángel, y ahora más aún, desde que se ha convertido en personaje de uno de mis relatos.

Podéis leer su reseña en el siguiente enlace:

https://www.revistaelobservador.com/opinion/89-el-lector-vago/18052-la-pereza-del-mirar

 

MIGUEL ANGEL MORETA-LARA, MARTA CEREZALES, ROCÍO ROJAS-MARCOS Y SERGIO BARCE en el mirador
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MOHAMED EL MORABET Y «EL MIRADOR DE LOS PEREZOSOS», DE SERGIO BARCE

En mi nuevo libro de relatos El mirador de los perezosos (Ediciones del Genal), cuento con la colaboración impagable de la pintora Consuelo Hernández para la cubierta, con su hermoso óleo Tres mujeres en cabo Malabata, y con unos versos del poeta Isaak Begoña, de su libro Los perros de Tánger. Pero, además, en la contracubierta, aparecen unas palabras escritas por uno de los mejores escritores actuales, Mohamed El Morabet, autor de dos novelas excepcionales: Un solar abandonado y El invierno de los jilgueros. Palabras que me parecen un lujo haber recibido.

 

 

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