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LA ROMANIA DE LAS MIGRACIONES:
LITERATURA DE IDA Y VUELTA
de Juana Castaño Ruiz(Extracto)
(ISSN: 0210-4911 – Universidad de Murcia – Murcia, 2008)I. DEL IMPERIO A LOS IMPERIOS
Cuando el Imperio Romano se rompe como entidad política, el término Romania seguirá representando su herencia desde el punto de vista lingüístico y cultural. Esa herencia está hoy representada por las lenguas románicas descendientes del latín. Si recordamos la historia de estas lenguas para llegar a la actualidad, debemos partir de la implantación de la lengua latina como consecuencia lingüística de la romanización, lo que se conoce como latinización. Se impuso el latín en territorios muy amplios y sobre lenguas muy distintas (las llamadas lenguas de sustrato) como el galo, el etrusco, el ibérico o el dacio, acabando con todas esas lenguas, aunque dejaron su huella en la lengua conquistadora. Tras la ruptura del Imperio, el latín recibiría la influencia del germánico y del árabe (lenguas de superestrato), que contribuirían a la configuración de las lenguas románicas. Se dice que el francés, el español o el italiano representan el latín hablado en el siglo XXI, puesto que estamos ante un grupo de lenguas que suponen un estadio en la evolución ininterrumpida de la lengua latina a lo largo del tiempo. Las lenguas de sustrato desaparecieron, aunque dejando marcas, al ser sustituidas por el latín, mientras que éste se transformó en las lenguas románicas, recibiendo influencias de las lenguas de superestrato. (…)
Hoy, los lugares ocupados por las lenguas románicas no se corresponden exactamente con los lugares a los que llegó el latín y el primitivo concepto de Romania se ha matizado con otros que nos explican su situación en el mundo actual. Muchos territorios no se romanizaron por completo y se perdieron para la romanización desde el punto de vista lingüístico. O se romanizaron superficialmente, de manera que se mantuvo la lengua de origen o se impuso como lengua posterior. (…)
(…) Debemos insistir en la importancia de las migraciones para la expansión de las lenguas y las culturas en distintas etapas históricas. Del latín a las lenguas románicas, pero también la expansión del español en el siglo XV con la expulsión de los judíos españoles y la llegada de los españoles a América. En la actualidad, la lengua y la española cumple con un importante papel comunicativo en Estados Unidos como consecuencia de la llegada de hispanos de diverso origen. (…)
(…) En nuestro tiempo asistimos a un fenómeno mundial de grandes oleadas migratorias debidas a causas políticas y económicas, fundamentalmente, que tienen como resultado la llegada de inmigrantes a países de acogida distintos al suyo para establecerse en busca de mejores condiciones de vida. Las sociedades se están convirtiendo en sociedades multiétnicas, lo que no es nuevo en el caso de las comunidades románicas. Recordemos que el Imperio Romano fue también un mosaico de poblaciones y de culturas, al que se refiere Giovanni Sartori al hablar de la conciencia que se tiene en la sociedad moderna de que el ciudadano nace con la Revolución Francesa: “En realidad, el civis romano es anterior a 1789. Y el Imperio Romano, en tanto que era poliétnico, policultural, politeísta y, en resumen, “poli-todo” (hubiera sido un verdadero manjar para los multiculturalistas), estaba precisamente cimentado en la protección que la ciudadanía romana suministraba a los pueblos que lo aceptaban y la pedían”. (…)

(…) Entro cada día en ese cuarto. Huele a tinieblas saladas. Su figura se dibuja en la ventana como un espectro. Sigo hablándole. Llamándola por su nombre, diciéndole quién soy. Acaricio su espalda, sus hombros, su pelo. Espero una pequeña reacción, pero sigue sin ocurrir nada. Me siento en la butaca de siempre. La contemplo. Me asusta pensar que comienza a camuflarse con el mobiliario. De nuevo me invaden los interrogantes. (…)
Comentario al relato de Sergio Barce
“LA VENUS DE TETUÁN (*)
por José Luis Pérez Fuillerat
Relato breve e intenso de este narrador de raíces larachenses y malagueñas.
Y otra vez la leyenda de Pigmalión. No ha sufrido apenas ningún cambio, ninguna metamorfosis, desde aquella de Ovidio, pues todas las versiones que se han realizado, ya sea como narraciones, teatro o cine, coinciden en la contemplación de la belleza ideal, corporeizada en la mujer, musa inspiradora del artista a la búsqueda constante de la obra perfecta.
No obstante, ¿qué añade el autor de este relato al mito del escultor Pigmalión y su modelo Galatea, en la historia del arte? Tal como está narrado, es quizás ese placer de la clandestinidad, tan natural en las pulsiones y pasiones humanas. Hay un momento de la historia narrada en que el personaje, el pintor Rivanera, posa su mano en la entrepierna de la modelo venusiana, incluso llega a tocar con sus dedos el sexo de la diosa aprovechando su sueño.
Pero no, no es cobardía, sino un paso en ese devenir, en esas escalas de amor que estaba recorriendo, como artista enamorado de la perfección de su modelo. En ella había encontrado lo que buscaba. Pero se conformó con tocarla. Eso sí, clandestinamente.
El artista, enamorado de su modelo ideal, una vez puesto en camino por medio de la palabra (la sharia), practicó la tariqa, actuó, pintó a la amada en diferentes posturas, manteniendo la admiración y el deseo, sin llegar a la consumación carnal, pues esa pasión nunca debe desequilibrarse, ya que su última aspiración es llegar a la haqiqa (la paz interior), dentro de los estados místicos descritos por la filosofía amorosa de los sufíes.
Esta idea de la clandestinidad puede malinterpretarse en el relato de Sergio Barce. Cabe la pregunta que la misma Paloma (la Venus de Tetuán) se hace desde su regreso en el ferry: por qué Rivanera (Pigmalión) no lo intentó de nuevo, ya que, al parecer, fue la llegada inesperada al estudio de Hadiya la que obstaculizó la entrega final, deseada también por ella. Es decir, no es el caso de la enamorada de la jarcha que se niega al último momento cuando gozosa y asustada dice:¡Non me mordás, ya habibi, la!,
no qero daniyoso!
Al-gilala rajisa! ¡Basta!
A todo me refyuso!***
No me muerdas, amigo, ¡No, / no quiero al que hace daño! El corpiño es frágil. ¡Basta! A todo me niego.
(Versión de estos versos, de Emilio García Gómez: “Las jarchas romances de la serie árabe en su marco”).
Pero si el deseo se hubiera hecho realidad, el cuento no hubiera sido posible. El narrador heterodiegético asume y “consume” la historia del amor idealizado, más auténtico (más literario) que cualquier otro, que se considera menos puro, al menos en la tradición literaria ascético-mística. Así el andaluz Ibn Arabí, en un verso de sus Odas tituladas El intérprete de los deseos nos dice:
“Converso con ella, mañana y noche,
con el lamento de un hombre que languidece
y el gemido de un sediento”.La ceguera final del pintor Rivanera es también un acertado motivo literario. Ceguera física tal como se nos cuenta, pero ceguera también simbólica del amor mantenido en secreto. “Busca algo”, dice Hadiya mientras el artista mira insistentemente el cuadro de Velázquez. Una vez encontrada la belleza ideal, su Venus de Tetuán, ya nada le queda por ver… ni por vivir.
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(*) Incluido en el libro de relatos “Por amor al arte”, Generación Bibliocafé, Málaga, 2014.