Archivo de la categoría: LARACHE vista por…

LARACHE – 25 DE ABRIL – PRESENTACIÓN DE «PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE» DE SERGIO BARCE

Esto es sólo un pequeño avance de lo que se prepara para el mes de Abril en Larache…

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El día 25 de abril, en el Colegio Luis Vives, presentaré mi libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente. Según me dice mi amigo Laabi, que es quien me propuso posponer la presentación del libro a esta fecha, con Ange entre bambalinas, será este acto el colofón a las actividades del IV Festival Músem del Zoco Chico, que organiza la asociación Dar Laraïch en colaboración, cooperación y apoyo de la Asociación Cultural Xenia y de varias instituciones y asociaciones de Larache. En la presentación participarán María Sibari, Ahmed Oubali y Abdelkhalak Najmi, y Mounir Kasmi hará de moderador. Mohamed Laabi y Ange Ramírez presentarán la parte del programa que se desarrollará ese día. Como complemento a la presentación del libro, se están programando para ese día otras actividades que me conmueven y emocionan profundamente. Según me apunta Laabi, entre otras, se ofrecerá un pequeño homenaje a mi madre, fallecida el pasado año; como dice Laabi: un homenaje a la alcazareña-larachense Maruja Gallardo. 

Se organizará al final de los actos un espectáculo de música hispano-marroquí, y, además, espectáculos, cuentacuentos y teatro de la calle para los alumnos del cole inspirados en mis relatos. En fin, qué puedo decir. Me siento abrumado y agradecido.

Cuando reciba el programa definitivo, lo anunciaré.

Sergio Barce, marzo 2015 

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PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

 

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«UNA SUCÁ EN LARACHE», POR EL ESCRITOR LARACHENSE DR. JOSÉ EDERY

Hacía tiempo que mi admirado Pepe Edery no me enviaba nada para el blog, pero durante las fechas del pasado Purim, me hizo llegar este pequeño texto-relato que está lleno de nostalgia y cariño por Larache. La verdad es que siempre aprendo algo con Pepe Edery, y una de las cosas que me transmite este relato, en el que cuenta uno de esos detalles que no se olvidan de la infancia, es cómo en Larache se arraigó esa convivencia entre las tres culturas. En este caso, una tradición judía. Por supuesto, me ha hecho recordar cosas de mi propia infancia o de historias que todos sabemos de nuestros familiares. En concreto, me he acordado de que mi abuelo también me contó que, aun siendo cristiano, cuando falleció su hijo Juanito con siete años, vinieron a consolarlo muchos amigos, hebreos y musulmanes, entre ellos el imán de la mezquita cercana. Sigo pensando que todo esto fue algo mágico y que tuvimos la suerte de protagonizar, igual que Pepe Edery tuvo la suerte de protagonizar esta pequeña historia de la sucá…

Sergio Barce, marzo 2015

  UNA SUCÁ EN LARACHE

Vivía con mis padres en Larache (Protectorado de España en Marruecos), en la calle Baleares (ex Pasaje Moreno) que era un callejón peatonal, bocacalle de la calle Chinguiti. En la primera planta del edificio de mi tía Meriam Benchluch Benhamu “Tití”, viuda de su tío el rico indiano, tras sus exploraciones por el Amazonas (Manaos, Iquitos), Simón Benhamú Pimienta. Desde la puerta en el callejón, tras un largo pasillo, se abría un pequeño patio que daba a las habitaciones de mi tía Simy Benhamu (hermana de Simón), de su esposo Isaac Benarroch y de sus hijas las conocidas modistas Hadra y Mery. Del patio arrancaba una escalera que subía hasta mi casa y continuaba hasta la azotea o gag shatuaj como la denominaba tía Meriam “Babá”, hermana de Simy (ver en Internet el artículo “Meshoda de Coco y Babá”, y/o la última edición de mi libro “Viajando por el Magreb”).

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La azotea o stah (jaquetía) se comunicaba con los terrados vecinos de los edificios colindantes, separados entre todos por un pequeño muro que servía de poyete a las vecinas para charlar cuando tendían la ropa o cuando subían simplemente para tomar el sol y adrear o hdar (hablar). Azotea que había que alquitranar anualmente las fisuras del suelo y luego encalar por encima del alquitrán, al igual que las de la mayoría de la ciudad para evitar filtraciones en invierno de la lluvia. Y encalar también antes de las pascuas los muros, poyetes y fisuras alquitranadas. Labor en la que los niños solíamos colaborar con la familia. En nuestra azotea había una habitación con cuatro paredes con una pequeña ventana orientada al Faro de Nador y al mar. Pero sin techo pues el que tenía que era de uralita ondulada había desaparecido hacía años tras un vendaval; quizás por mektub o el destino para poder construir una sucá según la tradición. Por lo que era ideal para construir una sucá, aunque tenía el inconveniente que la comida la tenían que subir desde la planta baja. Y como las habitaciones del edificio tenían los techos muy altos, hacía que dos plantas parecían casi cuatro de ahora.

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«RECORDANDO LARACHENSEMENTE (PARA ANTONIO BARCE)» POR FRANCISCO J. CARRASCO MOLINA

A veces, lo más cálido se encuentra en lo más sencillo. Francisco J. Carrasco me pidió hace poco que le enviara dos ejemplares de mi libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente y le respondí que se los podía mandar dedicados, si lo prefería así. Francisco me respondió que la idea era muy buena y que, en tal caso, uno de los libros era para regalar a su hermana, Maribel Carrasco, larachense como él. Y el otro ejemplar para Carmen Serna, viuda de su primo Manuel Cordero Carrasco, farmacéutico, que pasó de la «Martín Vegué» a la de «Albarracín», y de allí a Benidorm, ahora «Farmacia Cordero», que lleva su hija Ana Mari.

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Luego añadía que había sido compañero de banca de mi padre, que entró en el Hispano, y que él lo hizo en el Banco Central. Éramos unos chiquillos, terminaba diciendo en su correo.

Muchos recuerdos me llegaron al leerlo, entre ellos lo que mi padre me había contado y otros al recordar los nombres que mencionaba. De manera que le envié los dos libros. Y leyendo sus palabras me parece que, a veces, la belleza la encontramos en las pequeñas historias y en las anécdotas más simples. En breves líneas, apellidos, lugares y escenas nos vuelven a llevar a Larache. 

Francisco J. Carrasco me ha enviado con posterioridad otro escrito, dirigido o dedicado a mi padre, y lo ha titulado Recordando larachensemente. Al final, este «adverbio» que me inventé en un relato, está haciendo fortuna. Así que, recordemos larachensemente…

Sergio Barce, marzo 2015 

 RECORDANDO LARACHENSEMENTE

Se sabía que el Protectorado se iba a acabar. Si no había otras razones poderosas que justificaran quedarse, la lógica aconsejaba ir buscando otro lugar para continuar, y mi padre pensó, que una vía para ello, podía ser que entrara en un Banco, de lo que fuera, con lo que se podía tener un puesto de trabajo seguro, cuando los Bancos también tuvieran que marcharse.

Estaba bien relacionado y comenzó contactando con sus amistades de los Bancos, exponiendo su interés de que le avisaran cuando se convocaran exámenes restringidos, visto que las sucursales de Marruecos, oficialmente no iban a admitir más personal sabiendo que habían de cerrarlas.

Su gozo en un pozo, porque en el Bilbao le dijeron que había entrado López Gambero; en el Banesto lo habían hecho Juan Gómez y Antonio Peral; en el Hispano había entrado Antonio Barce; y en el Central se estaba tramitando con Madrid una, de Botones, donde además, las probabilidades eran menores, porque el apoyo lo tenía, por ser familiar, el sobrino del Interventor Claudio Ramírez.

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El Director, Pedro Mateo, cumplió su promesa, y cuando se convocó el examen, le avisó, advirtiéndole que la plaza estaba ya asignada, si el previsto para el puesto lo superaba. No obstante, fui al examen y lo aprobé pero, sin plaza. Estaba contento, porque yo, en plena tontería de los 16 años, no quería entrar de Botones, y había quedado estupendamente con todos, el primero con mi padre (años atrás él estuvo en Banesto), quien asumió bien el contratiempo con la idea de que, si me llamaban para el puesto en la Península, se esforzaría para que lo ocupase, proveyendo los fondos necesarios, para subsistir con el sueldo de Botones, porque allí no había 100%.

Aproximadamente al año de aquello, vino una Inspección al Central que, al arqueo de existencias de sellos de correo y timbres, que llevaba (no me acuerdo como se llamaba) el sobrino de Claudio, encontró una falta de 48 pesetas, que el chaval reconoció que se había quedado provisionalmente con ellas. Fue despedido, y como quiera que, para el cargo en cuestión, yo ya estaba aprobado, muy a pesar mío, tuve que entrar de Botones y con uniforme, que era lo que más me traumatizaba. Esto ocurrió en Agosto de 1956.

RECORDANDO MALAGUEÑAMENTE

Mis tíos, Manolo Cabello y Manuela Molina, con su hijo Manolo, vivieron un tiempo en la calle Altozano, y después se trasladaron al Camino de San Rafael, donde yo iba a verlos cuando me desplazaba, más asiduamente durante los años 1974 a 1978, en los que, por razones de trabajo, absorciones de la Caja Ibérica primero, y el Banco Ibérico después, estuve viviendo en Málaga. En ese intervalo me casé, y pasé de soltero en el Hostal Casalá, a un casado, en piso alquilado, en la calle Héroes de Sostoa (antigua carretera de Cádiz).

El encanto que tiene Málaga -donde suele ocurrir que todos los que “rajan” de ella, siempre vuelven, una y otra vez- y la natural velocidad de inteligencia, y de palabra, de sus gentes, sumadas a las bondades del clima y su comida, crean un sentimiento tan afectivo, que siempre permanecerá en el corazón de los que se identifiquen con éstos, y otros valores vivos, reales, que para ello, allí deben descubrirse. Para toda mi familia es de los recuerdos más gratos, y constituye un pasaje de nuestra vida, que siempre añoraremos.

Fue hablando de estas cosas con mi compañero de trabajo, Juan Aranda de Lara, Inspector del Hispano, cuando me apuntó que, para la consulta del apunte que queríamos comprobar, llamase yo a Torremolinos, y preguntara por mi paisano, Antonio Barce. Así lo hice. El apunte, de la Sucursal de Linares, quedó comprobado. En nuestra conversación convinimos que nos veríamos cuando volviera por Málaga. Dependíamos del Núcleo Territorial de Inspección de Sevilla, que siempre envió a otros, quizás por el ahorro de kilometraje y medias dietas. Nosotros no salimos de las provincias de Jaén o Granada, hasta 1999, que llegó el Santander, y me largaron, creo que, más que nada, por los trienios. Juan por razones de enfermedad se prejubiló antes.

Hasta la próxima, con un fuerte abrazo larachense y malagueño.

(Para Antonio Barce, de Francisco J. Carrasco Molina.  Primero de Marzo de 2.015.)

LARACHE - foto de Ange Ramírez

LARACHE – Iglesia del Pilar- foto de Ange Ramírez

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«LARACHE. UNA FOTO DE ACHRAF», POR SERGIO BARCE

Es una foto de Larache en blanco y negro hecha por un amigo y paisano, por un fotógrafo admirable: Achraf Etaaqafy.

LARACHE - foto de Achraf Etaaqafy

LARACHE – foto de Achraf Etaaqafy

Llevo días con ella en la pantalla de mi ordenador. Me fascina.
Veo el acantilado, parte del Balcón del Atlántico, la parte más deteriorada, la más ruinosa. Veo la silueta del Castillo al-Nasr, también conocido como Castillo de San Antonio y Castillo Laqbíbat o Castillo de las Cupulitas… Ahora es una ruina. Fue hospital y sin embargo se desangra solo y sin asistencia. En esta foto de Achraf se me aparece como algo tenebroso, una representación shakesperiana, y me hace pensar en la soledad, me hace oler su aroma antiguo, me hace oír su quejido, su lamento de guerrero traicionado y abandonado a los chacales.
Veo a la izquierda parte de la Medina. Escucho los ecos de los niños corriendo por las callejuelas, la voz del almuédano planeando monótonamente, la sirena de la almadraba.
Veo las nubes cernirse sobre el paisaje como un aura de melancolía.
Todo me conmueve. Es como si me acercara en una barca y las olas que rompen en el acantilado me advirtieran de algo terrible. Todo me inquieta. Es una imagen tan sugerente como tenebrosa, de una belleza espectral y huidiza. Es una foto tan hermosa que duele mirarla.
Veo Larache y veo el miedo en mis manos tecleando estas palabras. Temo perder algo que no sé describir, tal vez temo no ver el Larache que sigue en mi corazón. Achraf ha capturado con su cámara ese dolor que no merma porque el peso del recuerdo presiona la herida que llevamos abierta. Y me remuevo en mi asiento escrutando los detalles de la fotografía. Me embarga la angustia de sentirme tan cerca de esa bajada del Balcón y estar tan lejos, incluso mis ojos se humedecen inesperadamente al ver por un segundo la silueta de mi madre bajar por allí a paso lento, camino del puerto. Otra sombra que se aleja y que no puedo retener, ni siquiera puedo llamarla porque no me escucharía. Y aunque sé que estaría por allí, no contaba con verla. Eso me ha desconcertado.
Estudio de nuevo el desolador esplendor de mi pueblo, con el abatimiento de este terror insospechado a que Larache desaparezca entre el presagio de los tonos grises de Achraf, a que desaparezca como desaparecieron las risas brillantes e inolvidables de mi madre, a que desaparezca como ha desaparecido la ilusión en la mirada de mi padre, a que todo desaparezca para siempre.

Sergio Barce, febrero 2014

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LARACHE VISTA POR… LUIS DE MÁRMOL Y CARVAJAL (SIGLO XVI)

Luis de Mármol y Carvajal. Nacido en Granada, era hijo natural de Pedro del Mármol, escribano de la Chancillería de esa ciudad. Sirvió como soldado a Carlos V y Felipe II, luchando en las campañas africanas e italianas. Pasó ocho años de cautividad en Argel, donde aprendió el árabe, y luego recorrió casi toda la ribera sur del Mediterráneo hasta Egipto.

Descripción del Africa por Luis de Mármol - en francés
Tras participar en diversas campañas, entra al servicio de don Juan de Austria, quien lo nombra Veedor de bastimentas del ejército (inspector). Pero hacia 1572 es destituido de sus cargos, y comienza la redacción de los tres libros que componen su Descripción general de África, sus guerras y vicisitudes, desde la fundación del mahometismo hasta el año 1571 (1573-1599), del que se imprimieron mil ejemplares, un éxito para la época, donde se amplía la obra de León el Africano añadiendo su experiencia personal, la de otros y varias fuentes más.
Intervino en la Guerra de las Alpujarras, y esto le sirvió para escribir su Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada (Málaga, 1600).
Pese a estos servicios a la corona, elevó una queja al rey Felipe II exponiéndole que la alcaría que se le había concedido en la ciudad de Vélez Málaga no le bastaba para sustentar su casa y pedía se le hiciese merced. Su solicitud fue rechazada por el secretario Juan Vázquez Salazar.

De su obra sobre África, hay una parte en la que hace mención repetidamente a Larache, extractos que recopila la profesora y arabista Mª Dolores López Enamorado en su libro Larache a través de los textos (Junta de Andalucía, 2004).

Mapa de Marruecos

Descripción de Larache y zonas circundantes
Por Luis de Mármol y Carvajal

LIBRO PRIMERO: DE LA GENERAL DESCRIPCIÓN DE ÁFRICA Y DE TODAS LAS PROVINCIAS, REINOS Y SEÑORÍOS DE ELLA, Y DE SUS POBLACIONES Y COSAS MEMORABLES.
CAPÍTULO CUARTO: DE LA DESCRIPCIÓN QUE EL AUTOR HACE DE LA REGIÓN DE ÁFRICA, Y CIRCUITO DE ELLA:

«(. .. ) Luego está Yelez [sic], Vélez de la Gomera, o por mejor decir el Peñón que está a la mar, Tetuán, Ceuta, Alcaçar Ceguer (por otro nombre de Moçu Muda [sic)) que son en el propio Estrecho de Gibraltar, y pasando hacia el mar Océano occidental donde comenzamos, están las ciudades de Tánger, Arzila, Larache, Maamora, Cale, Rabato, Anfa, o Anafe, y los puertos de Marçafalda y Abça, que todos caen en la costa del reino de Fez».

CAPÍTULO SEIS: DE LA PARTICULAR DESCRIPCIÓN DE BERBERÍA, Y DE LOS REINOS, PROVINCIAS, Y CIUDADES PRINCIPALES QUE HAY EN ELLA:

«En el reino de Fez hay otras siete provincias. (…) La tercera es Asgar, y la ciudad principal de ella es Alcaçar Quibir, aunque primero (antes que Yacub Almansur la edificase) lo era la ciudad de Larache».

CAPíTULO NUEVE: EN QUE SE CONTIENEN LOS RÍOS MÁS FAMOSOS QUE ATRAVIESAN POR BERBERÍA:

«Lucus, es un río grande que nace en las tierras de la Gomera, y corriendo hacia poniente atraviesa por las provincias de Azgar, y del Habat, y pasando junto a la ciudad de Alcaçar Quibir hace unas lagunas muy grandes a donde se cría infinito pescado, y después saliendo de ellas se va a meter en el mar Hercúleo cerca de la ciudad de Larache (que los Africanos llaman el Arays) donde la provincia de Azgar confina con la de el Habat. En la boca de este río está el puerto de aquella ciudad donde acuden algunos navíos de mercaderes cristianos con mercaderías de Europa, mas es la barra tan dificultosa de tomar, que si el piloto no es bien platico de la entrada corre peligro cualquier navío. Llama Ptolomeo este río Lisso, y pone la boca de él en grados seis, y minutos veinte, de longitud; y grados treinta y cinco, y minutos quince, de latitud».

LIBRO CUARTO: DE LA DESCRIPCIÓN DE ÁFRICA, EN EL CUAL SE CONSIDERAN LAS PROVINCIAS, CIUDADES, Y VILLAS DEL REINO DE FEZ, Y LAS POBLACIONES DE LAS SIERRAS, CON ALGUNOS SUCESOS DE GUERRAS Y COSAS DIGNAS DE MEMORIA.
CAPÍTULO XL: QUE TRATA DE LARACHE, CIUDAD DE LA PROVINCIA DE AZGAR EN EL REINO DE FEZ:

“La ciudad de Larache, que los africanos llaman Elarayz de Beni Aroz, es una ciudad antigua edificada por los naturales de la tierra en la costa del mar Océano Hercúleo donde el río Lucus (o Lisso) entra en el dicho mar. La cual está cercada por un cabo de la mar, y por el otro el río. Antes que los cristianos ganasen la ciudad de Arcila, estaba Larache muy poblada, mas después la desampararon los moradores de miedo, y estuvo más de veinte años yerma, hasta que Muley Nacer tío de Hamet Oataci postrer rey de Fez del linaje de los Merinis Oataces, la fortaleció, y pobló, y tuvo allí su frontera contra los cristianos de Tanjar, y de Arcila, no con poco temor de que se la habían de llevar cada día, y así la tenía proveída de artillería, y municiones, y vituallas. La barra de este río tiene peligrosa entrada para los navíos, y junto a ella está un castillo que edificó aquel Muley Nacer. La ciudad está toda cercada de muros, y al derredor de ella hay muchos prados, y grandes lagunas donde se crían infinitas anguilas, y aves de agua, y en la ribera del río están espesos bosques de arboledas donde andan muchos leones y otras fieras. Son los moradores de Larache por la mayor parte carboneros, y su principal granjería era ir a vender carbón en las ciudades de Tanjar, y Arzila en tiempo que eran de moros, y después acá en tiempo de paz lo llevaban en unas barquillas a vender a los cristianos. En todos los campos al derredor se coge mucho algodón, y en el río mueren muchos sábalos. Dentro de una barra está un mediano puerto para bajeles pequeños, donde suelen acudir los mercaderes cristianos de Europa con sus mercadurías que llevan de allí a Fez y a otras partes. No viven los moradores de Larache ahora con tanto cuidado como solían después de que el rey de Portugal dejó la ciudad de Arzila. El Xerife Abdala tiene puesto un alcalde que gobierna las tres ciudades de Arzila, Alcaçar el Quibir, y Larache el cual tiene quinientos de a caballo, y más de mil escopeteros de a pie con los que va de ordinario a correr a Tanjar, y él reside lo más del tiempo en Alcaçar, y anda visitando la frontera de un cabo a otro».

LIBRO TERCERO

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