Archivo del Autor: sergiobarce

Diálogos de Películas 9

Maridos y mujeres (Husbands & wives, 1992) de Woody Allen
Tú usas el sexo para expresar cualquier emoción menos amor.

La bella de Montana (Montana Bell, 1952) de Allan Dwan

Scott Brady:    Te quiero.
Jane Russell:    Gracias.
S.B.:   No quiero que me des las gracias. Quiero que me quieras.
J.R.:    No, gracias

 

El mismo amor, la misma lluvia (1999) de Juan J. Campanella

Ricardo Darín:    Yo, Jorge Pellegrini, conmovido por la pasión que me domina, he decidido comenzar un diario íntimo al estilo de mis ilustres predecesoras: Ana Frank, Mafalda y la pequeña Lulú. Comencemos: «Octubre 14, 1980: Hoy no me llamó». «Hoy tampoco». «10 días que no me llama». «Noviembre 2: Hace un mes comencé este diario para aclarar mis sentimientos por Laura. Al no dignarse a llamarme en todo este tiempo, tengo en claro que Laura, mis sentimientos y este diario, se pueden ir a la reputísima madre que los reparió.

  

Million Dollar Baby (2004) de Clint Eastwood

Hillary Swank:    Solo te tengo a ti, Frankie.
Clint Eastwood:   Sí, pero me tienes.

 

La lengua de las mariposas (1999) de José L. Cuerda

Manuel Lozano (el alumno):   Cuando uno se muere… ¿se muere o no se muere?
Fernando Fernán Gómez (el maestro):    En su casa, ¿qué dicen?
M.L.:   Mi madre dice que los buenos van al cielo y los malos al infierno.
F.F.G.:    ¿Y su padre?
M.L.:    Mi padre dice que de haber juicio final los ricos irían con sus abogados, pero a mi madre no le hace gracia.
F.F.G.:   ¿Y usted qué piensa?
M.L.:   Yo tengo miedo…
F.F.G.:   ¿Es usted capaz de guardar un secreto?
M.L.:    (sí, con la cabeza)
F.F.G.:    Pues en secreto… Ese infierno del más allá, no existe… El odio, la crueldad… eso es el infierno… A veces el infierno… somos nosotros mismos.

 

Plumas de caballo (Horse feathers, 1932) de N.Z.McLeod

Groucho MarxYo me casé con tu madre porque quería tener hijos. Imagínate mi decepción cuando te vi.

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NADIE PIENSA EN MI NOMBRE de AHMAD AL-SHAHAWY

AHMAD AL-SHAHAWY

   Hace un tiempo, un escritor me envió un manuscrito, un poemario para que le diera mi opinión. Yo, que soy prudente y carezco de poder moral para enjuiciar la obra de otro autor (aunque lo hago en mi blog al dar mis impresiones de los libros que leo, lo que no es óbice para sostener lo que antes he afirmado), quizá porque sé lo difícil que es construir una historia, armar una novela, dibujar un relato o componer un verso. Yo, ya digo, quizá  no sea quién para enjuiciar, pero sí creo que soy capaz de dilucidar entre lo bueno y lo malo, lo trabajado y lo superficial, una obra que merezca la pena de la que no. Ese escritor que me mandaba por correo electrónico su manuscrito, escrito en árabe pero traducido al castellano, se llama Ahmad al-Shahawy, y su poemario lleva por título “Nadie piensa en mi nombre”.

    Comencé a leerlo con cierta reticencia, el hecho de que se hubiera animado a enviármelo sin conocernos, sólo porque al leer mis escritos él suponía que podía confiar en mí, en cierta forma me ponía en una situación extraña, y, por otro, alimentaba mi vanidad. Pero, en cualquier caso, era sorprendente que lo hiciera, que creyera que yo haría un buen uso de sus poemas. No soy un gran lector de poesía, lo mío es la narrativa, pero, sin embargo, a medida que me sumergía en los versos de al-Shahawy  me di cuenta de que estaba descubriendo algo, algo excelente, exquisito, sorprendente.

     “Nadie piensa en mi nombre” es Poesía, escrita con mayúscula, con eso todo está dicho. Poesía cercana, teñida de sufismo, sensual, terrena y espiritual, que hurga en el alma humana pero también en lo sensorial, te llega como una brisa suave que alberga una voz profunda, te abraza y te abrasa, un ensueño con aromas orientales pero engarzado a la realidad de nuestro tiempo. Poesía embaucadora, llena de onírica sensualidad, con las mujeres como centro de sus palabras bien aquilatadas y medidas, con las mujeres como anzuelo, un anzuelo endulzado con ese veneno del que un hombre bebería con los ojos cerrados.

     Ahmad y yo nos hemos escrito, comentando sus versos, y ha surgido una sincera amistad. Sigo pensando que era algo abrumador dar mi modesto parecer sobre su trabajo, pero ya le conozco, sé cómo escribe, he llegado a paladear la belleza de sus palabras, especialmente gracias a esta estupenda traducción de Mohamed Abuelata y, por tanto, ya no puedo atrincherarme en excusas superfluas. Le dije a Ahmad que sus versos son extraordinarios, y le pedí permiso para compartirlos con vosotros. (Acompaño algunos de sus poemas que forman parte de “Nadie piensa en mi nombre” con textos que han escrito sobre Ahmad al-Shahawy quienes han estudiado su obra en profundidad). Porque sólo cuando ya nos conociamos, Ahmad me envió su curriculum (que podéis ver al final de este post) y entonces vi que es un poeta laureado, reconocido y admirado. Y eso es prueba de su carácter, de su humildad como escritor, es decir, una persona a respetar.

      Sólo espero no defraudar a quienes sean adictos a la poesía y no conozcáis a este autor, aunque lo dudo. “Nadie piensa en mi nombre” seguramente hará que al final de su lectura penséis en el nombre de Ahmad al-Shahawy.

 Sergio Barce, agosto 2011

 قتيل العبارة      /    Cada vez que muere alguien…

Cada vez que muere alguien,

balbucea el sepulturero una alabanza.

El vendedor de telas a Dios da gracias

por el corpulento cadáver.

El recitador del Corán sonríe

porque habrá funeral,

pero es más feliz

si en una noche recita en dos velorios.

Los usureros lloran

y se desesperan

por cobrar el préstamo perdido.

Sólo el muerto

vuela llevado sobre hombros,

y pasa la noche solo

y, sólo, piensa en el albañil

que levantó la tumba de prisa y corriendo.     

Ahmad al-Shahawy

 Un poeta que ama el fuego, y quemar etapas. Nunca satisface la sed beber en las fuentes de la tradición espiritual a la par que sigue el ritmo de lo ultramoderno, y, al final, uno no acierta a saber si estás en presencia de un maestro derviche del sufismo oriental o se trata de un poeta maldito genio del arte moderno. Mas una ola de poesía te calma el ánimo tan pronto como percibes el regalo de una fresca y balsámica creatividad. Shahawy busca la sabiduría sin estar seguro de haberla alcanzado; dominar el lenguaje aun consciente de lo imposible de la tarea. Sin embargo, se siente fiel continuador de la saga de poetas tocados con la llama de la profecía artística y sigue sin poder huir de la quema.    [Salah Fadl: diario “Al-Hayah”, Londres, 9 de mayo de 2005]

 باب في رأسي     /    Una puerta en mi cabeza

Anoche,

con la tercera copa,

con lo negro atrapado en las piernas,

ocupado en brotes de flores de oro

de un cuerpo que llovía fuego,

una cama nocturna y sola,

el Nilo contemplando,

la puerta de la habitación esperando

cerrar

y tentar,

y la secreta puerta, mi cómplice de pasión.

Adelanté el sábado

pero los domingos extremaron

su temor a las paredes.

Volví a casa

arropado por la copa,

llevado en negro.

Desde su madrugador poemario, “Dos prosternaciones de amor”, Shahawy viene perforando el resistente terreno de la poesía para plantar, tal vez, un árbol; pero, en su lugar, tan sólo encuentra letras. Ahmed Shahawy consagra su propio sancta sanctorum y, con sus duelos, formula sus propios tabúes, erigiendo para sí un credo en el que se sume sin tregua.    [Dr. Yusuf Zidán]

Damietta (Egipto), ciudad natal de Ahmad al-Shahawy

عين كل صورة   /   El ojo de cada imagen

  Tus párpados son fuego

y no es raro

que nazca de tu agua,

tan gigante,

mi volcán.

La obra poética de Ahmed Shahawy propone el amor como una ventana para asomarse al mundo, presenta a la mujer como razón de ser de la existencia y plantea el amor como un deber sagrado. Y no pecaría yo de exagerado si dijera que Ahmed Shahawy es el legítimo heredero de la saga de los grandes amantes que en el mundo ha habido. Ahmed Shahawy ahonda, por un lado, en su herencia espiritual del Corán y de la senda recta y, por otro, en la herencia secular de amor mundano. Asimismo, y a lo largo de su trayectoria con la tradición, pudo desplegar parte de su experiencia personal y sus propias vivencias cuyo resultado, lejos de limitarse a la mera recreación, bucea en la misma raíz de lo femenino o de la mujer, primera ausente desde muy temprano aunque presente siempre día y noche. Por otra parte, es clara y notoria, como herencia de la tradición ancestral, la tendencia a que, en la poesía amorosa y la relación hombre-mujer, el hombre ocupase el corpus y la mujer, el margen. Llegó Ahmed Shahawy e invirtió esa tendencia cambiando el sentido y rumbo de la misma para ser mujer-hombre; de modo que, en su poética, la mujer ahora ocupa el corpus y el hombre, la nota a pie de página.   [Dr. Muhámmad Abdul-Muttalib: Poetas de los 1970 y el caos creativo, El Cairo, Ediciones Maktabat Al-Usrah, 2009]

للسماء سقفان وكنت بينهما   /    Entre los dos techos del cielo   

 Desde pequeño en la aldea,

siempre creí que era tan bajo el techo del cielo

que podía tocarlo con la mano, cada noche,

y llenarme los bolsillos de estrellas.

 Mas, desde ayer,

desde que llegué al desierto,

vi la arena tan soñadora como su vientre,

el agua tan roja como sus labios

y probé la lengua de su insomne bahía.

 Ahora sé que el techo del cielo está lejos

y que mis sueños pequeños

escalaron hasta sus aguas.

El Cairo

وما بينهما   /  Entre una cosa y otra

 Te prometo silencio

no palabras.

 Te prometo ser yo

no mi sombra.

 Te prometo mi letra

no lo que digo.

 Te prometo mi cara

no mi espejo.

ما الجحيم؟   /   ¿Qué es el infierno?

  ¿Qué es el infierno? –pregunté.

Amar

Sin eco,

Preguntar

Sin respuestas,

Escribir

Sin tener lectores,

Dormir

Sin que nadie pueble tu sueño,

Hacer votos

Sin que haya dioses,

Tener una llave

Y no tener casa,

Abrir la mano

Y no encontrar a ninguna mujer leyendo.

AHMAD AL-SHAHAWY nació en Damietta, Norte de Egipto, en 1960.   Realizó estudios de Periodismo, en la ciudad de Suhag, en la Facultad de Letras de la Universidad de Asiut, licenciándose en 1983.  Trabaja actualmente como Director de Redacción en Al-Ahram,  que se considera la mayor  fundación periodística en Egipto y el Mundo Árabe, a la que se incorporó en el año 1985.

Ahmad al-Shahawy

En septiembre del 1991, participó en el Programa de los Autores Internacionales en los Estados Unidos por tres meses y recibió el certificado de asociado en Literatura de la Universidad de Iowa. En septiembre del 1994 obtuvo un diploma especial en Cultura y Ciencias del Centro Jónico en Grecia y sus Obras Poéticas están traducidas a varios idiomas.  Miembro de la Enciclopedia Internacional de Poesía Quién es quién desde 1992. En 1995 obtuvo el premio UNESCO de Letras. Participó en el Programa de la Fundación Girace de Creación, octubre del 1995- San Francisco, California. En 1998 obtuvo el premio Kafavis de poesía. Fue miembro de la Comisión de Poesía del Consejo Superior de Cultura de Egipto desde el año 2001 y hasta 2006.  El Festival Internacional de Poesía en Rotterdam le publicó dos Antologías poéticas en inglés y holandés en junio del 2004. Su obra poética ha sido objeto de estudio de varias investigaciones de máster y doctorado en la universidades egipcias y árabes.

 Obras publicadas:

 1.    Dos Rakaas para el amor- El Cairo-1988

2.    Los dichos- Parte Primera-  El Cairo-1991

3.     El libro del amor -El Cairo-1992

4.    Los dichos- Parte Segunda- El Cairo-1994

5.    Estados del enamorado El Cairo-1996- y segunda edición especial de 25 mil ejemplares Biblioteca de la familia-Festival Lectura Para Todos- El Cairo -2001.

6.    Los dichos ¨Antología¨- El Cairo-1996.

7.     El libro de la muerte El Cairo-1997.

8.    Di ella– El Cairo- 2000.

9.     Agua en los dedos- ¨antología¨-El Cairo-2002 y segunda edición especial de 25 mil ejemplares Biblioteca de la familia-Festival Lectura Para Todos- El Cairo –septiembre 2002.

Agua en los dedos, edición en español por Milagros Nuin- Instituto Egipcio de Estudios Islámicos en Madrid- Madrid-2002. Nueva Edición con una selección de Los consejos en el amor de las mujeres ¨El primer libro¨-Universidad de Costa Rica en cooperación con El Festival Internacional de Poesía en Costa Rica-2008.

 10.  Los consejos en el amor de las mujeres ¨El libro primero¨-El Cairo- Julio 2003- y segunda edición especial de 25 mil ejemplares Biblioteca de la familia-Festival Lectura Para Todos- El Cairo -2003.

11.   La Lengua del fuego– El Cairo- 2005. Ministerio de Turismo y Cultura- segunda edición – Saná-2005.

12.  Los consejos en el amor de las mujeres ¨El libro segundo – El Cairo- 2006.

13. Un puerta y casas – El Cairo- 2009.

14. Conduzco las nubes – enero 2010.

15. Nadie piensa en mi nombre– Antología- 2011

Mohamed Abuelata, que ha efectuado la traducción de los poemas de al-Shahawy del árabe al español, es Catedrático de Hispánicas de la Universidad de Ain Shams de El Cairo (Egipto).

 

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Periódico LARACHE – años 60

MARI CARMEN COLUMÉ me ha enviado estas páginas del periódico LARACHE. El primero es la Guía de la Ciudad en Agosto de 1966, en el segundo podemos leer el anuncio de su inminente boda.

 

Mari Carmen Columé en la fuente situada junto a la Estación de la Guagua

 

Seguro que estas páginas traerán muchos recuerdos a muchos larachenses.

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«ESPERANDO A LOS BÁRBAROS» (Waiting for the barbarians, 1980) de J.M.COETZEE

John Maxwell Coetzee es uno de mis autores favoritos, y “Esperando a los bárbaros” (Waiting for the barbarians,1980) probablemente una de sus mejores novelas.

 “El sueño ya no es un baño curativo, la recuperación de las fuerzas vitales, sino la nada, un encuentro nocturno con la destrucción. Creo que habitar esta vivienda se ha vuelto en mi contra; y no solo eso. Si viviera en el palacete del magistrado, en la calle más tranquila del pueblo, celebrando audiencias los lunes y los jueves, cazando todas las mañanas, llenando las veladas con los clásicos, cerrando los oídos a las actividades de este policía advenedizo, si me decidiera a sobrellevar las épocas malas, guardándome las opiniones para mí mismo, quizá dejara de sentirme como un hombre que, arrastrado por la corriente, deja de luchar, deja de nadar y vuelve la mirada hacia el mar abierto y la muerte. Pero es el reconocimiento de lo aleatorio de mi malestar, de su dependencia de un niño que un día gimotea bajo mi ventana y al otro está muerto, lo que despierta en mí la vergüenza más profunda, la indiferencia más grande ante la destrucción. En cierto modo, sé demasiado; y una vez que uno se ve infectado de este saber no parece haber recuperación posible. Nunca debí haber cogido el farol para ver lo que estaba pasando en la barraca junto al granero. Por otro lado, no me era posible dejar el farol después de haberlo cogido. El nudo se enreda en sí mismo; no puedo deshacerlo.”

J.M.COETZEE

Esta obra, que funciona como una gran metáfora, está situada en ninguna parte y es intemporal, pero, a la vez, es el reflejo del país natal de Coetzee, de Sudáfrica, y del mundo creado por el “apartheid” y la supremacía blanca; pero también puede ser cualquier otro país, porque su historia ha ocurrido, ocurre aún y seguirá ocurriendo, desgraciadamente, en muchos lugares del planeta.

Cuenta la historia de un magistrado, mayor y cansado, destinado en un pueblo fronterizo del Imperio que, sobrecogido por los acontecimientos, comprueba cómo ese pequeño mundo, en el que los habitantes del pueblo y los bárbaros (es decir, los nativos originarios de la zona) llevan conviviendo pacíficamente durante años, se derrumba incomprensiblemente. El Imperio, el poder, el Estado, comienza a actuar acusando a los bárbaros de querer atacarles, de querer quebrantar las fronteras del Imperio, algo que el protagonista de la novela, el magistrado, sabe perfectamente que es falso. Movido por los sentimientos que ha despertado en él una de las bárbaras prisioneras, a la que llevará hasta reencontrarse con su pueblo, el magistrado, a ojos de los militares, se convertirá de pronto en un enemigo, en un colaborador de los “rebeldes salvajes”, en un traidor a la patria. Los acontecimientos, sin embargo, darán la razón al magistrado, que representa la cordura, la sensatez, la razón, frente a los militares enviados por el Imperio, reflejo de la intolerancia, la intransigencia, la xenofobia y los oscuros intereses políticos y económicos que manejan este desquiciado mundo.

Y dentro de toda esta siniestra historia, hay lugar para el amor, para las relaciones casi furtivas del magistrado con las mujeres del pueblo y con una de las bárbaras, y utilizando la primera persona, este personaje no sólo nos cuenta lo que ocurre en el pueblo y el desastre que se vecina por la irracionalidad de los militares enviados hasta allí por el Imperio, sino que nos relatará igualmente sus frustraciones y sus deseos, y el melancólico sentimiento de que los años comienzan a vencerle; un sentimiento que tizna cuanto hace y que nos descubre a un hombre, siempre a punto de derrumbarse, pero que sabrá enfrentarse a lo que más detesta.

 “Y no solo eso; hubo momentos perturbadores en los que, en medio del acto sexual, notaba que me extraviaba como un narrador que pierde el hilo de su historia. Con un estremecimiento pensaba en las figuras grotescas de esos hombres viejos y obesos cuyos corazones gastados dejan de latir, muriendo en los brazos de sus amantes con una disculpa en los labios, y a los que hay que sacar y abandonar en un oscuro callejón para salvar la reputación del establecimiento. Incluso el clímax del acto se volvió remoto, débil, algo extraño. Algunas veces lo interrumpía, otras continuaba mecánicamente hasta el final. Durante semanas y meses mantuve el celibato. La calidez y la belleza de los cuerpos femeninos seguían sugiriéndome el antiguo placer, pero algo nuevo me desconcertaba. ¿Era penetrar y poseer a esas bellas criaturas lo que realmente quería? El deseo parecía acarrear consigo una sensación mágica de distancia y separación que era inútil negar. Tampoco comprendía siempre por qué una parte de mi cuerpo, con sus anhelos irracionales y falsas promesas, tenía que ocupar un lugar preferente sobre las otras para canalizar mi deseo. A veces mi sexo me parecía un ser completamente diferente, un animal estúpido viviendo en mí como un parásito, creciendo y menguando según apetitos propios, anclado en mi carne con garfios que no podía retirar. <¿Por qué tengo que llevarte de una mujer a otra? –me preguntaba-. ¿Solo porque naciste sin piernas? ¿Acaso no te daría lo mismo estar enraizado en un gato o un perro en vez de en mí?>”.

Es fácil identificar esta historia con lo acaecido en América entre los conquistadores europeos y los nativos, lo que pasó en el viejo Oeste entre los colonos y los indios, e igual que en la vieja Rusia y los territorios ocupados, los países colonialistas y los países colonizados o con USA y los vietnamitas. Coetzee, es cierto, nos habla de Sudáfrica, de esa decisión tomada por el poder para aplastar sin reservas a los antiguos habitantes del país, los auténticos dueños del país. Pero ya digo que es trasladable a tantos momentos de la Historia que por esa razón impresiona aún más la crudeza de lo narrado, una verdad aplastante: los intereses del poder manipulan a sus ciudadanos para crear una falsa sensación de peligro con la que excusar la actuación militar y la ocupación de territorios en los que se presuma algún potencial económico, y da igual el precio a pagar en vidas humanas.

 

“Así que el grupo se pone en marcha, y dos días después regresa con los cadáveres encorvados y duros como el hielo en una carreta. Sigo encontrando raro que los hombres deserten a cientos de kilómetros de sus casas y a un día de marcha de la comida y el calor, pero no pienso más en ello. De pie ante la fosa del cementerio cubierto de hielo, mientras se rezan las últimas oraciones y los compañeros más afortunados de los difuntos asisten con la cabeza descubierta, me repito a mí mismo que al insistir en un final apropiado para sus huesos estoy tratando de mostrar a estos jóvenes que la muerte no es aniquilación, que sobrevivimos en el recuerdo de los que conocimos. Pero, ¿he organizado esta ceremonia realmente solo para ellos? ¿Acaso  no estoy confortándome también a mí mismo? Me ofrezco a asumir la penosa tarea de escribir a los padres para informarles de sus respectivas desgracias.

-A un hombre mayor le resulta más fácil –digo.”

El magistrado, un personaje maravillosamente construido, abre los ojos del lector a ese mundo, a la realidad de la política mezquina y del inmoral racismo. La aventura que ese hombre vive ya en los años de su vejez, enfrentándose a la testaruda actitud de los militares por exterminar a los bárbaros, le convierte en un ser digno e íntegro, pero, sin embargo, J.M.Coetzee es tan hábil con su pluma que sabe no sólo obligarnos a posicionarnos sino a dejarnos un sabor amargo en la boca, porque esta extraordinaria historia demuestra que el mundo funciona como funciona, a golpe de intereses, de mentiras y de manipulaciones, de poder y de fuerza, y que los más débiles, los bárbaros, los pueblos originarios de tantos lugares, nada pueden contra esa fuerza imparable que lo arrolla todo. Y, además, la tortura, el infligir la mayor humillación posible, algo que Coetzee no ceja en denunciar no sólo en esta novela, preguntándose, igual que su protagonista, cómo es posible que el ser humano trate de esa manera a un semejante sin que eso le haga perder su condición de hombre, de persona con deseos y apetencias, con sueños y con una vida rutinaria. Algo que le resulta absolutamente incomprensible.

 “Luego empieza la paliza. Los soldados utilizan las gruesas varas de caña verde, abatiéndolas con el mismo sonido opaco de paletas de lavar, hasta levantar ronchas rojas en la espalda y las nalgas de los prisioneros. Despacio y con cuidado, los prisioneros estiran las piernas hasta quedar tendidos sobre el vientre, todos excepto el que se quejaba y que ahora se estremece con cada golpe.

El carbón negro y el polvo ocre empiezan a correr con el sudor y la sangre. Por lo que veo, el juego consiste en golpearles hasta dejarles la espalda completamente limpia.

(…)

Los soldados que les propinan la paliza se cansan. Uno jadea con las manos en las caderas al tiempo que sonríe y hace gestos y ademanes a la multitud. El coronel les da una orden: los cuatro interrumpen su tarea y avanzan ofreciendo sus varas a los espectadores.

Una joven, con una risilla tonta y tapándose la cara, se adelanta empujada por sus amigos.

-¡Venga, no tengas miedo! –la animan. Un soldado le pone una vara en la mano y la conduce hasta el círculo. Está desconcertada, turbada, todavía se tapa la cara con una mano. Le profieren gritos, bromas, consejos obscenos. Ella levanta la vara y la abate de repente sobre las nalgas del prisionero, la suelta y corre hacia lugar seguro entre un fragor de aplausos.

Todos se pelean por la varas, los soldados apenas pueden mantener el orden, pierdo de vista a los prisioneros que están en el suelo a medida que la multitud se atropella para coger su turno o tan solo para presenciar la paliza desde más cerca…”

 “Esperando a los bárbaros” es una novela maravillosa, que no se puede dejar de leer una vez comenzada, una obra dura, sin concesiones, muy humana, pero también muy desalentadora.

 “En todos nosotros, en lo más recóndito, parece haber algo granítico e incorregible. Nadie cree realmente, pese a la histeria de las calles, que estén a punto de destruir el mundo de tranquilas certezas en que hemos nacido.”

  Sergio Barce, agosto 2011

 

J.M.COETZEE recibiendo el Nobel de Literatura

John Maxwell Coetzee, escritor sudafricano (pero nacionalizado australiano), en sus novelas retrata a su país de origen sin sentimentalismo alguno, y ello le sirve para denunciar el appartheid y el racismo y sus nefastas consecuencias. Otras novelas suyas son Tierras de poniente (Dusklands) 1974, Vida y época de Michael K (The life and times of Michael K) 1983, La edad de hierro (Age of iron) 1990 y Elizabeth Costello, 2003. J.M.Coetzee es Premio Nobel de Literatura 2003.   

 Los párrafos transcritos pertenecen a la edición de la novela publicada por Mondadori en 2004, primera edición, con traducción de Concha Manella y Luis Martínez Victorio.

 

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«EL BUSCAVIDAS» (The hustler, 1961) de ROBERT ROSSEN

     Rodada en 1961, EL BUSCAVIDAS (The hustler) es una película intensa e intemporal. Relata la historia de Eddie Felson “el rápido”, un jugador de billar que sobrevive a base de engaños, timos y malas artes, pero sabe que es muy bueno y eso le convierte en un tipo tan arrogante como orgulloso. Esa misma arrogancia, que le hace utilizar primero y despreciar después tanto a su único amigo como a la mujer que se enamora de él, le lleva a buscar con ahínco al único que puede medirse con su juego: el Gordo de Minnesota. Una partida maratoniana contra éste, demostrará que su propia vanidad es su peor enemigo. Luego, se enfrentará de nuevo al Gordo, pero ya nada será igual.

PAUL NEWMAN como Fast Eddie Felson

     Paul Newmancomo Eddie Felson está magnífico, es sin duda uno de sus personajes legendarios. Atormentado, Newman dota al protagonista de cinismo, arrogancia y, sin embargo, de humanidad, la de un derrotado, la de un fracasado, que quiere sobrevivir sea como sea y demostrarse a sí mismo que no es la escoria que se mueve por los tugurios de las casas de billar engañando a pobres jugadores que nada pueden hacer con él.

Paul Newman & Piper Laurie

Cuando conoce a Sarah (Piper Laurie), una mujer marcada por una cojera que la hace refugiarse en el alcohol, parece que puede llegar a rehabilitarse como un ser honesto, sin embargo, como siempre, su displicente e insensata actitud le llevará de nuevo a comportarse como ese hombre sin escrúpulos en el que se ha convertido, un hombre obsesionado con ser el mejor. Y, por supuesto, para conseguir sus objetivos, será capaz de destruir a los demás.

     Legendaria también la interpretación de Jackie Gleason como el Gordo de Minnesota. Un enorme cuerpo, grueso y pesado, que, sin embargo, cuando se pone a jugar al billar parece transformarse en el de un bailarín, ágil e incansable. Gleason construye un personaje curioso, quizá el único que, pese al ambiente y pese a los que le rodean, tiene aún la dignidad y la frialdad suficiente para saber cuál es su lugar y cómo actuar frente a los demás. Y magnífico también George C. Scott como Bert Gordon, un manipulador sin escrúpulos, aún más arrogante y despiadado, que se da cuenta que tiene un filón de oro en Eddie Felson.

JACKIE GLEASON el Gordo de Minnesota & PAUL NEWMAN Fast Eddie Felson

    Los cuatro actores fueron nominados al Oscar.

    Rodada en blanco y negro, su fotografía es espectacular, como lo es su ambientación y su música. Una película con cincuenta años, pero tan moderna que, al verla ahora, sorprende por su actualidad, por su vigencia, por su vitalidad. Su director, Robert Rossen, un autor maldito que tuvo constantes problemas por ser de izquierdas, consiguió rodar una obra maestra, una película inolvidable, recia, vibrante, aterradoramente sombría. Sin duda, de esas películas que te hacen amar el cine.

PAUL NEWMAN es Fast Eddie Feslon en El color del dinero, junto a Tom Cruise, su pupilo

      En 1986, Martin Scorsese rodó la continuación: EL COLOR DEL DINERO (The color of money), otra magnifica película, en la que ya un Paul Newman/Eddie Felson maduro ocupará ahora el papel de maestro para conducir al novato e irreverente jugador Vincent, al que da vida Tom Cruise, tan impulsivo, arrogante e insensato como lo fue él cuando tenía su misma edad…

  Sergio Barce, agosto 2011

PARA VER EL TRÁILER DE «EL BUSCAVIDAS» (The hustler) ENTRA EN:

http://www.youtube.com/watch?v=Ccnf7Ep1eBc&feature=related

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