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ANGELES RAMÍREZ habla de LARACHE en TVE

ANGE con Aberrahman Lanjeri, en el homenaje que le tributamos a Sibari en Larache

El pasado domingo, ANGELES RAMÍREZ, (Ange) intervino en TVE y habló de la asociaicón XENIA que actualmente preside, de sus objetivos y de sus más próximos proyectos, así como del trabajo desarrollado con LARACHE EN EL MUNDO España de la que continúa siendo Vicepresidenta y que yo presido. Pero, sobre todo, Ange habló de LARACHE, y lo hizo con tanta pasión que espero no dejéis la oportunidad de entrar en el siguiente enlace y escucharla.

Para ver y oír las imágenes, entrar en: 

http://www.rtve.es/alacarta/videos/islam-hoy/islam-hoy-lukus/1173992/

Abajo, durante la presentación de la asociación XENIA en Madrid,

Fernando de Ágreda, Ange Ramírez & Sergio Barce

 

 

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ABDELMAWLA ZIATI, autor teatral larachense

ABDELMAWLA ZIATI presentando su obra Picaresca Ziati para los amantes del Torat, flanqueado por otros escritores larachenses, Demnati y Benaboud

Nacido en Larache, Abdelmawla Ziati es autor y director teatral. Autor en árabe, destacamos entre su producción “Obras para el público de teatro” (1994), “El Kinfaui, el hombre que abrazaba a los monstruos” (2000), que es una biografía del creador del teatro marroquí, o “Estudio sobre el movimiento teatral en la zona de Lixus” (2002) cuya traducción al castellano la asociación que presido “Larache en el Mundo” ha tratado de financiar, proyecto que aún no descarto si conseguimos los fondos para ello.

Ahmed Ragala, Sergio Barce & Abdelmawla Ziati

Ziati ha publicado también: “Picaresca Ziati para los amantes del Torat” (Edición del autor – Larache, 2007). Esta obra la presentamos en las Jornadas Culturales que organizamos en Larache.

Además de un amante del teatro, que es su pasión, Ziati es una persona educada, tolerante y que cuando habla transmite una serenidad contagiosa. Pasamos bastante tiempo charlando cuando hemos tenido ocasión de hacerlo; recuerdo que, cuado Ahmed Ragala tenía abierto su «Bazar Comandancia», nos sentábamos en él, Aziz traía té, y pasábamos un par de horas charlando de literatura, de teatro, de sus proyectos, de Larache… Abdelmawla Ziati es otro de esos larachenses que enriquecen su patrimonio cultural y humano, alguien al que vae la pena conocer, y cuyo trabajo ha de ser reivindicado.

Sergio Barce, agosto 2011

 Contacto con Abdelmawla Ziati: abdlmaulaziati@yahoo.fr

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«MIL GRULLAS» (Sembazuru, 1949) de YASUNARI KAWABATA

Desde el día de su nacimiento se alimentaba allí y, desde el día que comenzara a ver, vería esa horrible mancha en el pecho de su madre. Su primera impresión del mundo, la primera impresión de su madre, sería esa horrible mancha, y ahí quedaría esa impresión, a lo largo de toda la vida del niño.

(…) Cuando recibió la nota que lo avisaba de que ella se proponía realizar la ceremonia del té como excusa para presentarle a una joven, la mancha flotó ante él una vez más y, puesto que la presentación la realizaría Chikako, se preguntó si la joven tendría la piel perfecta, una piel libre de la más leve marca.”

 MIL GRULLAS (Sembazuru, 1949) de Yasunari Kawabata.  Novela delicada y simbólica, su trama está construida alrededor de la milenaria ceremonia del té, y a través de ella Yasunari Kawabata nos habla del amor, del erotismo, de la sensualidad y del poder de la atracción y del deseo. Mientras que “El maestro de Go” (novela del mismo autor de la que ya hablé con anterioridad) es una obra elegíaca, en la que la muerte y el honor son el eje central, aquí Yasunari Kawabata, con su depurado estilo, nos sumerge en un mundo absolutamente desconocido para quienes no conocemos en profundidad la cultura japonesa. Cada gesto, las grullas del título (bordadas en un pañuelo es símbolo de longevidad, por ejemplo), cada taza de té (según su material y su color, tiene un significado diferente; así la jarra Shino de esmalte blanco y tenue rojo es utilizada para la ofrenda floral fúnebre), cada cita o cada palabra que se pronuncia (es una novela con mucho diálogo) encierra un mundo. Las ceremonias de té se van adueñando de la trama, son el asidero de los personajes, y las acciones de estos, envueltas en simbolismos, parecen depender absolutamente de aquéllas.

 “La señora Ota tenía al menos cuarenta y cinco años, unos veinte más que Kikuji, pero logró que él olvidara su edad cuando hicieron el amor. Kikuji sentía que tenía entre sus brazos a una mujer más joven que él.

Al compartir una felicidad que provenía de la experiencia de la mujer, Kikuji no sentía en absoluto la reticencia bochornosa de la inexperiencia.

Sentía como si fuera la primera vez que conocía a una mujer y como si por primera vez se conociera a sí mismo como hombre. Era un extraordinario despertar. Nunca había imaginado que una mujer podía ser tan enteramente dócil y receptiva, una pareja que lo acompañaba y, al mismo tiempo, lo inducía a sumirse en una fragancia tibia.

Kikuji, el solterón, a menudo se había sentido mancillado después de tales encuentros; pero ahora, cuando la sensación de contaminación debía resultar más aguda, sólo era consciente del tibio reposo.

Casi siempre quería hacer de su partida un momento brusco, pero hoy era como si por primera vez alguien estuviera cálidamente a su lado, y él se dejaba arrastrar de buena gana. Hasta entonces  no había visto cómo podía acompañar la oleada femenina. Al entregar su cuerpo a esa ola, sintió incluso una satisfacción que era como adormecerse en la victoria, el conquistador a quien un esclavo lava los pies.”

Es una novela curiosa por los códigos de conducta que se nos muestra: el de una sociedad japonesa respetuosa con sus tradiciones, capaz de convertir un tazón de té en todo un tesoro que pasa de generación en generación y cuya pérdida puede llevar a la desesperación o a la vergüenza. También hay poesía, y erotismo, y juegos de atracción y rechazo, junto a maquinaciones insidiosas, sin embargo, todo dentro de unas leyes ancestrales que han de ser cumplidas, casi veneradas.

tazón de té Oribe

 “Kikuji pensó en la mujer preparando té el día antes de su muerte.

Mientras medía la cantidad de té, una lágrima había caído sobre la tetera. Él había ido a buscar el tazón, ella no se lo había traído. Cuando él terminó el té, la lágrima ya se había secado.”

Novela preciosista, te envuelve por su ritmo casi invisible, una especie de baile lento, y es Kawabata el que te lleva en este baile porque desconocemos sus pasos. Sin embargo, te conduce como el maestro que es, y al final disfrutas de la danza, tal vez por su exotismo, sin duda por su calidad.

 “Cuando Chikako se ponía a discutir, echaba los hombros hacia atrás.

-Te estoy diciendo la verdad. Yo soy diferente de la señora Ota. En cuanto a tu padre, yo fui un caso de poca importancia. No veo razón para ocultar la verdad: yo, por desgracia, no era su pasatiempo favorito. Apenas comenzó, estaba concluido. –Miró hacia abajo-. Pero no me arrepiento. Él fue bastante bueno como para utilizarme después, cuando le convenía. Como la mayoría de los hombres, encontraba más fácil utilizar a una mujer con la cual había tenido un romance. Y así, gracias a él, desarrollé una sana y buena disposición al sentido común.”

Sergio Barce, agosto 2011

Yasunari Kawabata

 YASUNARI KAWABATA (1899-1972) 

obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1968.

Los párrafos transcritos de la novela están tomados de la edición de marzo de 2008,

publicada por Emecé Editores, y con traducción de María Martoccia.

 

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MARRUECOS a través de la cámara de BARTOLOMÉ ROS

El pasado mes de Julio, recibí un regalo imprevisto.

Era un increíble libro de fotografías titulado:

BARTOLOMÉ ROS. Frontera de África.

Publicado por La Fábrica Editorial, Madrid, en 2009.

Dentro, en un sobre verde, había una sucinta nota con una elegante caligrafía femenina:

Madrid, julio/2011

Estimado Sergio:

Te envío este libro que recoge parte de la obra de mi padre.

Un cordial saludo,

Rosa Ros

BARTOLOMÉ ROS

Le envié un correo electrónico agradeciéndole el detalle, y preguntándole la razón por la que me lo había enviado. Me respondió que había estado en Casa Sefarad cuando estuvimos hablando de Larache, de Marruecos… y que ésa era una buena razón para hacerlo. Y añadía: Fue estupendo escucharos a todos. Una sencilla pero desarmante respuesta. En cualquier caso, lamento no haber tenido la ocasión de haber charlado personalmente con ella en ese momento, pero el detalle, sin duda, lo compensa con creces.

Recuerdo que en Larache, en el callejón que iba de la Avenida Mohamed V, justo en la esquina del Bazar Yebari, la antigua La Bandera Española, en ese callejón en el que también se situaba la barbería a la que iba a pelarme de pequeño, estaba “Casa Ros”. Era como uno más de los emblemas de la ciudad, y es que “Casa Ros” estaba por todo Marruecos, y había nacido con la cámara de Bartolomé Ros, al que ahora descubro con más interés con este maravilloso libro (conocía algunas de sus imágenes, tengo otro libro espectacular: MARRUECOS, TRES VISIONES, TRES MEMORIAS, en el que Ros es uno de sus protagonistas). Magníficamente editado, la calidad de sus páginas realzan sin duda el trabajo histórico y detallista de este fotógrafo extraordinario.

 Sergio Barce, agosto 2011

Foto de Bartolomé Ros – Grupo de musulmanas en las azoteas para ver el paso de la comitiva de la Reina María de Rumania en 1929

He encontrado un prólogo escrito por la propia Rosa Ros para el Instituto Cervantes, y lo reproduzco porque creo que es más elocuente que mis palabras para describir el trabajo de este artista de la fotografía.

 Bartolomé Ros, Fotógrafo
(1906-1974)

Bartolomé Ros y Ros, fotógrafo español nacido en Cartagena, Murcia, en 1906, llegó a la ciudad de Ceuta en compañía de sus padres y de su única hermana en 1918.

Pronto empieza a trabajar con el fotógrafo D. Ángel Rubio (aunque hay quien afirma que fue con D. José Calatayud) y adquirió los primeros conocimientos de la técnica fotográfica. Una de sus primeras fotografías conocida, la realizó con apenas catorce años de edad, es una entrañable y bella imagen de su hermana Isabel y ya en ella podemos apreciar los rasgos principales de su visión fotográfica: pureza de líneas y claridad de concepto estético, y así después de tantos años, nos asombra su técnica y su modernidad.

¿Podemos imaginar la dificultad que entrañaba el trabajo de aquellos primeros fotógrafos? Quizás, para comprenderlos un poco, haría falta llegar a ellos como en otros tiempos, a través de caminos de tierra, a lomos de herradura, casi furtivamente, llegar allí donde todas las distancias resultan inútiles, allí donde conviven, en un sorprendente caos, culturas y sentimientos.

Bartolomé Ros – Zoco de Tetuán en 1928

Porque todo pensamiento que al trabajo de aquellos pioneros del retrato, de la instantánea o del reportaje de actualidad se refiera, ha de ser colocado necesariamente en otra dimensión fotográfica. En un tiempo y en un lugar ya muy alejados de nuestra realidad. Pero también en unos medios técnicos a años luz de los actuales, para los que parece, no existen barreras.

Pero ayer, como hoy, la primera cualidad que se debe pretender de un fotógrafo es que vea donde los demás se limitan a mirar. Y si además, con su trabajo nos obligan a ver, en esa virtud encierran su mérito inmenso.

La fotografía fue la profesión, el modo de vida de Bartolomé Ros durante la década de los años veinte. Precoz por necesidad, empezó a ejercerla a la edad de quince años, en las imágenes que nos ha legado encontramos hoy no solamente una belleza profunda y una técnica depurada, sino todo un carácter.

Ejerció en Ceuta y la zona norte de Marruecos y sus fotos fueron publicadas en las revistas y periódicos más importantes de la época. Fue también fotógrafo colaborador de la National Geographic Society de Washington (EE.UU.). Antes de cumplir la mayoría de edad, entabló relaciones comerciales con la firma alemana AGFA, desarrollando desde entonces una actividad comercial que le ha sobrevivido. En las ciudades marroquíes donde se estableció, su nombre comercial fue «Casa Ros».

Las fotos de Bartolomé Ros están siendo exhibidas desde 1993 y ya se han podido contemplar en Ceuta, Madrid y Barcelona. Después de recorrer las ciudades marroquíes de Tetuán, Tánger, Rabat, Fez y Casablanca, se expusieron en Madrid (febrero de 1997) y posteriormente en el Reino Unido de Gran Bretaña (mayo de 1997).

Murió en Madrid (España), en diciembre de 1974.

Rosa Ros
Madrid, octubre de 1996

EL LIBRO SE PUEDE CONSEGUIR, ENTRE OTRAS LIBRERÍAS, EN LA LIBRERÍA KALAMO MUNDO ÁRABE,

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