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LARACHE – Jaquetía – LARACHE vista por… SARA FERERES en su cuento EL CANTAR DEL GATO NEGRO

Sara Fereres

SARA FERERES DE MORYOUSSEF escribió el delicioso libro <Larache, crónica nostálgica> al que me he referido en varias ocasiones. Pero también es una autora de relatos y cuentos desde los que da una visión muy curiosa de Larache, su forma de describirla, de rememorarla, de recordarla… Especialmente porque utiliza el jaquetía o haketía como lengua vehicular, y eso le da un valor especial a estos relatos, pues a su memoria privilegiada, que le hace reproducir hechos y escenas de hace tantos años, une el recuperar ese habla tan característica de los hebreos de Larache y de Tánger. En fin, son una especia de relicario que hemos de preservar como otro de los patrimonios culturales de Larache, y por esa razón estoy introduciendo últimamente poemas, cuentos o historias en haquetía.

Hoy reproduzco el relato <El cantar del gato negro> que Sara escribió en 2007.

Sergio Barce, junio 2012

EL CANTAR DEL GATO NEGRO

Bos boy a preguntar: ¿Habrá algún la´haraishi que s´acorde del cantar del gato negro? Le boy a s´criber pa´ mirar si me darán contesta:

                                       Un día de sabbad

                                      Al campo fuimos

                                      Mirimos un gato negro

                                      Mos espantimos

                                      Cojjimos una zeruata

                                      Y le matimos.

 A la hora del recreo en la´scuela, las niñas (tendríamos unos 6 au 7 años), mos cojjiamós de las manos y hhaziendo una rueda, cantabamós bailando… este cantar del gato y otrooos… que feron borrandosé de la memoriaaa… con paso del tiempo. Taimen hhabía otrooo más español que´ste que empesaba ansina: “A la rueda rueda de miel y canela…” M´acordoy d´ello, como si fera ayyer. Entremás sharfa me pongoy, más membransas yenan mi cabesa.  La berdad berdadera eees,  que muestra sibdad Laracheee…, es inolbidable pa´  los que bibimos ahí.

Foto de Fran Morales

Esa ´scuela de l´Aliansa feee, un crisol ¡Endiamantado! Ahí mos formimos y mos eduquimos como manda el Dio. Muestros directores ferooon,  Mr. y Mme. Aranias. Ambos dos se quedaron con mozotros  por muuunchos años. Hhatta discués de la guerra´spañola. Él eraaa de Siria, se yamaba León y a eya que era turcaaa…, él la dizíaaa,  Strea (Estrella zahamá).   Yo no conosí otros iwual qu´ellos. El descansado de mi tío Elías Fereres eraba maestro. Al principiar en l´Aliansaaa, daba clases de casteyano y endiscués, cuando vinó a Larache, Da. Camila, que eraba profesora  d´español, wuá él, enseñaba francés en las clase por debasho de la categoría del “sertificat  d´études”. Pero cuando Mr Aranías no binía, mi tío mos enseñaba francés en el sertificat. ¿Wuoh por lo que candí d´él! Yo era un wuerco y siempre´staba distraída en la clase. Hhablaba y hhablaba que no paraba. Una beeez …, yo…  tinía la cara bolteada y no paraba de hhadrear con mi amiga Molly Benarrosh. Nuncua  fetneaba de lo que´staba pasando en la clase. En eso, mi tío binóoo… despasiiito pa´que no fetnearamóoos y … ¡Mos dio una tarsha  con una sola mano! ¡A má las tinía  de grandes! Mos tarsheó a las dos d´una sola bes porque ´stabamós con las cabesas arrejjuntadas.  Tan fuerte fue esa tarsha que mos las bolteó. Y esa maravía de Da. Camila Chocrón.  Pa´míii…, n´hubó otra maestra más completa y cumplida qu´ ella, ansina como lo fe Mr. Aranias. Ellos dos m´enseñaron todo lo que aprendí de francés y español.¡Pero la ´haquetía no! (Era beruensa hablarla) Lo que aprendimos con eyos fue muuuncho ¡Por el Dio! ¡Lo que leímos de libros de literatura clásica! Nadie podría creel-lo. Y esooo… ¡En una escuela de primaria! Mos prestaban los libros de la biblioteca, a los que mos ganabamós “bon points”, en la semana de clases. La berdad,  yo´studiaba poquito pero era wuena pa´l francés y el español. La “grammaire” y los dictados en las dos lenguaaas, siempre me salían wuenos. ¡Eso m´ayudaba muncho! Pero la ´haquetíaaa,  l´aprendí con los amiguitos y las amiguitas de la´scuela y tamien, con las muchachas que trabajaban en mi cazza ayudando a las descansadas de mi madre y de mi awuela Zahra. Una beees…, binó una ´spañola escapada de la Guerra Cebil, y mi madre (Z.L),  la empleó pa´ que mos sirbiera de niñera de´mi´rmanita, La Nena. ¡L´amargaaa! Los rojos l´afeitaron la cabesa y la desharon ca´h rosha. S´taba como muerta, de la hhambre que tinía. Comía como lima nueba.  Pero deshaté, bashaba al jardín con mi´rmanita en el cochezzito pa´pasearlaaa, y s´arrejjuntaba con los legionarios (soldaditos) que la´speban. Como paresíaaa… alaquilós, ya´staban de ´hassas pa´sercarsen. Wuáaa no pasaba un ratito y dácala wuardandosé con uno d´eyooos…, entre los arbolés pá bezarsen. Yooo, como era un wuerquezitooo, los seguía y miraba lo que hhazían. Nuncua se lo contí a denguno…

Wuah yastá por hoy. Aunqueda que contar pa´faijjearbos. Otro día, con bien y alegría. Awera todo será arriermos con muestra lengua querida. El Dio bos hhadee a todos. Amén.

Zahrita la Quesadora. (Alias, Sara Fereres de Moryoussef) Caracas, Julio 2007

Sara y Elisa Fereres en la Hípica de Larache

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JAQUETÍA – LARACHE vista por… MERCEDES DEMBO

Desde la ventana: Mercado Central de Larache (Foto de Javi Lobo)

De Mercedes Dembo colgué el primer relato relacionado con la jaquetía o haketía que entraba en este blog, con su simpático cuento EL DON JUAN DE LA CALEJA CHINGUITI.

Balcón Atlántico – Foto de Javi Lobo

Hoy traigo un poema precioso escrito también por Mercedes, utilizando ese jaquetía que tanto nos gusta leer y escuchar. Además de giros y expresiones que nos hacen sonreír, porque son graciosos y entrañables y porque nos recuerdan a las voces que escuchábamos en la niñez o en el pasado, además de eso, como digo, es un delicioso homenaje a su pueblo, a nuestro pueblo, y el título no puede ser más significativo: LARASHE L´EZZIZA, es decir, LARACHE, QUERIDA. Otro dulce para que lo saboreéis.

 Sergio Barce, junio 2012

  LARASHE L’EZZIZA

Cunando me aleshi de ti mi Larashe,

no jammei que no te volvería a ver.

Larashe de mi niñez de mi mancevez,

mis mejjores años pase contigo.

 

La vida me levo tan leshos de ti, a una resiya estraña,

tierras mares tantas leguas me separan de ti,

pero siempre te levo bien dentro de mi corassón,

mi hermozza, mi Larashe l’ejbiba.

 

Soño con tus blancas cazas, con tus playas risueñas,

¿quien lalea por tu arena?

en ella deshi mis huellas.

¿Quien atraviese el río en la barca?

todavia oigo nuestras rizas,

cunando nadabamos hacia los vapores Portugueses

que venían a peshcar los boquerones.

 

Loz marineros moz ofrecían

vino tinto y boquerones fritos,

que uen tiempo pasabamos,

me sacreaba enseguida

ellos se areían de mi.

 

Tu balcón shalea en el sol,

no hay joya máz endiamantada más fermozza

en todo l’atlantico.

Mizmo tus leones siguen impasibles,

taleando fielmente

sobre el mentado Jardín de las Esperides.

 

Un abel’ha de sicretos guarda esejardín,

de amores enjubilados,

de aventuras prohibidas,

de lágrimas vertidas.

 

Larashe l’eziza anque stoy tan aleshada

sempre m’acodro de ti,

en mi alma te tengo scondida,

tantas membranzas alegres me deshates,

no quero morir sin verte otra vez.

 Mercedes Dembo Barcessat

Mercedes Dembo

glosario:

ezziza, ejbiba- (del arabe) querida

aleshi- aleje

jammei-pense

levo-llevo

ressiyyá – sitio lejano, desierto (del Hebreo: Eres siyyá = desierto

lalea-ir de un lado a otro

sacreaba-emborachaba (del hebro/arabe)

fermozza-hermosa

enjubilados-alegres

talear-mirar por

acodro-acuerdo

membranzas-recuerdos

Cuando el Cine Ideal aún seguía en pie – foto de Javi Lobo

Los sonidos específicos de la haquetía, diferente del castellano son:

g -como la “غ” árabe, o «r» uvular fricativa en francés (rue).

h – como «ח» hebrea o “ح” árabe (חכם). El sonido es parecido a la «jota» castellana, pero el aire pasa a través de la  parte profunda de la laringe.

j como «j» francesa (jardín).

l.l – “l” geminada, acentuada, como en español “al lado”.

sh – como la “ch” francesa (chemise) como «ע» hebrea o “ع” árabe (עולם– ‛olam; za‛ama) laríngea sonora.

z – como «z» francesa (zéro).

zz, ss, dd, etc. letras dobles indican una pronunciación acentuada.

 Alicia Sisso Raz, Nueva York, Septiembre, 14, 2010

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«LA CAUTIVA», un relato de Sergio Barce con la voz y las imágenes de PACO MORALES

Paco Morales, es decir, Fran, ese narrador magnífico que nos está encandilando a todos con sus comentarios en el blog (firmando como Fran Morgar), me ha hecho un regalo alucinante.

Ha tomado mi relato “La Cautiva”, que escribí inspirándome en el cuadro de otro paisano  nuestro, Rachid Sebti, y que publiqué en este blog el 18 de enero de 2011, y le ha puesto “voz” e “imagen”, y como resultado ha montado un corto increíblemente bello, con imágenes seductoras y “cautivadoras”, incluyendo además algunas de nuestro pueblo, de Larache, que me han emocionado más de lo que hubiera previsto. Incluso el modo de narrar en <off> mi pequeño relato lo transforma en algo más hermoso de lo que en realidad es.

Así que no he podido reprimirme y os brindo la oportunidad de saborear este corto realizado por Paco Morales que seguro os va a encantar a todos.

Para verlo entra en:

Dice Fran en su muro en Facebook:

 Cuando leí este relato de Sergio me encantó esa equilibrada dosis de sensualidad e inocencia en la mirada de este niño que nos guía sutil y certero como el objetivo de una cámara. La respiración contenida, controlando el pulso frente a la protagonista: la contemplada. La mujer se desnuda de su consciencia, desflora sus carnosos pétalos para expandir su aroma… un acto que le anestesia. Sólo quiere ofrecerse. Arde, se incendia.. así la rosa al abrirse, se entrega y sacrifica sabiendo que tal vez no habrá un mañana. Se desnuda de misterio frente a la ciudad que la observa olvidando que es la propia ciudad quien la nutre y alimenta.

LA CAUTIVA de Rachib Sebti

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ALI ZAOUA, PRINCIPE DE CASABLANCA (Ali Zaoua, prince de la rue, 2000) de NABIL AYOUCH

Preciosa película ambientada en los suburbios de Casablanca, dirigida por un joven e interesante realizador, Nabil Ayouch, nacido en París, hijo de padre marroquí y de madre de origen tunecino, que ha sabido enlazar su filmografía a su país de origen paterno, pues dos de sus largos se ambientan en Tánger y la de Ali Zaoua, en Casablanca.

TRAILER

Ali Zaoua, príncipe de Casablanca, que en su título original es “príncipe de la calle”, relata la pequeña, sórdida y dura historia de cuatro amigos que malviven en los suburbios de una gran ciudad marroquí. En cuanto aparecen en la pantalla, quienes somos de Marruecos, les reconocemos de inmediato: imagen exacta de personajes sacados de la realidad que hemos visto y vemos a diario en los barrios más deprimidos del país. Sigue leyendo

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CARLOS TESSAINER Y TOMASICH, escritor larachense

CARLOS TESSAINER

    (…) <Como en un pueblo forzosamente abandonado por sus habitantes y luego anegado por las aguas de un embalse… vivimos en un mundo que ya no existe -nuestro pueblo, nuestro lugar- y que, sin embargo, siempre nos deleitamos en revivir en las conversaciones.

Europeos procedentes de Marruecos y dispersos por medio mundo nos sorprendemos al encontrarnos en los más dispares y recónditos lugares y al instante una singular camaradería se establece entre nosotros. La animada y larguísima conversación que entonces se entabla nos hace cómplices de un pasado que otros no comprenden <¡Ah! ¿pero es que sois moros?> y sirve de bálsamo para una herida mal curada que anida en el fondo de nuestro ser.
No somos racistas, ni colonialistas, ni imperialistas; todo lo contrario. Tras los procesos de independencia, siempre se ha puesto el énfasis en la justa lucha de los pueblos colonizados por el logro de su libertad. Pero pocas veces se ha mencionado el hecho de que, a causa de ello, cientos de miles de europeos, nacidos y criados en remotos lugares de África y de Asia, un día se vieron obligados a abandonar aquella tierra que, en el sentido amplio de la palabra, era para ellos la suya. Trasplantados todos nosotros a la Europa de nuestros mayores, somos así testigos de un episodio político -el colonialismo- del que no sólo fueron víctimas los pueblos conquistados.

Desvelado por el motivo que tendría mi abuela para que la acompañase al día siguiente, era como si la congoja que ya sentía dentro de mí fuese una especie de almuédano que de forma inconsciente me estuviese anunciando todas las reflexiones que acabo de contar y a las que, lógicamente, he llegado con el transcurso del tiempo.

A través de las ventanas, abiertas para aliviar el calor estival, llegaba ronco y furibundo el rumor del oleaje precipitándose sobre el acantilado. El bramido del mar y el inicio de una brisa fresca y gratificante me hizo comprender que se había iniciado la pleamar.

Como para quien vive largo tiempo junto a una estación de ferrocarril llega un momento en que no oye el paso de los trenes, igual nos ocurría a nosotros con el mar. A veces, en invierno, veíamos al Atlántico presa de gran agitación estrellándose contra las rocas de la costa, incluso sepultando momentáneamente bajo sus aguas el semáforo en que finalizaba el espigón que daba acceso al puerto. Y no obstante, especialmente fuerte debía ser el temporal para que el rugido del mar nos hiciese caer en la cuenta de su existencia.
Aquella noche, sin embargo, tal vez la vigilia o quizás los nervios me hicieron reparar en el rumor de un oleaje que también dejaría. A pesar de esta nueva pérdida que mi mente ahora sumaba a la de tantas otras, fue ese ruido monótono y profundo lo que, junto al alivio de la temperatura que se produjo, me hizo conciliar el sueño.

Dormí profundamente. Siempre he soñado mucho en el transcurso de la noche: la zozobra de mi mente hizo que en aquella ocasión soñase con las situaciones más distintas y peregrinas, donde se mezclaban personas y circunstancias en lo que, ya despierto, me pareció en principio un auténtico lío. Pero aquel caos tenía, no obstante, un hilo conductor: a lo largo del sueño fueron desfilando por mi mente distintas personas -casi todas ellas amigos o compañeros de colegio- que, pertenecientes a diversas etapas de mi aún corta edad, protagonizaban, bien por separado o en grupo, distintos episodios -o sueños- ordenados cronológicamente y en lugares dispares y reales de la ciudad. Así, soñé con mi amiga Mariuca jugando en el Jardín de las Hespérides; con mis amigos Cholo y Miguel buscando cigarrones en el Balcón del Atlántico; con Eduardo, Pili y Maite fabricando quimeras en nuestro primitivo laboratorio…

Dicen los que han estado a las puertas de la muerte que hay un momento, quizás un instante, en el que, de manera vertiginosa pero ordenada, se sucede por la mente todo lo vivido hasta entonces. Quizás no sea necesaria la inminencia de la muerte física para que ello ocurra. Hay otras formas de morir, y yo al dejar Larache moría un poco. Aquella noche de incesantes sueños era la prueba de que mi subconsciente hacía una especie de balance de lo vivido hasta entonces. Su destino no era la Otra Vida, pero sí otra vida que a las pocas horas me envolvería y que se anunciaba con una mezcla de ilusión, dolor y vértigo>.

 Este párrafo pertenece al primer capítulo de la novela <Los pájaros del cielo>, del escritor larachense CARLOS TESSAINER Y TOMASICH, y es toda una declaración de principios que suscribo en su integridad.

Aunque en otro capítulo transcribiré párrafos de su obra que hablan de Larache, es decir, Larache vista por Carlos Tessainer, como aperitivo para quien se acerca por vez primera a su obra narrativa creo que este extracto de su novela es elocuente.

Carlos Tessainer nació en Tetuán en 1956, pero es y se siente larachense porque allí es donde vivió durante su infancia y adolescencia. Es Doctor en Geografía e Historia, de ahí que haya escrito quizá el mejor ensayo sobre la figura del Cherif Raisuni: <El Raisuni, aliado y enemigo de España>, editado por Algazara, en Málaga, en 1998, libro del que ya he hablado en otra ocasión, pero al que prometo volver. Y también publicó en 1994: <Francisco de Asís, el rey consorte>.

Como novelista, Carlos tiene publicados dos magníficos libros ambientados en Larache: <Los pájaros del cielo> (Ediciones Sarriá – Málaga, 2001), novela de la que he escogido el extracto anterior, y que recomiendo, y <El árbol del acantilado> (Ediciones Sarriá – Málaga, 2006), quizá su obra más representativa, con la que fue finalista del X Premio de Novela Fernando Lara 2005. Cuenta la historia de un amor, pero también el relato del reencuentro entre dos religiones y dos culturas separadas durante cerca de quinientos años. Tras un largo y amargo desencuentro, los sefardíes y los españoles volvieron a encontrarse en el Protectorado español del norte de Marruecos…

Pero como digo, prometo volver sobre estos dos libros para que os deleitéis con su manera de escribir sobre Larache.

Para terminar este breve artículo, no puedo evitar transcribir también algo que Carlos me contaba hace muy poco de cuando vivíamos en el mismo edificio del Balcón Atlántico –por cierto, yo también me embelesaba como él mirando esa araucaria que presidía Villasinda-, y lo que me contaba Carlos era lo siguiente:

<Sergio, ayer por la noche <navegué> por parte de tu blog. De pequeño, te recuerdo igual a la fotografía en que apareces solo en la fuente de  azulejos que había en la Plaza de España, con tu cabeza grande y redonda, que no se parece en nada a <la que ahora tienes>. No creo que te cabrees por lo que te comento, que lo hago desde el recuerdo y con profundo cariño.

     Sale una foto entrañable y a la vez triste para mí, que es la casa del Balcón del Atlántico donde vivíamos, que de la humedad que corroe su fachada, parece que ha sufrido un incendio. Sé bastante acerca de la construcción de este edificio, pero ahora no quiero divagar.

Edificio en el que vivimos, avenida Mulay Ismail, Balcón Atlántico. Foto de abril 2012

     Dices que fue vuestra primera casa en Larache. Puede que en puridad sea cierto. Pero cuando se casaron tus padres, su primera casa fue justo encima de donde vivíamos nosotros, en el portal anterior al que tú recuerdas. Entonces era la calle General primo de Rivera nº 7 y luego fue y es Muley Ismail 17 (o quizás 19, que ya se me va la olla).

     Tus padres alquilaron esa pequeña y bonita casita (o piso). Lo alquilaron porque quedó libre al marcharse los que allí vivían. ¿Y sabes quiénes eran? pues Paco y María, los <personajes> que llevé a mi novela de <El Árbol del acantilado>.  Ya ves <los círculos de la vida>. Yo era muy pequeño; creo que debía tener tres o cuatro años. Tus padres eran veintiañeros. Tu madre era <Maru, la de Barce>. Pero cuando en casa se referían a ellos, siempre hablaban de <los recién casados>. Es una muletilla que se me ha quedado grabada en la mente. Lo que no sé es si tú naciste viviendo tus padres allí y al poco tiempo os fuisteis al portal de al lado. Pregúntale a tu madre. Pero <seguro que te fabricaron allí>.  Espero que no te moleste lo que te digo y por el contrario, te haga ilusión.

     El piso que tú recuerdas, en él vivía un compañero de trabajo de tu padre, que era José Luis Amado y su mujer Carmeluchi, con sus hijos Mariuca y José Ramón. Quedó libre el piso de al lado del que tú recuerdas, al marcharse el doctor Mayor, que pasaba allí su consulta. A él se mudaron los Amado, y tus padres, se mudaron al que ellos dejaron vacío. Con la primera amiguita que tuve (Mariuca), ayudé a tu madre en más de una ocasión a hacer tu cuna (sería en vacaciones), pues no sé por qué, <íbamos a casa de Maru>; dirás que estoy loco, pero recuerdo una <canción> que te cantábamos y que decía: <Hola, hola, hola, Pirulo es una bola; ea, ea, ea, el niño se mea>. Ellos se marcharon a Casablanca en 1964, y después a Madrid    

     Uno de mis sobrinos me dice que tengo mi <disco duro> lleno de información  inútil. No sé, a lo mejor sirve para que alguien de vez en cuando sienta satisfacción al oír cosas que no sabía o tal vez tenía olvidadas. 

     Un abrazo, Carlos>

 Querido Carlos, ojalá todos tuviésemos el disco duro lleno de información inútil como la que cuentas, porque gracias a esa información inútil la vida es un poco mejor.

Sergio Barce, mayo 2012

BALCÓN ATLÁNTICO

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