
<El vivo interés que ofrecía Larache para Felipe II tenía ya un antecedente en la figura de su progenitor, el primero de los Austrias, según parece indicarnos un documento del siglo XVII a través del siguiente párrafo: “Larache, tan deseado del Emperador Carlos V y del rey Felipe II, nuestro señor, y costado tanto al Tercero…”>
<…poseer Larache suponía, ante todo, seguridad para la integridad de España, adelantándose a su ocupación por otras potencias cuya proximidad a las costas españolas las haría aún más peligrosas, tales como Turquía, que tanto lo deseaba, u Holanda, que no disimulaba sus ambiciones a este respecto. Era también seguridad para la economía española por cuanto el dominio del puerto del Lucus hacía factible la protección contra la piratería de los “convoyes de la plata”, obligados a utilizar tales derroteros a su regreso de las Indias y, finalmente, seguridad asimismo para la política hispana al contar con una avanzadilla en la costa atlántica marroquí especialmente en los tiempos en que aún no habían pasado a España las plazas portuguesas del mar Océano. Mas, si grandes eran los deseos del monarca español por conseguir Larache, lo cierto es que no llegó nunca a emplear la fuerza para dicho propósito… (…) Antes de dicho año (1576), sin embargo tuvo lugar la única acción militar que se le conoce a Felipe II contra Larache y aun ésta no llevaba implícito sentido alguno de conquista. Parece ser que en 1564, en un simple intento de contrarrestar la piratería que tenía su base en dicho puerto, envió a don Álvaro de Bazán, con el propósito de cegar el acceso al mismo. Para ello se pensaba hundir en sus aguas un gran navío. La artillería de la plaza impidió el intento y el susodicho barco fue incendiado. Sobre este suceso se cuenta con muy pocos datos. Una operación similar sería llevada a cabo posteriormente con éxito por el propio don Álvaro. En el mes de marzo de 1565 el citado capitán consiguió hundir once navíos cargados de piedra y cemento en el río Martín, obstruyendo con ello la entrada a la también famosa base corsaria de Tetuán.>

Diario de Line
sobre fondo lorquiano
Este es el título que me sugiere la lectura de tu libro sobre García Lorca. Los textos de Lorca traducidos por ti son el telón de fondo para ilustrar tus vivencias y tus sentimientos y sensaciones en determinadas épocas de tu vida. Ayer tarde leí el libro de un tirón y ahora expongo mis impresiones. Si no lo hiciera ahora quizás no lo haría nunca.
Me gusta como relatas tus clases de español como primer idioma y tu relación con alguna profesora, la anécdota que cuentas cuando por vez primera pronuncias “Soy Line” me recuerda a la primera vez en que Mme Chambrette me hizo decir mi nombre y apellido en francés: «Je m’appelle Léon Cohen». Tu descubrimiento de la literatura y de cómo este te aleja del quehacer diario en la casa de tus padres. Tu madre, la mujer del zapatero que decide trabajar en contra de la opinión de su marido León Amselem (un apellido de origen bereber), ese pequeño conservador nacido en 1929 en Larache durante el Protectorado Español, y franquista convencido. Franco, el pequeño dictador gallego, descendiente de los judíos Franco, apellido cuyo origen viene de aquellos judíos que tenían franquicia para salir del barrio judío en Galicia. Ni Franco ni sus seguidores eran bienvenidos en casa de mi abuela Luna, porque ellos fueron responsables de la muerte de su joven hijo Yudá durante la Guerra Civíl, como bien sabes por mi relato: El linotipista del Heraldo de Marruecos. En Larache fueron algunos los judíos fusilados por los franquistas, mi padre y Ruben Benkessus (un vecino de tu padre) se encargaban de enterrarlos en la cárcel.
Me gusta como describes tu descubrimiento de Salamanca «la universitaria» y tu inesperado encuentro con el gran amor. Ese joven flaco cuya presencia trastornó tu vida. También nos cuentas su muerte inesperada cercano a los cuarenta, tan joven. No a todos nos está permitido vivir lo que nos toca. Los muertos en carretera nos lo recuerdan todos los días. Tu soledad, tu dolor, tu duelo, todo ello envuelto en un velo de ternura y de pudor que alcanzan al lector en lo más profundo.
Line la traductora, esa mujer tierna que en palabras suyas, se deja atravesar por el texto a través del filtro de su cuerpo y de su vida. Qué imagen más seductora y que bien expresada en palabras.
Por fin la visita a Larache, con recelo, con desconfianza, además llovía abundantemente, qué mala pata, cuando Larache es sobre todo sol y mar. Larache a la que extrañamente Jean Genet escogió para morir y ser enterrado.
Y Federico de fondo, sus textos como pretexto. Me has hecho recordar que durante mi servicio militar en 1968, en Córdoba, durante el tardofranquismo, un grupo de amigos ensayamos durante meses algunos textos del poeta maldito, algunos incluso con guitarra flamenca de fondo y dichos por jerezanos y gaditanos que les dábamos una fuerza inusual. Como era de esperar no nos permitieron la representación. Uno de esos textos volvió a visitarme en 2011, cuando fui invitado a dar la Lección Inaugural del curso en la Universidad de Cádiz.
Durante toda la lectura, traté de contextualizarte y de adivinar tu edad, te situé en 1960, pero tú misma me informaste de que había cometido un pequeño error de seis años. En 1966, yo tenía diecinueve. Me ha encantado conocerte como escritora y como persona. Creo finalmente que somos dos sensibilidades gemelas.
Leon Cohen, julio 2014
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