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MI MADRE SE HA MARCHADO

María (Maru) Gallardo y Antonio Barce, en el Balcón del Atlántico

Maru Gallardo y Antonio Barce, en el Balcón del Atlántico

Mi madre se ha marchado de viaje hace apenas un rato.
Es un viaje sin retorno.
Desde hace catorce meses y medio ha luchado con fiereza, pero, al final, la enfermedad ha podido con ella tres días después de cumplir setenta y seis años. Injustamente, le ha impedido realizar ese sueño que tenía previsto para el pasado mes de julio: ir a Larache y a Alcazarquivir con sus nietos. No ha podido ser.

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Sin embargo, hoy, sorprendentemente, se ha levantado de la cama en la que ya llevaba postrada unas semanas, ha cogido sus dos maletas: la pequeña, donde lleva su ropa y los objetos de aseo, y la otra, más grande, con ropa de otras tallas, zapatos y juguetes para algunos amigos que lo necesitan. Siempre lo ha hecho así, y estoy seguro de que hoy no ha variado su rutina.
Como este tipo de viaje es más rápido que el habitual, intuyo que habrá llegado ya a Larache. No tengo ninguna duda de esto.
Su decisión ha sido fácil. Se ha ido a donde siempre le han dado cariño, afecto y calor, al pueblo donde siempre ha sido feliz: a Larache. Y como no sé por dónde anda en estos momentos, me la imaginaré en la azotea del edificio donde vivimos allí, mirando a su alrededor, con el Balcón del Atlántico a sus pies, aguardando a que, con el tiempo, mi padre vaya a reunirse con ella, y luego hagamos lo mismo todos nosotros. Es reconfortante saber dónde podrás encontrarlos en el futuro. Tampoco en esto albergo dudas.


MARU  EN LA AZOTEA

Ahora la escucho reírse con Mercedes y con Ange al entrar en el Bazar Yebari, y a El-Hachmi saludarla a voces desde el fondo del local: ¡Maru! ¡Bienvenida a tu casa, Maru! Y ella entrando, con su sonrisa dibujada por la alegría, para recibir otro abrazo más. Allí, en Larache. En su pequeño paraíso, donde siempre la encontraremos.

En Larache: Mercedes, Maru, Ange y Maribel

En Larache: Mercedes, Maru, Ange y Maribel

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«PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE», RELATOS DE SERGIO BARCE

ESTA SEMANA, POR FIN, RECIBO DE LA IMPRENTA LOS EJEMPLARES DE MI NUEVO LIBRO

«PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE»

PARA ADQUIRIRLO, PODÉIS MANDAR UN CORREO A MI DIRECCIÓN:

barceabogado@gmail.com

Y OS LO ENVIARÉ CONTRA REEMBOLSO.
A PARTIR DE SEPTIEMBRE INDICARÉ LAS LIBRERÍAS EN LAS QUE PODRÉIS ENCONTRARLO.

EL LIBRO, EN PRINCIPIO, SE PRESENTARÁ EN:

MÁLAGA, MADRID, CÓRDOBA, SEVILLA, VALENCIA Y LARACHE. Y, PROBABLEMENTE, TAMBIÉN EN TÁNGER.
LAS FECHAS LAS IRÉ ANUNCIANDO CON ANTELACIÓN.

Para quienes preferís el formato ibook, podéis adquirirlo a través de Amazon en el siguiente enlace:

http://goo.gl/KYYVDN

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

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ESPARTACO (SPARTACUS, 1960)

SPARTACUS 1

Espartaco (Spartacus, 1960). Habré visto esta cinta más de treinta veces. Y no exagero. Maravillosa. Soy admirador de Kirk Douglas, el hijo del trapero, y de Dalton Trumbo, que siempre me pareció el hombre más valiente. Este artículo de Elsa Fernández-Santos publicado hoy en El País me los trae de regreso, y confirma todo lo que digo… Y quiero hacerme con ese libro de Kirk Douglas en cuanto salga a la venta… Necesito alimentarme con gente que merezca la pena. Gente de una pasta que ya es muy difícil de ver. Gente a la que admiro profundamente.
                                                                   Sergio Barce, agosto 2014

El enlace a El País para leer el artículo que reproduzco más abajo es:

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/08/07/actualidad/1407435018_563616.html

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«DOS HISTORIAS QUE QUIZÁ SOLO SEA UNA», POR EL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN

Rompiendo quizá la costumbre de agregar a mi blog textos de León Cohen que suelen ambientarse en Larache o estar vinculados de alguna manera a Larache, en esta ocasión nos hemos lanzado a colgar dos textos que, si bien pudieran parecer muy diferentes, como dice su propio autor, tal vez solo sea la misma historia narrada de diferente manera. Y es que tanto el primer texto, que es más ensayo, titulado Historia de un cuento (Reflexión sobre el proceso creativo) como el segundo Cuento de Navidad 3, por el contrario puro relato que se alimenta de muchos géneros, ambos, como decía, se mezclan y plantean al lector el mismo desafío: la creación y sus consecuencias. Dos historias que quizá solo sea una, pero que, en cualquier caso, nos hacen reflexionar y valorar el esfuerzo que todo escritor hace cuando se enfrenta a una historia que contar.
Sergio Barce, agosto 2014

LEON COHEN MESONERO

LEON COHEN MESONERO

Historia de un cuento
(Reflexión sobre el proceso creativo)

Todas las navidades se sentaba para dar forma definitiva al mismo viejo cuento, cuya primera versión a la que tituló “Cuento de Navidad”, empezó y acabó de escribir en 1984, aunque esta nunca le había convencido. A lo largo de los años había intentado modificarlo de maneras diversas, conservando el núcleo y el mensaje, pero no conseguía un final de la historia aceptable para él. Le producía desazón no haber terminado una tarea que para él había supuesto, sin saber muy bien por qué, un reto personal. Ahora, en plena primavera, treinta años más tarde, se había decidido a concluir de una vez su versión final del cuento.
En esa versión original, un cuento corto, que no abarcaba más de un folio, había tratado de transmitir una idea que le rondaba desde siempre: Con el objetivo de salvar al mundo, un equipo de científicos crea artificialmente un ser, al que imbuyen de todas las virtudes y capacidades de los grandes personajes de la historia moderna. Al menos, de aquellos personajes que el escritor consideraba en su momento los representantes de valores morales eternos, como lo fueron: Jesús de Nazaret, Francisco de Asís, Gandhi, Che Guevara, Lutero King o Mandela… El autor, sin pretenderlo conscientemente, quiere reinventar a Dios, al fundir en un ser nuevo todo lo que él contempla como valores éticos. Descontento con el mundo que le ha tocado vivir, el equipo de investigadores quiere redimirlo, trayendo a un nuevo mesías. Sorprende en un primer análisis, que el autor agarrándose al concepto moralista de regeneración, repita una historia de hace dos mil años, que ya ha demostrado su estrepitoso fracaso. Pero el final del cuento desmiente ese primer análisis, pues el profeta vuelve con un mensaje desesperanzador, sin retorno:
-Ya nada se puede hacer en un mundo tan podrido, es demasiado tarde.
El autor no cree por lo tanto en la salvación y crea a un dios impotente ante un mundo perdido. Se trata pues de un pesimismo moralizante, que queda reflejado en esta hermosa frase de Edgar Allan Poe que figura al principio del cuento: “Entre tus esperanzas y el cielo: ¿No parece suspendida para siempre una densa, lúgubre, ilimitada nube?“. A pesar de la sencillez aparente de la idea que expresa el cuento, este se presta, sin embargo, a diversas lecturas.

MANHATTAN

En la segunda e inacabada versión escrita transcurridos más de veinte años, el autor decidió situar la historia en Manhattan, quizás llevado por el especial significado de esa ciudad para él, así como por sus propias recuerdos visuales plasmados en sus visitas relativamente frecuentes y en la cantidad de películas norteamericanas que tienen como paisaje de fondo la navidad, una navidad por supuesto edulcorada.
Manhattan ya estaba presente en el primer cuento y en el pensamiento del autor, si bien no aparecía de manera explícita. El autor aludía implícitamente a Nueva York aunque no la citara. Esta puede ser la razón por la que en esta segunda versión, el narrador aporta una breve descripción de la ciudad que le sirve para situar la acción y al lector. También se detiene y se toma su tiempo, para dibujar determinados rasgos de la personalidad de algunos de los personajes principales del cuento.
¿Cuál era pues su intención no manifestada, alargar el cuento o hacerlo menos impersonal? Parece más bien que el escritor hubiera madurado en esos años y hubiera aprendido que una historia sin personas es una historia hueca. El lector, no solo ha de entender lo que se cuenta y por qué se cuenta, sino que ha de sentir también simpatía o antipatía hacia los protagonistas de la acción. Si no se establece ese necesario nexo de unión entre los personajes del relato y el lector, este último difícilmente se sentirá atraído e interesado, y los hilos de una potencial complicidad dejarán paso a los de la frialdad o la indiferencia. Había ocurrido, en definitiva, que el cuento había evolucionado paralelamente a la evolución del propio autor, como no podía ser de otra manera.
¿Cuál es la situación en esta primavera de 2014? Partiendo de un guión establecido, el autor retoma la narración y lo primero que se plantea es realizar una análisis exhaustivo de las dos versiones anteriores, que ha tratado de exponer y resumir en lo que antecede. El narrador se halla en un impasse que lo mantiene bloqueado, porque muy a su pesar no acaba de creer en una nueva versión de lo mismo, ya que como mucho conseguiría el mismo cuento con más detalles, o sea, un cuento inflado. ¿Qué hacer? El proceso creativo no es lineal, está sembrado de paradas y de dudas. Cuando uno lee un cuento o un relato, no imagina por cuantas vacilaciones ha pasado su autor y cuantas modificaciones ha sufrido cada frase, cada palabra, antes de que su autor la considerara como aceptable, nunca perfecta. Siempre hay lugar para retocar un cuadro por muy acabado que parezca.
¿Por dónde y cómo empezar entonces la tercera versión? Manteniendo la introducción, al narrador se le antoja que hay que enriquecer el relato de los personajes y ahondar en la descripción de su personalidad. Y en ese intento, una noche, mientras concilia el sueño, le asalta como venido del Más Allá, el recuerdo de uno de sus grandes amigos de siempre desaparecido hace unos años: Bentahar Sbai Abdelaziz, más conocido como Zizi. Es como si su amigo, en un intento de ayudarle, le brindara la oportunidad de elegirlo como protagonista del cuento. Esta es una buena ocasión para rendirle un homenaje de cariño y consideración, se dice antes de quedarse dormido. Hecho curioso aunque no sorprendente, es que esa misma noche sueña con él y este le recuerda en primera persona o eso cree el narrador al despertarse, que su amigo falleció un 23 de septiembre del año 2007, hecho a verificar, pues los sueños, sueños son.
De repente, el autor o el cuento deciden que ha llegado el momento de hacer una pausa y que durante ese entreacto, el cuento se pronuncie sobre su continuación. Pasados unos días, en los que apenas ha retocado algún adjetivo y modificado o añadido alguna frase, el narrador retorna a su trabajo, pero el cuento sigue estancado. ¡Nada que hacer! Mientras tanto, ha tenido un encontronazo vía email, con un crítico literario argentino, de esos que emiten juicios supuestamente académicos, a base de frases y sentencias “dejà vues”, llenas de tecnicismos lingüísticos epatantes pero carentes de profundidad y contenido reales. El autor no encuentra la manera de salir del impasse, incluso modificando el guion. Parece como si el cuento primero se resistiera a sufrir ningún tipo de cambio sustancial. Como si tuviera vida propia y se opusiera a perderla. Ante esta coyuntura, al narrador no le queda otro remedio que mantener el guion original y completarlo con alguna descripción más detallada, respetando así la versión de 1984. Se siente frustrado y aliviado a un tiempo, pero su decisión parece irrevocable y definitiva. Ocurrió entonces, que en la noche del 25 de abril tuvo un sueño donde el propio cuento a través de sus personajes, acudía en su auxilio y le enseñaba el camino para poder continuar.
Primero fue Franz K., el protagonista de la última versión, quien comentó: “-La creación literaria tiene caminos y veredas ocultos que solo la paciencia y la constancia del escritor avezado pueden descubrir. Conocemos el sufrimiento de toda creación, pues nosotros los personajes del cuento de navidad, también fuimos creadores y tuvimos que vencer noches de vigilia y de desesperanza, pero ahora sabemos que ningún esfuerzo es vano si se consigue el objetivo. Saber esperar es poder encontrar.”
Zizi, otro de los personajes del cuento de navidad se sumó a su compañero y añadió: “- Un escritor no debería nunca retomar o reabrir una obra propia ya acabada para tratar de versionarla nuevamente, aunque su intención fuera mejorarla. Sería como intentar resucitar a un muerto. Por eso te invito a seguir por el camino que te hemos trazado y olvidar para siempre tu cuento de navidad”.

Leonard Cohen
Los hermanos Young también se pronunciaron en un sentido parecido:
“-Las obsesiones no son buenas nunca, tampoco en literatura. Verás, nosotros nacimos y morimos a partir de tu pluma. Es inútil pretender rescatarnos. Tuvimos nuestra misión y la cumplimos, aunque el resultado final no fuese el deseado. Querer cambiar el mundo no es tarea de pocos. Sustituir al dios de los hombres aunque sea con la mejor intención, es una locura, como así demostró el final de la historia de un hermoso sueño que empezó a fraguarse una tarde de otoño del día doce de diciembre de un año cualquiera, de la que fuimos protagonistas. Sin embargo, nadie podrá negarnos la felicidad que compartimos en esa lucha casi titánica por alcanzar el éxito, pues nuestra victoria hubiera sido también la victoria de la humanidad. La felicidad está solo al alcance de los visionarios, de aquellos que orientan su vida al conocimiento y al esfuerzo para ayudar a los demás. ”
Aroni Muyal zanjó con una frase definitiva: “-Solo la Utopía es realista”.
El cuento le abría las puertas de su imaginación y le permitía alejarse por fin del guion preestablecido treinta años antes. El cuento, su cuento de navidad, se estaba descomponiendo y sus personajes escapando de él y retomando la palabra para construir otro cuento. El propio narrador se estaba convirtiendo sin quererlo en protagonista de la historia que narraba. Algo mágico estaba sucediendo. Sorprendido por lo que estaba ocurriendo, el narrador sintió a un tiempo vértigo e ilusión, pero optó por seguir el consejo de sus personajes y dio por terminado el cuento en su tercera versión. ¡Por fin!
León Cohen Abril de 2014

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