Archivos Mensuales: marzo 2020

MINA

Lástima no contar más que con esta fotografía o al menos haber podido conservar alguna otra con mejor calidad. Pero es lo único que, de aquellos años, guardo de recuerdo de Mina, la mujer que me cuidó de pequeño en Larache, la que preparaba aquellos platos inolvidables de cuscús, harira y tayine, la que me llevaba al farrán para sentarnos allí hasta que el panadero nos entregaba las tortas recién hechas y los dulces que Mina había preparado previamente en casa y que allí se horneaban sin prisas. En el farrán permanecíamos con las manos enlazadas observando absortos las llamas, y, cuando yo desviaba los ojos para mirarla, el resplandor del fuego se reflejaba en la negra piel de Mina, como si se tratara de una mujer hecha de ébano.

Algo de esto lo narro en Mina la negra, uno de los relatos que forman parte de mi libro Paseando por el zoco chico, larachensemente (Ediciones del Genal – Málaga, 2015 – ISBN-978-84-16021-67-3).

MIGUEL A, SERGIO, MINA Y MARISOL Y MONI

Miguel Alvarez, Sergio Barce, y MINA entre Marisol y Mónica Barce, en el cumpleaños de Mónica

Tardé 32 años en reencontrarme con Mina. Jamás olvidaré ese momento. Tan emocionante, tan triste, tan alegre. Fue una borrachera de sensaciones. Nos mirábamos y Mina no dejaba de sonreírme. Pese a la ausencia, a la distancia, a la frontera del tiempo, y sin ni siquiera ser conscientes de ello, nuestro cariño seguía intacto. Bajo la mtarba que se aprecia en esta segunda foto, detrás nuestra, Mina guardaba el pequeño  molinillo de metal con el que me preparaba sus pastas. Treinta y dos años aguardando a que regresara para prepararlos de nuevo. 

Mina sigue en mi corazón.

Sergio Barce, marzo 2020

mina y yo

MINA Y SERGIO, 32 años después

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ENTRE «EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS» Y «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER»

EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS

(Ediciones del Genal – Málaga, 2016)

ISBN – 978-84-16871-01-8 

“Entre Málaga y Tánger, entre tiempos presentes y pasados, entre recuerdos que transitan en la memoria del protagonista, Barce compone una novela negra llena de amor por los libros, el cine y los ambientes cargados de humo.

Víctor Pérez, poeta”

SB Y MIS LIBROS

LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

(Ediciones del Genal – Málaga, 2015)

ISBN – 978-84-16021-46-8 

Finalista del XVII Premio de Novela

“Vargas Llosa” 2012

&

Finalista del XXII Premio de la Crítica

de Andalucía de Novela 2016

Tánger, ciudad Internacional. Finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta.

Augusto Cobos Koller es un escritor atormentado que desahoga sus frustraciones con la droga, el alcohol y las mujeres. Incapaz de llevar una vida ordenada, sus relaciones son tan caóticas como pasionales.

Durante una de sus noches de juerga, un capitán falangista es asesinado en extrañas circunstancias, y Augusto Cobos se convertirá  inesperadamente en uno de los sospechosos para la Policía  Internacional.

Mientras el inspector Barrada investiga lo sucedido, Augusto Cobos ve cómo su vida se va desmoronando mientras trata de encontrar desesperadamente a la mujer que lo redima, a su emperatriz.

En esta novela descubriremos personajes que, por diferentes razones, se refugiaron en aquel Tánger mítico: desheredados, fugitivos y aventureros, unos reales y otros ficticios… Esther Lipman, Emilio Sanz, las Gerofi, el capitán Iriarte, Paul y Jane Bowles, Ángel Vázquez…

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DE NUEVO, RICHARD FORD

  He dedicado algunos artículos a Richard Ford (sobre sus novelas Canadá y La última oportunidad, para ser más exactos, y también con motivo de la concesión del premio Príncipe de Asturias), y no es necesario decir que es uno de mis autores de cabecera. Desde Un trozo de mi corazón (A piece of my heart, 1976) hasta su último libro, pasando por su trilogía con Frank Bascombe como protagonista en El periodista deportivo (The sporswriter, 1986), El día de la independencia (Independence day, 1995) y Acción de gracias (The Lay of the Land, 2006), todo me parece de una calidad fascinante. Así que, de nuevo, regreso sobre Richard Ford.

Cuando cerré las páginas de su novela Incendios (Wildlife, 1990), me dejó esa sensación que suele habitar en sus historias, la de la devastación o al menos la de un triste vacío. Richard Ford tiene la habilidad de narrar esta pequeña tragedia desde el prisma de un adolescente que comienza a descubrir los sinsabores de la vida, pero tratándolo con un cariño casi protector. Percibimos a través de su relato el progresivo desengaño que va desbordando a ese personaje día a día, cómo su visión de la vida adulta va girando poco a poco hasta sentirse expulsado de ella, como si fuese un testigo incómodo de cuanto los mayores hacen o dejan de hacer.

INCENDIOS

Su padre, que ha ido fracasando en los objetivos que se iba marcando, se convierte de pronto en un brigadista que lucha contra el fuego durante tres días, jornadas que serán fundamentales para el futuro de Joe, que es como se llama el joven protagonista. Pero su padre no acabará siendo ningún héroe. Y su madre conocerá a otro hombre que a ojos de Joe no es sino alguien que le incomoda y que le hace verlo todo de forma turbia y compleja. Toda la vida de Joe queda patas arriba. Pero, como decía antes, Ford logra que nos alistemos al bando de este chico y que sintamos por él una especie de afecto y de simpatía, de compasión, e incluso a veces querríamos hasta protegerlo de la realidad.

“…Yo quería responderle algo, aunque no estuviera hablando conmigo sino consigo, o con nadie. No tenía intención de contarle a mi padre nada de aquello, y quería que ella lo supiera, pero no quería ser el último en hablar. Porque si decía algo, cualquier cosa, mi madre guardaría silencio como si no me hubiera oído, y yo tendría que vivir con mis palabras -fueran cuales fueren- tal vez para siempre. Y hay palabras -palabras importantes- que uno no quiere decir, palabras que dan cuenta de vidas arruinadas, palabras que tratan de arreglar algo frustrado que no debió malograrse y nadie deseó ver fracasar, y que, de todas formas, nada pueden arreglar. Contarle a mi padre lo que había visto o decirle a mi madre que podía confiar en mi absoluta discreción eran palabras de esa clase: palabras que más vale no decir, sencillamente porque, en el gran esquema de las cosas, no sirven para nada.”

(Fragmento de Incendios <Incendies>, con una elegante y cuidadísima traducción de Jesús Zulaika)

Rock Springs

Tan emocionante y conmovedor como la novela Incendios (Wildlife) lo es el libro de relatos Rock Springs (1987), igualmente primorosamente traducido por Jesús Zulaika. Se trata de diez narraciones que nos adentran en el mundo fordiano, lleno de pequeñas tragedias, casi siempre de la mano de un niño o de un adolescente, con familias devastadas por circunstancias que no controlan o provocadas de manera accidental o por el devenir de decisiones equivocadas o a las que empujan la propia vida diaria. En cualquier caso, sus páginas de nuevo se llenan de emoción y nos inunda a veces la compasión por estos personajes que avanzan de derrota en derrota.

“…Una conciencia tranquila es un asco de conciencia -le dijo Claude a su padre por la ventanilla…”

(Del relato titulado Niños)

Y es verdad, ninguna conciencia en los personajes que transitan Rock Springs es una conciencia tranquila. Richard Ford no nos deja indiferente ante ninguna de esas vidas que retrata de manera tan minuciosa y detallista. Hay pasajes memorables en este libro de cuentos, en el que no falta humor, cinismo, drama, y tragedias y pequeñas alegrías. El relato titulado Imperio es, sencillamente, magistral.

“…Sims vio por primera vez a Pauline en Spokane, en una fiesta. Una orgía de alcohol y drogas. Sims estaba sentado en un sofá, charlando con una persona. A través de la puerta de la cocina vio a un hombre pegado a una mujer, manoseándole el pecho. El hombre bajó la parte delantera del vestido de verano de la mujer y le dejó al aire ambos pechos; luego se puso a besárselos mientras la mujer le masajeaba el sexo. Sims comprendió que creían que nadie los estaba viendo. Pero cuando la mujer abrió de pronto los ojos se encontró con la mirada de Sims, y sonrió. Su mano seguía asiendo la verga del hombre. Sims no había visto una mirada más inflamada en toda su vida. Su corazón latió deprisa, y le asaltó una sensación como de ir pendiente abajo en un coche sin control en medio de la oscuridad. La mujer era Pauline.”

Desde Rock Springs, que da título al volumen, hasta el último de los relatos, Comunista, la magia de Richard Ford nos envuelve con su prodigioso dominio del cuento corto. No en vano, es uno de los narradores más poderosos y uno de los maestros indiscutibles del relato. Más aún, en mi mesita de noche tengo siempre a mano la primera edición de su Antología del cuento americano <Selección y prólogo de Richard Ford> (2001) que publicó Galaxia Gutenberg en 2002.

Escribe Ford lo siguiente en el octavo relato de Rock Springs, titulado Optimistas:

“…Las cosas más importantes de una vida cambian a veces tan súbitamente, tan irreversiblemente, que su protagonista puede llegar a olvidar lo más esencial de ellas y sus implicaciones; hasta tal punto queda prendido por lo fortuito de los sucesos que han motivado tales cambios y por la azarosa expectativa ante lo que habrá de suceder después. Hoy no logro recordar el año exacto del nacimiento de mi padre, ni cuántos años tenía cuando lo vi por última vez, ni cuándo tuvo lugar esa última vez. Cuando uno es joven, tales cosas parecen inolvidables y cruciales. Pero cuando los años pasan se desdibujan y se pierden…”

Qué maravillosamente retratado y relatado.

Maquetaci—n 1

Tras la lectura de Flores en las grietas. Autobiografía y literatura (1992-2006), traducido por Marco Aurelio Galmarini; de De mujeres con hombres (Women with men, 1997), traducido por Jesús Zulaika; de Francamente, Frank (Let me be Frank with you, 2014), con traducción de Benito Gómez Ibáñez; de Entre ellos (Between them. Remembering my parents, 2017), de nuevo traducido por Jesús Zulaika, creo conocer mejor el mundo de Richard Ford, y cada día me parece el más sólido de los escritores americanos en vida. No hay fisuras en sus historias, en su narrativa, en su manera de abordar los temas que le obsesionan. Noto la calidez en sus palabras, su esfuerzo por salvar del desastre a esos personajes que tratan de sobrevivir como pueden, que intentan de mostrar lo mejor de ellos mismos y que, sin embargo, son arrastrados por hechos que los sobrepasan. Devastación, pérdida, soledad, desengaño.

Escribe Richard Ford en su autobiografía, antes mencionada, Flores en las grietas:

“…El silencio ha sido siempre cómplice de mi ignorancia; y la ignorancia, la inadaptación y la falta de preparación han sido siempre mis temores más intensos y familiares. Nunca me acerqué a algo difícil y verdaderamente nuevo sin el miedo a fracasar, y pronto.”

Algo que también me sucede a mí.

Y ahora, a sumergirme en su última obra Lamento lo ocurrido (Sorry for your trouble, 2019).

Todas las novelas y libros de relatos de Richard Ford antes mencionados han sido editados por Anagrama.

Sergio Barce, marzo 2020 

Lamento lo ocurrido

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MAX VON SYDOW Y MI LABERINTO

Tras la muerte de Kirk Douglas (y no me olvido de la también reciente de José Luis Cuerda), los clásicos van desapareciendo de forma inexorable y ya casi de manera continuada. Hoy ha fallecido el actor sueco Max Von Sydow. Y él tiene mucho que ver con la novela corta que publiqué el pasado año con Ediciones del Genal y Mitad Doble: El laberinto de Max. Y es que, mientras escribía, me imaginé desde el primer momento que mi personaje de Max tenía los rasgos y el físico de Max Von Sydow, a quien tanto he admirado, y por eso le di su nombre.

«…Subamos, me invita Max. Y yo lo sigo. Su espalda, efectivamente, parece la de un hombre cansado. Pero continúa siendo Max Bazlen. El exorcista. Así lo llamaban mis compañeros. Decían que se parecía al protagonista de la película. Para colmo, su nombre es Max, como el de Max von Sydow. Hoy, por fin, compruebo que tenían razón. Espero que ahí arriba no trate de expulsar al demonio que llevo dentro…»

(Fragmento de la novela El laberinto de Max)

EL LABERINTO DE MAX

Como bien apunto con otras palabras en ese libro, Max Von Sydow fue y será siempre el padre Merrin de la inolvidable película El exorcista (The exorcist, 1973) de William Friedkin; un personaje que marcó a nuestra generación.

Pero Max Von Sydow ha sido mucho más que eso. Durante los años que fui asiduo al Cine Club Universitario y a la Academia Kaplan, en Málaga, se convirtió en uno de los actores que más nos  hacía pensar tras las proyecciones de los films de Ingmar Bergman, desde El séptimo sello (Det sjunde inseglet, 1957) (me niego a hacer cualquier referencia a la mítica partida de ajedrez a la que todos se están remitiendo en todos los artículos que se publican en todos los periódicos que dedican alguna página a su muerte, y no lo hago por simple hartazgo), pues bien, como decía, desde esa película hasta La carcoma (The touch, 1971), Bergman y Von Sydow eran como uña y carne, como si el actor fuese la encarnación del realizador. Su colaboración convirtió a Max Von Sydow en uno de los intérpretes europeos más reputados, y ha seguido siéndolo durante casi siete décadas, que no es moco de pavo. Y es que la sola presencia de Sydow llenaba la pantalla, aunque actuara como intérprete de reparto, daba igual. Como muestra, un botón: su inquietante presencia secundaria en la trama de Los tres días del cóndor (Three days of teh condor, 1975) de Sydney Pollack, actuando junto a Robert Redford y Faye Dunaway, fue inolvidable y le daba un toque más sofisticado a la conspiración que se desarrollaba en pantalla.

Fue un actor que elegía bien sus papeles, y su facilidad para los idiomas hizo que actuara en distintas cinematografías sin ninguna dificultad, (dejando aparte las cintas ya mencionadas) desde la sueca, participando en otros títulos de Ingmar Bergman tan celebradas como El manantial de la doncella (Jungfrukällan, 1960), por mencionar una, hasta la americana, con títulos como La historia más grande jamás contada (The greatest story ever told, 1965) de George Stevens, La carta del Kremlin (The Kremlin letter, 1970) de John Huston, Hannah y sus hermanas (Hannah and her sisters, 1986) de Woody Allen, Minority Report (2002) de Steven Spielberg o en Shutter Island (2010) de Martin Scorsese; en la cinematografía gala, donde destaca su papel en La muerte en directo (La mort en direct, 1980) de Bertrand Tavernier; y pasando por cintas danesas como Pelle el conquistador (Pelle erobreren, 1987) de Bille August; españolas, en la estimable Intacto (2001) de Juan Carlos Fresnadillo; en films alemanes como Hasta el fin del mundo (Bis ans ende der welt, 1991) de Wim Wenders, e incluso una coproducción rodada en Marruecos dirigida por el realizador Souheil Ben-Barka, titulada Les amants de Mogador (2002).

max von

Su elegancia y su calidad interpretativa hacía que también contaran con él en superproducciones: Conan (1982) de John Milius, Dune (1984) de David Lynch, Robin Hood (2010) de Ridley Scott, Star Wars., Epidosio VII (2015) de J.J.Abrams o en Juego de Tronos (Game of Thrones, 2019) para televisión. Lo incluían en ellas porque les regalaba un toque de qualité, porque era impresionante y porque arrollaba. 

Von Sydow pertenece a esa generación asombrosa de los treinta: Clint Eastwood, Michael Caine, Sean Connery, Gene Hackman, Christopher Plummer… Vaya lista de monstruos de la interpretación.

De entre sus últimos trabajos, además de la sobriedad que usó en su papel para la mencionada Minority Report, el que probablemente me ha sobrecogido más es el que hizo para La escafandra y la mariposa (Le scaphandre etle papillon, 2007) de Julian Schnabel. Hermosísima película en la que su saber estar me emocionó.

Nos escribíamos mi hijo Pablo y yo esta mañana al saber la noticia, y le dije que si un día llegábamos a rodar El laberinto de Max (hemos comentado ya que de esa novela podría salir un guión precioso) ya no podríamos tener a Max Von Sydow para ese papel. Una lástima no contar ya con su presencia si ese sueño un día llegara a cumplirse. 

Sergio Barce, marzo 2020

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