Archivos Mensuales: noviembre 2015

«LA LIBRAIRIE DES COLONNES, 2ª PARTE: LA CALLE GOYA», UN RELATO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN

En septiembre pasado, colgaba en este blog un relato del escritor larachense León Cohen titulado La librairie des Colonnes, y ahora me envía la segunda parte.

Con este nuevo texto, regresamos, una vez más, a aquel Tánger increíble pero también tan decadente. En esa primera parte, lo hizo a través del encuentro imposible con Mohamed Chukri y con Ángel Vázquez, una forma original para desnudar las diferentes visiones que sobre la misma ciudad tuvieron esos dos autores y también la del propio León, que usando el personaje de Sol Bensusan, construye un retrato de Tánger más entrañable y hermoso que los de Chukri y Vázquez.

León Cohen a las puertas de la Librairie des Colonnes

León Cohen a las puertas de la Librairie des Colonnes

Y ahora, esta segunda parte de su relato le sirve para el mismo ejercicio pero cambiando a Chukri por Juanita Narboni y convirtiendo a Sol Bensusan en su reverso. Pero lo más atractivo de esta continuación del relato son los encuentros que el narrador va teniendo en su largo paseo por Tánger, encuentros entrañables de su pasado, con personajes, amigos y conocidos que nunca volverán.

Como dice en algún momento León Cohen en este cuento, resumiendo acertadamente cuál es su verdadera identidad: “No me siento de ningún lugar, soy una apátrida sin patria definida, ya que ninguna colma mis aspiraciones como hijo de todas que fui, cuando fui tangerino.”

Sergio Barce, septiembre 2015

La Librairie des Colonnes

2ª parte: La Calle Goya

¿Adónde se dirigió C. cuando dobló la esquina del Boulevard con la calle Goya? Nunca lo sabremos. Porque si bien todo lo que le ocurrió a nuestro personaje antes de entrar en la librería fue tan real como anodino, pues es verdad que se hospedó en el hotel Rembrandt y que desayunó en una cafetería próxima a aquél, siempre desconoceremos si lo que pasó dentro de la librería fue real o inventado y si transcurrió delante o detrás de ese fino e invisible velo que separa a la realidad de la ficción.

Antes de abandonar la librería, el empleado se despidió de él agradeciéndole la visita y entregándole un ejemplar del libro La Memoria Blanqueada, cuyo autor, León Cohen, era un escritor desconocido de origen larachense, que vivió en Rabat, Zoco-el-Arba y Tánger, y que siempre se consideró tangerino de vocación.

cine goya tánger

Para C., la calle Goya era una de las calles de su memoria sentimental y aquel paseo que había emprendido, era un paseo por el tiempo y la nostalgia, un paseo por las calles de su vida. Cuando uno rememora y recrea su pasado en un deseo vano de revivirlo, lo que subyace en ese intento es contar y captar la vida, la propia y la de los otros, la de aquellos seres que compartieron con uno, sonrisas, palabras, sonidos, olores, paisajes, lugares y miradas; la de aquellos seres que fueron testigos de un mismo tiempo y de unos mismos momentos.

Pero si bien es cierto que jamás podremos seguir a C. por la calle Goya, sí que podemos imaginarlo. C. tenía varias opciones y eligió seguir el camino que llevaba. Se adentró en la calle Goya, a la que curiosamente encontró muy poco cambiada. Hasta llegar al cruce con la calle Méjico, todo seguía igual. Decidió pararse en la puerta de la Pastelería Porte, donde casualmente, Monsieur Porte y su hijo, fumaban un pitillo en un descanso del quehacer diario. Los saludó y al hacerlo, recobró la imagen del hijo, aquel joven delgaducho, de pelo castaño, casi rubio, y de sonrisa socarrona. C. no estaba ya para sorpresas después de lo vivido en la librería. Monsieur Porte se dirigió a él con estas palabras:

-Nos alegra verte de nuevo por aquí en tanto que nosotros permanecemos como testigos de un mundo que ya no existe, pero cuya luz todavía alumbra el presente. Ningún tangerino de entonces podría pasar de largo por nuestro establecimiento sin que los recuerdos le asaltaran, ya que fuimos parte integrante e importante de aquel Tánger irrepetible. Hemos visto desfilar por aquí a lo mejor y a lo peor de la sociedad tangerina y del mundo: políticos, escritores, actores, millonarios, contrabandistas, prostitutas y grandes señoras. Este salón de té a todos seducía por la atención dispensada y por la calidad de nuestros productos. Por cierto, señor C., en una de nuestras mesas, están sentadas dos damas que usted conoce muy bien: Sol Bensusan y Juanita Narboni.

madame porte

C. no pudo resistirse y entró en el salón. Se acercó a la mesa donde las dos mujeres tomaban un té a la menta. Al llegar él, las dos damas mostraron primero sorpresa y luego un cierto júbilo alumbró sus rostros al verlo aparecer tan inesperadamente. Lo invitaron a sentarse. Nuestro personaje les contó que había estado en la librería y que había vivido instantes de una intensidad inolvidable, sobre todo en la trastienda. Ellas no parecieron sorprenderse por el relato de C.

-Amigo escritor, la inmortalidad o más precisamente la perennidad de un mundo desaparecido, existe por vosotros los escritores, los contadores de la memoria. Ese mundo camina con vosotros siempre y emerge cuando vuestro pensamiento vuelve a él y lo recrea, ya sea en relatos, cuentos o novelas. Esa necesidad que sentís por traer el pasado al presente, es la que hace que nunca aquel se olvide y que siga viviendo en ustedes y en vuestros lectores, dijo Juanita. C. apostilló:

-Hay mucho de verdad en lo que dices, pero ¿Por qué esa necesidad de volver a recrear lo que ya tuvo lugar?

-Porque la imaginación es libre, amigo, y además todo cuanto hemos vivido, sufrido o disfrutado, reaparece cualquier día, a la vuelta de cualquier esquina, y nos indica el camino a seguir. Algunos como tú, tenéis la “baraka” como decía mi recordado Mohamed Sibari, que os permite retratar con hermosas palabras, lo que los demás vivimos, dijo Sol. Y añadió:

-Yo por ejemplo, nací de tu pluma una noche de insomnio, cuando seguramente Tánger y mi amiga Juanita te visitaron para mostrarte la manera de hacerlo. Entonces, con tu pluma me puse a escribirle una carta a Juanita, llena de sentimiento, de nostalgia y sobre todo de amor hacia aquel Tánger único y a aquellos años, donde todos los jóvenes tangerinos compartimos la alegría de vivir y el esplendor de la juventud. Por eso hoy, Juanita y yo, nos entendemos y nos comprendemos, porque venimos de un mismo mundo y porque el edificio de nuestro pasado está construido con los mismos materiales. Tu pluma es la que ha conseguido que estemos sentadas en esta mesa y en este magnífico salón de té, hablando contigo de nuestras vidas entrecruzadas y de nuestra memoria común.

la vida perra

-A ti Sol Bensusan y a ti Juanita Narboni, a ambas os pregunto: ¿De dónde somos nosotros, acaso fuimos predestinados a nacer en tierra de nadie y a no tener ninguna identidad definida? Ni marroquíes, ni españoles, ni franceses, ni italianos, ni tampoco ingleses, aunque nos sintamos un poquito de todo y de todos. Poliglotas, como poco bi o trilingües, y sobre todo mestizos culturales, hoy estamos esparcidos por el mundo, por todas las patrias y por todas las religiones, pero a ninguna pertenecemos, porque no podemos evitar ser fundamentalmente tangerinos, y eso quería decir todo y de todo un poco. Yerra quien cree que por haber abandonado su casa, puede olvidarla y borrar sus orígenes, sus vivencias y su manera de ser. ¿Seríais capaces de dar una respuesta definida ante una pregunta tan directa como sencilla para cualquiera, como: Tú qué eres, judío, cristiano, musulmán, agnóstico, español, francés, marroquí…? Cualquier respuesta sería reduccionista, porque apenas abarcaría  alguna de las caras de nuestro prisma multicultural. Yo llevo toda mi vida tratando de contestar a esa pregunta y casi todos mis libros tienen una parte de mi respuesta todavía inacabada, dijo C. y añadió: No me siento de ningún lugar, soy una apátrida sin patria definida, ya que ninguna colma mis aspiraciones como hijo de todas que fui, cuando fui tangerino.

Sin esperar respuesta, C. se levantó de la mesa, abrazó a las dos mujeres y se despidió emocionado, sabiendo que su esfuerzo y su interés por recuperar el tiempo perdido, no había sido vano. Al salir, cambió de acera, pues desviándose unos pocos metros por la siguiente calle que atravesaba la Calle Goya, no sabía muy bien si trabajaba o regentaba el negocio de reparto de butano, el hermano de su amigo Abraham Bengio. Lo saludó con un gesto de la mano como solía en el pasado y este le devolvió el saludo. Volvió a la calle que traía desde un principio y unos metros más abajo, se detuvo para hablar un rato con Rachid el dueño de la disco 07 (eran los primeros años del superagente James Bond). Rachid era en aquel tiempo un joven alto, espigado y con el pelo dorado, muy apuesto:

-¡Joder Rachid! ¡Cuánto tiempo ha pasado y qué buenos ratos pasamos ahí abajo!

cine-roxy

Rachid sonrió y le dio un abrazo cariñoso. C. siguió su camino y unos metros más abajo, se detuvo en la puerta del Cine Goya, propiedad de la familia de su compañero de liceo Simón Cohen. Un gran tipo al que tuvo la oportunidad de impartir clases de Física junto a su otro amigo David Mamán durante una temporada. Recordaba que el pago por las clases a ambos eran 5 dirhams y la merienda, una merienda suculenta, que les servía la madre de David. Contiguo al cine, a su derecha, se hallaba el Sport Hall, un local de juegos diversos que regentaba un judío polaco apellidado Hirt. Era centro de reunión de jóvenes y menos jóvenes para jugar al billar, al futbolín o al ping-pong. Allí tuvo la oportunidad de practicar uno de sus deportes favoritos, el tenis de mesa, en memorables partidos contra el norteamericano David Woolman o el tangerino Mustafá. Prefirió no entrar, porque la emoción del reencuentro podría embargarle y desestabilizarle en la ruta que se había trazado. De una de las cajas de música del local se podía oír a Tom Jones cantando Delilah. Bajó unos metros por la pequeña cuesta que daba al cruce de caminos o “rond point” donde terminaba la calle. Optó por situarse en el centro del cruce, donde tenía a su frente el salón Roxy y un poco más abajo el Cine Roxy; a su izquierda el Lycée Regnault, a su derecha el edificio donde vivió que hacía esquina entre la calle Goya y la calle Juana de Arco. ¡Cuántos recuerdos, cuántas imágenes!

León Cohen frente al Cine Roxy

LEÓN COHEN frente al Roxy

En la puerta principal del “Lycée” departían amigablemente dos ilustres profesores como lo fueron Monsieur Rousseau y Monsieur Fabre, este último quizás el mejor profesor de siempre para C., por esa manera tan aparentemente sencilla como bien elaborada de explicar las matemáticas, tanto el Álgebra como la Geometría Analítica. Sus demostraciones le dejaban boquiabierto, y todavía hoy, pasados cincuenta años, era capaz de recordar con precisión algunas de estas. Solo alguien que había dedicado mucho tiempo y trabajo a la metodología didáctica, podía convertir una clase de matemáticas en una pequeña obra de arte. Un enunciado como: “Le trinôme du second degré a le signe de son premier coéfficient sauf por les valeurs de x comprises entre les racines” que podía parecer un axioma en el que convenía creer, lo transformaba Monsieur Fabre en la derivada lógica de un sencillo razonamiento inductivo que conducía al origen del trinomio de segundo grado y que C. era todavía capaz de repetir en los mismos términos y siguiendo los mismos pasos que su maestro.

Lycée Regnault

Lycée Regnault

En la pequeña terraza del salón Roxy, en una de las mesas departían amigablemente su compañero de entonces Guessous y Tahar Ben Jelloun, tomando un té y fumando un pitillo, dos acompañantes esenciales para una charla sosegada. Dentro se encontraban alrededor de una mesita tratando de solucionar un problema de Física, Tajjedine Raisuni, Armando Israel y Pepe Cerralbo, en apasionada discusión, mientras Cohen formulaba su solución al problema.

C. salió del salón y tomó la calle del Cine Roxy, al pasar por la puerta de este, recordó una anécdota que siempre conservó en su memoria: Era noviembre y llovía tenuemente, C. caminaba junto a Chantal que había empezado a ser algo más que su amiga, hablando de cosas propias de su edad. Llegados a la altura del cine Roxy, Chantal cruzó la carretera que separaba ambas aceras y se abalanzó sobre un joven que venía en dirección opuesta, fundiéndose en un abrazo más que cariñoso. C. con la palabra todavía en la boca, siguió su camino entre sorprendido y desolado. Pensó que aquella mujer se había comportado como una estúpida y nunca más le dirigió la palabra a lo largo del curso.

C. se detuvo ante la puerta del cine y alargó la vista hacia el final de aquella calle que no le apetecía recorrer. Unos metros más abajo, en la misma acera en la que se encontraba, regentaba su academia de dactilografía Mme Bouadana, academia a la que C. tuvo la oportunidad de asistir durante algunos meses, cuando todavía era muy útil aprender a escribir a máquina. Al final de la calle vivía con su familia, su compañero y amigo Gerard Zaoui, hijo de un ilustre abogado condecorado con la Gran Cruz de la Legión de Honor francesa por su participación en la Resistencia. A este hombre, que en lugar de hablar parecía declamar, como los grandes actores de la escena francesa, le oyó un día C. pronunciar estas palabras sin detenerse y sin necesidad de reflexión previa, tal era su capacidad de improvisación y su dominio de la oratoria: “Un primer fracaso es siempre necesario, un segundo fracaso es a veces útil, un tercer fracaso no es jamás inútil.”

C. volvió sobre sus pasos muy lentamente, cual un funambulista que está llegando al final de su trayecto sobre el alambre. Sintió que esta vez caminaba en sentido inverso, desde el pasado al presente, al final de un viaje de doble sentido, donde pasado y presente se turnaban, llegando incluso a confundirse. Se sentó en una de las mesas del salón Roxy a contemplar con parsimonia y detenimiento su entorno. Pudo comprobar por fin, que aunque casi nada había cambiado, ya nada era ni sería igual, pues: ¿No es la vida ese proceso continuo, dinámico y renovador, donde unas personas son sustituidas por otras, donde una época sucede a otra y una civilización reemplaza a la anterior; y así hasta el final de los tiempos? Se levantó y se dirigió a la acera de enfrente donde le esperaba fumando un cigarrillo, mientras mantenía la mano derecha en el bolsillo, en una pose muy suya, su entrañable amigo Leonardo. Se saludaron y en silencio, ambos emprendieron el camino de la calle Juana de Arco, que para ellos también había sido en muchas ocasiones el camino de la amistad inquebrantable. Caminaron una vez más sobre sus pasos perdidos en el cemento, hasta que sus siluetas se fueron disipando a medida que se alejaban, y acabaron desapareciendo en el espacio y en el tiempo, con vocación de eternidad.    

                                                            León Cohen

                                                            Octubre de 2015

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TORREMOLINOS – 13 DE NOVIEMBRE – SE PRESENTA «LA EMPERATRIZ DE TÁNGER», UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

PORTADA La emperatriz de Tánger

Os recuerdo que mañana viernes, 13 de noviembre

 a las 19:30 horas

la escritora HERMINIA LUQUE

presentará mi novela

LA EMPERATRIZ DE TÁNGER

en la Librería-Tetería ÍTACA

plaza de la Unión Europea, 11

en Torremolinos

ITACA

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PASEANDO LARACHENSEMENTE

«…A Jacobi siempre le había gustado pararse para saludarlo porque admiraba sus ademanes elegantes y porque, para él, era un honor que los demás lo viesen hablar con el señor Beniflah. En realidad, pese a las reglas de cortesía, Jacobi sabía que era el mejor amigo de su padre y el hombre más espléndido que había conocido. Tenía guardados, como un tesoro, los días del Pessah, cuando cada año acudían invitados, junto a Mustapha Laabi y a Manuel Gallardo, a la casa del señor Beniflah. Era capaz aún de escuchar su voz modulada desde las escaleras.

   -Y ahora, todos los que quieran pasar, que entren. Todos los que deseen comer, que pasen.

   Era el momento, la señal esperada que indicaba que tanto su padre como Mustapha Laabi y Manuel Gallardo podían subir a la casa. Jacobi solía ir pegado a la pernera del pantalón de su padre, empujado por la curiosidad, profundamente emocionado. Y de esta forma tan ceremonial, entraban a la casa del señor Beniflah, donde la familia los recibía con los brazos abiertos y una bandeja de matzas.

   -Cerrad la puerta, ya entraron.

   Con estas palabras, el señor Beniflah les daba tanto la bienvenida como sellaba de manera solemne el ritual de esa celebración que congregaba cada año a la familia, al mejor amigo del señor Beniflah, y a un cristiano y a un musulmán para sentarse juntos alrededor de la misma mesa y recordar la liberación del pueblo de Israel…»

Éste es un fragmento del relato titulado Al otro lado del estrecho, que forma parte de mi libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Ed. del Genal – Málaga, 2015) que podéis encontrar en cualquier librería del país, sólo con pedirlo vuestro librero lo recibirá en un par de días.

(5)

Y el siguiente fragmento pertenece al relato, incluido también en este libro, Mina, la negra. 

«…La hierbabuena, el cilantro y la pimienta la compramos a la misma vieja a la que Mina solía acudir cuando necesitaba estos condimentos. La mujer apoyaba la espalda a la pared y, en cuclillas, protegida por el jaique y por un sombrero de paja con borlas azules, sobre una estera raída, ofrecía su parca mercancía. Pese a lo exiguo, Mina no encontraba otra hierbabuena de esa calidad y esa frescura. Le pagó y me dio la talega con las compras.

   –Saha! –dijo la anciana tras besar las monedas, que escondió entre los pliegues de su chilaba.

   El olor del cuero, el olor del tinte, el olor de la fruta y el olor del salitre. Había en el Zoco Chico una mixtura de voces que se enredaban con tales aromas, diferentes en su origen y en su intensidad. El olor de los mulos, el olor de los borriquillos, el olor de los camellos y el olor de sus excrementos aplastados contra el suelo. Todo era como un mosaico de pestilencias dulcificadas, amortiguadas, camufladas bajo otras fragancias más agradables. El olor del pachuli, el olor del sándalo, el olor del agua de rosas y el olor del agua de azahar. De pronto, una suave caricia de frescura, un soplido gélido que te hacía aspirar todo el aire que podías, hasta hinchar los pulmones. El olor del sudor, el olor de las especias, el olor de los perfumes y el olor de los dulces de dátiles y de almendras. Te alimentabas de puro olfateo, te mareabas y te reanimabas en una fracción de segundo con la reacción instintiva de los sentidos ante el jolgorio de tales encontronazos. Y luego, bajo la alcaicería milenaria, el olor del té resbalando por los objetos de cobre, de cristal, de oro y de plata, el olor de las joyas envejecidas, el olor de las pulseras, el olor de las ajorcas y el olor del índigo. Asombrados, mis escuálidos ocho años lo absorbían todo. Nunca más vería algo semejante. En ningún otro país habría de encontrar esa mescolanza, ese tiovivo incesante en el que los colores se engarzaban a los olores como humo embriagador. Todos los sentidos estaban atentos, hambrientos y vivos.»

LARACHE - foto de Achraf Etaaqafy - imagen incluida en esta nueva edición del libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente

LARACHE – foto de Achraf Etaaqafy – imagen incluida en esta nueva edición del libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente

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LARACHE – ALBUM DE FOTOS 18

LARACHE - foto de Akran Serifi Bouhsina

LARACHE – foto de Akran Serifi Bouhsina

Hace pocas semanas, Jaime Rosendo me enviaba unas líneas y unas fotografías. Me decía en su email:

“…mi padre, Carmelo Rosendo Escobar (Navas 15), el pasado 23 de Junio ha dejado de soñar con llegar a la otra banda. Entre las cosas que dejó creo que hay algunas fotos que le pueden interesar…”

De las fotos, he escogido las siguientes, con los comentarios a pie de imagen de Jaime:

1927: Foto construcción del bakalito de mi abuelo, Antonio Rosendo. Se llamaba TRES HERMANOS (que eran Antonio, Carmelo -al que mi tía siempre llamó el

1927: Foto construcción del bakalito de mi abuelo, Antonio Rosendo. Se llamaba TRES HERMANOS (que eran Antonio, Carmelo -al que mi tía siempre llamó el «millonario») y Manuel

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1928 - construcción del bakalito

1928 – construcción del bakalito

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1945 Foto de mi tío Emilio Aguilera con su mujer y unos niños

1945 Foto de mi tío Emilio Aguilera con su mujer y unos niños

Respecto al tío de Jaime Rosendo, Emilio Aguilera, me cuenta mi padre (Antonio Barce) que fueron compañeros en los años 50 en la sucursal de Larache del Banco Hispano Americano, y que Emilio hablaba italiano, lo que no era nada habitual por entonces. Jaime me contaba que Emilio y su familia vivían en la calle Italia. Sirva como anécdota que en su casa pasó las navidades cantado Manolo Escobar durante su servicio militar en Larache. 

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Carnet de la Peña Mambo de Larache

Carnet de la Peña Mambo de Larache

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1955 - Miembros de la Peña Mambo de Larache. La dama de honor era Antonia, tía de Jaime Rosendo.

1955 – Miembros de la Peña Mambo de Larache. La dama de honor era Antonia, tía de Jaime Rosendo.

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CARMELO ROSENDO recibiendo un diploma en Larache

CARMELO ROSENDO recibiendo un diploma en Larache

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Foto del auténtico Carmelo Rosendo

Foto del auténtico Carmelo Rosendo «el millonario»

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La historia en minúscula y la Historia en mayúsculas de Larache, se puede seguir siempre a través de sus imágenes, las de la ciudad y las de sus habitantes…

Un Zeppelin sobre Larache

Un Zeppelin sobre Larache

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requisa Café Cosmopolita

Este documento es bastante curioso. Se trata de una de las «requisas» de bienes que se efectuaron por las autoridades golpistas tras el alzamiento contra la República en Larache. Este documento en concreto se le expidió a los dueños del Café Cosmopolita para «reponer lo robado» por los marxistas… En fin, el lenguaje de la época para requisar bienes como si fuesen actos voluntarios a favor de la «causa». Ya digo que es un documento realmente curioso de la historia local de los años treinta.

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Balcón Atlántico

Balcón Atlántico

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Plaza de España

Plaza de España

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Vicky Fernández Moraga y su madre

Vicky Fernández Moraga y su madre

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CINE IDEAL

CINE IDEAL

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SILVANA FESSER

SILVANA FESSER

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El gimnasio de Alí

El gimnasio de Alí

Con diez u once años, yo iba al gimnasio de Alí. Lo recordaba vagamente por la avenida Mohamed Zerktouni, y Abdeslam Kelai me lo ha confirmado. Exactamente está en la calle del Golán (rue du Golan); y, además, me ha dado más noticias de aquel gimnasio que, hoy en día, me confiesa, está exactamente igual, como si el tiempo no hubiera pasado. Le decía a Kelai que la memoria es curiosa: al ver esta foto, con Alí a la izquierda, vestido de calle, he recordado perfectamente la sala, los aparatos, incluso el olor del local…

Luego, Abdeslam me ha contado algo más curioso. Me ha enviado una foto, ésta:

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Y me explica que ese hombre de la imagen es su tío cuando ganó una competición en un concurso de body building / culturismo en la otra banda: el que está en sus brazos y llevando la medalla en el cuello es Abdeslam Kelai, el que lleva la copa es su hermano Houssam, el que está a su derecha su otro hermano Hassan y la rubia que levanta la mano es su hermana mayor Anissa.

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Larache e n1973 - Mohamed Bouharate, Toni Triviño, Fufo, Mohamed Guennouni y Abderrahman Zaimi

Larache e n1973 – Mohamed Bouharate, Toni Triviño, Fufo, Mohamed Guennouni y Abderrahman Zaimi

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Juanjo Castañeira, Mª Dolores cante, Antonio Rebollo, Cecilia Molinero...

Juanjo Castañeira, Mª Dolores cante, Antonio Rebollo, Cecilia Molinero…

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Sergio y Abdeslam

Sergio y Abdeslam

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BALCÓN ATLÁNTICO - foto de la página Radio Larache

BALCÓN ATLÁNTICO – foto de la página Radio Larache

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Fran Morales

Fran Morales

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Larache 2015 - Hachmi, Emilio, Abderrahman, Mounir y Serrojk

Larache 2015 – Hachmi, Emilio, Abderrahman, Mounir y Serrojk

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«AMAR TANTA BELLEZA», UNA NOVELA DE HERMINIA LUQUE

En noviembre de 2014, ya escribí sobre varios de los cuentos de Herminia Luque. Habíamos coincidido ya por entonces con nuestros relatos en dos de los volúmenes publicados por Jam Ediciones y Generación BiblioCafé: Sesión continua y Por amor al arte.

El cuento que ella aportaba al segundo de estos libros, Retrato de dos hermanas, me recordó en el estilo a La vida perra de Juanita Narboni de Ángel Vázquez, y comentaba en mi artículo que a Herminia le gustan los relatos de mujeres de otros tiempos. Lo noté en ese cuento y en el que me había enviado para acompañar a mi reseña: El Reino del Pan Blanco como la Nieve, aunque eran dos textos diametralmente opuestos en su manera de estar contados. Me resulta curioso leer ahora mis palabras, decía entonces: Leer a Herminia Luque es entrar en un universo personal y tornasolado, de tiempos en los que la venganza más execrable y vil convertía a mujeres admirables en tristes sombras de sí mismas, y es el fulgor de su narrativa el que se introduce por las rendijas del pasado para rescatar fugazmente los recuerdos que se van perdiendo irremediablemente.

amar-tanta-belleza

Pues bien, se ha publicado Amar tanta belleza, la novela con la que Herminia ha obtenido el Premio Málaga de Novela 2015, y que ha editado la Fundación José Manuel Lara, y me encuentro con un libro en el que, de nuevo, retrata la vida de dos mujeres y en el que hay una venganza. Sin embargo, en esta ocasión, la venganza es justa y sus dos admirables protagonistas no se convierten en tristes sombras de sí mismas, sino que se tornan en ejemplos de tenacidad y de mujeres avanzadas a su tiempo.

Ambientada en el Siglo de Oro, Herminia Luque rescata del olvido a dos escritoras que, en aquella época, gozaron de cierta fama y cuyas obras se reeditaron una y otra vez, lo que no deja de ser sorprendente. Ella son María de Zayas y Ana Caro Mallén.

MARÍA DE ZAYAS

MARÍA DE ZAYAS

Con una exquisita elegancia y cuidado, Herminia Luque escribe como si lo hiciera en aquel siglo, con un léxico y una construcción de frases pertenecientes a la época del Barroco. Y gana con creces este desafío. Uno tiene entre las manos una novela de otra época pero tan actual que es curioso comprobar que las cosas no han cambiado en muchos aspectos. Es el retrato de dos escritoras del siglo XVII pero también de aquella sociedad, detallista y bien documentada. Dos mujeres que vivieron juntas en Madrid, y que, por esa razón, fueron objeto de las malas lenguas y de la maledicencia. Nada nuevo bajo el sol, pero siempre injusto y despreciable.

Me he sentido transportado al siglo que diera a los más grandes creadores de nuestro país, y he visto y olido las calles de aquel Madrid y me he sentido cercano a Ana Caro Mallén y me he regocijado con las decisiones que tomó María de Zayas.

Novelas exemplares de María de Zayas

Si se quiere viajar en el tiempo, si se tiene curiosidad por conocer el mundo literario de la época y las dificultades por las que una mujer escritora debía de pasar para lograr su objetivo de ver editada su obra o representadas sus comedias, nada mejor que esta novela de Herminia Luque, llena de tanta belleza.

Para acompañar esta pequeña reseña, he escogido tres extractos del libro que reflejan muy bien el contenido de la novela. El primero muestra el fino humor que, a veces, se deja traslucir en sus páginas. El personaje de María Cépalo es todo un acierto. El segundo, es una conversación entre María de Zayas y Ana Caro, donde el lenguaje de la época es reconstruido por Herminia de una manera fresca y certera. Y el último de los párrafos es, sin duda, un ejemplo de la delicadeza y elegancia de esta novela. Amar tanta belleza es un homenaje a la hermosura interior de dos mujeres que nadaron contra corriente y sólo dejaron una estela de poesía que Herminia ha sabido rescatar del olvido.

Sergio base, octubre de 2015

“Una de las criadas que vivían en la casa era esa María Cépalo que ya he nombrado. Una moza cariharta y de buenos brazos, muy salada, aunque a veces su humor se agriase y no siempre por razones del todo comprensibles. Cuando le pregunté de dónde era ese apellido de Cépalo, se echó a reír. Entre hipidos me dijo si no se lo había dicho la señora. Algo molesta le dije que no, no tenía por qué estar al cabo de todo lo de la servidumbre. Ella, ya más calmada me dijo lo siguiente. Que el apellido no era tal, sino mote o sobrenombre. Se lo habían puesto a raíz de un suceso que se hizo famoso; fue que se despidió de una antigua ama, muy altiva y hasta cruel, cuando un día le dio un bofetón y ella le replicó, delante del resto de la servidumbre:

Cépalo vuesa merced que los criados no somos brutos insensibles al dolor, que si hasta una pobre bestia que come cebada siente los palos de su dueño, cuánto más no lo hará una criatura que come pan. Cépalo vuesa merced que de la misma hechura somos todos los seres humanos: almas en cuerpos que se ha de comer la tierra, y almas que han de sufrir condenación o subir a los cielos por lo que ellos mismos hagan con sus obras, que decir lo contrario a cosa de demonios luteranos suena…”

Imagen tomada de la página web de ArteHistoria

Imagen tomada de la página web de ArteHistoria

“-/…/ Creo-dije por darle un giro a la conversación- que el amor más puro, el más excelso es el de la persona que ama a un ausente. Ama y sus ojos no son regalados por la presencia del otro, ni por las palabras del otro. El aliento del otro no la roza y esa persona sigue amando a través solo del alma, con ayuda de la memoria sola.

-La memoria sola –repitió María-. Es un hermoso concepto.

Doña María dejó el bufetillo y fue a mirar por la ventana. Daba ésta a un patio pequeño en el que había algunas plantas de olor –flores no, que no era época, ni una triste violeta había brotado aún.

-¿Y cuál es la mayor ausencia? –se dijo volviéndose hacia mí.

-Pues la de irse a un país lejano. O a Flandes o a Milán, que tampoco están a tiro de piedra.

-Tan lejos no están. Yo he vivido en Nápoles, y a Nápoles las gentes van y vienen casi como de aquí al Prado. Cuando la necesidad o el gusto aprietan, no hay distancias largas.

-¿Y los países de los finnos o el ducado de Moscovia o Novogrodia o Yugoria o Volotechia, Belchia, Udoria u Obdoria?

Ella sonreía, negando:

-Más lejos aún.

-¿Más que las Indias Occidentales?

-Sí, más.

-¿Aún en Terra Nova y tierra de Bacallaos?

-También.

-¿Y el polo Antártico, que dicen han pisado ya?

Me sentía como una niña dando la lección.

-Pues la isla de Trapobana, en las Indias Orientales, o las islas dedicadas al rey Felipe, las Filipinas, de donde vienen tan ricos bordados…

Doña María seguía negando con la cabeza y con los ojos, que se reían, también:

-El sitio más lejano, del que apenas sabemos, porque no hay quien haya vuelto y nos dé cuenta de él.

Entonces comprendí:

-Excepto Nuestro Señor Jesucristo, que de allí volvió al tercer día…

-Exacto, querida Ana.

-Luego el lugar es el otro mundo. Y la mayor fineza es amar a una persona muerta, a alguien que ya no nos puede amar de ninguna de las maneras, pues no ha de volver jamás.

/…/

Amar a una mujer. Amar a una mujer ya muerta. Ésa era la solución al enigma propuesto por doña María. Amar a una mujer muerta. Sobra decir que no me gustó un pelo esta salida. Sentí, si no miedo, algún pariente de esta emoción: una cierta alarma, un pequeño sobrecogimiento, un sobresalto diminuto.”

poemas de María de Zayas

“Una de esas bazas de que disponen las mujeres –y a veces la única- es la belleza. Es un poder que ellas tienen, mas prestado poder es que, siendo tan efímero, sólo les sirve en el tiempo en el que su hermosura está en pleno esplendor, acompañándose de su estado de doncella y aún de cierta novedad, pues pronto se hartan los hombres de las mujeres muy vistas y muy paseadas por todos lados, con la típica hipocresía de quien trota y anda por donde le viene en gana –digo los hombres- y de las mujeres, ya se sabe ese odioso refrán de la pierna quebrada y ese otro del buen paño que en arca se vende.

Y esa belleza, siendo poder, es arma de doble filo, pues a veces irrita y ofende. Ofende a las mujeres que no tienen esa riqueza –que corporal es, pero riqueza al fin y al cabo- y no tienen tampoco el suficiente entendimiento para comprender que los dones los dispone Dios a través de su Divina Providencia…

/…/ E irrita la belleza, y sobremanera, a quien no puede tomar posesión de ella. Tantos galanes enamorados hay que adoran, reverencian, idolatran a una dama hasta que descubren que su belleza no será suya de ninguna de las maneras,; que, en contra de la común opinión, no se muestra voluble sino tozuda en grado extremo y decidida a no otorgarle sus favores. Y se vuelven entonces contra ella y la infaman y denigran y procuran hacerle todo mal, hasta rebajan esa belleza que consideraban celestial, arrastrándola por los suelos y emporcándola de la manera más sucia posible…”

Sergio Barce & Herminia Luque

Sergio Barce & Herminia Luque

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