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“EL LABERINTO DE MAX”, DE SERGIO BARCE, SEGÚN EL POETA VÍCTOR PÉREZ

Víctor Pérez en McNally Jackson Books, Manhattan

Víctor Pérez en McNally Jackson Books, Manhattan

Aquí os traigo una pequeña reseña escrita a vuelo pluma por el poeta Víctor Pérez. Contento de que la haya disfrutado y orgulloso de que le haya gustado tanto.

Podéis leerla pinchando en el siguiente enlace de su blog:

http://siroco-encuentrosyamistad.blogspot.com.es/2018/05/el-laberinto-de-max-de-sergio-barce.html

Laberinto portada

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ASI FUE LA PRESENTACIÓN DE “PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE” EN ÁMBITO CULTURAL DE MÁLAGA

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De nuevo, paseamos larachensemente… Esta vez, en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Málaga, con la ayuda inestimable y siempre tan accesible de su directora Isabel Ramírez, y la asistencia técnica de Yolanda en la sala.

La nueva reedición que ha lanzado Ediciones del Genal de mi libro de relatos Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente, con la incorporación al libro de una imagen interior, obra del fotógrafo Achraf Etaaqafy, y de la traducción al árabe por Rajae Boumediane y Messari Hamza y al francés por Nabila Boumediane y Fidele P. Dikam del relato Larache, sin Sibari, nos sirvió para hacer un recorrido sentimental y nostálgico por las calles Larache. 

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El poeta Víctor Pérez, que me echó una mano para que unos libros de Alessandro Baricco llegaran de regalo inesperado a sus destinatarios durante el acto, ha resumido perfectamente lo acaecido en un comentario en su muro de Facebook. Cuenta Víctor: “Ayer se presentó en el ámbito cultural del Corte Inglés la reedición del libro de relatos “Paseando por el zoco chico larachensemente”, un conmovedor y lírico paseo por Larache a través de una treintena de relatos escritos por Sergio Barce entre los años 2000 y 2013. Fue un acto emotivo y de enorme calidad. La presentación de José Luis Pérez Fuillerat, las lecturas de su cuaderno “La otra banda” por parte de Paco Selva, las canciones sefardíes de Sara Sae, el desglose histórico y poético de Larache por Mónica López contenido en su obra “Los colores de la memoria” con preciosas imágenes proyectadas de Larache, muchas de ellas del magnífico pintor Mariano Bertuchi y la lectura del relato de amor y ausencia sobre el amigo entrañable de Sergio, Mohamed Sibari, realizado magistral y hondamente, larachensemente, o sea, pausada y profundamente, por parte del poeta Pedro Enríquez, pusieron colofón al acto.

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La intervención de Jesús Otaola, editor de ediciones del Genal, nos avisó de la selección de la novela “La Emperatriz de Tánger” como una de las cinco seleccionadas en la final del Premio de la Crítica de Andalucía de este año.
Sin desdeñar a los otros cuatro, grandes escritores todos, yo que he leído la emperatriz, solo digo, que su factura impecable, sus misterios y situaciones, me hicieron no poder abandonar su lectura en ningún momento, miento, en una noche hube de hacerlo porque me asusté, porque Sergio tiene la habilidad de escribir y que leamos con los ojos de la mente, como se debe hacer según Stevenson. Es en esa forma de escribir que él tiene la que hace que vivas los momentos como si pasaran ante ti, y algunos momentos de la novela son realmente estremecedores, por todo ello, la emperatriz la hacen para mi, favorita.”

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Añadiré algunas notas más a lo dicho por Víctor: Paco Selva, que nos conmovió con la lectura de sus poemas dedicados a Larache, con esa emoción que lo desbordaba en algunos instantes, poco antes de comenzar, me hizo un regalo que me dejó sin habla. Me entregó un ejemplar, publicado en Tetuán por la Editorial Cremades en 1962, de Miscelánea, el libro que escribiera el poeta larachense Dris Diuri. En su interior me encontré una dedicatoria de puño y letra de Diuri al padre de Paco Selva, y bajo ella, la que me escribía Paco a mí. Me pareció excesivo que se desprendiera de un libro que estaba dedicado por el autor a su padre, pero Paco Selva me dijo que prefería que lo tuviera yo. Ya digo, me pareció un regalo impagable.

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A partir de ahí, como bien cuenta Víctor, todo fue encadenándose de una manera perfecta, y la exposición del profesor y poeta José Luis Pérez-Fuillerat, llena de hallazgos y de momentos divertidos, dio paso a la voz emocionada de Paco Selva y sus versos, y éste a la voz melodiosa e inolvidable de Sara Sae, rasgando el aire con las letras de la poesía sefardita, cantada con una pasión electrizante. Luego, Mónica López comenzó a leer un texto en el que, fragmentos de los cuentos de mi libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente, le servían de hilo conductor para llevarnos por las callejuelas de la Medina de Larache; y escuchar así mis relatos leídos por ella, con las imágenes que se proyectaban a la vez, siguiendo el itinerario que Mónica trazaba, nos hizo creer por un instante que habíamos regresado al Balcón del Atlántico…  

Anécdota: durante la mañana, el trabajo en mi despacho había sido altamente estresante. Al acabar la jornada, Mónica me enviaba un mensaje pidiendo auxilio porque las imágenes que había montado para ser proyectadas en la presentación de la tarde eran incompatibles con el programa existente en la sala… El power point que ella usa es demasiado moderno o sofisticado… Nos cruzamos varios mensajes, en los que ella me daba cuenta de que las gestiones que realizaba resultaban infructuosas y era probable que no pudiésemos proyectar las fotos de las calles de Larache… A la vez, me llegaba un correo de Pedro Enríquez: él y Sara Sae tienen fiebre y no saben si podrán acudir… Pareciera que Okyanus no quisiera que llegara el evento a buen puerto… Berry, al comprobar mi estado de zozobra y nerviosismo, me envió un mensaje: no te preocupes, piensa que es como cuando haces algo en Larache… al final, todo se arregla en el último minuto. Me eché a reír. Tenía razón. Parecía que estábamos en Larache…

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Camino de Ambito Cultural, Mónica me anunciaba que a grandes problemas, grandes soluciones… Se llevaba la torre de su ordenador a la sala y que fuera lo que Dios quisiera… Pedro Enríquez y Sara Sae, con fiebre, llegaron e intervinieron, pese a todo… Un esfuerzo que merece su recompensa. Y sí, larachensemente, todo se arregló en el último segundo.

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Cuando Pedro Enríquez, uno de los poetas más reconocidos de Granada, comenzó la lectura de mi relato Larache, sin Sibari, su voz, pese a la fiebre, se transformó en la voz del poeta que es, y nos dejó a todos mudos, hechizados, e hizo de mi relato algo decente y mágico. Cuando él acabó, apenas me salía mi agradecimiento del cuerpo. Era como si toda la emoción por lo que habíamos escuchado, leído y visto hasta ese momento, me sobrepasara. El recuerdo de Sibari y de todos los que han ido desapareciendo de nuestras vidas, de todos los que añoramos, se habían dado cita en ese instante, y nada podía hacerse, salvo permanecer callados. Entonces resurgió la voz de Sara Sae y, su canción de cierre, nos dejó flotando en el aire, como suspendidos en la añoranza, como si nos dejásemos llevar por el tiempo, larachensemente, sentados en la terraza del Central.

Después de todo eso, llegó el momento de la firma de libros y allí confluyeron ejemplares de Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente y de La emperatriz de Tánger. Todo seguía teniendo sabor a hierbabuena.

Sergio Barce, enero 2016

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Sergio Barce, Víctor Pérez y Jesús Otaola

Sergio Barce, Víctor Pérez y Jesús Otaola

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SARA SAE

SARA SAE

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PEDRO ENRÍQUEZ, MÓNICA LÓPEZ, JOSÉ LUIS PÉREZ-FUILLERAT Y SARA SAE

PEDRO ENRÍQUEZ, MÓNICA LÓPEZ, JOSÉ LUIS PÉREZ-FUILLERAT, SERGIO BARCE Y SARA SAE

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SERGIO BARCE EN “CAPITEL”, POR VÍCTOR PÉREZ

Reconozco que llevo dos días sorprendentes: ayer recibí un correo de Fran Morales, “la voz” de Larache, donde, con unas palabras que me abrazaban cálidamente, me daba sus emocionadas impresiones tras leer el relato que he publicado en la edición de Iberdrola sobre el Protectorado en Marruecos. Y hoy me encuentro el que me ha enviado Víctor Pérez comentando mi visita del viernes al centro <Capitel> de Málaga, a donde mi invitó para hablar de mi última novela <El libro de las palabras robadas>, y he vuelto a emocionarme. Así que me veo en la necesidad de colgar este último comentario del poeta Víctor Pérez (y espero hacer lo mismo con en correo de Fran, cuando toque y él me lo permita, por supuesto), porque se hace necesario compartirlo. Gracias a los dos de corazón.

Sergio Barce, octubre 2013

CAPITEL 2

Sergio Barce, en Capitel

por Víctor Pérez

Este viernes 25 tuvimos una nueva visita de Sergio Barce a Capitel. Ya el año pasado disfrutamos de su presencia con “Una sirena se ahogó en Larache” y ahora nos sorprende con su última novela “El libro de las palabras robadas” un intenso thriller en el que Sergio se atreve con una intriga donde alrededor de un códice secreto desarrolla una trama bien urdida donde sin aparecer (como en todas sus anteriores novelas) su sempiterna Larache, nunca se  pierde el aroma marroquí de sus sueños literarios.

Entre Málaga y Tánger, entre tiempos presentes y pasados, entre recuerdos que transitan en la memoria perdidos y reencontrados por el protagonista Elio Vázquez gracias a la terapia certera de un psiquiatra llamado Moses Shentov, entre personajes como editores, periodistas y libreros, Barce compone una novela negra llena de amor por los libros, el cine y los ambientes llenos de humo. En la novela “El libro de las palabras robadas” el humo de los cigarrillos está presente en las escenas como el humo de aquel barco llamado Ibn Batutta que acercaba a la temida y siempre deseada Europa a las gentes de la otra orilla, de la otra banda, a aquellas que entre los sueños lentos y tranquilos del tiempo casi detenido de Tánger, Tetuán o Larache, asistían entre el miedo y la esperanza, al mundo avanzado y acelerado de la vieja España.

CAPITEL 1

Recorrer la literatura de Barce es adentrarse en el dinamismo de un siempre joven escritor que trabaja como un orfebre cada una de sus palabras, de sus frases, de sus diálogos, de manera que reconocemos los ávidos lectores, una senda en la que es inevitable caminar con placer, es ahí donde radica la buena literatura, el territorio donde el deseo de avanzar es superior siempre al tiempo, es una forma de vencer a Cronos, una insolente manera de reencontrarnos con nuestro orgullo de seres humanos nacidos en libertad.

Así nos ocurrió con Sergio en Capitel, cuando miramos el reloj ya habían pasado casi dos horas, sin darnos cuenta, porque en Capitel los encuentros son siempre tranquilos pero intensos, es el encanto de un grupo que incluso arrancó de Sergio finalmente una dedicatoria de su libro hacia nosotros que es pura poesía. “Al grupo Capitel, esa bella isla en un mar de zozobra”.

Gracias Sergio, siempre nos tendrás contigo, todos los días del año, todos los años de tu vida.

Y como dijo Blas de Otero:

“Escribir es como vivir, viento ligero

Publicar son columnas arrinconadas”

Nunca dejes de escribir Sergio, nunca dejes de vivir y disfrutar compartiendo con nosotros tu serena alegría.

junto al pintor larachense Paco Selva, integrante del grupo Capitel

junto al pintor larachense Paco Selva, integrante del grupo Capitel

 

 

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“EL LIBRO DE LAS PALABRAS ROBADAS”, DE SERGIO BARCE, SEGÚN VÍCTOR PÉREZ

Víctor Pérez, poeta malagueño, en su estupendo blog, ha escrito un magnífico artículo,, un divertido ejercicio de crítica y de análisis, sobre mi novela “El libro de las palabras robadas”. Resulta curioso leerlo porque Víctor me ha hecho ver otros entresijos y otros misterios encerrados en mi propio libro, algunos ni siquiera pensados o imaginados por mí, y eso le confiere a este texto un valor añadido, como si de una extraña puerta que invitara a lo inesperado se tratara.

Sergio Barce y el poeta Víctor Pérez

Sergio Barce y el poeta Víctor Pérez

Creo que es muy sugerente, y que merece la pena leerlo. También podéis hacerlo en el blog personal de Víctor Pérez, su enlace es el siguiente:

http://siroco-encuentrosyamistad.blogspot.com.es/

Realmente sorprende esta obra de Sergio Barce. Si habéis leído algunos de sus libros como yo, os daréis cuenta de que si bien el estilo impecable de Barce es reconocible desde el primer momento, la historia que afronta es distinta a las demás: intriga, misterio y acción, se aúnan para dotar a la novela de un atractivo especial para los amantes del género negro, un thiller muy interesante.

Elio Vázquez, el protagonista de la novela (ya nos alerta en una fantástica presentación su amigo Jesús Ortega el parecido sonoro con el nombre del autor Sergio Barce) es un escritor que se ve sorprendido en la presentación de su novela de un hombre que acusa al escritor de haber sido culpable en dicha obra de desvelar el secreto de un códice y poner en peligro la vida de personas.

En la novela que se presenta dentro de la novela de Barce aparece un protagonista llamado ¡Jesús Ortega! curiosamente el mismo nombre que presentó la novela el día 23 de septiembre en el Corte Inglés, si bien ya nos alertó Sergio que en el cartel de presentación del acto, que por error aparecía como presentador José Ortega. Fijaos bien:  personaje dentro de una novela que es presentada por un amigo a su vez llamado igual que el personaje de la novela contenida en la novela que presenta y que a su vez es dedicada a una amigo fallecido llamado Pablo Cantos Ceballos que a su vez se llama como un vecino de este que escribe: Antonio Cantos Ceballos.

Si Jesús Ortega en la novela contenida en la que que presenta Jesús Ortega es Arturo Kozer, ¿quién es en realidad Jesús Ortega al que Sergio Barce invita a presentar el libro de las palabras robadas?

Misterio, círculos concéntricos, casualidades, muerte e intriga, toda una pléyade de asuntos que inevitablemente hacen especial para mi esta novela.

La lectura de la novela me rodea siempre de un ambiente donde la nostalgia y los recuerdos están plagados del aire enrarecido de penumbras de la memoria.

Elio Vázquez sometido a la terapia de su psiquiatra Moses Shentov, rememora constantemente un pasado donde sus recuerdos de Tánger aparecerán desde lo difuso para sorprendernos con la veracidad de los sueños.

La figura de su madre Ágata ya muerta y que aparece intensamente en las escenas más íntimas de Elio, la figura de su padre que es un presente insoportable para él, un presente donde la enfermedad del Alzheimer sobrepasa la capacidad de aguante de Elio y le obliga a dejarlo al cuidado de su hermana Silvia,  Dalila Beniflah, una referencia constante en la mente de los hombres que han sido subyugados por su belleza, Joan Gilabert el editor ciego y su mujer Francesca que tanto protagonismo adquirirán en la intriga, los siempre importantes secundarios: Felix Quintá o Vilches que dotarán de perfiles sutiles la trama, sin olvidar claro está la poderosa figura de Arturo Kozer que es el que irrumpe en las primeras escenas de la novela o el maravilloso e inolvidable personaje de El Rubio, son todos protagonistas de unos diálogos dinámicos y ricos, de unas escenas llenas de movimiento y de humo, de un humo que se eleva siempre en el aire para describir espirales que terminan por disiparse en el aire; una novela de mucho humo donde Elio es capaz de dibujar círculos incapaces de estrellarlos contra los ojos de sus interlocutores, porque Elio Vázquez irá descubriendo su valor ante los riesgos de las situaciones cuando lo verosímil es ya una certeza y como en el laberinto de las bibliotecas borgianas irá escudriñando y conociendo la verdad de su vida mediante los encuentros en los recodos de su memoria.

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Será la memoria de Elio la que desenmascarará  en un brillante e inesperado final el destino del libro de las palabras robadas, del códice que entre Málaga y Tánger viajará como los recuerdos inolvidables de aquel humo del batiscafo del barco Ibn Batouta, que tan bien dibuja su hijo Pablo en la portada del libro, aquel barco que aunque prácticamente desaparecido de las redes de Internet queda  indeleble en la memoria de Sergio Barce y en la de todos aquellos niños que viajaban desde Marruecos a la península.

Os dejo un pasaje del libro:

“ – ¿Encontraste el libro de Arturo Kozer?

-Más que eso…- le dije clavándole los ojos  de manera que entendiese que ahora no debía interrumpirme.-Me dirigí al Parque. Llegué pronto, y , después de un buen rato, me di cuenta de que llevaba varios minutos dando vueltas en círculos mientras apuraba mi último Marlboro. Sacudí la cabeza, y me acerqué a las casetas. Los viejos best-sellers ocupaban el ochenta por ciento del espacio, pero a veces aparecía algo interesante. Compré un ejemplar de Pacífico de Garriga Vela, sin saber entonces que tenía entre manos una obra maestra. Estaba en perfecto estado, se notaba que sólo había conocido un dueño y de que éste cuidaba sus libros. También adquirí una edición muy deteriorada de La tregua de Benedetti, en este caso probablemente porque sus heridas movieran mi compasión. Poco a poco, me iba encontrando más relajado…-Moses Shemtov me escuchaba atentamente. Por fin me sentía bien mostrándole mi vida, como si hubiésemos llegado al punto ideal en que las confidencias se hacen precisas, casi necesarias. Se había ganado mi respeto. De modo que le conté, incluso, algunas de mis debilidades-. Ojeé muchos libros, y leí con curiosidad las dedicatorias escritas en algunos de ellos, que es uno de los encantos de los libros de segunda mano…”

Una novela que supone la consagración de Barce como escritor de géneros diversos, una novela que nos atrapa desde el principio hasta el final y que disfrutaréis leyendo.

por Víctor Pérez.

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SERGIO BARCE EN “CAPITEL” por VICTOR PÉREZ BENÍTEZ

El pasado viernes acudí a un pequeño encuentro literario en el Taller de Pintura de Paco Selva, que tuvo la deferencia de invitarme para hablar de mis novelas y relatos con lo integrantes del Grupo Capitel, formado por artistas, tanto escritores como plásticos. Y la verdad es que fue un encuentro muy agradable y distendido. Además, lo aderezaron con un buen vino, y hasta con chuparquía. Uno de sus integrantes es Víctor Pérez, poeta, que ha escrito un pequeño comentario de nuestro encuentro y de mi última novela, que acababa de leer. Con su permiso, comparto con todos vosotros sus impresiones.

Sergio Barce, abril 2012

En Capitel: el poeta Víctor Pérez, Sergio Barce, Paco Selva y el también poeta Jose Luis Ortiz

 Sergio Barce en “Capitel”

por Víctor Pérez Benítez

Sergio Barce nos visitó el Viernes día 30, fue una velada especial, la personalidad de este escritor nos llenó, nos inundó de color a Larache, de aromas exóticos, de especias sabrosas de una tierra tan cercana geográficamente y tan alejada en otros aspectos.

Sergio nos habló sobre sus experiencias de niño en Larache, de su llegada con 13 años a Málaga donde estudió en los Maristas, del contraste de una ciudad a otra, del sueño del recuerdo que siempre le lleva a escribir sobre sus emociones y sus diversiones de aquel paraíso perdido.

“El jardín de las Hespérides”, “Ultimas noticias de Larache”, “Retrato en sepia” y su último “Una sirena se ahogó en Larache” son obras que fueron comentadas por el autor, en todas ellas como digo, corre un río de recuerdos que le unen a esa joya atlántica, a ese territorio que España amó y abandonó a su suerte.

“Una sirena se ahogó en Larache” es una novela que gira en torno a la vida, las aventuras y desventuras de un niño llamado Tami, un niño de nueve años que sueña ser Saladino y Barbarroja, un niño con un padre amargado por una existencia anodina, con un abuelo al que le une una relación especial, un hermano que solo desea escapar hacia España, de una pandilla de amigos que le acerca a la aventuras y a más de una desventura.

Interviene el escritor Antonio Abad

Recojo una parte que considero define un poco el estilo de la novela:

Entran en el edificio y cruzan la zona del patio donde hay más gente a esa hora. Se adentran por la nave principal zigzagueando a la masa que se mueve lentamente por los pasillos interiores. A Tami le gusta esta construcción con sus tejados verdes, sus paredes blanqueadas, con ese aire de sueño nazarí que a él le parece un pedazo perdido de los antiguos palacios omeyas que hubiera llegado a Larache a la deriva empujado por las olas hasta dejarlo allí. Tami es imaginativo, todo lo transforma en algo más sutil, en algo más romántico, siempre una aventura.

Colores, olores, de especias y de fútbol, de risas y de llantos, de ternura y de crueldades, toda una amalgama intensa de sabores perdidos, de ambientes familiares que nos recuerdan nuestra infancia.

La aparición de la sirena envarada en la playa, solo es contemplada por Tami, la visión le induce a soñar con ella, es este momento donde la novela alcanza sus mejores momentos poéticos, realmente impresionante leer lo que el niño siente:

“…Las pestañas que parecen de sal… Las lágrimas de la mujer-pez son como tinta que escribieran un largo poema en sus mejillas ya secas, un largo poema cuyos versos piden auxilio...

En definitiva, una buena selección como una de las novelas mejor escritas en Andalucía en 2011 y fuerte candidata para ser la mejor. (y eso que no he leído las restantes)

Buena suerte, se la merece.

Blog de Víctor Pérez:

siroco-encuentrosyamistad.blogspot.com

Sergio Barce, Paco Selva y Jose Luis Ortiz

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