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LARACHE – SIGLOS XVI-XVII (9ª PARTE)

9ª entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

castillo de san antonio

 …Larache, en 1614, parecía estar en mejor situación tras la toma por las tropas españolas del puerto de La Mamora y por las continuas promesas del nuevo sultán Abd Allah de mantener la paz con España. Por supuesto, su actitud estaba condicionada a que se le reintegraran los bienes que su padre al-Xaij había dejado depositados en manos del Gobernador portugués de Tánger, don Alfonso de Noronha, y que se suponía de gran valor. Tras varios intentos de la Corona española, se comprobó que el Gobernador, junto a Simón Pariente, habían hecho un uso indebido de esos bienes. Sin embargo, no se hallaron pruebas para que el rey Felipe III los encerrara, como era su deseo, y se optó por entregar a Abd Allah los escasos 48.970 ducados que el contador real había conseguido hallar de la tan preciada herencia del sultán al-Xaij. Tras recibir esta suma a principios de 1615, que a Abd Allah le pareció ridícula, por un lado mantuvo su promesa de paz con España, pero, a la vez, sus hombres comenzaron a efectuar pequeños ataques contra Larache.

A finales de ese año de 1614, el rey decidió destituir al Gobernador de Larache, don Gaspar de Valdés, tras cuatro años en el cargo, porque no le gustaron algunas de sus decisiones, especialmente el que hubiese devuelto a Abd Allah los arcabuces que dejara su padre el sultán en Larache, el que usara los impuestos de aduana recaudados para pagar  con ellos a las tropas, pese a que este gesto del gobernador era lo más justo para sus hombres, y, sobre todo, el que dejara que sus soldados comerciaran con los víveres que se les entregaba, lo que fue creando un mercado negro que perjudicaba a España. Felipe III envió al contador Pérez de la Parra que emitió un informe desfavorable a la administración de don Gaspar de Valdés, y alertó de los negocios paralelos que habían proliferado en la plaza. Esto hizo que el 3 de noviembre de 1614, el Gobernador saliera de regreso a la península junto a otras personas que fueron expulsadas de Larache por, entre otras razones, alentar el tráfico ilegal de aceite, trigo y caballos.

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Como nuevo Gobernador de Larache se nombró al Maestre de Campo don Pedro Rodríguez de Santisteban con el que llegaron a la plaza 430 soldados. Sin embargo, pronto hubo de arrostrar la misma situación que la de su predecesor, es decir, escasez de medios, de tropas, de víveres y de dinero, y hubo de pagar de su pecunio personal a sus hombres.

Pedro Rodríguez de Santisteban reforzó las defensas de Larache. Fue él quien levantó el pequeño fuerte de Santiago frente al castillo de San Antonio y a la barra del río Lucus. A principios de 1617, Larache contaba para su defensa con 800 hombres, claramente insuficiente para garantizar su seguridad. Uno de los problemas con los que se enfrentaba el Gobernador eran las deserciones, que no cesaban, por lo que acabó por arcabucear a uno de sus hombres que fue canjeado a los marroquíes por un prisionero, medida que no sirvió para nada. Para más inri, lo seguidores de Abd Allah continuaban hostigando Larache, pero Pedro Rodríguez de Santisteban no podía ordenar ninguna razzia o acción de castigo por prohibición expresa de Felipe III. Sin embargo, desoyó tales órdenes en agosto de 1617, cuando tropas marroquíes atacaron a los soldados de la plaza, momento que aprovechó para devolver el golpe contra un aduar cercano con 500 de sus hombres y, aunque sus moradores huyeron antes del ataque, sí que consiguieron un botín de más de quinientas reses vacunas, y dos días después capturaron, además de más reses, a 175 prisioneros en respuesta al asesinato de dos correos españoles. Esto trajo como consecuencia un período de paz algo más prolongado, tiempo que aprovechó don Pedro Rodríguez de Santisteban para acabar en 1618 la muralla defensiva de la Marina.

Curiosamente, como relata García Figueras, Rodríguez de Santisteban solicitó un permiso de tres meses para atender asuntos privados en la península y nunca regresó a Larache. Su puesto lo ocupó el capitán Francisco Carrillo de Santoyo, un veterano de Flandes e Italia, que hubo de enfrentarse a uno de los episodios más conocidos de los acaecidos en esa época en Larache. Ocurrió en diciembre de 1618, y sucedió que el Veedor don Juan de Mena fue acuchillado en la cara, y acusó como agresor al capitán de guardia don Juan de Santisteban, sobrino del anterior gobernador, que negó los hechos. Sin embargo, Carrillo de Santoyo lo encarceló y lo mantuvo en prisión siete meses, mientras el Veedor se recuperó de las heridas. Tal demora se debió al retraso en llegar del licenciado Felipe Barreda que el rey había enviado para que dirigiera el proceso. Dado el tiempo que ya había pasado encerrado, el juez dictó una sentencia de compromiso ya que en realidad no existían pruebas de su autoría.

El nuevo Gobernador Carrillo de Santoyo también hubo de efectuar una razzia contra el aduar de Rehien en abril de 1619. Varios habitantes de este aduar habían degollado a dos soldados españoles, y el gobernador atacó Rehien con 400 soldados, con los que incendió las viviendas, causando más de doscientos muertos y capturando a 213 prisioneros.

Mientras tanto, Muhammed Zeguda, otro de los hijos del finado sultán al-Xaij, se levantó contra Abd Allah…

 Seguirá…

Salida del gobernador de Larache Carrillo de Santoyo 1619

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LARACHE, SIGLOS XVI-XVII (6ª PARTE)

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Sexta entrega de la Historia de Larache, durante los siglos XVI y XVII.

Pero, tras los numerosos fracasos por ocupar la plaza de Larache, quizá por obstinación, tal vez porque el paso de los años lo hizo ya inevitable, al fin, la ciudad fue tomada por España el 20 de noviembre de 1610.

Pese a las continuas dilaciones, y bajo las nuevas intrigas de Gianettino Mortara, el sultán Al-Xaij tenía decidido, desde hacía ya un tiempo, y pese a la oposición interna, ceder Larache a España. A ello se unía la insistencia del marqués de San Germán, que enviaba misivas al sultán para concretar el acuerdo de cesión.

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Pero, cansado ya de tantas excusas, en octubre de 1610, el rey Felipe III ordenó cegar el puerto de Larache como medida de presión; orden que no llegó a ejecutarse porque, al fin, Al-Xaij decidió acudir a Alcazarquivir y cumplir con su promesa de entregar Larache. Sin embargo, el sultán hizo una inesperada parada en Tetuán, maniobra que urdieron sus alcaides con la excusa de recaudar tributos a los moriscos expulsados de España y que se habían asentado en la ciudad tetuaní. La idea era que, si recaudaban lo suficiente, el sultán cambiaría de idea. Pero el marqués de San Germán consiguió que Al-Xaij le confirmara que llegaría por fin a Larache el 10 de noviembre.

La entrega de la ciudad no la hizo el sultán en persona, que prefirió quedarse en Alcazarquivir, sino dos de sus alcaides: Muhammad al-Charni y Al-Mansur.

Al-Ifrani cuenta que:

“…desalojados los musulmanes, el Caíd Al-Charni quedó en la plaza hasta la entrada de los cristianos, suceso que tuvo lugar el 4 de Ramadán de 1019 de la Hégira. Los islamistas sintieron inmenso dolor y profunda tristeza por la pérdida de Larache”.

Mortara quedó en Alcázar en compañía del sultán, como rehén hasta que se le devolviesen a éste sus hijos, las armas y el dinero prometidos a cambio de la plaza.

Por su parte, el marqués de San Germán, salió de Gibraltar con las nueve galeras del conde de Elda y 3.000 hombres. El 20 de noviembre, tras algunas vicisitudes a causa del temporal, la flota llegó a Larache. Los alcaides Al-Charni y Al-Mansur recibieron en tierra a los Sargentos Mayores don Fernando Mejía de Gámez y don Mateo Bartox de Solchaga, que iban a ocupar los dos fuertes de Larache. Luego, el Capitán General de Artillería de la Armada Española, don Juan de Mendoza, marqués de San Germán, tomó tierra y mandó izar el estandarte real en nombre de Felipe III. Y, de inmediato, escribe al rey en los siguientes términos, tal y como recoge García Figueras:

Yo quedo dentro de Larache con mucho gusto de que esta plaza esté por Vuestra Magestad que es mucho mexor de lo que yo crehía. Mi deseo de açertar a servir a Vuestra Magestad a sido muy bueno como lo procuraré hazer en ponerla en muy buen estado y todo lo demás que me pareçiere del servicio de Vuestra Magestad cuya catholica persona guarde Nuestro Señor como la christiandad ha menester. De Larache a 20 de noviembre de 1610. Don Juan de Mendoza”.

Castillo de Nuestra Señora de Europa - Larache

Castillo de Nuestra Señora de Europa – Larache

Al día siguiente, fiesta de la Presentación de Nuestra Señora, los españoles bautizaron la fortaleza construida en tierra por el sultán Al-Mansur como Castillo de Nuestra Señora de Europa; y al existente hacia el mar, Castillo de San Antonio. Y Larache pasó a denominarse San Antonio de Alarache.

Castillo de San Antonio - Larache

Castillo de San Antonio – Larache

Para asegurar cualquier posible ataque por tierra, el marqués de San Germán ordenó construir una trinchera de 2.100 pies que unía los dos castillos, con un amplio foso, y se levantaron once casamatas que podían albergar, cada una, dos piezas de artillería. El marqués zarpó y, como gobernador de Larache, se nombró al Maestre de Campo don Gaspar de Valdés, anteriormente alcaide de Melilla, y al mando de las tropas, compuesta de 800 hombres, quedó el Sargento Mayor don Mateo Bartox. A este contingente, se unieron 70 jinetes de Tánger y Ceuta al mando del capitán don Martín de Varte Cerón, y el ingeniero Juan Bautista Antonelli fue el encargado de reforzar las defensas existentes.

Larache llevaba siendo una plaza tan codiciada durante tantos años, que lograr su ocupación llegó a celebrarse en la península con procesiones y festejos. Y el poeta don Luis de Góngora, en esta ocasión, compuso varias de sus mejores endechas.

Mientras tanto, la entrega de Larache causó malestar y una gran decepción entre los seguidores y súbditos del sultán Al-Xaij.

Seguirá…

 

 

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