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EL TÁNGER ACTUAL DE JAVIER VALENZUELA, EN EL COLOQUIO DEL PRÓXIMO DÍA 7 DE MARZO

Día 7 de marzo.

Tánger en nuestros libros.

Charla coloquio entre los escritores Javier Valenzuela, Rocío Rojas-Marcos y Sergio Barce.

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Limones negros de Javier Valenzuela (Anantes, 2017). Tras su anterior libro, Tangerina, reaparece Sepúlveda, su protagonista, un profesor del Instituto Cervantes de Tánger que, por azares de la vida, se ve envuelto en una nueva y oscura historia que nos introduce en la otra cara de la ciudad, más desconocida y más terrible. Una novela negra perfectamente ensamblada, que nos lleva por las calles del Tánger actual y por las arterias más podridas de la sociedad de ambas orillas. Limones negros es, además de una excelente novela noir, un caleidoscopio de Tánger, donde aparecen personajes reales, fácilmente reconocibles, y en la que la ciudad se convierte en parte fundamental de la trama. El conocimiento profundo que posee Javier Valenzuela de sus rincones y de sus habitantes, añaden un plus a la obra.  

En el encuentro del día 7 de marzo en Málaga, se cruzarán los personajes reales y ficticios del Tánger internacional y del Tánger de nuestros días, y los lugares emblemáticos de entonces y de ahora.

Fragmento de Limones negros:

“…El cielo, poco cubierto cuando entré en la jefatura, se había convertido en una masa cenicienta de nubes, una opresiva panza de burro. Eso me deprimía: no vivía en el sur para padecer la grisaille de Bruselas o Estrasburgo, el mal tiempo me transmitía la sensación de haber sido estafado por algún tipo de vendedor de seguros. Además, la escasez de luz solar ponía de relieve la suciedad, la pobreza y el abandono. Si un cielo gris realzaba en Londres y París el granito lustroso, el acero pulido y la buena pizarra de los tejados, aquí tan solo añadía una capa de ceniza a la desdicha.

Subí hasta la avenida Mohamed V y desde allí seguí subiendo hacia el punto, donde se alzaba el Hotel Rembrandt, en que esta se convertía en el bulevar Pasteur. Sentí que mi ánimo iba mejorando y supe que se lo debía a la gente. Como había escrito Paul Bowles, los marroquíes eran unos consumados actores teatrales. Siempre estaban interpretando, y hasta sobreactuando, los papeles que su dios, el destino o quien fuera les había atribuido a cada cual.

Sorteé a un loco que conversaba animadamente consigo mismo. Esquivé a un forzudo que llevaba una bombona de butano sobre los hombros como se lleva un cordero pascual al sacrificio. Tropecé con un chico con una sudadera con el retrato del Che Guevara que llevaba del brazo a una chica enlutada desde la coronilla a la punta de los pies. Ninguneé a un hombrecillo que me ofreció: <¿Reloj?, amigo>. Cedí el paso a una viejecita muy linda que conducía con estilo un carrito de inválido motorizado y modernísimo. La viejita llevaba gafas de pasta negra en un rostro de pajarito y vestía una chilaba y un hiyab con alegres estampados florales.

Tánger

Las mezquitas se pusieron a emitir la llamada a la oración del mediodía justo cuando pasaba por delante de la Librairie des Colonnes. Me detuve y oteé el escaparate. Me alegró ver que exhibía las obras de Chukri traducidas al castellano por Rajae Boumediane para la editorial Cabaret Voltaire. A continuación, en la terraza del Claridge, rechacé los servicios de un limpiabotas señalándole mis zapatillas deportivas. Recordé que Jamid, el limpiabotas que me adoptó cuando llegué a la ciudad, ya había fallecido y eso me pareció en cierto modo compasivo. En un tiempo en que hasta yo mismo me había pasado a las deportivas, a este oficio se le iba empequeñeciendo el mercado. ¿Terminarían desapareciendo como el de los aguadores?

Alcancé la Terraza de los Perezosos y allí, a la altura de la perfumería Madini, compré un cucurucho de maní y lo comí mientras contemplaba el grupito de manifestantes que hacía ondear banderas palestinas y gritaba consignas en árabe a favor de sus desdichados parientes de Tierra Santa.

Acordé conmigo mismo que, en vez de por la empinada Rue de Belgique, alcanzaría el Cervantes por la calle de México, aquella donde Messi tenía su negocio. Esperaba encontrarme su habitual animación comercial, pero me topé con medio centenar de hombres que comenzaban allí mismo sus plegarias, muchos con chilabas blancas. Se habían descalzado y colocado toallas o alfombrillas en la acera, y se postraban en dirección al levante, buscando el lejanísimo faro de La Meca. Coreaban alabanzas al Dios único de Abraham, Jesús y Mahoma.

Cambié de acera y fui siguiendo las subidas y bajadas de la calle de México hasta que, al fondo, cerrándola como una especie de puerta, vi desplegado el gran cartel del Instituto Cervantes, con su logo basado en la letra Ñ destacando en blanco sobre un fondo rojo. A la derecha, sobre los edificios, se colaba en la panorámica el alminar de la mezquita que llevaba el nombre de Mohamed V y había sido alzada tras la independencia de Marruecos con dinero de los jeques kuwaitíes.

Aceleré el paso y estuve a punto de caerme al suelo al calcular mal el movimiento de descenso en uno de los altísimos bordillos de las aceras de la ciudad.

Entré en el despacho de Paquita Torres, la secretaria del Cervantes, para preguntarle…”

Javier Valenzuela. Periodista y escritor, ha publicado once libros, los últimos las novelas Limones negros y Tangerina, ambas ambientadas en Tánger y de temática noir. Nacido en Granada en 1954, trabajó durante 30 años en El País, donde fue director adjunto y corresponsal en Beirut, Rabat, París y Washington. Entre 2004 y 2006 fue director general de Comunicación Internacional en La Moncloa. En 2013 fundó la revista tintaLibre. Vive a caballo entre Madrid, Tánger y la Alpujarra, y trabaja en una nueva novela negra que transcurre en el Madrid de la Guerra Civil.

Javier Valenzuela

Javier Valenzuela

 

 

 

 

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EL TÁNGER INTERNACIONAL DE ROCÍO ROJAS-MARCOS, EN EL COLOQUIO DEL PRÓXIMO DÍA 7 DE MARZO

Día 7 de marzo.

Tánger en nuestros libros.

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Charla coloquio entre los escritores Javier Valenzuela, Rocío Rojas-Marcos y Sergio Barce.

Tánger, la ciudad internacional de Rocío Rojas-Marcos (Almed, 2009) es un libro fundamental para conocer cómo fue Tánger en los años de su mayor esplendor, en los años que se han mitificado de alguna manera, especialmente por la literatura. Este libro ha servido, nos ha servido a todos los autores que, directa o indirectamente, hemos ambientado alguna de nuestras novelas en el Tánger Internacional con el que, confesémoslo, hemos soñado. Por eso, en el encuentro del día 7 de marzo en Málaga, será muy interesante contrastar lo que Javier Valenzuela y yo hemos creado y recreado en nuestras novelas (realidad y ficción en aquel Tánger y en el Tánger de hoy) y lo que una investigadora contumaz como Rocío conoce a fondo de ese mismo lugar. Un reto sugerente al que os invitamos a asistir.

Fragmento de Tánger, la ciudad internacional:

“…Una cita ineludible para todos los tangerinos amantes del teatro era la representación del Don Juan Tenorio de Zorrilla, que cada noviembre realizaban en el Teatro Cervantes, la ya célebre compañía de Los Aficionados. Así como otra de las actuaciones más importantes del momento que el Gran Teatro Cervantes pudo disfrutar fue el espectáculo ofrecido por la Compañía La Barraca. Llegaron a Tánger el 14 de abril de 1934; venían para celebrar la proclamación de la Segunda República Española, invitados personalmente por Jacobo Bentata; tangerino sefardí que solía frecuentar la Residencia de Estudiantes y conocía bien a los poetas de la Generación del 27. La Barraca trajo como repertorio el Fuenteovejuna de Lope de Vega y Entremeses de Miguel de Cervantes. Ofrecieron hacer dos representaciones, una al aire libre -que fuese gratis para todo el que quisiese asistir-, y otra en el Teatro Cervantes. En esta ocasión no sería García Lorca quien viniese al frente de la compañía, sino su subdirector, el cineasta y dramaturgo Eduardo Ugarte. García Lorca estaba por entonces viajando de vuelta de Argentina.

Teatro Cervantes

Aunque no coincidió con su compañía, Lorca estuvo en Tánger a finales de ese mismo mes, si bien nunca se ha sabido mucho más sobre esta visita ni trascendieron noticias escritas, por lo que es de suponer que fue uno más de los que quiso conocer la vida buena y relajada que se podía disfrutar en la ciudad. En cualquier caso, las décadas de los años treinta y cuarenta fueron las más activas para este teatro. Además de por la agitada vida social de Tánger -ya en plena etapa internacional-, por la presencia española durante el lustro que el gobierno español controló la ciudad durante la II Guerra Mundial -de 1940 a 1945-. En esta época, la influencia española en la vida social y cultural se dejó sentir aún más en las representaciones del Cervantes. Era el tiempo en que las tonadilleras eran las más grandes estrellas del momento en España, y todas cantaron en el Cervantes de Tánger: Estrellita Castro, Carmen Sevilla, Imperio Argentina, y Lola Flores, acompañada por Manolo Caracol, quienes con La Niña de Fuego lograron hacer vibrar a las mil cuatrocientas personas -aforo máximo- que abarrotaba el teatro.

En 1944, también Juanito Valderrama llega a Tánger. En principio la visita no era más que una parada más dentro de la lista de actuaciones programadas en su cartel, pero se convierte en un recuerdo imborrable para la ciudad y también para el artista: entre sus nostálgicos recuerdos de lo que allí vio, cuanta Juanito Valderrama:

<Tánger no tenía nada que ver con las otras partes de Marruecos que yo había conocido desde la primera vez que fui con la Niña de la Puebla antes de la guerra. Tánger era completamente distinto a las ciudades españolas del Protectorado, a Tetuán, a Larache, a Alcazarquivir. Los otros sitios eran como Andalucía, estaban atrasados como España, llenos de soldados, de cuarteles, de moros de Regualares.>

Pero esto no es todo lo que el artista conoció en Tánger. Cuenta que la gente se le abalanzaba por la calle; cada español tenía su pequeña historia de exiliado en busca de la libertad en Tánger. Entre sus recuerdos puestos por escrito, Juanito Valderrama nos dice:

<A mí me pareció que media España estaba allí, refugiada en Tánger, en esa emigración forzosa, con esa emoción que vi luego en el teatro, todos en pie, aplaudiendo los cantes de España, sin colores, sin bandos, con lágrimas en los ojos. Allí ni se decía nada en contra del régimen de Franco ni a favor de nadie. Nada más que llorar recordando nuestra tierra. Y con todo esto en un rato compuso la canción que más fama le dio nunca: El Emigrante. Su canción más conocida la compuso sentado en el hotel de Tánger recordando a todos esos españoles que lloraban anhelando su país, pero que ya no sabrían vivir en otro sitio que no fuera Tánger, y a todos ellos les dedicó esa canción. Y a mí aquello me llegó tan hondo y era una verdad tan dolorosa, que al llegar al hotel por la noche, después de pasar por aquellos sitios del Zoco Grande, por los cafetines del té moruno, todos oscuros, las calles tan estrechas, la otra parte de Tánger, la mora, no la internacional, cogí un papel y me puse a escribir toda la canción que me faltaba, porque hasta entonces el Niño Ricardo y yo nada más que teníamos compuesto el estribillo. La hice de un tirón. Así nació el himno de todos los emigrantes españoles, la música que todo el que salió de España canturreaba mientras recordaba lo que dejaba atrás. El Emigrante de Juanito Valderrama, era de Tánger>.”

En el encuentro del día 7, se presentará el último libro de Rocío Rojas-Marcos: Tánger, segunda patria.

Rocío Rojas-Marcos (Sevilla, 1979). Doctora en Literatura y Estética en la Sociedad de la Información (Universidad de Sevilla, 2017). Máster en Escritura Creativa (2011-12). Licenciada en Estudios Árabes e Islámicos (2003). Entre sus publicaciones destacan: Tánger, Segunda patria (Almuzara, 2018), Tánger ciudad internacional (Almed, 2009), Sanz de Soto y Buñuel. La tercera España transfretana (Khbar Bladna, 2012), Carmen Laforet en Tánger (Khbar Bladna, 2015). Su producción intelectual se compagina con la participación en los proyectos de ciudades intermedias en la Fundación Andaluza Gordion, así como con la poesía. Próximamente verá la luz su primer poemario Habitada por palabras (Lápices de Luna).

Rocío Rojas-Marcos

Rocío Rojas-Marcos junto a Javier Valenzuela

 

 

 

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MÁLAGA – 7 DE MARZO – «TÁNGER EN NUESTROS LIBROS»

Primer aviso…
MÁLAGA

Día 7 de marzo

A las 19.30
En Ámbito Cultural de El Corte Inglés.

Tertulia que mantendremos Rocío Rojas-Marcos, Javier Valenzuela y yo para hablar de
TÁNGER EN NUESTROS LIBROS

Para anotad ya en vuestras agendas.

7 de marzo 1

Hablaremos de nuestros libros ambientados en esta fascinante ciudad…

tangerina-de-j-valenzuela-portada

Tangerina y Limones negros, novelas de Javier Valenzuela

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Tánger, la ciudad internacional, libro de Rocío Rojas-Marcos

portadatanger-grande

La emperatriz de Tánger y El libro de las palabras robadas, novelas de Sergio Barce

cubierta definitiva La emperatriz de Tánger

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El libro de las palabras robadas -

Y aprovecharemos para presentar el nuevo libro de Rocío:

Tánger, segunda patria

Tánger segunda patria

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«TRIBUTO A DOS CIUDADES: LARACHE Y TÁNGER», UN LIBRO DE LEÓN COHEN

En los próximos días, sale Tributo a dos ciudades: Larache y Tánger, el nuevo libro de relatos del escritor larachense León Cohen Mesonero, que publica la editorial Círculo Rojo

La cubierta es muy atractiva. Como me explicaba León, tras varias propuestas ha conseguido que, en la foto de la contraportada, aparezca la casa donde vivió su abuela Luna, en Larache, y que es la casa de su memoria.  En esa foto, se ve el balcón de Luna, un homenaje a ella.

cubierta Tributo a dos ciudades

Como adelanto, aquí podéis leer el prólogo que he escrito para el libro, que mi amigo León Cohen tuvo la deferencia de pedírmelo y que escribí mientras disfrutaba de la lectura de sus relatos.

Sergio Barce, febrero 2018

No sabía muy bien cómo abordar el prólogo de este libro. Tras muchas dudas, me he decantado por lo más sencillo, creo. Y es seguir las huellas que marca el propio autor, dejarme llevar por el orden de sus relatos. Tal vez así llegue a donde me propongo. A saber: desvelar al posible lector qué es lo que León Cohen Mesonero cuenta cuando narra.

Comienza en Larache, y su primera historia es la antesala a este viaje interior a los sueños y a la memoria, a ese pasado quizá construido en el deseo. Es un acierto comenzar por este relato titulado con simpleza: Larache, ya que, para quien no conozca esta ciudad, puede hacerse una idea exacta de su esqueleto, pintado al detalle por las palabras de León Cohen. Además, ilustra la arquitectura y las arterias de la ciudad con rápidas pinceladas de los personajes que le impactaron en los años que describe (de 1950 a 1964) y de los acontecimientos históricos más destacados. Y así, en pocos párrafos, resume un pequeño mundo, entre mágico y ensoñado, en el que, en las siguientes páginas, León Cohen sitúa sus relatos más enjundiosos.

Inevitablemente, con toda lógica, su siguiente relato describe su sentimiento y las sensaciones más íntimas cuando, años después de abandonar su ciudad natal, el autor regresa por primera vez. La emoción se desborda con cada palabra, embozando al lector con ese temblor del alma que causa el reencuentro con el pasado. León Cohen reconoce que, en un momento dado, no caminaba por la ciudad en la que se encontraba en ese preciso instante, sino por ese otro Larache que él llevaba en su memoria, como si se fuera materializando a cada paso que daba. Por supuesto, se estaba engañando. La realidad era más prosaica, más gris, más real. León Cohen hace entonces una finta, y decide, en connivencia con el lector, olvidarse de esa realidad y continuar avanzando en busca de su casa arropado por el Larache de su corazón. Opta por la memoria, que nunca es exacta, que lo endulza todo, que lo blanquea todo.

Larache

Larache

La calle Barcelona. Otro relato, y la meta ansiada en su camino por el Larache del reencuentro, por el Larache de su memoria. Ahí habita su infancia. Y, sobre todo, el recuerdo de su padre. Inconscientemente, cuando el padre de León Cohen aparece, aunque sea de manera furtiva en sus relatos, cobra vida, de manera inusitada, y la rápida descripción que hace de él, lo dota de vida, de protagonismo, como una presencia que nunca desapareciera.

Otra calle: la calle Real. Nuevos recuerdos que no se borran de su memoria. Por eso, nos lleva por esta vena histórica de la Medina de Larache, donde su segunda etapa infantil labra nuevos recuerdos que lo ayudan a formarse. Pequeño homenaje además a los judíos de Larache. Al acabar este corto relato, tengo la sensación de que las voces de esos hebreos parecen escucharse en un eco de olvido. Hay mucha nostalgia en su manera de describir ese micro mundo dentro de la Medina.

Larache - Madina

Los otros relatos de León Cohen, nos trasladan hasta lugares emblemáticos, hechizantes, como El Jardín de las Hespérides. Sin embargo, él regresa al útero sentimental de su memoria, a su casa. Mi casa es un relato detallista. Y un ensueño, ya que el mismo autor duda de que realmente ocurriera lo que describe: regresar a la casa de su infancia cincuenta años después de abandonarla. “Todos somos exiliados de la infancia que es nuestra patria, nosotros también lo éramos de nuestro pueblo, de nuestras calles. Porque una cosa son las calles propias, las de la infancia y la adolescencia y otra bien distinta, las calles prestadas, aquellas a las que llegamos perdidos y donde pudimos pasear nuestro exilio interior mejor o peor, cada uno según su circunstancia” escribe León Cohen con pulso, lleno de rabia contenida, de amargura dulce y de grito contra el destino traicionero.

Camisas mojadas. Como un pequeño islote entre esos relatos melancólicos, León Cohen deja aquí una declaración de intenciones, un pequeño homenaje a esos marroquíes que han tenido que cruzar el estrecho en pateras para buscarse la vida. Difícil ejercicio de condensación para articular un fiero discurso contra la injusticia. Lo logra, sobradamente.

Pero enseguida trata de refugiarse una vez más en su memoria, y nos vuelve a sumergir en ella con El espíritu de mi pueblo. Esto sí que es una declaración de amor a Larache, como si se aferrara a las rocas del espigón luchando contra las olas del tiempo. León Cohen narra un poema, y la musicalidad nace de su afecto y de su melancólica ternura por los lugares en los que sintió realmente la felicidad. Es bonito que el espíritu lo conformen personas y objetos, calles y edificios, nombres y apellidos. Hay sonidos que se escuchan en todos sus relatos, ecos que llegan de su pasado.

El guarda de la sinagoga. León Cohen nos deja entrar en la sinagoga Pariente, en el viejo Larache, para contar una pequeñísima anécdota que, sin embargo, contiene uno de los más bellos mensajes de este libro. Conciso, emotivo, incluso candoroso relato.

Su homenaje a Larache acaba con un sucinto poema. Entre estos versos y los recuerdos atados a sus cuentos, León Cohen construye un pequeño cofre lleno de sabores antiguos, de añoranzas y de suspiros por lo que fue y ya no es, o de lo que sigue siendo, pero en el universo personal de sus remembranzas más íntimas. Larache se convierte, en estas páginas, en un universo mágico que nos hace querer recuperar la candidez que se ha perdido en la sociedad actual. Es como una reivindicación de otra manera de vivir.

Cine Roxy

Tánger – Cine Roxy

A mitad de este libro, León Cohen viaja hasta Tánger, la otra ciudad que habita en su corazón.

Tánger mítica, Tánger mitificada. También desborda cariño en sus palabras por esta otra ciudad marroquí, pero es otra clase de amorío. León Cohen nos habla de los años 1964 a 1968. Y ya no es el niño de Larache, y Tánger no es aquella pequeña ciudad.

La banda del Koah es, quizá, el relato que lo resume todo. León Cohen rememora en él sus correrías con los amigos adolescentes, y, mientras nos describe aquel Tánger aún esplendoroso de finales de los sesenta, usa los pinceles de sus palabras para pintar ahora una acuarela de aguafuertes, llena de colores vivos: la ilusión de la adolescencia, la atracción por las chicas, la búsqueda de la utopía política y ética, la vida explotando cuando la juventud nos arrastra a la aventura, aunque sea sentados en el Haffita disfrutando de un té con hierbabuena…

Por supuesto, si León Cohen habla o escribe de Tánger, la presencia de Juanita Narboni, el personaje creado por Ángel Vázquez, ha de aparecer tarde o temprano. En este libro, por supuesto, lo hace. Carta a Juanita Narboni es uno de sus textos más pensados y elaborados, también es uno de los relatos cohenianos de referencia. A contracorriente del resto de los que conforman este libro, aquí la voz narradora se la cede León Cohen a una mujer, a Sol, y ella, tangerina, se encarga de poner al día a Juanita de lo que ha acontecido en Tánger en los últimos años. Una excusa inteligente y perfecta de la que se vale el autor para hablar largo y tendido de sus impresiones sobre la ciudad. Y es un largo lamento de aquel Tánger deslumbrante que ya no existe, al que ha sustituido una ciudad impersonal y vacía de alma. Tal vez sea el punto final definitivo a la historia que inició Ángel Vázquez.

El libro se cierra con Juanita y Sol, otro juego de malabarismo de León Cohen utilizando por enésima vez a Juanita Narboni, que, al final, se ha convertido casi en un personaje imprescindible de su narrativa.

Igual ocurre con Retrouvailles à Tanger. León Cohen ama Tánger, pero ama aquel otro Tánger que añora Sol, y que, en esta otra narración, vuelve a emerger del fondo de la nostalgia. Hay un nexo silencioso e invisible de Tánger con Larache. Leyendo este relato, nos damos cuenta de que ambas ciudades provocan la misma reacción en el autor: camina por una ciudad que ya no existe, pero camina por la ciudad que sólo él ve. Y es capaz, con esta argucia, de hacernos creer que ha regresado a aquella otra que ha desaparecido para siempre, como si se resistiera al paso del tiempo.

Las Gerofi

Yvonne e Isabelle Gerofi

El libro continúa con varios homenajes a personajes tangerinos que se condensan, de manera excepcional, en esa visita del propio autor a La Librairie des Colonnes. Este sí es un cuento que rezuma realismo mágico. Jugando entre la realidad, la fantasía y el sueño, León Cohen reúne a las Gerofi, a Chukri, a Juanita Narboni… a los tangerinos que más le han influenciado, en una suerte de reunión entre fantasmas en el Tánger fantasmal. La magia transforma este inverosímil encuentro en un acontecimiento que contemplamos con una sonrisa, casi como cómplices del ensueño de León Cohen.

Cuando cerramos este libro, tenemos la sensación de haber paseado por las calles de dos ciudades que no existen pero que, sin embargo, habitan en su alma. Y nosotros somos, ni más ni menos, que los exclusivos testigos de que esas otras dos ciudades ensoñadas ya sólo siguen vivas en la memoria blanqueada de León Cohen Mesonero, alias Cohete, alias Garrincha.

Sergio Barce, octubre 2017

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CARMEN LAFORET EN TÁNGER

Hay una editorial, de la que ya escribí en su momento, que publica libritos con encanto: Khabar Bladina. Todos están relacionados con Marruecos, en especial, con Tánger. Entre esos pequeños volúmenes, que casi caben en una mano, hay uno escrito por mi admirada y querida Rocío Rojas-Marcos Albert. Se titula Carmen Laforet en Tánger (2015).

Carmen Laforet en Tánger

Se trata de una “fotografía narrada” de aquel homenaje que se le tributó a la escritora Carmen Laforet el 6 de septiembre de 1959, en el Club Gandori. El homenaje se lo organizaron Josep Andreu Abelló, Paul Bowles, Mohamed Omar Hajoui, Julio Ramis, Asís Viladevall, Herbert Southworth, los condes Charles de Breteuil y Piero Toni, los condes de Fuente el Salce, Paolo D. Occhipinti y Emilio Sanz de Soto, que fue el orador de la velada. Es decir, como escribió el propio Emilio Sanz, un grupo variopinto de “rojos”.

En ese acto, Sanz de Soto, con sus palabras, llenas de afecto y admiración, resaltó no sólo el valor literario de la novela Nada de Carmen Laforet, sino también su valía como persona y, de paso, le daba las gracias por ese aire fresco que su obra había traído a la novela española y su influencia en la juventud de aquella época (Nada había sido premiada con el Nadal en el año 1944). Por supuesto, entre líneas, había una crítica a la situación política y moral de la España franquista, y eso no gustó al corresponsal del diario Pueblo en Tánger, un tal José Ramón Alonso, quien, escandalizado por lo que Emilio Sanz decía, interrumpió su alocución poniéndose en pie y gritándole cara a cara:

Usted es un hijo de la gran puta, y todos los que piensen como usted son también unos hijos de puta. Y deberían levantarse e irse como yo

Dicho lo cual, efectivamente, el personaje se marchó, pero sin que nadie lo siguiera. Al contrario, al preguntarle Emilio Sanz al cónsul español don José María Bermejo, presente en el acto, si podía continuar, la reacción y respuesta de éste fue exquisita: “Bajo mi absoluta responsabilidad”.

El tal Alonso, por supuesto, creía encontrarse en España, en la España negra y oscura de la dictadura, y no en Tánger, una ciudad cosmopolita y abierta, que ya formaba parte del reino de Marruecos.

ROCÍO ROJAS-MARCOS

ROCÍO ROJAS-MARCOS

Rocío Rojas-Marcos reúne en este pequeño volumen el texto escrito por Emilio San de Soto sobre esta anécdota, y, para comparar los hechos con las diferentes reacciones que se produjeron, también lo que el diario Pueblo informó a sus lectores, el reportaje del diario España de Tánger, que entonces estaba dirigido por el marido de Carmen Laforet, Manuel Cerezales, y las que publicaron Vida Española en Marruecos, Le Petit Marocain-Progress, y alguna que otra más pero sin poder identificar el medio. También reúne aquí Rocío Rojas-Marcos lo escrito por Emilio Sanz en memoria de Carmen Laforet cuando la escritora falleció, o la carta que le envió a Eduardo Haro con tal motivo.

Esta publicación, además de curiosa, es muy aleccionadora sobre la realidad de aquellos años. Mientras en España la vida gris se hacía más gris, en Tánger, pese a que ya habían acabado los esplendorosos días de su estatuto de ciudad internacional, aún se seguía respirando un aire de libertad sorprendente. También es curioso lo que cuenta Emilio Sanz sobre Manuel Aznar, abuelo de José María Aznar, que, por supuesto, comulgaba con el franquismo absolutamente.

nada

Carmen Laforet llegó a Tánger de la mano de su marido, Manuel Cerezales, cuando éste fue nombrado en 1957 director del diario España. Y, como muy bien resume Rocío:

 “…Desde mi punto de vista, este homenaje a Carmen Laforet fue un triunfo más de su literatura. Un regalo más de su Nada desde un Tánger librepensador y desahogado, donde se podía vivir tal como ella había rogado desde las páginas escritas”.

Carmen Laforet en Tánger, breve pero contundente alegato de libertad. Y aquí, sí que habría que subrayar: basado en hechos reales.

Sergio Barce, enero 2018

MANUEL CEREZALES y CARMEN LAFORET

Manuel Cerezales y Carmen Laforet

 

 

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