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HABRÁ QUE SEGUIR

Hoy, mi amiga María Bacall, ha escrito lo siguiente en facebook, acompañando sus palabras con esta fotografía de mi libro:

«Una preciosidad de libro, Sergio. Ha sido como volver a vivir en Larache, volver a recorrer todos sus rincones, con esas descripciones y esos personajes, el Café Central, el Balcón Atlántico… sueño con volver. Gracias por haberme traído un poquito de Larache a este encierro en Badajoz. Deseando volver. 

Nunca dejes de escribir. 

MARÍA BACALL»

No podía responderle más que una cosa: «seguiré escribiendo por ti«. Y es que no hay razón más profunda para continuar narrando que hacer feliz a quienes nos leen.

 

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«TÁNGER Y MELILLA CONFRONTADAS: OTROS SESGOS SIMBÓLICOS Y LITERARIOS», UN LIBRO DE JOSÉ MARÍA LIZUNDIA

Tánger y Melilla confrontadas: otros sesgos simbólicos y literarios, es un interesantísimo libro de José María Lizundia que acaba de publicar Alhulia, en su colección Ensayos Saharianos, en el que aborda diferentes asuntos, pero sobre todo el de Tánger como mito literario.

“Es tal la adscripción a la literatura de géneros, que se ha convertido la Ciudad del Estrecho en otro género en sí misma, que está generando esa literatura, refundiendo a los demás”.

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Tiene razón cuando funde a Tánger con el género de aventuras, con la novela negra, con el entretenimiento. Es tal el caudal de obras de género publicadas en los últimos años con Tánger como decorado que, a veces, creo que rozamos la sobreexplotación y que puede generar, al final, cierto hastío. Espero equivocarme.

El recorrido que hace Lizundia no es contemplativo y mucho menos condescendiente. Al contrario, su ensayo es muy crítico y acerado, y en muchos aspectos hay que darle la razón (por ejemplo, de entre los asuntos que roza, destacaría su acierto al hablar de los judíos, Marruecos y Palestina, con una postura valiente, sin duda, y nada errada; o su visión de Paul Bowles y la relación que mantuvo con los escritores marroquíes, algo de lo que habría que ahondar para dejar algunas cosas claras).

Pero es su acercamiento al mito de Tánger como elemento literario lo realmente enjundioso. Hay un párrafo excitante:

“Quitando a William Burroughs y obviamente a Bowles, nadie escribió nada allí o nada relevante. Mick Jagger dejó una frase pero no una canción, otros dejaron alguna cita. Está muy bien que se peregrine por los hoteles y bares de Tánger, pero no hay escritorio donde se escribió tal libro, estantes con libros del autor, estilográficas, habitación medio sellada. A Tánger le falta cultura material y le sobra inmaterial, a los efectos literarios y culturales españoles de los que hablamos.”

No se puede tirar por tierra un espectro con menos palabras. Sin embargo, siendo todo eso cierto, la imaginería ha hecho de Tánger un lugar bien abonado para crear. Yo lo he utilizado en cuanto he ambientado algunas de mis novelas en el Tánger de los años cuarenta y cincuenta. Por mi edad, solo puedo fantasear y crear una ciudad que solo existe en mi cabeza, pero con los pies en el suelo, sabedor de cómo es el mundo que describo. Probablemente a Tánger le falte cultura material, cierto, como también es verdad que le sobra la inmaterial, pero ésta ha dado obras realmente buenas (y también algunas infumables y, aunque con Tánger de telón de fondo, ajenas por completo a lo que ha sido o es la ciudad).

Pero yo soy un nostálgico de Larache y quizá por eso me hice nostálgico de Tánger, porque las dos ciudades tenían demasiados puntos en común como para despreciarlos y no aprovecharlos en mi beneficio, armamento pesado para mis obras. Abomino y rechazo sin embargo el ser un melancólico de los que describe José María Lizundia, aunque tengo pavor al pensar que con mis novelas tangerinas haya podido dar la impresión de pertenecer a esta categoría.

“…La ciudad es como una vieja locomotora de vapor que hubiera que alimentarla de libros para que pudiera seguir su marcha. Toda la literatura escrita después de la independencia de Marruecos, desde o sobre Tánger, parte de esa creencia; Tánger no desapareció, y aún perdura, como puede, para muchos. He de incluirme, aunque sea, seguro, el que menos motivos tiene para hacerlo, porque en otro caso no estaría en este cometido. Se han incorporado los ajenos, incluso con mayor puja, como yo mismo con prurito de aguafiestas, simplemente porque no vislumbré ninguna otra vacante. Por eso esa literatura nueva que recupera aquel mundo de la leyenda, y la película <Casablanca> hace de musa, al ir, descubren que el Tánger de la nostalgia, el paraíso, dejó de existir. Pero lo interesante y significativo no es la constatación, sino que hayan tenido que ir allí para certificarlo. Entonces, para perpetuar esa añoranza, ese estado de duermevela dulce y ondulado que pasa sugerentes imágenes, lo que hacen es escribir un libro sobre el Tánger extinguido y resucitado. Más que resucitado, en el fondo ha sido imaginado.”

Como decía antes, al leer este trabajo de Lizundia, temo ser catalogado de melancólico. Sí es cierto que hay novelas escritas por autores que han visitado Tánger (solo Tánger de todo Marruecos) durante dos o tres días, a veces solo un día, han leído algunos libros, les han invitado a una buena cena marroquí, y por arte de birlibirloque ya son especialistas en Tánger y en Marruecos. Yo, que viví mis primeros trece años en Larache (donde se asentó mi familia antes de la existencia del Protectorado), y que voy y vengo de Marruecos con asiduidad, sigo siendo un lego. La cultura marroquí es compleja, el país es complejo, Tánger en concreto es muy complejo, y sigo aprendiendo. Y sí, acierta José María Lizundia al decir que lo que hacen es escribir sobre un Tánger imaginado. Pero yo exijo que al menos haya algo de verdad en lo que se narre, y no me refiero a la verdad histórica. Sin embargo, juega en nuestra contra el hecho de que novelar te permite crear la ciudad que te dé la gana.

Este libro puede molestar a algún tangerino de los muy recalcitrantes, pero no viene nada mal zarandear un poco la mesa y que el castillo de naipes se tambalee para que abramos un poco más los ojos, tal y como hace José María Lizundia.

Sergio Barce, marzo 2021

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«UNA PUERTA PINTADA DE AZUL», DE SERGIO BARCE, SEGÚN EL ESCRITOR DAVID ROCHA

A veces, te topas con algún comentario sobre tus libros y te dices: bueno, quizá no lo haya escrito tan mal. Y sabes que has de continuar narrando. Eso me ocurrió ayer cuando me llegó a través de Instagram la reacción de alguien que acababa de leer mi último libro Una puerta pintada de azul, alguien al que aún no conozco, pero que no tardaré en conocer: David Rocha, escritor, autor de la novela La sombra de Teresa. Sus comentarios me dibujaron una gran sonrisa. Y le doy las gracias por ello. Feliz, además, por haberle hecho pasar un buen rato con mis historias. 

Sergio Barce, 28 de febrero 2021

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TORREMOLINOS, 27 DE FEBRERO – FIRMA DE EJEMPLARES DE MI LIBRO «UNA PUERTA PINTADA DE AZUL»

Este sábado, 27 de febrero

en la Librería Pérgamo, de Torremolinos

entre las 11.00 y las 14.00 horas

estaré firmando ejemplares de mi nuevo libro de relatos larachenses

Una puerta pintada de azul 

Allí os espero

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DOS POEMAS DE MANUEL GAHETE

Manuel Gahete, al que admiro y respeto, entre otras razones porque es un hombre generoso, educado y cercano, y porque, en varias ocasiones, al presentar mis novelas, con su sola intervención las hizo mucho mejores. Manuel Gahete, además, posee algo que envidio: un timbre de voz que ya hubiese querido para mí, con el que, estoy seguro, habría logrado encandilar y hechizar a alguna bella dama. Pero no, la voz es suya y la frustración mía. 

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Manuel Gahete también es un gran escritor, un extraordinario poeta. Y esta es la excusa para traerlo aquí y leer en alto (aunque no sea con el timbre de su voz) dos de sus poemas, que forman parte de su libro El fuego en la ceniza, con el que obtuvo el I Premio de Poesía Fernando de Herrera, libro en el que me escribió una bellísima dedicatoria: “Para Sergio Barce, siempre incendiado por la emoción poética. Con mi cariño y admiración”. Lo mismo digo, Manuel: releeré estos poemas con mucho cariño y rendida admiración. Agradecido de tu amistad.

Sergio Barce, febrero 2021

Códex

 

Cuando me haya de morir

pon en mi cuerpo de tierra

un beso de cera gris

y préndelo con tu fuego

para que quede de mí

la ceniza de tu aliento

cuando me haya de morir.

***

La llamada

 

Fulge tu amor aún como una espada,

sílex de soledad, rayo de hierro,

última estrella tú en el desierto,

cítara de piedad alquitarada.

Fulge un amor aún. A tu llamada

vibra mi corazón desde su encierro,

lábil como el papel a ti me aferro,

ángel de lluvia vuelto de la nada.

Fulge tu amor aún: en el asombro,

en el fatal fragor de mi destino,

templas el tenso pulso de mi brazo.

Fulge tu amor aún cuando te nombro.

cuando mis pasos buscan tu camino,

siempre estás tú llamándome al abrazo.

Manuel Gahete

MANUEL GAHETE, SERGIO BARCE Y ANTONIO MORENO AYORA
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