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TÁNGER EN EL CINE – 5ª ENTREGA

Y seguimos con Tánger como protagonista de cine.

CAFTAN D´AMOUR

En 1989 se estrena una producción marroquí, Caftan d´amour, del realizador tangerino Moumen Smihi, al que ya hemos mencionado antes; uno de los directores más prolíficos e importantes de Marruecos. El guión se basa en una obra de Paul Bowles.

La película comienza con una secuencia de sueño, en la que se nos presenta al personaje principal: Khalil, un joven que regenta una granja familiar cerca de la ciudad de Tánger. Khalil busca a la mujer de su vida y la ve en su sueño: una joven de una belleza excepcional. Decide entonces casarse con ella.

Por casualidad, en los callejones de la medina, conoce a la chica de su sueño. Su nombre es Rachida. Al casarse con ella, el sueño se convierte en pesadilla para Rachida, que sufre de lo que las mujeres de Tánger llaman la “enfermedad de la belleza”, es decir, en términos de la medicina moderna, una escisión de personalidad. Ella se aleja de la realidad, al mismo tiempo que aleja a Khalil de su sueño y lo sumerge en un círculo infernal donde el sueño y la realidad se funden y fusionan…

La cinta está protagonizada por Nathalie Raiman, Mohammed Mehdi, Nazha Ragragui y el gran Larbi Doghmi. Música de Jorge Arriagada.

En los años noventa, la ciudad continúa sirviendo de perfecto lugar para algunos rodajes, en ocasiones para servir de escenario de alguna intriga o de decorado exterior para algún rodaje ambientado en otra ciudad que toma prestado de Tánger sus ropajes y su rostro.

EL CIELO PROTECTOR 1

Rodado en 1990 se estrena uno de los films ambientados en Marruecos más conocidos: El cielo protector (The sheltering sky), dirigida por el maestro Bernardo Bertolucci y basada en la novela de Paul Bowles, nombre mítico del Tánger literario.

La protagonizan unos inolvidables John Malkovich y Debra Winger, bien secundados por Campbell Scott, Jill Bennett, Timothy Spall y Amina Amrabi.

EL CIELO PROTECTOR 2

Narra el viaje de una pareja por Marruecos que, con esta excusa, tratan de recuperar una relación que está naufragando. Aunque no llega a la altura de la novela, sí se trata de un film interesante y atractivo.

Se rodó en escenarios de Tánger (como en el Hotel Continental y en el Hotel Minzah, por ejemplo), y también en Ouarzazate, Ait Benhaddou, Erfoud, el Atlas, y otras escenas en Níger y Argelia.

Con una maravillosa fotografía de Vittorio Storaro y música de Ryuichi Sakamoto.

EL SUEÑO DE TÁNGER

Al año siguiente, se estrenó la película española El sueño de Tánger (1991), de Ricardo Franco.

Interpretada por Fabio Testi, Maribel Verdú, Pastora Vega, Joaquín Hinojosa y Jilali Ferhati.

Con música de Alberto Iglesias y fotografía del maestro Javier Aguirresarobe, se rodó en su totalidad en Tánger.

Diego Muñoz relataba en El País que “La película nació como un sueño de aventuras en Marruecos, pero se convirtió, por problemas financieros del productor, en una auténtica pesadilla…” Rodada en 1985, no se pudo estrenar hasta el 91, y los intérpretes y técnicos se vieron forzados a poner dinero para acabar la película.

Sinopsis del film: Carlos, Daniel y Luis llegan a Tánger y recapacitan sobre los últimos años vividos por cada uno de ellos. Carlos, abatido por el suicidio de su mujer, vive encerrado en su bar, mientras Luis se ha convertido en el jefe de la Policía y Daniel es un experto contrabandista. Entre ambos surge un enfrentamiento lógico que, con la mediación de Carlos, no llega a males mayores. La situación se complica aún más cuando Carlos conoce a una joven de quince años de la que se enamora, sin saber que está relacionada con el más poderoso terrateniente de la comarca, que, además, trafica con armas.

Según la crítica era una película muy previsible.

AVEC MATISSE Á TANGER

Escena de AVEC MATISSE Á TANGER

En 1993, el director tanyaui Moumen Smihi, deja el cine de ficción para rodar un documental titulado Avec Matisse à Tanger.

En la primavera de 1912, tras una estancia en Moscú, Matisse se traslada a Tánger por consejo de sus amigo, en especial de Gertrude Stein. El documental se centra en esta época de su descubrimiento de la “orientalidad” tangerina.

LA NUIT SACRÉE

También de 1993 es la adaptación de la obra del escritor tangerino Tahar Ben Jelloun La nuit sacrée, dirigida por Nicolas Klotz, e interpretada por Amina Annabi, Miguel Bosé, Maité Nahyr, François Chattot y Carole Andronico.

El argumento es el siguiente: En la década de 1920, el sexo de la octava hija de una familia marroquí se mantiene oculto a todos. La familia la educa y la cría en la tradición de los varones hasta los 21 años bajo el nombre de Ahmed.

En estos años, tras la película mencionada de Bertolucci, varios documentalistas se interesan por la figura de Paul Bowles, que se convierte ya definitivamente en el icono literario tangerino para los europeos que visitan la ciudad.

PAUL BOWLES Y MOHAMED MRABET

PAUL BOWLES Y MOHAMED MRABET

En 1993 se estrena Un américain à Tanger, de Mohamed Ulad-Mohand. Documental sobre Paul Bowles, que protagonizan el autor americano y el escritor marroquí Mohamed Mrabet.

PAUL BOWLES - THE COMPLETE OUTSIDER

De 1994 es el primero de estos documentales, titulado Paul Bowles: The complete outsider, dirigido por Catherine Warnow & Regina Weinrich.

Incluye, además de al protagonista, entrevistas a Allen Ginsberg, Edouard Roditi o Aimé Serfati, entre otros escritores. El documental, que surge tras el éxito de la adaptación al cine de El cielo protector, trata de profundizar la obra del escritor americano y en su vida personal e íntima.

La música del film está compuesta por el propio Bowles.

PAUL BOWLES - HALBMOND

Y al año siguiente aparece un film curioso, una producción alemana titulada Paul Bowles: Halbmond, de Frieder Schlaich & Irene Van Alberti.

Se trata de un film compuesto de tres episodios basados en otros tantos relatos de Paul Bowles, los titulados: Historia de Lahcen e Idir, Parada en Corazón y Allal.

Está interpretado por Samir Guesmi, Khaled Ksouri, Veronica Quilligan, Said Zakir y el propio escritor.

Se rodó en Tánger y en Brasil. Proyectada en distintos festivales, obtuvo buenas críticas y varios premios.

MORIRÁS EN CHAFARINAS

También de 1995, es la producción española Morirás en Chafarinas, de Pedro Olea.

Un thriller con Jorge Sanz, Óscar Ladoire, Ernesto Alterio, María Barranco, Ramón Langa, Antonio Dechent, Achraff Boummina y Mohamed Ouaglou, e incluso Antonio de la Torre y Pepón Nieto.

La trama se centra en Jaime, un cabo de guardia en el cuartel de regulares de Melilla, que nunca olvidará el domingo en el que uno de sus centinelas, tras inyectarse heroína adulterada, organizó un altercado en un barrio árabe para posteriormente arrojarse desde el minarete de la mezquita.

Luis Martínez escribió a propósito de Morirás en Chafarinas que “…la novela homónima de Fernando Lalana da pie a un thriller cuartelero tan atípico como resuelto. Perdidos en un islote de los que su sola contemplación justifica la objeción de conciencia, un grupo de soldados se enreda en una embarrada trama de drogas, cuernos y aventuras de aire exótico. Sin aspavientos y con el pulso debido, el director de El maestro de esgrima construye una cinta con el beneficio de la efectividad.”

El rodaje se repartió entre Madrid, Almería, Aranjuez, Melilla, Chefchaouen y Tánger. La música es de Bernardo Bonezzi.

STEPHEN WHITTAKER

STEPHEN WHITAKKER

El policía de Tánger (Tangier cop, 1997), dirigida por Stephen Whittaker, es un film británico en cuyo reparto encontramos a Sean Chapman, David Schofield, Pastora Vega y Nadim Sawalha.

De este film curiosamente, no he encontrado ninguna imagen, salvo la foto de su director. 

Su argumento, basado en un texto de George Simenon, es el siguiente: Yaasin, un policía de Tánger alcoholizado (al que da vida el actor Donald Sumpter), pasa la mayor parte de su tiempo en un exclusivo burdel. Mientras tanto, llegan a la ciudad varios personajes turbios y perdedores, unos para efectuar pequeños robos y otros para buscar un talismán. Cuando aparece el cadáver de uno de estos personajes, Yaasin ha de tomar una decisión…

LEGIONNAIRE - SOLDADOS DE FORTUNA

También Jean-Clade Van Damme recaló en Tánger para rodar, en 1998, Soldados de fortuna, cuyo título original es Legionnaire, que dirigió Peter MacDonald.

Film de acción y aventuras, ambientado en los años veinte del siglo pasado, narra los avatares de Alain, un boxeador que vive en Marsella. Perseguido por un mafioso que desea cobrarse una deuda con él, escapa para enrolarse en la Legión Extranjera y es enviado a Marruecos… Curioso un legionario de la época usando artes marciales… Un film de escaso valor, salvo el anecdótico.

Según me contaron, se rodó una escena en Madame Porte, y pagaron muy bien a su dueño por cederles el local para esa filmación y para indemnizarle por los destrozos causados (pero no sé si es una leyenda urbana o real).

Junto a Jean-Claude Van Damme, actúan en la cinta Steven Berkoff, Abewale Akinnuoye-Agbaje, Nicholas Farrell, Jim Carter y Kamel Krifa.

Se rodó en Ouarzazate, Erfoud y Tánger.

CHRONIQUES MAROCAINES

Producción marroquí es Chroniques marocaines, de 1999, y dirigida por el director tangerino Moumen Smihi, al que venimos siguiendo en estos artículos.

Sinopsis del film: Como dicta la tradición, una mujer de Tánger que vive sola con su hijo decide circuncidarlo, y, para consolarlo, le cuenta tres historias que poco a poco dibujan un retrato del Marruecos de hoy…

Está protagonizada por Aicha Mahmah, Tarik Jamil y Miloud Habachi.

KASBAH

Otra producción española, de 2000, es Kasbah, de Mariano Barroso.

Film interpretado por Ernesto Alterio, Mohamen Mehdi Ouazanni, Elena Ballesteros, Adolfo Fernández, Natalia Verbeke, José Sancho, Omar Berdouni y Lucía Jiménez.

Argumento: Mario, un joven ambicioso y modesto, lleva algún tiempo trabajando en una empresa española ubicada en Marruecos y propiedad de Víctor Jávaga a la espera de poder regresar a España para desempeñar un cargo mejor remunerado. Acaba de llegar la oportunidad que tanto ha esperado, pero antes tiene que cuidar a Laura, la hija pequeña de su jefe, que va a realizar un viaje de vacaciones por el continente africano empezando por Marruecos. Lo que parece un asunto sin importancia pronto se convierte en un infierno cuando Laura desaparece como por arte de magia. Pero esto sólo es el comienzo de la pesadilla para Mario, ya que las únicas huellas de la desaparición le señalan a él como responsable. La policía marroquí y los padres de la chica culpan al joven, y éste no puede demostrar lo contrario, pese a ser inocente. Obligado a encontrar como sea a la muchacha, emprende una desesperada búsqueda por todo el país africano, acompañado de Brahim, un marroquí que dice tener una pista un tanto incierta sobre el paradero de la joven.

La crítica destaca el trabajo de Ernesto Alterio y el resto de los actores. En este film, Barroso usa la intriga y el formato de road-movie para plantearnos varios conflictos personales y familiares entre padre e hija. Y también la búsqueda de la propia identidad.

Se rodó en Ouarzazate, Marrakech y Tánger.

THE ADVENTURES OF YOUNG INDIANA JONES...

Curiosamente, en la serie producida por George Lucas del joven Indiana Jones, encontramos un episodio rodado en el año 2000, titulado The adventures of Young Indiana Jones: my first adventure, episodio dirigido por Jim O´Brien & M. Schultz, que recala en Tánger, aunque también se rodó en varias ciudades españolas, en Praga y en Egipto.

FRONTIÈRES

Y de 2001 es el film francés Frontières, film dirigido por el actor Mostefa Djadjam, que protagonizan Lou Dante, Clarisse Luambo, Ona Lu Yenke, Diouc Koma y Tadie Tuane.

Se trata de una película que aborda el problema de la inmigración. Siete africanos, una mujer y seis hombres, deciden llegar de manera ilegal a Europa para comenzar una nueva vida. Juntos, enfrentan peligros y obstáculos, pero a medida que se acercan a Tánger, la última parada antes de llegar a España y a la “libertad”, su solidaridad comienza a desmoronarse.

Se rodó entre Casablanca, Erfoud y Tánger. Ha sido galardonada en algunos festivales y tiene buenas críticas.

Sergio Barce, julio 2020

SEGUIRÁ – To be continued…

 

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EN BUSCA DE AQUEL SONIDO, CON ENNIO MORRICONE

En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida (Inseguendo quel suono: la mia música, la mia vita, 2017) es un libro-entrevista-conversación de/con Ennio Morricone.

De la mano del también músico Alessandro de Rosa, a través de esta larga conversación que mantiene con el gran maestro, recorremos toda la vida de uno de los mayores genios que ha dado la música. Y no exagero. Ya tenía esa idea desde hace años, mucho antes de leer este estupendo libro, pero ahora me lo ha confirmado.

¿Qué otro músico de bandas sonoras para cine ha conseguido que sus composiciones se repitan una y otra vez en diferentes películas a modo de homenaje o de simple “reutilización” de sus creaciones? ¿Qué otro músico ha conseguido que bandas de rock abran sus conciertos con la música compuesta por un “autor serio”? ¿Qué otro músico ha logrado que sus bandas sonoras se conviertan en parte de nuestras vidas? La respuesta es: Ennio Morricone.

Morricone ha podido ver cómo sus trabajos para las películas de Sergio Leone y otros realizadores han sido empleadas de nuevo en films de Oliver Stone, Alex de la Iglesia, Wong Kar-Wai, Guy Ritchie o Quentin Tarantino, entre otros muchos, o en series de ficción como Los Soprano o de animación como Los Simpson. La banda de rock Metallica, abre habitualmente sus conciertos con una versión de su tema L´estasi Dell ‘oro, que compuso para el film El bueno, el feo y el malo (Él buono, il bruto, il cattivo, 1966). Y cuando se hace un homenaje a víctimas fallecidas en atentados o a un personaje conocido en los estadios o eventos públicos, se suele utilizar su banda de Hasta que llegó su hora (Once upon a time in the west, 1968) o Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984). Esto quiere decir que, con independencia de la belleza y grandiosidad de sus creaciones, todas ellas se han convertido en música popular. Algo inhabitual.

En busca de aquel sonido analiza todo esto. Pero nos desvela al creador y, saber cuáles son sus ideas políticas, morales y éticas, su manera de componer, sus sentimientos hacia las personas con las que ha colaborado, lo acercan aún más. Sus relaciones con otros músicos, y, sobre todo, con los grandes realizadores de cine con los que ha trabajado es fascinante.

Cuenta Morricone en el libro esta divertida anécdota que vivió mientras creaba la banda sonora para Investigación sobre un ciudadano libre de toda sospecha (Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto, 1970) del director italiano Elio Petri:

 “…guardo el recuerdo imborrable de la vez que vimos juntos Elio y yo Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto (…) …Has de saber que mis primeras propuestas no lo convencieron, pero luego encontramos el camino definitivo. Grabé los temas y se los entregué. Él insistió en que no estuviese en la mezcla de la película y no tardó nada en convencerme: aquellos años yo tenía la costumbre de no acudir a las mezclas, consideraba que eran cosa del director. Después me llamó, para pedirme que le diera mi opinión sobre lo que había hecho.

Entramos en la salita, se apagaron las luces y comenzó la proyección. Desde la primera escena, hasta el asesinato de Florinda Bolkan, había algo que fallaba. Los temas que escuchaba no eran los que había escrito para su película, sino otros, pertenecientes a Comandamenti per un gangster (1968), un trabajo más bien flojo para el que había escrito una banda sonora que cautivase al público (algo que no he vuelto a repetir, pero que por aquel entonces a veces intentaba).

Yo lo miraba horrorizado y no comprendía nada. Elio de vez en cuando me hacía un gesto, con el que me daba a entender que le gustaban más los temas elegidos por él.

Durante el asesinato de Florinda Bolkan, dijo: <¡Ennio, fíjate qué bien queda! ¿A que sí?>.

Era absurdo, un sufrimiento increíble: un director que ponía en entredicho la música a un compositor de ese modo…

Terminado el primer rollo, por aquel entonces se funcionaba con rollos, se encendió la luz. Yo estaba hecho polvo, destrozado, petrificado.

Elio se me acercó y me dijo: <Y bien, ¿qué te parece?>.

Saqué fuerzas de flaqueza y contesté: <Si te gusta así, está bien…>.

Él cargó las tintas y, absolutamente convencido, añadió: <Es perfecta, ¿no?>.

No tenía palabras y no sabía qué responder. Me dije que, en el fondo, aquello no era una pregunta retórica, pues, al fin y al cabo, él era el director y aquella era su voluntad. ¿Qué podía hacer?

Tragué saliva y me di ánimos, pero antes de que pudiera pronunciar una sílaba, Elio me dio una palmada en un hombro, luego me sacudió un poco con las dos manos y, en dialecto romano, me dijo: <¡Ay, Morricó…! ¡Picas siempre, picas siempre! ¡Has escrito la mejor música que podía escribirse para esta película y tendrías que emprenderla a bofetadas conmigo por esta broma!>. Eso fue lo que dijo.

Me había gastado una broma, pero yo no caí en la cuenta de ello. Me confesó que hacía tiempo que la había planeado. Fue un mazazo sin igual. Petri también era así.

En aquel momento comprendí, como nunca en toda mi vida, hasta qué punto el músico está al servicio del director y de la película…”

ENNIO MORRICONE Y SERGIO LEONE

Es emotivo lo que cuenta de su relación profesional, llena de admiración, con Pier Paolo Pasolini, y cómo le afectó su asesinato. Como lo es todo lo que relata de sus trabajos para Giuseppe Tornatore, Bernardo Bertolucci, Giuliano Montaldo o Tarantino, y el proceso creativo llevado a cabo, adaptándose a cada circunstancia y a cada época. Te das cuenta de su sabiduría, del riesgo que corría yendo a veces contra las convenciones musicales del momento, de su ingente e inagotable capacidad de trabajo. Son cientos de bandas sonoras. Pero también de música experimental, música “seria” para concierto, música pop… Lo abarca todo, y todo por encima de cualquier otro.

Su tema para la película Sacco e Vanzetti (1971) de Giuliano Montaldo, decidió que debía cantarla Joan Baez, y ese tema se ha convertido, desde entonces, en un himno: Here´s to you. Ejemplo de su inmensa influencia en todos los ámbitos desde su simple batuta.

También es muy emotivo todo lo que cuenta de su fructífera relación con el gran Sergio Leone, con el que hizo sus trabajos más conocidos y repetidos. Pero en especial, cuando detalla lo que sucedió al fallecer Leone, su amigo y compañero entrañable. Ocurrió en 1989, cuando ambos trabajaban ya para el nuevo proyecto de Sergio Leone titulado L´asedio di Leningrado, que iba a protagonizar Robert de Niro. Cuenta Morricone en el libro:

 “…Hablaba sobre ello desde hacía años. Un proyecto semejante precisaba mucha inversión, pero Sergio estaba a punto de encontrarla. Todavía no habíamos hablado de los temas musicales, pero Sergio me dijo que aparecería una orquesta desde el principio, tocando una de las sinfonías de Shostakóvich. Como un símbolo de resistencia, reaparecería en varios momentos, cada vez más diezmada, con músicos heridos y sillas vacías.

Era raro que yo no hubiese comenzado aún a elaborar ningún tema, pero siempre tuve la sensación de que Sergio no iba a acabar aquel proyecto. Había recibido el visto bueno de las autoridades soviéticas para los tanques, seguramente no serían cien, como él quería, y también había comprado los pasajes para viajar allí y ver localizaciones de exteriores, pero nunca llegó a ir.

Su corazón se paró el 30 de abril de 1989. Al final de su vida, su corazón estaba muy mal, sabía que necesitaba un trasplante, pero no lo quiso por temor a acabar en una silla de ruedas y así se condenó a una muerte segura. Yo me enteré de su decisión ese día, cuando fui a su casa: estaba echado en la cama, ya exánime, y su nieto Luca me explicó todo. Era muy temprano por la mañana y fue un día espantoso, repleto de dolor. El día siguiente, si cabe, fue aún peor.

Luego se celebró el funeral, del que guardo recuerdos bastante confusos porque estaba desolado. Hubo una participación popular increíble y tocaron algunos de mis temas. Cuando me llamaron al altar, me limité a decir:

<Después de tanta atención al detalle del sonido en sus películas, hoy solo hay un profundo silencio>.

Estaba desolado. Había muerto un amigo y un gran director de cine que todavía no había sido plenamente reconocido como tal.”

También es muy curiosa su relación con el cine americano, al que ha regalado muchas de sus mejores bandas sonoras, como La misión (The mission, 1986) o Los intocables de Elliot Ness (The untouchables, 1987) de Brian de Palma. Pese a ello, los años pasaban y se le negaba el Óscar, pese a sus maravillosas composiciones. Pero Tarantino, erre que erre, casi le obligó a que compusiera la banda sonora para su film Los odiosos ocho (The hateful eight, 2015). Con 87 años de edad, Morricone compuso uno de sus temas más sorprendentes y arriesgados, y, esta vez, sí, le dieron el Óscar por una de sus bandas sonoras.

En 2007, no obstante, se le había concedido un Óscar honorífico por el conjunto de su trabajo, porque, supongo, era imposible soslayar la injusticia que se cometía con él. Este acontecimiento también es uno de los instantes más emocionantes de este libro, y ejemplo de la grandeza de Morricone. Lo cuenta así:

 “…Lo que sé es que no haber ganado el Óscar me molestó un poco durante años, pues he colaborado mucho con el mercado norteamericano. Así que, para mí, al final, recibirlo fue significativo.

(…) …El premio en sí mismo es solo parte del reconocimiento con motivo del Óscar Honorífico, por ejemplo, recibí una llamada de Quincy Jones, que me dijo cosas que nunca olvidaré…

(…) Clint Eastwood me entregó la estatuilla y me hizo de intérprete en la ceremonia. Y, en mis recuerdos, fue un largo viaje lleno de anécdotas. Eastwood me dio una preciosa sorpresa la noche anterior a la ceremonia, cuando se unió en la fiesta que habían organizado en el Instituto Italiano de Cultura. Llegó sin decir nada a nadie, por propia iniciativa, para saludarme. Me felicitó por el resultado y yo me emocioné mucho: hacía casi cincuenta años que no nos veíamos.

La noche de la ceremonia estaba en el palco con mi esposa María y uno de mis hijos, que, detrás de mí, traducía lo que decía Eastwood en el estrado.

En un momento dado, Céline Dion, que estaba en primera fila y debía cantar la melodía del tema de Deborah de Érase una vez en América (Once upon a time in America, 1984), vino hasta el pie de mi palco y me dijo: <Maestro, esta noche no cantaré con la voz, sino con el corazón>.

Esa fue la primera vez que se me puso la piel de gallina aquella velada. Su actuación fue extraordinaria: nunca me habría podido imaginar que una pieza tan célebre, escrita hacía tantos años, pudiera llegarme tan hondo…”

En las páginas de En busca de aquel sonido, Morricone también nos descubre su inmensa humildad y humanidad. Ahora lo admiro mucho más.

Sergio Barce, agosto 2017

El libro ha sido publicado por Malpaso (parece un bonito juego de palabras, porque la productora de Clint Eastwood se llama igual), y la excelente traducción del italiano es de César Palma.

 

 

 

 

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“HASTA QUE LLEGÓ SU HORA” (Once upon a time in the West) (1968) de SERGIO LEONE

Después de haber escrito sobre “Érase una vez en América” (Once upon a time in America, 1984), doy un salto atrás, quince años antes, para detenerme en la otra obra maestra de Leone: “Hasta que llegó su hora” (Once upon a time in the West, 1968). Con ambos filmes y “Agáchate, maldito” (Gliú la testa, 1971), Sergio Leone pretendía componer una nueva trilogía, después de la llamada “trilogía del dólar” (conformada por “Por un puñado de dólares”, “La muerte tenía un precio” y “El bueno, el feo y el malo”), pero esta nueva era más ambiciosa al intentar abarcar la historia de USA desde la época de los pioneros hasta los años sesenta.

En “Hasta que llegó su hora”, desde el primer fotograma, uno se da cuenta de que está asistiendo a algo que va a quedarse adherido a nuestras retinas de cinéfilos. No recuerdo bien cuándo la vi por vez primera, pero sí recuerdo que pasó sobre mí desbordándome.

El comienzo, mientras se van sucediendo los títulos de crédito, es antológico: tres pistoleros (interpretados por Jack Elam, Woody Strode y Al Mulock)  esperan a alguien (Charles Bronson) en una estación solitaria y cochambrosa, y Leone, sin utilizar aún ninguna música, juega con los sonidos del entorno: el crujido de un cartel mecido por el viento, el telégrafo, las gotas que caen de un aljibe sobre el sombrero de uno de los hombres, el aleteo ronroneante y nervioso de una mosca…

Jack Elam

Woody Strode

Harmónica:   ¿Y Frank?
Snaky: Nos ha mandado a nosotros.
Harmónica:   ¿Hay un caballo para mí?
Snaky:   Para ti… Jejejeje…. Parece ser que hay un caballo de menos…
Harmónica:   Yo diría que sobran dos

Esta escena de apertura, parsimoniosa y lenta, estaba inicialmente concebida para que fuese interpretada por Clint Eastwood, Eli Wallach y Lee Van Cleef (es decir, el Bueno, el Feo y el Malo), de manera que al ser abatidos juntos en el tiroteo, justo minutos después de comenzar el film, su muerte fuera una metáfora de la ruptura del director con el spaghetti-western que le había llevado a la fama. Sin embargo, la negativa de Eastwood lo hizo imposible, y se decantó por utilizar a tres actores fácilmente reconocibles para el público, tres secundarios de peso.

Hay algo que llama la atención en cuanto la cinta se pone en marcha y son los primerísimos planos.

Henry Fonda es Frank

Nunca antes se habían visto los rostros de los actores de esa manera. Por supuesto, el efecto es fantástico en una pantalla de cine gigante. Vemos cada arruga de esos rostros curtidos, las cicatrices más minúsculas, el sudor, la tensión, las miradas cargadas de resentimiento o de miedo o de crispación, los años, pero también la serena belleza de Claudia Cardinale, que nunca ha estado mejor fotografiada que en esta película.

Claudia Cardinale es Jill

El actor de color Woody Strode, famoso por su papel en la memorable película de John Ford “Sargento negro” (Sergeant Rutledge) y como el gladiador  negro que pelea con Kirk Douglas en “Espartaco” (Spartacus) de Kubrick, ambas de 1960, comentó que su papel en “Hasta que llegó su hora” era muy breve, y además sin diálogo alguno, pero que nunca le habían tomado unos primeros planos tan intensos ni largos, así que había merecido la pena la experiencia.

Frank:  La gente se asusta fácilmente cuando está muriéndose

Otro acierto del film, que sin embargo ahuyentó de las pantallas al público americano, fue la elección de Henry Fonda en el papel de Frank, el pistolero asesino más sádico que podía concebirse. El espectador USA no podía aceptar que quien ejemplificaba en la pantalla la integridad moral, la humanidad, la bondad, el espíritu americano en suma, se convirtiera de pronto en un ser odioso. Pero para mí, estamos si no ante la mejor interpretación de la carrera de Henry Fonda sí ante una de las mejores. Contaba el actor que Sigue leyendo

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