PABLO BARCE, PREMIADO EN EL 23 FESTIVAL DE CINE ESPAÑOL DE MÁLAGA

El pasado miércoles, en el 23 Festival de Cine Español de Málaga, se le ha entregado a mi hijo Pablo Barce la Biznaga de Plata, Premio Málaga Cinema Oficios de Cine, por su trayectoria como montador de cine y como director del corto El nadador.

Antes de la entrega, se ha proyectado un pequeño vídeo en el que el director y productor César Martínez Herrada ha dedicado unas palabras muy cariñosas a Pablo.

Ha sido muy emocionante, en especial cuando Pablo ha recordado a nuestros amigos desaparecidos Pablo Aranda y Pablo Cantos.…

Supongo que estenderéis lo orgulloso que me siento de él. Es un profesional descomunal.

Y ahora trabajamos juntos en un nuevo cortometraje que, como ocurriera con El nadador, se basa en otro de mis relatos: Moro. Doble orgullo para mí comprobar que Pablo cuenta conmigo para sus proyectos.

En paralelo, trabaja también en su primer largometraje como director y continúa infatigable como montador de otros realizadores. No le faltan ni ganas ni ilusiones.

Os dejo el enlace del artículo del diario Sur sobre la gala de entrega del premio Málaga Cinema:

https://www.diariosur.es/festival-malaga/gala-malaga-cinema-20200826231628-nt.html

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“JACOB COHEN”, UN LIBRO DEL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN MESONERO

Ya ha salido el nuevo libro de mi amigo y paisano el escritor León Cohen Mesonero. Se trata de un texto escrito en homenaje a su padre y de ahí el título: Jacob Cohen. Lo ha publicado Hebraica Ediciones (Madrid, 2020), y para conseguirlo podéis hacerlo a través del siguiente correo:   info@libreriahebraica.com

En los próximos días, publicaré la reseña correspondiente.

JACOB COHEN de León Cohen

 

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EL QUE ES DIGNO DE SER AMADO (CELUI QUI EST DIGNE D´ÉTRE AIMÉ), UNA NOVELA DE ABDELÁ TAIA

EL QUE ES DIGNO DE SER AMADO portada

Cuando escribí la reseña a Mi Marruecos (Mon Maroc) de Abdelá Taia (Edit. Cabaret Voltaire, 2009), decía que se trataba de un libro entrañable, nostálgico, escrito por alguien que había conseguido salir de la miseria de su infancia para convertirse en un excelente narrador, alguien que desde París, donde vive, mira con un cariño desmesurado a su pasado y a su país de origen: Marruecos.

Y también decía que su narrativa es sencilla, pero envolvente, y nos va sumergiendo muy poco a poco en su pequeño universo, alrededor de M´Barka, su madre, a la que declara un amor profundo, y de sus hermanos, su padre y sus tíos. Cuando rememora a su tía Fatema, a la que llamaba mamá, su escritura se hace tierna, se dulcifica.

Ahora acabo de leer El que es digno de ser amado (Celui qui est digne d´étre aimé), que vuelve a editar en español Cabaret Voltaire en el año 2019, con traducción del francés de Lydia Vázquez Jiménez. Y esos diez años que transcurren entre un libro y otro se nota. No en su narrativa, que sigue siendo sencilla y envolvente, pero sí en el fondo de lo que cuenta.

Novela epistolar en la que reúne cuatro cartas distintas: dos que Ahmed, el protagonista, envía, y otras dos que recibe. Y he de decir que atrapan.

La primera de las cartas la dirige Ahmed a su madre Malika. De nuevo una declaración de amor a la madre, pero aquí se trata de una mujer fuerte, recia, que domina a su marido y a cuantos la rodean. Como ocurrirá en el resto de las cartas que componen la novela, la superioridad y la sumisión o el poder y el servilismo resultan temas capitales para Taia, estableciendo así las relaciones de los personajes protagonistas. En esta primera, Malika representa la inflexibilidad y la intolerancia de una mujer dictatorial (y que personifica a muchas mujeres marroquíes) que marcará la vida de los suyos, en especial de Ahmed quien, sin embargo, pese a los reproches por tantas cosas no deja nunca de amarla.

Agosto de 2015. Carta a Malika.

“…Sé ahora que tenía razón, que tenía valor, que tenía suerte. En este mundo en guerra permanente, había en ti un jefe, un general, un rey, un brujo poderoso, judío sin duda.

Ahora estoy solo celoso de aquel padre, de aquel hombre, de su dicha y hasta de su muerte.

Se murió un día en que le dijiste claramente, delante de nosotros, que el sexo se había terminado. Terminado.

<Se acabó el seco para ti, Hamid. Ni esta noche. Ni mañana. Ni nunca.>

Tenía 65 años.

No dije nada.

Se quedó viendo con nosotros el capítulo de la telenovela egipcia hasta el final, y luego se fue.

Nunca volvió con nosotros, entre nosotros.

Tú nunca volviste a reunirte con él en plena noche, mientras nosotros dormíamos.

Lo habías castigado, exiliado, matado.

Como siempre, obedeció.”

El segundo texto epistolar es una carta que Vincent le escribe a Ahmed. Desgarradora, es una desesperada llamada de auxilio de un amante despechado, malherido y despreciado. En realidad, parece como si Malika, su madre, se hubiese reencarnado en Ahmed, y que, según concluimos al leer su misiva, actuara con la misma arrogancia, como un dictador a imagen de ella. No hay rastro de misericordia o de piedad en su actos, como si se vengara de cuanto ha padecido hasta situarse en el país de acogida devolviendo su sufrimiento a quienes llegan a amarlo.

Julio de 2010. Carta de Vincent.

“…No te he olvidado.

En ningún momento.

Tienes que volver.

Debes hacerlo, Ahmed, debes hacerlo.

Sin haberlo visto nunca, estoy seguro de que conoces a mi padre mejor que yo. ¡Vuelve!

Al final del todo, le vino a la memoria una canción judía-marroquí de su madre. Hak, a mama. La cantaba muy bajito y se quedaba dormido.

Son las únicas veces en que le oí pronunciar palabras en árabe. Otra persona estaba entonces delante de mí, lejos de Francia, de su realidad, de su política y de su historia. Él: un crío en su mellah, en su gueto, en su paraíso perdido.

Se fue, mi padre. Murió. Y la canción Hak, a mama se quedó….”

La homosexualidad de Ahmed, al igual que ocurriera en Mi Marruecos, es parte fundamental del relato de Abdelá Taia, y Ahmed sirve de correa de transmisión. Si en ese libro nos desvelaba su condición sexual y esa sensación de soledad por las calles de París, en El que es digno de ser amado el protagonista hace examen de conciencia y es evidente que hay un reproche al país que lo acoge, a Francia, y que se encarna en la figura de Emmanuel, su primer amante francés.

Marroquí y homosexual. Eso le obliga a estudiar y hablar correctamente el idioma, con más ahínco que el resto de los inmigrantes, a integrarse, aunque los franceses no lo acojan como a un igual, a convertirse en una especie de amante exótico para usar y tirar. Es en esta carta a Emmanuel donde más amargura he percibido en el autor, como si hubiera descubierto que todo es una impostura y, quizá por ello, su redescubrimiento de Marruecos, su añoranza, su nostalgia.

Julio de 2005. Carta a Emmanuel.

“…Con 30 años, ya ni siquiera hablo árabe como antes. Al teléfono, mis hermanas se ríen de mí. Ahora tengo un acento raro en esa lengua.

Mi lengua ya no es mi lengua. ¡Qué tragedia! ¡Y qué tristeza! No podré volver atrás. El Ahmed que soy, en el fondo, lo conocí solo hasta los 17 años. En el cementerio de Salé, por voluntad propia, te ayudé a matarlo.

Había que cambiar. Había que transformarse. Había que dominar la lengua francesa. Esa era la vía regia para salir de la miseria, ser libre, ser fuerte.

Tú dijiste eso, tú me lo dijiste sin dudar un solo instante…”

Para cerrar el libro, Taia escoge una carta que escribe Lahbib a Ahmed. Lahbib es su mejor amigo de infancia. Y es precisamente él quien hace de Pepito Grillo. Anunciando quizá su inminente suicidio, su carta trata de revivir lo mejor de su amistad, sana, libre, en Marruecos, en su tierra. Y aunque quien escribe es Lahbib, quien siente es Ahmed.

Mayo de 1990. Carta de Lahbib.

“…Durante los segundos en que tendí el ramo de flores a Gérard, comprendí el mensaje de Simona y me creí liberado del influjo de su hijo. Pensé que podía conseguirlo.

Paso al acto. Le doy las flores a él y me voy. Hazlo, Lahbib. Hazlo. Tiene 45 años. Tiene una gran casa en Rabat, tiene un gran puesto en la embajada de Francia, tiene la virilidad que deseas, su sexo que adoras, ese vello suyo que te vuelve loco, pero tú, tú, Lahbib, solo tienes 17 años. En el mundo, hasta en el Marruecos que te oprime y te asfixia, hay otra cosa. El aire pertenece a todos. A todos nosotros y nosotras. Puedes vivir mientras respires el aire que te pertenece.

Solo tienes 17 años, Lahbib.

Tú, Ahmed, tienes dos años menos que yo. 15 años. Somos amigos, colegas, hermanos. Hemos conseguido seguir siéndolo, siempre. Hermanos que se pelean, que disputan, que se mantienen juntos a pesar de todo. Hermanos que respetan la promesa. La única promesa que cuenta. Encontrarse una vez por semana delante de los trenes que pasan, hablar de nosotros, tú y yo sin ellos…”

No es una novela epistolar condescendiente. Hay mucho desgarro y desengaño, y por ende mucho dolor tras estas cuatro historias que son una sola. Un excelente libro.

Sergio Barce, agosto 2020

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LARACHE – ESTAMPAS DE SU HISTORIA 21

Seguimos recopilando fotografías de Larache del pasado siglo. De nuevo uso material de las páginas de Radio Larache, Larache Archives, Manolo Alarcón y José Ruiz Aguilar, entre otros.

Aquí tenemos algunas imágenes de las primeras construcciones en Larache, los trabajos en el puerto y en el río, fotografías de la avenida Mohamed V cuando los edificios eran armoniosos, y otras del Zoco Chico, el Balcón del Atlántico, Aduana, Gobernación y vistas aéreas de la época.

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desembocadura Lucus

Desembocadora del río Lucus – playa peligrosa al fondo

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vista áerea Larache Faro

Larache – vista aérea – Faro

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vista aerea Larache)

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vista aérea Larache 2

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vista aérea Larache 3

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avda V E

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avda Mohamed V

Avda Mohamed V

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trabajos puerto 1

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trabajos rio y puerto

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trabajos rio

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trabajos rio foto de José Ruiz Aguilar

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trabajos rio 2

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Puerto de Larache

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Aduana RADIO LARACHE 8

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Gobernación

Gobernación de Larache

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Puerta Alcazaba RADIO LARACHE 13

Puerta Alcazaba – Larache

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silo larache

Larache

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zoco chico

Zoco Chico

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Zoco Chico 1959

Zoco Chico en 1959

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balcón

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“LA LETRA Y LA CIUDAD: SU TRAMA EN TÁNGER”, UN LIBRO DE RANDA JEBROUNI

La letra y la ciudad su trama en Tánger - portada

Acaba de salir el nuevo volumen de la colección Ensayos Saharianos, que publica Ediciones Alhulia: el libro de la profesora Randa Jebrouni La letra y la ciudad: su trama en Tánger. Un profundo estudio sobre la literatura que ha nacido al abrigo de esta ciudad como inspiración, como argumento, como excusa o como decorado.

Acudí al Instituto Cervantes de Tánger a la presentación de su primera versión, coordinada por Rocío Rojas-Marcos, pero se trataba de una edición muy limitada y los asistentes, con Javier Rioyo y la propia Rocío Rojas-Marcos a la cabeza, insistimos en que el libro merecía mayor difusión. De ahí la importancia de que la editorial Alhulia, bajo la dirección de José María Lizundia, haya tenido el acierto de publicarlo en España.

Mi amistad con Randa Jebrouni viene ya de largo, siempre intentando colaborar juntos en alguna actividad y, la verdad, por una u otra circunstancia, siempre ha ocurrido algo para ir posponiéndolo. Pero quizá este libro nos permita que, al presentarlo en Málaga, podamos por fin hacerlo.

En La letra y la ciudad: su trama en Tánger, la profesora Jebrouni repasa las obras más emblemáticas de la literatura tangerina, desde Ángel Vázquez a las páginas de Mohamed Chukri y a las del maestro Ramón Buenaventura, pero arrancando desde los primeros viajeros, como Domingo Badía, hasta llegar a los libros de Paul Bowles y Juan Goytisolo. Dedica capítulos a la literatura que nace bajo la sombra de la generación beat y hace un análisis de Tánger en la literatura española actual. Pero he de agradecerle que, cuando aborda la novela negra, junto a las novelas Tangerina, de Javier Valenzuela, Sueños de Tánger, de Jon Arretxe, y La Aljamía y La clave de Sol, ambas de Javier Roca, haya elegido uno de los títulos de mi trilogía tangerina: El libro de las palabras robadas, al que dedica varias páginas. Escribe Randa Jebrouni, entre otras cosas, lo siguiente acerca de mi obra:

“…en esta novela (El libro de las palabras robadas), la ciudad es un lugar de contrabando, y en este caso, de un valioso libro, que contiene lo prohibido y, por consiguiente, debe estar protegido. Tánger y Dalila, ciudad y mujer son las encargadas de guardar este libro secreto; Dalila es una mujer extremadamente bella, como la ciudad:

<Era una mujer magnífica, en todos los sentidos. Y durante estos años he visto crecer a Sara, y, mientras era niña florecía, Tánger se marchitaba. Cuando Dalila murió, la ciudad se hizo más triste, y eso es verdad… Así es la vida, Elio, una sucesión de pequeños acontecimientos que llenan nuestro vacío…>

La ciudad está en estrecha relación con el resplandor de Dalila, personaje muerto, que revive en el recuerdo de Elio y que es recordada como tantos otros acontecimientos que ocurren en la vida de una persona. Aunque se marchitaba cuando la hija de Dalila crecía, como si Sara se alimentara de la belleza de la ciudad, simboliza el sueño inalcanzable o la mujer idealizada e imposible, la integridad ética, y Tánger se convierte en la guardiana final del códice porque siendo el paraíso anhelado de los protagonistas, ha de ser también el último refugio contra el mal. Elio vuelve a Tánger al final de una etapa de vacío y aturdimiento para vivir en paz con Sara.

<Lo que iba a ser un viaje relámpago se convirtió en toda una experiencia vital. Fue una vida irrepetible, idílica, bohemia. El Café Hafa se convirtió en el mejor lugar para ver la puesta de sol, siempre con un té humeante en la mesa y algo de kif. Se trataba únicamente de estar juntos en aquella casa y sumergirse en otro libro que revivía a través del códice. Fueron decenas de exquisiteces, de obras maestras.>

El hecho de no quedarse en Málaga es sinónimo de una atracción por la ciudad del Estrecho y el preciado códice. No se presentan lugares de encuentro, salvo la avenida principal: el bulevar, la casa de Marshan de Dalila Beniflah: <preguntó entonces a dónde debía levarlo, y el joven le indicó la dirección, en el barrio del Marshan. Por supuesto, la casa de la señorita Beniflah, respondió con cierta suficiencia. Condujo en silencio, Tánger se metía por los cinco sentidos, y el joven recién llegado aspiraba la esencia de la ciudad intuyendo que era un lugar del que iba a tardar en marcharse…>.”

Siempre es reconfortante leer las interpretaciones que se hacen de los propios textos, y estos párrafos que he elegido dicen mucho de la profundidad del estudio que ha llevado a cabo Randa Jebrouni.

Su libro indaga en otras obras y otros autores (además de los ya mencionados antes), y en distintos aspectos de la literatura “tangerina” y en corrientes e influencias: Sonia García Soubriet, Jane Bowles, Juan Vega, el Teatro Cervantes como lugar de memoria literaria, Jesús Carazo, Rey Rosa, José Luis Barranco… Y un capítulo muy interesante, y en cierta medida olvidado en general al abordar esta temática, la de la propia literatura marroquí en torno a Tánger. Aquí, de nuevo, Chukri, junto a la obra de Tahar Ben Jellou, Mustafá El Ouriaghli, Abdeluoahed Stitou, Abdelghani Saifi, Abdellatif Idrissi, Mohamed Larbi Mechtat o Badia Hadj Nasser, lo que nos da una aproximación muy interesante de la actual narrativa marroquí que tiene a Tánger como referencia y que nos aporta títulos sumamente interesantes.

El libro se cierra con la relación entre Tánger y el cine, con lo que Randa Jebrouni nos conduce de esta manera por otro de los medios de expresión artístico que tienen a la ciudad como inspiración.

Y es que Tánger seguirá aportando nuevas obras en todos los campos creativos, porque es la ciudad de los milagros.

Sergio Barce, agosto 2020

SB Y RJ

SERGIO BARCE Y RANDA JEBROUNI

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