LLEGA «MORO», UN CORTOMETRAJE DE PABLO BARCE – ESTRENOS EN MEDINA DEL CAMPO Y MÁLAGA

Llega por fin el estreno de «Moro».

La primera proyección del nuevo cortometraje que dirige Pablo Barce, será el próximo 28 de febrero en el Medina Film Festival, de Medina del Campo (Valladolid), enlace en @medinafilmfestival.

Y, en el marco del Festival de Cine de Málaga, se presentará a concurso, proyectándose los días 1 y 2 de marzo. Enlace: https://festivaldemalaga.com/edicion/secciones/cortometrajes-malaga-seccion-oficial/

«Moro» está basado en uno de mis relatos de Paseando por el zoco chico, y cuenta nuestro último día en Larache (Marruecos) y la marcha definitiva a España. El guion lo hemos escrito mi hijo Pablo y yo, con producción de César Martínez y José Luis Domínguez. El equipo técnico, artístico y de intérpretes es, simplemente, espectacular. Se rodó en Larache, y hemos de agradecer la ayuda y el apoyo de toda la gente de la ciudad.

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ASÍ COMIENZA «TODO ACABA EN MARCELA», UNA NOVELA DE SERGIO BARCE

«Todo acaba en Marcela» (Ediciones Traspiés, 2024), de Sergio Barce.

El libro se presentará en Málaga el próximo día 2 de marzo, a las 12.00 horas, en El Tercer Piso, de la Librería Proteo. Y el día 14 de marzo, en la Librería Pérgamo, de Torremolinos. Cuando se aproximen las fechas, se enviará el correspondiente anuncio.

«Todo acaba en Marcela» es una novela negra que retrata lo más osucro del alma humana. Una historia que comienza así:   

«Estaba sentado al volante de la Kangoo. Llevaba poco tiempo ahí, pero la cabeza era un torbellino que no cesaba de machacarlo. No sabía qué hacer con su madre, que iba perdiendo la memoria poco a poco, que no quería ingresar en ningún centro y que se empeñaba en continuar viviendo sola, pero sí lo que iba a hacer con Marcela. Solo pensar en ella lo dejaba más noqueado que los golpes de Puma Negro. Junto a Marcela creyó que acabaría siendo otro hombre, lo deseó con vehemencia, con la única pretensión de hacerla feliz. Con el tiempo, todos esos castillos construidos en el aire se fueron desmoronando poco a poco, porque Teo huele a carburante y el mal olor acaba por aparecer cuando tratamos de disimularlo con perfumes baratos. Y ahí estaba ahora, atormentándose con la premeditación de un suicida, sujetando el volante como para evitar que su cuerpo escapara de la furgoneta.

   Tomó aire varias veces tratando de calmarse, pero acabó por abrir la guantera y sacó una gorra del Unicaja. Se la guardó en un bolsillo, saliendo del vehículo, y luego se palpó el martillo que llevaba en la muslera del mono, mirando a un lado y a otro varias veces antes de dirigirse al portal de Marcela. Lo único que quería era quitarse de encima ese zumbido que lo martirizaba…»

 

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TODO ACABA EN MARCELA, NUEVA NOVELA DE SERGIO BARCE

A partir del día 19 de febrero, tendréis ya disponible mi nueva novela

TODO ACABA EN MARCELA (Ediciones Traspiés)

Una novela negra que no os dejará indiferentes.

Ya podéis ir pidiéndola en vuestras librerías de confianza para que llegue en la fecha indicada.

La primera presentación será en la Librería Proteo, en Málaga, el día 2 de marzo, de la mano del escritor José Garriga Vela, moderados por Héctor Márquez. Para que lo anotéis en vuestras agendas.

Iré anunciando las presentaciones siguientes.

      

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LA ZONA DE INTERÉS, UNA PELÍCULA DE JONATHAN GLAZER

El comienzo de esta película de Jonathan Glazer es todo menos convencional. Te exaspera y te irrita. A los dos minutos, buscas una postura en el asiento, porque ya no estás cómodo. Y aún no ha arrancado la trama. Pero es absolutamente coherente con lo que luego se nos viene encima y con ese final igualmente exasperante, irritante e incómodo.

El guion se basa en la novela de Martin Amis que, como en toda su narrativa, está preñada de pesimismo por la condición humana. La novela, en España, fue publicada en 2015 por Anagrama con una excelente traducción de Jesús Zulaika.

Pero la película de Glazer ha logrado algo casi inaudito: hacer de una excelente novela una película excelsa, elegante y terrible a la vez, que nos pone de cara frente a la Historia y frente a nosotros mismos.

Sin desvelar nada de los detalles de la trama de La zona de interés, sitúo al lector y al espectador: cuenta la historia de la vida familiar de Rudolf Höss, el despiadado comandante que dirigió el campo de exterminio de Auschwitz, junto a su mujer Hedwig y a sus hijos; una vida casi apacible, normal, rutinaria, con la salvedad de que residían a escasos metros del propio campo de concentración.

Lo excepcional de esta película y de esta narración es que se nos enfrenta ante el horror que se desarrollaba en el interior del campo sin mostrarnos ni una sola escena de ese mismo horror y, sin embargo, a medida que pasan los minutos, a medida que nos acostumbramos a la vida diaria de esa familia, descubrimos atónitos que, para ellos, las mayores atrocidades formaban parte de esa cotidianidad.

El montaje de Paul Watts y la fotografía de Lukasz Zal son magistrales. No hay un solo plano que sobre, no hay una sola imagen que no tenga algún significado. Porque es una película de detalles, de sonidos, de sombras y de insinuaciones. El miedo y el terror asoman agazapados tras cada fotograma. Hay diálogos impresionantes, como el que mantienen Hedwig y su madre; y escenas inquietantes, como la del comandante montando a caballo con su hijo mayor o, especialmente, la de la fiesta a la que acude Rudolf Höss al ser trasladado de destino: la cámara cenital mostrando a los invitados, deformados por una lente cóncava, y el pensamiento que eso crea en la mente putrefacta del comandante. Todo está emponzoñado por el mal.

La música, de Mica Levi, cumple otra función esencial en esta cinta. Acompaña a la terrible historia y la subraya, y alarga con su repetición, a veces casi insoportable, esa desazón que se adueña de los espectadores.

Otro acierto más es que, aunque Martin Amis y Jonathan Glazer son británicos, la cinta se ha rodado en alemán, dando así más veracidad a la historia. Porque consigue el efecto de que, llegados a cierto punto, creamos estar asistiendo a un documental en el que aparecen realmente el comandante Höss y su familia.

Especial mención merecen todos los actores. Un elenco magnífico que encabeza, por mérito propio, la actriz Sandra Hüller, que da vida a Hedwig. Actriz alemana que este año se ha convertido en la reina de los festivales gracias a este papel y al que interpreta en Anatomía de una caída (Anatomie d´une chute). Sandra Hüller dota a su personaje de una rudeza y de un carácter que la hace tan humana como repulsiva. Sus gestos, sus andares casi masculinos, su manera de fumar, su mirada, transmiten mucho más que las palabras. También el actor Christian Friedel (al que recuerdo especialmente por su papel de maestro en La cinta blanca, otra obra inmensa) borda su trabajo como el comandante Höss. Sobre ellos descansa gran parte de la cinta. Ya digo que hay un momento que llegamos a creer que ellos son realmente los personajes que interpretan.

Cuando la película acaba, uno está sumido en el desasosiego. Nunca antes había experimentado un terror tan palpable sin ver una sola gota de sangre o un asesinato o una escena macabra. Jonathan Glazer, del que sólo había visto antes su cinta Sexy Beast (también una curiosa cinta sobre un mafioso), ha rodado una película diferente, abrumadora y tan cruel como lo fue aquella realidad que ahora nos trae de vuelta.

Imprescindible.

Sergio Barce, 4 de febrero de 2024

  

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VIRIDIANA, DE BUÑUEL, SEGÚN EMILIO SANZ DE SOTO PARA CARMEN LAFORET

Una delicia leer la Correspondencia Inédita (1958-1987) entre Carmen Laforet y Emilio Sanz de Soto, que José Teruel ha recogido en un libro editado por Renacimiento. Sus confidencias, sus confesiones, sus temores.

Carmen Laforet es todo menos arrogante; al contrario, en sus cartas descubrimos a una mujer llena de humanidad, como Emilio, y llena de dudas sobre su narrativa y sobre la propia creación literaria. No deja de sorprender que una autora como ella sufriera de esa manera al enfrentarse a cuanto escribía. Pero la entiendo. Crear una nueva obra es un reto y un abismo. Pero Emilio Sanz creyó siempre en ella y, con cada una de sus cartas, le enviaba un soplo de aire fresco y de optimismo. Jamás dudó de que Carmen Laforet era una narradora fuera de lo común. Y se entusiasmaba pergeñando proyectos para ella, dándole ideas para sus artículos periodísticos o reconviniendo a sus inquietudes y a sus miedos.

Y Tánger presente en muchísimos instantes, como algo mágico que impregnó a Carmen Laforet y que añora en numerosas ocasiones.

En una de las cartas de Emilio Sanz, fechada en Tánger el 2 de junio de 1961, le habla de Carlos Saura y de su película Los golfos, y también de Luis Buñuel y de Viridiana, y estos párrafos me parecen modernísimos y actuales y, también, muy divertidos. Escribió Emilio Sanz de Soto:

“…¿De verdad te gustó la película de Carlos Saura? Yo por Carlos siento una verdadera debilidad. Me parece un artista sincero y directo. Que no se anda por las ramas. Que quiere que la imagen le dé <verdad>, y por ello lucha a brazo partido. Y en el cine español, donde todo es <camuflaje>, Los golfos me parece una pedrada en seco y españolísima.

¿Has visto el escándalo que se ha armado con la Viridiana, de Buñuel? La película es de padre y muy señor mío, de borrón y cuenta nueva, de punto y aparte… Con ello quiero decirte que la película es genial. Sobre su antirreligiosidad y sobre su carácter blasfematorio habría mucho que hablar. Comprendo que un <curita> del Observatore Romano se asuste. Pero me apuesto la cabeza de que, por ejemplo, un tipo a lo Cardenal Segura, la hubiese entendido, la hubiese tomado como lo que es: un puro <cachondeo> ibérico, y tras un coscorrón, habría absuelto a Buñuel, con tres Avemarías de penitencia. Porque un español no puede asustarse de Viridiana. A no ser que ese español se asuste de la novela picaresca, de Quevedo, de Larra, de Unamuno, de Valle Inclán, de Valdés Leal, de Goya… y de suma y sigue. De acuerdo en que es una obra inconformista y rebelde. Que arremete contra lo divino y contra lo humano. Contra las mayúsculas: la Iglesia, el Estado, la Burguesía, la Moral, el Código Civil… Pero todo ello, insisto, a la española: cabreado, a patadas, sin ton ni son… Buscarle a todo esto -como hacen los franceses- un sentido religioso o político, es no saber quién es Buñuel. ¿Y quién les explica a los franceses -o al Vaticano- lo que es un aragonés, cazurro y humano, con una visión del cine tan genial, como la que tuvo su compadre Goya de la pintura?

¿Sabes lo que yo haría Carmen? En vez de proyectársela a los del Opus, muertos de miedo y oliendo todos a perfume <Moustache>, se la pasaba a auténticos curas de pueblo, sin miedos y oliendo a cebolla, y estoy seguro, segurísimo, de que estos no le daban más importancia -religiosa- de la que ellos suelen darle a un buen taco o a un chascarrillo bestia.

Esta es mi opinión. Pues en la maldad de Buñuel jamás podré creer, conociéndolo como lo conozco. A sus sesenta y un año sigue siendo un niño travieso, al que se le saltan las lágrimas cuando oye cantar una Jota o La Marsellesa…” 

Leer esta correspondencia es darte de bruces con dos personas excepcionales y admirables.

Sergio Barce, 2 de febrero de 2024

  

  

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