Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

«JEAN GENET EN TÁNGER» (Jean Genet fi tanya), de Mohamed Chukri

Jean Genet en Tánger (Jean Genet fi tanya) por Mohamed Chukri. Publicado por Cabaret Voltaire, 2013, con traducción del árabe de Rajae Boumediane El Metni.

Jean Genet en Tánger - portada

Me escribe Rajae Boumediane en la dedicatoria de esta pequeña joya: “Para Sergio, este diálogo entre Chukri y <Jean Genet en Tánger> , con afecto”. No se puede resumir mejor lo que es este libro: un intenso diálogo entre ambos escritores a lo largo del tiempo, entre encuentro y encuentro en los cafetines de Tánger…

25 de septiembre de 1969.
Comimos tajin con las manos. Genet no tenía demasiado apetito, como de costumbre. Después del almuerzo, H. le preguntó a Genet:
-Si prefiere la compañía de los pobres, si son los únicos marroquíes que le interesan, ¿por qué se aloja en el hotel Minzah?
Genet sonrió y dijo:
-¿No se lo imagina?
-No.
-Porque soy de la canalla. Me alojo en el Minzah o en el Hilton para ver a personas remilgadas sirviendo a un perro como yo.
Todos soltamos una carcajada. H. insistió:
-¿Por qué iba a ser usted un perro?
-Es lo que piensan de mí.

A diferencia de Paul Bowles, el recluso de Tánger (Paul Bowles wa ´azlatu tanya), en el que Chukri hace un retrato demoledor del escritor americano, ante Jean Genet, por el contrario, no oculta una permanente admiración por su persona y por su obra. Quizá el común origen marginal y criminal de los dos creadores haga que su cercanía sea más afectiva, casi de camarada.

Jean Genet y Mohamed Chukri (foto tomada de la web de la Editorial Hijos de Muley Rubio)

Jean Genet y Mohamed Chukri (foto tomada de la web de la Editorial Hijos de Muley Rubio)

Leí este libro, que se bebe en menos de una hora, durante el trayecto entre Madrid y Málaga, en el AVE de regreso tras el homenaje a Mohamed Chakor. Fue una lectura relajante, y muy intensa. Es fascinante descubrir cómo mi admirado Mohamed Chukri ve, desde su particular prisma, a un escritor como Genet, tan controvertido como el propio Chukri.
Pero, como digo, su admiración le sobrepasa, y su acritud y mirada crítica da paso a un diálogo más sosegado de lo que imaginaba.
No obstante, hay momentos de tirantez entre ambos, que siempre suavizan y relativizan, y vuelven a tomar café juntos. Lo cierto es que Chukri plantea esta obra no solo como el diálogo permanente que es, sino también como una especie de interviú a su admirado Genet y como el retrato de una época y de una ciudad: Tánger.

1 de octubre de 1969
Estábamos en la terraza del Café de París.
-Jean, parece triste hoy –le dije.
-Yo siempre estoy triste, y sé muy bien por qué.
Respeté su tristeza. Yo también tengo la mía.

Hablan de política, de religión, de literatura, de la vida…
Sugerente diálogo entre dos personajes salidos de las cloacas y que han alcanzado la gloria creativa.

Rajae Boumediane

Rajae Boumediane

Como sucede en las anteriores publicaciones de Chukri que ha editado Cabaret Voltaire, este libro también gana en calidad gracias a la cuidada traducción al castellano de Rajae Boumediane.
Es una gozada para quienes gustan de buscar entre líneas lo que mueve e inspira a quienes han sido capaces de romper las reglas establecidas.
                                                             Sergio Barce, septiembre 2014

14 de octubre de 1969
Nos volvimos a ver en el Minzah. Se sentía mejor. Me regaló una traducción francesa del Corán.
-No lo he entendido del todo –me dijo-. Hay que conocer la historia de los árabes para comprender la mayoría de los comentarios y notas. ¿Lo ha leído usted?
-Sí.
-Tiene que ser maravilloso en árabe.
-Es el milagro de la lengua árabe.
Se puso a hablar de la creación literaria. Admiraba a Mallarmé. Me citó unos versos del poema Brise marine. Me encantó uno de ellos y le rogué que me lo escribiera. Como yo no tenía papel, lo hizo en la segunda hoja de cortesía del Corán: «Ni de vide papier que sa blancheur défend». Dudó un instante y volvió a escribirlo: «Et le vide papier que sa blancheur défend». En esta ocasión añadió un signo de interrogación.*
Le pedí que me explicara el significado del apellido Mallarmé. Él me respondió, riéndose:
-Su apellido significa impotencia. Mal armé. Mal equipado sexualmente. ¡Ah, pero su cerebro lo compensa, ése sí que estaba muy bien armado!
Al cabo de un rato, le pregunté si la revista Esquire había publicado íntegramente su artículo sobre la democracia en Chicago.
-No, tan sólo la mitad. Aproveché para vender la otra mitad a otra revista. Soy consciente de que sólo compran mi firma. No les interesa en absoluto mi opinión sobre la democracia en Estados Unidos.

* Genet no se acordaba bien del verso a pesar de haberlo escrito dos veces. (N.d.A.)

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«RELATOS DE VINILO, CINTA MAGNÉTICA Y CELULOIDE», UN LIBRO DE JUAN PABLO CAJA

Relatos de vinilo, cinta magnética y celuloide (Espai Literari – Barcelona, 2014) de Juan Pablo Caja es un libro que recoge, según me escribe el propio Juan Pablo en la dedicatoria del ejemplar que me ha enviado, “…esta vieja colección de cintas de cassette de dióxido de cromo…”.

RELATOS DE VINILO
Hay un poso de nostalgia en esta recopilación de relatos cortos, de relatos muy cortos y de micro relatos, una nostalgia muy bien llevada por ese permanente y sutil humor con el que Juan Pablo Caja escribe sobre algunos episodios de la adolescencia, de los amigos o, y este es el grueso principal del libro, sobre música, cine y publicidad. Y es que es fácilmente reconocible al autor de Intermedio (2003) y de Cerveza caliente (2010) precisamente porque en general te hace sonreír con sus matices y sus quiebros inesperados.

Historia de miedo

Tres de la madrugada. En un piso normal de una ciudad normal, una familia normal está durmiendo. Tres de la madrugada y un minuto: empieza a sonar el teléfono.

Le bastan tres líneas para crear un clímax de suspense y, a la vez, un buen relato de humor.
Juan Pablo Caja es un excelente narrador. Cuida al detalle cada texto de los que conforman este libro, en el que se reúnen muchos de los relatos que ha escrito durante años. Como esas viejas cintas de cassette, contienen en su interior un cierto aroma a otro tiempo más ingenuo y quizá más atractivo.
Lo mejor de este libro es que hallas historias sorprendentes, llenas de música, de ritmo, de música country y de jazz, de proyectos de anuncios increíbles, de historias imposibles, incluso de historias con evidentes ácidas críticas a nuestra sociedad deshumanizada. Pero ya digo que siempre hay un toque de ironía inteligente.
Los relatos que rezuman nostalgia me son muy cercanos tal vez porque somos de la misma generación (Juan Pablo Caja es del 63, yo del 61, qué son dos años de diferencia a estas alturas, digo yo), nostalgia que consigue retratar de una manera minimalista, como hace en este hermoso y sencillo cuento titulado Septiembre.

Septiembre

La primera vez que conduje una Vespa puedo recordarla con cierta claridad. No me atrevería a decir que perfectamente en lo que respecta a los hechos, pero sí, por lo menos, en lo que se refiere a las sensaciones. Para empezar a explicarme, en aquella época no se llevaba casco. No era obligatorio, y para circular por la ciudad en una Vespa setentaicinco centímetros cúbicos a nadie le parecía importante ni necesario. El aire de septiembre, de una calidez atemperada por las breves tormentas de fin de verano, estaba tan cargado de humedad como en cualquier otro momento del año en Palma, pero era una humedad que lo hacía más fresco que sólo unos días antes, en agosto, y se sentía pesado en la cara, en el cuello, en el pecho, en el frontal nada aerodinámico de aquella vespita de color azul metalizado con franjas blancas, una gruesa y una fina, decorando el abdomen aguijado, pintadas sobre la chapa que cubría a un lado la rueda de recambio y al otro lado el motor que zumbaba dulcemente en aquel crepúsculo de aire espeso, por las calles mal asfaltadas de la Palma de los últimos años setenta. Sin carnet, sin casco, sin problemas. Con mi amiga, la rubia dueña de la moto, de paquete, su pecho apretado contra mi espalda. Y no sé si he dicho ya lo denso, lo escasamente gaseoso que era el aire de Palma aquella tarde. Era septiembre.

Es difícil escoger de entre los relatos más extensos, pero desde ya recomiendo dejarse embaucar por sus páginas, descubrir por qué suena mal el piano del viejo músico o la historia de la cantante de ojos tristes o simplemente pulsar “play” para ver qué ocurre…
Pero no puedo dejar de acordarme de ese relato cortísimo que me ha hecho soltar una carcajada, así que lo vuelvo a leer:

Sensualidad

Ella se puso en pie, me miró sin decir nada, se sonó las narices con un movimiento delicadamente grácil, y, antes de salir andando por el pasillo, me dijo, con su voz grave de mezzosoprano, las palabras más cargadas de sexo que había oído yo en mucho tiempo: “voy a descongelar la carne”.

Simplemente, genial.
De manera que zambullirse en este libro es como darse un chapuzón de buena narrativa, narrativa escrita con precisión de orfebre y con ritmo de guitarra acústica. Para pasar un buen rato leyendo mientras se saborea una jarra de cerveza (que no esté caliente).

Relatos de vinilo, cinta magnética y celuloide ha sido editado por Espai Literari, que además de ser una joven editorial, tiene su punto de encuentro con los libros y la literatura en Barcelona (Gràcia), Librería Espai Literari, en Ramón y Cajal, 45. Para los que tengáis la suerte de estar cerca.

Sergio Barce, agosto 2014

JUAN PABLO CAJA

JUAN PABLO CAJA

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«EL LIBRO SOBRE FEDERICO GARCÍA LORCA, DE LINE AMSELEM», POR EL ESCRITOR LARACHENSE LEÓN COHEN

Mi amigo y paisano León Cohen Mesonero, me escribía el otro día sobre Line Amselem. Me decía León que, como yo recordaría, Line es profesora de literatura española en Francia, donde nació, que su padre es natural de Larache y que ella siempre ha sentido una gran curiosidad por visitar el pueblo de su padre. Me decía también León, que, no hacía mucho, Line le había enviado su libro titulado Federico García Lorca (Editions Oxus, 2013) en el que, entre poemas traducidos al francés por ella, incluye historias familiares y personales.

FEDERICO GARCÍA LORCA por Line Amselem

Dice León que es una magnífica comunicadora del sentimiento, que, cuando terminó de leer el libro, se decidió a escribir una pequeña reseña sobre lo que este le había sugerido, reseña que me mandaba para que lo publicara en mi blog, porque, como me advertía, una vez más habla de Larache.
Y como la reseña de León, además, es magnífica, doble motivo para que aparezca por estos lares.
                                                                 Sergio Barce, julio 2014

Line Amselem - foto de Juan Algar, para Diario Córdoba

Line Amselem – foto de Juan Algar, para Diario Córdoba

Diario de Line

sobre fondo lorquiano

Este es el título que me sugiere la lectura de tu libro sobre García Lorca. Los textos de Lorca traducidos por ti son el telón de fondo para ilustrar tus vivencias y tus sentimientos y sensaciones en determinadas épocas de tu vida. Ayer tarde leí el libro de un tirón y ahora expongo mis impresiones. Si no lo hiciera ahora quizás no lo haría nunca.

Me gusta como relatas tus clases de español como primer idioma y tu relación con alguna profesora, la anécdota que cuentas cuando por vez primera pronuncias “Soy Line” me recuerda a la primera vez en que Mme Chambrette me hizo decir mi nombre y apellido en francés: «Je m’appelle Léon Cohen». Tu descubrimiento de la literatura y de cómo este te aleja del quehacer diario en la casa de tus padres. Tu madre, la mujer del zapatero que decide trabajar en contra de la opinión de su marido León Amselem (un apellido de origen bereber), ese pequeño conservador nacido en 1929 en Larache durante el Protectorado Español, y franquista convencido. Franco, el pequeño dictador gallego, descendiente de los judíos Franco, apellido cuyo origen viene de aquellos judíos que tenían franquicia para salir del barrio judío en Galicia. Ni Franco ni sus seguidores eran bienvenidos en casa de mi abuela Luna, porque ellos fueron responsables de la muerte de su joven hijo Yudá durante la Guerra Civíl, como bien sabes por mi relato: El linotipista del Heraldo de Marruecos. En Larache fueron algunos los judíos fusilados por los franquistas, mi padre y Ruben Benkessus (un vecino de tu padre) se encargaban de enterrarlos en la cárcel.

Me gusta como describes tu descubrimiento de Salamanca «la universitaria» y tu inesperado encuentro con el gran amor. Ese joven flaco cuya presencia trastornó tu vida. También nos cuentas su muerte inesperada cercano a los cuarenta, tan joven. No a todos nos está permitido vivir lo que nos toca. Los muertos en carretera nos lo recuerdan todos los días. Tu soledad, tu dolor, tu duelo, todo ello envuelto en un velo de ternura y de pudor que alcanzan al lector en lo más profundo.

Line la traductora, esa mujer tierna que en palabras suyas, se deja atravesar por el texto a través del filtro de su cuerpo y de su vida. Qué imagen más seductora y que bien expresada en palabras.

Por fin la visita a Larache, con recelo, con desconfianza, además llovía abundantemente, qué mala pata, cuando Larache es sobre todo sol y mar. Larache a la que extrañamente Jean Genet escogió para morir y ser enterrado.

Y Federico de fondo, sus textos como pretexto. Me has hecho recordar que durante mi servicio militar en 1968, en Córdoba, durante el tardofranquismo, un grupo de amigos ensayamos durante meses algunos textos del poeta maldito, algunos incluso con guitarra flamenca de fondo y dichos por jerezanos y gaditanos que les dábamos una fuerza inusual. Como era de esperar no nos permitieron la representación. Uno de esos textos volvió a visitarme en 2011, cuando fui invitado a dar la Lección Inaugural del curso en la Universidad de Cádiz.

Durante toda la lectura, traté de contextualizarte y de adivinar tu edad, te situé en 1960, pero tú misma me informaste de que había cometido un pequeño error de seis años. En 1966, yo tenía diecinueve. Me ha encantado conocerte como escritora y como persona. Creo finalmente que somos dos sensibilidades gemelas.

Leon Cohen, julio 2014  

Line Amselem - entrevista

 

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“EDVARD MUNCH, EL ALMA PINTADA”, UN LIBRO DE FUENSANTA NIÑIROLA

EDVARD MUNCH, EL ALMA PINTADA DE NIÑIROLA portada

Sigo presentando a los integrantes de nuestra Generación BiblioCafé. Hoy le toca el turno a Fuensanta Niñirola.

En todo grupo de escritores que se agrupan en un colectivo, no sé por qué, siempre hay un autor atrapado en las redes del arte en su más amplia expresión, un autor que, además de crear, gusta de descubrir a los demás el sabor de las obras plásticas y, ya que hablamos de libros, de las publicaciones más elegantes que solo unos pocos parecen detectar en este océano de obras que llenan las estanterías. Fuensanta Niñirola es, en nuestro grupo, así me lo parece, esa autora que vive entre páginas selectas y las ofrece a todos a través de su magnífico blog que, desde ya, os invito a visitar:

http://lamiradadeariodante.blogspot.com.es/

Aunque hasta ahora siempre he pedido a los compañeros de GB un relato inédito para poner en este blog y así poder hablar de ellos, con Fuensanta hago algo diferente.

FUENSANTA NIÑIROLA

FUENSANTA NIÑIROLA

Al conocernos, decidimos enviarnos nuestros respectivos libros (yo le mandé mi última novela El libro de las palabras robadas) y en seguida me hizo llegar Edvard Munch, el alma pintada (Ártica Editorial – Madrid, 2012), y es precisamente a través de este libro como pretendo hablar de ella.

No se trata de una novela, ni de un largo relato, por primera vez, al hablar de un miembro de la GB, he de referirme a un ensayo o a un estudio que, como Fuensanta Niñirola confiesa en la dedicatoria que me hace en su libro: está “…escrito con el interés de una artista… sobre la vida de otro artista”. Y eso es cierto, porque en cada página de este libro, una detallada biografía del artista noruego y, a la vez, un amplísimo estudio de su obra pictórica, se vislumbra la artista que Fuensanta es, volcando la pasión que las pinturas, y la propia vida de Munch, le provocan. Hay fascinación absoluta, y rendición a su genio a través de la admiración que no se oculta.

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LARACHE EN «EL PAN A SECAS» (AL-JUBZ AL-HAFI) DE MOHAMED CHUKRI

En El pan a secas (Al-jubz al-hafi) de Mohamed Chukri, la obra más emblemática y revolucionaria del panorama literario marroquí, de 1972, aparece Larache.

El pan a secas - portada
Aunque será más tarde, como ya escribí en otro artículo, en concreto en Tiempo de errores, cuando Larache tenga realmente un verdadero protagonismo en la obra de Chukri. Pero es aquí, en El pan a secas, cuando ya anuncia lo que será el cambio más trascendental de su vida: su marcha a Larache, donde aprenderá a leer y escribir, sus armas más poderosas, los instrumentos que lo sacarán de la miseria.
Y los motivos por los que termina en Larache lo cuenta de la siguiente manera:

“Por la mañana, al regresar del puerto, me dirigí a una librería de Oued Ahardan y compré un libro para aprender a leer y escribir en árabe.
Abdelmalek estaba en el café. Me presentó a su hermano Hassan, que había venido de Larache a visitarle. Me disculpe con él por lo ocurrido el día anterior.
-Olvídalo. Yo también me puse nervioso –me dijo.
Me senté con ellos y le enseñé a Abdelmalek el libro.
-Tengo que aprender a leer y a escribir. Tu hermano Hamid me enseñó algunas letras en la comisaría y me dijo que tenía disposición para aprender.
-Claro, ¿y por qué no la ibas a tener?
Su hermano Hassan me preguntó si quería estudiar en Larache.
-¿Yo? ¿Es posible? Tengo veinte años y ni siquiera sé firmar –le dije, asombrado.
-No importa, allí conozco bien el director de una escuela. Te haré una carta de recomendación. Estoy seguro de que te aceptará. Tiene especial simpatía por los muchachos que vienen de fuera con la firme intención de estudiar. Si no tuviera que ir a Tetuán para solucionar un problema con el delegado, te acompañaría y te lo presentaría yo mismo. Es amigo mío.
Al instante, añadió:
-Ve a comprar un sobre y un papel para escribirte una carta de recomendación.
Salí del café. No podía creer lo que acababa de decirme. Compré lo que me había pedido y volví rápidamente. Cogió el papel, lo puso encima de un periódico árabe y empezó a redactar la carta. Tenía una letra preciosa. De vez en cuando, dejaba de escribir para fumar kif con nosotros. Cuando terminó la carta, la metió en el sobre y lo cerró. Yo la guardé cuidadosamente en el bolsillo de mi chaqueta.
-Entonces, ¿cuándo puedo ir a Larache? –le pregunté.
-Cuando quieras. Pero intenta que sea pronto.
Eran casi las doce de la mañana. Nos despedimos de Hassan antes de que partiera para Tetuán. Me dio la mano y me dijo:
-Nos veremos allí en tres o cuatro días. No dejes de ir.
Abdelmalek tenía que visitar el cementerio Buarrakía.
-¿Para qué vas allí?
-Algunos amigos del café me pidieron que leyese algunos versículos del Corán sobre la tumba de sus familiares.
-Te acompaño. Mi hermano está enterrado allí. ¿Podrías leer alguna sura en su memoria?
-¿Tu hermano?
-Sí, tengo un hermano allí.
Camino del cementerio, le pregunté:
-¿Qué le pasó a tu hermano Hassan?
-Hizo una de las suyas. Siempre anda igual. Lo echaron del colegio de Larache porque le pillaron bebiendo alcohol y fumando kif en una de las habitaciones de la mezquita. Vivir allí es gratis para los estudiantes que vienen de fuera.
Compré un ramo de flores en el Zoco Grande y otro de arrayán a la entrada del cementerio. (…)»

Mohamed CHUKRI

Mohamed CHUKRI

En el mismo libro, Larache aparece solo otra vez, tangencialmente, cuando relata la época en que se acercaba el momento de la independencia del país y se producen una serie de altercados y muertes. Chukri escribe:

«-La situación parece haber vuelto a la normalidad después de los altercados –le dije.
-Pero la situación política no es buena. Lo del 30 de marzo es sólo el comienzo. Habrá más violencia. Ha llegado el momento de que los marroquíes pidan su independencia.
-Kebdani me dijo que sólo hubo seis entierros pero que la gente sabía perfectamente que mataron a decenas de marroquíes.
-Es cierto. Poco a poco van apareciendo en la playa algunos cadáveres que tiraron al mar.
-Así que los tiraron al mar.
-La mayoría de la gente cree que las autoridades españolas metieron a marroquíes vivos y heridos dentro de sacos, los cosieron y los lanzaron al agua. Algunos cadáveres aparecieron sin señales de bala, ni heridas. En Larache encontraron el cadáver de un joven con las manos atadas.”

Los fragmentos anteriores los he tomado de la edición que la editorial Cabaret Voltaire ha publicado de El pan a secas en 2012. La traducción, que comparada con otras ediciones en castellano, es la más pulcra, fresca e íntegra de las que he leído, es obra de Rajae Boumediane El Metni.
Es la cuarta vez que leo esta novela. Nunca deja de estremecerme.
Sergio Barce, abril 2014

Rajae Boumediane

Rajae Boumediane

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