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«IMÁN» DE RAMÓN J. SÉNDER

Imán es la primera novela de Ramón J. Sénder, publicada en 1930 por la Editorial Cenit, de Madrid. A estas alturas, hacer una reseña de este libro se me antoja inútil. ¿Qué puedo aportar con mis comentarios? Es una obra maestra de la literatura, y está considerada como una de las mejores novelas bélicas (antibelicista) de todos los tiempos.

Primera edición de Imán

Primera edición de Imán

Sólo puedo señalar que su personaje protagonista, Viance, apodado Imán, es uno de los que más me han marcado. Leí Imán hace muchos años, y desde entonces Viance ha estado ahí. Volver a leer el libro de Sénder es confirmar la grandeza de su texto y la simpatía por ese hombre al que la guerra transforma de manera definitiva y atroz.

RAMÓN J. SÉNDER

RAMÓN J. SÉNDER

Es quizá el retrato más lúcido y detallista de lo que supuso el desastre de Annual, y también un libro imprescindible para entender la sinrazón de la guerra que enfrentó entonces a Marruecos y España. Pero como mis palabras no aportan nada nuevo, prefiero reproducir tres fragmentos de la novela que me parecen excepcionales, en especial el último que, curiosamente, me ha hecho recordar El blocao de Díaz Fernández, que también comenté no hace mucho.
Si la guerra es una locura, Sénder supo reflejarla a la perfección en Imán.

Sergio Barce, febrero 2015

desastre de Annual

(…) Deben de ser las ocho, las nueve quizá, y bajo el insomnio, los ojos impacientes, cargados de sangre, muy abiertos, escuecen y destilan. Se palpa la mejilla inflamada y continúa por el pequeño declive que se acerca ya al llano. El peso del armamento empuja hacia abajo.
De repente, al doblar una sinuosidad, ve a una vieja y un niño indígenas. Los dos llevan a la espalda un grueso cántaro esférico de barro lleno de agua. Se han detenido un momento y el niño asegura las trinchas de esparto. Rebulle el agua y las vasijas tienen un brillo de humedad, de rezume. Viance se ha ocultado instintivamente, sin perderlos de vista. Un ciego impulso le hace comprobar si está cargado el fusil y echárselo a la cara, encañonando a la vieja. El agua sigue sonando a cada movimiento.. Con la violencia de quien refrena a una hiena se contiene. La alarma puede costarle la vida. Pero no hay necesidad de respirar. El machete no hace ruido y puede ensartar a dos personas en un minuto. ¿Y si gritan? Los rebeldes no están más lejos de un par de kilómetros y, sin duda, le oirán fácilmente.
El glú-glú del agua sigue sonando y exacerbando la sed. En esos cántaros grandes, esféricos, está el secreto vivificador. Los árboles, las plantas, los animales todos tienen derecho al agua, a deleitarse con ella. La sed se siente ahora en los labios, en la boca, en las sienes, en la mugrienta piel. Si de pronto echara a llover absorbería el agua por los poros, como una esponja. Prepara el machete en la mano. La sangre lo ha cubierto de una especie de mica negruzca que despega contra la alpargata. Siente una alegría feroz y un alivio de frescura en la garganta. Avanza a cuatro manos hasta la tangente de la colina, se levanta y avizora a sus víctimas. El niño se inclina ahora con dificultad y coge un casquillo de fusil. Sopla en su abertura, produce un pequeño silbido y se le ilumina el rostro de alegría. Viance abre los ojos desmesuradamente. Hace rato que lleva una mosca en la comisura de los labios. Queda paralizado por esa alegría inocente del muchacho, que reanuda ya la marcha dejando atrás con el glú-glú una estela de promesas.
Viance, cuando quiere darse cuenta se ha quedado demasiado lejos. Siente un sopor vago y profundo, las piernas le pesan mucho más. Se levanta alarmado, recordando los cadáveres del barranco, y reanuda su camino incierto hacia Annual. La sangre se ha coagulado en la rodilla, en la mano.

****

iman

(…) Después de andar toda la noche, sin otro accidente que el de su pugna con las sombras apelmazadas alrededor, llega a la llanura de Monte Arruit. Sabe que al final, la primera prominencia es la colina, no muy alta, de suaves laderas, de Monte Arruit. Encima, la posición. A la derecha, el río; a la izquierda, la estación del ferrocarril, pequeña, blanca, con ventanas ajimerezadas, mitad fortín y mezquita. Y en medio, la cerca de alambre espinoso, de sacos terreros. El campo del amanecer comienza a levantar su alarma. Una cogujada brinca entre los mulos, las cajas vacías, los muertos, de una sección de ametralladoras.
Viance se queda atrozmente sorprendido. No había visto un pájaro desde su salida de R. Siente una compasión inexplicable por ese pájaro color de tierra que vuela en cortas ondas, piando. Esta tierra es como la de los demás países –piensa-, como la tierra de España. No sólo se siembran balas y se cosechan muertos. Hay cogujadas, como allí y podría haber plantíos y árboles. El amanecer dilata las perspectivas y Viance se siente dentro de un inmenso fanal de vidrio que va ensanchándose. Huele a cera quemada, a grasa, y de vez en cuando vuelve el olor denso a cloaca. La luz grita a su alrededor llamando al peligro, a la muerte. Su voz viene con ecos repetidos desde una lejanía de niebla, que puede ser mar o nubes o la vegetación de una país fantástico. Su sombra es larga, y pasa acariciando las vísceras rotas de un caballo.
La mañana de Monte Arruit es indiferente, como todas las mañanas, a la locura y al terror de los hombres. Cañonazos no muy lejanos le recuerdan el asedio de R. <¿Otra vez> ¡Monte Arruit, Monte Arruit! Más tiros de artillería y explosiones blandas de granadas. El terror de volver a empezar, de ver nuevamente desgajarse el cielo, hervir la tierra en cien pequeños volcanes. Huir, huir. Salvar la vida por un torpe capricho de la Providencia, que ya se acoge con recelo. <¿Qué ignorado destino me aguarda? Si me salvo, no me salvo yo, sino un pobre animal cansado, sucio, con el alma apagada. Lo más auténtico de uno se queda por ahí, cara al cielo, muerto y podrido también. ¿Dónde? No se sabe. Quizá prendido en la mirada sin expresión –o terriblemente expresiva- de esos cadáveres.

****

Monte Arruit

Monte Arruit

(…) Por el lado de la alambrada llega una niña de hasta once o doce años. Grandes ojos infantiles en un rostro sereno y dulce. Vestiduras que fueron blancas bajan hasta cubrirle los pies. Al ver que la miramos, recoge del hombro un trapo y se oculta media cara, sujetándolo con los dientes. Su cuerpo no denuncia relieves de pubertad. Es fino, asexuado, de tal modo que esa precaución desagrada porque revela una preocupación extemporánea. Al avanzar hacia el zoco cae de pronto sentada sobre su pie y protege el otro con las dos manos. Su llanto es ruidoso y despreocupado. Me acerco y a través de las lágrimas me mira con asombro y temor. Entre sus dedos sale la sangre escandalosamente roja. Va descalza y ha pisado un casco de botella. La herida le cruza la plana del pie. El centinela llevará seguramente su paquete individual de curación. Me lo presta y la curo lo mejor posible. Sin decirme una palabra, con el pie envuelto en gasa, se va, cojeando. Al volver al zoco, otro sargento me da con el codo y dice, guiñándome un ojo:
-Ten cuidado, porque esta chica tiene chancros sifilíticos, purgaciones, to el repertorio.
Pasada la primera sorpresa me extraño yo mismo de haberme sorprendido. Es natural. Sus padres, sus hermanos han huido a la guerra. El hambre ronca por los aduares y atenaza a los niños, a los viejos. Éstos en vano intentan ganar la vida para los que quedan llevando miserables mercancías a los zocos. Y en ellas la misma inocencia, si la hay, es un peligro más. La soldadesca lo aprovecha todo. Puede que un día se haga la paz y que el padre, los hermanos vuelvan a su aduar a labrar las tierras. Pero el odio seguirá en los corazones y se transmitirá de padres a hijos.

desastre de Annual 1

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«EL BLOCAO» (1928), DE JOSÉ DÍAZ FERNÁNDEZ

El blocao (publicado por Ediciones del Viento) es un pequeño libro escrito por el periodista y luego político José Díaz Fernández, libro que tuvo un gran éxito de ventas tras su publicación en 1928.

EL BLOCAO portada
Leer El blocao es leer muy buena literatura. No sólo es un libro más sobre la guerra de Marruecos y sus terribles consecuencias, es también un retrato amargo, duro y, sin embargo, bellísimo de aquella locura que se convirtió en una dolorosa sangría para España y para Marruecos.
Son siete relatos en los que la narrativa de José Díaz te subyuga de una manera absoluta. La crudeza de alguna de las historias sólo muestran la realidad de aquella experiencia que marcó tan profundamente al autor. Y, sin embargo, uno descubre que su visión de aquella tragedia es lúcida y crítica. No ve a los marroquíes como un enemigo que lucha insensatamente contra ese designio que lanzaba a España a ocupar Marruecos porque era su obligación moral y natural, como predicaban por entonces algunos africanistas, sino que los marroquíes luchaban porque se ocupaba su territorio por fuerzas extranjeras.
El primero de los relatos es el que da título al libro, y es, sencillamente, magistral. Magistral en su factura narrativa, y magistral la historia que cuenta. A mí me conmovió su lectura cuando lo leí hace años, y ha vuelto a hacerlo ahora de nuevo al releerlo una tercera vez.

“…Una de mis distracciones era observar, con el anteojo de campaña, la cabila vecina. La cabila me daba una acentuada sensación de vida en común, de macrocosmos social, que no podía obtener del régimen militar de mi puesto. Desde muy temprano, mi lente acechaba por el párpado abierto de una aspillera. El aduar estaba sumergido en un barranco y tenía que esperar, para verlo, a que el sol quemase las telas de la niebla. Entonces aparecían allá abajo, como en las linternas mágicas de los niños, la mora del pollino y el moro del Rémington, la chumbera y la vaca, el columpio del humo sobre la choza gris.
Buscaba a la mujer. A veces, una silueta blanca que se evaporaba con frecuencia entre las higueras hacía fluir en mí una rara congoja, la tierna congoja del sexo. ¿Qué clase de emoción era aquélla que en medio del campo solitario me ponía en contacto con la inquietud universal? Allí me reconocía. Yo era el mismo que en una calle civilizada, entre la orquesta de los timbres y las bocinas, esperaba a la muchacha del escritorio o del dancing. Yo era el náufrago en el arenal de la acera, con mi alga rubia y escurridiza en el brazo, cogida en el océano de un comedor de hotel. Y aquel sufrimiento de entonces, tras el tubo del anteojo, buscando a cuatro kilómetros de distancia el lienzo tosco de una mora, era el mismo que me había turbado en la selva de una gran ciudad.
Nuestra única visita, aparte del convoy, era una mora de apenas quince años, que nos vendía higos chumbos, huevos y gallinas.
—¿Cómo te llamas, morita?
—Aixa.
Era delgada y menuda, con piernas de galgo. Lo único que tenía hermoso era la boca. Una boca grande, frutal y alegre, siempre con la almendra de una sonrisa entre los labios.
—¡Paisa! ¡Paisa!
Chillaba como un pajarraco cuando, al verla, la tromba de soldados se derrumbaba sobre la alambrada. Yo tenía que detenerlos:
—¡Atrás! ¡Atrás! Todo el mundo adentro.
Ella entonces sacaba de entre la paja de la canasta los huevos y los higos y me los ofrecía en su mano sucia y dura. Yo, en broma, le iba enseñando monedas de cobre; pero ella las rechazaba con un mohín hasta que veía brillar las piezas de plata. A veces, se me quedaba mirando con fijeza, y a mí me parecía ver en aquellos ojos el brillo de un reptil en el fondo de la noche. Pero en alguna ocasión el contacto con la piel áspera de su mano me enardecía, y cierta furia sensual desesperaba mis nervios.
Entonces la dejaba marchar y le volvía la espalda para desengancharme definitivamente de su mirada…”

“Para desengancharme definitivamente de su mirada… “ Qué preciosa frase.
Este cuento narra la aburrida vida en un blocao, esa especie de trinchera que era como una tumba anticipada para los soldados que luchaban en Marruecos. Una especie de féretro de tierra y piedra, de arena y de sacos. Y de ese pequeño espacio, José Díaz crea un universo tremendo y terrible.

Regimiento Alcántara - en Annual

Los otros seis relatos El reloj, Cita en la huerta, Magdalena roja, África a sus pies, Reo de muerte y Convoy de amor, encierran pequeños mundos e historias sorprendentes. El reloj es un relato de guerra que nos conduce a la compasión por ese soldado algo bruto que tiene en su enorme reloj un extraño refugio para huir de la realidad del combate. Su final es tan sencillo como desolador.
No hay un cuento en este libro que deje indiferente. Incluso esa historia tremenda de la Magdalena roja, con ese personaje de Angustias López que, en mi opinión, retrata como en ninguna otra obra la forma de ser del revolucionario anarquista y sindical de la época. Idealismo y fanatismo, revolución y desengaño.
Pero quizá sea Convoy de amor el cuento que más impacta, junto al primero, El blocao.

blocao

Convoy de amor es la historia de una desesperación, esa a la que aquella guerra absurda llevó a muchos jóvenes a una muerte sin sentido. Un pequeño convoy, de hombres deshechos, agotados, enfebrecidos por la fiebre del combate y por la fiebre de la abstinencia sexual obligada, han de escoltar a una mujer provocativa e insensata bajo un sol abrasador… Leer este relato es como estar junto a los personajes. José Díaz consigue ese efecto hipnótico del gran narrador que es el de trasladar al lector al lugar de los hechos, y conseguir que los experimente y los sufra vívidamente, Y esta historia te deja con una extraña sensación de derrota, como si al acabarlo fueras más consciente de lo que José Díaz Fernández ha estado contando en todos sus cuentos: el absurdo y la sinrazón de la guerra que enfrentó a España y Marruecos, por el interés de unos y el capricho de otros.

“…Minutos después el convoy de Audal estaba en la carretera, dispuesto a partir. Lo componían el cabo, seis soldados, dos acemileros y dos mulos. En uno de éstos se habían colocado una jamuga para Carmen, que llegó con el coronel entre una doble fila de ojos anhelantes. El coronel la ayudó a subir a la cabalgadura, sosteniendo en su mano, a manera de estribo, el pie pequeño y firme. Fue aquél un instante espléndido e inolvidable, porque, por primera vez y en muchos meses, los soldados del zoco vieron una auténtica pierna de mujer, modelada mil veces con la cal del pensamiento. Ya a caballo, Carmen repartía risas y bromas sobre el campamento, sin pensar que sembraba una cosecha de sueños angustiosos. Diana refulgente sobre la miseria de la guerra, en lo alto de un mulo regimental, mientras los soldados la seguían como una manada de alimañas en celo, Carmen era otra vez la Eva primigenia que ofrecía, entre otras promesas y desdenes, el dulce fruto pecaminoso.
Aquellos hombres se custodiaban a sí mismos. Porque, de vez en cuando, la falda exigua descubría un trozo de muslo, y algún soldado, sudoroso y rojo, exhalaba un gruñido terrible.
El sol bruñía la montaña y calcinaba los pedruscos. Al cuarto de hora de camino, Carmen pidió agua. El cabo le entregó su cantimplora y ella bebió hasta vaciarla.
—¡Qué calor, Dios mío! ¿Falta mucho?
—¡Huy, todavía!…
Le cayeron unas gotas en la garganta y ella bajó el escote para secarse. Pelayo sintió que la sangre le afluía a las sienes como una inundación.
Al devolverle la cantimplora, Carmen le rozó los dedos con su mano. Y Manolo Pelayo estuvo a punto de tirar el fusil y detener al mulo por la brida, como los salteadores andaluces…”

José Díaz Fernández, como tantos intelectuales de valía, lo más granado de nuestra literatura y de nuestra ciencia, hubo de marcharse exiliado de España tras la guerra civil. Un final triste para un escritor inmenso.
                                                                Sergio Barce, octubre 2014

JOSE DIAZ FERNANDEZ

JOSE DIAZ FERNANDEZ

José Díaz Fernández nació en Aldea del Obispo (Salamanca) en 1898. Periodista, trabajó en El Noroeste de Gijón, y tras su regreso de Marruecos en El Sol, de Madrid, y fue director de la revista Nueva España.
Tras el desastre de Annual, se incorpora al ejército y luchará en Marruecos. Sus experiencias en la guerra, las plasmará en su libro El blocao (1928) que obtendría el premio de El Imparcial.
A causa de su oposición a la dictadura de Primo de Rivera, tras ser encarcelado, es desterrado a Lisboa. Tras pasar por la política, al finalizar la guerra civil, se exilió en Toulouse, donde fallecería en 1941.

LA BIBLIOTECA ISLÁMICA DE MADRID TIENE ENTRE SUS LIBROS «EL BLOCAO». EN EL SIGUIENTE ENLACE PODÉIS ACCEDER.

 

http://cisne.sim.ucm.es/search*spi~S18/X?SEARCH=blocao&searchscope=18&SORT=D

 

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«NOTICIA DE ESTE MUNDO», UN LIBRO DE GONZALO MURO

Gonzalo Muro publica el libro Noticia de este mundo, que edita Jam Ediciones, para Generación BiblioCafé. Otro impecable trabajo de edición de Mauro Guillén, y que ha contado con las excelentes ilustraciones de Fuensanta Niñirola.

Noticia de este mundo - Portada

Entrar en las páginas de Noticia de este mundo es, advierto, como abrir un enorme arcón en el que se almacenan pequeños paquetes, muy bien envueltos, en los que, al ir desenvolviéndolos, vas encontrando objetos tan inesperados como sorprendentes.

Abro, y cada pequeño paquete lleva una etiqueta adherida al papel de celofán: Origen, Soledad, Travesía, Canciones, Noticias, Autografías y Relatos. Así se divide el libro. Y comienzo a sacar de cada uno de ellos el contenido que, como digo, viene tan perfectamente presentado.

Origen

“El sexto día. La fila era larga y pesada. La abrían los hombres y la cerrábamos mujeres y niños. Polvo y viento eran nuestro único paisaje, sed y hambre, las únicas voces”

Dividido en siete textos cortos, siete como los siete días que Dios tardó en crear el mundo, tratan precisamente de esto, pero de una manera sumamente original. Gonzalo Muro es brillante, porque él crea el mundo desde los ojos de la inocencia, de unos niños-seres-imaginarios que lo amoldan a su antojo, como pequeños dioses aturdidos y desorientados. Pero hay una belleza primitiva, un desafío estético para ofrecernos imágenes, sensaciones y conceptos bien planteados. Hay un algo de magia inevitable en todo este origen del mundo, con frases talladas e intachables.
Aunque el arranque puede desorientar, porque no sabes si estás ante unos relatos o ante poemas narrativos o ante poesía trascendental y onírica, al continuar te das cuenta de que, sea lo que sea, el comienzo es muy seductor.

FUENSANTA ILUSTRACION 1

Soledad

“El hombre más solo del mundo se sienta a su mesa para escribir una carta a sí mismo…
(…) …Mis pies de ciudad olvidaron la caricia de la arena mojada en una tarde de invierno; asfalto es su única rima. Mi boca de gramófono esparce silencios a la oscuridad sin esperar respuesta, olvidada del eco devuelto…”

Al igual que en Origen, en Soledad hay frases tan esbeltas como seductoras.
Aquí Gonzalo Muro utiliza flashes, rápidos, impactantes, tan efectivos como desasosegantes. Sigue ese poso de poesía que nos hace creer que estamos ante un poeta innato. También ante un creador de sensaciones gélidas. Soledad: un paréntesis de versos puros.

FUENSANTA ILUSTRACION 3

Travesía

“…He levantado la vista para contemplar las nubes de polvo espeso que se agolpa en los senderos umbríos y me ha escalofriado el murmullo ancestral que guía a las estrellas.
(…) …Hay una palabra dulce y hay una palabra amarga, pero sólo tengo una boca. Hay un gesto honrado y hay un gesto ruin, pero sólo tengo un rostro.”

Otros siete textos entroncados más estrechamente con los de Origen que con los tres de Soledad.
La poesía se ha adueñado ya, por completo, del relato. Un largo poema narrado con versos enigmáticos y sombríos pero que trazan el camino de ese hombre y ese coche rojo como la sangre. La voz, el lamento, la canción, su súplica, el ritmo, las palabras del marinero y, finalmente, su propia voz cerrando este círculo, le hablan, le enseñan, le explican esta travesía de un desierto de soledad y de iniciación.
Gonzalo Muro es ahora un poeta en medio de la nada, un hacedor de enigmas y secretos.

FUENSANTA ILUSTRACION 4

Canciones

“…Mis pasos son guiados por un instinto ya casi olvidado, no buscan nada pues todo les es conocido, sólo vagan, recuerdan el camino. Y así llego a ti, a dejarte estas palabras tanto tiempo postergadas, a recuperar esa costumbre ya lejana. Aquí las dejo, donde siempre habitaron pero no fueron pronunciadas. Aquí las dejo, como un mapa en tu mano…”

Seis canciones que, de nuevo, son pura poesía. Canciones a Dios, al amor, a la naturaleza, a la vida. Hay una melodía en cada frase de estos textos, como un llanto de voces. La Canción de Todo lo que Importa es, quizá, la que de veras importa, como la Canción del Retorno es la que, seguramente, más me emocione.

Noticias

“Una bomba en el mercado.
(…) …y una luz borró mis ojos, borró mis labios. El calor fundió en mi piel las monedas, el pañuelo en mi pelo. Y ya no toqué mis juguetes, ni oí promesas de amor bajo un árbol del camino, ni tuve marido a quien honrar, ni puse nombre a mis hijos…”

Gonzalo Muro comienza a girar muy lentamente a estas alturas del libro. Noticias son eso, noticias de este mundo desquiciado que, muy bien escogidas, se transforman con su prosa poética en algo diferente, etéreo. Noticias de la guerra, de la inmigración ilegal, de los niños abandonados, de la anorexia como falsa belleza, de la violencia de género… Y así, en este devenir natural de la prosa poética a la narración, ahora ya inevitable, hallamos un relato breve escrito con rotundidad y con una hermosa prosa, todo ello como contrapunto o contraposición a la noticia escogida: el alzheimer. Y es que El Hombre que Olvidó su Nombre es de una belleza narrativa impresionante. Es sencillamente precioso.
Las Noticias acaban con la ciudad como monstruo impersonal y frío que nos engulle, como anunciando el fin de todo lo hermoso de este mundo.

Durante toda la lectura, se intercalan en cada texto numerosas ilustraciones de Fuensanta Niñirola. Bien escogidas, son los guardaespaldas idóneos en todas las narraciones. Imágenes tan elegantes y sobrias como las palabras. Aquí solo muestro cuatro de ellas, pero sirven ya de prueba evidente de lo mucho que significan para el libro.

FUESANTA ILUSTRACION 2

Autografías

“…Mi oído siempre estuvo dotado para captar la riqueza y los innumerables matices de una conversación. Pocos como yo han podido reflejarlo en la mortaja que supone para una palabra el papel sobre el que se congela.”

Y aquí, súbitamente, Gonzalo Muro da un giro copernicano. Se zambulle en el relato, y lo hace con letras mayúsculas. El libro, de pronto, crece.
Sobrio, soberbio, Un lugar limpio y bien iluminado, tomando como pretexto el relato de Hemingway, es un retrato bien delineado, la estampa de toda la vida de un hombre contada hábilmente en pocas líneas.
Por el contrario, la segunda autografía titulada Regreso a Babilonia, es un juego de impostación en el que Gonzalo Muro se traviste de F. Scott Fitzgerald, le arrebata la pluma y escribe en su lugar con la misma elegancia de la que hiciera gala el escritor americano.
Dos potentes relatos que abren majestuosamente este otro paquete hallado en el arcón de Noticia de este mundo.

Relatos

“…reivindico con orgullo mi labor: recuperar el oficio de náufrago.
(…) …No sabían que náufrago es también quien camina entre extraños o aquel a quien el fuego de campamento ni alegra ni reconforta tras una larga caminata”.

Memorias de un cimbalista es un cuento sobre la inseguridad, sobre la frustración personal y profesional, sobre los sueños que no alcanzamos. Agrio y, sin embargo, emotivo. Es tan humano como real.
Lamentaciones de un náufrago imposible. Lleno de humor elegante, es un relato bien trazado, con una historia curiosa y original que no es sino una metáfora de la soledad, buscada o no. En cualquier caso, un excelente cuento sarcástico y sutil.
El tercero de los Relatos, La estación de Zúrich, es sencillamente bonito. Aquí, Gonzalo Muro hace de arquitecto: construye una complicada estructura a base de bucles, de narración circular hasta convertir lo contado en una historia tan mágica como envolvente. La mujer del vestido rojo se queda grabada en la memoria, en medio de la estación, sentada sobre sus maletas (¿quizá vacías al comienzo?). Me ha encantado. Perfecto.
Y, para cerrar los relatos y el libro, Locura de piernas. Leyéndolo pensaba en Cyd Charisse, en sus interminables y perfectas piernas de bailarina y de vamp, pero también, a causa de los juegos descriptivos del autor, en Marilyn y en la Novak. Es otro relato magnífico, que mantiene el listón que había subido desde las autografías. Este cuento de cine que narra la historia de una actriz con piernas imposibles, una actriz desconocida que únicamente es reclamada para que sus piernas sustituyan a las de las famosas estrellas en las escenas que estas extremidades son las protagonistas, está tan bien llevado que, cuando la sorpresa final nos pilla desprevenidos, nos deja desarmados.
Un excelente punto final para que cerremos el libro muy lentamente.
                                                             Sergio Barce, octubre 2014

GONZALO MURO

GONZALO MURO

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«EL ÁRBOL DE LA VIDA», POEMARIO DE JOSÉ SARRIA

La cosa sucedió así.
Velada poética. Mi amigo José Sarria presentaba el pasado viernes su poemario El árbol de la vida. El acto era en El Portón de Alhaurín, y pensé que se haría en el auditorio, donde se celebra cada el año El Portón del Jazz. Había bastante tráfico y llegamos rayando la hora de inicio. La primera sorpresa fue descubrir el auditorio a oscuras, y solitario; la segunda fue que, por entre los árboles de la finca oímos un murmullo lejano, y, por supuesto, allí nos dirigimos. La velada iba a dar comienzo bajo una estructura de madera, bastante amplia, preciosa, y las sillas, no sé cuántas, cien quizá, estaban ya todas llenas. Era la tercera y más inesperada sorpresa: un acto poético con tanto público que parecía una escena sacada de algún archivo del pasado, de aquellos años en los que los poetas reunían a multitudes. Conseguí sentarme en un poyete, en un lateral. Y al poco, el acto comenzó, y todo se preñó de magia.

JOSÉ SARRIA leyendo sus versos

JOSÉ SARRIA leyendo sus versos

La presentación de Antonio Garrido Moraga, como siempre, espectacular, brillante, divertida, un prólogo digno del autor.
Luego, José Sarria, con sus calculados ademanes, siempre comedido y siempre elegantemente bien plantado, comenzó a leer versos. Versos como estos con los que deleitarnos en su libro.

LO MEJOR DE MÍ MISMO

Escucho mis silencios y descubro
derrotas de una vida que han servido
para ir tejiendo
con paciencia infinita, con la firme
esperanza de las causas perdidas,
esta tristeza que tanto me gusta:
la esencia de mis actos, lo mejor de mí mismo.

(De Inventario de derrotas, 2005)

Y como un eco subyugante, llegó la voz de Sumaya Chahir recinto en árabe.

أفضل فيضي

أُصغي إلى صمتي فأُدرك
اخفاقات حياة
نسجتُها شيئا فشيئا
بصبر لا حصر له، بأمل
راسخ في قضايا لا طائل من ورائها،
نسجتُها حزني هذا الّذي أنِست به كثيراً:
جوهر أعمالي وأفضل فيضي.

(من ديوان جرد الاخفاقات، 2005)

Pepe Sarria y Sumaya Dahir

Pepe Sarria y Sumaya Dahir

A Pepe y a mí nos unen muchas cosas, pero Marruecos es, sin duda, una de ellas. Este poema dedicado a Mgara, con Tetuán al fondo.

LA OTRA ORILLA

A Ahmed M. Mgara

Me hablará tu mirada de jardines
de enamorados donde
las tórtolas zurean
entre azahar y almendros florecidos,
del agua del islam,
de olivos, surtidores,
acequias y molinos arabescos.

Me hablará de canciones de jóvenes poetas,
de místicos sufíes
buscando alcanzar el rostro de Dios,
de ulemas que no aprueban
la sangre de los mártires,
de arquerías y aleyas,
de pétalos de paz,
de la misericordia
que ilumina madrazas y mezquitas.

Y me hablarán tus gestos
de rojas alcazabas,
de generosos zocos
cubiertos del color de las especias,
de pupilas de jóvenes
buscando la sorpresa tras el velo,
de la sabiduría, de vergeles,
del perfume a jazmín
que embriaga los sentidos.

Veré
en tus palabras
a mis padres y a sus padres llegar
de un pasado glorioso.
Y sabré que al mirarte
o al estrechar tu mano,
en la Plaza Feddan, mientras bebemos
una taza de té o compartimos
un plácido narguile,
estaré
alcanzando la otra orilla
que me faltaba.

(De Raíz del agua, 2011)

الضفّة الأخرى
إلى أحمد مغارة

ستحدّثني نظرتك عن جنان
العشّاق حيث
تَسْجَعُ أفراخ اليمام
بين أشجار البرتقال واللّوز المُزهرَة،
ستحدثني عن ماء الإسلام،
عن شجر الزّيتون، عن عيون الماء
والسّواقي والطواحين ذات الزخارف العربيّة.

ستحدثني عن قصائد الشّعراء الشبّان،
عن النّساك المتصوّفين
في توقهم إلى وجه اللّه،
عن الفقهاء الّذين لا يوافقون
على دم الشّهداء.
ستحدثني عن الأقواس والآيات،
عن بتلات السّلام
عن الرّحمة الّتي تنير المدارس والمساجد.

ستُحدثني إشاراتُك
عن القصبة الحمراء،
عن أسواق كريمة تغمرها ألوان التّوابل
وحِداقُ صَبايا
يبحثن عن مفاجأة من وراء الحجاب.
ستحدّثني عن الحكمة والبساتين
وأريج الياسمين
تنتشي له الحواس.

سأرى في كلماتك
أجدادي وأجدادَك وهم قادمون
من ماض مجيد.
وسأدرك- وأنا أنظرُ إليك وأصافحُك بساحة الفدّان،
ونحن نشرب فنجانًا من الشّاي أو نتقاسم
في هدوء نارجيله-
إنّني أقترب شيئاً فشيئاً من الضفّة الأخرى
الّتي أحنّ إليها.

(من ديوان جذور الماء، 2011)

Escucharlo, saborear el contenido de cada uno de sus versos, me hacía ver con claridad que, además del gran poeta que es, Pepe es un hombre bueno, y que me sentía muy orgulloso de sentirme amigo suyo. Poco a poco, el poeta se agigantó a nuestros ojos.

CANCIÓN DE CUNA

A mi madre

Los sonidos de aquella melodía
brotan desde el recuerdo, negándose a morir.

Y me acompañan sólidas sus notas
en las horas más tristes
cuando lanza la garra enfurecida
en su locura el cruel destino.

Canción de cuna, ¡tantas veces mía!
En las noches confusas, la figura
silente de mi madre junto al lecho
musitando la dulce nana
regresa del pasado. Su firmeza
reconforta mis días y mis carnes
se vuelven tiernas como las de un niño.

Es tarde. Hoy tampoco
puedo dormir.

Más tarde, para redondear una faena perfecta, el grupo Pájaros perdidos cantó también sus versos, y la música se alió con la lluvia que, desde hacía ya un buen rato, repiqueteaba contra el techo de madera. Versos y lluvia, como si la pequeña tormenta marcara el compás. El aire preñado de poesía, de otoño. Todo confluyendo al encantamiento de los versos de José Sarria.

Pepe estaba exultante. Lo estaba ya de antes, porque cuando le anunciaron que sus poemas iban a ser traducidos al árabe se sintió como un niño al que los Reyes Magos le hubiesen traído el regalo que más anhelaba. Verlos ya escritos en árabe, oírlos ya recitados en árabe, le hacía flotar en el rendido ambiente de El Portón.

Luego, al terminar, el mago que es José Sarria se fundió con sus seguidores, sobrepasado por la emoción de sus palabras que, en español, en árabe, acompañadas de la guitarra, de la flauta y del saxo, seguían aún en cada gota de lluvia que, ya más débil y rendida a lo evidente, se retiraba también tras acompañar a Pepe durante la velada.

Larisa serpenteaba entre los invitados, ya menos nerviosa, se le notaba en el rostro que había estado en tensión preocupada porque todo saliera bien. Ahora ya solo disfrutaba del éxito de Pepe. No los vi marcharse, pero seguramente lo hicieron cogidos de la mano, pensando que sus versos seguían escuchándose por entre los árboles de El Portón, igual que un rumor de olas, dulces, sarrianas.

El árbol de la vida es el libro. Una recopilación de sus poemas llena de delicadeza, de amor al ser humano, de canto a la vida y de canto a todo lo que hace temblar a José Sarria. Un precioso, delicado y soberbio poemario.

Sergio Barce, septiembre 2014

تهويدة

إلى أمّي

تنبثق أصواتُ تلك النّغمة
من الذّكرى، متشبّذة بالحياة.
تُرافقني نوطاتُها الرّاسخة
في الأوقات الحزينة،
كلّما لجأ القدرُ الغاشم في جنونه
إلى مخالبه الحانقة.
أيا تهويدة، كم مرّة تقمّصتُكِ!
في ليالي الحيرة، تعود من الماضي
صورة أمّي الهادئة،
تردّد بصوت خافت قرب السّرير
تهويدة ناعمة.
ثباتُها يملأ حياتي أملاً
ويجعل بشرتي ناعمة كبشرة الطّفل.
حان اللّيل. اليوم كذلك
لن أقدر على النّوم.

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PARA CONSEGUIR ESTE LIBRO PODÉIS ESCRIBIR AL PROPIO AUTOR AL SIGUIENTE CORREO ELECTRÓNICO: 

pepesarria@hotmail.com

EL ARBOL DE LA VIDA portada

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«JEAN GENET EN TÁNGER» (Jean Genet fi tanya), de Mohamed Chukri

Jean Genet en Tánger (Jean Genet fi tanya) por Mohamed Chukri. Publicado por Cabaret Voltaire, 2013, con traducción del árabe de Rajae Boumediane El Metni.

Jean Genet en Tánger - portada

Me escribe Rajae Boumediane en la dedicatoria de esta pequeña joya: “Para Sergio, este diálogo entre Chukri y <Jean Genet en Tánger> , con afecto”. No se puede resumir mejor lo que es este libro: un intenso diálogo entre ambos escritores a lo largo del tiempo, entre encuentro y encuentro en los cafetines de Tánger…

25 de septiembre de 1969.
Comimos tajin con las manos. Genet no tenía demasiado apetito, como de costumbre. Después del almuerzo, H. le preguntó a Genet:
-Si prefiere la compañía de los pobres, si son los únicos marroquíes que le interesan, ¿por qué se aloja en el hotel Minzah?
Genet sonrió y dijo:
-¿No se lo imagina?
-No.
-Porque soy de la canalla. Me alojo en el Minzah o en el Hilton para ver a personas remilgadas sirviendo a un perro como yo.
Todos soltamos una carcajada. H. insistió:
-¿Por qué iba a ser usted un perro?
-Es lo que piensan de mí.

A diferencia de Paul Bowles, el recluso de Tánger (Paul Bowles wa ´azlatu tanya), en el que Chukri hace un retrato demoledor del escritor americano, ante Jean Genet, por el contrario, no oculta una permanente admiración por su persona y por su obra. Quizá el común origen marginal y criminal de los dos creadores haga que su cercanía sea más afectiva, casi de camarada.

Jean Genet y Mohamed Chukri (foto tomada de la web de la Editorial Hijos de Muley Rubio)

Jean Genet y Mohamed Chukri (foto tomada de la web de la Editorial Hijos de Muley Rubio)

Leí este libro, que se bebe en menos de una hora, durante el trayecto entre Madrid y Málaga, en el AVE de regreso tras el homenaje a Mohamed Chakor. Fue una lectura relajante, y muy intensa. Es fascinante descubrir cómo mi admirado Mohamed Chukri ve, desde su particular prisma, a un escritor como Genet, tan controvertido como el propio Chukri.
Pero, como digo, su admiración le sobrepasa, y su acritud y mirada crítica da paso a un diálogo más sosegado de lo que imaginaba.
No obstante, hay momentos de tirantez entre ambos, que siempre suavizan y relativizan, y vuelven a tomar café juntos. Lo cierto es que Chukri plantea esta obra no solo como el diálogo permanente que es, sino también como una especie de interviú a su admirado Genet y como el retrato de una época y de una ciudad: Tánger.

1 de octubre de 1969
Estábamos en la terraza del Café de París.
-Jean, parece triste hoy –le dije.
-Yo siempre estoy triste, y sé muy bien por qué.
Respeté su tristeza. Yo también tengo la mía.

Hablan de política, de religión, de literatura, de la vida…
Sugerente diálogo entre dos personajes salidos de las cloacas y que han alcanzado la gloria creativa.

Rajae Boumediane

Rajae Boumediane

Como sucede en las anteriores publicaciones de Chukri que ha editado Cabaret Voltaire, este libro también gana en calidad gracias a la cuidada traducción al castellano de Rajae Boumediane.
Es una gozada para quienes gustan de buscar entre líneas lo que mueve e inspira a quienes han sido capaces de romper las reglas establecidas.
                                                             Sergio Barce, septiembre 2014

14 de octubre de 1969
Nos volvimos a ver en el Minzah. Se sentía mejor. Me regaló una traducción francesa del Corán.
-No lo he entendido del todo –me dijo-. Hay que conocer la historia de los árabes para comprender la mayoría de los comentarios y notas. ¿Lo ha leído usted?
-Sí.
-Tiene que ser maravilloso en árabe.
-Es el milagro de la lengua árabe.
Se puso a hablar de la creación literaria. Admiraba a Mallarmé. Me citó unos versos del poema Brise marine. Me encantó uno de ellos y le rogué que me lo escribiera. Como yo no tenía papel, lo hizo en la segunda hoja de cortesía del Corán: «Ni de vide papier que sa blancheur défend». Dudó un instante y volvió a escribirlo: «Et le vide papier que sa blancheur défend». En esta ocasión añadió un signo de interrogación.*
Le pedí que me explicara el significado del apellido Mallarmé. Él me respondió, riéndose:
-Su apellido significa impotencia. Mal armé. Mal equipado sexualmente. ¡Ah, pero su cerebro lo compensa, ése sí que estaba muy bien armado!
Al cabo de un rato, le pregunté si la revista Esquire había publicado íntegramente su artículo sobre la democracia en Chicago.
-No, tan sólo la mitad. Aproveché para vender la otra mitad a otra revista. Soy consciente de que sólo compran mi firma. No les interesa en absoluto mi opinión sobre la democracia en Estados Unidos.

* Genet no se acordaba bien del verso a pesar de haberlo escrito dos veces. (N.d.A.)

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