Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

«PATRIA», UNA NOVELA DE FERNANDO ARAMBURU

Se ha escrito ya tanto de este libro que presumo que nada nuevo voy a aportar. Sin embargo, no me resisto al menos a escribir unas breves líneas.

Hacía ya un tiempo que no me encontraba una novela con una estructura tan sólida y tan bien armada. Últimamente priman más los libros comerciales, de lectura fácil, especialmente en España. Pero Patria (Tusquets, 2016) demuestra que la calidad se compagina bien con el éxito de ventas. Eso es poner una pica en Flandes.

La novela Patria, desde fuera de Euskadi, la entendemos, evidentemente, de una manera concreta, la interiorizamos tratando de comprender a cada uno de los personajes que, sin duda, ejemplifican a diferentes maneras de ser vasco. Aramburu conoce bien su pueblo, y eso me tranquiliza, en el sentido de que no temía, al avanzar la lectura de la novela, que me estuviesen estafando, sino todo lo contrario. En Euskadi, sin duda, habrá dado lugar a muchos comentarios, poliédricos, no me cabe la menor duda, porque abre muchas espitas que estaban cerradas.

FERNANDO ARAMBURU

FERNANDO ARAMBURU

Fernando Aramburu crea personajes tan bien definidos que acabas por ponerles rostros e intuyes cada una de sus reacciones cuando se están enfrentando a un hecho concreto, porque el autor logra que los conozcamos hasta en el más mínimo detalle. No hay paisaje externo sin paisaje interno. Aramburu hunde su escalpelo hasta el fondo.

Es, sin ninguna duda, la historia de dos madres, dos mujeres vascas que se ven envueltas de una manera muy distinta en lo que se ha venido en llamar el “conflicto vasco” y, sobre todo, en el día a día de esta sociedad que, tras el abandono de las armas por parte de ETA, se ha de enfrentar ahora a otro “conflicto” complicado y difícil: el de recuperar la normalidad y tratar de perdonar los errores cometidos, porque lo que sí queda claro de todo esto es que todos han cometido errores y excesos. Pero sin duda se intuye la esperanza abriéndose paso al acabar la novela, y eso atempera cualquier temor sobre el futuro.

El enfrentamiento entre esas dos mujeres que primero fueron amigas y luego accidentales enemigas irreconciliables por lo que hacen o dejan de hacer sus hijos, por lo que les empuja a hacer o dejar de hacer quienes viven en su entorno, es la que marca el devenir de la historia. Ellas nos descubren cuánto dolor hay detrás de muchos hogares vascos, cuánto sufrimiento acumulado. Pero Fernando Aramburu no descuida al resto de los personajes, y todos ellos, uno a uno, conforman una vida dentro de todas estas vidas. Sus páginas estremecen y emocionan, y lo sorprendente es que estas emociones las transmiten todos los personajes, quiero decir que a veces los que nos pueden causar más simpatía en esta historia son los que nos emocionan y a veces los que causan nuestra reacción son los que nos pueden causar más antipatía, porque, en definitiva, todos son seres humanos, y Fernando Aramburu habla del ser humano.

El título del libro es, no cabe duda, otro acierto: Patria. Lo resume todo. La patria como tierra amada, la patria como tierra de los nuestros, pero la patria también como enfermedad, como instrumento de manipulación, como arma arrojadiza, como cárcel. Hay muchos ejemplos a lo largo de la Historia, incluso en la que se está escribiendo ahora mismo, del uso del patriotismo para radicalizar a la gente en un sentido u otro, aunque generalmente sólo es para saciar el interés de unos pocos.

Escrita con el temple de los grandes narradores, narradores con letras mayúsculas, Patria hay que leerla tanto por su calidad literaria y narrativa, como porque a estas alturas viene bien que nos abran los ojos.

Sergio Barce, enero 2017

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«SANTA INFANCIA», UNA NOVELA DE ALBERTO SÁNCHEZ GAITÁN

Me envía un whatsapp mi paisano el jay Ernesto Blanco para preguntarme por una novela ambientada, todo en parte, no lo sabemos, en Larache. Se titula Santa Infancia, y su autor Alberto Sánchez Gaitán. El libro lo ha publicado la editorial Círculo Rojo.

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Pues no, le contesto, no lo conozco. De manera que, si tiene algo que ver con Larache, Ernesto y yo nos proponemos hacernos con un ejemplar y leerlo. Cuando lo haga, por mi parte, haré la correspondiente reseña, pero para los paisanos que tampoco tengan noticias de esta novela, os presento el resumen de su argumento, su portada y el booktráiler de presentación.

Santa Infancia… En una noche tranquila del mes de Julio, el sueño de los habitantes de Larache se vio interrumpido por los gritos y los disparos que en los tres años siguientes serían los protagonistas de una España en guerra. Antonio, un joven Sargento perteneciente al Partido Comunista, será encarcelado junto con muchos otros que se negaron a participar en el Golpe de Estado que acabó con la segunda República. Su lucha a favor de la Libertad y sus valores humanos, serán la mejor herencia que dejará a su hija Pepi, fundadora de la guardería Santa Infancia, que junto a su hermana Chuchi, serán durante más de cuarenta años las mejores Maestras que tuvimos los cientos de niños que poblamos sus aulas.

PARA VER EL BOOKTRÁILER PRESENTACIÓN DE LA NOVELA ENTRA EN EL SIGUIENTE ENLACE:

https://vimeo.com/143234688

 

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«MIRAMAR», UNA NOVELA DE CARMEN ENCISO Y ELOÍSA NAVAS

Ediciones del Genal, ha publicado hace apenas unas semanas Miramar, la nueva novela de Carmen Enciso y Eloísa Navas. 

Tal y como ya hiciesen con El hotel del inglés (Ediciones del Genal – Málaga, 2014), Carmen Enciso y Eloísa Navas vuelven a otro establecimiento hostelero para hilvanar su nueva novela: en esta ocasión, el hotel Miramar de Málaga. Y, como en aquella otra, también aquí las dos autoras consiguen con pericia el escribir a cuatro manos una nueva trama en la que, una vez más, conjugan la historia en minúscula con la Historia en mayúscula.

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A través de los personajes de Mercedes y de Trini, recorreremos los avatares del hotel Miramar desde los años veinte (cuando aún se denominaba hotel Príncipe de Asturias) hasta 1966, cuando se produce el cierre de este emblemático establecimiento. Mercedes representa en esta obra la pequeña historia vista desde el prisma de la clase alta, ésa que podía permitirse el lujo de alojarse y de, incluso, residir de manera casi habitual en el hotel; y Trini, por el contrario, a la clase más popular de Málaga, la que vivía en corralones y para la que, cruzar la frontera del río Guadalmedina para llegar al centro de la ciudad, era incluso una aventura. Como en las novelas de Galdós, Carmen Enciso y Eloísa Navas dibujan el paso del tiempo a través de las peripecias personales y familiares de sus dos protagonistas a la par que retratan de manera eficaz la situación social y política del momento que les ha tocado vivir, es decir, la Historia de Málaga en esos años.

“…El merendero estaba en la playa, muy cercano al hotel. Nos atendió el dueño, Antonio Martín. Explicó, ante la curiosidad de mi esposo, que era del pueblo de Algarrobo y que había trabajado de licorero en las Bodegas Príes, ubicado justo enfrente del chambao. Del negocio de había ocupado su esposa, María Coral, hasta que falleció y entonces él se había hecho cargo. Decidió remozarlo y de paso cambiarle el nombre de La Coral por Antonio Martín para no tener que recordar a su esposa constantemente. Nos contó que el merendero había cambiado mucho desde que se abrió en 1886 con cajas de madera, palos hincados en la arena y un entramado de cables y cuerdas para sostener las esteras que protegían del sol a los clientes. <No son más que cuatro mesas y otras cuantas sillas de enea, ese era el mobiliario>. Dijo que siempre tuvieron clientela, primero procedente de los baños de Apolo y de La Estrella y luego se sumó la del hotel, que aumentó muchísimo desde que lo frecuentaran los reyes…”

Los avatares de Trini están llenos de sinsabores. No puede ser de otra manera para quien vive en el popular barrio de El Perchel. Con curiosidad, nos introducimos en ese barrio y en las vidas miserables de principios del siglo pasado, las ilusiones que despiertan en los más humildes los cambios que llegan con la República, la devastadora experiencia de la guerra civil, la desoladora huida de miles de malagueños de los bombardeos a la ciudad por los sublevados, la cruda realidad de una posguerra triste y gris, los cambios que, poco a poco, van ocurriendo con el paso de los años, las nuevas ilusiones que se materializan en los hijos.

El hotel Miramar será testigo de esa vida llena de altibajos, y será también testigo de cómo esa mujer que comenzó como limpiadora en el establecimiento, acaba siendo primero denigrada y luego rehabilitada para convertirse en gobernanta. Carmen Enciso y Eloísa Navas saben sacarles partido a las frustraciones de una vida salpicada por la mala suerte, el infortunio y, sobre todo, por los contratiempos de unos años convulsos y de una realidad que suele cercenar los sueños de los más humildes.

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CARMEN ENCISO Y ELOÍSA NAVAS – foto de La Opinión de Málaga

Por el contrario, Mercedes es la otra cara de la moneda. Una mujer de muy buena posición que se aloja en el hotel, con un marido de origen suizo primero, y, luego, sola en compañía de su criada. Por supuesto, la visión de los acontecimientos que se van produciendo tanto en el hotel Miramar como en Málaga, y en España en general, es muy diferente, a veces opuesta, a la de que se enfrenta Trini. Porque, como bien demuestra esta novela, la guerra no golpea de igual manera a unas capas sociales que a otras.

Para mi sorpresa, durante la guerra civil, Mercedes encuentra refugio en el Tánger internacional, y, con el paso de los años, se convierte en su ciudad.

“…Esta ciudad me ha enamorado, no hay día que no me sorprenda un rincón, una calleja en escalera, el color, su olor o sus gentes. Los españoles, cuando llegan aquí, se vuelven tolerantes, o quizás sea que los que vienen son los abiertos de mentes y de corazón. Hasta la Iglesia es mucho más comprensiva…”

(La proliferación de novelas que se han editado en los últimos cinco años, ambientas en la misma época y en la misma ciudad tangerina, comienza a ser llamativa).

Salvo este largo período, en el que el personaje de Mercedes pasa a vivir en otro mundo totalmente diferente al de Málaga (Tánger entonces era un lugar tan anacrónico como fascinante), el resto de su vida se moverá al otro lado de la orilla del río: la más privilegiada. Sin embargo, Carmen Enciso y Eloísa Navas introducen un elemento de rebeldía en Mercedes, que arrostrará la realidad a veces en contra del criterio general de su clase social. Esto enriquece sin duda al personaje.

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Otro acierto es ese contraste que las autoras nos muestran entre la Málaga destrozada por la guerra y ese Tánger de vida cosmopolita y sofisticada.

“…A eso del mediodía del lunes oímos a lo lejos una marcha militar.

-Es el himno de Mussolini -nos dijo don Ernesto, que de estas cosas sabía mucho.

Luego nos enteramos de que las tropas italianas habían desfilado por el puente de Tetuán y la Alameda, celebrando el triunfo. En el barrio, en cambio, reinaba el silencio. La sala donde vivía Miguel con su madre tenía una sola ventana que permanecía cerrada para no llamar la atención, por la que nos asomábamos a la calle a través de una rendija del viejo postigo. Todo parecía desierto y abandonado. Entre los que habían huido y los que, como nosotros, se encerraban en sus casas aparentando no estar en ellas, el Perchel se había convertido en un barrio fantasma en esas primeras horas de la ocupación.

A partir del segundo día, de vez en cuando sentíamos el motor de un coche que se paraba delante de alguna de las viviendas cercanas. Eran las nuevas autoridades que venían a buscar a alguien del barrio para llevárselo detenido, acusado de haber colaborado con el régimen republicano. Muchas veces estas detenciones se producían por denuncias de los mismos vecinos, que con este gesto pretendían ganarse la confianza de las nuevas autoridades y así evitar que sospechasen de ellos…”

En El hotel del inglés, las autoras efectuaron un admirable trabajo de documentación. En Miramar, vuelven a hacerlo. Los personajes malagueños más conocidos de esos años, Guerrero Strachan, Pérez-Bryan, Van Dulken… se mezclan con tradiciones populares de la ciudad, con dichos y vocablos propios de Málaga, con la memoria de los edificios más emblemáticos, con decenas de detalles que demuestran esa labor meticulosa de investigación que, sin duda, atraerá a un buen número de lectores malagueños que recordarán en estas páginas muchos de los episodios que han vivido o que les han contado sus familiares. Y, de la misma forma, no es despreciable en absoluto el mismo trabajo de documentación efectuado sobre Tánger para ambientar los capítulos que se desarrollan allí.

Estamos ante un gran fresco pintado desde el interior del hotel Miramar. Desde allí, y guiados por sus dos protagonistas femeninas, recorreremos la historia de Málaga y de los malagueños durante casi cincuenta años, los más duros, los que han ido marcando el carácter de una ciudad y el de su gente. Un viaje al pasado de los nuestros.

Sergio Barce 

“…Durante mis visitas, salíamos al frondoso jardín y dábamos un tranquilo paseo por los senderos entre los raros ejemplares de palmeras y jacarandas, o a la sombra de los pinos, con el olor de los eucaliptos y los falsos pimenteros. A veces veíamos ardillas y camaleones y ella solía decir, bromeando, que era Edward que había venido a visitarla. Yo le hablaba de las fiestas y de los artistas que se hospedaban en el hotel, como Elizabeth Taylor, Ava Gardner, Orson Welles, Jean Cocteau, Anthony Quinn y tantos y tantos otros que venían a Málaga a rodar sus películas…”

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ASÍ FUE LA PRESENTACIÓN DE LA NOVELA «TAL VEZ DAKAR», DE PABLO MARTÍN CARBAJAL

Ayer presenté la novela de Pablo Martín Carbajal Tal vez Dakar (MAR Editor, 2016) en la Libería Proteo de Málaga. Tras mi intervención, mantuvimos un animado y divertido coloquio con el autor que se prolongó más tarde con unas buenas cervezas.

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SERGIO BARCE Y PABLO MARTÍN CARBAJAL

Reproduzco a continuación lo que dije de su libro. 

Pablo Martín Carbajal nació en Tenerife en 1969. Economista, desde 2007 ocupa la dirección general de relaciones con África en el Gobierno de Canarias. Además de Tal vez Dakar, ha publicado otras tres novelas: Tú eres azul cobalto (2006), La ciudad de las miradas (2010) y La felicidad amarga (2013).

    Dakar. Decimos Dakar, y rápidamente pensamos en el París-Dakar. En un rallye. En una carrera de automóviles. En una competición de blancos en el África negra. En un campeonato diseñado para ricos en una tierra de pobres.

Dakar. Hasta que apareció Al Qaeda, tierra para jugar y divertirse con todoterrenos, y tierra en la que olvidar a los que nada tienen. Mejor en Dakar. Que se queden en Dakar y no crucen el mar para perturbarnos. Lejos. Que sigan en su negritud.

He estado en Dakar varias veces. Siempre fueron estancias de unas horas, simples escalas, sin tiempo para conocer la ciudad y, menos aún, para conocer Senegal.

Volví a Dakar por última vez hace casi dos meses, y fue mi primera visita realmente intensa. Se trataba en apariencia de un viaje de placer, un viaje al que me habían invitado. El billete me llegó de Canarias, tenía impreso el logo Tal vez Dakar, emitido por MAR Editor, y, para hacerlo más atractivo, te regalaban una guía. Está escrita por Pablo Martín Carbajal.

En seguida pensé que se trataría de una más de esas guías que se esconden en una novela, de esas en las que su autor te muestra la ciudad, pero, en realidad, lo que pretende es decirte que es un viajero audaz y que sólo él ha sido capaz de descubrir la ciudad que nadie ha visto nunca antes hasta su llegada. Para mi alivio, el texto de Pablo Martín Carbajal, nada tenía que ver con esa clase de historias.

En pocas páginas, logró que me sintiera envuelto en algo indescifrable. Pablo Martín Carbajal me sugería en su libro que siguiera a cierta distancia a su protagonista, a Álvaro Camino, y me dejó en las escalerillas del avión que nos llevaría, a Álvaro y a mí, hasta Dakar.

En cuanto me acomodé, apenas una fila más atrás de Álvaro Camino, vi cómo éste sacaba del bolsillo del respaldo del asiento que tenía delante, un ejemplar del National Geographic, edición de Historia. Supe entonces que ése era el primer anzuelo de Pablo.

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Llegué a Dakar siguiendo a Álvaro Camino a través de las palabras de Pablo. En seguida, me di cuenta de que el intenso olor a África, ese desasosegante ambiente que emboza a quien pisa por primera vez Senegal, había desconcertado a Álvaro Camino. Me daba cuenta de que, poco a poco, Pablo lo enredaba en una maraña de sucesos que lo llevaban hacia un abismo desconcertante. No iba a ser un viaje turístico al uso, y, pronto, yo también me vi atrapado en la trampa que las frases de Pablo Martín Carbajal iban tejiendo de manera hipnótica.

En esa espiral, a la que no se ha de mirar fijamente, me encontraba en Dakar, en el Dakar de hoy, y, a renglón seguido, sin saber cómo, de pronto, estaba en el París de primeros del siglo pasado. Curiosamente, seguía a Álvaro Camino en su titubeante deambular, y descubrí que no era sino una huida.

Álvaro escapaba de un trabajo que no le gustaba, de una familia que lo asfixiaba, de un entorno que no le ilusionaba en absoluto. Y, en esa huida, hallaba por casualidad el surrealismo, el dadaísmo, el cubismo, aquel mítico París de Picasso, Breton, Chirico, Eluard…  El París de Sartre. Y yo, absorto en la lectura, lo descubría con él.

Pablo nos desvelaba la influencia del arte africano en esos artistas vanguardistas, y también el significado de la Negritud, escrito con mayúsculas.

No podía pensar, me veía en una extraña aventura en medio de un país lleno de misterio, una extraña aventura entre poetas y artistas del surrealismo, una extraña aventura entre posibles traficantes de arte africano y de potenciales estafadores de blancos ingenuos.

Pablo me había llevado hasta Senegal siguiendo a Álvaro Camino, quizá siguiendo a Pablo que se disfrazaba de Álvaro.

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Aún no sabía que nuestro viaje finalizaría primero en Abiyán y luego en Casablanca… Porque acababan de aparecer en la historia los poetas Aimé Césaire y Leopold Sedar Senghor, que se unían a Jean-Paul Sartre y a Pablo Picasso. Y mientras tanto, Álvaro o Pablo, ya no sé con sinceridad quién de ellos, me había arrastrado hasta los barrios más pobres de Dakar, hasta la casa de Musa, hasta el centro del universo de una familia senegalesa, y también a una trama de engaños en la que hay en juego una máscara misteriosa, una máscara de puro arte africano que quizá estuvo en manos de Picasso y en manos de Martin Luther King, una máscara que le ofrecía a Álvaro una mujer llamada Mariama…

Mariama. Poderosa Mariama. Álvaro Camino la describe con las palabras que le presta Pablo: “Los ojos almendrados, las pupilas negras, los rasgos rasgados casi asiáticos, las largas pestañas; abrí la puerta de la habitación y me encontré con aquella  mujer intensa y exótica, distinta y atrayente; abrí la puerta de la habitación y allí estaba aquella mujer frente a mí, como si fuese la conclusión o una pieza más del puzzle de esa jornada extraña y surrealista, la última sorpresa del día cuando pensé que ya éstas habían acabado…”

Mariama. Yo también abrí la puerta de la habitación y pensé que esa mujer no era posible.

La intriga avanzando, y yo atrapado en la historia, hipnotizado en la espiral de Pablo. Sus palabras dando vueltas, atrayéndome hasta aquel París, lanzándome de improviso a las calles ruidosas y ardientes de Dakar. Y el peligro acechando. Y de pronto los djinn, los espíritus malignos, y los espíritus bondadosos. Atrapado en la huida de Álvaro, en la maraña literaria de Pablo. Pero buscando ya a Mariama, a la máscara, al secreto.

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Seguí a Álvaro, después de visitar la vida y la obra de Leopold Seda Senghor, de descubrir su traumática experiencia en un campo de concentración nazi, un negro en un campo de concentración en la segunda guerra, un negro poeta en medio de la alambrada, en medio del genocidio blanco en tierra blanca, un negro que salvará la vida y que llegará a Presidente de Senegal, eso es Historia, con H mayúscula; pero todo ocurriendo en esta sugestiva espiral de misterio en la que el cubismo del otro Pablo, de Pablo Picasso, nos llevaba irremediablemente también a la máscara, y la máscara a Mariama, y a una obra de teatro en Dakar, en la que experimenté cómo Álvaro era drogado de alguna manera para que entrara en una habitación en la que alguien lo esperaba…

Decidí entonces dejarme arrastrar como un perro, esta vez sí; y me arrastré como se arrastra Álvaro, pero sé que quien lo hacía era Pablo, y allí nos quedamos los tres, Álvaro, Pablo y yo, a cuatro patas, frente al sexo de Mariama, a un centímetro del sexo de Mariama… El calor sofocante de Dakar, la sensualidad de esa mujer de ojos almendrados, de rasgos casi asiáticos, de largas pestañas… Pero fue Álvaro el que se adelantó, y a partir de ahí arranca una nueva e inesperada vuelta de tuerca de esa espiral que me hipnotizaba.

Hay magia en todo esto, en cada página escrita por Pablo.

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Los djinn, los espíritus de los que se protegía Mariama con un amuleto atado a la cintura, a su cintura endiablada, se apoderaban de la historia. El desconocido continente negro del que surgen espíritus inauditos, los djinn que parecían proteger a la máscara, o que la maldecían, y que se convierte en el McGuffin de la historia, y me vi junto a Álvaro tratando de hacerme con la enigmática máscara pasara lo que pasese, aunque eso significara incluso renunciar a la familia, porque la máscara estuvo en las manos de Picasso, y en las de Leoplod Seda Senghor, y en las de Martin Luther King, una máscara de valor incalculable…

Seguía leyendo las palabras de Pablo Martín Carbajal y veía las espirales que diseñara Saul Bass para los títulos de crédito de la película Vértigo de Hitchcock, porque Pablo usa una espiral para narrar, aunque son las palabras, las frases, las que giraban una y otra vez, concéntricas, hechizantes, devolviéndonos al punto de inicio para volver a avanzar, atrapándonos en un mundo lleno de misterios, de sensualidad, de intriga, de arte, de espíritus.

La Negritud. Mientras seguimos la pista de la máscara, su origen, sus avatares, sus dueños, Pablo nos hablaba a la vez de ese África que continúa sumida en el desconcierto, con las rémoras de la colonización y de la descolonización a sus espaldas, y el espectro de lo que se vino en llamar la Negritud deambulando por las calles de Dakar.

Musa es el negro senegalés que me hablaba de una filosofía diferente de la vida, una filosofía que noté que impregnaba a Álvaro y que le hacía dudar de su manera de ver el mundo. Mariama, por su parte, le hacía dudar de su vida conyugal, de sus sentimientos hacia su mujer blanca, y Musa zarandeaba los cimientos de sus creencias personales. África tiñendo de negro el alma blanca.

La huida de Álvaro es la huida de un blanco que trata de apartarse de lo peor del colonialismo. Corrí con Álvaro, pero sin saber a dónde nos llevaba Pablo. Las historias nos envolvían, la Historia con mayúscula y la historia con minúscula, y a veces creía ver a Pablo disfrazado de Álvaro, y ya no sabía si además de la Historia con mayúscula, la de Senghor, la de Césaire, la de Picasso, la de Sartre, la de la Negritud, también había una historia verdadera en minúscula. Estoy tentado por desear que sea la de Mariama la cierta. Pero no lo sé. Como tampoco sé si la máscara existe y está poseída por un djinn maligno.

Pero monté en el avión que llevaba a Álvaro Camino a Abiyán, y, aunque ya no se me permite desvelar esta parte de la historia, puedo adelantarles que Mariama y la máscara siguen perturbándome, que incluso se produjo en algún instante una pequeña trifulca entre Álvaro, Pablo y yo por convertirnos en el único protagonista de cierta parte de la historia, pero, como de todos es sabido que en las novelas el que manda es su autor, Pablo fue quien decidió qué había de suceder y quién debía de protagonizarlo.

Luego, se limitó a seguir hipnotizándome, a malmeter con un djinn, a jugar con las palabras, porque lo que ha hecho Pablo Martín Carbabal con Tal vez Dakar es ilustrarnos, intrigarnos y dejarnos en medio de lo desconocido, perdidos en una calle estridente de la capital senegalesa, a nuestra suerte, buscando algo, tal vez buscándonos a nosotros mismos.

Sólo he de añadir que su novela es un viaje original y fascinante. Una novela que hay que leer.

Y como ya dije en una reseña sobre su libro: Tal vez Dakar es simplemente pura magia negra en un escritor blanco.

Sergio Barce, noviembre 2016.

FOTOS: ELENA MORÓN

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«TAL VEZ DAKAR», UNA NOVELA DE PABLO MARTÍN CARBAJAL

   El próximo día 24 de Noviembre, presentaré en Málaga el libro de Pablo Martín Carbajal Tal vez Dakar (M.A.R. Editor, 2016). Es una novela de intriga, pero hay un ensayo en sus páginas y también un libro de viajes, y a la vez es un relato de aventuras. Es un viaje a Dakar, al África negra, y es un viaje al París de primeros del siglo pasado. Es una aventura en medio de un país lleno de misterio, y es una aventura entre poetas y artistas del surrealismo.

   ¿Es posible verse envuelto en un viaje a Senegal que termina en Abiyán, en un viaje hecho en nuestros días pero en el que aparecen Aimé Césaire y Leopold Sedar Senghor, Jean-Paul Sartre y Pablo Picasso, en un viaje en el que hay una máscara misteriosa, en un viaje en el que descubres una mujer soñada, es posible que ese viaje nos hipnotice, nos descubra lo que significa la Negritud y, a la vez, nos sumerja en una intriga llena de magia?

   Pablo Martín Carbajal hace todo eso en Tal vez Dakar.

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“…Salí desnudo del baño, me miré al espejo, comprobé los efectos del gimnasio que empezaban a notarse en mi cuerpo un poco más moldeado, y me senté sobre la cama cogiendo las hojas dobladas que Musa me había pedido que no leyera hasta la noche. Las fui abriendo poco a poco, un pliegue, dos pliegues, leí en la primera hoja la frase que había escrito yo, <estoy por primera vez en Dakar> -y al igual que pensé en el momento de escribirla no me pareció nada original-, saqué de detrás la hoja de Musa y la leí también: <buscando un arma milagrosa>. Cogí las dos hojas y las puse sobre el escritorio, la una junto a la otra, ese cadáver exquisito al que jugaban los surrealistas, <estoy por primera vez en Dakar, buscando un arma milagrosa>. La leí en voz baja, intentando encontrar algún significado a esa frase perfectamente coherente, como si la hubiese escrito una misma persona y no dos. Me interrumpieron de mi ensimismamiento dos golpes que sonaron en la puerta de la habitación, me puse unos vaqueros sin calzoncillos, una camiseta que me quedaba un poco ajustada, y caminé descalzo sobre la moqueta gris oscuro. Cuando abrí la puerta me encontré de frente con aquella mujer: los ojos almendrados, las pupilas negras, los rasgos rasgados casi asiáticos, las largas pestañas; abrí la puerta de la habitación y me encontré con aquella  mujer intensa y exótica, distinta y atrayente; abrí la puerta de la habitación y allí estaba aquella mujer frente a mí, como si fuese la conclusión o una pieza más del puzzle de esa jornada extraña y surrealista, la última sorpresa del día cuando pensé que ya éstas habían acabado…”

   Saul Bass usó una espiral para crear los títulos de la película Vértigo de Hitchcock, Pablo Martín Carbajal usa una espiral para narrar. Es una sensación de hipnotismo, igual que la que produce esa espiral que comienza a girar y no dejamos de observar hasta caer en trance; pero aquí son las palabras, las frases, las que giran una y otra vez, concéntricas, hechizantes, devolviéndonos al punto de inicio para volver a avanzar, atrapándonos en un mundo lleno de secretos, rodeándonos de sospechas y de espíritus, de los djinn.

“…el marabout se quedó callado, no me opbservaba, sino que miraba hacia el suelo, como si estuviese meditando. Me fijé en su rostro bajo el gorro rojo que se le adaptaba en círculo perfectamente a la forma de la cabeza, debía superar los sesenta años, su expresión era serena, profunda pero serena, tras unos segundos que me parecieron eternos rompió el silencio.

-Los djinn están por todas partes -me dijo sin mirarme a los ojos, mirando hacia un lado, su voz era suave y pacífica-, son una creación de Dios, el Corán dice: Dios creó al hombre del barro de la tierra, a los ángeles de la luz celestial, y a los djinn del fuego sin humo. La sura 72 está dedicada a los djinn.

-¿Entonces usted también cree que se me ha aparecido un djinn?

-Por lo que me cuenta, es muy probable…”

Todo parece aún por hacer. Pablo Martín Carbajal nos desvela un mundo distinto, el de un África sumida aún en el desconcierto, con las rémoras de la colonización y de la descolonización a sus espaldas, y el espectro de lo que se vino en llamar la Negritud deambulando por las calles de un Dakar que también se nos muestra desde diferentes prismas, desde la visión de un blanco que llega por primera vez y desde la visión de un senegalés que ama profundamente sus raíces. En este decorado, construye varias tramas, varias historias, varios estratos que se superponen y luego se entrelazan y más tarde se deshacen, y es el misterio y el miedo a lo diferente lo que hace girar esa espiral de sus frases para dejarnos enganchados página a página, sumidos en la curiosidad por ir conociendo la Negritud a través de los poetas Césiare y Senghor, por ir fascinándonos con el arte africano y el surrealismo, por ir descubriendo si Musa traicionará al protagonista, Álvaro Camino, por ir persiguiendo una máscara enigmática, por ir desnudando los secretos más íntimos de Mariama… Hipnotizados, arrastrados por las frases circulares, sacudidos por la realidad impregnada de magia que nos conduce a la excitación de lo desconocido… Un viaje fascinante. Magia negra en un escritor blanco.

Sergio Barce, octubre 2016

Pablo Martín Carbajal nació en Tenerife en 1969. Economista, desde 2007 ocupa la dirección general de relaciones con África en el Gobierno de Canarias. Además de Tal vez Dakar, ha publicado otras tres novelas: Tú eres azul cobalto (2006), La ciudad de las miradas (2010) y La felicidad amarga (2013).

PABLO MARTÍN CARVAJAL

PABLO MARTÍN CARbAJAL

 

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