Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

BREVE FRAGMENTO DE «EL PASADO SIMPLE», NOVELA DE DRIS CHRAIBI

EL PASADO SIMPLE PORTADA

La primera novela del escritor marroquí Dris Chraibi fue El pasado simple (Le passé simple) de 1954, novela de la que ya escribí una reseña, que os indico:

https://sergiobarce.blog/tag/dris-chraibi/

Pero no me he podido resistir a copiar un nuevo fragmento de este magnífico libro ambientado en el Marruecos bajo el Protectorado francés. 

Me ofrecía la llama de su mechero. Me observaba con bondad y, en el fondo de su mirada, seguía habiendo una pizca de amargura. La amargura del hastío. Estaba hastiado.

Estábamos hastiados. Florilegio de sortilegios, estoy seguro de que inmensamente hastiados. Como ese siervo que sudaba la gota gorda en las tierras de su caíd, y cuanto éste acertó a pasar por allí le preguntó: <¿Qué pasa?> <Pasa -respondió el siervo-, ¡maldita sea!, que prefiero ser caíd a sudar como estoy sudando>.

Estábamos hastiados.

Poco más o menos desde el día en que él había descubierto en mí no sé qué promesa o qué primicia con la que contaba: apto para el servicio, presunto heredero. Me envió a una escuela francesa, y, desde entonces, ni un solo instante hemos dejado, él, de querer yugularme, yo, de dar coces. De vigilarnos, porfiar, explorarnos, intuirnos, pertrecharnos y precavernos, modificando los parámetros del instante anterior en función del que estaba por llegar -ni siquiera la noche servía de tregua sino de reorganización, revalorización y aprovisionamiento de nuestras fuerzas-, hasta tal punto crueles uno y otro, que, a veces, me sorprendía en su pellejo, cuando justo él debía de estar en el mío.

El pasado simple (Le passé simple) fue publicado en España por Ediciones del Oriente y del Mediterráneo en 1994, con traducción del francés de Leonor Merino e Inmaculada Jiménez Morell.

 

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UN FRAGMENTO DE «EL EXTRANJERO» (L´ÉTRANGER), DE ALBERT CAMUS

Un poquito de buena lectura. Os transcribo este pequeño fragmento de El extranjero (L´étranger, 1947) de Albert Camus, en la traducción de Bonifacio del Carril para Alianza Editorial. Un fragmento que, sin duda, le hace a uno pensar en estos días de encierro en los que vivimos. Alta narrativa.

“…Poco después me escribió. Y a partir de ese momento comenzaron las cosas de las que nunca me ha gustado hablar. De todos modos, no se debe exagerar nada y para mí resultó más fácil que para otros. Al principio de la detención lo más duro fue que tenía pensamientos de hombre libre. Por ejemplo, sentía deseos de estar en una playa y de bajar hacia el mar. Al imaginar el ruido de las primeras olas bajo las plantas de los pies, la entrada del cuerpo en el agua y el alivio que encontraba sentía de golpe cuánto se habían estrechado los muros de la prisión. Pero esto duró algunos meses. Después no tuve sino pensamientos de presidiario. Esperaba el paseo cotidiano que daba por el patio o la visita del abogado. Disponía muy bien el resto de tiempo. Pensé a menudo entonces que, si me hubiesen hecho vivir en el tronco de un árbol seco, sin otra ocupación que la de mirar la flor del cielo sobre la cabeza, me habría acostumbrado poco a poco. Hubiese esperado el paso de los pájaros y el encuentro de las nubes como esperaba aquí las curiosas corbatas de mi abogado y como, en otro mundo, esperaba pacientemente el sábado para estrechar el cuerpo de María. Después de todo, pensándolo bien, no estaba en un árbol seco. Había otros más desgraciados que yo. Por otra parte, mamá tenía la idea, y la repetía a menudo, de que uno acaba por acostumbrarse a todo”.

El extranjero portada

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«EL LIMÓN» (The lemon), UNA NOVELA DE MOHAMED MRABET

EL LIMÓN portada

   Este libro es bastante curioso. Curioso porque, como ya es bien sabido, el autor, Mohamed Mrabet, no escribía sus obras, sino que las dictaba oralmente en árabe dialectal, generalmente historias que había ido escuchando en los cafetines y en las calles, y las grababa en cintas magnetofónicas. De las grabaciones se encargaba Paul Bowles, que luego las transcribía al inglés. De esta manera se desarrolló una larga y luego polémica relación personal y literaria entre el escritor americano y el narrador marroquí. Y, para rizar el rizo, esta edición de El limón (The lemon), exquisita y cuidada como es habitual por Cabaret Voltaire, es la traducción al español de la edición inglesa de Bowles que vio la luz en 1969.

Una de las razones principales para que me embarcara en su lectura, además del evidente interés que siempre me despiertan los autores y la temática marroquí por razones obvias, además de eso, como digo, está el hecho de que el responsable de la traducción al español sea Alberto Mrteh, amigo que siempre me regala su apoyo moral en todo lo que hago en estos últimos años. Y, la verdad, es que cada página destila mucha dedicación y mucho cuidado con el texto que maneja. Se palpa el cariño con el que ha trabajado. Y conociendo a Alberto, ha debido de disfrutar como un niño con juguete nuevo.

ALBERTO GOMEZ FONT, MOHAMED MRABET Y ALBERTO MRTEH

ALBERTO GOMEZ FONT, MOHAMED MRABET y ALBERTO MRTEH

Hace años, escribí sobre Amor por un puñado de pelos (Love with a few hairs), quizá el libro más famoso de la colaboración entre Bowles y Mrabet, y es evidente que hay algunas semejanzas con El limón, pero también diferencias.

Narrado/escrito/transcrito de manera harto sencilla, una de las virtudes y características de la narrativa oral marroquí, con un lenguaje y vocabulario coloquial, y con una estructura lineal, en El limón seguimos los avatares de Abdeslam, un niño que vive en el borde de la marginalidad, en el filo del abismo. Protagonismo potente el de este chaval, trasunto por supuesto del propio Mrabet, lleno de contradicciones y de sueños imposibles, un niño que trata de ser consecuente con las enseñanzas del Corán, que conoce al dedillo, y que, sin embargo, repudia a su familia, en especial a su violento padre, que rechaza la ayuda de una familia española que lo acoge con todo el cariño y que, finalmente, elige vivir con Bachir, un ser despreciable y miserable. Un chico que está enfadado con el mundo.

Bachir es otro personaje muy bien desarrollado y dibujado. Al lado de Bachir, Abdeslam descubrirá el lado más oscuro, la vida llena de vicios y de corrupción, desde la prostitución masculina a la femenina pasando por las drogas y el alcohol. Abdeslam, en esa lucha interna que mantiene entre sus creencias y sus debilidades, cederá ante el kif y se convertirá en un fumador insaciable, pero se resiste al alcohol como la última frontera que no debe traspasar como musulmán creyente que es.

“Como no había nadie en casa cuando llegó, se sentó a fumar unas pipas de kif.

Al poco, llegó Bachir. Así que aquí estás.

¿Qué tenemos para cenar hoy?, le preguntó Abdeslam.

He comprado kefta en la carnicería, la haremos con guisantes y huevos. Y también hay vino.

¡Ay, ay, ay, Bachir! Vino, comida y putas. Así es tu vida. Abdeslam se quedó mirándolo con desaprobación.

Sabes, Abdeslam, estos últimos días me has vuelto a poner de los nervios. No eres ningún fquih de la mezquita. Solo eres un niño igual que cualquier otro y no puedes ir por ahí diciéndole a la gente lo que puede o no puede hacer.

Eso no es cierto, protestó Abdeslam. Tú no me conoces, no soy como los demás. Incluso si llego a los treinta, jamás será como ningún otro, tan simple como que yo soy diferente.

Bachir se burló de él riéndose a carcajadas.

¡Sí que lo soy!, insistió Abdeslam. Mi madre me tuvo en su tripa solo siete meses, en vez de nueve. Y cuando nací, estaba como dentro de una bolsa y me dejaron en el hospital metido en una caja llena de algodón. Cuando me mandaron a casa con mi madre, no pesaba ni tres kilos, y todos los vecinos y la familia, cuando me veían, decían: Este niño nunca podrá sobrevivir, y si lo hace, tendrá siempre algún problema de salud. Pero todavía sigo vivo y mi cerebro funciona tan rápido como el de cualquier otro. Lo único que me pasa es que me pongo nervioso con facilidad.

El día menos pensado te voy a partir la pipa de un estacazo en medio de esa cabeza rapada tuya, le amenazó Bachir. Eso es lo mejor que puedo hacer por ti.

Tienes razón, le respondió Abdeslam mientras se iba enfadando. Y lo mejor que yo puedo hacer por ti es destrozar todas esas botellas. No eres más que un viejo borracho.

Bachir cogió un huevo y lo espachurró en la cabeza de Abdeslam. Se rompió y le chorreó por toda la cara. Esto hizo que Bachir se pusiera a reír más que nunca. Para él solo era una broma, pero a Abdeslam no le hizo ninguna gracia. Agarró su vaso de té y lo lanzó contra Bachir, pero falló y se estrelló en la pared.

No sabes ni aguantar una broma, continuó Bachir. Mírate, enfadado como un loco por un huevo de nada.

Abdeslam fue al fregadero para lavarse la cara.”

Retrato pues de un mundo marginal y violento que Mohamed Mrabet conoció en primera persona y que nos brinda en esta novela llena de desaliento, frustración y miseria humana. Pero relato crudo y sincero, sin censuras y sin medias tintas. Y eso, en el tiempo que nos ha tocado vivir, donde todo se mide para que sea políticamente correcto, sin duda se agradece.

Sergio Barce, abril 2020

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SERGIO BARCE y ALBERTO MRTEH

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«LA REINA DEL EXILIO», DE HERMINIA LUQUE, PREMIO NARRATIVAS HISTÓRICAS 2020

La novela de mi admirada y querida amiga Herminia Luque, La reina del exilio, ha sido galardonada con el Premio Narrativas Históricas 2020 que convoca la editorial Edhasa, lo que me hace muy feliz.

Herminia me ha pedido que, cuando  acabe este confinamiento al que todos estamos obligados, sea yo quien presente su libro. La verdad es que me he sentido halagado, y asumo esta responsabilidad, porque lo es, con mucha ilusión. Así que ya he comenzado a leer la novela para preparar esa ansiada presentación que todos esperamos que sea muy, muy pronto.

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«EL EXILIO Y EL REINO» (L´EXILE ET LE ROYAUME, 1957), DE ALBERT CAMUS

Invitación a la lectura.

Me he sumergido estos dos últimos días, de nuevo, en las páginas de El exilio y el reino (L´exile et le royaume, 1957), un libro de relatos de Albert Camus que me ha llevado desde tierras argelinas hasta la selva amazónica para sacarme de este confinamiento al que todos estamos sometidos.

ALBERT CAMUS

Albert Camus

Cuando escribo de un maestro, me contengo y trato de ser lo más parco en mi análisis. Porque, ¿qué voy a descubrir a estas alturas en la obra de Camus? Sin embargo, sí puedo contagiaros del entusiasmo por la buena literatura, por el placer de una lectura en la que, además, aprendes a narrar mientras disfrutas de magistrales descripciones, no solo de los ambientes, de los lugares o de los paisajes que envuelven a la trama, sino también del interior de los personajes.

Hay tres relatos en este libro que siempre me han llamado poderosamente la atención: La mujer adúltera, El renegado o un espíritu confuso y, sobre todos, El huésped. Los tres enraizados en Argelia, secos, duros, en los que sus protagonistas buscan un sentido a sus existencias en parajes áridos y desolados, o bien desconocidos, en paisajes que no son más que la exteriorización del alma humana, de la desilusión o de la frustración por lo que son conscientes que van a perder. Y, no obstante, asoma siempre la fraternidad o el leve soplo de esperanza por el ser humano. Quizá, como decía antes, sea El huésped el relato que mejor refleje lo que este libro pretende ser.

lejos de los hombres

El huésped fue llevado a la pantalla por David Oelhoffen en 2014, bajo el título de Lejos de los hombres (Loin des hommes, 2014), una de mis películas favoritas y de la que escribí un artículo, cuyo enlace os facilito:

https://sergiobarce.blog/tag/lejos-de-los-hombres/

Sergio Barce, marzo 2020

Fragmento del relato El huésped, de Albert Camus, con traducción del francés de Manuel de Lope. Publicado por Alianza Editorial.

“…El viento aumentó durante la noche. Las gallinas se removieron un poco, luego callaron. El árabe se volvió de lado presentando la espalda a Daru, y éste creyó oírle gemir. Después estuvo al acecho de su respiración, más fuerte y regular. Escuchó aquel aliento cercano y soñaba sin poder dormirse. En la habitación, donde hacía años que dormía solo, aquella presencia le molestaba. Pero le molestaba también porque le imponía una especie de fraternidad que en las circunstancias presentes rechazaba, y que conocía bien: los hombres que comparten la misma habitación, soldados o prisioneros, quedan unidos por un extraño lazo, como si se despojaran de sus armaduras al mismo tiempo que de sus vestidos, y como si cada noche se juntaran, por encima de sus diferencias, en la antigua comunidad del sueño y la fatiga. Pero Daru despejó esos pensamientos, no le gustaban esas tonterías, tenía que dormir.

Sin embargo, algo más tarde, cuando el árabe se agitó imperceptiblemente, el maestro seguía sin poder dormir. Al segundo movimiento del prisionero se puso tenso, alerta. El árabe se incorporó lentamente sobre un brazo, con un movimiento casi de sonámbulo. Sentado sobre la cama, esperó, inmóvil, sin mover la cabeza hacia Daru, como si estuviera escuchando con la mayor atención. Daru no se movió: se le acababa de ocurrir que el revólver se había quedado en el cajón del escritorio. Más valía actuar enseguida. Sin embargo continuó observando al prisionero que, con el mismo movimiento sin roces, había plantado los pies en el suelo y, después de esperar un rato, comenzaba a levantarse lentamente. Daru iba a llamarle cuando el árabe empezó a andar, esta vez con un paso natural, pero extraordinariamente silencioso. Se dirigía hacia la puerta del fondo, que daba al cobertizo. Hizo girar el picaporte con precaución y salió tirando de la puerta tras él, sin llegar a cerrarla. Daru no se movió. Únicamente pensó: <Se escapa. Un problema menos>. Sin embargo aguzó el oído. Las gallinas no se movían: por lo tanto el otro estaba en el campo. Entonces le llegó un débil ruido de agua y no entendió de qué se trataba hasta que el árabe apareció otra vez en el marco de la puerta, la volvió a cerrar con cuidado y se acostó de nuevo sin un ruido. Daru entonces le volvió la espalda y se durmió. Más tarde aún le pareció oír desde el fondo del sueño unos pasos furtivos alrededor de la escuela. <Estoy soñando, estoy soñando>, repitió. Y dormía.”

EL AXILIO Y EL REINO Alianza editorial

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