Archivo de la categoría: OTROS AUTORES, OTROS LIBROS

CARTA DE EUGÈNE DELACROIX, DESDE TÁNGER

Hay un librito, pequeño, que se puede guardar en el bolsillo de la chaqueta, que ha editado José J. de Olañeta, titulado Viaje a Marruecos y Andalucía (Cartas, acuarelas y dibujos), escrito por el pintor Eugène Delacroix, que también es el autor de los dibujos que acompañan al texto. Son una recopilación de sus cartas enviadas desde Tánger, Meknés y Toulon.

En una de estas cartas, tras su llegada a Tánger, escribe a Jean-Baptiste Pierret, su mejor amigo, las primeras impresiones que le produce el país, y dice lo siguiente:

“A Pierret

Tánger, 25 de enero de 1832

Ahora he llegado a Tánger. Acabo de recorrer la ciudad. Estoy aturdido de todo lo que he visto. No quiero dejar partir el correo, que se va ahora mismo a Gibraltar, sin hacerte partícipe de mi asombro por todas las cosas que he visto. Hemos desembarcado en medio del pueblo más extraño.

El Bajá de la ciudad nos ha recibido en medio de sus soldados. Habría que tener veinte manos y cuarenta y ocho horas al día para darte una idea de todo eso y hacerlo pasaderamente. Los judíos son admirables. Me temo que sea difícil hacer con ellos otra cosa que pintarlos: son perlas del Edén. Nuestra recepción ha sido de las más brillantes para el lugar. Nos han regalado con una música militar de lo más curiosa. Estoy, en este momento, como un hombre que sueña y que ve coas que teme se le escapen.

Adiós, cierro. Comunícale a Félix que os mando a todos un abrazo.”

La introducción y notas del libro son de A. Joubin y la traducción del francés de Francesc Gutiérrez.

Para coleccionistas curiosos y amantes de todo lo tangerino.

Sergio Barce, marzo 2022

 

LA POESÍA Y ABDELFATTAH KILITO

Abdelfattah Kilito es un enorme escritor marroquí, profesor en la Facultad de Letras de  Rabat, su ciudad natal, aunque ha trabajado antes en las Universidades de Harvard, la Sorbona y en el Collège de Francia.

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Extraigo un fragmento del relato El diván, que forma parte de su libro El caballo de Nietzsche (Le cheval de Nietzsche) que publicó la Editorial Losada en 2005, con traducción del francés de Marta Cerezales y prólogo de Ahmed Ararou, en el que nos habla de su proceso de aprendizaje como escritor y cómo se enfrentó a las enseñanzas de sus profesores cuando trató de escribir poesía (enamorado de una de sus profesoras, motivo de sus poemas iniciáticos):

“…Dejo de componer poemas, pero el deseo de escribir no me había abandonado: seguía estando ahí, vago y doloroso. Las palabras del profesor Talbi me preocupaban y la idea de haber tomado un camino falso al escribir en francés me dejaba perplejo. Había amado a una mujer que no se interesaba por mí y había escrito en una lengua que me rechazaba, había participado en un festín al que no había sido invitado.

Por encima de todo, sentía confusamente que había traicionado al árabe al escribir en una lengua extranjera. Pero lo que más me inquietaba era el haber unido la poesía al amor, que, según el profesor Talbi, era lo que menos importaba a los poetas árabes antiguos. “Fingían estar enamorados”, nos decía, “pero en realidad su única motivación era el amor a la poesía”.

Pero lo más sorprendente era esa necesidad que tenían de la autorización de un maestro. Su deseo de componer poemas solo podía concretarse y tener valor con su consentimiento y bajo su dirección. Para Abou Nowas, como para cualquier otro gran poeta, la poesía se acompañaba de ritos y ceremonias. Mi error había sido precipitarme a ciegas, sin indicaciones y sin guía.

Ahora bien, el profesor Talbi me había sugerido que aprendiese mil poemas. Podía pues seguir su consejo y emprender el camino largo y penoso que me indicaba. La perspectiva de memorizar tantos versos no me asustaba. Lo que por el contrario me parecía imposible era la obligación de olvidarlos después. ¿Cómo eliminar, como borrar lo que uno se ha esforzado -y con qué trabajo- en retener? El arte del olvido es más difícil que el de la memoria.

Pero el profesor Talbi me tranquilizó: no se trataba realmente de olvidar sino de fingirlo.”

Sergio Barce, febrero de 2022

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NOTAS A PIE DE PÁGINA 4 – UCRANIA, LA GUERRA Y LA ULTRADERECHA. EL REFUGIO DE JOYCE Y ZWEIG

 

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“…Cuando el taxi se detuvo frente al hotel Gabriel bajó de un salto y, a pesar de las protestas del Sr. Bartell D´Arcy, pagó al conductor. Le dio un chelín de propina. El hombre lo saludó y dijo:

-Que tenga un próspero año, señor.

-Igual para usted.

Ella se apoyó en su brazo para bajar del coche y dio las buenas noches a los demás desde el bordillo. Se apoyaba ligeramente, tan ligeramente como unas horas antes durante el baile. Él se había sentido feliz y orgulloso entonces, feliz de que fuese suya, orgulloso de su gracia. Ahora, con tantos recuerdos candentes, este primer roce de su cuerpo, musical, perfumado, extraño, despertó en él un agudo impulso de lujuria. Amparado por su silencio, apretó su brazo contra su costado. Sintió que escapaban de sus vidas y deberes, de su casa, de sus amigos, para correr juntos, salvajes y radiantes, hacia un lugar desconocido.

Un anciano daba cabezadas en el sillón de orejas del vestíbulo. Se despertó. Encendió una vela en el despacho e iluminó el camino escaleras arriba. Ellos lo siguieron en silencio. Ella mantenía la cabeza baja y la espalda algo inclinada. Él pensaba en acercarse a ella y agarrarla por las caderas: temblaba de deseo, y solo la presión de sus uñas contra las palmas de sus manos mantenía a raya el impulso de su cuerpo. El portero se detuvo para apagar la vela, que goteaba. Ellos se detuvieron también. En el silencio, Gabriel escuchó el sonido de la cera fundida contra la bandeja y el latido de su corazón contra sus costillas…”

Estos delicados y sensuales párrafos pertenecen a Los muertos (The dead), que a su vez forma parte de Dublineses (Dubliners), escrito por James Joyce (el texto reproducido lo he tomado de la edición y traducción de Diego Garrido para Páginas de Espuma). La descripción de esta pareja, cómo se mueven, los deseos de él reprimidos por ciertas circunstancias, sus actitudes y reacciones, todo se nos proyecta en nuestra imaginación con una claridad perfecta gracias al prodigio de la escritura depurada y casi maniática de James Joyce. Un goce abrir las páginas de los clásicos que nos suelen reconciliar con este mundo que degenera ante nuestros ojos.

La invasión de Ucrania por Rusia es uno de los síntomas más evidentes de esta degeneración que menciono. Pertenecemos a una Europa dormida en los laureles que ha permitido, como ya ocurriera con Hitler, que otro visionario inicie una guerra con consecuencias imprevisibles.

Le respondía a un comentario de Alfredo Taján, que se lamentaba que nadie parase a este monstruo, que el problema reside, además de la desidia del resto de países que ha cedido ante sus anteriores chantajes, que Putin tiene a mano un enorme arsenal nuclear. Esa es una de las razones que explica que los ucranianos tengan que huir aterrorizados.

La Historia es tozuda y se repite. Vladimir Putin es un trasunto de Adolf Hitler y, como tal, se ha limitado a repetir sus pasos. Se atreve incluso a amenazar a otras dos democracias (no olvidemos que Ucrania tiene un presidente legítimamente elegido por las urnas, algo que parecen olvidar algunos comentaristas), en concreto, a Suecia y Finlandia, dos de los modelos más avanzados de nuestra cultura occidental. Estados laicos, modernos y democráticos, en los que reza el imperio de la ley. ¿Qué ocurrirá si se atreve a imponerles su criterio personal, zarista, autoritario y criminal, ese que le sale de los cojones, militarmente? No quiero ni pensarlo.

Son días de incertidumbre por lo que vendrá. Y hay nubes oscuras en el firmamento. Los ucranianos abandonan sus pueblos y ciudades, sus hogares, y dejan atrás sus recuerdos, todas sus vidas. Hay un dolor abrasando los cimientos de Europa. Un dolor que es el eco de otros dolores: los de los refugiados iraníes, iraquíes y afganos que abandonamos en campos de los que ya nadie se acuerda. Los talibanes masacrando a su pueblo ante la cobardía de las grandes potencias occidentales. Y claro, el mal llama a nuestras puertas. Sembramos y recogemos. Hemos olvidado lo que es el sentimiento de humanidad, de hermandad. La xenofobia anda por nuestras calles.

¿Qué escribiría en estos instantes Stefan Zweig? ¿Le embargaría la misma angustia y pesimismo que lo llevó al suicidio al ver que la Europa que tanto amaba desaparecía bajo el avance de los nazis?

Mientras, tenemos en todos los países europeos al huevo de la serpiente ya encubándose. Putin es ruso, pero no es comunista. Lo explico para los que, desde siempre, atribuyen el hecho de ser comunista por la única razón de haber nacido en Rusia (esto viene del franquismo, ni más ni menos). Vivir en la Alemania nazi tampoco te convertía en miembro del partido, por eso tantos exiliados. Como los hubo en la España franquista y en la Cuba castrista. Putin es ruso, pero es un dictador megalómano y cruel, con su propia ideología personal. Como los otros dictadores que ha habido, hay y habrá. Solo hay que ver esa secuencia que se ha emitido por televisión en la que, en público y ante los altos cargos del país, denigra, humilla y trata con la punta del pie al Jefe de los Servicios Secretos rusos que tartamudea y palidece ante su presencia, tal y como le ocurría a quienes se cuadraban frente a Hitler.

Pero, también como a Hitler, a Franco y a Mussolini, a Putin lo apoya la extrema derecha europea, y curiosamente gente tan dispar como el impresentable de Maduro o el peligroso Bolsonaro, e incluso el patético Donald Trump, ese cáncer maligno para la democracia, han expresado su admiración por la determinación del dictador ruso. Un día conoceremos qué negocios tienen entre manos Trump y Putin, como los tuvieron las familias de Bush y de Bin Laden.  

Sí, hay muchos huevos de serpientes que se encuban en nuestros países aparentemente cultos y blindados contra los totalitarismos. Vox está levantando alas en España, y ese es uno de los huevos de la serpiente. Hermanos de Putin en sus principios antidemocráticos, antisolidarios y vengativos: el que no piensa como yo, está contra mí. Esa es la divisa de la ultraderecha. Han vuelto como en los años treinta y cuarenta, y lo hemos permitido. Los medios de comunicación debieran haber hecho de cortafuego y, al contrario, les han dado toda la publicidad del mundo. Quizá acaben siendo amordazados, como lo son ahora los opositores y periodistas que no comulgan con Putin, y se arrepientan.

Puede que sea tarde si no reaccionamos. Quiero ver un resquicio de luz donde no lo hay, que nos despertemos de una vez, que en toda Europa vayamos arrinconando a la ultraderecha malsana que es hermana de gente como Putin, Bolsonaro, Maduro, Díaz-Canel, Kim Jong-un y demás sátrapas americanos, africanos, asiáticos o europeos… Y también a los populismos y los trumpistas de derecha y de izquierda, que de los dos haberlos, haylos; y que tanto daño están causando, con esos politicastros (en España, como en el resto de los países, tenemos ahora mismo varios ejemplos reveladores) que solo miran su interés y el de su partido, que juegan con los sentimientos de la gente, que en nada son ejemplares, pero que saben manipular a sus seguidores. Si no lo hacemos ya, el mundo será otro y en nada mejor al que conocemos. Pero creo que las personas decentes somos más, los que valoramos la independencia de los pueblos, la libertad y el imperio de la ley, la democracia en su mejor expresión, el derecho de la gente a expresarse en libertad, a crecer como seres humanos y no como siervos o esclavos de nadie, ni siquiera de una ideología o de una religión, de ninguna bandera, de ningún país. Seamos hombres y mujeres libres. Y por todo esto me refugio ahora de nuevo en James Joyce y en Stefan Zweig. Necesito ver esa luz en alguna parte.

 Sergio Barce, 26 de febrero de 2022

 

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NOTAS A PIE DE PÁGINA 2 – CONTAR LAS CUARENTA, CON MORETA-LARA. EN EL HAMMAM, CON KILITO

En noviembre pasado, paseé por Tánger con Marta Cerezales Laforet, Rocío Rojas-Marcos y Miguel Ángel Moreta-Lara, ahí es nada (en uno de los cuentos que formarán parte de mi nuevo libro relato algún detalle de ese deambular). Hacía frío, pero el sol asomaba con cierta holgura y los perros y los gatos habían ocupado las zonas de las aceras donde más calentaba. A veces parecíamos extraños que nunca hubiesen vivido o estado en Marruecos, quizá porque los cuatro tratamos de embebernos de cuanto allí nos rodea. Fue un rato agradable, lleno de silencios, en especial cuando entramos en el cementerio judío, que nos sobrecogió por muchas cosas. Caminar por Tánger es viajar en el tiempo.

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Tras leerme sus poemas de su Dietario salvaje (que me ha deparado más de una sonrisa), ando con el otro libro que me regaló Miguel al despedirnos: Contar las cuarenta. Es incalificable, pero estoy aprendiendo muchísimas cosas con él. Hay notas de viajes, relatos, meditaciones (por así llamarlas) o más bien reflexiones, recuerdos, fogonazos de inspiración y textos nacidos porque sí. Me ha sorprendido conocer el destino de Miguel Hernández Torralbo, el dueño de un local mítico de Málaga: <El cantor de jazz>, por el que casi todos recalamos en nuestra juventud. Tal y como lo cuenta Miguel Ángel, lo cierto es que hay historias que son pura devastación.

Pero lo que me trae hoy aquí es que, Contar las cuarenta, publicado por El Desvelo Ediciones, me ha recordado un texto que leí hace tiempo de Abdelffatah Kilito. Cuando lo menciona en sus páginas, algo se ha encendido en mi cabeza, lo he buscado y he vuelto a leerlo. Se titula Una temporada en el hammam, y, como bien dice Miguel Ángel Moreta-Lara (que junto a Ahmed Ararou lo tradujeron del francés), es “un texto absolutamente perfecto”.

Extraigo un pequeño párrafo del relato:

“…El hamam es un descenso al otro mundo. No se sube al hamam, se baja; es difícil imaginar un hamam encaramado. Tan pronto como empujas la puerta para penetrar en la primera sala, hay que bajar un peldaño, por lo menos un peldaño. El hamam es un lugar crónico, situado en las profundidades de la tierra, en las entrañas subterráneas; como inframundo, es oscuro, sin estrellas ni sol, lejos del día y de la noche, fuera del calendario y de la cronología. El sol no tiene acceso a ese mundo de los muertos, a esa morada de las sombras de formas indecisas, que sólo reflejan de manera imperfecta las formas del mundo superior, del mundo bañado por el sol. El hamam es un espejo empañado, en cuya superficie se proyectan vagas siluetas, apariciones inciertas. Uno se transmuta en su propia sombra desde el instante en que baja a esta catacumba, fosa ahogada por un vapor espeso y sofocante…”

Sigo leyendo a Miguel Ángel a cuentagotas, para que no se acaben sus historias. Y, entre medio, se cuela alguna novela o algún diario. Esas cosas que hacemos los lectores impenitentes, que no dejamos de abrir los libros que tenemos a mano mientras miramos de soslayo los otros volúmenes que también nos esperan en una esquina del escritorio.

Sergio Barce, 25 de enero de 2022

 

ABDELFFATAH KILITO
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«LOS PERROS DE TÁNGER», UN POEMARIO DE ISAAK BEGOÑA

Nos vemos en Tánger

dijiste

Y aquí he venido a esperarte

entre barcos a la deriva

sueños y malandros

Entre la bruma del estrecho

con una vieja chilaba

y zapatos ajados.

Este bellísimo poema se titula Nuestra historia siempre vuelve, y pertenece al libro Los perros de Tánger, de Isaak Begoña.

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El volumen recoge unos textos cargados de humanidad, añoranza y buena poesía. Tánger como inspiración, como lugar de retorno, como destino del alma y de los sueños. Isaak Begoña ha confeccionado un hermoso mosaico de palabras que me han taladrado, como lo hará a cualquiera que sienta esta nostalgia impenitente por Tánger en particular, por Marruecos en general, porque en su compleja sencillez te alcanzan el corazón. A veces, los versos me llegan y se varan en mi pecho. Los poemas de Isaak Begoña lo han hecho.

Medina

 

Los zocos

grandes y pequeños

son una alfombra de luz

que baja desde la kasbah

hasta el puerto

Territorio de verano

alacena de mis recuerdos

y sueños.

La edición está muy cuidada y es un placer tener el libro entre las manos. Los textos están en español, francés y árabe, con traducción de Abdelkrim Zekri Tarifet y Véronique Hoffmann-Martinot, acompañados de suaves y delicadas ilustraciones de Lucie Geffré. Edita Volapül Ediciones.

Sergio Barce, diciembre 2021

ISAAK BEGOÑA
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