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LA POESÍA Y ABDELFATTAH KILITO

Abdelfattah Kilito es un enorme escritor marroquí, profesor en la Facultad de Letras de  Rabat, su ciudad natal, aunque ha trabajado antes en las Universidades de Harvard, la Sorbona y en el Collège de Francia.

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Extraigo un fragmento del relato El diván, que forma parte de su libro El caballo de Nietzsche (Le cheval de Nietzsche) que publicó la Editorial Losada en 2005, con traducción del francés de Marta Cerezales y prólogo de Ahmed Ararou, en el que nos habla de su proceso de aprendizaje como escritor y cómo se enfrentó a las enseñanzas de sus profesores cuando trató de escribir poesía (enamorado de una de sus profesoras, motivo de sus poemas iniciáticos):

“…Dejo de componer poemas, pero el deseo de escribir no me había abandonado: seguía estando ahí, vago y doloroso. Las palabras del profesor Talbi me preocupaban y la idea de haber tomado un camino falso al escribir en francés me dejaba perplejo. Había amado a una mujer que no se interesaba por mí y había escrito en una lengua que me rechazaba, había participado en un festín al que no había sido invitado.

Por encima de todo, sentía confusamente que había traicionado al árabe al escribir en una lengua extranjera. Pero lo que más me inquietaba era el haber unido la poesía al amor, que, según el profesor Talbi, era lo que menos importaba a los poetas árabes antiguos. “Fingían estar enamorados”, nos decía, “pero en realidad su única motivación era el amor a la poesía”.

Pero lo más sorprendente era esa necesidad que tenían de la autorización de un maestro. Su deseo de componer poemas solo podía concretarse y tener valor con su consentimiento y bajo su dirección. Para Abou Nowas, como para cualquier otro gran poeta, la poesía se acompañaba de ritos y ceremonias. Mi error había sido precipitarme a ciegas, sin indicaciones y sin guía.

Ahora bien, el profesor Talbi me había sugerido que aprendiese mil poemas. Podía pues seguir su consejo y emprender el camino largo y penoso que me indicaba. La perspectiva de memorizar tantos versos no me asustaba. Lo que por el contrario me parecía imposible era la obligación de olvidarlos después. ¿Cómo eliminar, como borrar lo que uno se ha esforzado -y con qué trabajo- en retener? El arte del olvido es más difícil que el de la memoria.

Pero el profesor Talbi me tranquilizó: no se trataba realmente de olvidar sino de fingirlo.”

Sergio Barce, febrero de 2022

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