NINGUNO HABÍA PROBADO EL ALMUERZO
Sergio Barce, Octubre 2010
Ninguno había probado el almuerzo, como si el hambre se hubiera saciado al encontrarse allí una vez más. Pero ella le miraba con las pupilas dilatadas, deseando penetrar en su cerebro y leer lo que pensaba. Inocente, creía que era ahí donde se almacenaban sus ideas. Él, sin embargo, trataba inútilmente de escribirlos en sus ojos. Ensordecedor, el silencio se adueñó como en las otras ocasiones del espacio que los separaba, tan elocuente que esta vez les sorprendió a ambos. Miró un segundo a través del ventanal del restaurante, y vio unos niños jugando en los columpios. Cerró los párpados, y la oscuridad que descubrió tras ellos era como un presagio de futuro, lo que le hizo comprender que sin ella todo carecía ya de sentido. Rápidamente, abrió de nuevo los ojos con la ansiedad de que fuera demasiado tarde. Pero ella seguía allí sentada, y eso le tranquilizó. El hombre regresaba justamente en ese instante del cuarto de baño, arrastró su silla y se sentó entre ambos, dándole la espalda a él. Su corpulencia le impedía seguir viéndola. Les oía hablar, aunque no descifraba su conversación. Entonces se sirvió una copa de vino, mirando otra vez distraídamente a los niños que seguían jugando fuera, y volvió a escuchar el ajetreo del restaurante, como si toda esa gente hubiese estado conteniendo la respiración durante todo ese tiempo. Cortó un trozo de carne, muy lentamente, para llevársela a la boca. Ya estaba fría. Mientras masticaba, les vio levantarse y dirigirse a la puerta de entrada, el hombre cogiéndola del talle, sin que ella tuviera ese día la oportunidad de volver la cabeza. Eso fue un tanto frustrante, y aunque no era la primera vez que ocurría no lograba acostumbrarse a esa clase de despedida agridulce, sin la estela de su mirada. En cuanto ellos salieron, notó que la luz del local decaía imperceptiblemente, el atardecer adelantándose de pronto. Se limpió la boca con la servilleta, y luego miró la hora. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios. Ya quedaban cinco minutos menos para volver a verla a la semana siguiente.
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