Archivo del Autor: sergiobarce

Un poema de LEONARD COHEN

En 2009, Ediciones Alfabia publicó un pequeño volumen titulado PALABRAS, POEMAS Y RECUERDOS DE LEONARD COHEN, de Alberto Manzano. Es un cuidado libro en el que, en pocas páginas, se incluyen una entrevista realizada al músico en 2007, canciones y poemas, y recuerdos y fotografías. Es como una delicatessen para quienes admiramos a este cantante reciente Premio Príncipe de Asturias.

Sergio Barce, agosto 2011

Uno de los poemas que contiene el libro es FUEGO (Fire):

FUEGO

Quemé la casa del amor

Formó un perfecto círculo

En el que vi piedras y malas hierbas

Más allá nada en absoluto

 

Ciertas criaturas del aire

Asustadas de la noche

Vinieron a ver el mundo de nuevo

Y perecieron en la luz

 

Ahora navego de cielo en cielo

Y toda la oscuridad canta

Contra la barca que me he hecho

Con alas mutiladas

 

 

FIRE

I burnt the house of love tonight

It made a perfect ring

In which I saw some weeds and stone

Beyond not anything

 

Certain creatures of the air

Frightened by the night

They came to see the world again

And they perished in the light

 

So now I sail from sky to sky

And all the blackness sings

Against the boat that I´ve made

Of mutilated wings   

 

 La traducción también es de Alberto Manzano.

PARA VER Y ESCUCHAR UNO DE SUS MEJORES TEMAS, I´M YOUR MAN, PINCHA EL SIGUIENTE ENLACE:

http://www.youtube.com/watch?v=bQlR7lUDU9I&feature=fvst

Etiquetado , , , ,

Fragmento de la novela «EN EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES», DE SERGIO BARCE

   Si en “LA CASA DE LA ARAÑA” (The spider´s house), tal y como indicaba en el anterior post, Paul Bowles retrata el proceso previo a la Independencia de Marruecos y las contradicciones que se producían en la población, otros episodios de aquellos años son igualmente relatadas en mi primera novela  “EN EL JARDÍN DE LAS HESPÉRIDES” (Aljaima, 2000).

Obviamente yo no fui testigo de esos acontecimientos, ni siquiera había nacido, pero sí que me inspiré en un hecho en concreto que vivieron mi madre y mis abuelos maternos, y que conté de la siguiente forma: 

“…Llegó la agitación que en muchas ocasiones trae la Historia, la que se escribe de cada pueblo, y el marroquí no fue excepción. Era un día caluroso y especialmente húmedo, la ropa empapada en sudor se adhería al cuerpo y todo se volvía incómodo, lento, sucio. María, su madre y yo regresábamos de Alcazarquivir, atardecía y la guagua de la Escañuela ronroneaba acercándose a Larache. Un marroquí con el fez descansando en sus rodillas dormía sobre mi pecho, me sentía empapado de sudor pero incapaz de despertarlo. Al entrar en la ciudad, noté cierto nerviosismo en los pasajeros, las cabezas se agitaban mirando a un lado y a otro por las ventanillas de la guagua. No se veía un alma en la calle.

-¿Qué pasa? –preguntó Eduarda, la madre de María.

   A medida que seguíamos avanzando, un extraño olor ocre y desagradable se fue adueñando del ambiente. El hombre que tenía sobre mi pecho dio un sobresalto y me miró como si hubiese despertado en medio de una pesadilla.

-¿Qué es ese olor? –preguntó poniéndose el fez.

-Será una fiesta, porque allí delante hay dos muñecos colgados… -dijo el conductor señalando con una mano.

-Al-láh nos proteja… -musitó el hombre del fez.

-Toni, ¿qué pasa aquí? –me preguntó María con la voz quebrada. Pasé una mano por encima del asiento y agarré la suya.

-Tranquila. Deben ser seguidores del báxa el Raisuni –Eduarda y María se taparon la boca y la nariz con sus pañuelos.

   Los muñecos eran dos cuerpos calcinados, dos traidores a los que habían ahorcado y quemado en ejecución pública y sumaria.

   El trecho de la Estación de la Escañuela a la casa de mis suegros en el Barrio de la Bilbaína se hizo largo, interminable. Corríamos por las calles solitarias bajo el sobrecogedor olor de las cenizas que el viento derramaba por la ciudad. La ciudad era un crematorio al aire libre. Escuchábamos gritos aislados, alguna carrera, una puerta que se cerraba o un portillo que corrían. Entramos en la casa con los corazones retumbando, empapados del sudor, del calor húmedo al que se había añadido el olor del que no había manera de zafarse. Cerré la puerta con llave y, al girarme, vi que María y Eduarda se sentaban lentamente a la mesa, acercándose con las sillas a la que ocupaba el padre de María. Su corpulento cuerpo me parecía entonces diminuto, como encogido, la cabeza hundida entre los brazos que tenía cruzados sobre la mesa; era un hombre abatido, triste, que lloraba. Me impresionó verlo de esa manera.

-Manolo… ¿estás bien? –Eduarda posó una mano en su brazo. María se había incorporado y lo abrazaba por la espalda.

Mi abuelo materno, MANUEL GALLARDO, formaba parte de la Policía de Tráfico de Larache. Es el primero por la derecha

-Papá, di algo.

-Son unos hijos de puta… -murmuró, aguardando en silencio a que don Manuel se tranquilizase y pudiera hablarnos.

-Hoy las nuevas autoridades han invitado a la españolas a que asistieran a un acto de exaltación nacional a favor de Mohamed V. ¿Sabéis en qué consistía? En algo tan patriótico como el ejecutar a sus propios paisanos en la calle. A unos los han atado a unas columnas, los han insultado, les han escupido, alguno se ha meado en ellos, y para terminar los han rociado con gasolina y les han prendido fuego… Gritaban… gritaban como animales –los ojos de don Manuel se empañaban de nuevo recordando las escenas tan espeluznantes que habían soportado-. Han muerto abrasados, de dolor, aullando como perros, peor que los perros. A otros los han ahorcado…

-Lo hemos visto –dijo Eduarda tratando de que don Manuel dejase de hablar.

-Como atrapen al Raisuni… Se han vuelto locos. Y nosotros como policías españoles debemos presenciar las ejecuciones en aras de la buena armonía entre nuestros pueblos… cabrones. Asesinan a los suyos… -Manuel me observó y dibujó una mueca-. Sé lo que estás pensando –me dijo. Yo sentí cómo me ruborizaba-. Sí, qué fue nuestra guerra civil sino esto mismo. Somos una mierda. Todos somos una mierda –se incorporó y se encerró en el dormitorio.

-¿Deben estar presentes en las ejecuciones? –Pregunté ingenuo.

-Deben permanecer y tragarse las ejecuciones para que no piensen que están contra Mohamed V. Sólo trata de que no nos ocurra nada a nosotras –dijo María mirando a la puerta que había cerrado su padre”.

 APROVECHO PARA INDICAROS QUE SI PINCHAIS EL SIGUIENTE ENLACE

PODREIS ESCUCHAR LA ENTREVISTA QUE RADIO NACIONAL DE ESPAÑA

ME HA REALIZADO CON OCASIÓN DE LA PUBLICACIÓN

DE MI ÚLTIMA NOVELA

«UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE«

http://www.rtve.es/alacarta/audios/fe-y-convivencia/fe-convivencia-islam-dialogo-convivencia-sergio-barce-31-07-11/1164726/

Etiquetado , , ,

«LA CASA DE LA ARAÑA» (The spider´s house) (1955) de PAUL BOWLES

“ –Quiero que sepas que he estado allí muchas veces. He visto la podredumbre y la vergüenza en que viven los cristianos. Eso no puede ser nunca para nosotros. Te juro que son peores que los judíos. ¡No, te juro por Alá que son peores que los judíos ateos de la Mellah! Así que si hablo así de ellos no es porque hombres como Si Kaddour o esa carroña de Abdeltif o Wattanine me lo hayan contado. Lo que ellos dicen puede ser verdad, pero su razón para hablar así es falsa, porque es política. ¿Sabes lo que es la política? Es la palabra francesa para decir mentira. Kdoub! ¡Política! Cuando oigas decir a los franceses: nuestra política, sabrás que quieren decir: nuestras mentiras. Y cuando oigas decir a los musulmanes, los amigos de la independencia: nuestra política, sabrás que quieren decir: nuestras mentiras. Todas las mentiras son pecados. Así que, dime, ¿qué disgusta más a Alá, una mentira dicha por un nazareno o una mentira dicha por un musulmán?

Amar creyó intuir dónde quería ir a parar su padre. Le estaba previniendo para que dejara de tener relaciones con algunos de sus amigos, con los que a veces jugaba al fútbol o compartía una tarde en el cine, y que eran conocidos por ser miembros del Istiqlal.

(…) –Es peor que mientan los musulmanes –prosiguió su padre-. ¿Y quiénes, de entre todos los musulmanes, cometen el mayor pecado al mentir o robar? Un jerife. Y gracias a Alá tú eres un jerife…”

PAUL BOWLES

Magnífica novela ubicada en los años previos a la independencia de Marruecos, los años convulsos frente al domino francés, todo ello visto desde diferentes puntos de vista: el de Amar, ese chico idealista, musulmán hasta la médula, que cree a pies juntillas en la independencia de su país pero que va descubriendo que el Istiqlal ampara a unos marroquíes con los que no se identifica; el de Stenham, el americano, un tipo que ama al Marruecos tradicional y que teme su transformación hacia el desarrollo como una forma de prostituir al país, y, finalmente, el de Lee, la chica que acaba enamorándose de Stenham, que sólo cree en el futuro y en que el país se occidentalice.

 “-Lo que quiero decir es que desde su punto de vista una cosa no procede de otra. Nada es consecuencia de nada. Todas las cosas sencillamente son, y no hay que hacer preguntas. Incluso el lenguaje que hablan se construye entorno a eso. Cada hecho está aislado, y no depende de los otros. Todo se explica gracias a la constante intervención de Alá. Y pase lo que pase, tenía que pasar y ya estaba decretado desde el principio de los tiempos, y no hay forma de imaginar siquiera cómo una cosa, cualquier cosa, podría haber sido distinta de cómo es.

-Es deprimente –dijo ella.

Él se echó a reír.

-Entonces me he explicado mal. Debo de haberme olvidado de algo importante. Porque no hay nada deprimente en todo eso. Excepto lo que ha ocurrido aquí con la llegada de los cristianos –añadió Stenham con un deje de amargura-. Cuando vine aquí por primera vez era un país puro. Había música y bailes y magia todos los días en la calle. Ahora se acabó, todo se acabó. Incluso la religión. En unos cuantos años más, el país entero será como el resto de los países musulmanes, simplemente un enorme barrio pobre de Europa, lleno de odio y miseria. Lo que han hecho los franceses con Marruecos puede ser deprimente, sí, pero lo que era antes, ¡nunca!”

Y todo ello en paralelo con el cambio que se produce lenta pero inexorablemente en Amar, que pasa de odiar y desconfiar de esos nazarenos a desear al final marcharse con ellos porque Stenham es el único que realmente le ha demostrado cierto respeto y afecto. Novela que entronca directamente en su relato “El tiempo de la amistad”, sin duda, y del que ya he hablado en otro artículo.

 “Stenham no pareció escucharla.

-Este crío está partido por la mitad –dijo-. Todo Marruecos está delante de usted, mírelo. Dice una cosa ahora, y dentro de un minuto lo contrario, y ni siquiera se da cuenta de que se contradice a sí mismo. No puede ni decir de qué lado están sus simpatías.

(…) -Sí, sí, sí, ya lo sé –dijo Stenham con exagerado cansancio-. En lo que a mí concierne, por cierto, eso es igual de aburrido, aunque mucho más falso. Lo que quiero decir es que él ama el mundo de la ley coránica porque es su mundo y al mismo tiempo lo odia, porque su intuición le dice que está en un momento crítico. Ya no puede esperar más de él. Y nuestro mundo también lo odia, sólo por sus principios generales, y con todo es su única esperanza, la única salida, si es que él personalmente tiene alguna, cosa que dudo.

Lee se sirvió media taza de café, lo sorbió, y al encontrarlo frío, lo dejó donde estaba.

-Habla usted como si se tratara del pequeño conjunto de circunstancias de este chico en concreto… (…) Todos van a abandonar su antigua forma de pensar para adoptar la nuestra, sin ningún género de duda. Ni siquiera es un problema. Sencillamente, no se hacen preguntas sobre ello. Y aciertan, aciertan, aciertan, porque nuestra manera de hacer las cosas resulta que funciona y ellos lo saben.

(…) Era lamentable que ella tuviera que tener opiniones, había sido tan agradable estar a su lado antes de que empezara a expresarlas. Y de otra parte, la terrible verdad era que ni ella ni él estaban en lo cierto. Ni a los musulmanes, ni a los hindúes, ni a cualesquiera otros les serviría de nada seguir adelante, ni tampoco, si ello fuera posible, les haría ningún bien permanecer igual que estaban…”

Tánger

 Escribe tan delicada y elegantemente que cada página resulta un gozo, un enorme homenaje a Marruecos y a sus gentes que, en la novela, son descritos tan acertada y fielmente que es imposible no sentir que se está allí. Personalmente, es una obra crucial para entender a Paul Bowles y su relación con Marruecos, sus pensamientos, su ideal, Y también la considero una de las mejores novelas del autor americano. Escrita con esa tensión latente que baña sus novelas de ambiente marroquí, se mueve entre una aparente imposibilidad de entendimiento entre los occidentales y los marroquíes, y ese placer interno que experimenta cuando está entre las gentes de este país. Deduzco que Bowles trata con desafección a sus personajes occidentales porque en el fondo los cree ineptos y torpes para entender otra cultura diferente; y, sin embargo, es en los personajes de origen marroquí en los que se percibe una relación más afectuosa por su parte, como si tratara de preservarlos contra algo ignoto pero peligroso.

En cualquier caso, esta novela escrita en 1955 te sumerge en los años previos a la independencia de Marruecos y sirve de testimonio de la época, reflejando además su lucha interna por comprenderse como pueblo y como nación; novela y documento casi histórico, una obra extraordinaria y bella.

 Sergio Barce, agosto 2011

 Los fragmentos de la novela los he tomado de la edición de Noviembre de 2008, publicada por Seix Barral, con traducción de Rafael Garoz y Carmen Viamonte.

 

 

Etiquetado , , , ,

Diálogos de películas 8

EL PRECIO DEL PODER (Scarface, 1983) de Brian de Palma

Al Pacino:    Siempre digo la verdad, incluso cuando miento digo la verdad.

 SIN CITY (2005) de Robert Rodríguez & Frank Miller

Mickey Rourke:  El infierno es vivir día a día sin saber la razón de tu existencia.

 

 EL CABO DEL MIEDO (Cape fear, 1991) de Martin Scorsese

Robert de Niro:    Soy Virgilio y te voy a guiar a través de las puertas del infierno. Ahora estamos en el noveno círculo, el círculo de los traidores: traidores a la patria, traidores a la raza humana, traidores a Dios. Este individuo está acusado de haber traicionado los principios de su profesión. Puedes citar el canon séptimo del reglamento profesional de abogados americanos: deberá representar celosamente a su cliente dentro de los límites legales. Yo le declaro culpable, abogado. Culpable de traición a la raza humana, culpable de traición a la patria, culpable de traicionar tu juramento, culpable de prejuzgarme, y con el poder que se me ha otorgado por mandato divino yo te condeno al noveno círculo del infierno. Ahora vas a saber lo que es perder, perder la libertad, perder la humanidad. Ahora sí que seremos iguales, abogado.

 

MEJOR… IMPOSIBLE (As good as it gets, 1997) de James L. Brooks

Jack Nicholson:   Por ti los cavernícolas grabaron las paredes.

 

DRÁCULA (1992) de Francis Ford Coppola

Gary Oldman:   He cruzado océanos de tiempo para encontrarte.

 

Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , ,

LARACHE vista por… SALVADOR LÓPEZ BECERRA en su libro «KILIM»

Oh, este insignificante goce de derrochar tinta y papel describiendo el atardecer, lejos de los mundos de propios y extraños” 

    Este verso en prosa poética podría resumir el espíritu con el que ha escrito su nuevo libro Salvador López Becerra: “Kilim” (Agencia de Cooperación dela Junta de Andalucía – Cuadernos del Atlas IX – Tarifa, 2007).

     El libro me llegó por correo en Octubre de 2007 en un pequeño paquete desde la mágica Fez. Olía el sobre al rojo otoñal de su tierra y, al abrirlo, fue el aroma del volumen el que tornó el aire en un cálido abrazo de amigo. Fue un regalo inesperado. Por ello, doblemente festejado. Y como selecto presente lo traté y lo adopté. Abrí las páginas vírgenes de “Kilim”, y leí, comprobando que Salvador López Becerra se había desprendido de las funciones como director del Instituto Cervantes de Fez que desempeñaba entonces y que se había puesto su chilaba y sus babuchas. Lo debió de escribir a gusto, dejando correr la pluma o su Bic o su lápiz hurtado a uno de sus hijos.

   Leyéndolo, se nota que lo escribió en su amado Marruecos, refugiado en esa casa de piedra rodeada de cedros que le sirve de oasis. Hay en cada línea de este libro destellos de recuerdos y recuerdos grabados en la memoria con un buril, lo que imposibilita su olvido, y hay luciérnagas en esos versos. Pero no hay rimas, porque cada verso de Salvador es prosa enamorada.

Salvador López Becerra junto a Mohamed Chukri

   Paseo, pues, a través de esas luces nocturnas que crepitan nerviosas por las callejuelas de Xauen, de Tetuán, de Tánger, de Meknes y de Marrakech, y luego me llevan (las sigo a hurtadillas), como si fueran imanes imposibles de soslayar, suavemente hasta Taroudant, Merzouga o a la misma cima del Toubkal… Me ponen frente a Paul Bowles, y Salvador hace que vea al eterno americano-tangerino ahí sentado, al borde de su cama, y me lo presenta. Salvador conversa con su fantasma y con las otras sombras de su Marruecos imaginario-atesorado. Todo, con la misma naturalidad con la que hace que también yo abrace a Messoud.

   “Kilim” desborda. Ya digo que hay luciérnagas en sus versos, a cada revuelta de sus páginas, si se lee de noche. Al alba, descubres declaraciones de amor que yo, dejando a un lado la hipocresía y los buenos modales, le robaría sin rubor:

     “Embriágate siempre. Corrige tus pasos, no escribas nada más, déjalo todo para mañana, para la desmemoriada memoria del olvido. Olvídate de tus ojos, déjate engañar y relega los ajenos ruidos. Oye el grito del gentío, de la multitud. No oigas otras voces. Escucha el amor, nunca salgas del laberinto.

   -¡Hace frío tan temprano, tan lejos de ti y del mundo!, me dijo ella”

   Los dos estamos atrapados en las redes de Marruecos. Y lo sabemos y lo aceptamos, con júbilo. A veces es difícil explicarlo, casi imposible de hacernos entender. ¿Cómo podría superar este himno?:

   “A lo lejos, muy cerca, escucho las llamadas a la oración cruzándose, como abrazos de ciegos, en medio de la noche (no ecos, sonidos entre las montañas) recordándome que he de dar gracias a Dios. Y las doy” 

   Entre sus cañaverales y sus chumberas bereberes me engaño deseando creer que Salvador López Becerra, con su escritura desenfadada, salvaje a veces, me ha llevado, sin resistencia por mi parte, hasta un cafetín y que allí, sentados frente a un té con hierbabuena y azucarado en su justa medida, sus palabras se deslizan en una confidencia que esquiva el humo del kif, hasta llegarme y regalarme los oídos. Me habla desde sus versos de todo eso que él y yo ya sabemos:

   “Nosotros somos de otro tiempo (¡Un brindis, lector cómplice!), siempre el mismo. Pura cadencia coronada de ensueños y expectación. Belleza sin fin. Como Marruecos” 

   “A ti y a mí nos unen esta gente con sus modales que reconocemos como nuestros. A ti y a mí nos une el mismo cabalgar por el Erg, los paseos junto a las murallas, la alegría sentida por los caminos que asoman desde las gargantas y el amable olor de los libros en las olvidadas zaüías. También el perfume de la tierra después de la tormenta. El color acre del tiempo. La victoria” 

   Sus rostros y su hospitalidad. ¿Recuerdas los años en que las puertas de las casas siempre estaban abiertas, sin pestillos? <Marh´ba bikúm>, eso es lo que oigo al llegar a casa de Hanan. ¿Hay otro lugar igual en el mundo?

   “Bajas del autobús y crees caer al fondo del tiempo. En Marruecos las miradas, cuando te dan la bienvenida, siempre llaman a la puerta de tu corazón”

Fez

   Nos emocionamos también cuando hablamos de los chiquillos, que aquí son como nosotros fuimos antaño, como ya no son los que vemos por las urbes globalizadas. Ellos son como nuestro vago reflejo en las aguas estancadas del pasado:

   “Mohamed, Abdul y Mulay están frente a mí, componiendo con sus extremidades simétricas una arcada humana. Mulay tumbado sobre la estera, apoyando la cabeza sobre la palma de la mano, con el codo doblado en una grieta del suelo de madera; comedido mira el vaivén de mi escritura elástica; Mohamed, también recostado, muestra la nuca calva que asoma de su turbante desencajado, atentamente también observa la cuadrícula del cuaderno llenarse de rasgos, -tiene un aire de hastío-, pienso por esa intuición que tengo a los símbolos; Abdul, sentado con las piernas cruzadas toca la flauta y registra los grafos del silencio. Mientras los tres, en su mutismo cómplice, mi ilegible quehacer, yo sueño con los lunáticos garabatos que la noche esboza sobre las aguas del río Oum-er-Rbia” 

   “Ningún lugar aquí sería igual sin la regocijada algarabía de los chiquillos bajo los cobertizos de la Medina. Nada sería igual aquí sin el baladro kármico de los ciegos y tullidos”  

    Y pensamos igual, y lo expresamos con la misma intensidad:

   “Amo esta tierra, estos campos de Dios. Por ello a veces pienso egoístamente no queriendo que la aflijan de forma salvaje con el hormigón desmesurado y la afeen con el percudido maquillaje del alquitrán” 

    No me extraña, conociendo a Salvador, que en algunas estrofas-versos-frases, como latigazos o zarpazos de asco, se ensañe con los turistas que vagan por esta tierra mítica como si pasearan por la Quinta Avenida; o que caricaturice a ciertos personajillos que tratan de escalar posiciones humillando y pisoteando. Pero se trata de meros paréntesis, escupitajos desganados a lo que afea nuestro Eldorado. A Salvador López Becerra, lo único que lo empuja en “Kilim” es ese Marruecos que lo atropella de pura belleza y que le marca el camino, como traza el mío, es decir, el que da sentido a  nuestra existencia, la que nos ha tocado vivir:

   “No es literatura la vida para quien la siente latir. Poesía en acción: Marruecos”  

   Sólo poesía. También hay otras luciérnagas que brillan por el mero placer de brillar:

   “La paradoja es que debiéramos nacer mudos para sólo poder decir silencios. Oír únicamente la música del silencio” 

   Agradecí a Salvador el libro, el regalo, la sorpresa de lo que envolvía el papel de estraza, lo que escondía la sencilla y sobria portada, este mapa de flashes, de relámpagos, de fulgores. Le agradecí este viaje a su microcosmos, a esta tierra tan apasionadamente amada, a estos paisajes abrazados aún sin abrasar.

Medina de Larache

   Ahora, con o sin su permiso, como ya hice entonces, vuelvo a saltarme las palabras preliminares de su obra (es un pequeño malabarismo para decir lo que viene), y añado otra vez que le agradezco, también, que su libro lo iniciara con Larache, él sabe que es mi debilidad, una debilidad algo más irracional e incomprendida. Tengo la teoría, quizá absurda, de que todo libro de viajes (y esta poseía suya lo es, no lo ocultemos más, un viaje a su Marruecos desde su Marruecos) que comienza su itinerario por o desde Larache, aunque sea pasando por allí de refilón o mirándola de reojo, promete ser un buen libro. Con el suyo no me equivoqué. Lo siento, no puedo evitar reproducir este inicio con el pueblo que secuestró mi alma, allá por los vergeles de mi niñez:

    “Larache eran los pinchitos morunos y el <tarbúsh> rojo de los con sus pulcros fajines carmesíes de indisciplinados flecos. Era nombrada “la perla de España en África”. Un lugar recóndito desde donde también, por Semana Santa, venían los novios de la muerte con el carnero cornudo. Lugar donde decían habitaban los salvajes moros: Misteriosa y embustera lejanía infantil. Y allá fui, en busca del Jardín de las Hespérides, hermosura de la que nunca oí hablar al gentío; hacia la deseada y solitaria Lixus desheredada de su pasado. Y me impregné de la melancólica decadencia de su fulgor. Y la amé por su memoria no por el lugar donde, entre tumbas nazaranis profanadas, reposan mirando a la lejanía azul del infinito, los restos de un imposible amante expatriado: Jean Genet” 

Medina de Larache

    Aunque, la verdad, tampoco puedo ocultar una especie de celo por su declaración de amor a Larache, que es el primero que hace en todo ese poemario enamorado de Marruecos que lleva tan hermoso título: “Kilim”.

    “Sólo aquí en Larache existe este azul exacto capaz de cegar todas tus dudas. Alégrate por haber encontrado uno de tus lugares en el mundo”  

 Sergio Barce Gallardo –    Octubre, 2007 – Agosto 2011

Etiquetado , , ,