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LARACHE vista por… PIERRE LOTI

PIERRE LOTI

En el mes de Marzo de 1889, Pierre Loti llega a Marruecos. Su experiencia en el país la detalla en «Viaje por Marruecos» (Au Maroc, 1890), uno de los libros de viajes más hermosos que he leído. En España, lo ha publicado la Editorial Abraxas, Barcelona, en 1999.

 Es un libro lleno de realismo, pero también de lirismo. Sus descripciones del Marruecos de fines del siglo XIX se demoran en el ambiente, en los colores, en los detalles, y dota a su relato de una vitalidad increíble. Cruzamos el país a su lado, y sus palabras nos convierten en compañeros de su viaje.  

El día 6 de abril de 1889, Pierre Loti escribe lo siguiente al llegar a la zona de Larache:

“Vamos a cambiar de tribu por lo que parece, para entrar en el territorio de El Aric. Ya está allá a lo lejos, esperándonos, en lo alto de una colina, un centenar de jinetes. A través de la lluvia cegadora, se los divisa en grupo casi fantástico, erizado de largas espingardas delgadas, todos de blanco, envueltos en sus albornoces, calado el capuchón, sin hablar, sin moverse. Es chocante verlos inmóviles, como momias, sabiendo como sabemos que ahora al punto va a acometerlos un vértigo de velocidad y que en su carrera furiosa el viento flameará en torno de ellos mil cosas revueltas: albornoces, turbantes destrozados, sueltas crines y largas colas.

Al frente de los jinetes, encapuchados y momificados aún, avanza el caíd para alargar la mano al ministro. Posee un rostro de santo profeta, regularmente hermoso, dulce y místico. Lleva un caftán de paño rosa, con un albornoz blanco sobre otro azul, y el caballo que monta es gris rodado, con amases de seda verde reseda, bordados de oro. El lugarteniente que lo acompaña ofrece por contraste un rostro cruel, de pequeña nariz ganchuda. Su caballo es albazano, con silla azul; su caftán de paño castaño y su albornoz de color de pizarra. Es tal la luz de estas tierras, que hasta en un día triste y lluvioso como el de hoy, la combinación de estos matices comunica un brillo a los trajes que jamás lo alcanzaría bajo nuestro cielo de Europa.

A pesar del aguacero, es menester presenciar la gran corrida de pólvora de bienvenida.

Pierre Loti

Todos a la vez, los jinetes se despojan de sus capuchones y espolean a sus caballos, que, alta la cabeza, se disparan con saltos furiosos… ¡Alah! Y entre relinchos y alaridos comienza la carrera, revuelan los ropajes y giran por el aire las espingardas…

LARACHE – ofrenda al Santuario de Sidi Embarek

Las tres cuartas partes de los disparos fallan bajo el torrencial chaparrón, y el caíd se disculpa, exponiendo que la pólvora está mojada. Pero, a pesar de ello, es hermoso y cautivador el espectáculo; acaso resulta más atrayente aún que bajo un cielo azul y despejado; jinetes enloquecidos, lluvia fustigante, nubes negras, todo parece arrebatado por el viento en un mismo torbellino.

En esta nueva escolta que nos acompañará hasta mañana, bajo los amplios turbantes, brillan algunos pares de ojos perfectamente salvajes.”

Como ya digo, es un libro hermoso sobre el Marruecos de esa época, y como muestra este otro fragmento cuando se encuentra en Fez:

“Hoy es Viernes Santo… (…) el viernes, en tierras del Islam, es un día para el pueblo, como entre nosotros el domingo, un día de reposo y de compostura. Por esto las mujeres, más numerosas hoy que de costumbre y mejor trajeadas, llegan por las portezuelas de las garitas que sirven de remate a las escaleras de sus casas, surgen una tras otra a los terrados, esponjándose como pájaros, y esmaltan por doquier con sus brillantes vestiduras las viejas terrazas grises.

(…) Las mujeres se pasean por grupos, o se sientan, para charlar, en los bordes de los muros, con las piernas colgando hacia el patio o hacia la calle; o bien se tumban descuidadamente boca arriba, con los brazos cruzados bajo la nuca. Visítanse de una casa a otra, asaltándolas con ayuda de una escalerilla o de una tabla que sirve de puente. Las negras, esculturales, llevan en las orejas grandes aros de plata, sus ropas son blancas o verdes, encuadrando su rostro en pañuelos de seda.

(…) Las árabes blancas, sus señoras, usan túnicas de seda brochadas de oro, atenuadas bajo tules bordados; sus mangas, anchas y largas, dejan libres sus bellos brazos desnudos, cargados de ajorcas. Anchos cinturones de seda y oro, rígidas como fajas de cartón, sostienen sus senos. En todas las frentes se ostentan redecillas formadas por una doble hilera de cequíes de oro, de perlas o de pedrería, y, encima de ellas, se alza la caperuza, la alta mitra, adornada siempre con telas de gasa y de oro, cuyas puntas cuelgan y flotan por la espalda, unidas a la mata de destrenzados cabellos. Caminan con la cabeza inclinada hacia atrás, y los labios abiertos sobre los blancos dientes. Balancean las caderas algo exageradamente y con voluptuosa lentitud. Sus ojos, ya de por sí muy grandes y muy negros, se prologan hasta las sienes con toques de antimonio; muchas de ellas se pintan, no con carmín, sino con bermellón puro, como en búsqueda salvaje de lo inverosímil. Sus mejillas parecen retocadas con espeso minio, y en sus brazos y en sus frentes aparecen tatuajes azules.

Todo este lujo, que se vela uniformemente de blanco grisáceo cuando se trata de pasear como misteriosos fantasmas por el dédalo de las estrechas callejuelas fangosas, se  muestra aquí plácidamente a plena luz. Esta ciudad, que parece tan sucia y tan negra al que la recorre sin levantar la cabeza, despliega toda su vida femenil elegante por la tarde, sobre los terrados, a las horas doradas del atardecer. Amas y esclavas, sin distinción de castas, se mezclan riendo juntas, y, a veces, abrazadas con apariencias de completa igualdad.

Y ningún velo cubre estos rostros que van por la calle tan cuidadosamente recatados. Por eso los hombres no deben subir jamás a las azoteas de Fez.”

 PIERRE LOTI nació en Rochefort, en 1850, y murió en 1923. Su verdadero nombre era Julien Viaud. Fue escritor, viajero y oficial de la Marina francesa. Otras obras suyas son «Japoneries d´Automne», L´exilée», «Le désert», «Jérusalem» o «Journal intime».

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Crítica del escritor JOSE SARRIA de mi novela «UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE»

He recibido la crítica que el poeta, ensayista y crítico literario, José Sarria, ha publicado tanto en la Asociación Colegial de Escritores de España, sección Andalucía, como en Papel Literario. Después de leerla, sólo puedo darle las gracias por su indulgencia, por sus palabras, por la excelente impresión que le ha causado mi novela. El paralelismo que hace entre «Una sirena se ahogó en Larache» y «El pan desnudo» de Mohamed Chukri me llena de satisfacción porque esta última es una de las novelas que más admiro. Quizá sesa muy osado el reproducir lo escrito por José Sarria en mi propio blog, pero quién se resiste a una buena crítica, así que la comparto con vosotros.

Sergio Barce

JOSE SARRIA

Una sirena se ahogó en Larache

de Sergio Barce

(Editorial Círculo Rojo, 2011)

por José Sarria

Tras la lectura de Una sirena se ahogó en Larache, de Sergio Barce, experimenté la sensación de intertextualidad que subyace en el relato, frente a la novela El pan desnudo, de Mohammed Choukri. Ambos son dos textos que, con la diferencia temporal que les separa, comparten espacio creativo, a la vez que personajes de la escenografía del norte de Marruecos. Los protagonistas podrían ser perfectamente transferibles de un relato a otro; pero, a pesar de compartir el cosmos social y otros elementos similares, el objetivo de ambos libros es bien diferente.

Según Mezouar El Idrissi, cuando Mohammed Choukri escribió su novela autobiográfica El pan desnudo, lo hizo “buscando un ideal para salir de un ambiente social deprimido y sórdido … / … buscando un sentido a su existencia, a la condición humana, pero sintiéndose extraño en su propia tierra, perseguido por circunstancias y lugares llenos de miseria y privación” [1].

Por su lado, Sergio Barce, autor de Una sirena se ahogó en Larache, está marcado de forma indubitada por la experiencia vital de su infancia, que transcurrió en las calles de Larache. Barce no se siente un extraño en la que fue su tierra, al contrario, hace de ella una utopía sobre la que fundamentar la construcción de su obra. Él no busca, como Choukri, un “ideal para salir de un ambiente deprimido”, sino que utiliza este magma de la experiencia que habita en su memoria y lo reelabora para construir un relato en la frontera de la épica cotidiana, visto desde el asombro, desde la imaginación encendida de los niños, con los ojos infantiles de Tami, su protagonista.

Choukri y Barce utilizan similares escenarios y personajes, si bien con objetivos disímiles. El primero para denunciar y reivindicar una salida, el segundo para regresar a aquellos lugares en los que junto a su familia (que residía en Larache desde la época del Protectorado) vivió los primeros años de su vida. Prueba de ello son sus anteriores novelas En el Jardín de las Hespérides (2000), Últimas noticias de Larache y otros cuentos (2004) y Sombras en sepia (2006), libro con el que obtuvo el Premio de Novela Tres Culturas de Murcia, todas enmarcadas o referenciadas en un pasado localizado en esta ciudad, que pulsiona, de forma definitiva, la actividad creadora del novelista.

Como ha escrito el profesor Abdellatif Limami, “con Una sirena se ahogó en Larache, se consigue finalmente el reto tan deseado: escribir del Larache de hoy pero desde dentro de una familia marroquí muy humilde, con muchos problemas de cara al futuro de sus hijos y plasmar al mismo tiempo la desilusión que supone la desaparición paulatina de la memoria y la historia de un pueblo  a favor de una mera política del lucro o tal vez de la ignorancia … / …  El relato gira entonces en torno a una niñez castrada que sólo salva la desbordante imaginación. De una familia muy humilde, Tami, un niño de casi diez años, a imagen del niño yuntero, crece como una herramienta, a los golpes destinado. Los relatos que su imaginación teje constituirán la única válvula de escape que le permite resistir y erguirse” [2].

José Sarria recitando versos

Efectivamente, Tami mostrará desde el principio de la novela una imaginación desbordante, cuyos efectos plásticos se hacen visibles a través de la interconexión de dos planos narrativos (quizá el mejor logro del texto) que describen, por un lado, la cotidiana realidad y, por otro lado, la eclosión de una fantasía sin límites, y que el autor fusiona a la perfección en el relato, con una descripción de continuidad magistralmente labrada. Son brillantes los momentos en los que Tami, arrebatado por el éxtasis de su ilusión, escapa de su entorno y huye a otros universos que ha conseguido crear en su inocente corazón gracias a las múltiples historias que ha escuchado de su abuelo, El Hach, sobre el rescate que protagonizó Barbarroja de la Princesa de Argel, de Salah al-Din, de Scheherezade o del sultán Mülay al-Mansür al-Dahabi, o de los viajes de Simbad, de Ulises o de las caravanas de camellos camino de Tombuctú.

Sergio Barce lleva a Tami, desde su virginal concepción del mundo, desde su inocente interpretación del marco que le rodea, hacia una especie de deriva a través de los personajes del relato (El Hach, su abuelo materno, su madre Rachida, la hermosa Salwa, Miguelito, el niño español amigo de Tami, el halcón Horr, su hermano Ahmed, o su padre Mohammed) hasta conseguir la complicidad del lector con el protagonista, en esa amalgama de sentimientos, de proyectos y de ideales, con sus luces y sombras, que supone el despertar de la niñez en el trayecto hacia la adolescencia.

Todo el relato se encuentra enmarcado en el dédalo de calles, plazas y monumentos que conforman la ciudad de Larache. Sergio Barce, conoce a la perfección estos lugares, y los cincela en el texto con la esperanza del amante que confía en la resurrección de la amada que dormita. El Balcón del Atlántico, el Zoco Chico, el Castillo de las Cigüeñas, la Calle Real, el café Lixus, la Torre del judío, el Santuario Lalla Menana o el Jardín de las Hespérides, permanecen en el recuerdo del autor y conforman la cosmogonía del relato sobre la que sustentar la historia y a sus personajes.

El momento álgido de la novela se produce cuando Tami cree haber encontrado a una sirena varada en la playa peligrosa. La nereida es la metáfora, el símbolo de la fantasía del niño, en la que se refugia para trascender de su incierta realidad. Sin saber distinguir si lo vivido es cierto o forma parte de su imaginería desbordante, los acontecimientos se aceleran entre la incredulidad de sus más cercanos y la crueldad de quienes creen que ha enloquecido. Los acontecimientos se van sucediendo en la cotidianidad del Larache contemporáneo, desde la ingenua visión de un niño que envuelve de emotividad todo el relato, a pesar de la dureza de algunos capítulos, como el que relata los abusos vividos por Tami a manos de Pierre, un “enzerani” de casi sesenta años. El niño luchará por desterrar sus miedos y sus necesidades más inmediatas, adentrándose en su mundo de fantasía, en donde la justicia y la honestidad vencen a los valores de su realidad más cotidiana, ayudado por héroes, paladines, aguerridos generales y, como no, por el recuerdo de aquella hermosa sirena.

Como leemos en la contraportada del texto, Una sirena se ahogó en Larache es, en definitiva, una “narración que fluye en la frontera que separa las aventuras imposibles de las realidades infranqueables, pero también es una crónica de la vida en las calles de la ciudad vieja de Larache”. Aunque, en las últimas coordenadas de la novela, pudiera existir una denuncia social, éste no es el objetivo del autor, sino más bien contemplar el mundo desde el candor de la infancia, con la inocente mirada de los niños, para hacer posibles otras vivencias, frente a la severidad de un presente decadente que, por doloroso, se hace inaceptable.


[1] Fragmento del artículo “El otro rostro de Mohammed Choukri”, de Mezouar El Idrissi, publicado en “Marruecos Digital” (15-11-2006).

[2] Fragmento de la presentación del profesor Abdellatif Limami, en el Colegio Luis Vives de Larache (14-05-2011)

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Este articulo se puede leer en:   www.papel-literario.com  y en  www.aceandalucia.org

José Sarria (Málaga, España, 1960). Escritor, ensayista y crítico literario. Ha publicado nueve textos de poesía y uno de relatos. Su poesía ha sido traducida al italiano y al árabe, y se encuentra recogida en diversas antologías y revistas especializadas. Ha sido incluido en la ENCICLOPEDIA GENERAL DE ANDALUCÍA. Tomo XIV (Junta de Andalucía). Finalista del Premio Andalucía de la Crítica (año 2000) por su poemario Sepharad (Málaga, 2000), Primer Premio Internacional de relatos CUENTOS DEL ESTRECHO, por su libro de relatos Los heraldos negros (Algeciras, 2008) y Accésit del V Certamen Creadores por la libertad y la paz, convocado por la Fundación contra el terrorismo y la violencia “Alberto Jiménez Becerril” por su poemario Raíz del agua (Sevilla, 2011).

Son importantes sus trabajos y contribuciones en el campo ensayístico (siendo coautor de la antología de poesía andaluza contemporánea, Poesía Andaluza en Libertad. Una aproximación antológica a los poetas andaluces del último cuarto de siglo), así como sus investigaciones tendentes a recuperar el legado de la literatura sefardí y de sus autores contemporáneos. Igualmente destacan sus estudios acerca de la neoliteratura española en el Magreb (literatura hispanomagrebí), siendo coautor de una de las más destacadas antologías actuales sobre este fenómeno, Calle del Agua. Antología contemporánea de literatura hispano-magrebí.

Ha participado en numerosos congresos y jornadas literarias, nacionales e internacionales, tanto en España (Córdoba, Sevilla, Granada, Málaga, Algeciras, etc.), como en Portugal (Lisboa), Marruecos (Tetuán, Tánger, Larache y Fez) y Túnez. Es miembro del Jurado del Premio Andalucía de la Crítica (años 2007-2011), de la Junta de Gobierno del Ateneo de Málaga (1994-1996), de la Junta de Gobierno de la Asociación Andaluza de Críticos Literarios (2000-2011), así como de la Junta de Gobierno de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía (2004-2011). Pertenece a los Consejos de Redacción del Suplemento Papel Literario de DIARIO MÁLAGA y de su versión digital (Málaga, 1997-2011), de la Revista Literaria ´Tres Orillas´ (Algeciras, Cádiz, 2002-2011) y de la Revista Literaria ´EntreRíos´ (Granada, 2005-2011).

En este blog tenéis el link de entrada a la web de José Sarria:  www.josesarria.com

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«DECIDME CÓMO ES UN ÁRBOL. Memoria de la prisión y la vida» (2007) de MARCOS ANA

“Al recobrar la libertad mi choque con la vida fue lo más tremendo. Muchas veces, hasta hoy mismo, la gente me pregunta qué fue lo más duro para mí: los veintitrés años de prisión, la condena a muerte, la tortura, la separación de la familia… Yo respondía y respondo siempre con lo más inesperado: <Lo más difícil fue la libertad>”

 Las memorias del poeta Marcos Ana, narrada por él mismo. Su vida en las cárceles franquistas, donde perdió su juventud, los mejores años de su existencia, por pensar de manera diferente, por defender sus ideas; su asombrosa lucha, una vez recobrada la libertad, a nivel internacional, en solidaridad con los presos españoles, y sus experiencias y vivencias durante la emocionante restauración de la democracia en España… Como digo, emocionante, vibrante.

MARCOS ANA

Después de 23 años en la cárcel, Marcos Ana cuenta de esta manera tan sencilla, pero a la vez emocionante, cómo fue su primer amor:

“Una tarde, casi al anochecer, me encontré con un amigo de la infancia, hombre de negocios que, sin participar de mis ideas, me visitó alguna vez en la cárcel de Porlier. Me invitó a dar una vuelta por Madrid y me llevó a conocer algunos cabarets que él seguramente frecuentaba. Yo aparentaba cierta indiferencia, pues salía un poco chapado a la antigua y me parecía que no era demasiado responsable visitar esos lugares. Pero miraba a hurtadillas y se me saltaban los ojos viendo a aquellas mujeres excitantes que deambulaban de un lado a otro provocativamente.
En un momento, mi amigo miró su reloj y me dijo:

-Debo marcharme, tengo invitados en casa y se me está haciendo tarde. Dame tu teléfono y nos vemos otro día con más calma.

Le di un número falso, pues dada mi situación, pendiente de mi salida clandestina de España, no era prudente establecer ninguna relación.
-Espérame un minuto -me dijo antes de marcharse.
Se perdió en el fondo del salón y volvió con una muchacha preciosa, a la que llamó Isabel. Sin presentármela siquiera, le dio un billete de quinientas pesetas y le dijo: Toma, para que pases la noche con este amigo.
Era una muchacha delgada y morena, con ojos azules y tan excesivamente joven que en su rostro no había ni la más leve huella de su profesión.

Me es muy difícil describir ahora cómo pasé aquel momento, pero lo cierto es que cuando me quedé a solas con aquella mujer hubiera deseado que me tragase la tierra. No sabía cómo comportarme. Ella me dijo con tono indiferente:

-Bueno, vámonos.

Y yo, confuso y con voz entrecortada, le pregunté:

-¿Adónde?

-Pues… al hotel.
-Pero así, ¿sin apenas conocernos? Me gustaría pasear un poco, saber algo más de nosotros…

Marcos Ana

Era un lenguaje inusual para una prostituta y me miró sorprendida.

Y al ver que yo no acertaba a hablar, que me temblaba el cigarrillo en la mano mientras fumaba nervioso, pensó que estaba borracho y me devolvió el dinero. Yo, en lugar de retirar el billete, tomé con mis dos manos la suya…

-No, no, si yo quiero ir contigo, me gustas y lo deseo, pero es que para mí todo esto es muy difícil…
Y balbuceando las palabras, tartamudeando, le conté que acababa de salir de la prisión, que era un preso político, que me habían tenido veintitrés años fuera de la vida, que nunca había estado con una mujer…
Entonces, aquella muchacha, un poco extrañada, dulcificó su rostro, sus ojos me miraron de pronto con afecto, o con piedad, no sé, y me dio una lección de humanidad, con una ternura y comprensión inesperadas.
-Bueno, mira, yo creí que estabas borracho. Ahora cambia todo, y voy a perder hoy contigo unos cuantos servicios esta noche.

Se refería  a que, por estar conmigo, dejaba en blanco su noche profesional.
Me llevó a pasear por Madrid. Fuimos a la Puerta del Sol y luego enfilamos la Gran Vía, que entonces era la Avenida de José Antonio. Hacía frío, me cogía del brazo y sin parar de hablar se apretaba contra mí como si nos conociéramos de toda la vida. Yo la sentía tan cerca que tenía deseos de besarla, pero no me atrevía y para justificar mi indecisión, acudió en mi ayuda un haykus japonés:

Es con los ojos,

No se da con los labios

El primer beso.

Me invitó a cenar, creo que fue en la Torre de Madrid o en un edificio alto de la plaza de España, y viví, entre temblores, las escenas más hermosas e increíbles.

Cuando le conté lo que había sido mi vida en la cárcel y cómo me robaron la juventud, ella me besaba las manos enternecida como si fuera un hermano o un novio perdido y encontrado después de mucho tiempo. Yo estaba asombrado de su dulzura.

-¿Pero por qué, por qué un castigo tan inhumano? –me preguntó con voz dolorida y triste.

A mi cabeza llegó un poema que escribí en la cárcel, describiendo <mi delito>:

Mi pecado es terrible:

Quise llenar de estrellas

El corazón del hombre.

Por eso, aquí, entre rejas,

En veintidós inviernos

Perdí mis primaveras.

Preso desde mi infancia

Y a muerte mi condena

Mis ojos van secando

Su luz contra las piedras.

Mas no hay sombra de arcángel

Vengador en mis venas.

España es sólo el grito

De mi dolor que sueña…

cárcel de Porlier en Madrid

(…) Después de cenar seguimos un rato charlando hasta que ella me dijo:

-¿Nos vamos ya al hotel?

El problema para mí seguía siendo el mismo; era como cruzar un río desconocido, sin saber nadar, lleno aún de inseguridades. Pero ella, riéndose, me decía:

-No te hagas problemas, tú no tienes que preocuparte de nada, lo voy a hacer yo todo.
Y nos fuimos al hotel, donde ella vivía en una habitación alquilada. Todo resultó más fácil de lo que yo temía. El mérito fue de ella. Superé mis inhibiciones, y aquella muchacha, con la mayor sensibilidad y ternura, consiguió que, por primera vez, conociera el amor en una noche inesperada.

Después, en vez de dar <la sesión> por terminada, me pidió que me quedase a dormir con ella.

Lo dudé un poco: la preocupación de la familia si no volvía a casa, los policías si notaban mi ausencia… Pero era muy difícil renunciar, me quedé y seguimos charlando hasta altas horas de la madrugada.
Por la mañana me despertó con un beso. Traía una bandeja en sus manos. Había bajado a la calle a por churros y chocolate, se sentó en el borde de la cama y desayunamos juntos.

Al despedirnos la estreché con la mayor ternura entre mis brazos, con el corazón en la garganta, sabiendo que no la iba a ver nunca más.
Al llegar a casa encontré a mi hermano disgustado por no haberles avisado de que iba a pasar la noche fuera.

Mi cuñada, Lola, que había tomado mi chaqueta para cepillarla, sacó de uno de los bolsillos un papel liado como un cigarrillo y me preguntó:

-¿Qué tienes aquí, Fernando?
Tomé el papel, en el que venía enrollado el billete que le dio mi amigo y una pequeña nota que decía: <Para que vuelvas esta noche>.

Al leer aquellas palabras, que me parecía oírlas de su propia voz, volvió a mí la fuerza de la sangre y, estremecido por el deseo, me eché a la calle sin quedarme a comer, aun sabiendo que el local no lo abrirían hasta las ocho o nueve de la noche. Estaba exaltado, nervioso, deseando vivir un nuevo encuentro.
Pero mientras paseaba esperando una hora prudencial para ir al cabaret, me asaltó un pensamiento molesto, que fue tomando cuerpo y que me llenó de confusión y contrariedad: la idea de que iba a romper el encanto de mi primera noche con Isabel. Que al volver y <comprar su cuerpo> con aquel dinero, que además era suyo, sería como tomar conciencia de que era una prostituta y que yo la iba a prostituir aún más, como un cliente cualquiera, y a ensuciar y hacer trizas un hermoso recuerdo que quería y debía conservar con toda su pureza y su ternura.
Pero otra vez me abrasaba el deseo y mi imaginación se encendía recordando la noche que pasamos juntos. Y cuando estaba dudando con esos pensamientos enfrentados pasé por delante de una floristería y casi sin pensarlo, con un impulso instintivo, entré y le dije a la vendedora:

-Póngame quinientas pesetas de flores.
La mujer me miró sorprendida:

-¿Quinientas pesetas?
-Sí, sí, quinientas pesetas, escójame las mejores flores.
Empezamos a elegir y formamos un ramo majestuoso, donde se mezclaban las orquídeas con las magnolias y las rosas.
Me parecía inadecuado, ridículo sobre todo, llevárselo al cabaret donde ella trabajaba y ofrecérselo en aquel ambiente. Tomé un taxi, me dirigí al hotel donde pasamos la noche, en la calle Echegaray, y dejé en la recepción el ramo de flores y una sencilla nota que decía: <Para Isabel, mi primer amor>.”

Escrita de manera sencilla, sin aspavientos, sin rencores, simplemente describiendo lo vivido. Los aspectos humanos del personaje son, a mi juicio, lo mejor del libro, como demuestra el extracto anterior. Y nos descubre a una personalidad deslumbrante en muchos aspectos. 

“Al final de esta reunión se me acercaron representantes de la Unión de Mujeres Francesas para proponerme una reunión pública con su Movimiento. No podía negarme, era una ocasión para hablar, no sólo de los presos sino de sus abnegadas familias. Celebramos el acto unos días después. Presidía la popular diputada Vaillant Couturier, cuyo marido había sido fusilado por los nazis.

Me hicieron muchas preguntas que yo aproveché para hablar de las prisioneras políticas, de las madres, de las esposas, de las novias, de su lucha y de su sacrificio…

(…) –Después de 23 años encarcelado, ¿qué le ha extrañado más al salir en libertad? –me preguntó una muchacha.

Yo podía haber contestado: <El drama de mi inadaptación a la vida>, pero quise relajar la reunión y respondí sonriendo:

-Los automóviles y las mujeres, son las especies que he encontrado con las líneas más cambiadas…

Y una señora de avanzada edad, muy seriamente me previno, entre las risas del público:

-Pues atención, muchacho, que ésas son las dos cosas que te pueden atropellar.”

Sus recuerdos y su relación con Pablo Neruda, Rafael Alberti, su emocionada visita a la reina madre de Bélgica, América Latina, los merecidos homenajes… Un libro apasionante sobre una vida apasionante y apasionada.

Sergio Barce, octubre 2011

Marcos Ana, nacido en 1920, poeta, fue el fundador y director del Centro de Información y Solidaridad con España de París, que presidió Picasso, hasta el final de la dictadura franquista. Es autor de “Poemas desde la cárcel” (1960) o “Las soledades del muro” (1977).

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Nuevos cuadros del pintor larachense HAKIM EL HARRAK

Comandancia

En Diciembre del pasado año, dediqué un artículo a mi amigo HAKIM EL HARRAK, pintor nacido en Larache. Ahora, Hakim me ha enviado sus nuevos cuadros que hablan de nuestra ciudad, que la retratan. Su pintura es tan sencilla como él, sin artificios, directa, plasmando lo que siente en cada momento. La Comandancia, ahora Casa de la Cultura, pero que Hakim sigue titulando como todos conocen en Larache al inmueble, rodeado de un verde vivo, trazada con esmero, como si con su pincel reparara los años y la vejez del edificio.

Calles y puertas de la Medina, solitarias, donde el eco de las pisadas se pierde entre las luces que caen en perpendicular, puertas entreabiertas, invitando a entrar, quizá sólo a asomar la cabeza con pulcritud. Hay en sus trazos un aroma a silencio, nadie perturba el paisaje, un Larache adormecido, quizá una metáfora del Larache que es hoy. Silencio, pues, en medio de la soledad.

El espigón, el faro, el acantilado. Aquí, sin embargo, opta por colores más intensos, la nocturnidad en ciernes, las luces de las casas como prueba de vida, pero una vez más el silencio de ese mar callado, tranquilo, nada agitado, con las tonalidades de azul y cobalto, el cielo ardiendo, en un resto de crepúsculo rojizo que es embozado por un cielo de nubes, contraste del azul y del naranja en llamas.

Un retrato fiel del perfil de Larache, imagen repetida en todos los artistas larachenses, desde Manuel Balaguer hasta el propio Hakim el Harrak, todos ellos encantados por ese corte perfecto al abismo del mar y que observan junto a sus caballetes, con el pincel apoyado suavemente en la paleta, sobre otro tono azul o celeste o en el naranja enrojecido, hipnotizados por el fulgor periódico e intermitente del viejo faro, oyendo voces que llegan desde el Balcón, a sus espaldas, absortos, prendados por ese paisaje imborrable grabado en la memoria.

Sergio Barce, octubre 2011

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Sobre la portada de mi novela UNA SIRENA SE AHOGÓ EN LARACHE

Carmen Mateo en la calle de mi portada

Tras la publicación de mi última novela, he recibido comentarios y mensajes alentadores que han hecho que me  sienta orgulloso de ella. Carmen Mateo, que se sumerge a menudo por las callejuelas de la Medina de Larache, me ha hecho uno de los mejores regalos: una fotografía justamente en la misma calle que sirve de portada al libro, esa imagen que había captado tan hermosamente Itziar Gorostiaga, y que Carmen ha hecho ahora como un pequeño tributo a la vieja ciudad y, sobre todo, como ella me dice, al niño protagonista de mi historia: Tami. Porque también Carmen ha conocido a su pequeño Tami.

 Me parece encantadora verla en medio de esa bajada con mi libro entre sus manos, en una yuxtaposición de imágenes curiosa y original.

Y, además, Carmen Mateo me envía dos fotografias del interior de la Biblioteca Municipal, y me dice que, al ver ese solitario vaso de plástico en la mesa de la modesta biblioteca, ha imaginado que era un vaso olvidado por Tami. No sé, pero es como si, gracias a su imaginación, mi personaje cobrara vida, que pasara de ser un fantasma entre palabras a un ser de carne y hueso que realmente poblara las calles de la Medina de Larache, como si eso supusiera que la fantasía, como en mi historia, suplantara la cruda realidad. Algo mágico, algo emocionante. Gracias, Carmen.

Sergio Barce, septiembre 2011

No me resisto a publicar lo que me han comentado algunos amigos y que parece bastante obvio. Acaba de publicarse la nueva novela de Tahar Ben Jelloun, al que admiro desde hace tiempo, pero en la edición de esta última novela suya «El retorno«, Alianza Editorial, que la ha publicado en España, utiliza una portada que, sin ninguna duda, parece calcada a la mía. No me refiero a la fotografía de la portada, pues hay miles de callejuelas en un sinfín de medinas de Marruecos muy similiares, no, no es sólo eso, es también la propia composición de la maquetación en sí: dónde se ubica el nombre del autor y del título, dónde el de la editora, cómo se une el fondo blanco superior con la imagen en un encuentro difunimado y progresivo… Poca imaginación le han puesto en Alianza, la verdad, y eso quiere decir que la maquetación que ha efectuado Luis Muñoz para mi novela a partir de la fotografía de Itziar es muy, muy buena; tan buena que ha alimentado el deseo de «fusilarla». A veces, una editorial menor parece ganar la batalla a una «major», aunque sólo sea en estos pequeños grandes detalles.

Cambiando de tema, yo también me montaba en los leones que flanqueaban la entrada al Jardín de las Hespérides, aquí tenéis la prueba: junto a Amado, yo soy el de la pajarita…

Sergio Barce y Amado sobre uno de los leones del Jardín de las Hespérides

  

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