Archivo del Autor: sergiobarce

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feliz año nuevo

Y QUÉ MEJOR QUE ACOMPAÑAR ESTA FELICITACIÓN CON UNA BUENA CANCIÓN DE UNA OBRA MAESTRA DEL CINE

para escucharla pincha en el siguiente enlace

https://www.youtube.com/watch?v=4TK6oRC_HtE

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VIDEO DE LA PRESENTACIÓN DE «PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE» DE SERGIO BARCE

Mi paisano y amigo Aziz Bouhdoud, con su generosidad habitual, me envía este pequeño y entrañable reportaje de la presentación de mi último libro en la Librería Diwan, en Madrid.

Para verlo, pincha en el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=oRyyZ3OZi34

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PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

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RESEÑA DEL ESCRITOR GONZALO MURO DE «PASEANDO POR EL ZOCO CHICO. LARACHENSEMENTE» DE SERGIO BARCE

Gonzalo Muro, escritor de relatos que se han publicado en libros de la Generación BiblioCafé, a la que pertenece, como Sesión continua (2013), Último encuentro en Bibliocafé (2014) o Por amor al arte (2014), y autor del magnífico libro Noticia de este mundo (2014), todos publicados por Jam Ediciones, ha escrito en su blog una reseña sobre mi libro Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (2014).

GONZALO MURO

GONZALO MURO

Lo que más me ha llamado la atención de sus reflexiones es que, en definitiva, es fácil reconocerse en algunos de mis relatos, se sea o no de Larache, porque, probablemente, la infancia de todos nosotros siempre guarda algo de similitud con la de los demás. Como le decía a Gonzalo en un mensaje, creo que lo más sencillo es en definitiva lo más universal, y cuando uno cuenta esas pequeñas cosas que nos han sucedido o que imaginamos, suelen calar en gente muy diversa, sea cual sea su procedencia.

Una reseña la de Gonzalo que destapa algunos de los secretos que se esconden en mi libro.

Sergio Barce, diciembre 2014

El enlace de entrada al blog de Gonzalo Muro, que os recomiendo es:

http://confiesoqueheleido.blogspot.com.es/2014/07/noticia-de-este-mundo-gonzalo-muro.html

Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Sergio Barce)

Tengo que ser sincero: nunca había oído hablar de Larache. Mejor dicho, si conocía el nombre, pero apenas era capaz de situarlo en el mapa o en el tiempo.

Pero ahora ya conozco su legado, un pasado que entremezcla las culturas árabe y judía con la española, entrando y saliendo de su historia como un fantasma que no se atreve a permanecer. Ha sido en estos últimos días cuando he llegado a conocer la Larache de finales de los años sesenta, cuando la huella española comenzaba a desvanecerse tras el fin del Protectorado.

Y me he familiarizado con el perfil náutico del Ideal, con el Balcón del Atlántico, la Iglesia de San José, el Zoco o la Medina. Pero también con quienes han dado vida a esas calles, personajes como Sibari, Yasim, Fátima o Laabi.

Y es sobre ese conglomerado urbano y humano donde Sergio Barce hace crecer sus relatos, unas historias en las que biografía y ficción se combinan asombrosamente para crear un universo que escapa de las fronteras de tiempo y lugar.

Este autor es miembro de la Generación Bibliocafé si bien, venía publicando diversas obras con anterioridad, muchas de ellas con reconocimientos como Una sirena se ahogó en Larache, finalista del Premio de la Crítica de Andalucía o Sombras en sepia, Premio de Novela Tres Culturas de Murcia.

PASEANDO POR EL ZOCO CHICO - cubierta

Paseando por el Zoco Chico. Larachensemente (Ed. Jam) es el título de la última obra de este prolífico autor en la que recopila textos y relatos publicados anteriormente en otros libros, revistas o en su página personal, con otros  inéditos hasta la fecha, todos ellos con el común telón de fondo de la Larache que conoció en su infancia pero también de la ciudad reciente, tal vez empeñada en olvidar y dar la espalda a su pasado.

El libro se abre con El corazón del océano, la historia de Rachid, un anciano que cree ya imposible cumplir su sueño de ver el mar y que, gracias a su nieto Ahmed, logrará bañarse en las frías aguas atlánticas de una playa de Larache. Ese viaje al paraíso soñado es el pórtico perfecto del resto de relatos que nos llevan a esa realidad, vivida o soñada, enmendada o ficticia, a la que nos invita Sergio Barce.

A partir de aquí podemos encontrar relatos en los que se evoca la infancia del autor en primera persona o en los que se invocan recuerdos de aquellos días. Pero también hay relatos del retorno, del presente, fruto de los viajes del autor a su tierra de referencia para observar y dolerse de los cambios, visitar su antigua casa o reunirse con viejos amigos, últimos vestigios de un tiempo en el que la arquitectura anodina no abría en canal la personalidad de una ciudad poco inclinada a preservar su legado, tal vez como la mayoría de las ciudades.

Lo biográfico tiene un peso crucial en estos relatos y la mayor parte tienen ese punto de partida. Pero Sergio Barce no ha escrito un libro de recuerdos, de estampas más o menos pintorescas, ha sabido escapar a este fácil recurso para hacer Literatura, para construir un mundo en el que las propias vivencias trascienden y le hablan al lector de algo más que de unos hechos que le inspiran.

Miremos por un momento el relato El primer regreso en el que el autor describe su primer viaje de vuelta a Larache tras muchos años de ausencia. En él se nos cuenta en primera persona cómo Sergio Barce busca su antiguo hogar, sube las escaleras y se asoma al interior de la vivienda. Su valor no está en la descripción de la experiencia personal sino en el modo en el que transforma esa vivencia en un relato que nos habla del sentimiento de pérdida, del vacío y del modo en que nos sobreponemos y nos  reencontramos;  una experiencia con la que cualquier lector podrá identificarse y sentir como propia.

Otro ejemplo es Moro, En este relato se describe el choque brutal con la realidad tras el traslado de la familia desde Larache a Málaga. Un texto descarnado, una historia de iniciación en la que el hecho concreto actúa como catalizador de emociones que uno puede tomar como propias.

Este es el mayor mérito de la obra en la que lo personal se viste de ficción para llegar allí donde la biografía no alcanza. Este toque es el que hace de Sergio Barce un autor con mayúsculas, capaz de crear un mundo literario que envuelve al lector conduciéndole por los callejones de sus recuerdos personales mientras le habla de mercados y especias, cafés y paseos.

Tal vez pocos territorios sean tan propicios para la ficción como la infancia, esa referencia nebulosa en que se refugia el recuerdo y la que mejor se presta a la fabulación y al juego de equilibrio entre realidad y ficción porque en él, ni siquiera el propio autor puede distinguir con claridad qué queda en cada orilla.

Pero el mérito de una obra no está en lo que nos cuenta sobre su autor sino en lo que nos dice de nosotros mismos, en el modo en que nos interroga con descaro en busca de alguna respuesta que dé sentido a lo que leemos y a la modo en que lo hacemos. Por ello, el exotismo africano, las esencias y perfumes o los mercados callejeros pronto han cedido paso a mis propios recuerdos de una tierra en la que nací y a la que vuelvo esporádicamente y que, por tanto, recuerdo más con los ojos del niño que fui que con los ojos del adulto que la visita.

Paseando por el Zoco Chico debe leerse sin prisa, dejándose atrapar por las imágenes y las palabras, por los recuerdos y los aromas, por el estilo directo y aparentemente sencillo de Sergio Barce. Lo diré mejor con una palabra que ya ha quedado definitivamente incorporada a mi vocabulario: larachensemente. 

Gonzalo Muro, 23 diciembre 2014

 

ZOCO CHICO LARACHE

ZOCO CHICO LARACHE

 El enlace directo de su blog, para leer esta reseña sobre mi libro es:

 http://confiesoqueheleido.blogspot.com.es/2014/12/paseando-por-el-zoco-chico.html

 

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acuarela de la larachense María Llaves Llorca

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«YO SOY ESPARTACO» (I AM SPARTACUS!, 2012) UN LIBRO DE KIRK DOUGLAS

En 1960 se estrena una película mítica: Espartaco (Spartacus) dirigida por Stanley Kubrick, y protagonizada y producida por Kirk Douglas.

El 1 de abril de 2011 escribí en este blog un artículo dedicado a Kirk Douglas, que titulé: Sólo nos queda el viejo esclavo Espartaco. El artículo lo terminaba con una frase: Yo soy Espartaco.

Ahora, tres años después, con 97 años de edad, ese viejo esclavo publica un precioso libro al que titula precisamente Yo soy Espartaco (I am Spartacus!), en el que cuenta cómo se gestó aquella película que vi por primera vez en la sala Palacio del Cine, en Málaga, y que fue quizá una de las que más me han impactado.

YO SOY ESPARTACO portada

Muy bien escrito, la sabiduría que otorga la edad impregna cada uno de los recuerdos de Kirk Douglas, y todo eso convierte este libro en una pequeña joya para cualquier amante del cine. Pero también pera cualquier amante de la libertad y de la creación sin censuras. Es de los que se leen de un tirón.

DALTON TRUMBO

DALTON TRUMBO

Dalton Trumbo fue el guionista de esta historia basada en la vida real de un esclavo que se sublevó contra Roma, y que estuvo a punto de acabar con aquel imperio. Es, por supuesto, un canto a la libertad, y si su tema asustaba a los más conservadores, por muy defensores de la democracia que se declararan, más aún les aterraba que el autor del guión fuera alguien que había pertenecido o que había simpatizado con el Partido Comunista. Visto con los años, todo parece una locura, y Kirk Douglas así lo percibe.

Reparto de ESPARTACO: John Gavin, Joanna Barnes, Tony Curtis, Kirk Douglas, Jean Simmons, Laurence Olivier, Peter Ustinov, Nina Foch, John Dall y Charles Laughton

Reparto de ESPARTACO: John Gavin, Joanna Barnes, Tony Curtis, Kirk Douglas, Jean Simmons, Laurence Olivier, Peter Ustinov, Nina Foch, John Dall y Charles Laughton

Contra vienta y marea, este actor, que nos ha regalado interpretaciones inolvidables durante su larga carrera, luchó para que Dalto Trumbo, el mejor guionista de la época, apareciera en los títulos de crédito, y salió victorioso de su empeño. Como también salió airoso en cada una de sus decisiones: que el director que comenzó la película, Anthony Mann, fuera sustituido por Stanley Kubrick; que el guión de Howard Fast no fuera el elegido; que Laurence Olivier, Charles Laughton y Peter Ustinov formaran parte del espectacular reparto de la película… También sufrió pequeñas derrotas, pero tenía un espíritu vencedor e indomable, que igualmente admiro de él, y las sorteó con habilidad.

Es un relato sobre el tesón, y sobre la libertad de expresión, de creación y de conciencia. Yo soy Espartaco contiene muchas cosas en pocas páginas. Si descubrir cómo se gestó y cómo se rodó la película es sumamente interesante, Kirk Douglas, además, va aliñando la narración con anécdotas, recuerdos y detalles que uno agradece en cada capítulo, lo hace más cercano y más vivo.

KIRK DOUGLAS como Espartaco

KIRK DOUGLAS como Espartaco

Desde esa locura que fue tener a dos guionistas trabajando a la vez: por un lado, Howard Fast, que adaptaba su libro sobre Espartaco para el cine, pero que sólo conseguía crear un guión aburrido y espantoso; y, por otro, Dalton Trumbo, escribiendo en la clandestinidad, para que el proyecto no se viniera abajo si las grandes productoras se enteraban que era realmente este apestado incluido en las listas negras el que estaba tras el proyecto; hasta los detalles de aquella triste y desoladora cena en la casa de Laurence Olivier y Vivien Leigh, donde Kirk Douglas y el resto de los invitados asisten a uno de los ataques de demencia de la actriz que dejaban hundido a Olivier…

KIRK DOUGLAS con STANLEY KUBRICK en el rodaje de Espartaco

KIRK DOUGLAS con STANLEY KUBRICK en el rodaje de Espartaco

Desde ese momento de tensión en el que Kirk Douglas acorrala, montado a caballo, a Stanley Kubrick, intimidándolo así hasta que consigue que éste le jure que va a incluir una de las escenas más recordadas de la película y que el director se negaba a mantener en el montaje; hasta cómo Jean Simmons es finalmente contratada para encarnar a la esclava Varinia después de tener que despedir a la actriz alemana Sabina Bethan. Fascinante leer toda esa rocambolesca historia.

Hay una escena en la película que fue, con otras, censurada en su momento. Es aquella en la que el pretor Marco Licinio Craso (Laurence Olivier) y su criado esclavo Antonino (Tony Curtis) hablan mientras el primero se baña. Su conversación es metafórica, pero cargada de sentido erótico y, obviamente, homosexual… Por supuesto, el imperante código moral americano de la época no podía tolerar tamaña escena, y fue cortada en el montaje. Años después, cuando se restauró la película, esa escena, junto a otras, se recuperó y se volvió a añadir en la cinta. Pero es Kirk Douglas quien realmente lo puede contar mejor:

“Regreso de nuevo para tomar aire, esta vez para quedarme. Ha sido muy difícil escribir de algo que sucedió hace más de medio siglo. Uno se sorprende de la cantidad de cosas que ha olvidado y queda fascinado cuando revisa documentos durante la investigación y descubre los millares de detalles que hay implicados en la realización de una película. Es un proceso interesante.
Cuando me senté a escribir este libro, vi Espartaco de principio a fin por primera vez desde 1960. Vi a un joven plantado en la pantalla. Yo era una persona muy distinta hace cincuenta años. No se puede uno imaginar los cambios que se producen en un ser humano cuando envejece. Me sorprendió lo distinto que era en aquella época y, seguramente fue eso lo que me ayudó a hacer Espartaco.
(…) Lo que Espartaco realmente hizo pedazos fue la <lista de la hipocresía>. Muchos guionistas incluidos en ella estuvieron trabajando durante aquella espantosa época; lo único que sucedía es que no podían decírselo a nadie. También tuvieron que aceptar unos salarios que representaban una minúscula parte de lo que ganaban utilizando su nombre real. Imaginen qué efecto causa eso en un hombre; sobre todo, en un hombre dedicado a la creación. Dalton Trumbo me dijo: <Kirk, gracias por devolverme mi nombre>.

TONY CURTIS y LAURENCE OLIVIER en la escena censurada de Espartaco

TONY CURTIS y LAURENCE OLIVIER en la escena censurada de Espartaco

(…) …Poco después del estreno de la película, los veinte años de matrimonio de Laurence Olivier con Vivien Leigh llegaron a su fin, gracias a Dios. Unos cuantos meses más tarde, Larry (Olivier) y Joan Plowright se fugaron a Connecticut. Tuvieron tres hijos y siguieron felizmente casados hasta que Larry murió, en 1989.
En 1991 descubrimos que la escena eliminada de <las ostras y los caracoles> seguía guardada en las cámaras acorazadas de Universal. El problema era que la pista de sonido era inservible. Tony Curtis vino y volvió a grabar sus frases de Antonino más de treinta años después de que se grabaran originalmente. Con mucha inteligencia e imaginación, Joan Plowright propuso que tal vez pudiéramos pedir a Anthony Hopkins que dijera las frases de su difunto esposo, pues Hopkins era capaz de hacer una imitación soberbia de Olivier. De manera que ahora, cuando Craso explica a Antonino que <el gusto no es lo mismo que el apetito>, la voz que oímos hablar es la de sir Anthony Hopkins. Hizo una labor increíble. Escuchen atentamente a Olivier en las otras escenas, apuesto a que no aprecian la diferencia”.

KIRK DOUGLAS y JEAN SIMMONS en Espartaco

KIRK DOUGLAS y JEAN SIMMONS en Espartaco

Tan atractivo resulta al lector seguir las peripecias de Kirk Douglas para lograr que Dalton Trumbo pudiera aparecer finalmente en los títulos de crédito por derecho propio como autor del guión, como fascinante resulta asistir a la batalla que se desató entre esta producción y la que a la vez se estaba intentando poner en pie con Yul Brynner y Anthony Quinn a la cabeza de The Gladiators, que iba a dirigir Martin Ritt. Un film que también se basaba en el esclavo rebelde y que amenazaba con echar por tierra todo el esfuerzo que Kirk Douglas había desplegado con su proyecto. Las artimañas que empleaban ambos bandos son fascinantes y asombrosas.

Muy sabrosas las palabras que Kirk Douglas dedica al dictador general Franco y a su esposa Carmen Polo, a consecuencia de las escenas que tuvieron que ser filmadas en España… Y curiosas las anécdotas que relata sobre su relación con su mujer, o las que tienen que ver con Frank Sinatra, con Burt Lancaster, o la del día en el que John F. Kennedy fue al cine a ver Espartaco…

En cualquier caso, tras leer lo que Kirk Douglas escribe sobre lo ocurrido con esta película y el ambiente político que rodeaba el rodaje, uno saca la conclusión de que la mezquindad, la censura, el recorte de libertades, parece que es consustancial a los conservadores (Kirk Douglas no oculta en ningún momento lo que piensa de los republicanos de su país), que, aunque se declaren muy democráticos, no parecen estar dispuestos a dejar que los demás puedan gozar de demasiadas libertades (no hay que irse a USA para comprobarlo: ahí tenemos la recién aprobada ley mordaza en España) y se empeñan una y otra vez en recortarlas. Suerte que siempre hay alguien como Kirk Douglas, alias Espartaco, para poner su granito de arena contra la sinrazón.

En fin, que Yo soy Espartaco es una delicia, y que probablemente este libro, muy bien editado por Capitán Swing, es de los que se quedan en la memoria, de esos que dejan un buen sabor de boca. Un libro de cine. Por todo esto, quizá, se lo regalé a un buen amigo.

Sergio Barce, diciembre 2014

KIRK DOUGLAS

KIRK DOUGLAS

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